V - LEVI

Hay pocas cosas que le generen satisfacción a Levi. Un buen té, una caminata bajo un cielo azul y despejado, consentir a su caballo, un cuarto recién aromatizado y aseado, o hasta el simple olor a lavanda de la ropa recién lavada. Aquellas cosas sencillas le generaban confort. E incluso la perspectiva de ahogar y ver a Zeke como perro mojado podía entrar en esa modesta lista.

Sin embargo, no estaba encontrando el placer suficiente para estarlo disfrutando. Sostener y graduar la presión de la manguera no era lo mismo que utilizar los puños. Magullarse los nudillos, tensionar los músculos y sentir el golpe reverberar a lo largo del brazo era un método mas efectivo cuando lo que se pretendía era descargar la ira que tenia por un idiota que era una mancha correosa y mohosa que necesitaba quitar de su vida.

Siempre había una maldita circunstancia que protegía a Zeke de encontrar su final a manos de Levi. Cada vez que lo veía, la apremiante necesidad de cumplir lo que había prometido en su tiempo a Erwin parecía sacudirlo de su estado de calma.

No importaba. Levi sería paciente y prudente mientras se decidía la valía de la vida de Zeke. Refrenaría sus deseos de muerte por el momento. Pero era seguro que se aseguraría de darle su merecido final. O moriría en el intento.

- Entre las bolas, bastardo. No sabes cuándo será tu próximo baño. Tal vez, este sea el último de tu patética vida.

- Para que lo sepas, crecí entre soldados. Esto no me genera ni la más mínima vergüenza – soltó Zeke mostrando impasividad mientras se frotaba la pasta de jabón por el cuerpo.

- No me cuentes una mierda de tu jodida vida. Termina de una vez. - Era por demás decir, que el espectáculo era totalmente nauseabundo.

Zeke mostró una vaga expresión de suficiencia que no disimuló en ocultar y se tomó su tiempo enjabonándose. Levi se enmascaró con una expresión de aburrimiento mientras esperaba. No hubiera recurrido a ese exasperante método sino fuera porque apenas era capaz de moverse con la rigidez de la espalda. Se sentía más sobrio que el día anterior, pero aun sentía la tensión de la espalda por los golpes reposados. No se imaginaba el cuadro de colores que debía de tener en la espalda. Aún llevaba las vendas que Mikasa le había colocado.

Cuando Levi se cansó de la tanta quietud, giró la llave del agua a toda su potencia y con la manguera graduó la presión de esta a un término medio disparando contra el cuerpo desnudo de Zeke. Fue abriendo una a una las ventanas para que ventilara sin dejar de rociar a Zeke, dándole el tiempo para que se enjuagara el jabón. Zeke hizo una seña con la mano al terminar, pero Levi lo ignoró. Apenas estaba comenzando.

Aumentó la presión del agua y empezó a apuntar el chorro a su rostro, oídos y cuello al punto que Zeke le dio la espalda cubriéndose las orejas con ambas manos. Levi aumentó la presión y el chorro salió más fino y pesado que antes contra la cabeza de Zeke, haciéndolo tambalear hacia adelante. Y aumentó la presión cada vez más y más por largo rato. El chorro de agua helada no dejo de salir y golpear contra Zeke hasta que poco a poco se encorvó en un ovillo contra la pared. Levi paró el flujo.

- Aún no me creo esa estupidez de que te haya entrado el amor de hermano – comentó Levi entre las toses de Zeke - ¿Por qué no hablas de una maldita vez del motivo de venir a meterte en un nido de víboras? Reuniste a varias de las personas mas importantes en un solo sitio, y, coincidentemente, ese sitio voló minutos después. Llevándose a varios de ellos. ¿Tienes algo que decir al respecto, tú, maldito animal?

Zeke respiraba agitadamente y lo miró con incredulidad antes de soltar una risa irónica.

- De qué valdría explicarte lo que significa tener un hermano si nunca lo has tenido. Si mal no recuerdo, eres un huérfano de las calles… - Levi abrió el flujo de agua de nuevo cortando las palabras de Zeke. No precisamente por molestia sino porque le fastidiaban los comentarios innecesarios.

- Respuesta equivocada, chango. – Levi cerró el flujo. Una brisa fresca entraba por las ventanas llenando la estancia. – Inténtalo de nuevo.

- Ya lo dije, imbécil. Venía a encontrar a Willy…

- ¿Tú solo? ¿sin un equipo? ¿sin un plan? No me comeré ese cuento.

- No tengo nada que ver con lo que pasó. Fue una sorpresa para mí también – le siseó Zeke en tono despectivo.

- No te creo – Levi abrió el flujo de agua de nuevo, la palidez se hacía evidente en el cuerpo de Zeke. - ¿Qué haces aquí? Varios de mis camaradas salieron heridos, varias personas que conocía murieron. ¿Fue acaso tu intento de deshacerte de mí? Soy un Ackerman. ¡El soldado más fuerte de la humanidad! Ni una insignificante detonación podrá conmigo. Metete eso en la cabeza.

Zeke soltó un jadeo que sonó a mofa.

- Tienes un ego muy grande para tu tamaño. No eres tan importante para orquestar todo eso.

- ¿Quién lo es?

- ¡No lo sé! – Zeke se levantó de un salto, plantando los pies descalzos firmes en el suelo, ya harto del interrogatorio - ¡¿Qué jodidos voy a saber lo que Eren tiene en mente?!

- ¿Eren?

- Ese idiota – Zeke caminó de un lado a otro a pesar de los temblores – Siempre actuando por su lado. No comprende la gravedad del asunto.

- ¿Qué asunto?

- ¡Vamos a morir! Ustedes, los eldianos. Este mundo nos condena de una u otra forma. No importa en qué situación estemos. Es el juego de la vida. La clase superior y arrogante contra la oprimida y menospreciada. – La voz temblorosa de Zeke tenía un tinte de histeria. Entonces ha perdido la cabeza, pensó Levi – La única salvación es perecer. Se lo dije a Eren, se lo volví a decir. Incluso si se logra mantener esta frágil sensación de paz, no será por mucho. Mi plan es el efectivo…

Cansado de escuchar tantas oraciones sin sentido, Levi se acercó en rápidas zancadas y le dio una patada directo al abdomen. Zeke se encorvo cayendo de rodillas mientras recuperaba el aire.

- Despreciable. – murmuró Levi mientras salía de los baños y le hacía un par de señas a los soldados que estaban custodiando en la puerta para que se encargaran del despojo de Zeke. Ya había tenido suficiente.


- … Eso es todo. – dijo Levi mientras se servía un vaso de la bebida caliente que Hange tenía dispuesta para ella en un termo.

Hange había estado escuchándolo con su propia taza entre las manos desde la cama. Aún tenía esa nada estética venda rodeando su cabeza dándole un aspecto enfermizo.

- Perecer – murmuro Hange para si misma - ¿La Eutanasia?

- Posiblemente – Levi quiso encoger los hombros, pero se abstuvo en el momento oportuno. El esfuerzo que había hecho para moverse y dar la patada a Zeke habían enviado una corriente de dolor por su espalda que casi lo hizo gemir y lo estaba resintiendo hasta el momento. Se sentó en la silla al pie de la cama de Hange con el respaldo de esta hacia un lado por precaución.

- Me preocupa que se hubiera referido a ello en presente – comentó Hange con una mano en la barbilla – Ese plan murió junto con los poderes.

- Quizás está delirando. Parece creer que su noble propósito en el mundo es liberar a los eldianos.

- O simplemente nos está tirando un hueso para distraernos – Levi asintió en acuerdo mientras daba un sorbo a la bebida – El caso es que no dudó en exponer su contacto con Eren. Incluso cuando tú no mencionaste su desaparición. – Levi volvió a asentir, esta vez con gesto grave.

Aparte de las muertes, lo más alarmante que había dejado el ataque fue la desaparición, por no decir deserción, de varios miembros de la legión. Incluido Eren entre estos. Lo último que recordaba Levi era ver a Eren alejándose a grandes zancadas del edificio sin mirar atrás, con Floch siguiendo su estela y dando un último vistazo a los pisos superiores del edificio. Ambos no se habían vuelto a ver.

- ¿Los mocosos? – cuestionó Levi. Sabía qué, previamente, los miembros de su escuadrón se habían reunido con Hange.

- Eren se reunió con Armin y Mikasa, como vimos. Les dijo cosas desagradables, confesó otras tantas y llegó a los puños con Armin – Levi arqueó una ceja ante esto – Armin dijo que Eren tenía los argumentos preparados para tocar los puntos frágiles de ellos. A Armin le espetó su falla en el plan de la amnesia global, y, además, señaló la corrupción de su cabeza por las memorias de Bertolt. A Mikasa la increpó con su sangre Ackerman. Los genes Ackerman están diseñados para despertar su potencial en el momento en que encuentran a su protegido. – Levi frunció el ceño – Fuerza, poder y lealtad vienen ligados a eso... No terminó bien. Eren dijo algo que lastimó a Mikasa, no especificaron qué exactamente, y Armin saltó en su defensa. – Hange colocó la taza vacía en la mesita a su lado y entrelazo sus manos sobre el abdomen – Como un último anuncio antes de hacer su salida dramática, Eren confesó haber orquestado la desaparición de los Tybur.

Levi no dijo nada mientras digería la información. A lo largo de los meses, Eren había ido construyéndose una imagen apática y desinteresada de sí mismo. Que hubiera dado esas dos cuchilladas a sus dos amigos más cercanos hablaba de la intención de Eren de hacer público que ya no era el de antes, que estaba tomando un camino diferente. ¿Un camino más oscuro? Los villanos de las historias suelen esconder su naturaleza, no exhibirla del modo que ha hecho.

- Eso explica eso – señaló Levi la bufanda doblada en la otra mesita del cuarto. Olvidada, ignorada. ¿Quién no conocía el significado de la bufanda? – En su malvado discurso, ¿Eren mencionó sus intenciones con todo esto?

- La libertad. La verdadera libertad.

- La salvación. La libertad – Levi bufó con ironía – Ambos Jaeger tienen metas muy abstractas.

- Mi preocupación es… - Hange hizo una mueca – En realidad, tengo varias cosas de las que preocuparme. Pero la que ahora aflora a mi mente es: ¿Qué demonios piensa hacer Eren? ¿con los Tybur? ¿con un puñado de soldados? – Hange lo miró con aprensión - ¿o hay algo más que estamos pasando por alto? Eren está lanzando sus cartas nuevamente al azar pero ya no tiene mano ganadora. – Hange parpadeó varias veces con la mirada pérdida – O tal vez si la tiene. – Hange movía su dedo índice rápidamente sobre el brazo. – ¿Será una apuesta a Ymir de nuevo? – Levi se estremeció ligeramente.

- No te sigo.

- Lo que dijo Zeke. En cuanto lo mencionaste, esa posibilidad saltó a mi mente.

- Lo pudo haber dicho deliberadamente.

- Lo sé. Pero, es una posibilidad que no se puede descartar tan a la ligera.

Levi sacudió la cabeza con incredulidad. La perspectiva de que jugaran de nuevo a los arquitectos del mundo y de sus vidas, le generó un hueco en el estómago. Pero era ridículo, imposible ¿no? El mundo ahora era un lugar lógico, sin lugar a monstruos salidos de pesadillas, sin poderes sobrenaturales, ni nada del ficticio mundo de antes. Es de enfermos considerarlo siquiera.

Con un nauseabundo sabor de boca, Levi se levantó y salió del cuarto en busca de aire.


Levi no terminó de caminar hasta que salió a espacio abierto donde no hubiese paredes que amenazaran con asfixiarlo. Subió a la azotea buscando privacidad mientras la sensación de ahogo se desvanecía. Era una tontería alterarse por una amenaza que ni siquiera se sabía si era claramente patente. Solo era un supuesto. Pero lo enfermaba el pensamiento de volver a caer bajo los caprichos de otros. No había nada más atemorizante que no tener el control de tu propia vida.

Como un consuelo, la brisa acarició el rostro de Levi y tomó dos grandes respiraciones profundas a medida que volvía a tomar agarre de sus nervios. Abrió sus ojos al cielo y la inmensidad de éste fue lo que necesitó para quitar las telarañas de ansiedad en su cuerpo.

Una vez recuperado, Levi quiso volver con Hange. Pero, al bajar la mirada se percató de que había alguien más en la azotea que había pasado desapercibido para él. Sentada en posición india mirando al horizonte estaba Mikasa sobre la almena de la azotea. Sobre la almena.

¿Qué se le había olvidado que hace menos de veinticuatro horas había recibido un golpe en la cabeza que la había dejado grogui? Al parecer si. O Mikasa era estúpidamente temeraria. No era el lugar que él esperaba que ella hubiera elegido para pasar el tiempo mientras Levi tenía su reunión con Hange.

- Oi, Ackerman – Levi se acercó un poco más, tenía que tomar ventaja de la ocasión – Con respecto a anoche, solo puedo decir que estaba fuera de mis facultades. Como lo habrás notado, estaba exprimido y la fiebre y el dolor de mis heridas me hicieron desvariar un poco, fue mi brillante medida para asegurarme de que no te esfumaras para andar como borracha por los patios con riesgo de lastimarte, que me diste la vibra de alguien que se desmoronaría en pedazos apenas quedara sola, ó, puedes simplemente pensar que me aproveché de tu inesperada amabilidad. Lo que sea. Pero más allá de eso, no supongas nada. No le busques significado ni te hagas ideas erróneas.

Lo había dicho. Levi se había estado reprendiendo una y otra vez durante todo el día desde que despertó. Anoche, con Mikasa, se había sentido como un objeto frágil bajo sus atenciones, y después de todo el atropello del día y aún sintiendo el temor de casi perder, nuevamente, a personas importantes en su vida, se le hizo fácil dejarse llevar por sus impulsos. Y, por sobre todo, el impacto de descubrir que le tenía especial cariño a Mikasa aún lo tenía embriagado. Podía rememorar el trazo delicado de sus dedos en su espalda y la sensación de tenerla bajo él era un cálido y dulce tremor que aún reverberaba en sus sentidos. Y, Levi no estaba seguro del motivo, se despertó al sentir una suave presión de labios en la frente. Estaba soñando, delirando como dijo ella. Pero al momento de abrir los ojos y observar la figura de Mikasa de espaldas a él, había despertado la cruda.

¿Qué estaba haciendo? Él era su superior. Y aunque ya no era una adolescente, él era bastante mayor para ella. Levi se estaba comportando como uno de los cerdos verdes que él tanto criticaba. Se estaba dando libertades solo por un par de besos que había tenido con Mikasa. Estaba mal. Eso no le daba el derecho de nada, ni significaba nada. Solo fueron un estúpido forcejeo y erróneas asunciones que llevaron a uno y otro desenlace.

El implicar sentimientos solo era un error. Levi no quería que Mikasa desarrollara un irracional apego por él. Conocía a muchas chicas jóvenes caer perdidamente enamoradas por las atenciones de un hombre mayor. La inexperiencia y la ingenuidad de ellas eran aprovechadas por hombres depravados. No lo quería, lo detestaría. Se detestaría a sí mismo si eso llegase a pasar. Mikasa podría conseguir al hombre que quisiera. Eren, si el idiota no estuviera decidido a cortar sus relaciones con todos. Joven, adecuado para ella, a la altura de ella. No Levi. No yo.

- ¿Entendido? – en todo el rato que Levi habló, Mikasa no se había molestado en mostrarle deferencia. Apenas había girado el rostro para dar a entender que le prestaba atención. Mikasa asintió con la cabeza y regresó la vista al frente – ¿Acaso te realizaron una extirpación de lengua de la que no me he enterado? Mírame cuando te hablo, Ackerman. – no era su intención ser quisquilloso, pero necesitaba remarcar como era la relación entre ellos. Además, Mikasa era experta en golpear un nervio de él.

Los hombros de Mikasa bajaron al soltar un suspiro y con un movimiento fluido se incorporó sobre la almena girando sobre las plantas de los pies. El repentino movimiento hizo apretar el estómago de Levi en un nudo. Tal impertinencia…

- Me queda claro, capitán – contestó Mikasa desde lo alto, obligando a Levi a alzar la mirada – Confío en que incidentes como los de anoche no se volverán a repetir, ¿correcto? – el tono de voz de Mikasa era apacible.

Levi no contestó inmediatamente. Su corazón había retumbado por un momento a la vista de Mikasa frente a él. La venda en la cabeza se había ido y solo un parche médico ocupaba una sección de su frente, disimulado por el escaso flequillo de ella. A comparación del aspecto desgreñado de anoche, su cabello enmarcaba su rostro, las puntas acariciando sus hombros y con una ligera brisa haciéndolo ondular. Abrazaba un sujetapapeles al pecho y si a Levi le dijeran que Mikasa estaba retratando el atardecer que deslumbraba a su espalda no hubiera dudado de ello. Lo que más atrajo su atención fue la serenidad que transmitía su rostro con un ligero toque que no veía hace meses en ella. Complacencia. Estaba disfrutando verlo desde las alturas.

Qué infantil. Levi quiso rodar los ojos.

- Haz el favor de bajarte sin abrirte la cabeza de nuevo en el intento – contestó Levi después de su pequeño lapsus.

Mikasa bajo en otro fluido movimiento. No en un salto como Levi habría temido y la habría reprendido. Sino que se acuclilló usando la fuerza de una sola pierna mientras se deslizaba al suelo hasta alcanzarlo y ubicarse frente a él. Perfecto balance.

El tiempo y la inactividad le habían hecho olvidar la estética facilidad en la que ella se movía.

- Bien – a pesar de que la nivelación aún obligaba a su mirada subir, era una altura a la que estaba acostumbrado – Bien. No te olvides de lo que te dije. – Levi inclinó la cabeza hacia atrás mientras cruzaba los brazos sobre el pecho en actitud autoritaria - Y otro favor: no pierdas la cabeza por Eren.

- ¿Qué? – El gesto sereno de Mikasa transmutó a un fruncimiento entre las cejas.

- ¿Tengo que explicarme? – Levi rodó los ojos con cansancio – No sabemos dónde está Eren, qué estará haciendo o en qué jodidos pensara... ¿Cierto? – De todas las personas, que Mikasa no hubiera tenido la más mínima sospecha de lo que iba a pasar parecía una ironía. La chica casi respiraba por Eren. El ceño de Mikasa solo se hizo más severo así que Levi continuó – El caso es que espero que no vayas a entrar en uno de tus arrebatos emocionales. Con un mocoso descarrilado es suficiente.

A medida que Levi hablaba el rubor se extendió desde el cuello hasta el rostro de Mikasa. Parecía indignada, molesta o avergonzada. O una mezcla de los tres.

- No suponga cosas de las que no sabe nada.

- ¿Es así? – el tono de Levi era irónico – Espero que eso no sea el comienzo de una carta de despedida – Levi señaló con la cabeza el sujetapapeles que ella apretaba – Alguna estupidez de que vas a traer a Eren de vuelta por tu cuenta.

- Sus comentarios están de más. Esto, no es lo que usted supone – sus nudillos se pusieron blancos sobre la tabla del sujetapapeles – Me niego a hablar de Eren o cualquier tema relacionado con una persona tan insufrible como usted.

- ¿Qué es?

- No es de su maldita incumbencia. La próxima vez que se acerque con una mirada tan lastimera y penosa como la de anoche, dejaré que se pudra en su agonía. – remató Mikasa golpeándolo con el hombro al pasar. Levi suprimió un siseo de dolor.

No estaba seguro, pero escuchó un 'enano de mierda' a su espalda. Lo dejó pasar. Ser borde y hosco siempre elevaba los nervios de Mikasa, mencionar a Eren en relación con sus arrebatos eran el punto de ebullición. Levi suspiró con cansancio mientras se restregaba la cara con ambas manos.