VII - HANGE
- Eren es casi tan pulcro como tú. Y eso, es decir mucho.
Por el rabillo del ojo Hange vió a Levi asentir mientras contemplaba la estancia con silenciosa satisfacción. Los escasos muebles alineados perfectamente, el piso de madera lustrado, la cama tendida... Seguramente Levi identificaba más detalles dignos de admirar que Hange pasaba por alto.
- Recuerdo que Armin me comentó que el deseo de los tres era irse a vivir juntos. – comentó Hange revisando la cómoda – Bastante chasco el que se llevaron cuando fue Eren el que se fue primero. ¿Qué opinas de eso?
- Los mocosos ya han pasado de sus veinte y creo que ya tienen más que el suficiente dinero para independizarse. Por supuesto que lo felicité por ser el primero en dejar las faldas de la legión. – Hange soltó una carcajada por el esperado comentario.
- Para que lo sepas, Jean le regaló una casa a su madre. Connie está haciendo malabares para adquirir la propiedad donde vivía su familia en Ragako y Armin ha estado mirando una residencia para él y Mikasa en las nuevas comunidades formadas fuera de las murallas.
- … ¿Cómo sabes todo eso? – inquirió Levi después de un momento.
- He compartido algunas bebidas con ellos – Hange encogió los hombros con indiferencia – Ya sabes, para reforzar el lazo jefe-subordinado.
- Yo he compartido algunas comidas con ellos… Jamás mencionaron algo al respecto.
Hange volvió a reír. No necesitaba mencionar la deficiencia de habilidades sociales de Levi.
- No te sientas herido. – Levi rodó los ojos.
- De cierta manera me alegra saber que tienen esa clase de planes a futuro. Pensé que iba a tener que echarlos a escobazos si empezaban a llevar a sus parejas a vivir a las barracas de soldados. - Hange volvió a reír con hilaridad por el pensamiento de un furioso Levi con una escoba tras los chicos.
Volvió a concentrarse en la búsqueda. No había diarios, ni cartas, ni siquiera una prenda descartada a la vista. La planificada huida había hecho que Eren dejara todo en orden, y sin pistas. La ausencia de cuadros, plantas o algún pequeño ornamento decorativo en la mesa le daban un aspecto seco al lugar. Hange recogió del suelo el único objeto que podía asociarse a un toque de personalización de Eren.
- Esto explica la buena forma que adquirió Eren – señaló Hange haciendo unos levantamientos con la mancuerna. Había todo un set de pesas alineado a la pared en perfecto orden.
El aumento de la masa muscular de Eren se evidenciaba a través de la ropa. Su anterior forma larguirucha y juvenil se había esfumado. Incluso a su estilo lo remataba un recogido del cabello descuidado. Le quedaba bastante bien a opinión de Hange.
Aquello hablaba de disciplina para Hange. A menos que fuera por vanidad, que dudaba, la nueva imagen de Eren habría necesitado horas de dedicación y esfuerzo.
- Una vez, me llegó el rumor de que el aumento en los alistamientos de los últimos meses se debía a Eren. E incluso se había evidenciado que cuando los niños se reunían a jugar juegos de roles, Eren era un personaje muy usado. Te imaginarás la clase de papel que representaba.
Hange examinó la mesilla de noche nuevamente, sacó todo su contenido y examinó su fondo. Al golpearlo hizo un sonido hueco y con un poco de fuerza quitó la pantalla falsa y allí solo encontró una hoja de papel doblada. Hange la desdobló y la leyó atentamente. Su ceño fruncido en todo el proceso.
- ¿Qué es? – Levi se sentó en el borde de la cama. Hange estaba cruzada de piernas en el suelo.
- Es una carta de Historia – Hange hace una mueca mientras le pasa la hoja – Es una bobada… pero estaba escondido – Hange frunce el ceño observando el fondo vacío del escritorio - ¿Por qué guardaría eso?
- La reina mensajeando con Eren sobre… amoríos – Levi le vuelve a pasar la hoja.
- Se mensajeaba con la reina – repite Hange comprendiendo – Esto fue puesto para que nos diéramos cuenta de eso. Esto – Hange empuja con indiferencia el cajón – es un escondite muy obvio. Un escondite para que se descubra. Eren casi no hablaba con nadie. – los chicos se lo habían confirmado – Historia debe saber algo.
- O tal vez quiera que nos desviemos a ella para distraernos. – Hange asiente en acuerdo.
- No creí que Eren fuera capaz de elaborar estos juegos mentales. – Hange sonríe para sí – Me tienta. Iré a ver a Historia.
Levi hace una mueca.
- No pienso hacer todo un viaje a la capital para confirmar si la reina cuchicheaba con Eren sobre… - Levi señala la carta con la cabeza – chicos.
- Dice más que eso – Hange dobla la carta y se la guarda en el bolsillo de la chaqueta – Pero tú no lo entenderías. Las intrigas son mi especialidad.
- No te acompañaré a ver a Historia – rectifica Levi nuevamente – Hay otras cosas que requieren nuestra atención. Yo también escuché un rumor: se va a levantar una rebelión. Probablemente la que orquestó el ataque.
- ¿Dónde escuchaste esa clase de rumor? – inquirió Hange alarmada.
- Hay personas con las que me habló – Levi encogió los hombros restándole importancia – El caso es que nunca encontré el interés o el tiempo para averiguarlo. ¿Sabes cómo me siento después del ataque bomba?
- No es tu culpa – murmura Hange por costumbre.
- El caso es que ocuparé mi tiempo en esto – Levi chasquea la lengua mientras se levanta de la cama.
- Levi. Debes vigilar a Zeke – le recuerda Hange.
- Y a eso también – confirma Levi ya en el marco de la puerta.
- En serio. No debes permitir que huya o lo capturen otras personas. No como Willy. – Aún le dolía esa pérdida a Hange – No puedes confiar en nadie. Juzga bien.
- ¿Lo dices porque es un importante enemigo de la nación o porque temes que saque un poder de la manga que nos deje estériles a todos?
- Por ambas. – Hange no podía mentir en un asunto tan serio.
Levi la miró con escepticismo pero no comentó nada al respecto. Sabe que con ella no podía.
- Por mi vida. No dejaré que ese chimpancé se escape de mis manos – promete Levi antes de dar media vuelta.
- ¡Levi! - volvió a llamar Hange haciendo que Levi girara y la observara por encima del hombro con gesto cansado. Arqueó una ceja en espera - ¿Está todo bien? Tengo la sensación de que hay algo que me debes contar - dijo cuidadosamente Hange sin ser demasiado obvia en sus palabras.
Levi giro su cuerpo encarándola con los pies separados y cruzo los brazos sobre el pecho mientras su ceño se fruncía. Mala señal.
- ¿Hay algo que te deba contar? - preguntó él repitiendo sus palabras. Hange encogió sus hombros mientras levantaba sus palmas como si estuviera sopesando algo en una balanza.
- Bueno, "deber" es una palabra muy seria. Tal vez, "querer" suene mejor. Una palabra más intima entre amigos, ¿estas de acuerdo? - Levi la miró como si se le hubiera zafado un tornillo mientras empezaba a mostrar su impaciencia al mover su índice rápidamente contra su codo - Entonces, ¿hay algo que quieras contarme, entre amigos?
- No. - Levi ni siquiera se tomo un segundo en contestar - ¿Hay algo que tú quieras contarme?
Hange soltó una risa irónica mientras se sobaba la barbilla mirando el techo. Estaba que estallaba por contar lo que sabia de él y Mikasa, pero había prometido no revelar nada al respecto. Ni siquiera una mínima advertencia por lo que sabia que se le venia a Levi encima. Realmente tenia unos buenas bromas bajo la manga, pero tuvo que tragarse las palabras.
- Nada. Estaremos en contacto - descartó Hange con un movimiento de su mano.
- Loca - dijo Levi soltando un bufido y dejándola sola.
Como había mencionado Levi, había situaciones de primera necesidad pululando alrededor de la legión que requería su inmediata atención. La reputación de la legión estaba cayendo en picado dada la implicación de estos en el ataque. Al menos una sexta parte de sus activos había desertado. La legión necesitaba una reestructuración. Y necesitaba tomar medidas por lo que había pasado.
Pero mientras Hange gozará de la licencia que le habían dado por la contusión en la cabeza aprovecharía para seguir sus corazonadas. Lidiará con sus deberes formales después. El mundo no podía desmoronarse en su ausencia, ¿cierto?
El sonido de la puerta al abrirse hizo a Hange levantarse automáticamente. Historia entró en sus galas formales mientras ella se inclinó en reverencia.
- Reina Historia, un gusto volver a verte.
- Un gusto volver a verla, comandante Hange. Bienvenida – saludó debidamente Historia mientras hacía el ademán para que tomara asiento.
- Gracias. – Hange esperó mientras Historia se inclinaba a servir el té para ambas – Espero no venir en mal momento.
- ¿Con los ciudadanos atemorizados por un ataque bomba hace apenas unos días? – inquirió Historia arqueando una ceja – La verdad, no es un buen momento.
- Comprendo – Hange suspiró – Asumo que sabrás entonces que mi visita no es para disfrutar de la compañía de la otra mientras adelantamos cuaderno.
- Cuénteme. ¿A qué se debe su presencia ahora? - pregunto Historia ya acomodándose en su asiento.
- Estarás al corriente de la situación de Eren actualmente – Historia asintió – Historia, para todos tus otros compañeros este repentino giro de los acontecimientos les cayó como agua fría. Tengo la esperanza de que tú sepas algo. Sé que Eren se comunicaba contigo. – aunque no era aún necesario Hange sacó la carta que llevaba confiscada de su bolsillo.
- ¿Dónde encontró esto? – Historia examinó la hoja. Un brillo de reconocimiento alumbrando su semblante.
- Estuve en su casa. Hallar eso fue bastante fácil. Como si lo hubiera dispuesto para que lo encontrara. ¿Hay algo que me debas decir?
- ¿Quiere que le explique el contenido de esa carta? – la descarto Historia a un lado mientras alzaba su taza.
- No. A menos que sea importante – agregó rápidamente Hange.
Después de endulzar un poco la bebida, Historia revolvía con una cucharita ausentemente el té mientras consideraba qué contar o por dónde comenzar. O al menos eso quería suponer Hange. No sabía que iba a hacer si la reina se negaba a cooperar.
- Eren y yo nos encontramos un par de veces – finalmente habló Historia después de dar un sorbo a su té – Venía a prestar su servicio en el orfanato. La primera vez que lo vi me dio la impresión de alguien que estaba huyendo de sus problemas. Entonces caí en la cuenta de que ni Armin o Mikasa andaban con él. No lo quise presionar sobre esto, pero parecía decaído por todo lo que había ocasionado. Me refiero a la amnesia y post amnesia.
- ¿Estaba arrepentido? – Hange se apoyó los dedos en su mentón.
- Lo lamentaba. Más que por cualquiera de nosotros, por Sasha. – la mirada de Historia vagó en el suelo – Pasó mucho tiempo para el segundo encuentro. De hecho, fue hace menos de un mes que me vi con él. Tenía una actitud completamente diferente y me comentó lo que planeaba hacer.
- ¿Qué te dijo? – un estremecimiento recorrió a Hange. Historia ignoró su pregunta.
- Hace unos meses, mucho más atrás de esto, Eren vino a visitarme por primera vez desde que regresó. Yo no lo recordaba a él completamente pero el encuentro fue ameno e interesante para mi. – Historia le da un gesto grave – Para Eren no fue así. Cuando Eren hizo accidentalmente contacto conmigo algo se reveló en su mente. Dice que fue un remanente del poder del titán de ataque de ver el futuro. Al principio lo descartó, considerándolo la visión de un futuro inexistente. La visión que él tuvo era de nuestra antigua existencia, con los titanes aún dominando, donde el triunfo y la supervivencia de la isla se definían por el Retumbar. Fue caótico y catastrófico, pero así se desarrollaba... Y Sasha perecía en el camino. - Aquello último hizo sobresaltar a Hange. Su mente estaba corriendo a gran velocidad para desentrañar lo que Historia estaba tratando de implicar - Entonces, Eren dijo que había comprendido el actuar del destino. Independientemente de las situaciones en que nos hayamos encontrado, de titanes o no, Sasha estaba destinada a morir porque así estaba dictado.
- ¿Qué…? – Hange se aclaró la garganta.
- Hay un único camino para sobrevivir. Si Eren quiere evitar la extinción de la isla entonces hará lo que estaba destinado a ser.
¿Lo que estaba destinado a ser…? Hange se levantó de sopetón con alarma.
- ¡¿El Retumbar?! Historia, ¿Por qué no informaste de esto? Esto es muy grave.
- Eren tiene un plan – Historia se levantó y se acercó al gran ventanal – No lo conozco a detalle. Pero confío en él. Eren evitará la inminente destrucción de la isla.
- Historia, ¿no comprendes lo que va a ocasionar Eren? – Hange no cabía de la incredulidad – ¡Darius ha muerto! ¿Eso entra en los planes de Eren?
- Eren hará cosas imperdonables. – Historia dijo casi con pena antes de girarse ligeramente hacia Hange - Es todo lo que tengo por decir. Ten un buen viaje de vuelta, comandante.
Así sin más, la despidió Historia. Hange quiso protestar, exponer las mil y un razones de porque todo estaba mal e intentar sonsacar alguna pieza más de información. Pero sus palabras se atragantaron en su garganta al ver la mirada de implacabilidad en los rasgos de Historia. Y su boca se entreabrió al percatarse del antes pasado por alto por las ropas, al abultamiento que se asomaba a su abdomen.
Inmediatamente lo comprendió. Historia estaba esperando un hijo. Y que la partiera un rayo si una madre no pensaba en la seguridad y futuro de su hijo por sobre todas las cosas. Todas. No importaba que fuera primeriza. Historia había tomado su bando.
- Gracias por la información, Historia. Espero que cuando nos volvamos a ver, todo sea para mejor.
Con esas palabras Hange la dejó mientras salía presurosa del recibidor hacia el pasillo, la calle y más allá. Tenía un irrefrenable impulso por echarse a correr. ¿El Retumbar? Tienen que estar bromeando.
