IX - MIKASA
- ¿Sabías que le gustabas a Sasha? Te admiraba.
Mikasa estaba acuclillada en el suelo cambiando las flores muertas y marchitas de la vasija por un set de tulipanes amarillos y frescos que había conseguido en el mercado de camino al cementerio. Hace unos meses, la idea de visitar a Sasha, literalmente un pedazo de mármol con su nombre grabado, habría sido difícil.
La pérdida de Sasha había dolido y mucho, pero lo más difícil de afrontar para Mikasa los últimos meses fue lidiar con su ausencia. La sentía en el comedor, la sentía en los patios, la sentía en los pasillos, la sentía cuando se reunía con su escuadrón, y principalmente la sentía en su cuarto. Antes de acostarse cuando nadie hablaba con ella mientras se preparaba para dormir, durante la noche cuando no se oían suaves ronquidos desde la otra cama, y en las mañanas cuando no había quien se quejara de levantarse temprano. El silencio era un recordatorio doloroso de quien ya no estaba. Siempre presente. Mikasa no se había dado cuenta de lo mucho que dependía, y quería a Sasha hasta que se encontró sola. Y eso, la afectó de una manera que no esperaba...
Pero como una herida abierta, poco a poco empezó a cerrar. Era la naturaleza humana, era la naturaleza de Mikasa. Superar la pena por los que perdía, por mucho tiempo que le llevará.
- ¿Cómo no notarlo? No soy Connie – Jean estaba de pie a su espalda.
- ¿A ti te gustaba?
Hubo una pausa larga en la que Jean no habló, quizás incómodo o reacio a compartir tal cuestión personal. Mikasa no lo sabía a ciencia cierta ya que aún le daba la espalda distraída con contemplar las flores.
- … No es fácil responder – suelta Jean después de un profundo suspiro – No puedo decir simplemente 'si, ella me gustaba', porque no tenía plena seguridad en ello. Llevábamos tiempo conociéndonos, y nunca me había planteado ello. Por ejemplo, desde la primera vez que te vi a ti en la academia, atrajiste mi atención como un imán. Eras preciosa, fuerte y madura. Aún lo eres. Me gustaste desde un inicio… Pero Sasha era una chica tan fuera de lugar. Hueca y glotona que no sabía a dónde había ido a parar. Una buscapleitos, holgazana… que a la final no levanto un solo atisbo de mi interés – Jean se toma un momento para aclararse la garganta – Después pasó lo de Ciudad Subterránea, y Sasha casi murió. Me sentí contrariado y confundido conmigo mismo. Por no haberme percatado antes, por no tomar las precauciones necesarias, por bajar la guardia... No quería que Sasha muriera, no como Marco. No por mi ineptitud… Entonces, Sasha no murió y me sentí profundamente agradecido y conmovido. Sasha era fuerte y a pesar de que le habían agujereado el abdomen seguía tan positiva y alegre… - La frase de Jean se desvaneció como si estuviera sumergido en algún recuerdo. Cuando volvió a hablar su voz era más suave – No sé si a partir de entonces surgió algo basado en la compasión, pero era algo a lo que estaba dispuesto a darle una oportunidad.
Cuando el silencio se hizo demasiado extenso Mikasa supo que Jean había terminado de hablar. La tenía sorprendida la honestidad de su respuesta. Era algo que no esperaba. Y cuando calaron las palabras, la embargó la tristeza. Como le hubiera gustado presenciar el nacer de una relación entre sus dos compañeros. La oportunidad de ver a Sasha enamorada, de burlarse de sus expresiones como solía hacerlo ella con Mikasa, de enternecerse por sus comportamientos… Era algo que la muerte le había arrebatado. Y no solo a ella.
Mikasa se incorporó y girándose hacia Jean apoyó una mano en su brazo para darle un ligero apretón.
- Sasha estaba muy feliz por ello. - Jean relajó los hombros y le dio una sonrisa agradecida.
El ambiente era más ligero y aunque el tiempo apremiaba, Mikasa no pudo evitar hacer una última e incómoda pregunta.
- …¿Es cierto que Eren se burló al recibir la noticia de Sasha? – la inseguridad que sintió justo después de soltar la pregunta la hizo estirar un brazo hacia su bufanda, pero se detuvo a medio movimiento al acordarse de que no la llevaba con ella desde que Eren se había marchado. Temía que la respuesta de Jean fuera una cruda confirmación del aberrante comportamiento de Eren.
- No se burló – Jean intenta clarificar dándole esperanza a Mikasa – Solo se rió. De la clase de risa que sueltas sin ningún motivo, hueca de emoción. Forzada para distraerte de algo… - Jean frunció el entrecejo - Como fuera, no fue el momento adecuado para ello, ¿lo comprendes?
Mikasa entendía la rabia de Connie. Si alguien hubiera reaccionado de esa manera por la muerte de Sasha, un puñetazo se habría llevado de su parte. Había un pequeño consuelo al saber que Eren no lo hizo burlándose. Pero…
- ¿Tú también crees que Eren está... mal? – no era capaz de encontrar un término apropiado.
- 'Mal' es una palabra muy amplia – Jean se mete las manos en los bolsillos del pantalón.
- ¿Qué término usarías?
- … No lo sé. No quisiera dar algo por hecho – Jean pasea la mirada por el piso, pensativo – Solo pienso que después de que todo esto acabe, Eren necesita un abrazo. O una patada en el trasero.
La respuesta de Jean solo hizo apretar el nudo en el pecho de Mikasa. Recuerdos de meses atrás de Eren tomando su mano con la mirada dolida y abatida quisieron derrumbarla por un instante.
- Es hora de irnos – dijo ella monótonamente mientras se encaminaba a la salida del cementerio.
El espectáculo en el comedor solo fue el comienzo de una serie de acciones para dejar en claro la división de posturas del escuadrón. A lo largo de una semana, no faltaron entre ellos las conversaciones en pasillos, ocasionales estallidos de cólera, comentarios lanzados al azar, choques de opinión, en las que no fallaba el espectador, espía o chismoso, como se le quiera llamar, que diera cuenta y compartiera todos estos episodios. Fue realmente agotador para Mikasa. Y humillante para su carácter. Detestaba llamar la atención sobre sí misma. Y había sido una prueba a su calma no encarar todos los cuchicheos que se dieron desde entonces. Sobre todo a su persona… y a Eren.
"Si, esa es la que tiene una insana obsesión por Eren" "¿El criminal?" "Si, el de ojos verdes y que convenció a la mayoría de que se fugaran" "¿Para qué?" "Solo él sabrá… aunque si se hubiera presentado en mi puerta a pedirme que huyera… lo habría seguido al fin del mundo" "¿Por?" "Esta como los dioses mandan: hecho a la medida" "Jaja" "Entiendo a la pobre chica. Con ese hombre hasta yo también me comportaría como una tonta…"
Cuanto le fastidiaban las burlas, las miradas compasivas, los gestos condescendientes, las sonrisas mal disimuladas cuando se enfrentaban a ella. Había un enorme cartel a su espalda que profesaba 'caso perdido'.
Pero toda la humillación era por un propósito. Mientras que Armin y Connie dejaron claras sus posturas de oposición y rechazo a todas las acciones de Eren; ella y Jean, que a ojos del público estaba con ella por su enamoramiento, lo justificaban y abogaban a una aún desconocida razón legítima al proceder de Eren. En el fondo, muy profundo, Mikasa esperaba que la hubiera.
El caso es que resultó. Al menos para el lado de Mikasa y Jean. En unos días, una de las nuevas reclutas, de las pocas que habían quedado, se acercó poco a poco a ella. Las dos se conocían, o al menos en gran medida lo hacia ella. Louise, su nombre, fue una pequeña chica que rescató años atrás en el asalto de un titán en Trost. Ese episodio sacudió algo dentro de ella que la llevó a unirse a la legión, en conjunto con una gran admiración por Mikasa. Esa casualidad hizo que su acercamiento pareciera natural. Pero entre conversación y conversación, Mikasa se dio cuenta que Louise era proclive a seguir o brindar las decisiones más controversiales si estas justificaban su fin. El paralelismo con las últimas declaraciones de Mikasa eran estremecedoras. Y su apoyo a Eren no tardó en manifestarse.
- ¿Estás segura de que es conveniente traerme? – comentó Jean mientras se reclinaba en la baranda que rodeaba el gran cráter que antes contenía una roca en Trost. Era un lugar con historia.
- Lo estoy. Soy recelosa, incluso para las pequeñas cosas. Venir sola habría demostrado una innatural predisposición de mi parte – volvió a explicar Mikasa con tono neutro. No era la primera vez que lo discutían.
El silencio de Jean fue bienvenido para ella. Inevitablemente, estar precisamente en ese lugar traía recuerdos a su mente. La operación: sellar el muro de Trost antes del inminente desastre. Eren se encomendó a ello, a pesar de que recién había vuelto de la muerte, a pesar de que transformarse en titán era una novedad tanto para él como para los demás, a pesar de que le esperaba un juicio ya sea que fallara o no en la operación.
Sentía un escozor en el pómulo derecho, como si recién se lo hubiera abierto por la actitud aberrante y descontrolada de Eren en su forma titan. Gracias a los esfuerzos de Armin, fue que Eren logró reaccionar y llevar a cabo la misión. Un operativo apresurado con muchos contratiempos y sacrificios en el camino. Si no hubiera sido por la oportuna entrada en escena de los legionarios posiblemente las bajas hubieran sido mayores. Técnicamente, aquella fue la primera vez que Levi los salvó, a los tres. Cayendo del cielo y ejecutando una técnica espectacular para aniquilar en el acto a un titán y aterrizar con elegancia a la vista de ellos.
Mikasa recuerda haberse estremecido por el primer vistazo en acción del afamado soldado más fuerte de la humanidad. La impecabilidad y precisión de sus movimientos, y la fuerza que transmitía a pesar de su menuda figura. Lo admiro en ese entonces y sólo podía preguntarse cómo ser igual de fuerte a él. Con esa fuerza podría proteger a Eren. Necesitaba verlo más de cerca, conocerlo y desentrañar uno a uno sus secretos y técnicas. Tenía que acercarse a él y... Hasta que pasó lo del juicio y toda su admiración y respeto se fue al traste.
Era curioso como Levi siempre se las arreglaba para desbaratar su buena opinión cuando Mikasa empezaba a tenerla.
- ¿Mikasa? – al llamado de su nombre Mikasa se despabiló de sus pensamientos.
- Louise – respondió ella al reconocer la menuda figura de la chica a unos pasos de ellos. Ella miro con incomodidad hacia Jean – Él es Jean, aunque creo ya lo debes saber.
- ¿Le has contado…?
- ¿Qué tienes un club de fans del idiota de Eren? – pregunta Jean con indiferencia.
- No es un club. – murmuró ella por lo bajo.
- Sociedad, asociación, culto – Jean hizo un gesto vago con la mano – Si agitan pancartas y han hecho una derivación de su nombre para nombrarse a sí mismos, para mi es lo mismo. Un montón de idiotas.
- Lárgate, entonces. Mi asunto es con Mikasa, no con la chusma.
- Ya quisieras – Jean bufó – No dejare que enredes a Mikasa con tus cuentos…
- Calla, Jean – interrumpió Mikasa levantando una mano antes de girarse con expresión seria a Louise – Mira, Louise. No te creo realmente. Le conté sobre esto a Jean porque él es el único que podrá decirme si me están tomando el pelo o no. Hay a quienes les parece divertido engañarme con historias respecto a Eren.
- Y prudente – agrega Jean en un murmullo.
- ¡Mikasa, no te miento! – Louise la miró con sorpresa – He hablado con Eren. Sé lo de tu bufanda…
- ¡¿Quién no sabe lo de su bufanda?! – exclamó Jean con un rodamiento de ojos.
- ¿Qué has hablado con Eren? – inquiere a su vez Mikasa, añadiendo interés en su tono.
- Sobre ti – responde Louise ignorando a Jean – Eren realmente lamenta que cada decisión de tu vida haya sido influenciada por él. Por él es que te uniste a la legión, porque siempre procuras cuidarlo… Hasta llegó a insinuarme que si algún día tenía la oportunidad, me deshiciera de tu bufanda. Pero yo pienso que te queda hermosa, ¿Por qué no la traes puesta?
Mikasa desvió la mirada al suelo con vergüenza. ¿Eren hablando con una desconocida de ella? Era posible, ya que había dejado de hablar con ellos. Pero no sabía que incomodaba más, el que Eren ventilara su dependencia emocional a él o su dependencia material a la bufanda por él. Fue consciente de la desnudez de su cuello, como si llevara una parte íntima al descubierto. Pero Mikasa había decidido que no volvería a usar la bufanda hasta que aclarara sus pensamientos sobre Eren o hasta que verla no le recordara tanto su ausencia. Esa era su decisión, y no tenía ninguna intención de compartirla con otros.
- ¿Sabes dónde está Eren? – el anhelo en su voz no fue del todo fingido.
Louise sonrió y colocó una mano sobre su hombro como si comprendiera toda la lucha interna de ella.
- Eventualmente, te encontrarás con él. Pero hay cosas que se necesitan hacer – Louise dio una significativa mirada a Jean.
- Mikasa no creo… - empezó a refutar él.
- Él cooperará. – intercepta Mikasa rápidamente.
- ¡Espera, espera! – Jean da un paso adelante para encararla a ella – No soy fiel partidario de tirarme de un acantilado si a Eren le place. Si lo que planea es alguna burrada como la vez pasada de dejarnos amnésicos… ¡No, no apoyaré esto!
- Jean… él hizo eso para salvarnos…
Mikasa y Jean pretendieron enzarzarse en un debate de opiniones delante de Louise. Todo para hacer el espectáculo más convincente. Y funcionó, porque Louise dio un paso al frente para darle un alto a sus quejas.
- Eldia está al borde de la destrucción – decreta Louise con solemnidad atrayendo la atención de ambos – y solo se puede salvar la isla al dedicarnos a Eren Jaeger, quien debe ser nuestro supremo líder…
A medida que hablaba la recluta, Jean y Mikasa intercambiaron una subrepticia mirada de logro. Y horror. Estaban dando los primeros pasos a una escalofriante red de conspiradores que se hacían llamar a sí mismos los Jaegeristas, los verdaderos libertadores de Eldia.
Ayer esta historia estuvo de aniversario desde su primera publicación y pues quise traer un capitulo adelantado por la ocasión. Un saludo afectuoso a todos los que se pasan por aquí y dejan sus reviews. Nos leemos.
