X - HANGE

Hange se paseaba lentamente con los brazos tras la espalda entre las filas de soldados. Éstos, estaban en formación en pleno sol desde hace más de una hora escuchando un aleccionamiento sobre los principios y deberes de un militar, la labor que estos desarrollan para y en beneficio de la comunidad, y más cosas por el estilo recitados por uno de sus instructores más ancianos y con la voz más arrulladora de la institución.

Desde que Hange se había vuelto a reincorporar en sus funciones, se había reunido con los capitanes de escuadras y oficiales de alto rango para determinar las medidas a tomar con respecto a la deserción masiva que sufrieron hace unos días.

Era preocupante como este suceso podría influir en la moral de los soldados restantes y en la opinión pública. El informe oficial indicaba que fueron cincuenta y siete legionarios a los que se les había perdido el rastro desde los sucesos del ataque al edificio de audiencias. No se podía categorizar a todos como reclutas recién egresados de la academia como era el rumor que corría entre la gente. A esta lista la integraban soldados que hicieron su transferencia desde otras ramas del ejército cuando se incentivó el alistamiento a la legión por lo sucedido en el operativo de la retoma del muro maría comandado por Erwin. Por lo que no se podía omitir ese tiempo sirviendo para el ejército; y, no se podía señalar a los sospechosos como una falla de una promoción en específica porque estas variaban.

El rumor que sí era cierto es que Eren, seguido por Floch, eran los miembros más veteranos de los desertores. Jóvenes, pero que contaban con un récord de batallas admirable para los nuevos miembros de la legión. Además, cincuenta y siete era un número alarmantemente grande. El número decía que el movimiento era más serio de lo pensado, una confabulación que requirió organizar la deserción de más de cincuenta personas, ¿Dónde diablos se metió tanta gente?

Y si le quitabas a Eren y Floch, cincuenta y cinco personas era un número demasiado exacto para ser coincidencia, demasiado grande para no tomar precauciones.

En los últimos días había organizado exámenes, entrevistas y requisas de dormitorio al azar, se interrumpieron comidas, se hicieron llamados a medianoche, e incluso, como era obvio por la pérdida de personal, se doblaron las tareas asignadas a los soldados. Estaba siendo radical con sus métodos, pero necesitaba agilizar el proceso de arrinconarlos, presionarlos, elevar sus niveles de estrés y tolerancia hasta que alguno hablara o se rebelara. Porque Hange no se tragaba la idea que a cincuenta y siete personas conspirando juntas durante meses no se les hubiera escapado un comentario, una acción, o un comportamiento, que alguno de los que quedaron hubiera escuchado, así fuera por casualidad.

Por eso, a pesar de estar sumida en sus conjeturas, Hange era consciente de cada par de ojos siguiéndola a medida que avanzaba entre las filas.

"se va a levantar una rebelión"

La dilatación del silencio a lo largo de los días solo daba pie a creer lo que Levi le había comentado. Si alguien supiera algo… no, si alguien sintiera el deber de comunicar lo que sabe, ya lo habría hecho. Desde el día uno debieron caer los involucrados, debieron recibirse pequeños trazos de información para deducir los pasos de esta gente, sus intenciones, sus pensamientos… El silencio solo era un confirmatorio de mudo apoyo. O conspiración.

- ¿Qué piensas de todo esto? – Hange había llegado a la altura de Armin en la fila.

- Es agotador, comandante – murmuró Armin mirándola de soslayo.

- Lo es – concuerda Hange mirando a varios soldados removerse en sus pies por el largo periodo de inmovilidad. - ¿Qué sugerirías tú como punto de quiebre?

- ¿Punto de quiebre?

- Ya sabes, el golpe de gracia. No por nada estoy llevando a esta gente a su límite.

- Hm – Armin murmuró comprendiendo – Pensaba que en algún punto iba a ofrecer algún tipo de beneficio para evitar todo tipo de escrutinio.

- No – Hange negó con determinación – La honestidad y lealtad de los soldados no es un negocio. Un legionario compartiría todo lo que fuera imperioso por saber, sin importar qué. La atmósfera de ahora… - Hange encogió sus hombros – es preocupante.

Había quietud, murmullos en los corredores, conversaciones en voz baja en los comedores, una que otra mirada resentida o hasta ofendida por todo lo que la llegada de Hange había desplegado en ellos. La insinuación de sospecha era casi una bofetada para quienes se dedicaban en cuerpo y alma a los principios de la legión. La vinculación a grupos terroristas era un insulto. Ni modo, solo les quedaba apretar la mandíbula mientras su comandante decidía su siguiente exasperante paso. Solo esperaban que ella no decidiera imponer sus rumorados episodios de tortura física con ellos. Sería el colmo.

- … En ese caso, - Armin volvió a considerar la pregunta – la siguiente acción debe ser algo inesperado, de difícil comprensión o control. Algo que genere una conmoción y preocupación… Sinceramente, no sé que podría ejercer. - soltó un suspiro Armin antes de mirarla con suspicacia - A menos, que los rumores de que se está preparando una sala especial con grilletes en sus paredes para nosotros sea cierta.

Hange soltó una pequeña carcajada de humor.

- Muy lindo, Armin – Hange siguió su marcha consciente de las posturas rígidas de los soldados a su alrededor por su último comentario.

Estaba muy consciente de que varios estuvieron prestando oídos a la pequeña conversación. De ahí las conclusiones que sacaran era lo interesante de ese juego.


Esa misma noche, hubo un revuelo en las barracas. Desde una ruta poco concurrida, entró una caravana con personas desconocidas que introdujeron con sigilo a un hombre encapuchado a las celdas de los cuarteles, y se apostaron alrededor de estas sin permitir el ingreso a nadie desde entonces. Nadie a excepción de la comandante podía ingresar al área.

Los rumores no se hicieron esperar. Quienes presenciaron la llegada del detenido habían descrito la vestimenta del sospechoso: pantalones marrones, camisa verde musgo con abertura en el cuello, saco oscuro. Otras personas describieron la tonalidad de sus manos y nuca como morenas. Algunos decían que alcanzaron a ver cabello marrón asomándose por debajo de la capucha a la altura del hombro…

Y más descripciones y más suposiciones con el misterioso hombre fueron saliendo que poco a poco se empezó a rumorear que habían capturado a Eren Jaeger.

El aspecto de los desconocidos que custodiaban el complejo de las celdas, en conjunto con su lenguaje corporal los descalificaban como militares de alguna rama. Tenían gestos hoscos y al menor acercamiento los esfumaban con maldiciones y amenazas. Entonces se empezó a decir que eran un grupo de mercenarios. La familiaridad con la que Hange entraba y salía y se trataba con esos hombres dieron pie a que se dijera que la comandante había contratado mercenarios para que le siguieran el paso a Eren. Simples cazarrecompensas por sobre sus soldados… Humillante.

Si el ambiente estaba enrarecido por las tensiones ahora estaba más encendido que antes.

Y Hange se había limitado a evitar a todo el mundo y permanecer el mayor tiempo posible fuera de la vista. Y esperó, esperó hasta que el primer ratón hiciera saltar la trampa.


- … esta misma tarde dos miembros de la legión, Samuel y Daz, confesaron su asociación con el grupo de desertores. Mostraron arrepentimiento y están dispuestos a colaborar en la medida de lo posible para rastrear a sus compañeros fugados con la garantía de medidas menos severas para ellos. Por lo que se levantaran las sesiones extracurriculares que hemos manejado en los últimos días.

- Pero, ¿Dónde están? – alguien preguntó desde el fondo de la sala.

- Están en detención, obviamente. Responderán por sus crímenes… Pero no se preocupen – Hange oscureció la mirada y habló con voz templada – Hacer que le remuerda la conciencia a alguien es mi especialidad. Sabíamos de los nexos que ambos mantuvieron con varios de los desertores en los últimos meses. Su afiliación era un hecho. Solo estábamos dándoles una oportunidad a ese par de repensar sus erradas acciones. - Hange entonces hizo un cambio abrupto en su expresión sonriendo ampliamente y llevándose una mano al pecho - Es un alivio que las tensiones entre nosotros se acaben, ¿no creen? – dio media vuelta para irse.

- ¡Comandante! ¿Quién es la persona del calabozo?... ¿Es Eren? ¿fue capturado? – aquello despertó las murmuraciones entre los soldados.

- ¿Eren? – Hange se hizo la desentendida mientras ladeaba la cabeza – No sé de qué hablan. La persona en los calabozos es un importante criminal de joyas de los muros interiores cuya identidad es clasificada. – Hange sonrió tontamente – Pero no es Eren Jaeger. No haría tanto esfuerzo por él. - Un estallido de conversaciones explotó a su espalda mientras Hange dejaba la sala donde había convocado a todo el personal.

Ciertamente, habían pillado a Samuel y Daz, colándose entre la guardia y las celdas. Hange había estado escondida presenciando como uno de ellos con gesto apurado llamaba a Eren por su nombre y le aseguraba que iban a hacer algo por liberarlo mientras que el otro le preguntó si había salido algo mal con la fuga. Ambos se vieron sorprendidos cuando del fondo de la oscura celda se acercó un hombre desconocido pero con las distintivas ropas que usaba Eren. Y se pusieron pálidos cuando Hange salió a la luz para apresarlos.

¿Se entregaron voluntariamente? Claro que no. ¿Confesaron su asociación con los desertores? Apenas ¿Se comprometieron a cooperar con información relevante? No lo hicieron. Al menos no desde un término cordial y comprensivo. La idea de coaccionar a un par de jóvenes no le atraía exactamente a Hange en ese momento.

Y la idea de relegar más de su tiempo a las intrigas que estaban orquestando los jóvenes de la legión le fastidiaba. A pesar de que era su deber por ser la cabeza mayor. Solucionar estos problemas debía ser su máxima prioridad. Pero antes de la comandante estaba la investigadora. A la que si algo se le metía en la cabeza hasta que no lo desentrañara pieza por pieza…

- … Hange ¡Comandante Hange!

- ¿Ah? – Hange se había quedado de pie con la mirada vagando en mitad del pasillo, giró para encontrarse con las personas que venían a su encuentro – ¿Qué pasa, Armin?

- ¿Está divagando, comandante? – preguntó en tono jocoso Connie que venía al lado de él.

- Estaba reflexionando – respondió ella con un encogimiento de hombro.

- Comandante, lo de hoy fue bastante… elaborado – el tono de Armin no era precisamente uno admirativo.

- ¿Fue eso un cumplido? - preguntó arqueando una ceja.

- En parte. Supo manejar el nerviosismo de todos a su favor.

- Pero no al tuyo – señaló Hange. En realidad, ninguno de los miembros del escuadrón de Levi se había presentado ante ella por los rumores de la captura de Eren - ¿Y Mikasa? No la he visto alrededor tuyo últimamente. ¿Volvió a aislarse? - Apenas y había visto a Mikasa en los alrededores.

- No. – Armin hizo un gesto de incomodidad – Estamos en términos diferentes. ¿Podemos hablar en un sitio más privado?

- Por supuesto – contestó Hange enarcando una ceja y encaminándose a su oficina – De hecho, quería consultar unas cuantas cosas contigo. - dirigió su atención al otro muchacho - ¿Cómo has estado, Connie? ¿Te peleaste con Jean? - Tampoco había visto mucho a Jean por los alrededores.

- Estamos… en términos diferentes – contesta Connie haciendo una mueca.

- ¡Oh! – Hange se llevó una mano a la boca preguntándose si había un mensaje encriptado o si simplemente estaba demasiado inmersa en su papel de detective para ver una intriga en cada esquina.

- Daz y Samuel son nuestros amigos – confesó Connie inesperadamente atrayendo de nuevo la atención de Hange - ¿Realmente ellos fueron parte del ataque bomba?

- Tal vez. Aunque no la hayan instalado o planeado por sí mismos, saberlo y no prevenirlo es un crimen también.

- Pero, ¿Por qué se quedarían ellos dos atrás? Si todos escaparon más allá del control ¿Por qué dejar a esos dos atrás? ¿perdieron la oportunidad? ¿son rezagados?

- No – Hange negó con la cabeza – Eren volverá. Y ellos solo están para resguardarlo para cuando lo haga. - O haciendo otra tarea.

- ¿Solo ellos dos? – bufó Connie - ¿Qué puede hacer un llorica y un debilucho? Pasarle comida a escondidas, seguro.

- No, son más. – Armin respondió antes que Hange – Lo dejó muy claro hace un momento frente a todos la comandante. Si solo hubiera pensado que ellos dos eran los de doble moral no nos habría hecho pasar por todo esto. Solo declaró que por el momento dejara que ellos dos tomen la responsabilidad de todo este lío. – Armin le dio la apreciativa mirada que Hange había estado esperando – Y utilizó la ausencia de Eren a su favor. Creo que ya debe identificar a unos cuantos que simpatizan con Eren, a excepción de Daz y Samuel.

- Entonces, ¿por qué nadie más cayó?

- Porque la comandante solo… - Armin frunció el ceño sin estar seguro de lo que iba a decir - Sólo quería evitar una situación más complicada, ¿me equivoco?

- Perspicaz – Hange le guiñó a Armin mientras ingresaba a su oficina – Daz y Samuel son mis chivos expiatorios. Necesito responder ante los altos mandos y ante el público por todo el escándalo.

- …¿Qué pasará con ellos?

- Algo en menor grado de lo que le pasara a Eren, seguramente – No había punto en ser sutil. Tenía que poner los términos claros para ellos. – Coméntame, Armin. ¿Qué es lo que quieres hablar? – Hange se sentó tras su escritorio.

Armin compartió una mirada con Connie antes de dirigirse con gesto crítico a ella.

- Se está liderando una sublevación, a nombre de Eren. Mikasa y Jean han entrado al grupo para determinar su estructura y alcance. Ha sido difícil porque la relación distante de ambos con Eren en los últimos meses fue evidente para todos. Solo han logrado contacto con un par de sus miembros, pero tenemos una lista con sus integrantes. Algunos confirmados, algunos sospechados.

Hange había apoyado los codos en el escritorio, y sus manos estaban entrecruzadas frente a su boca mientras observaba y escuchaba con atención a Armin. Incluso cuando dejó de hablar estaba considerando aún sus palabras. No por sorpresa, Levi le había advertido de lo mismo, hasta ella misma a lo largo de los días había comenzado a sospechar de algo más grande que el descontento de unos cuantos dentro de los cuarteles. Sin embargo, lo que ellos le ofrecían no era algo novedoso ya que Levi le estaba ofreciendo pequeños detalles de su investigación por fuera.

Novedoso no, pero si curioso.

- ¿Nos cree, comandante? – preguntó con inseguridad Connie al verla inusualmente tranquila tras la noticia.

- ¿Por qué están haciendo esto? – apenas se movió de su postura.

- Queremos resolverlo – contestó de inmediato Armin.

- ¿A nombre de Eren, dijiste? ¿Están buscando las pruebas para aligerar el golpe de Eren?

- ¡Queremos resolverlo! – volvió a pronunciar Armin, esta vez con más determinación.

- Eren esta involucrado, lo sabemos – agregó Connie – Solo pretendemos acabar con lo que sea que el idiota empezó… Y hacernos responsables – murmuró por lo bajo lo último.

- Él es nuestro amigo… y desentendernos de todo esto, comportarnos como si no nos afectara es imposible.

Eso explicaría la no intervención de ellos durante lo que duró la ejecución de sus planes, la ausencia de preguntas que esperaba de Mikasa, y más aún, la pasividad del escuadrón desde que había llegado Hange. La aparente pasividad, porque al parecer llevaban sus propias indagaciones.

¿Hacerse responsables? ¿sin poder desentenderse? Lo comprendía. Debían de sentirse frustrados, heridos y confundidos por las repentinas acciones de Eren, su colega, su amigo, su familia.

- ¿Cuál creen que es el propósito de Eren ahora mismo?

- Caernos como leche cortada. Hacerse enemigos – enumeró rápidamente Connie, como si las respuestas rápidas fueran las que buscaba Hange. Ella asintió y miró a Armin.

- … No estoy seguro. – Armin suspiró y miró hacia el techo – Dijo que sabía la forma de encontrar la verdadera libertad. Pero es algo muy subjetivo. Con Willy en su poder, con este grupo de militares… ¿Tal vez tener un seguro bajo la manga en caso de ataques del exterior? Pero lo que hacen los Jaegeristas es desconcertante. La unión hace la fuerza, y la división de ahora llama a una crisis nacional si no se controla.

Hange asintió nuevamente dejándose sumergir en lo que era el tema de las intrigas políticas y sociales, como los grandes personajes podían influenciar con sus acciones y palabras, y lo que una crisis interna podría generar en un reino que estaba con el constante temor de ser sorprendidos y acribillados por potencias desconocidas y detractoras. Pero sacudió la cabeza para salirse de esos enredos.

Primero, antes que nada, tenía que descartar lo que más ansiosa la tenía desde que Eren se fue con gran seguridad sobre el logro de sus cometidos. A pesar de que el Eren que ella conocía era un impulsivo, sabia que no era ningún tonto.

- ¿Tienen alguna idea de cómo lo va a lograr?

- Podría dar algunas conjeturas… - mencionó Armin mientras Connie negaba.

Hange chasqueó la lengua y planto sus palmas en la superficie de su escritorio. ¡No hay que desperdiciar más tiempo!

- Me ayudarán a cerciorarme de que mi conjetura sea solo una paranoia mía – cortó rápidamente Hange para mirarlos de uno en uno con seriedad. No quería que tomaran lo siguiente como una broma – Chicos, para mi es posible que Eren vuelva a traer a los titanes a este mundo.

Tras escucharla, Armin palideció mientras que Connie apretó los puños a sus lados y masculló entre dientes un 'Santa mierda'.