HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO
Habiendo llegado a la mansión de Pitch Black y Weselton, Vik llega urgentemente al lugar sin importarle nada (sin siquiera haber descansado bien).
Estando ya ahí, Vik se reencuentra con Runeard, quien ya habiendo llegado, decide entrar junto al trigueño al edificio para la eventual conversación.
En tanto entran hasta el fondo del lugar, Pitch Black y Weselton se encuentran jugando un juego de azar sumamente entretenido.
– La retaguardia avanza, imparable. Están acabados. Black, están acabados– le alude Weselton a su colega, en tanto miran de reojo la llegada de Vik y Runeard.
Afirmando, Pitch simplemente dice – Bien–.
Añadiendo, Weselton mientras aún continua su jugada – Y ninguno de nosotros ha muerto. La vida civilizada de los caballeros… Tenemos nuestro dinero y fortuna asegurada, así que son libres. Obviamente, deben largarse del pueblo y dejarnos encargados de nuestros demás negocios. pero no morirán, ni ustedes, ni sus familias. Es lo justo– después de eso, les recalca, mientras ahora sí les dirige una mirada sería.
Pensando Runeard que es como una falta de respeto por todo el esfuerzo que hicieron, tanto para él como para Vik, procede a reprocharle a Weselton – ¿Lo justo?. Si crees que lo justo es que te la metan doblada y luego tengas que pagar por ello. Entonces, me parece un buen trato–.
Molestándose ligeramente ante el fuerte reproché del pelirrojo, Pitch Black interfiere y le dice – Encuentro tu actitud y tu lenguaje de muy mal gusto–.
Sabiendo que la situación empieza a ponerse sería, Pitch Black y Weselton se levantan de sus asientos y mientras los miran a Vik y Runeard, los guardias de Black, comienzan a avanzar peligrosamente.
Un tanto incómodo y sin ser irrespetuoso, Vik tranquiliza Runeard, y al instante le dice a manera de cuestionamiento a los dos hombres – Escuche, Señor. Weselton y señor Black; he... hemos hecho toda clase de cosas por nosotros, hemos mantenido nuestra parte del trato, ¿y ahora debemos renunciar a todo lo nuestro?–.
Levantando ligeramente una de sus cejas y estando en total desacuerdo, mira a Runeard, quién también lo mira de la misma forma a Vik.
Weselton al dar por hecho que ninguno de los dos chicos pretende abandonar definitivamente todo; les informa mientras toma su copa con vino y en tanto se muestra un poco impaciente – Vinieron a nuestro pueblo, se presentan aquí como locos, trajeron a la milicia y a toda la mierda del mundo a nuestras vidas, y ahora lo único que les pido es que se larguen. Agradezcan que tienen mucha suerte de no estar muertos. Los hicimos ganar mucho de lo que ni se imaginan, una fortuna que nunca se perdió–.
Ante lo declarado por Weselton, Black interfiere y les dice – Y ahora están acabados y obsoletos–.
En tanto nuevamente vuelven a negar y dejar en claro que no dejarán esa vida; no aún los hombres de Black y Weselton sin rodeos, al instante atacan a Runeard y a Vik con sus puños y uno de ellos con un palo de espada para practicar esgrima.
Vik es el primero en ser noqueado, pero antes del noqueó y demasiado tarde, Runeard le advierte a Vik – ¡Cuidado, Viktor!–.
Completamente desmayado el trigueño, Runeard es noqueado al instante, desmayándose también por completo.
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Débiles y habiendo sido trasladados a uno de los muelles del reino, Vik y Runeard despiertan en el susodicho lugar.
– ¡Donde estamos?– no duda en preguntarle Runeard a Vik, en tanto ambos se reincorporan lentamente.
– En ningún lado bueno– le responde el trigueño.
– Creo que ya no les somos útiles– le menciona Runeard mientras se soba con su palma su cabeza adolorida.
Mientras están consientes de que han sido traicionados, pronto aparecen los hombres de Weselton, para intentar matarlos – ¡Tú, cierra la boca!– le grita uno de los hombres a Runeard.
Mientras los hombres les apuntan a Vik y Runeard, uno de los malvados sujetos les dice – Acabemos con esto, rápido...–.
Sin siquiera apiadarse, los hombres vacían el cargador de flechas – ¡A la mierda con esto! ¡Mueran!–.
Siendo demasiado ágiles, tanto Vik como Runeard, logran esquivar las flechas de manera sorprendente.
Una vez que las disparan las flechas, están rebotan contra una superficie metálica que blindaba uno de los barcos, la cual los termina impactando y abriendo a la distancia considerable lo que es ron, el cual provoca una fuga que impregna una de las lámparas con vela y los quema a los matones – ¡Ahhhhhh! –.
Ante el derrame de ron e impidiéndole el paso a Runeard, este le grita pidiéndole ayuda – ¡Vik! ¡Estoy atrapado! ¡Sácame de aquí!–.
Runeard estando atrapado, rápidamente, Vik logra atravesar las llamas y consigue correr a su lado mientras buscan una salida.
Con el tiempo en contra y ya habiendo encontrado la salida, Vik y Runeard, suben a un caballo que se encuentra relinchando por el fuego, pero que logran domar.
Con las pequeñas explosiones que hay y que seguramente habrá una más grande, ambos hombres salen sanos y salvos del sitio, en tanto y a sus espaldas, el lugar acaba explotando en mil pedazos.
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Estando vivos y sin ningún rasguño, en tanto miran las llamas, Vik le dice con un tono ligeramente sarcástico a Runeard – ¡Estupendo!. Ahora estamos en guerra con esos dos–.
Tratando de recordarlos, Runeard con un semblante relajado, le termina respondiendo con – Tú relájate, Vik, que tengo un plan. Solo dame algo de tiempo...–.
Mientras miran las llamas avivar el destruido lugar, ambos dan por hecho que todo se ha salido de control.
Sabiendo en ese instante en que tiene que irse Runeard, este último le dice como última cosa – Estamos de mierda hasta el cuello. Pero tengo todo controlado...–.
Vik mientras lo observa y no le da cabida a esa frase, niega repentinamente una y otra vez.
Sabiendo que el trabajo no ha terminado.
Terminando así este capítulo.
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