XVI - EREN - HACE TRES MESES

Ese día, Eren se había visto con Mikasa.

Ella había retomado sus funciones después de un largo periodo en el que estuvo aislada recuperándose de sus dolencias. Según lo que había recopilado de Floch, y comentarios sueltos de Armin, lo que pasó con ella fue que sus defensas se habían bajado debido al estrés y a las preocupaciones acumuladas de los últimos acontecimientos. En un principio, se diagnosticó como un virus que había pescado porque más allá de las migrañas, que le impedían concentrarse, casi siempre se acompañaban de náuseas, vómito y debilidad. Por lo que solo le recomendaron reposo.

Pero, después vino la inapetencia y el visible bajo estado anímico. Desde un examen más profundo, los especialistas descartaron el virus por un episodio de depresión. En consideración, de que Sasha había sido una persona querida para ella.

Eren quiso pensar que fue lo sucedido con Sasha, y no su última conversación, lo que había hecho enfermar a Mikasa de esa manera. Ella había estado manejando de alguna manera bien la pérdida de Sasha. Hasta que habló con él. Y entonces, enfermó.

Era increíble pensar cómo un breve intercambio de palabras podría generar tal impacto.

Pero, Eren se recordó que su desacuerdo lo había desmoronado a un guiñapo sollozante y ocasionado que anduviera con una peste por días. Aun así, le era difícil aceptar que a Mikasa le hubiera afectado más que a él. En su aún fresco estado de amargura, Eren consideraba que él fue el que más resultó lastimado, no ella.

- ¿Sigues enojado conmigo? - fue lo primero que inquirió ella al toparse con él en los corredores. Eren iba en camino a las caballerizas.

- No - en un principio lo estaba. Pero era inmaduro seguir enfurruñado porque Mikasa no le había seguido en un estúpido y loco deseo de huir.

- ¿Quieres hablar conmigo? - ofreció Mikasa relajando los hombros.

- Estoy ocupado.

- ¿Luego?

- Realmente no quiero - decidió rechazar directamente.

- Eren - Mikasa suspiró cansinamente - Tenemos que hablar. Te mudaste sin decirle a nadie, apenas le diriges la palabra a Armin, y no te he visto en semanas. - Mikasa intentó acercarse a él, pero Eren retrocedió para evitarlo - ¿Es por lo que hablamos? Eren, yo no puedo… - De nuevo esas palabras. Claro que podía, nadie la detiene. Solo que no quería.

- Me estoy retrasando - cortó Eren con repentina molestia mientras empezaba a caminar.

- ¡Eren! - llamó Mikasa a su espalda, pero Eren prosiguió su camino.

Reencontrarse con Mikasa había hecho tambalear la precaria estabilidad que había puesto sobre sí. Tenía problemas con ver a Mikasa porque aún se sentía resentido, dolido; pero admitía que lo había afectado verla como la había visto ese día.

Mikasa estaba más pálida de lo normal por el largo periodo enclaustrada, sus mejillas estaban mas lisas remarcando el ángulo de sus pómulos y tenia ligeras ojeras remarcando sus ojos. No había duda de que había adelgazado. Que había cierto cansancio en su postura y su mirada.

Le preocupaba. Movía una fibra sensible dentro de él. No le gustaba ver a Mikasa consumida y vulnerable.

Pero entonces, se recordó que ella lo había elegido así. Seguir expuesta al peligro que conllevaba la vida de un militar, estar con un pie en la tumba y con el riesgo de perder a más compañeros de la misma manera que habían perdido a Sasha.

Mikasa se había enlistado al ejército para seguir los pasos de Eren, y él, que ahora quería dejarlo, no podía porque ella no se negaba.

Qué irónico era todo.


Eren metió la llave en la cerradura de la puerta de su nada hogareña casa. Estaba oscura y fría, por lo que lo primero que hizo fue encargarse de la chimenea. Una vez, con su luz anaranjada llenado los rincones oscuros, se encargó de cocinarse algo sencillo para cenar. Su pequeña cocina no contaba con más de dos platos, un juego de cubiertos y unas cuantas ollas pequeñas. Cenó en un banco en silencio y después de ello se dispuso a limpiar.

Había recibido de Levi un set de implementos y productos para hacer aseo como su bono por independizarse, algo muy acorde a los gustos de su capitán. De Hange había recibido un reloj de pared ornamental, y hace poco, de parte de Historia, le habían llegado unas cortinas para sus ventanas, bastante bonitas. Todo práctico y útil, al que Eren le sacaba provecho.

Su rutina después de cenar y asear, era entrenar. Y esta vez, entrenó hasta la extenuación.

Fue cuando estaba en el piso, sudado, tratando de recuperar el aliento, con los músculos ardiendo en las penumbras de su hogar, ya que los leños de la chimenea se habían consumido sin que Eren se diera cuenta, que escuchó ruidos extraños afuera.

No alcanzó a ver exactamente qué horas eran debido a la penumbra del cuarto, pero sabía que era lo bastante tarde para que hubiera alguien deambulando en la calle, y más aún, tan cerca de su casa. Esperó un momento, dándole tiempo a que el sonido de pisadas se desvaneciera o se alejara. Pero, las pisadas lentas, cuidadosas y hechas con el mayor sigilo siguieron deambulando junto a su ventana, toqueteando los paneles de estas, desistiendo cuando las encontraron aseguradas.

Cuando el acosador, porque Eren estaba casi seguro de que de algún fan loco se trataba, se fue acercando a la puerta de entrada, sintió un escalofrío recorrerle la columna al dudar, por primera vez, si después de ingresar había asegurado o no la puerta. Siempre lo hacía, pero ahora no estaba seguro ya que todo el día estuvo distraído pensando en su encuentro con Mikasa.

Eren se incorporó cuidadosamente. Se encontraba solo en pantaloncillos cortos, pero no le tomó la menor importancia mientras se acercó con pasos mesurados a la entrada. Escuchó como la cerradura empezó a ser tratada, quizás por unas ganzúas o algo similar. Incluso percibió el tic que hizo el mecanismo al ceder. Se ubicó en la parte oscura de la puerta y tensó los músculos esperando que el intruso hiciera su entrada.

Un buen susto les enseñará a dejarme en paz.

Una cabeza rubia con corte de hongo hizo su aparición, y, por un momento, vaciló al pensar de que se trataba de Armin. Pero no lo era.

Eren extendió su mano hacia el cuello de la camisa de la persona intrusa, y de un jalón, la entró en su vivienda mandándola de bruces al suelo.

- ¡¿Qué mierda haces aquí?! - espetó Eren, su mal genio evidente. Era la persona que menos esperaba ver.

- Ey, tranquilo - Yelena alzó las palmas en son de paz - Vengo a entregarte un mensaje de tu hermano.

- ¡Y una mierda! No me interesa nada de lo que ese idiota tenga para decir - Eren la levantó por el codo, dispuesto a lanzarla devuelta a la calle.

- No seas cabezota. Te conviene - Yelena se zafó de su agarre y sacó una carta de su abrigo. Ganas no le faltaron a Eren de hacer trocitos de ella - ¿Quieres ser cogido por sorpresa? ¿Ser un ignorante? ¿Qué sucesos, como los que pasaron en la costa, vuelvan a pasar? Podrías perder a otro compañero.

Eren apretó los puños a su lado. No solo una Sasha moribunda destelló en su mente, sino que a su lado aparecieron los cuerpos apilados de Connie, Jean, Levi, Hange, Armin, Mikasa... Se le cortó la respiración por el pensamiento.

- No entiendo qué quiere de mí - masculló entre dientes Eren - Ya no soy de alguna utilidad para él - Para nadie, realmente - Quiero que me deje en paz.

Yelena cuadró los hombros y no le dio ninguna mirada de compasión o lástima alguna por él, sino que ésta le transmitió una connotación negativa de desprecio y poco respeto por su último comentario.

- No sé a qué paz te refieres - mencionó Yelena abriendo sus ojos exageradamente y ladeando su cabeza en el proceso, su tono con un tinte desagradable de incredulidad mezclado con mofa - Te refieres a: ¿vivir tu día a día con amargura porque no puedes mirar cara a cara a tus compañeros con sinceridad? ¿O a estar escondiéndote de las miradas de quienes te veneran y te desprecian? Porque sabes que el respeto es inmerecido, pero, al mismo tiempo, el desprecio es injusto. - Yelena se acercó a él, su aura era muy inquietante - Pobre, no tienes el más mínimo control sobre tu vida, ¿cierto?

Yelena empujó la carta a su pecho y de ahí, cayó al suelo sin que Eren hiciera el menor intento de atraparla. A pesar de eso, ella se irguió con altivez, orgullosa de su altura y sus certeras palabras y se fue de allí, cerrando tras de sí la puerta y sumiendo a Eren en la oscuridad.

Cuando se hubo ido, Eren destensó uno a uno los músculos. Relajó los puños que había mantenido empuñados durante todo el rato. Enseguida, sus manos comenzaron a temblar, sus piernas se debilitaron. Retrocedió tiritando, no por frío, sino por algo mucho peor. Cuando sintió la puerta a su espalda se deslizó hasta el suelo. Ausentemente, se recordó correr los seguros de la puerta.

No era el momento de caer en la autolamentación, pero su precaria estabilidad amenazaba con desmoronarse a su alrededor. Yelena, esa vil perra, le escupió cuán lamentable era él ahora. Cuán insatisfecho se sentía con lo que con sangre había luchado. Ella, y seguramente Zeke también, estaban siendo espectadores de su vida y se mofaban entre si, de lo estúpido e ingenuo que fue y era actualmente Eren.

Eren golpeó el suelo de madera con su puño para intentar liberar algo de frustración. El dolor se disparó a lo largo de su brazo, pero fue suficiente para sacarlo del pozo oscuro en el que se estaba hundiendo. Se sobó distraídamente el puño mientras su mirada se encontraba con la carta en el suelo.

"Te conviene"

¿Cómo rayos le podía convenir volver a contactarse con Zeke? Ciertamente seria un idiota si ponía atención a cualquiera que fuese el mensaje que le enviaba su maldito hermano...

Eren se levantó del suelo, ahora más estable de sus extremidades, recogió la carta del suelo, y con solo un segundo de vacilación, rompió el sello con el pulgar.

Soy un idiota… y estoy un poco desquiciado, admitió Eren para sí.

Se encerró en su cuarto con una lámpara de aceite y tomando una profunda bocanada de aire se dispuso a leer el contenido de la susodicha carta.

"Hermano, te contaré la historia de la verdadera naturaleza del poder de los titanes.

Cuando conectamos con Los Caminos supimos de la trágica verdad sobre la vida de Ymir Fritz.

Oh, desdichada Ymir, que fue acusada injustamente y sin la posibilidad de defenderse de la fuga de unos simples cerdos. Su futuro esposo entonces, le sacó un ojo y la hizo perseguir por sus hombres como si fuera un cervatillo. Herida y huyendo de sus perseguidores, Ymir se refugió al interior de un árbol hueco de donde cae producto de sus heridas, yendo a parar a un lago profundo. Una vez dentro, un organismo extraño de origen desconocido se adhirió a su espalda. Fue bendecida con el poder de transformarse en titán, y bla bla bla… Ambos conocemos el resto de la historia.

Quiero hablarte de ese parásito. No se sabe a ciencia cierta de donde provino u originó este organismo, pero se puede afirmar que puede afectar a todos los seres vivientes que se integren con él. El árbol donde residía antes de que lo encontrara Ymir creció hasta alcanzar una altura colosal, en comparación con los demás árboles que se encontraban cerca. Posteriormente, su contacto con Ymir hizo que surgiera el efecto conocido como el poder de los titanes.

Entender el funcionamiento del parásito está más allá de toda lógica, pero puede decirse que actúa en función de su usuario. Puedo suponer que la propia inseguridad de Ymir y su miedo a la muerte dio origen a la naturaleza del poder de los titanes, la creación de cuerpos gigantes y prácticamente indestructibles en la búsqueda de un posible camino hacia la inmortalidad. En un brote de árbol cualquiera en la tierra puede hacerlo crecer y sobrevivir más allá de lo que es estrictamente normal.

Entonces, teniendo en cuenta esto, puedo y creo que a este punto puedes deducir la respuesta a la siguiente incógnita: ¿Dónde se encuentra el parásito ahora?"

La carta cayó al suelo mientras Eren abrió de un manotazo precipitado su armario y empezó a rebuscar entre su ropa. En su mente solo estaba impedir una catástrofe.


Un saludito a todos. Hablándoles un poquito de la situación con Levi y Mikasa en los previos capítulos, tengo una razón para haberlo desarrollado de esa manera. Ya les he contado que he tenido que volver a reescribir esta parte porque perdí los avances que tenia y así. En aquel tiempo, en el que me decidí a retomar la historia, lo primero que hice fue releerla (con mucho cringe), y me di cuenta que a pesar de que no romantice sus interacciones en un comienzo, si deje pasar la situación muy fácilmente. Tengo que corregirlo, me dije, quiero allanar el terreno para ellos, pero no por eso debo obviar las faltas que se cometieron. Entonces aquí estoy, tratando de desenmarañar la situación, con la intención de concientizar y no dar ideas erróneas del romance. Pero no se me preocupen, por supuesto esta historia es RivaMika. Y admito, que además de querer plantearles la situación anteriormente expuesta, también lo hice para generar drama. Jaja. Un agradecimiento a los que leen, siguen y dejan sus bonitos reviews de este fic. Un abrazo. Nos leemos.