XVII - LEVI
Un catre mullido, un bacín en la esquina para sus necesidades, una mesa con silla aparte, y un par de textos de lectura eran los únicos objetos que conformaban la celda de Zeke. A pesar de todo, la vida parecía estar tratándolo bien. Pues estaba recargado en su silla con un libro en mano, mientras picaba sin ninguna prisa el simple almuerzo del día.
- ¿Te gusta el hotel? - preguntó Levi casual, sorprendiendo a Zeke en su ensimismamiento.
Desde su lugar él volvió el rostro para verlo, interrumpiendo su comida y su lectura.
- ¿Es una broma? - replicó él mientras doblaba la esquina de la página donde estaba y cerraba el libro para ponerle su entera atención a Levi. - Este lugar es horrible. Si no fuera por la regularidad en que llegan las comidas no podría estar seguro del tiempo que ha pasado. - Zeke se desplomó sobre el respaldar con un falso suspiro sufrido - Pero supongo que parte del encierro es enloquecerme. Buen intento - señaló él levantando el pulgar hacia Levi.
- ¿Qué te hace pensar que esto es cosa mía? Si lo fuera, colgado en grilletes por los pulgares estarías en este momento. - Levi se complació al ver que su comentario molestaba a Zeke - No falta mucho para que llegue el momento.
- ¿Voy a cambiar de carcelero? - inquirió Zeke incorporándose para acercarse a las barras de su prisión.
Sus pasos fueron acompañados por el tintinear de cadenas. Zeke intentó verse lo más imperturbable e inafectado posible de las circunstancias mientras cargaba la bola de hierro que tenía atada a los tobillos. Fallo en el intento. La longitud de la cadena era tan corta que le tocaba encorvarse para poder andar con la bola levantada. Renqueaba también. La aguda vista de Levi le permitió advertir la zona de los tobillos, donde roza los grilletes, enrojecida, con bultos y ronchas.
Al menos, aunque en un pobre grado, el idiota está teniendo sus dosis de escarmiento.
- Está por verse - decidió responder esquivamente a la pregunta. Qué se muerda las uñas de la incertidumbre.
Zeke llegó junto a las barras y descolgó la bola de hierro a un lado.
- Escucha. Independientemente de los asuntos que haya entre nosotros, no me puedes matar. - Zeke aferró sus manos a las barras - Si lo hacen, Eren hará algo que condenará a todos.
- ¿Qué hará? - preguntó Levi manifestando desinterés. Aunque en su cabeza la voz de Hange le contestó: 'El Retumbar'.
- Usará el poder para algo malo.
- ¿Poder?
- Él aún mantiene un vinculo con Ymir. Le pedirá que le devuelva el poder.
- ¿Y la única forma de evitarlo es no matándote? Ajá - soltó Levi en tono monótono - Claro, eso lo aclara todo.
- No seas estúpido. Yo sé lo que Eren hará sino… - y dejó la frase en el aire. Esperando que de esa forma Levi se viera impelido a negociar.
Por el contrario, Levi chasqueó la lengua con fastidio.
- ¡¿Y qué es lo que hará, maldito mono?! - exclamó Levi alzando la voz y pateando la reja haciendo que se estremeciera. No estaba de genio para el teatrito de 'Soy el único que los puede salvar'. Zeke retrocedió un corto paso en alerta - ¡Si vas a hablar, habla de una jodida vez! Si no, pues púdrete acá y vive hasta el último mísero aliento de tu condenada existencia preguntándote si el mundo se acabo. - Fue el turno de Levi de acercarse. Abrió los ojos en su máximo, casi de una manera maniática, y dijo con voz fúnebre - Porque me aseguraré de que no vuelvas a ver la luz del día. Tu historia en el mundo ha terminado.
Empezó a alejarse por el sombrío pasillo. Si seguía hablando con Zeke empezaría a creer las fantasías que él pronosticaba, y con Hange ya era suficiente. Ella era la que había decidido creer en eso, Levi era el contrapeso que la prevenía de desvariar demasiado a lo inexistente. Porque era eso, ya no existía.
- Ya te llegará la hora, enano de mierda - escuchó a Zeke murmurar a sus espaldas.
Levi reprimió un rodamiento de ojos y se encaminó a ascender el conjunto de largas escaleras para salir del agujero donde mantenían a Zeke.
Al llegar finalmente al rellano después de una larga subida, se encontró con Dot Pixis recargado contra la pared a la espera de él.
- Capitán Levi. Te esperaba. Ven conmigo - saludó en tono jocoso Pixis mientras daba media vuelta y se encaminaba pasillo abajo sin esperar respuesta de Levi.
Levi suspiró cansinamente resignado a que ese largo día estaba lejos de concluir.
Pixis lo condujo hasta una oficina privada, donde Levi no esperó invitación para acomodarse en el sofá de la estancia. Estaba cansado.
- ¿Y eso? ¿Algún problema antes de llegar? - comentó Pixis mientras se dirigía a una vidriera de su despacho por algo, alicorado, para beber. Típico.
- ¿A que se refiere? - preguntó Levi sin entender el motivo de la pregunta. Dot solo señalo subrepticiamente su propia mejilla, antes de que su expresión se sombreara con malestar al comprobar que solo tenía botellas vacías o unos tristes cunchos en la vidriera.
Mientras Dot combatía el momento de crisis, Levi se llevó una mano a la mejilla ahora cayendo en cuenta a lo que se refería. Sentía un poco de dolor y la mejilla un poco caliente al sobarse el área de impacto del puño de Mikasa. Tal vez, su mejilla a ese punto ya había adquirido la hinchazón y enrojecimiento característico y premonitorio de un moretón, y eso era lo que había llamado la atención de Dot. No tenía ganas de comprobarlo. No le había puesto la menor importancia desde que lo recibió hace unas horas. Pero era lo más probable. Después de todo, Mikasa no tuvo remilgos en golpearlo. Tenía la mano pesada.
No, la mano no, el puño pesado.
Levi se sentía afortunado de que ella hubiera apuntado a su mejilla y no a otra parte que hubieran hecho un desastre sangrante de su rostro.
- Solo un altercado con alguien - murmuró Levi finalmente como excusa, sin despegar la mirada de la alfombra de patrones intrincados del suelo.
- ¿Puedo apostar que se tratase de alguna mujer? Es el área predilecta de golpear para ellas. Lo digo por experiencia - dijo Dot cerrando resignadamente la vidriera con gesto sombrío. Levi no sabía si era por la escasez de alcohol o por una experiencia pasada al respecto.
Levi hizo una mueca reacio a contestar. Le desagrada estar compartiendo intimidades de su vida con cualquiera. Si acaso con Hange era la única excepción. Pero alimentar el morbo chismoso de un viejo como Pixis… no, gracias.
- Sí - fue lo único que concedió. Después de todo, Mikasa es mujer. - Ya tengo…
Antes de que Levi pudiera terminar su oración Dot se levantó carcajeando a su respuesta y se acercó a la puerta para asomarse al pasillo. Miró a ambos lados con apremio, invocando a alguien con la mirada, hasta que pareció encontrar lo que buscaba.
- ¡Sargento Rico! Qué bueno encontrarla. Necesito pedirte un favor de extrema importancia.
- …¿De qué se trata, general? - Levi escuchó la voz de la sargento acercándose.
- Acércate al almacén de provisiones y tráeme dos de esas botellitas…
- General, tengo otras tareas de más relevancia que… - empezó a rechazar ella, pero Dot volvió a retomar la palabra rápidamente.
- Vamos, sargento. Si no es por su anciano ex coronel de la policía militar, hazlo por el capitán Levi. ¡Míralo! El pobre no se da ni un respiro para sí mismo…
Levi apretó la mandíbula, pero no manifestó señales de que se viera alterado por ser utilizado para fines ridículos. Eso sí, no hallaba el momento de terminar esa reunión para poder largarse de allí.
- …Está bien - contestó Rico después de fijar su mirada en Levi por un momento - Vuelvo enseguida.
Pixis cerró la puerta y se sentó frente a Levi con una sonrisa que solo denotaba complacencia. Si no lo conociera realmente, Levi estaría preocupado por el futuro del ejército.
- Es tiempo de llevarme a Zeke - soltó sin espera Levi antes de que Pixis lo volviera a desviar del tema - Ya tengo el lugar para esconderlo.
- Hmm - murmuró Dot acariciándose el mentón - Eso está bien. ¿Ya pensaste qué hombres te llevarás para la custodia? - Levi asintió - ¿Puedo recomendar a algunos cuantos? - esta vez, negó con la cabeza. Dot estiró una comisura de la boca en una mueca y entrelazó los dedos de las manos entre sí fijando su sobria mirada al techo con gesto meditabundo.
Levi estaba pronosticando una oposición a sus medidas o el inicio de un debate sobre lo que se rumoraba entre los soldados. Hange, mediante cartas, le había comentado que había informado a Pixis sobre todo lo recolectado sobre los Jaegeristas y la gran influencia que tenía entre los soldados y civiles. Dot lo creía, pero cuando se empezaron a nombrar soldados de distintas ramas y rangos como coludidos, el recelo vino a él. Como a todos, la verdad.
Se comprendía como los novatos eran fácilmente influenciados cuando les vendían la idea en bandeja de plata, y más, por gente con ese poder de influencia como lo era Eren. Pero, ¿los otros? ¿los que llevaban años sirviendo en el ejército? Y, más aún cuando Dot Pixis, como antiguo comandante de la policía militar, conocía de primera mano a muchos de esos hombres y mujeres. Era complicado de asimilar.
La puerta del estudio se abrió y por ella ingresó Rico con un par de botellas con contenido oscuro y las depositó en la mesilla de centro. Sin pedírselo, cogió el sacacorchos que estaba dispuesto en la mesita y procedió a descorchar la botella. El corcho salió y ella sirvió dos vasos.
- Eres muy amable, sargento Rico - halagó Pixis cuando ella le pasó su tan esperada bebida. Levi recibió la suya sin comentar nada.
- Ahora si me disculpan, tengo trabajo por hacer - terminó ella agregando a su tono un poco de fastidio por la tarea hecha hace un momento.
Pixis solo sonrió mientras se deleitaba con el olor del vino y la despedía con un ademán de la mano. Levi la siguió con la mirada hasta que se fue.
- ¿Es de confiar? - preguntó Levi una vez estuvieron solos. Estaba dándole vueltas al líquido en el vaso con pocas ganas de ingerir alcohol cuando no había dormido en más de treinta horas.
- ¿La sargento? - Pixis encogió los hombros mientras daba un sorbo a la bebida - ¿Acaso ya apareció en la lista de Leonheart?
Una comisura de la boca de Levi sufrió un ligero espasmo. En lo concerniente a él, quería mantener en la más estricta confidencialidad la participación de ambos Leonheart. Al parecer, a Hange le tocó hablar de más.
- Quizás. A cada reporte aparecen más - contestó Levi descartando el vaso en la mesa.
- A este paso, lo único que quedará será alzar las manos en rendición - Pixis dio otro trago a su bebida - ¿No estará ella solo añadiendo nombres al azar con tal de cumplirte una cuota? Es difícil confiar en la palabra de alguien cuyas lealtades cambian como las estaciones, y más, cuando cuyas palabras te dicen que desconfíes de tu propia gente. ¿Comprendes? - alzó el vaso hacia él en brindis antes de terminarse la bebida - Pero no te preocupes, estoy tomando mis propias precauciones. Comuniqué el asunto a unos cuantos de mi confianza y nos estamos preparando para lo que pueda pasar.
Eso de alguna manera no reconfortó a Levi. Entendía los recelos con Annie, él se lo pensó dos veces antes de reclutarla. Pero entonces cayó en la cuenta en lo joven que era y las duras pruebas que había afrontado para estar donde estaba, y que, al final de todo, no había codicia ni deseos de gloria en ella, ni antes ni ahora. Si Erwin le había dado una oportunidad a él, un ex criminal quien había intentado asesinarlo, bien podía Levi dejar rencores a un lado y apostar por ella como lo habían hecho por él. De momento, Annie y su padre no lo habían decepcionado. Pero explicarle eso a Pixis, sería entrar en una conversación que llevaría a un tema más y más profundo, al que Levi no le tenía ganas.
Vio a Pixis servirse otra copa y decidió terminar la reunión de una vez por todas antes de perderlo completamente o que empezara a hablar de trivialidades a las que no tenía ganas de escuchar.
- Con respecto a Zeke, solo tengo que coordinar unas cuantas cosas más para su traslado - Levi se preguntó en ese momento si Hange le habría dicho a Dot sobre sus temores de una posible reaparición de titanes.
- …Ah, claro. Haz como quieras - murmuró él parpadeando con fuerza un par de veces. Estiró el brazo para descargar el vaso en la mesa, pero éste tropezó con el borde y cayó al suelo derramando su contenido en la alfombra. - Qué desastre - se quejó él llevándose una mano a la cabeza. - ¿Qué vino es? Creo que esta fuerte.
Cuando Dot mencionó el vino, Levi sintió más que comprendió, que algo iba mal. Se incorporó del sofá para hacer o decir algo, pero antes de tener la oportunidad de decidirse alguien hizo su aparición en la oficina. O su reaparición.
- General, olvide mencionarle algo antes. Yo… - Rico se detuvo al ver a Pixis encorvado - ¿Qué pasa?
- Estoy mareado - musitó él. Rico se inclinó rápidamente a su lado.
- ¿Tan rápido se embriagó? Le he dicho varias veces que el alcohol no es bueno para los ancianos. - Dot soltó una débil risita.
Levi se dio cuenta que más que estar al pendiente del estado de Dot, desde que había entrado, Rico había estado mirando intercaladamente de refilón el vaso lleno de él y su postura estable y erguida.
La mente de Levi rebobinó rápidamente.
La había visto descorchar el vino frente a ellos, pero él sabía de algunas formas de meter sustancias, de alterarlas, sin necesidad de abrirlas. Ella se había asegurado de servirle una bebida a ambos y se había marchado… Para volver momentos después cuando alguien, coincidentemente, estaba experimentando los síntomas de una intoxicación. Mierda.
Levi dio un paso al frente, pero ella fue más rápida en reaccionar al peligro, al incorporarse y coger la botella de la mesa por su cuello y apuntar en un balanceo veloz a su cabeza. Levi reaccionó levantando su antebrazo para protegerse, pero igualmente este alcanzó estallar contra su oído. El impacto lo desconcertó por un momento. Aun así el instinto lo llevó a agarrar a su agresor del cuello y lanzarlo contra la mesa. La escuchó soltar un quejido de dolor por el golpe. Aprovechó para darle un rápido vistazo a Pixis, pero éste se había derrumbado del sillón, inconsciente. Gruñó en molestia, sentía zumbando su oído casi dolorosamente. También sentía el escozor donde los cristales de la botella lo habían cortado.
Dio un paso al frente para volver a agarrar a Rico.
Pero su error fue no estar pendiente de la puerta, pues varios brazos lo agarraron por detrás. Levi forcejeó contra ellos, enviando a varios al suelo en el proceso, reventando una nariz y golpeando un mentón con su cabeza, torciendo algunos brazos. Pero al parecer todo un batallón había ingresado, apenas escucharon los problemas, para subyugarlo a él. Eran demasiados.
En un instante de distracción, le aventaron un polvo a la cara que le hizo escocer los ojos y la nariz. Y los cortes.
- ¡¿Lo bebió?!
- No sé. Rico se desmayó…
- Tal vez no le ha hecho efecto…
- Pero, ¿cuánto hay que esperar?...
- El imbécil me rompió la nariz…
Levi intentó dar manotazos al aire para mantener un margen seguro, pero se sentía desorientado, y la verdad, no podía ver nada porque le lagrimeaban los ojos. Sintió a varias personas inmovilizando sus piernas y brazos. Otra persona lo agarró firmemente del mentón, enterrando sus dedos sin clemencia en el proceso. Intentó ver quien era, pero le escocían los ojos severamente. La boca de una botella se estrelló con sus dientes y el vino alterado se derramó en su boca, escurriendo por su mentón. Taparon su nariz para obligarlo a tragar.
Levi no se había sentido tan indefenso y abusado como entonces.
Erwin se encontraba sentado en un cajón, preocupado, asustado e indeciso. Le acababa de manifestar su deseo de conocer lo que se encontraba en el sótano. Levi lo mandó a morir…
- ¿Capitán?
Levi abrió los ojos con dificultad. Sentía los párpados pesados, como si hubiera estado durmiendo por mucho tiempo, pero aún así no se sintiera descansado. La luz le hizo entrecerrar los ojos.
- ¿Ackerman? - preguntó él al verla arrodillada frente suyo - ¿Qué haces aquí?
- Yo me enteré de lo que pasó. - Levi iba a preguntar de qué se enteró exactamente o cómo, pero un ataque de tos lo invadió. Ahora caía en cuenta de la debilidad que sentía en el cuerpo. - ¿Qué pasó? ¿Qué hicieron?
- Me dieron a beber algo. Un vino. No sé que contenía.
Mikasa frunció el ceño con preocupación al ver su tez pálida. Se incorporó de inmediato.
- Necesita atención. Vámonos antes de que regresen.
Levi se incorporó con dificultad, sintió tembladera en las piernas. Cuando dio un vistazo a su alrededor se percató que estaba en la oficina donde lo habían noqueado, pero aparte de Mikasa y él, ésta estaba vacía. Es decir, la mesa, los vidrios, los sillones, la alfombra y cualquier ítem que Levi podía haber pasado por alto en su primera visita, habían sido retirados. Incluso a Dot.
- ¿Dónde están?
- Montamos una distracción fuera del edificio para que fueran a investigar. Vamos. Por aquí.
Mikasa lideró el camino por los pasillos, Levi solo se limitó a seguirla. Sentía la cabeza embotada como para poner resistencia alguna.
- No puedo creer lo que hicieron. - murmuró Levi para sí mismo.
- Cada vez es más difícil encontrar aliados. Los tiempos de unidad ya son historia.
- Tch. Si Erwin estuviera aquí esto no estaría pasando.
- Pero no está. Él murió.
A la mente de Levi destelló el momento en que Erwin sonrió por última vez, resignado y pesaroso, porque él le había dicho que debía renunciar a su sueño y morir. Sacudió la cabeza para sacarse la sensación de desasosiego que lo invadió.
En ese momento cayó en cuenta que en vez de estar saliendo, se estaban dirigiendo al conjunto de escaleras que descendían hasta la celda donde se encontraba Zeke. Tuvo ganas de preguntar porque se estaban dirigiendo hacia allí, pero comprendió enseguida que llevarse a Zeke era más importante que asegurarlo a él.
La mente de Levi omitió el detalle de que Mikasa no debía de tener idea alguna de que mantenían a Zeke encerrado allí.
A medida que avanzaron no se toparon con guardias frenándoles el paso, ni cerraduras bloqueadas, ni siquiera un nimio ruido del exterior llegaba hasta ellos. Aquello fue lo primero que sentó un mal precedente en él.
Al llegar al rellano del sótano, vieron un rastro de sangre que conducía a la celda. Mikasa se detuvo mientras Levi impelido por la curiosidad siguió el rastro.
Si habían matado a Zeke estaba bien. Es lo que Levi estaba anhelando desde hace tiempo. Aunque le hubiera gustado darle fin por su propia mano.
Sin embargo, a medida que se acercaba, la sensación trepidante y desasosegante se incrementó en su interior. Descubrió la celda abierta y entró en ella con pasos titubeantes. El rastro de sangre terminaba al borde del camastro desde donde aún goteaba. Sobre este, la figura de un cuerpo se ocultaba bajo una sábana. Con pasos cuidadosos, Levi se acercó hasta ella y descubrió el cuerpo bajo ella.
- ¿Qué es lo que ve? - escuchó preguntar de improviso a Mikasa a su espalda, haciéndolo estremecer. No la había sentido llegar.
Levi no pudo contestar, se le había cortado la respiración.
- ¿Erwin? - preguntó con duda, pues el cuerpo que contemplaba era el de Erwin. La sangre que manaba era la que escurría de su perforado estómago. Tenía los ojos entrecerrados aún con una mísera chispa de vida, al borde de la muerte. Era una representación exacta a los últimos momentos de vida con que Levi lo recordaba. Incluso, estaba balbuceando débiles palabras sin sentido como la vez pasada.
- ¿Qué es lo que ve? - escuchó preguntar a Mikasa con más apremio a su espalda. Levi volvió la mirada con incredulidad. ¿Acaso no era capaz de ver lo que lo tenía consternado? - Mando a morir al comandante Erwin, tan fácilmente - habló ella en un tono hueco sin expresión. Levi la desconoció en ese momento. - A cambio, prometió exterminar al Titan Bestia. Y a la fecha, eso solo han sido palabras vanas.
- Algo está mal - sacudió la cabeza y parpadeó con fuerza. Cuando volvió a mirar a Mikasa no había nadie en su lugar.
Las sombras de las celdas se fueron agrandando hasta consumir todo rastro de color de ella. Sintió a estas trepidar por sus piernas queriendo consumirlo, arrastrarlo a un lugar oscuro y lleno de terrores...
Con pánico, Levi comprendió que estaba alucinando, ó, en medio de una muy vívida pesadilla. Lo que sea. Era producto de lo que le habían obligado a tragar. Cerró los ojos con fuerza mientras rebuscaba la navaja que siempre llevaba en la bota y, sin dudarlo, se hizo un corte en la palma de la mano.
Las sombras retrocedieron. Levi contempló su sangre deslizarse por su palma y gotear en el suelo mientras su respiración se normalizaba, las piernas le flaquearon y cayó de rodillas. En cuestión de segundos perdió el conocimiento.
Levi iba galopando en su montura, la visibilidad en el terreno era terrible debido a la bruma. Escuchaba gritos a su alrededor, pero no sabía en qué dirección dirigirse porque provenían de todos lados. Su montura recoleaba igual de ansiosa como se sentía él. Se dio cuenta que tenía una cuchilla empuñada en una mano a la vez que percibía la tierra vibrar por los estremecimientos que ocasionaba algo inmenso moverse. Titanes.
- ¡Levi, podemos hacerlo juntos!
- ¡Confía en nosotros!
Su cabeza giró al instante al reconocer las voces. Jamás las confundiría, no importa el tiempo que ya hubiera pasado. Empezó a galopar hacia ellas.
- ¡Estaremos esperándote!
- ¡Estaremos… - la oración de Isabelle se vio interrumpida por un grito.
- ¡Isabelle! - vociferó Farlan en algún lado que Levi no pudo ubicar con exactitud.
Levi espoleó a su caballo a ir más rápido a medida que escuchaba los estruendos de un titán anormal. Levi se mordió el labio al escuchar el sonido de gas liberado, arpones, cuchillas traqueando y quebrándose, golpes secos, alaridos de dolor. Hasta incluso creyó escuchar el sonido de la carne al ser desprendida.
Pero no importaba cuanto galopara, no era capaz de salir de esa bruma, no era capaz de llegar a tiempo para salvar a sus amigos.
Cuando Levi volvió a abrir los ojos temió encontrarse nuevamente en una pesadilla o una alucinación, ya no estaba seguro de cual era peor. Se sentó lentamente y observó con cautela a su alrededor: el camastro en el que se encontraba, el bacín en la esquina, una mesa, una silla y unos cuantos textos de lectura. Y rejas. Reconoció de inmediato que se encontraba en la celda de Zeke. Sintió escozor en la mano al apoyarla contra la delgada cubierta del camastro. Al inspeccionarla vio un corte alargado en esta. Estaba goteando. Se había abierto la herida.
Se incorporó en su totalidad y aguantando las ganas de alejarse de un salto del camastro donde había alucinado a un Erwin moribundo, se acercó a las rejas intentando convocar a la calma y la lucidez en vano.
Apretó las barras entre sus manos, con fuerza, aún cuando la mano le dolía y seguía sangrando. Se aferró al dolor. Era la única constante de la que podía estar seguro. Mientras hubiera dolor, estaría vivo.
- Bien. El dolor me mantendrá cuerdo - se dijo a sí mismo mientras fijaba su mirada al fondo del pasillo. A la espera de su presa.
La ira estaba burbujeando en él. Alucinación o no, la próxima persona que viera iba a sufrir las consecuencias de su ira.
