DEPARTAMENTO DE OBJETOS ROBADOS
Después de unas cuantas horas de haber descansado en su mansión, Vik se dirigió a la residencia de Runeard.
Una vez que me el pelirrojo lo vio entrar, Runeard al instante lo saludo con un tono calmado y preguntándole – Eh, Vik... ¿Sigue Helena en el hospital?–.
Observándolo con una cierta duda sobre aquella cuestión, rápidamente Runeard le comento – Esto esta genial. Mira, hoy tenemos algo de los buenos. Te voy a necesitar ahí– mostrándole un arma de fuego; un rifle y apuntándole a Vik con el, rápidamente esté último se lo aparto hacia un lado.
Estando con la duda sobre la cuestión del hospital en el que estaba Helena, al instante Vik le termina preguntando a Runeard interfiriendo – Espera un momento, ¿Por qué me has preguntado por Helena?–.
Manteniéndose sereno en todo momento, Runeard le termina diciendo – Es solo que... Ha llamado Gothel y ha dicho que iría a hacerle una visita. No creo que vaya a llevarle flores–.
Habiendo escuchado el nombre de esa mujer, rápidamente Vik lo cuestiona a Runeard por tal cosa – ¿Qué?–.
Tratando de relajarse el trigueño, pero no pudiendo conseguirlo, Runeard le informa con calma – Mira, en el hospital tienen vigilantes. No le pasara nada. Tu y yo vayamos a hacer el trabajo sucio y punto–.
Poniendo Runeard su mano en el hombro de Vik y creyendo que no le sucedería nada a Helena, no le termina creyendo nada a Runeard en lo más mínimo y al instante decidí confrontarlo – Estas bromeando ¿Verdad?–.
Quitándole esa sonrisa que impregnaba en su rostro, Vik no le dirige una palabra y decidí ir a ver a su chica.
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Al ir al hospital del pueblo, Vik se encuentra a Helena afuera del dichoso hospital.
Después de acercársele, darle un saludo y un beso, le dice con un toque de halagó – Helena... Tienes muy buen aspecto–.
– Gracias, pero, ¿A qué se debe esto?– lo termina interrogando ante su presencia, estando la joven un tanto confundida.
Evadiendo su cuestión y sabiendo que Gothel había intentado probablemente lastimarla a Helena, Vik le dice a esta última – Sabes, por un momento pensé que te había perdido–.
Parpadeando algo confundida, la chica le termina diciendo mientras acuna el rostro de Vik con su mano – Y yo a ti–.
En tanto la intenta rodear con sus manos, parte de sus caderas de la joven, Vik le confiesa dejándose llevar por el romance y el amor – Mira estaba enojado. No debí decirte aquello–.
Recordando la vez pasada que se habían peleado, Helena le responde en tanto esta a punto de besarlo y habiéndolo ya perdonado – Yo tampoco–.
Dándose un beso furtivo y dulce, Helena le sugiere mientras trata de darle otro beso – Quieres que salgamos a divertirnos un poco?. Nada de negocios solos tú y yo–.
Volteando Vik su cabeza hacia adelante, se percata de un incendio a lo lejos.
Parpadeando un poco para aclararse la vista, logra apreciar a Runeard luchando en ese sitio.
Al parecer, Runeard había cumplido con su palabra de hacer trabajos sucios.
– ¡Rayos! Es Runeard... ¿Que demonios? ¿Está moviendo sus manos para todos lados en un edificio…? ¡Que está en llamas!– le exclama el trigueño, un tanto alarmado a Helena, y separándose de ella.
Al mirarlo la chica muy preocupada y acercándose algo triste y comprensiva, le dice algo calmada – Los negocios también pueden ser divertidos. Hay una diligencia en el hospital. Podríamos ayudar–.
Con el vehículo sugerido a las afueras del hospital, rápidamente Helena y Vik se dirigen por el vehículo en cuestión.
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Al llegar al lugar donde había desencadenado el caos, Runeard, Helena le señala a través de un grito a Vik – ¡Allí esta el edificio pero no veo a Runeard! ¡Acércate mas!–.
Mientras se acerca pero sin que nadie resulté lastimado, Vik logra ver a Runeard, tratando de salvarse.
– ¡Sube idiota!– le termina gritando mientras le exige que salte a la diligencia.
En tanto el peligro se avecina cada vez más, Helena le pregunta a Runeard – ¿Que paso aquí?–.
Presenciando el derrumbe de la estructura, y con los miedos de punta, Runeard no le responde la interrogante a Helena.
– ¿Te has metido tu en algún problema?– siendo el pelirrojo el que habla, le termina preguntando ante los nervios que afloraban a Vik, lo anterior.
Negando como niño pequeño, Vik le dice simplemente – No–.
Respondiéndole el trigueño si había habido un problema en cuestión, Runeard, le confiesa – ¡Pues yo si! Gothel nos la ha jugado y deberás, te ha distraído a ti y a mi, y casi me liquida. Los hombres de Gothel se lo han llevado todo. Pero lo recuperaremos. Vamos a perseguirlos–.
Con su confesión innegablemente, termina Runeard, señalando el sitio en donde estaban los hombres que presumiblemente le habían robado – ¡Allí están!–.
Saltando a la diligencia y no importándole nada en lo absoluto, mientras el sitio en el que se encuentra explota, Runeard le pide a Vik que los persiga a los bandidos de Gothel.
En tanto los persiguen, Runeard empieza a dispararles con el arma que me había mostrado hace poco en su mansión – ¡Tengan plomo, imbéciles!–.
Atacando ferozmente, le exige a Vik que se acerque todavía más – Acércame a la diligencia de esos bastardos, nuestra mercancía está allí–.
Al acercarse y lograr atacarlos con más cercanía y precisión, logran conseguir acabar con los enemigos, uno a uno.
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Ya teniendo la diligencia en sus manos, Vik y Runeard se reúnen en un sitio para posteriormente despedirse.
Mientras ayuda Vik a bajar a Helena del vehículo, Runeard le dice como última cosa antes de partir e irse en la diligencia con la mercancía – Luego los veo colegas. Seguiremos con el baile–.
Habiéndose ya retirado de manera espontánea y apresurada, Vik se digna a irse caminando a su mansión, con la joven Helena.
En el camino largo, Vik se termina disculpando por todos los problemas que se vinieron – Lo siento... No dejaban de surgir cosas. Igual aun podemos salir un rato...–.
Comprendiendo la joven, la disculpa y no dándole mucha importancia, Helena le responde a Vik con – No pasa nada, Vik. Me he divertido bastante. Pero ahora debo volver a casa–.
Conociendo ambos, el embarazo, Vik le termina afirmando de manera comprensiva – Ah, si claro–.
Mientras caminan de vuelta a su mansión, Helena le señala el hermoso atardecer, como único e inigualable, a Vik – Que bonita vista desde aquí... Me parece que veo la casa de una de mis amigas. Allí abajo hay algunas casas muy lindas... Y algunos cuchitriles también. Eso esta genial, cariño...–.
Dándose un abrazo reconfortante, Vik le intenta confesar lo mucho que la ama mientras caminan – Helena... Yo te…– sabiendo lo que le intenta decir, rápidamente, Helena lo detiene antes de siquiera intentar decírselo – No es necesario que lo digas–.
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Deteniéndose cerca de su mansión después de un largo viaje, por fin, Vik le termina soltando – Está bien–.
Sonriéndole la chica de forma espontánea y comprensiva, Helena entra a la mansión para posteriormente descansar.
Mereciéndoselo debido a su embarazo.
Estando Vik ahora solo y también cansado, antes de tan siquiera entrar a su mansión, se dirige hacia su buzón de correos, y en ese instante se encuentra con el siguiente mensaje de Gothel, el cual dice, "Gothel: Has tenido suerte, Vik, pero tienes el cerebro de un mosquito. Te recuerdo que la suerte se acaba…".
Aplastando el papel con el mensaje escrito, y no dándole mucha importancia y decidiendo dar por concluido ese día, entra a su mansión para reunirse con Helena.
Terminando así este capítulo.
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