XVIII - MIKASA
Desde que había llegado, Mikasa no había podido quitarle la mirada a Louise. Estaba inquieta. Existía una alta probabilidad de que su actuación ese día hubiera echado a perder toda su misión con los Jaegeristas, lo sabía, pero lo que había logrado espiar era más preocupante a la vez que, bueno, inútil. Los Jaegeristas se proponían a hacer un movimiento ese día, tal vez ya lo habían hecho, pero ella no tenía la más mínima idea de lo que se trataba.
En ese momento, estaban en el comedor tomando la cena. Ya las labores del día estaban terminadas y en el flujo normal del día nada extraordinario había pasado.
Pero va a pasar, fuera de los cuarteles.
O al menos eso creía. Después de todo, le habían dado órdenes a Louise para que interceptara mensaje o noticia alguna que proviniera para Hange. Por lo que sea lo que fuera a pasar, podía ser en cualquier lado y había tantos a considerar. Hange, Connie y Armin aún no regresaban de su excursión por lo que no podía prevenirlos. Y Louise, que estaba a unas cuantas mesas más alejada compartiendo con otros, se le veía lo más relajada e inalterada para frustración de Mikasa.
El suspenso estaba colmándola. Se sentía nerviosa sin motivo, tenía la urgencia de echar a correr porque tenía la sensación de que una roca se dirigía colina abajo hacia ella, pero la incertidumbre tenía sus pies adheridos al suelo.
Suspiró sobándose con los dedos un lado de la temple. Apenas y había probado un bocado, tenía un nudo en el estómago por la ansiedad.
- Eh, tranquila - la intentó calmar Jean a su lado. Le había informado de lo que había espiado y lo que había hecho. Por el momento, habían acordado de estar en guardia y, en lo posible, juntos hasta que llegara la eventualidad.
Mikasa se mordió el interior de la mejilla, tomó un par de inspiraciones antes de enderezarse.
- Necesito saberlo - declaró ella con firmeza.
Si no fuera por lo que habían mencionado de Hange, Mikasa creería que algo les habría pasado a sus amigos y a ella.
- Comprendo. Yo también quiero saberlo - concedió Jean descartando su comida también a medias - Solo podemos esperar para enterarnos.
Mikasa hizo una mueca de disgusto.
- ¿Y si… - se iba a lamentar por nombrarlo, pero aún así lo hizo - se tratara de Eren?
- Puede ser - respondió él simplemente. Sin reproche, ni rudeza.
- …Lo que temo es que suceda algo como lo del edificio de audiencias - confesó Mikasa después de un momento - No quiero que se siga matando en nombre de Eren. - terminó de decir casi en un murmullo para sí.
Jean se recostó en el respaldo de la silla con la bebida entre manos. Su mirada estaba anclada en el líquido, pensativa. Mikasa cayó en la cuenta de que quizás estaba agobiando a Jean con sus sentimentalismos, pero, desde que habían acordado trabajar juntos, fue gradual irse abriendo, aunque sea un poco, a él.
- Tienes razón - hablo de improviso Jean después de un rato - No podemos quedarnos sentados sin más. - Jean la observó directamente - Si hay algo que se pueda evitar, tenemos el deber de hacerlo. - dio una mirada subrepticia a su alrededor antes de inclinarse en la mesa - Hay algo que podemos hacer, pero eso, en definitiva, nos comprometería. No más juegos del agente doble. ¿Comprendes?
Mikasa quiso decirle que esas palabras sobraban ya que ella ya había echado a perder su misión, pero solo asintió hacia él.
- ¿De qué se trata? - preguntó Mikasa inclinándose a su vez.
Mikasa esperó hasta que todas las mujeres soldado salieron del lavado y solo quedaron Louise y ella. Era la segunda vez en el día que iban a tener una conversación allí. Pero esta vez variaba, en que era Mikasa la que estaba escudriñando a Louise a través del reflejo del espejo.
Louise estaba cepillándose el cabello húmedo, pues había sido la última en asearse, cuando se percató del escrutinio de Mikasa.
- Ey, Mikasa. ¿Qué pasa? - saludó normal ella.
- Hoy te seguí a Trost - confesó Mikasa sin vacilación.
Los movimientos de Louise flaquearon por un momento, pero recuperó rápidamente el temple sereno.
- ¿Me seguiste hasta la casa de mi madre? - preguntó ella con mofa.
- Sí - confirmó Mikasa acercándose un par de pasos - Vi que recibiste la visita de dos soldados de la policía. ¿No me viste? Estoy segura de que me viste. Enviaste a alguien tras de mí.
Louise frunció el ceño confundida, haciendo que intentaba recordar el episodio en mención. Unos segundos después, descargó el cepillo a un lado y volteó a mirarla.
- Eras la del sombrero - Mikasa asintió con la cabeza. - ¿Qué hiciste con el chico?
Mikasa frunció el ceño ante la primera alarma. La noticia del ataque al policía debió de haberse expandido como pólvora en Trost. Lo que había pasado era algo de lo que Louise debía de estar enterada a la perfección. ¿Había una razón para no querer señalarla directamente a la cara de traidora?
- Lo noqueé - señaló Mikasa sin culpa - No me gusta que me acechen.
- ¿Y lo que hiciste hoy no es lo mismo? - preguntó ella en tono de broma.
Mikasa cortó la distancia entre ellas al punto que a Louise le tocó alzar la mirada. Ella no estaba para bromas.
- Lo hice, Louise, porque tú no me dices nada - la intensidad de su mirada era atrapante - Dime, ¿de qué se trata ese plan que se va a llevar a cabo? Del que hablaste con esos soldados - Mikasa apartó el cabello de Louise tras su oreja con su mano - No te atrevas a mentirme - terminó de decir con voz grave.
Vio la garganta de Louise moverse al tragar, sus ojos saltando de un lado a otro. Estaba nerviosa, quizás asustada, pero no se atrevía a romper el contacto con Mikasa por miedo a ofenderla.
Jean tenía razón.
Louise la idolatraba y no se esperaría esa clase de comportamiento intimidatorio de su parte.
Vio las mejillas de Louise sonrojarse y por un momento se desconcentró. Puede que Jean hubiera malinterpretado un poco a Louise.
- Habla - ordenó Mikasa sin amilanarse ante lo descubierto.
- Mikasa, no es necesario que lo sepas…
- He dicho que hables, Louise. Me estoy cansando de esto - cortó con tono frío Mikasa. Esto pareció alarmar a Louise porque expuso sus palmas a ambos lados.
- Bien, escucha. Zeke está encerrado en una instalación de la policía militar en Stohess. Así que solo tomaremos custodia de él.
- ¿Cómo?
- Los detalles no los sé con exactitud.
- Debes saber algo - Mikasa agarró su brazo con fuerza - Si te ordenaron interceptar toda clase de comunicado para la comandante es porque algo más allá de la desaparición de Zeke sucedió. Además, eso es algo que no pueden ocultar. Mucha gente está al pendiente de él. El general Dot Pixis, los comandantes de las ramas, el capitán Levi… ¿crees que a ellos se les olvidara tan fácil la existencia de su más importante reo? ¿Acaso piensan silenciarlos como lo hicieron con el general Darius?
- Duele - se quejó Louise con incomodidad. Mikasa había estado apretando más y más su brazo a medida que hablaba.
Mikasa suspiró, serenándose. Soltó el brazo de ella y agarró una de las manos de Louise entre las suyas, esta vez, gentilmente. La intimidación no estaba funcionando.
- Escucha, Louise. No quiero que haya más muertes, eso es todo. No sabes cómo le afectará esto a Eren. Se culpará. Porque aunque ustedes estén cometiendo estos crímenes, él sabe que lo están haciendo en su nombre. - Mikasa dejo que la angustia se reflejara en su rostro - Yo lo conozco. Esto lo torturara día y noche. Ayúdame, Louise.
Louise posó su otra mano encima de las suyas y le dio un apretón de confort.
- Comprendo. - Louise se tomó un momento antes de hablar - No pretendemos asesinar a nadie más, pero si debemos subyugarlos si no hay remedio… Lo que sé es que procederán a suministrarle un alucinógeno al general. Podremos controlarlo de esa manera. Sin asesinarlo - agregó Louise como si con eso el horror de lo que acababa de decir fuera más leve.
- ¿Alucinógeno?
- Es inofensivo - esta vez fue Louise la que cobijó las manos de Mikasa entre las suyas - Cuando se le vea desinhibido se dirá que es por sus resabios con las bebidas. Será fácil de excusar y podremos traspasar ordenes en su nombre para mantener al margen a los demás. Después de todo, es el general. Nos dará tiempo.
- ¿Solo él?
-Por supuesto, Mikasa - confirmó ella con una sonrisa.
Mikasa asintió manifestando estar de acuerdo con sus respuestas y con el proceder. Era mentira obviamente. Desde el momento que mencionó el alucinógeno las alarmas no habían parado de restallar en su interior. Se despidió de Louise y se dirigió a su cuarto sin mirar atrás. Tenía que contarle a Jean todo lo descubierto cuanto antes.
Mikasa había quedado de reunirse con Jean para entrenar, mucho antes del desayuno. Evitaron el gimnasio, solía ponerse muy concurrido y optaron por dar una carrera por los campos para gozar de privacidad.
- …¿Qué piensas? - preguntó Mikasa después de haberle relatado lo revelado por Louise. Llevaban ya varios minutos al trote.
- Nada bueno. Prácticamente, van a tomar control del ejército. Y no me agrada que se hayan llevado a Zeke. Los Jaegeristas también podrían trabajar para él. Son hermanos, después de todo. Si lo que querían eran obtener la custodia de Zeke no tendrían porque habérselo llevado. Es decir, podían haberlo monitoreado a través del general. Se lo llevaron por otro motivo.
- ¿Cuál?
Jean negó apartándose el cabello que le caía en la cara. Mikasa sentía su corazón bombear agitado por el propio ritmo de la carrera.
- El problema radica ahora - volvió a retomar la palabra Jean - en qué haremos a partir de esta información.
- ¿A qué te refieres?
- Podemos aguardar al arribo de la comandante y los demás para tomar acciones, la opción más razonable. O podemos ir a rescatar al general los dos solos, nada recomendable.
Mikasa lo consideró por un momento.
- O podemos contactar al capitán Levi. - propuso ella con objetividad.
- Prudente - concordó Jean - Pero no sabemos cómo contactarlo realmente… Nuestra única opción sería ubicar a Annie. Pero quizás sea tan infructuoso como intentar hallar al capitán. - Jean hizo una mueca mientras se tocaba el costado - Ya estoy hablando mucho.
Mikasa se pasó una manga por la cara para secarse el sudor que empezaba a perlar su frente. El ambiente estaba húmedo, pronosticando un día caluroso.
Lo ideal sería esperar a los otros, no solo por el ingenio de Armin y Hange, sino porque podrían planear algo más estructurado y con más gente que lo podrían hacer ellos dos solos. Y respecto a Levi, no tenían una forma directa de contactarlo. Podrían recurrir a Annie, como mencionó Jean, ya que Levi y ella mantienen contacto por la operación en cubierto, pero como con su capitán era incierto el encontrarla.
Mikasa aceleró el ritmo por la frustración que sentía al encontrarse con las manos atadas.
Para poder hablar libremente habían ampliado su circuito de carrera por el bosque de entrenamiento del EM3D. El nuevo ritmo hizo concentrar a Mikasa en los pequeños obstáculos ante sí. Piedras de diferente tamaño, raíces sobresaliendo, depresiones en la tierra, la poca luminiscencia de la madrugada…
Poco a poco, la cabeza de Mikasa rememoró la vez en que le tocó correr entre los árboles al ser perseguida por un titán anormal. Su equipo se había averiado y el titán que la perseguía era el más excéntrico conocido. Fue bueno que su cuerpo le respondiera en forma cuando lo necesitó.
Aumentó el ritmo de la marcha a una carrera.
Ya no existían los titanes, menos los excéntricos, pero uno nunca estaba prevenido para el momento en que tocara correr por su vida. Y ya que todo pronosticaba para peor… Escuchó las fuertes inspiraciones de Jean a su lado, manteniendo el ritmo con ella.
Mikasa se sumergió en la sensación de la carrera. Los muslos quemando, el corazón bombeando, el viento golpeando el rostro anulando cualquier sonido que no fuera sus propios latidos… Sí, recordaba la sensación.
Como en aquella vez, su carrera se vio interrumpida al encontrarse sin camino. Aquella vez debido al acantilado, esta vez, la colina por la que ascendieron la llevó al cruce de un riachuelo.
Mikasa frunció el ceño. Esta vez no quería que el obstáculo frenara su carrera. Aceleró aún más la marcha para tomar impulso, dispuesta a hacer el salto. Escuchó vagamente a Jean maldecir por lo bajo a su lado, pero no le prestó atención. En el momento en que sus pies se despegaron del suelo su mente se dividió en dos: una parte, registrando el salto, segundo por segundo, que estaba dando; la otra parte, rememorando su experiencia pasada.
Mikasa se sintió volar como un ave durante un par de segundos, / Le dio la sensación de que la caída se prolongaba durante horas...
…Alejó de su mente cualquier idea relacionada con las consecuencias de un posible fallo. / El aire silbó en sus oídos, erizando y agitando sus ropajes y su cabello...
…La tierra firme se acercó a recibirla, / alguien salió disparado a recibirla en brazos en mitad de la caída...
…Flexionó las piernas, preparada para rodar y evitar sufrir lesión alguna por el impacto de la caída. / En el último momento, cerró los ojos al sentirse girar por el aire hasta caer en algún lado, en la tierra...
…Una vez la punta de sus pies hizo contacto con el suelo, rodó sobre su espalda y se estabilizó colocando una mano en el suelo, / Se quedó sin aire en el cuerpo, pero cuando temblorosa, se irguió sobre sobre sus codos...
…descubrió que no se había roto nada, / descubrió que el titán anormal caía fulminado por el impacto de una lanza relámpago...
…y que, de hecho, se sentía satisfecha. / se sintió a salvo.
Mikasa se sintió orgullosa de sí misma, como la vez pasada, no tuvo miedo de saltar. Incluso cuando aquella vez la separaban varios metros del suelo y el destino de su aterrizaje era incierto.
Él llegó para atraparme. Algo dentro de ella, admitió en ese momento que, sin importar como se sintiera respecto a Levi, siempre le agradecería por aparecer oportunamente cuando se encontraba en problemas. Para salvarme. Se incorporó sintiendo un repentino arrebato de nostalgia. El sentimiento era por recordarse también, lo deteriorada que actualmente estaba su relación con él.
El aterrizaje de Jean a su lado atrajo la atención de Mikasa al presente.
- Ya veo que lo que dice Connie es verdad - mencionó él farfullando un poco - Te gusta llevar el ejercicio al extremo.
- No fue tan alto - señaló Mikasa sepultando la anterior desconcertante sensación en su interior.
- No me confío en tener los huesos tan fuertes como tú - contestó Jean incorporándose y sacudiéndose la tierra de la ropa. - ¿Estás satisfecha o solo me estás dando un pequeño descanso?
Mikasa acordó con Jean un ritmo menos exigente de regreso.
Varios minutos después, mientras ambos se dirigían a buscar una manguera de agua para refrescarse, Mikasa había olvidado, de momento, las preocupaciones que la atormentaban desde la noche anterior, el ejercicio la había desestresado. Sin embargo, cuando llegaron junto a la llave de agua de uno de los jardines y Jean estaba inclinado bebiendo del chorro que soltaba la manguera, Annie los sorprendió con su presencia.
- Los he estado buscando - comentó ella como si fuera normal verla por allí.
- ¿Qué haces aquí? - preguntó Mikasa mirando con alarma a su alrededor. Afortunadamente, no había nadie a la vista. Jean estaba lidiando con un ataque de tos.
- El capitán Levi está en problemas.
- ¿Qué? - preguntó Jean entre toses - Estuvimos con él ayer.
- Lo sé. Escuchen. Él fue a Stohess a terminar de coordinar los preparativos para trasladar a Zeke. Tenía que encontrarme con él al anochecer para apoyar el traslado. No apareció.
- ¿Crees que le paso algo? - inquirió Jean - Apenas han pasado unas horas.
- Vean. - Annie suspiró con gesto cansado. Tenia unas profundas ojeras en el rostro - La cuestión es que él últimamente se la pasa moviéndose con Falco y Gabi, un par de chiquillos, a los cuales está usando para sus recados y recolectar información. - El nombre de Gabi, un nombre extranjero, no pasó desapercibido a Mikasa, pero no mencionó nada al respecto. Tampoco lo hizo Jean - Acudieron a mi a informarme que Levi ingresó en la tarde a la instalación de reclusión de Zeke y no volvió a salir. Y también mencionaron mucho flujo de actividad desde entonces. Personas y carruajes entrando y saliendo. Pero no es solo la instalación, todo el distrito está comportándose de forma inusual - se dirigió a ambos con gravedad - Algo pasa.
Zeke, Stohess… Oh, Louise, no tú... Mikasa compartió una mirada crítica con Jean, seguramente él cayo en cuenta de lo mismo que ella.
Esa era la señal que habían estado esperando.
Mikasa encontró a Louise aseándose la boca después del desayuno de ese día. Desafortunadamente para ella, el baño estaba vacío.
- Deberías evitar ir a solas al lavado - mencionó Mikasa cerrando la puerta tras de sí y echando el pestillo.
Louise se sobresaltó por la abrupta entrada de ella.
- Es que prefiero la intimidad y… - Mikasa no le dio tiempo de terminar pues la había agarrado del cuello de la camisa y la estampó contra el espejo.
- Dime dónde está el capitán Levi - demandó Mikasa en tono sombrío. Estaba harta de que Louise le tomara el pelo. Su juventud e ingenuidad habían hecho a Mikasa ciega de lo mentirosa y embustera que era.
- ¿El capitán Levi? No lo sé. Yo misma te lo he preguntado. ¿Qué pasa?
- Pasa que te di una oportunidad de ser sincera conmigo, Louise. No sabes lo mal que me cae que me tomen por tonta - Mikasa extendió su palma en el abdomen de Louise - Empieza a soltar la lengua, de una buena vez. - Louise se revolvió intentando liberarse. Mikasa empuñó la mano y descargó un golpe justo debajo del esternón, entre las costillas. El certero golpe en el plexo solar la dejó sin aire. Louise la miró con terror entre jadeos. - ¿Hablarás, Louise? - esta vez el tono de Mikasa fue helado, sereno. El tono que se adecuaba a la clase de monstruo con el que Louise ahora la comparaba. - ¿Qué más me has estado ocultando?
Louise no habló, quizás por miedo o quizás porque, a pesar de la situación, tenía la entereza firme. Mikasa sin ninguna consideración descargó otro puñetazo, esta vez, a las costillas. Louise chillo de dolor.
- Los hemos... - Louise trago con dificultad - Los hemos estado vigilando para dar con el paradero de tu capitán. Ayer, finalmente pudimos rastrear sus pasos. Pero no sé de lo que me hablas. ¡No sé qué habrán hecho con él! ¡Lo juro!
Louise estaba asustada y temía otro golpe de ella. Mikasa nunca creyó verse arrinconada a ser una matona, pero a eso la habían arrastrado las circunstancias. Estaba tan encabronada que poco le importaría lo que se dijera de ella a partir de eso. Jaló a Louise del cuello de la camisa y la condujo hasta el compartimiento de un baño.
- ¿Qué vas a hacer? - preguntó ella con alarma mirando el inodoro con horror.
- Te dije que yo soy la única que se encarga de él. Nadie más. - contestó Mikasa antes de sacar un paño húmedo que llevaba en el bolsillo.
Llegar a Stohess les tomó varias horas de ardua cabalgata. Para el momento en que ubicaron la instalación, eran varias horas después de la media noche. Jean y Mikasa habían estado monitoreando la guardia del establecimiento mientras Annie se reunía con Falco y Gabi, a la señal de ellos, la operación de rescate indicaría.
En cosa de cinco minutos, un gran fuego se alzó a una calle de distancia y cargas pirotécnicas empezaron a estallar desde allí en todas direcciones. Los guardias de la entrada se alertaron y fueron a ver cuál era el alboroto. Con la entrada despejada, Jean y Mikasa sobrevolaron con la ayuda del EM3D hasta allí y forzaron la entrada usando las infalibles cuchillas con las cerraduras.
Ingresaron en cuestión de segundos. La primera ruta para inspeccionar era el sótano donde Annie estuvo aprisionada con anterioridad. Ella le había dado un voto de confianza a que ese sería el lugar indicado, si la pretensión era mantener bajo llave a una persona peligrosa.
Mikasa no había recorrido unos cuantos pasos cuando escuchó el grito de una mujer junto a sonidos de vidrios quebrándose desde el fondo del pasillo. Jean, que al igual que ella, apenas se había empezado a mover, se detuvo en el acto.
Compartieron una mirada y, en contra del plan, se dirigieron juntos por ese camino.
Resultó que el grito había viajado desde el fondo de unas escaleras, las que conducían al sótano. Las escaleras estaban oscuras cuando las tomaron y ambos casi se estrellan con las figuras de dos personas en los escalones de las escaleras.
Mikasa alcanzó a agarrar la empuñadura de su cuchilla cuando reconoció la figura de Levi, gracias a la pobre luz que se filtraba del pasillo más arriba. La otra figura era una mujer soldado que estaba pataleando contra el suelo, pues Levi la estaba ahorcando con una sola mano. Su otra mano empuñaba un pequeño cuchillo manchado de sangre.
- Capitán - llamó Mikasa.
Su voz pareció alertar a Levi pues soltó a la mujer de reflejo. Ella se derrumbó en las escaleras, inconsciente. O eso esperaba Mikasa. Con los sonidos de sus gritos ahogados extinto, Mikasa alcanzo a escuchar los gemidos lejanos, casi inaudibles, al fondo de la oscura escalera.
- Capitán. Debemos irnos - apuró Jean vigilando el pasillo más arriba, sin darse cuenta de la postura amenazante de Levi.
Mikasa que si estaba al pendiente de la situación pudo percatarse del momento en que Levi subió los escalones hasta estar a su altura y estiró una mano como garra hacia ella. Incluso cuando le mando un tajo con la otra. Alcanzó a bloquearlo a tiempo sosteniéndolo con dificultad de las muñecas.
- ¡Capitán, soy yo! ¡Mikasa Ackerman!
- Mentira - siseó él entre dientes.
Jean, al ver lo sucedido, descendió y lo tomó por detrás de los sobacos. Pero Levi se revolvió y lo empujó lejos de él, haciéndolo trastabillar con los escalones. Afortunadamente, no perdió el equilibrio y se desplomó escalera abajo.
Levi tomó distancia de ellos, como un animal receloso. Y peligroso.
- Está drogado - concluyó Mikasa, tomando nota del comportamiento y la mirada desenfocada de Levi. Además, se veía lo bastante desaliñado para señalar que él no estaba al completo de sus facultades.
- ¿Qué hacemos? - preguntó Jean sin dejar de dar miradas al pasillo y a Levi.
Con incertidumbre, Mikasa expuso sus palmas a sus lados y se acercó con pasos cortos hacia Levi.
- Capitán, está bajo los efectos de una droga...
- ¡Sé que estoy bajo los efectos de una jodida droga! - espetó él de vuelta.
- …Y puede sentirse confundido ahora mismo - Mikasa ignoró la áspera interrupción. - Pero somos nosotros. Jean. Mikasa. Vinimos a sacarlo - Mikasa se sintió aliviada cuando estuvo al alcance del brazo de Levi y él no la atacó inmediatamente - Necesitamos que coopere.
Levi sacudió la cabeza con fuerza, como si estuviera tratando de espantar algo fuera de su cabeza.
- ¡Silencio! - exclamó él para sí mismo sorprendiendo a Mikasa. Cuando volvió a fijar su mirada en ella había tal mirada incriminatoria en su expresión que por un momento se asustó - ¿Tú me metiste acá? - la acusó él de improviso.
Mikasa no sabía porque preguntaba eso siendo que era ella en ese momento la que estaba allí para salvarlo. Sin embargo, recordó que Louise mencionó que habían estado siguiéndolos para ubicar a Levi. Posiblemente se debía a eso que hayan podido echarle mano. O tal vez no. No lo sabía aún con certeza.
Pero no, ella no lo metió allí. No era ofensiva la pregunta, era cruel.
- No - contestó ella con voz ronca.
Levi le sostuvo la mirada por varios segundos, aún en debate interno. Pero, terminó por relajar los brazos y se desplomó contra la pared a su espalda con gesto cansado y su mirada apesadumbrada en el suelo.
- Entonces, sácame de aquí - dijo Levi con un poco de súplica en el tono.
Mikasa se mordió el interior de la mejilla descolocada por la abierta vulnerabilidad en su tono.
- ¡Jean! - llamó ella en ayuda sin saber qué hacer.
En ese momento, una sirena empezó a reverberar por todo el edificio. Al parecer, habían descubierto su intrusión forzosa. Era cuestión de tiempo antes de verse rodeados.
- Los distraeré - resolvió Jean inmediatamente subiéndose la capucha - Sácalo en el menor tiempo posible. Llévalo a un lugar seguro.
- Te buscaré apenas lo asegure - acordó Mikasa con un asentimiento de la cabeza.
Jean le regaló una sonrisa socarrona antes de fugarse a gran velocidad por el pasillo gracias a la expulsión comprimida de gas.
- Capitán. Debemos irnos. - volvió su mirada a Levi.
- ¿Kirstein? - preguntó con gesto confuso mirando a su alrededor, como si la anterior conversación hubiera pasado desapercibida para él.
- Está consiguiéndonos tiempo.
Sin desperdiciar más tiempo, Mikasa agarró el brazo de Levi para obligarlo a andar.
Fue cuestión de dar un paso fuera de la instalación para que Levi decidiera ignorar el liderazgo de Mikasa y tomara su propio camino, para desespero de ella que se tensaba cada vez que una patrulla se acercaba peligrosamente a ellos. Era una suerte que la prudencia no se hubiera visto afectada como su terquedad debido a su estado actual.
En vez de dirigirse a muros exteriores, Levi se encaminó hacia la Muralla Sina. No para cruzar al otro lado, sino para adentrarse en su superficie. Se le hizo extraño a Mikasa que no hubiera guardias en el portal por el que entraron posteriormente. Pero a medida de que descendían por unas nada iluminadas escaleras pudo darse cuenta del abandono del lugar. Solo era capaz de ver gracias a las escasas rejillas en lo alto que filtraban luz nocturna al interior. Y que iban desapareciendo.
Cuando llegó el punto de que se hacía imposible ver más allá de la extensión de sus brazos, Mikasa se detuvo.
- Capitán, no podemos seguir avanzando. No tenemos luz - señaló ella.
- Guíate de la pared - mencionó él sin dejar de avanzar. Mikasa escuchó sus pisadas alejarse.
- No tenemos que avanzar más - protestó - Esperemos acá. Podremos salir cuando las cosas se hayan calmado.
- Quédate entonces. Yo sigo.
Mikasa dejó escapar un suspiro de exasperación. Se recordó a sí misma que Levi no estaba en sus facultades y debía ser paciente.
Esta vez, con más lentitud y cuidando de pisar bien los escalones, siguió bajando. Las pisadas de Levi eran cada vez más lejanas, pero no le tomo importancia. En algún momento, iba a encontrarse desorientado y ciego y llamaría por ella.
Había contado ciento veinticinco escalones cuando escuchó chirriar una bisagra varios metros más abajo. Un momento después, distinguió la figura de Levi iluminada muy pobremente por una fuente de luz al otro lado de la puerta que había abierto. Llegó junto a él lo más rápido que pudo sin torcerse un tobillo en el proceso.
Estaban oficialmente dentro de Ciudad Subterránea, y desde el mirador donde se encontraban, Mikasa podía ver varias motas de luz desperdigadas en la ciudad en blanco y azul brillante. Eran escasos los puntos, pero Mikasa supo identificar el característico brillo de las piedras de cristalización. Al menos ya no iban a andar a ciegas, pero el lugar se veía inhóspito.
Le dio un vistazo a Levi para preguntarle qué hacer a continuación, pero lo encontró con la mirada desenfocada en algún punto de la ciudad.
Solo así, quieto y sereno, Mikasa pudo darse cuenta de la sangre seca que tenía bajo la oreja, los pequeños moretones alrededor de la mandíbula y otro grande en la mejilla. Sus ojeras eran muy notorias, tenía el cabello revuelto y la ropa sucia y desarreglada.
- Capitán…
Levi se sobresaltó al escucharla como si lo hubiera despertado de una ensoñación. Frunció el ceño y empezó a descender el último tramo de escaleras sin esperarla. La sugerencia de darle un rápido chequeo a sus heridas murió en su boca. Fue detrás de él sin alternativa.
A consideración de Mikasa, varias viviendas que fueron pasando le parecieron idóneas para guarecerse, pero Levi las ignoró todas mientras seguía avanzando. Sus pasos no vacilaron en ningún momento. Al parecer tenía un destino en mente.
Habían tomado unas rocas de luz desprendidas a modo de linterna. Mikasa se fijó gradualmente en que las casas de la zona empezaban a hacerse más pequeñas y amontonadas entre sí. Casi como cajones, una sobre la otras con sus entradas cada una. Levi se dirigió en especifico a una que quedaba en una segunda planta. Cuando llegó al umbral, forcejeó un poco con la puerta, pero logró abrirla empujándola con el cuerpo. Y se quedó allí, sin entrar ni mencionar nada.
Mikasa que estaba tras él se inclinó sobre su hombro para darle un vistazo al interior.
- ¿Aquí? - señaló ella al encontrarlo vacío. Solo había polvo y basura por doquier.
De nuevo, Levi pareció saltar al escucharla. Sin embargo, esta vez volteó a mirarla con gesto enfadado.
- ¿Qué haces aquí? - Mikasa arqueó una ceja en sorpresa por el tono que él había empleado. - Ya no te necesito. Vete.
Mikasa frunció el ceño y se tomó un par de segundos antes de hablar. Tenía que decir las palabras correctas. Se notaba que la sensibilidad del temperamento de Levi parecía estar muy alta.
- Necesito revisar su estado antes de…
- Te importa una mierda mi estado. Deja que yo me las arregle.
- Fue drogado - señaló ella entonces con obviedad - No sabemos qué sustancia utilizaron. Ni cómo se comporta dentro de su organismo…
- Si no me ha matado de momento entonces es algo con lo que puedo lidiar.
- ¿Seguro?
- …Por supuesto - Mikasa fue consciente de la vacilación de Levi, una de sus manos sufriendo un ligero espasmo.
- Capitán… - intentó ella, nuevamente, en tono conciliatorio, pero Levi volvió a interrumpirla.
- Debes ir a advertir a Hange de todo lo que ha pasado… Dile que perdí a Zeke. ¡Mierda! - mencionó esto apretando el puño a su lado. Mikasa se fijo en la sangre que empezó a gotear de este. Abrió la boca para protestar, pero él volvió a hablar en tono apurado - Es una orden. No pongas objeciones. No necesito que cuides de mi, ¿entiendes? Estoy hecho una mierda y lo que menos me apetece es lidiar contigo. Vete. - y para remarcar que definitivamente no la quería allí, se encerró en la vivienda dejándola afuera.
Mikasa sacudió la cabeza con indignación. No podía creer la forma en que Levi la despachó, la forma en la que la trató. Es decir, prácticamente se había infiltrado en una base militar solo para buscarlo. Annie arriesgó su puesto en la organización para llegar a ellos, Jean jugó el papel de señuelo para permitirles escapar y ella lo había escoltado todo el camino previniéndolo del peligro. Sin olvidar el papel de Gabi y Falco de mantenerlos al corriente de su ubicación.
Era increíble cuan testarudo podía llegar a ser ese hombre.
Ganas no le faltaron a Mikasa de patear la puerta, pero se abstuvo y dio media vuelta antes de activar su EM3D y salir de una buena vez de allí. Volvería cuando se le bajaran un poco los humos a Levi.
Sé que fue un capitulo largo y un poco aburridor, pero bueno, espero que lo disfruten. Gracias a todos los que leen y siguen la historia. Por supuesto, también a los que dejan su reviews. Ya vemos que a pesar de sus situaciones personales, las circunstancias harán que estos dos se acerquen. Ya veremos que sale de esto. Nos leemos.
