XIX - HANGE
Habían acampado en el claro solo para, definitivamente, asegurarse de que ningún ciempiés resurgiera de los escombros. No estaba de más ser precavida. Aunque parecía un poco ilógico que hubieran podido acabar con el ser que podía alterar la realidad y el espacio, que podía transformar a las personas en humanoides de tantos metros, concederles poderes sobrenaturales, alterar la naturaleza normal de sus cuerpos… En fin, acabar con un ser tan fantástico, solamente al volarlo con unas cuantas descargas llevándolo al punto de ignición, no ofrecía garantías, para decir verdad. Hange lo admitía.
Pero estaba moribundo, se recordó Hange meditando.
Era lo que había dicho Armin, y considerando que habían podido ganarle en fuerza dos humanos corrientes como Connie y ella, en su breve competencia de tira y afloja, podía ser cierto que esa cosa estuviera débil.
La duda que ahora invadía a una mente más despreocupada como se encontraba la de Hange era: ¿Cómo eso había terminado allí?
Ese claro no es un simple claro. Ahí ocurrió uno de los eventos más importantes de la historia del mundo.
En ese lugar, según las versiones de Armin y Eren que Hange rememoraba, este último se había encontrado con su hermano, Zeke, para hacer cada uno un pacto con Ymir en Los Caminos, un lugar inalcanzable salvo para ellos... Eren ganó la apuesta. La cual se llevó a los titanes y sus poderes de la isla y más allá. El poder, ese término tan amplio, no era algo intangible. Era ese ser.
Sin embargo, al cumplir el deseo de Eren había sido contraproducente para ese ser, pues lo había expulsado de su interior, de su huésped. Y quizás, expuesta, sola y abandonada, había buscado unirse al primer organismo vivo que encontró a su alcance: una bellota. Y como esta era un ser sin conciencia ni razón, el ciempiés solo se había limitado a suplir su más básica y natural necesidad: crecer, sobrevivir.
Hasta ese punto todo sonaba plausible para Hange. Eran sus propias conclusiones tomando en cuenta lo que sabía. Pero lo que más confundida la tenía era saber el motivo de que lo hayan encontrado moribundo.
Era un ser excepcional, fuera de este mundo si se ponía a pensarlo. Los titanes existieron por siglos y, a pesar de que cada portador moría y rotaba por uno nuevo, el parásito sobrevivió todo ese tiempo. Mantuvo una longevidad extraordinaria, y eso sin indagar en cómo habría sobrevivido antes de encontrarse con Ymir. Si la vitalidad de su huésped se deterioraba y moría solo tendría que buscar uno nuevo. Como el cangrejo que cambia de caparazón cuando el que tiene deja de servirle.
Tal vez, el sistema como funcionaban los titanes era lo que lo mantuvo con vida, sugirió Hange para sí misma. Cada portador era devorado por su predecesor y cuando esto no ocurría simplemente reencarnaba en algún eldiano al azar. Y el roble, por ser un roble, no podía ocurrir lo mismo…
Hange alzó la mirada al cielo soltando un lamento que sonó más a maullido de gato y extendió sus manos en súplica a alguna deidad por claridad para sus enredados pensamientos. Connie y Armin que iban cabalgando en sus monturas frente suyo voltearon a mirarla con extrañeza.
- Le debe estar afectando el sol - comentó Connie a Armin en voz baja. Igualmente ella lo escuchó - O la trasnocha.
- Muy gracioso, Connie - mencionó Hange con un puchero - Haz el favor de darle un tirón de orejas, Armin. Estoy muy lejos y cansada para hacerlo por mi misma.
Armin extendió el brazo con una sonrisa de disculpa y le dio un ligero tirón a la oreja de Connie. Con muy poca fuerza a decir verdad, pero lo dejo pasar. Y decidió relajarse por el resto del camino.
Las monturas iban a paso sosegado por lo que Hange esperaba, si todo transcurría sin contratiempos, estar ingresando al distrito de Shiganshina a media tarde. Y de hecho, transcurrió sin problemas hasta Shiganshina. Hasta Shiganshina. Donde los esperaba Jean para darle no muy buenas noticias.
- Drogaron al capitán - repitió Connie sin creérselo.
Los cuatro estaban en una taberna para refrescarse y dejar descansar a los caballos. Habían alquilado un cuarto privado en el segundo piso para tener privacidad, este tenía un pequeño balcón que daba hacia la concurrida calle. Jean les había acabado de tirar la sopa de lo que había pasado en Stohess.
- Y tienen de rehén al general - Armin estaba caminando de un lado a otro, procesando la información - Después de ver que alguien asumió el cargo rápidamente cuando eliminaron al anterior, tomaron medidas más prácticas con el nuevo.
- Lo mismo pensé yo - concordó Jean, quien estaba recargado contra la pared con los brazos cruzados - Tomaron control de Stohess.
- Prácticamente, de todo, ¿no? - soltó dubitativamente Connie quien estaba apoyado en el reposabrazos de un sillón de la estancia - El viejo es la cabeza de todo el ejército, ¿no?
- A lo que me refiero es que Stohess se ha convertido en el primer distrito en declararse abiertamente partidario del grupo Jaegerista. - procedió a aclarar los discursos del nacimiento del Nuevo Imperio Eldiano - Jean tragó saliva con dificultad - Casi todo el mundo salió de sus casas vitoreando y festejando la buena nueva. Solo unos pocos se vieron completamente confundidos sin saber de qué se trataba todo.
- Joder - dijo Connie perdiendo el color de la cara.
- Entonces ya empezaron - habló a su vez Armin con resignación - Será el comienzo para tomar el control del reino.
- Como pueden voltearse las cosas en cuestión de días - dijo Connie con un estremecimiento.
- Comandante, ¿está bien? - preguntó Jean para llamar la atención de Hange cuando se percató de su silencio - Está inusualmente callada.
A pesar de que había registrado todo lo que Jean había contado y había estado prestando atención a los intercambios de los tres, Hange se había quedado sin habla. Por supuesto, la desaparición de Pixis, el envenenamiento de Levi y la toma del distrito era sumamente preocupante. Pero lo que resonó en su mente desde el momento en que Jean les informó de la situación era otra cosa.
- Zeke escapó - hablo ella por primera vez.
Se le había escapado a Levi a pesar de que ella le había recalcado, varias veces, que no lo perdiera de vista. No fue su culpa, lo drogaron. Lo engañaron, se recordó Hange, pero eso no llegó a consolarla.
- Sí, eso - Jean suspiró - Su ubicación también entra en nuestros problemas. Pero ahora hay demasiado y somos pocos. Comandante, toca buscar a nuestros propios aliados...
- Tengo que saber dónde está Zeke - interceptó Hange, la ansiedad creciendo dentro de ella - No puede estar fuera de nuestra vista. Es peligroso.
- Es solo un hombre - señaló Jean sin entender el motivo de su urgencia.
- Escucha, Jean. No has escuchado nuestra historia - intercedió Connie - Encontramos un maldito ciempiés gigante y blancuzco que casi se traga a Armin.
- ¿Qué?
- Es como lo dice - apoyó Armin - Esa cosa, que parecía un ciempiés, pero no era un ciempiés, aclaró, la encontramos en el lugar donde Eren reapareció. Estaba anidando en un roble. Y me quiso hundir con ella. Esa cosa es lo que generó a los titanes.
- ¿Qué? - volvió a repetir Jean sin creerse lo que escuchaba.
- Creo que la urgencia de la comandante por hallar a Zeke es porque él volvió a amenazar con llevar a cabo La Eutanasia, ¿es así, comandante? - inquirió Armin.
- Así es - Hange apoyó sus dedos en su barbilla - Zeke no es ningún tonto o chiflado. Si lo mencionó es porque debe saber una manera de llevarlo a cabo. Yo quise creer que lo que insinuaba era imposible, pero después de encontrar ese ciempiés, no puedo confiarme.
- ¿Pero no resolvimos el problema ya? - preguntó con el ceño fruncido Connie - Acabamos con esa alimaña.
- Quizás, pero no dejo de estar intranquila respecto a la desaparición de Zeke del radar.
- Bien - murmuró Jean aún con gesto incrédulo - Entonces, hallar a Zeke Jaeger para evitar la esterilidad es asunto de primera necesidad, anotado.
- Maldición - Connie se dejó caer hacia atrás en el sillón con pesadez - No pensé que todo se tornara tan crudo.
Hange apoyó la cadera en una mesa mientras meditaba. Todo el mundo pareció hundirse en sus propios pensamientos. Las cosas se complicaron enormemente en todos lados. Hange ya no sabía si era prudente volver a los cuarteles. Temía ser encerrada o atacada por sus propios soldados.
Estaba contando mentalmente las personas con las que podría contactar en busca de ayuda cuando Armin inspiró de golpe. Debido a la quietud del cuarto les fue posible a todos escucharlo. Armin, quien se había ubicado en el umbral del balcón, tenía una expresión de turbación en el rostro. Su mirada puesta en la calle.
- ¿Qué pasa? - preguntó Jean llegando a su lado ya que era el más cercano.
- Esa mujer. La de cabello negro, gabardina gris y periódico en la mano - señalo Armin a un punto en la calle - ¡No la pierdas de vista! - dijo antes de dar media vuelta y salir por la puerta a la carrera, dejándolos pasmados a los demás.
- ¡Connie, ve con Armin! - ordenó Hange tras salir de su shock.
Quienquiera que haya visto Armin debía ser, bueno, importante. Armin no era conocido por actuar errantemente si no es por algún buen motivo.
- ¿Qué mujer? - preguntó Hange llegando al lado de Jean junto al balcón.
Jean señaló un punto en la calle sin despegar la vista. Era una mujer de complexión pequeña que estaba caminando sosegadamente en la acera. Hange no logró identificar de quién se trataba debido a la distancia. Pero pudo ver como Armin, seguido de Connie, serpenteaba entre la multitud de la concurrida calle comercial hasta llegar hasta ella.
Hubo un intercambio de palabras, la mujer intentó irse, pero Armin la agarró del brazo para impedírselo. Hubo más intercambios de palabras. La gente empezó a detenerse a su alrededor, curiosos por la escena. Ella miró alrededor y pareció resignarse a dejarse llevar por Armin, quien la condujo hacia la taberna.
Cuando pasaron bajo ellos, no pudo identificar nada de las expresiones serias de Armin o la mujer desconocida, pero sí de la de Connie. Él pasó con la mano apoyada en la empuñadura de la cuchilla con expresión perpleja.
Jean y ella esperaron a que los tres subieran al cuarto. Cuando ingresaron, ninguno mencionó nada hasta que Armin aseguró la puerta y encaró a la mujer.
- ¿Y ahora qué? - preguntó ella sin dejar de monitorear a todos en el cuarto.
Fue el turno de Hange de inspirar con fuerza. Su tiempo con Willy y otros resguardados eldianos en la isla, le había enseñado a identificar el presente, pero casi imperceptible acento de los eldianos de Marley. Ella lo tenía.
- ¿Quién es, Armin? - preguntó al instante Hange.
- Se llama Pieck Finger - presentó Armin a la mujer - Era la portadora del Titán Carreta.
Si no fuera porque estaba ante una extraña, Hange hubiera dejado caer la mandíbula en shock. Inmediatamente, sintió un escalofrío subirle por la columna. ¿Estaban llegando? ¿Había llegado el momento en que Marley finalmente tomará represalias?
- Joder - maldijo Jean a su lado - Esto no puede empeorar.
- Soy Armin Arlet - retomó la palabra Armin hacia la mujer - Como te dije, yo poseía al Titan Colosal. Este… - Armin sacudió la cabeza organizando sus ideas - ¿Qué haces aquí?
Pieck los evaluó nuevamente antes de suspirar y alzar las manos en son de paz.
- Huyo. Marley ya no es un lugar seguro.
- Este tampoco lo es - señaló Hange con obviedad - Así que inténtalo otra vez, amiga.
Ella estiró los labios con una media sonrisa taimada.
- Estoy en una misión encubierta. ¿Eso te convence más?
- Pues si - Hange puso las manos tras su espalda y caminó un par de pasos hacia ella - ¿Esa misión tiene que ver con matar a unos cuantos y rescatar a otros?
- La primera parte, podría decirse - dijo ella encogiéndose de hombros con indiferencia.
- ¿Y Zeke? ¿No vienes por tu capitán?
- No es mi capitán - dijo ella soltando un bufido - Tanto da si lo tienen o no. Él desertó hace meses.
- ¿Como? ¿No está él aquí en misión de recuperar a Willy Tybur?
- Oh - murmuró ella llevándose una mano a la boca - ¿Eso es lo que dijo? Curioso. - murmuró para sí.
- ¿Por qué lo es?
Ella volvió a sonreír de esa manera taimada y se dirigió al sillón donde antes estuvo Connie, para desplomarse con desparpajo. Sus brazos colgando a ambos lados del sillón.
- Solo llévenme a prisión o mátenme. Este interrogatorio es aburrido.
A partir de entonces, ni Armin, ni Hange, ni los intentos de Jean o el intento de intimidación de Connie pudo lograr que Pieck revelara algo más.
"Él desertó hace meses", resonó nuevamente en la cabeza de Hange. Ha pasado menos de un mes desde que capturaron a Zeke. ¿Dónde estuvo el resto del tiempo?
