XXI - MIKASA
Mikasa sabía que no debió hacer caso a lo ordenado por Levi.
Luego de aprovisionarse con medicinas y suministros, recoger su morral y el de Levi de las manos de Gabi y Falco, coordinar sus movimientos con Jean y Annie, y esquivar una vez más las patrullas desplegadas en Stohess, Mikasa había retornado a los confines de Ciudad Subterránea. Dispuesta a obligar a Levi a dejarse tratar, o por lo menos, permanecer a su lado mientras recuperaba el sentido.
Sin embargo, cuando llegó al pequeño apartamento donde lo dejó, en vez de encontrarse con un Levi gruñón e irritable por su aparición en la puerta de entrada, tuvo que ingresar por su cuenta al lugar al no recibir respuesta alguna a su llamado.
Lo encontró en un cuarto aún más pequeño, el baño, derrumbado en el suelo contra una pequeña bañera de madera. Su cabeza estaba recargada contra el borde de esta, como si simplemente se hubiera recostado para tomar una pequeña siesta en el suelo del baño.
Pero no era así. Desde un examen más profundo, Levi se había desplomado producto de la fiebre y la debilidad. Y quizás, de los efectos de la droga. Estaba sudoroso, ardiendo en fiebre, y su respiración salía pesada por su boca. Cada exhalación era un jadeo.
Mikasa se puso manos a la obra. Extendió rápidamente una pequeña toalla sobre el suelo del cuarto principal a modo de improvisada camilla, pero también con la intención de no acostarlo directamente en el suelo sucio. Sin embargo, cuando lo hizo, se percató que al contrario de su primer vistazo del lugar hace horas, este ahora estaba aseado. Todo el polvo y la basura que recordaba habían sido removidos.
Cuando lo estaba trasladando del cuarto de baño a su camilla gracias a la lámpara de aceite que había instalado en el centro de la habitación, pudo vislumbrar una escoba recargada en una esquina. De las manos de Levi cayó un trapo húmedo al suelo.
- ¿Es en serio? - soltó con incredulidad Mikasa al pensar que a Levi le había preocupado más poner en higiénicas condiciones el lugar que cuidar de sí mismo.
Una vez acostado, lo desnudo del torso y empezó a repasar una y otra vez sus brazos, pecho y rostro con una toalla pequeña que iba humedeciendo con agua de uno de las botellas que había traído en sus provisiones. Posterior a eso, se concentró en tratar sus heridas.
Unos pequeños cortes en el rostro y una cortada que se había abierto en una de sus palmas. La piel de sus nudillos estaba pelada producto de restregarse los nudillos contra las superficies debido al defectuoso y raído trapo que había conseguido Levi, quien sabe donde, para su labor de limpieza. Desde el dorso de la mano derecha hasta el antebrazo tenia variados rasguños en carne viva. Recordando el episodio de la mujer en las escaleras no se le hizo difícil deducir el cómo las había recibido.
Más allá de eso, solo tenía moretones. Era más moretones que piel. En sus brazos, en su rostro, en su torso. Incluso, la herida aún cicatrizando en su espalda, producto del ataque al edificio de audiencias, estaba irritada. Quizás en sus piernas también tuviera golpes, pero Mikasa no se atrevía a revisarlo más allá.
La mayoría de los moretones tenían el tamaño de pequeñas marcas de dedos. Era inquietante pensar en la manera en que cada una de esas marcas se hizo. En la forma en que habían logrado someter a Levi.
Sometieron al capitán.
Cuando Mikasa nunca había podido hacerlo en su vida. Debía de sentirse satisfecha al saber que él no era tan invencible como aparentaba, pero no lo estaba realmente. Esa no era la forma correcta. Cada vez que verificaba las pupilas de Levi no dejaba de verse más dilatadas de lo normal debido a la intoxicación.
Y, destacando entre todas, no tanto por su tamaño sino por su origen, estaba la magulladura en uno de sus pómulos. No quería decirse que estaba retractándose del golpe, pero le generaba malestar ver como la magulladura era un dolor añadido al cuerpo maltratado de Levi. En todo el rato que había estado curándolo, él había estado balbuceando palabras sueltas entre sueños y saltando a cada pequeño roce que hacía a sus heridas.
Entonces, vino el pico más alto de su fiebre.
Levi empezó a desesperarse del mismo sofoco y delirio. Cosa que cuando Mikasa le llevó la botella de agua a los labios, él la rechazó dándole un manotazo y casi haciéndole botar el líquido en el suelo.
- Es agua - protestó Mikasa observando como Levi se alejaba a gatas de ella con los miembros temblorosos. - Capitán, beba agua. Y tómese esto, es un relajante muscular - tenía que aprovechar que Levi estaba semiconsciente para suministrarle medicina.
Pero él simplemente la ignoró. Se apoyó en la pared para poder incorporarse. No sabia cual era el propósito de Levi, pero cuando empezó a caminar con piernas temblorosas hacia la salida, Mikasa se interpuso firme en su camino. Levi intentó evadirla pero sus esfuerzos resultaron mediocres.
Mikasa lo empujo por los hombros ligeramente para hacerlo retroceder, pero Levi se enredó con sus propios pies y cayó de sentón.
- Cielos - dijo Mikasa con una mueca mientras se arrodillaba frente a él - Disculpe, capitán. Miré, beba esto - extendió ella la botella de agua, pero de nuevo Levi la ignoró. Tenía la cabeza hundida sobre el pecho, la piel sudorosa, los ojos fuertemente cerrados combatiendo el lagrimeo.
Mikasa suspiró con cansancio, no era la primera vez que trataba con personas convalecientes difíciles. Eren era su mayor referente, muchas veces tuvo que hacer uso de la fuerza para mantenerlo en la cama e incluso había llegado al punto de mostrar su mal genio cuando Eren no seguía las prescripciones médicas.
Por eso, no vio problema cuando agarró la mandíbula de Levi con una mano y le acercó la boquilla de la botella a los labios. Solo que entonces, se dio cuenta del quejido de dolor que soltó Levi cuando sus dedos hicieron presión sobre los moratones que rodeaban la línea de su mandíbula.
A Levi lo habían forzado a beber en contra de su voluntad la droga que lo tenía en ese estado. Las marcas de su resistencia se evidenciaban en todo su cuerpo. ¿Cómo pudo haber pasado ese detalle por alto?
Mikasa no alcanzó a arrepentirse de su acción cuando fue tumbada de espaldas al suelo. Fue apenas capaz de agarrar las muñecas de Levi antes de que la agarraran por el cuello. La inesperada fuerza de Levi en el forcejeo, quien se había mostrado débil y tembloroso como un flan hace un momento, la sorprendió.
Comprendió enseguida que había procedido mal, los instintos habían hecho a Levi reaccionar de esa manera, estimulados por su trato hosco hace un momento y el trauma recién adquirido.
- Lo siento, capitán. No lo pensé - intentó conciliar Mikasa - No le voy a hacer daño. Lo prometo. - Levi no cejó en sus esfuerzos por lo que Mikasa le apartó sus manos como garras y rápidamente rodeó su torso con sus brazos. - Soy yo. Soy yo. Mikasa. - repitió Mikasa en vano mientras Levi intentaba separarla empujándola por los hombros. Había tenido la fuerza suficiente para incorporarse sobre sus rodillas con ella pegada a él. - Lo siento, ¿si? No era mi intención ser brusca. - Mikasa tenía pegada la mejilla en el pegajoso pecho de Levi, sentía los latidos acelerados de su corazón retumbando junto a su cabeza.
No fueron sus palabras lo que al final calmaron a Levi, sino poco a poco, el pasar de los segundos, cuando el subconsciente de Levi descartó la amenaza. Sus fuerzas menguaron y Levi terminó descolgando los brazos a sus lados. Solo entonces, Mikasa alzó el rostro, precavida, y se encontró con la mirada de Levi a pocos centímetros, tenía la cabeza caída sobre el pecho.
La desbarató por un momento el rostro sufrido de Levi. Alzó la mano con cautela para acercarla a su rostro. Levi se tensó en alerta, pero, afortunadamente, no arremetió contra ella. Mikasa tocó con suavidad su mejilla, como una disculpa por su anterior trato. El pecho de Levi se expandió al tomar aire profundamente y recargo la mejilla contra la frescura de su palma. Mikasa se descubrió inconscientemente acariciando su mejilla con el pulgar, y su espalda, con pequeños círculos de su otra mano.
Solo quiero que se relaje, se dijo Mikasa pero no podía negar que se sentía imantada por la cercanía de su rostro.
Entonces así, con tacto suave, delicado y casi cariñoso, fue que consiguió que Levi se hidratara, se tomara la medicina y volviera a acostarse.
No lo entendía. El cómo Levi se había dejado vencer a tal estado de vulnerabilidad y desaliño. Incluso sus dedos, que aún se sentían cálidos del contacto con la piel hirviente de Levi, lograban rozar la incipiente barba nunca antes vista por ella en su capitán.
- No debiste apartarme… - le murmuró ella a un ahora más estable y dormido Levi. Frunció la nariz al darse cuenta de la falta de formalidad en su oración - No debió. - corrigió ella.
Mikasa estiró el cuello en cansancio. Le dio un vistazo a la figura tendida de Levi. La fiebre ya no era alarmante, y su respiración estaba más estable. Quería permanecer alerta hasta que diera indicios de volver a despertar para darle de beber agua nuevamente, pero para ese punto ya estaba agotada. Le cubrió el torso a Levi con la única manta que llevaba y se arrebujó en su capa en una esquina. Solo iba a cerrar los ojos por un momento.
Mikasa se despertó con sobresalto al escuchar el sonido de pisadas correteando por el suelo maderado. Se asustó aún más al encontrarse en penumbras. No sabía que había pasado con la lámpara. No recordaba haber revisado su aceite. Sacó la pequeña piedra de luz del bolsillo de su chaqueta y con su mortecina luminiscencia alumbró a su alrededor. Levi no estaba.
Mikasa se levantó en el acto, y recogió la manta descartada en el piso del lugar donde lo había dejado. Abrió la boca para llamar a Levi, pero se abstuvo a último momento. Quizás Levi había advertido problemas y por eso el sonido de rápidas pisadas. Lo busco por el apartamento con su luz.
Lo encontró en el otro cuarto que conformaba ese pequeño apartamento. Tenía los antebrazos apoyados contra la pared, su cabeza caída hacia adelante. Mikasa se acercó con pasos cautos a él.
- Ey...
- …Tú, maldito bastardo, eres el que me abandonó primero. - estaba farfullando Levi entre dientes para sorpresa de Mikasa - Te cagaste con la idea de criar a un niño escuálido. El que hayas terminado como lo hiciste es tu culpa. Tú elegiste tu camino y yo el mío. Y al final se cruzaron… Si no me hubieras apartado, las cosas serían diferentes… ¡Así que tu muerte no tiene que pesar sobre mi! - esto último fue acompañado de un firme golpe con el puño a la pared.
De la mano vendada, se dio cuenta Mikasa. Se acercó aún más a Levi. No sabía si era delirio, pero tenía que evitar que Levi se lastimara y arruinara su previo trabajo.
- Capitán - murmuró ella.
- …ya estabas viejo. Pudiste tomar el suero para ti, pero no lo hiciste… - Levi siguió hablando con la mirada gacha en el suelo, ajeno a ella. - Eso fue tan fuera de carácter de ti… Estúpido Kenny…
- Capitán - Mikasa lo tomó por el hombro. Levi paró su monólogo, pero no volvió el rostro para encararla. Por el contrario, su cuerpo se puso aún más rígido - Soy yo. Mikasa. ¿Cómo se encuentra?
Levi parpadeó varias veces en confusión, su vista aún enfocada en el suelo.
- ¿Qué haces aquí? Yo te corrí.
- Volví - contestó Mikasa de modo simple. - No se encuentra bien.
- Mentira - masculló él enterrando los dedos entre su cabello. Empezó a balbucear para sí mismo de nuevo - La envié con Hange. Ella no desobedece esa clase de órdenes. Además, ¿por qué le importaría mi estado? Juró dejarme pudrir antes que preocuparse por mi.
Mikasa lo recordaba. Pero aquella declaración la dijo en un arranque de rabia, no hablando en serio. No era ninguna insensible. A pesar de lo que Levi quería creer de ella.
- Capitán. No me conoce realmente - dijo ella honestamente con su ceño fruncido - Si me preocupa. ¿Tiene hambre? Le traeré al menos algo para que beba. - Mikasa soltó su hombro y se giró para regresar al otro cuarto por agua.
Cuando volvió a regresar, Levi se había girado y deslizado por el suelo, encarando la entrada. Como si la hubiera visto partir y estaba asegurándose de que la veía regresar. Su mirada aún se veía recelosa y Mikasa se dio cuenta que sus ojos saltaban de una sombra a otra a medida que avanzaba con su piedra de luz en mano. Le pasó la botella destapada en mano y él, cautelosamente, bebió de ella. El líquido pareció despejar su mente, porque dejó de vigilarla por el rabillo del ojo.
- Debería volver a recostarse. Hace poco estaba sudando por la fiebre - dijo Mikasa y estiró su mano hacia su rostro para medir su temperatura. Levi apartó el rostro por reflejo. Mikasa se mordió el interior de la mejilla tratando de contener lo que esperaba fuera un bufido de exasperación. - Abríguese - mencionó ella en tono frío antes de levantarse dejando la manta atrás.
Volvió a la esquina donde había estado durmiendo hasta hace poco. En su afán de salir de la embarazosa situación, había dejado su piedra de luz atrás, pero no le presentó problemas guiarse en la penumbra. Se sentó allí, pensativa, en conflicto con sus emociones.
En un pasado, cuando estaba resentida enormemente por la paliza que le dio Levi a Eren en el juicio, le habría parecido entretenida la idea de un Levi que se comportara como un animalillo asustado. Incluso, cuando su rencor menguó tiempo después, habría encontrado la situación como mucho curiosa, pero habría encontrado la paciencia y la empatía para tratar con sus desvaríos. Pero ahora, su manifiesta desconfianza, a una acción tan inofensiva, le despertó una especie de desazón en el pecho.
No lo entendía. Mikasa se obligó a recordar su previo encuentro y que debía sentirse furiosa con él por sus desacuerdos. Pero al mismo tiempo, otra parte de ella le decía que no debía mostrar implacabilidad ante una persona tan evidentemente mal como lo estaba él en ese momento. Sus pensamientos y emociones eran tan contradictorias las una de la otras que solo hacían de un lío su cabeza.
Mikasa dobló las piernas para abrazarlas con sus brazos y soltar un suspiro contra el hueso de su rodilla.
Al cabo de unos minutos, escuchó a Levi moverse en la oscuridad. Sintió, más que vio, a Levi deslizarse en la pared a su lado.
- No era mi intención ofenderte - le habló él de repente - No te vi cuando me desperté. La verdad, no vi nada cuando me desperté. Estaba... distraído. - mencionó la última palabra con indecisión.
Mikasa considero hacerse la dormida por unos segundos, pero no le vio caso.
- …¿Está bien? - preguntó al rato.
Escuchó a Levi soltar un bufido de ironía.
- Estoy teniendo las más interesantes y escalofriantes alucinaciones. Pensé… pensé que eras parte de una hace un momento. No es la primera vez que te me apareces.
Mikasa frunció el ceño con confusión y despegó su mirada de sus piernas para mirarlo. No sabia como funcionaba eso de la percepción de cosas o personas inexistentes como reales, pero ¿cómo podía confundirla?
- Pero ya me había visto. Tuve que frenarlo cuando intentó salir, ¿lo recuerda? - una vez dicho, Mikasa quiso traer las palabras de vuelta al recordar como lo había abrazado y acariciado entonces. No quería poner las cosas incómodas entre los dos.
Levi la miró por varios segundos, la poca luminiscencia hacía sombras en su demacrada cara. Pero solo suspiró y recargó la cabeza contra la pared.
- Estoy empezando a entender el patrón. - comentó él mirando a la nada - Están las pesadillas, después viene la fiebre, el malestar. Un momento de paz, para después despertar con el llamado de alguien muerto. Y si no la paró mediante el dolor, tengo el riesgo de sumergirme en la alucinación - finalizó mirándose la mano vendada. Tenía una pequeña mancha oscura sobre la venda.
- Cuando Jean y yo fuimos a sacarlo, y lo encontramos en el tramo de escaleras, también pensó que lo éramos - recordó Mikasa como Levi intentó lanzarse contra ella en ese momento. - Y me atacó. - señaló Mikasa con un estremecimiento involuntario - ¿Por qué? ¿Tiene motivos para atacarme? ¿incluso cuando soy una alucinación?
- Yo no… Yo… - tartamudeó Levi batallando con las palabras.
- No creí que me odiara tanto - le espetó Mikasa con sequedad.
- Yo no te odio. Para nada - terminó por declarar Levi exhalando un suspiro tembloroso - Solo estoy… asustado. - a pesar de la penumbra Mikasa logró ver la angustia empañar sus ojos - Por eso vine aquí. Quiero estar solo. ¿Puedes siquiera comprender?
Mikasa sintió un repentino nudo en la garganta, las palabras de Levi llevándola meses atrás en el tiempo.
'Quiero estar sola'
De un momento a otro, quizás como ahora suponía que le había pasado a Eren, las cargas que llevaba encima terminaron desplomando su espíritu. El enfrentamiento en la costa, la ausencia de Sasha, el desacuerdo con Eren y, todo lo que en algún momento la aquejó por su impacto en su ser. No sabía si el encierro había sido algo contraproducente con ella. Pero de un momento a otro, solo quiso estar sola. Resguardada en el refugio de las cuatro paredes de su dormitorio. Sin Sasha, sin Eren. Lidiando con sus propios males.
'Quiero estar sola'
El cansancio físico y mental ni siquiera lograron que Armin le dieran ese empujón que necesitaba. La visión de su día a día se transformó gradualmente en tonos opacos y monocromáticos. Incluso su tan apreciada bufanda, de color brillante y significado puro, se vio opacada por las circunstancias de su vida. Algo estaba cambiado dentro de ella.
'Quiero estar sola'
Una insensibilidad que creía inquebrantable se había instalado en ella. Había estado meditando y amoldándose a la clase de soldado a la que ya nada podría cogerla por sorpresa, la que ya nada podría derrumbar. Lo necesitaba y creía haberlo logrado. Hasta que llegó aquel episodio para demostrarle cuán equivocada estaba.
"Desde que éramos niños siempre te he odiado"
Devastada era una palabra muy corta para describir cómo se sintió en ese momento. Idiota también era una palabra muy sutil al reconocer que había sido muy tonta al reaccionar así cuando sabía cuál era el verdadero sentir de Eren respecto a ella de su conversación hace meses.
¿Al final de que le había servido el encierro y el aislamiento? A nada prácticamente. A ser más vulnerable, de pronto.
- Eso es una estupidez. - chasqueó la lengua Mikasa con un repentino acceso de rabia - Es usted un necio. ¿Qué no se ve como está? ¿De qué le iba a servir estar aquí en este agujero encerrado sin la ayuda de nadie? ¿Solo esperaba que la suerte y el tiempo mejoraran su estado? ¿Sin considerar los riesgos? ¿De que podría estar haciéndose un daño, quizás mortal para usted? - Mikasa se mordió la lengua para frenar el aluvión de palabras que la habían invadido.
Desvió la mirada a un lado, tratando de contener las lágrimas agolpadas en los ojos. Fue como si un grifo se hubiera destapado repentinamente dentro de ella. Y no se trataba de Levi, no del todo. Lo que había dicho era una reprimenda para sí misma. A su yo de hace meses. Que a pesar de que las migrañas y el malestar habían estado a punto de matarla, de partirle el cráneo, le había tomado dos días completos levantarse de la cama y buscar ayuda para sí misma.
Le había tomado dos días darse cuenta de que Eren no iba a tocar a su puerta. Y de nuevo Eren. Porque si tan solo él le hubiera dicho esas palabras, las cosas estarían mejor. Para ella, al menos.
- …Yo solía vivir en este agujero - escuchó mencionar a Levi mientras ella intentaba serenar su respiración - Fue mi último hogar antes de unirme a la legión. Vivía con mis amigos: Isabelle y Farlan - Levi se aclaró la garganta - Este cuarto era nuestra sala de estar. Aquí cenábamos, cocinábamos, nos sentamos a platicar. En el otro cuarto dormíamos, en camas estrechas. Nuestro mayor lujo fue instalar la tina en el baño… Tengo buenos recuerdos aquí.
Para el momento en que Levi dejó de hablar, Mikasa había logrado calmarse. No sabia si tomar lo anterior como un gesto de consideración de Levi, el que hubiera decidido ignorar su anterior diatriba contándole algo personal, algo desconocido de él para ella. Algo para distraerla.
Mikasa sacudió su cabeza de pensamientos innecesarios y se incorporó del suelo para ir por su morral. Antes de girarse, se permitió unos segundos para recuperar el temple sereno, imperturbable. Cómo odiaba tener esos arranques de sentimientos con Levi presente.
Se giró, y se acercó a Levi para arrodillarse frente a él. Con su morral en su regazo.
- ¿Tiene hambre? ¿Desde hace cuanto no come? - preguntó Mikasa con tono monótono revisando el contenido de su morral.
- Realmente no tengo el estómago para nada - soltó con un suspiro Levi. Mikasa negó con la cabeza descartando a un lado las barras de proteína.
- ¿Me permite echarle un vistazo a su mano?
- No tienes qué. Ya has hecho suficiente.
Mikasa suspiró profundamente y se atrevió a alzar la mirada de su morral hacia el rostro de Levi. De verdad, que no tenía ganas de ponerse a discutir con él. Si no quería dejarse tratar, pues no le iba a insistir. Al menos, ya estaba lo bastante lúcido y cuerdo para cuidar de sí mismo.
Pero su resolución flaqueó al encontrarse con la profunda mirada de Levi en ella. Al momento, él no había hecho ningún comentario por su anterior estallido emocional. Pero su mirada, la expresión de sus ojos, transmitían algo completamente ajeno y desconocido para ella. Preocupación. No era pena ni lástima. Sino genuina preocupación.
¿Por mi? Mikasa quiso resoplar.
Sin esperar autorización, cogió la mano vendada de él para revisarla por su cuenta.
- Ya basta de esto - señaló ella con cansancio cambiando la venda manchada por una nueva, los puntos no se habían abierto milagrosamente - Es una pérdida de recursos y esfuerzo. Mi esfuerzo. - apretó las vendas un poco más de lo necesario, esperando infligir un poco de escarmiento. No escuchó comentarios o quejas de Levi - No más dudas. Yo estoy aquí. Yo soy real. - Mikasa decidió callarse al darse cuenta que estaba refunfuñando de más. Aún no recuperaba plenamente el dominio de sí misma.
Fue solo cuestión de que terminara su trabajo de vendado y soltara la mano de Levi para que él se inclinara hacia adelante y rodeara sus hombros con sus brazos para atraerla en un apretado y repentino abrazo.
Mikasa jadeo en respuesta no solo a la repentina acción, sino al sentir el repentino subidón de temperatura. La mano que recién había tratado no hacía justicia al calor que irradiaba el resto del cuerpo de Levi.
- Capitán… - fue lo único que pudo decir Mikasa, su mejilla estaba siendo abrasada por estar pegada a la ardiente de él.
- Solo un poco más - murmuró Levi a su oído, su cálido aliento enviando un estremecimiento por su espalda.
Por todo lo que se llama sentido común, Mikasa se removió entre los brazos de Levi buscando separarse, de romper el abrazo, de poner la debida distancia entre ambos, pero a la final sin realmente intentarlo. La idea de dejarse fundir ahí mismo empezó a cobrar más fuerzas entre los vapores de su mente.
No podía creer como un simple abrazo podía hacer añicos su compostura, pero la verdad era que, habían sido meses, desde que Mikasa había sentido un abrazo como ese. La poca renuencia de alejarse de allí hablaban de lo mucho que necesitaba y añoraba ese apretón en el cuerpo que prometía que todo iba a estar bien. Que prometía seguridad.
Aun así, Mikasa cerró sus ojos, buscando una fuerza exterior que le diera la resolución para zafarse de esa situación. De librarla de desbaratarse en los brazos de Levi. Cualquier señal. La más mínima que fuera. La que sea...
El gorgoteo de un estómago hambriento fue lo que necesitó para salir de su estupor y empujar firmemente a Levi de los hombros.
Mikasa se inclinó hacia atrás lo más que pudo en su postura. No se atrevió a levantarse por miedo a que las piernas le fallaran y expusieran a Levi cuan afectada se sentía en ese momento.
- Sé que las barras del ejército son poco apetitosas - dijo Mikasa rápidamente para desentenderse de la anterior situación. Se palpó los bolsillos de la capa en busca de algo - Tengo algo mejor que eso. Aquí, tome - extendió ella el pequeño paquete hallado en su bolsillo, atreviéndose entonces, a mirar a Levi al rostro.
Levi escrutaba su cara con un ligero fruncimiento del ceño e ignoró su mano suspendida entre ambos por varios segundos. Mikasa imitó su ceño fruncido al sentirse incómoda por el silencio.
- No me gusta el dulce - rechazó finalmente Levi, dejando el escrutinio y tomándose un gran trago de agua de la botella que había traído consigo.
- No es dulce, es chocolate - mencionó ella siguiendo el recorrido de una gota bajando por su mandíbula y cuello. Preguntándose porqué no se vaporizaba en el camino.
- ¿Hay alguna diferencia? - preguntó entonces él limpiándose con el antebrazo.
Mikasa quiso rodar los ojos con exasperación, pero se abstuvo. No sabía porque estaba insistiendo en dar ese valioso tesoro que había encontrado entre las provisiones de su morral. Se lo había guardado con la intención de reservarlo para sí misma y comérselo más tarde.
Sin ganas de insistir más y zafarse de la incómoda situación, procedió a destapar la pequeña bolita de chocolate y llevársela a la boca con un encogimiento de hombros. Si Levi se decidía a comer, que comiera las desabridas barras de proteínas.
Tal vez eso si es de su gusto.
Una vez derretido en su boca, no pudo evitar cerrar los ojos. Había esperado que el chocolate fuera amargo, pero resultó que se deshacía en su boca con el característico dulzor del azúcar añadido. Se preguntó quien habría tenido la idea de incluirlo en las provisiones de su equipaje. ¿Jean? ¿Los niños marleyanos, Gabi y Falco? ¿o acaso habría sido Annie?
Quien fuera. Sintiendo ya repuestas sus extremidades, le dio una última mirada a Levi antes de levantarse, pero, de nuevo, se encontró con la mirada escrutadora de él fija en ella. Esta vez, variaba en que sus ojos vidriosos transmitían un ansia devoradora. Un apetito desconcertante que de nuevo le hizo sentir calor.
Mikasa resistió la urgencia de deshacerse de su capa y recogerse el cabello para darse aire.
- Demasiado tarde - dijo Mikasa dándole su propia interpretación a la intensidad de la mirada de Levi. Quizás si quería el chocolate.
Levi resopló casi con humor a su comentario mientras se pasaba una mano por el cabello. Mikasa solo arqueo una ceja ante esto.
Inmediatamente después, Levi se incorporó sobre una rodilla, tomó su rostro con sus manos e inclinó su boca sobre la suya, sin vacilación ni aviso. Mikasa jadeó en respuesta ante el repentino y espontáneo movimiento. Momentos después, se encontró jadeando por el propio fervor con que Levi prácticamente le empezó a devorar la boca.
Sintió los labios de Levi succionando los suyos y su lengua recorriendo a conciencia cada rincón del interior de su boca saboreando los restos de chocolate en ella. Se sintió abrumada por la intensidad del beso, por lo que antes de que perdiera la cabeza o Levi le metiera la lengua en la garganta, lo mordió con un poco de dureza en el labio para que parara.
Ambos se separaron jadeantes, Mikasa sentía el rostro caliente y algo más burbujeando como lava en su interior, haciendo la habitación sofocante.
No podía creer lo que acababa de pasar. Mikasa aún no abría los ojos, pero pudo sentir esta vez las manos de Levi sosteniendo su cabeza gentilmente, su nariz rozando la suya y su propio aliento saliendo como vapor de su boca. En su ensimismamiento y antes de que la cordura volviera a caer en cualquiera de los dos, o en su defecto en Mikasa, ella volvió a cerrar las distancias entre sus bocas.
Esta vez, no hubo nada asfixiante en el beso, sino que esta vez fue demandante y controlado, por parte de ambos. ¿Qué es un beso más que una batalla por la dominación? Por esa experiencia tan asfixiante que él le había dado al invadir su boca, Mikasa se enzarzó en la refriega de labios, lenguas y dientes para esta vez ser la vencedora.
Pero la intensidad del beso y el sabor del chocolate aún presente en el paladar, tenían la cabeza de Mikasa dando vueltas. Y, muy a su sorpresa, estaba sintiendo la respuesta de su cuerpo por la efervescencia del momento, como si estuviera exclamando un '¿qué sigue?'.
¿Qué es lo que sigue?
Muy a su suerte o a su pesar, no sabría con certeza señalarlo, cuando ella soltó un gemido en su boca y algo desde la garganta de Levi gruño en respuesta, el sentido común regresó a ella.
Mikasa se separó de Levi y bajó el rostro repentinamente asustada y enojada con sí misma. Estaba aún con un tema pendiente con Levi, que no podía ignorar si quería encontrar la reconciliación con sus enredados sentimientos. Tan solo hace un momento estaba decaída por el rechazo de él a su ayuda y por un par de besos se dejaba encandilar.
Tonta Mikasa.
Alzó el rostro para reclamarle exactamente eso mismo a Levi, pero se encontró con la mirada apática de él.
- Demasiado empalagoso para mi gusto - dictaminó él antes de levantarse con piedra de luz y manta en mano e irse a encerrar en el baño.
Mikasa quedó en penumbras con las palabras en la boca. Escondió su rostro ruborizado entre las piernas mientras maldecía una y otra vez a Levi en la mente.
