XXIV - EREN - HACE TRES MESES
- Un solo movimiento y acabas muerto. ¿Qué mierda haces en mi casa, Zeke?
A pesar de que la voz de Eren sonaba pastosa y ronca, no dejó de sostener el mango de su daga con fuerza. No sabía cómo demonios había llegado hasta su hogar, o cómo rayos Zeke se las había arreglado para llegar hasta las murallas sin que nadie lo advirtiera; y eso, sin olvidar que aún no se había detenido a procesar todo lo que había experimentado con ese condenado roble, pero no iba a dejar que la confusión le impidiera tomar el control de la situación que...
- Siéntate. Necesitamos hablar. - Zeke cortó su línea de pensamiento mientras seguía en su labor de cocina.
El comentario tomó fuera de guardia a Eren, quien se sintió como si lo hubieran descartado como quien manotea una mosca que se atraviesa en el camino fuera de la vista.
- ¡¿No me escuchaste?! Estoy hablando malditamente en serio. Deja eso o te rajo la…
- Hazlo - Zeke se giró y apoyó la cadera en el mesón mientras se limpiaba las manos con el trapo de cocina. Tenía la mirada más desinteresada que Eren había visto.
- ¿Crees que bromeó? - Eren acercó amenazadoramente el filo de la navaja al cuello de Zeke.
- ¡Hazlo! - exclamó Zeke extendiendo los brazos a ambos lados.
Eren contrajo el rostro en una mueca de profunda molestia. A su mente podían aflorar las variadas razones por las que rajarle la yugular a Zeke en ese preciso momento no estaría mal, pero, extrañamente, no reunió el coraje para eso. La palma empezó a dolerle de la fuerza que estaba ejerciendo en el agarre del mango de la daga.
¿Cómo se vería matar a alguien a sangre fría cuando ya no significaba una letal amenaza para él y las personas a su alrededor? Zeke ahora era tan insignificante e inofensivo como lo era Eren. ¿Era Zeke igual de amargado ahora como lo era Eren? Necesitaba comprobarlo.
Por eso, retrocedió y bajó su brazo después de varios segundos. Y compuso el gesto más hosco que tenía en su rostro. Después de todo, no le agradaba Zeke.
- ¿Ya te decidiste? - Zeke rodó los ojos volviéndose al mesón - Siéntate. Voy a servir.
Eren no obedeció y sin darle la espalda a Zeke, buscó los cabellos rubios de Yelena escondidos en algún rincón de la casa. Sin embargo, no vio señales de ella. Pero aun así no se confió. Ubicó la silla con el respaldar en la pared y se sentó con precaución aun sosteniendo la daga en su mano.
Zeke empujó un plato humeante con algún tipo de sopa hacia él a través de la mesa mientras se sentaba al otro lado con su propio plato. Eren no hizo el menor intento por siquiera coger la cuchara.
- Habla - demandó Eren una vez estuvieron sentados.
- ¿Qué hago aquí? - se cuestionó a sí mismo Zeke entre cucharadas lentas - Te encontré inconsciente en el manto de nieve. Bastante helado, por cierto. Deberías comer ahora que está caliente - señaló él con la cuchara a la sopa. Eren rodó los ojos ante la absurda y falsa muestra de preocupación de Zeke por su bienestar.
- ¿Me encontraste? ¿Estás seguro que no estuviste espiándome todo el rato desde la rama de un árbol? ¿Estabas divirtiéndote viéndome en agonía?
- ¿Acaso lo estuviste? - preguntó Zeke con curiosidad - Solo me aleje lo suficiente para darte espacio para que lo asimilaras todo por ti mismo, ya que si te esperaba allí, usarías mi presencia para no concentrarte en lo que pasa allí. Tal como la vez pasada. - finalizó Zeke dando un bocado más.
- No sé a que…
- ¿Vas a seguir negándolo? - Zeke soltó una risa seca - Por favor, Eren. Madura. Estamos perdiendo el tiempo. - chasqueó varias veces los dedos - Saltémonos todo esto. Cuéntame qué te pasó. ¿Qué te llevó a desmayarte?
Eren frunció el entrecejo. En ese momento no tenía ganas de compartir ningún detalle de lo que había pasado. Más por el malestar que le generaba el recordarlo que por odioso.
- ¿Perdiendo el tiempo para qué? - cuestionó Eren en su lugar.
- Para buscarle una solución a este embrollo que armaste, obviamente. Eldianos siguen muriendo, ¿recuerdas?
- No es mi problema.
- ¿Estas consciente que comenzaste una guerra para tu preciada isla, Eren? Solo que aún no ha tocado la puerta. ¿Eso es lo que buscabas?
- Lo que buscaba era librar al mundo de titanes - Eren levantó el mentón con orgullo - Y lo logré. Disputas, guerra, enemistades y muerte en el mundo siempre ha habido y siempre habrá. Solo empareje las oportunidades para todos. Lo justo.
- Eso es cierto. Quitaste una amenaza. ¿Qué hay de la amnesia y su desvanecimiento?
Eren no supo qué responder ante eso. No encontraba explicación lógica al desvanecimiento de la amnesia. El hechizo fue perfecto hasta que él volvió a aparecer. Anulándose, primero en su círculo de amigos, después en el mundo. ¿Por qué? ¿Tenía algo que ver con su regreso?
- ¿Has pensado - continuó Zeke ante su silencio - que al igual que el desvanecimiento de la amnesia, también puede ocurrir lo mismo con los titanes? ¿No se te ha ocurrido siquiera? Pues déjame decirte que a Marley sí. Por eso, están monitoreando y haciendo pruebas a cada desgraciado eldiano en Marley. Aguardando el retorno del poder.
Eren sintió un nudo en el estómago. Sinceramente, no se le había pasado por la cabeza que la anulación de la amnesia solo fuera parte del desvanecimiento gradual del resto del pedido hecho a Ymir. Si el despertar había hecho un desastre dentro de las murallas y en la costa, ¿Cómo lo sería si ocurría lo mismo, pero esta vez con titanes? Un corte, una herida cualquiera en cualquier parte del cuerpo de cualquier persona y estarían transformándose en un humanoide de varios metros. Porque no había certeza de quien heredaría los poderes de los nueve titanes.
O si por el contrario, ¿los poderes retornaban al cuerpo de sus antiguos poseedores?
Eren dio un respingo involuntario al percatarse por fin de algo. De la primera señal. Cuando tocó a Historia. Cuando se manifestó el poder del Titán de Ataque de la nada, a pesar de que ya no existía. ¿Era posible? ¿Volvería a poseer el Titán de Ataque, el Titán Fundador y al Titán Martillo de Guerra dentro de sí?
¿Armin estará de nuevo condenado a esta maldición?
El escozor en su pulgar lo hizo bajar la vista hacia su regazo. Inconscientemente, había empezado a frotar su pulgar con el filo de la daga. Ver su dedo sangrando hizo despejar un poco la niebla de su mente.
- Eso es ridículo - contestó finalmente Eren.
- Hm - murmuró Zeke que ya había acabado el contenido de su plato mientras Eren cavilaba - ¿Quieres apostar de nuevo?
Sasha.
No, no quería arriesgarse de nuevo. No podía quedarse de brazos cruzados de nuevo. Había dejado morir a Sasha por su culpa, por no prevenirlo. No podía dejar que esa misma suerte cayera en alguno de sus compañeros.
- ¿Qué es ese roble? ¿Es Ymir?
- No. No lo es. Ymir no. Es el poder que residía en ella. O eso creo. ¿Me vas a contar qué es lo que pasó allí cuando arribaste?
Eren se tomó un momento antes de hablar. Ahora no porque encontrara dificultad de compartir las angustiosas experiencias que había vivido en ese corto tiempo, sino porque no confiaba en lo que haría Zeke con la información. Tenía que cuidarse con lo que decía.
- ¿Has visto la abertura que tiene en un lado el tronco? - Zeke asintió con la cabeza - ¿Te has acercado a examinarla?
- Me he acercado a examinarla. Pero lo que emana de esa abertura es enfermizo, repelente. ¿Te acercaste tú a ella?
- La examiné por dentro - confirmó Eren con un cabeceo - Introduje mi cabeza tratando de vislumbrar algo. Como mencionas, la sensación era enfermiza y el hedor nauseabundo. No sabría cómo describir cuán desagradable es.
- ¿Qué viste?
- Prácticamente, nada. Sentí como si hubiera sumergido la cabeza en brea espesa y negra. Entonces, algo viscoso me agarró de la cabeza e intentó arrancármela. Su solo contacto me generó estallidos de dolor por todo el cuerpo, y pues, sintiendo la fuerza con la quería desprenderme la cabeza del cuerpo fue suficiente para entrar en pánico. Me estaba asfixiando y creo que intentó morderme - Eren se llevó una mano a la herida de la frente en fingida confusión - Entonces, en medio de la desesperación, comprendí lo que era. - Eren miró con gesto crítico a Zeke - Es ese organismo desconocido que mencionaste en tu carta. Lo que residía en cada uno de los eldianos y que nos conectaba con Ymir. Quería devorarme porque Ymir ya no está con él.
Zeke tenía los codos apoyados en la mesa y las manos entrecruzadas frente a la boca, con gesto evaluativo. Eren había dado una versión muy parecida a la realidad, solo maquillada con algunos detalles que prevendrían a Zeke de acercarse a ese roble. Al menos en el corto plazo.
- ¿Cómo escapaste?
- Por suerte, supongo - Eren encogió los hombros, sin saber como lo había hecho realmente.
- Eren, sé que esto es difícil de creer, pero la situación en la que estamos es una premeditación orquestada por Ymir.
- ¿Por qué lo dices?
- ¡Por todo lo que ha pasado! - alzó un poco la voz Zeke antes de soltar un suspiro para volver al tono sereno - Ya te dije, que si ella hubiera querido cumplir tu deseo, nada de esto estaría sucediendo. Ella nos ve como sus juguetes en su arenero. Entre más desesperado parezca todo, mejor entretenimiento para ella. Ambos somos conscientes de que ella tiene un profundo resentimiento contra el mundo que la uso como herramienta toda su vida y no vida. - Eren asintió en acuerdo. Eso era verdad - Ella conoce sus límites, era de esperar que su hechizo de amnesia se desvaneciera al involucrar a personas que no son descendientes de ella. No iba a durar. Ni siquiera sé cómo funcionó en primer lugar. Pero sabes que aun así, vino con desperfectos. Tus amigos, yo. Era obvio. Ni siquiera sé cómo se las ingenió para afectar a tu amiga Ackerman.
Eren tampoco lo sabía. Aún cuando creía que el resto de sus días era permanecer en Los Caminos, recordaba que constantemente lo atacaba el temor de que el hechizo no hubiera surtido efecto en ella y Levi. Al menos, tenia el pobre consuelo de que no los había enfrentado a una situación desquiciante.
- Te alabo que hayas hecho lo que hiciste. Eliminar a los titanes e intentar eliminar todo el estigma que recae sobre los eldianos. Pero como ves, no es la solución para frenar con todo el sufrimiento que acarrean los eldianos. - Eren ya sabia a donde se dirigía Zeke - Sé que sueno repetitivo con esto, pero si ya no nacieran más súbditos de Ymir, seguro que dentro de unos cien años, la gente ya no sufriría ni temería la amenaza de los opresores. Es más... Si ya, desde un principio nosotros no hubiéramos nacido, no habríamos sufrido y todo sería mejor. Es un destino limpio y honorable para nosotros para librarnos de este mundo corrompido.
La Eutanasia. Zeke no había cejado en su empeño de salvar a los eldianos por medio de su extinción. Y Eren lo comprendía. Ahora lo hacía. Luchar y vivir como vivían, llega al punto de la asfixia y desespero en cualquier punto. Eren ya lo había pasado y solo es más amargado por eso. La Eutanasia terminaría con el ciclo de abusos, de opresión e infelicidad de una población que estaba condenada de una u otra forma.
Zeke no era diferente de él en ese aspecto.
Mientras que Eren procuraba la seguridad de las personas de la isla, Zeke lo hacía por los suyos al otro lado del mar. Pero si lo consideraba a profundidad, todos eran la misma población. Tal vez, si las situaciones estuvieran invertidas, Eren se encontraría en la misma posición que él. Intentando buscar justicia donde no la había, intentando buscar una salvación aunque esta supusiera el fin a una civilización.
- Hagámoslo - dijo Eren. Zeke frunció el ceño en sospecha ante su sencillo acuerdo - Intenté mi plan. No funcionó. Sinceramente, me aterra lo que puede venir en un futuro. Es justo darle entrada a tu idea. Y esperar, que esta no nos salte a la cara como con la mía.
Zeke lo analizó en silencio por un buen rato. Sin atreverse en volver a confiar en Eren nuevamente. El recuerdo de Eren traicionándolo apenas había tenido la oportunidad en Los Caminos no se olvidaba.
Sin embargo, Eren compuso su mejor cara, la que usualmente lleva ahora a todos lados, de desinterés y desánimo. Ya no había determinación en sus ojos que pudiera ser un problema, un riesgo. Había aprendido la lección. Y de la peor manera.
- Bien, hermano. Intentémoslo de nuevo - resolvió finalmente Zeke.
Eren asintió y se agachó sobre su plato para empezar a comer. El caldo ya estaba frío, pero no importaba porque había vuelto a engañar a Zeke. Su problema ahora era que, tenía que resolver ese dilema antes de que Zeke hiciera algo que los condenara a todos.
