XXV - HANGE
Durante su huida de Trost, Hange esperaba sobrevolar un panorama de ciudadanos histéricos en su afán de abandonar el distrito hacia un área más segura y lo más lejana posible del campo de batalla en que se había convertido su hogar. Pero para su asombro, resultó que se encontró con una comunidad que aunque tensa, disimulaba entereza mientras atendían a las instrucciones de la fuerza pública.
Entonces, su huida en solitario pronto se convirtió en una procesión de varios civiles abandonando Trost y sus alrededores, atemorizados de encontrarse nuevamente en medio del fuego cruzado a pesar de que la amenaza ya se había expulsado. Esta comunidad de refugiados sin hogar estaba conformado por un grupo variopinto de personas: estaban los que caminaban con sus escasas pertenencias bajo el brazo o sin ninguna de ellas, a los que les faltaba alguna prenda que se había perdido en en el camino y los que, más apartados, simplemente caminaban con desamparo por haber presenciado el horror del ataque antes de huir. También lo conformaban los heridos, los que renqueaban, los que sangraban por alguna extremidad y los que eran transportados en carretillas debido a la gravedad de sus heridas.
Afortunadamente, para esa pobre gente, la ayuda logró interceptarlos a mitad de camino. Desde Hermina se enviaron brigadas de ayuda conformadas por soldados de las tropas de guarnición y personal medico que recibieron con los brazos abiertos a los afectados. En un pasado, aquello hubiera sido improbable de suceder debido a los recelos que tenía cada distrito con sus recursos, pero actualmente, eso ya no era un problema.
Hange logró pasar desapercibida al lograr camuflarse entre la gente gracias a su desarrapado aspecto y la túnica que cubría las correas y el equipo de maniobras.
Era una ironía que ella, comandante de la legión, estuviera escondiéndose de la vista de simples soldados rasos, pero no sabía lo que su avistamiento provocaría. Ahora que andaba sola no quería arriesgarse a que le pusieran las manos encima.
Además, el encuentro con esos soldados había traído consigo no solo el medio de transporte que necesitaba, sino también un posible aliado.
A pesar de que Pixis ya no dirigía estrictamente a las tropas de guarnición, conocía a la persona que había ocupado su puesto. En el orden de ideas, lo ubicaría, le informaría del golpe militar que estaba sufriendo internamente el ejército y pediría su ayuda.
En cuestión de minutos, logró identificar los pelirrojos cabellos de Kitz Weilman entre el batallón de soldados. Estaba coordinando y dirigiendo la instalación las tiendas de primeros auxilios. Hange esperó pacientemente el momento adecuado para acercarse.
Cuando llegó el momento, de encontrarlo a solas, o más bien todo lo a solas que uno puede estar en lo que poco a poco se está convirtiendo en un campo de refugiados en minutos; Hange ascendió la extensión de césped sinuoso de la colina donde se encontraba, simulando en su caminar ese aspecto desamparado de refugiado.
- Comandante Kitz - llamó ella varios pasos por detrás.
Él se giró en redondo en su lugar al reconocer la voz de Hange.
- ¿Comandante Hange?
- La misma - se acercó ella a él - Necesito hablar de algo importante.
- ¿El ataque?
- Otra cuestión - Hange negó con la cabeza - ¿Has escuchado alguna vez el término Jaegeristas? - preguntó directa al punto.
- …En parte - respondió él tras vacilar varios segundos - Es un grupo liderado por tu chico. Eren Jaeger.
- En esencia - asintió Hange - La cosa es que han empezado a actuar. Están tomando el control militar.
- ¿De qué forma?
- Tienen el control de Pixis. - soltó ella con gravedad - No lo han matado porque no han tenido la necesidad de recurrir a ello. Pero es cuestión de tiempo.
- ¿Dot? - cuestiono él con sorpresa.
- También han atacado a uno de mis capitanes. Levi. Y Keith Shadis ha desaparecido - Hange no sabía si el Keith que había visto entre sueños había sido producto de su imaginación o no - Ahora mismo me tienen fichada. Puede que a ti también.
Kitz abrió sus ojos desmesuradamente a medida que Hange hablaba. Los círculos negros alrededor de sus ojos se veían mas oscuros de lo normal. Sus ojos empezaron a dispararse de un lado a otro en busca de alguien sospechoso. Finalmente, se removió entre sus pies con incomodidad antes de dirigirse nuevamente a Hange.
- ¿Y qué quieres que haga? - preguntó él reaciamente. Su rostro había empezado a transpirar inevitablemente por el nerviosismo.
- Yo… - Hange empezó a hablar antes de detenerse dubitativa.
No conocía exactamente cómo era el carácter de Kitz Weilman, pero recordaba lo que había escuchado de boca del mismo Dot Pixis. Esta persona, que por las circunstancias habían colocado en el rango más alto de una las ramas del ejército, era una persona que reaccionaba violentamente cuando se ponía bajo presión. Además, de que no era precisamente señalado por su coraje ante las adversidades.
Y Hange lo estaba comprobando en ese preciso instante.
Kitz estaba sumamente atemorizado por lo que sus revelaciones implicaban. Añadido el estrés acumulado por estar coordinando sus tropas por el ataque de Marley, prácticamente el tipo parecía listo para huir.
No me sirve.
- Necesito que te quedes en tu puesto como hasta ahora. Ayudando a esta gente. Yo buscaré a Pixis.
Kitz relajo los hombros ligeramente, aliviado al saber que no lo había puesto en un encargo de riesgo contra su vida. Hange suspiró mientras extendía una falsa sonrisa en la cara y le asintió a él en complicidad antes de volver a mezclarse entre el gentío. Tenía que volver a su plan original de ubicar a Levi.
Hange había logrado hacerse con un caballo para salvar el restante terreno que le quedaba hasta Hermina. Su plan era llegar al distrito y entrar a Ciudad Subterránea. No sabía aún cómo, pero de algún modo se las ingeniaría para hallar a Levi. Y una vez que estuviera con él, previamente de hacerle un rápido chequeo de su estado errático que había mencionado Jean, le propondría a Levi ir por la ayuda de Nile para iniciar su red de búsqueda por Pixis.
Aunque, tal vez, una vez que le dijera que Jean, Connie y Armin habían sido puestos bajo arresto quisiera ir por ellos en su lugar. O si Mikasa seguía con él, sería ella la que partiría ni una vez Hange terminara de hablar. No lo sabía. Ya lidiaría con eso una vez estuviera con ellos.
Desvió su recorrido hacia el este para evitar transitar por el camino principal e internarse por los campos. Eso lo hizo por precaución en caso de que alguien de la compañía de Kitz la hubiera identificado y la estuviera siguiendo en ese momento.
En medio de su trayecto, logró vislumbrar entre los árboles la superficie brillante de un gran estanque. Por lo que decidió dirigir su montura hacia allí para que ambos se dieran un breve descanso y así mismo aprovecharan para refrescarse. Desmontó en el borde del estanque y se acuclilló para recoger agua entre sus manos y beber. El caballo estaba haciendo lo mismo a su lado.
Fue en el momento en que estaba refrescando sus brazos y rostro, eliminando todo rastro de polvo y suciedad acumulada, que identificó una figura indistinguible a varios metros a su izquierda flotando a la deriva. Se colocó sus gafas para vislumbrar mejor el extraño objeto no identificado. Lo que descubrió le puso los pelos de punta. Era una persona.
Sin dudarlo, Hange se incorporó de un salto y se internó en el estanque. Los brazos de la persona estaban colgando laxamente del tronco de leño y más de la mitad del cuerpo estaba sumergido en el agua. Hange se llevó una sorpresa al distinguir los rasgos de Floch, pero sin dejar que eso la distrajera empezó a dirigirlo a tierra pasándose uno de sus brazos por la nuca y poder tenderlo en lo seco.
Está pálido. Y mortalmente helado, determinó Hange al hincarse a su lado, se inclinó sobre él para verificar su respiración. No respiraba. ¿Su pulso? Muy débil. Pero aún vivo. Hange procedió a hacer las compresiones en el pecho e insuflarle aire por la boca. No estaba funcionando, los labios azules de Floch decían que había estado demasiado tiempo sumergido.
En medio de las comprensiones, el cuerpo de Floch convulsionó escupiendo agua, pero vomitando también.
Mierda.
Hange lo volteó hacia su costado.
- ¡Floch! ¡¿Me escuchas?! - Hange se quitó la capa para arropar a Floch.
Eso no iba a hacer mucho para sacarlo del estado de hipotermia con la ropa aun húmeda. Tenía que quitársela y secarlo. Le chifló por costumbre a su montura para que fuera al lado de ella. Pero cuando no vino a ella, se recordó a sí misma que el caballo que llevaba era uno que había tomado prestado de algún soldado, no su entrenada montura que en alguna parte de Trost estaría. Hange maldijo entre dientes mientras se disponía a levantarse, pero se detuvo al escuchar a Floch hablar.
- …Eren - susurró él de forma casi inaudible.
- Floch, dime que sientes - ordenó Hange aprovechando la oportunidad.
Pequeños y débiles gemidos salieron de a boca de Floch. Hange le abrió los párpados entrecerrados para examinar sus pupilas.
Estaba alarmándose. Floch no estaba reaccionando a sus llamados y su latido que había recobrado un poco de fuerza estaba volviéndose a debilitar.
Hange se incorporó para ir por las bolsas de la silla de su caballo que ya había tenido la oportunidad de verificar para sacar la piedra y la yesca de allí. Cortó unas cuantas ramas a la desesperada con sus cuchillas. Llegó en el menor tiempo junto a Floch y empezó a armar rápidamente la fogata. Maldijo cuando al tercer intento la yesca no quiso prender. En el quinto intento logró saltar chispa y empezó a formarse un débil fuego que Hange fue avivando. Volvió a acercarse a Floch.
- Estarás bien, muchacho.
Hange desnudó el torso de Floch e intentó secarlo con su ya húmeda capa. Lo acercó al fuego para que se calentara, pero el viento se llevaba el calor en otra dirección.
Volvió a verificar el estado de Floch y suspiró con tristeza.
La hipotermia estaba en un estado irreversible, se estaba muriendo. Floch apenas respiraba una, a mucho dos veces por minuto. Tal vez no hubiera abandonado sus esfuerzos de salvarlo de no advertir las heridas abiertas que tenía en la cabeza y en el costado, pero al verlas comprendió que las posibilidades de Floch de sobrevivir se habían extinguido si había permanecido desangrándose en el agua por quién sabe cuánto tiempo. Además, ¿cuánto tiempo estuvo flotando a la deriva? ¿Por qué además de las heridas abiertas estaba lleno de moretones y magulladuras por todo el cuerpo? Era como si hubieran hecho un saco de boxeo con su cuerpo.
Hange suspiró nuevamente. A menos que pasara un milagro, no tenía la forma ni los instrumentos para tratarlo.
Su temperatura corporal no responde a los estímulos, observó Hange sobando los brazos de él y recargando su cabeza en su regazo. Su corazón dejaría de latir en cualquier momento. Su cerebro tardaría más tiempo en morir, pero Hange no podía hacer nada más que frotarlo con compasión con sus manos y escuchar las últimas palabras delirantes de Floch que oscilaban entre Eren y libertad.
Daba cierta tristeza sentir al chico morir entre sus brazos. Y era frustrante darse cuenta de cómo las cosas se habían torcido de esa macabra manera por la movida y la absurda ideología que Eren había implantado en la gente.
Ya no era reproche lo que estaba sintiendo hacia él sino que se estaba convirtiendo en algo amargo y rayano en la furia.
¿Qué demonios Eren?
Hola, aquí de nuevo yo. Ya que muchos se preguntaban si Floch había verdaderamente muerto o no, acá les traigo su respuesta. Realmente, no soy experta en esta condición fisiológica ¿? que les expuse en la última escena, pero hice mi parte de investigación y traté de hacer este capitulo lo más certero a la realidad posible, pero ya saben, esto es pura fantasía, no lo olviden... A todos los que siguen al pendientes del desarrollo de este fic, un abrazo sentido. Nos leemos.
