Capítulo 23
22h de la noche. Bosque de Sherwood. Edwinstonwe
Se trataba de ser valiente. De apoyarse en aquellas personas que confiaban en ella y la querían. De las mujeres que con un altruismo absoluto le habían entregado su corazón. Era momento de aceptarlas sin recelo. Era la hora de aceptar su pasado y abrazarlo, en vez de alejarlo y encerrarlo en un rincón de su memoria. Sakura se recogió las piernas y apoyó la barbilla en sus rodillas mientras esperaba, sentada sobre una de las raíces de un inmenso roble del bosque de Sherwood, a que sus amigas llegaran.
Le encantaba ese lugar. Era el bosque del famoso Robín Hood, y cuando estaba en silencio y cerraba los ojos, podía oír el sonido de las flechas cortar el viento y el estruendo de los carros, llenos de oro y cerveza, descarrilar.
Estaba nerviosa, pero la lavanda que había plantada alrededor la tranquilizaba con su aroma. Los rayos de la luna se colaban a través de las ramas del roble y la iluminaban como si no quisieran enfocarla del todo, como si la noche acompañara su estado de ánimo.
No era fácil hablar de aquello, pero o lo hacía ahora o callaba para siempre. Su felicidad dependía de liberarse y buscar ayuda. Ella la pedía ahora humildemente y, ni Karin, ni Koharu, ni Temari, le fallarían. Las había convocado en ese bosque porque necesitaba alejarse de la Black Country. Una Black Country que lloraba la pérdida de un nuevo bebé vanirio. Gai y Anko se habían despedido de la pequeña Deirdre.
Anko se había recuperado con la sangre de Gai, pero no estaba bien del todo. Sin embargo, la mujer ojerosa y pálida que se había presentado al entierro, había llevado consigo las cenizas de su bebé y las había dejado caer en la tierra. Si un bebé vanirio moría no lo quemaban en piras ni lo enterraban. Lo incineraban, y con sus cenizas fermentaban la tierra con nuevas semillas. Gai había plantado semillas de magnolias en su jardín, la flor favorita de Anko, y había mezclado el abono con los restos de su hija. Los celtas como ellos creían que no había tierra más pura que aquella en la que vivía un niño. Tener a las cenizas de Deirdre en el jardín de su casa y ver las magnolias crecer, le haría bien al alma de la madre y del padre. Era una manera de convencerse de que su hija no sólo seguía viva en sus corazones, Deirdre también creaba vida. La niña sonreía a través de las flores.
Itachi había estado presente en la ceremonia. Todos, tanto vanirios como berserkers habían dado el pésame a la pareja. Sakura se había mantenido alejada, aunque acompañaba a Anko en mente y corazón. Por un lado, mantenía las distancias porque no le gustaba cómo la miraban algunos vanirios, después de que Itachi diera la voz de que había estado con un tal Aodhan. Pero, por encima de todo, lo hacía porque ella sabía lo que era perder aquello que más se amaba, y estaba muy sintonizada con el dolor de Anko.
Itachi la buscó entre la multitud hasta que la vio, reclinada en un árbol, observando todo desde la distancia. Incluso entonces, la vainilla flotaba en el aire y le hacía dar vueltas a la cabeza. El sanador, todo vestido de negro, la había mirado muy fijamente, y había conseguido ponerla nerviosa. La repasó con sus ojos negros: el poncho negro que llevaba, sus pantalones beige y sus botas de agua negras y altas. Se había demorado en su muslo, que llevaba convenientemente vendado porque todavía no había sanado. Y luego había vuelto a su cara, mirándola con arrepentimiento, o puede que sólo fueran imaginaciones de Sakura. Una vez acabada la ceremonia, todos se habían ido a sus casas. La ceremonia y la pérdida de Deirdre había sido el detonante para que Sakura tomara aquella decisión de convocar a sus tres amigas en Sherwood.
Los focos delanteros de un coche la cegaron. Un Mini Countryman de color verde oscuro con el techo blanco aparcó a unos diez metros de dónde ella estaba. Sakura sonrió. Era el coche nuevo de Temari. Obito se lo había regalado al cumplir un mes juntos y Temari sabía por qué. Sabía perfectamente lo que su lobito pensaba de su Smart Roadstar, y el pobre no sabía cómo sacárselo de la cabeza. Así que le había regalado el Countryman de cuatro puertas y todo terreno para poder llevar a Riku y a Nori a todos lados. Temari había aceptado el regalo encantada porque, sencillamente, la Cazadora adoraba a los Mini.
Salieron las tres del coche, caminando a ritmos diferentes. Temari dejó la música encendida, porque prefería que el ambiente se relajara. Había dejado puestos un CD de New Age que le encantaba a Koharu.
Y allí estaban las tres, dispuestas a escucharla, dirigiéndose a ella.
Koharu, la mujer de Homura, líder del clan berserker, lo hacía con elegancia y mirando lo que la rodeaba con ojos negros llenos de experiencia.
Karin, con su gracia habitual, su fuerza y su empatía. Ella era su hermana, su cuñada de ojos carmín y además una mezcla potente de dos razas inmortales.
Y Temari, con la energía y el brío que la caracterizaban, como sus ojos olivas de gata. Estaba enfadada con ella, y también estaba llena de amor y unidad hacia ella. Cargaba con un paquete de cartón con el cuello sobresaliente de cuatro botellas de cristal. Karin cargaba con cuatro copas en la mano.
Aunque el bosque de Sherwood era ahora una reserva natural y estaba muy vigilado. Sakura había entrado sin problema alguno gracias a sus dotes telepáticas. Los guardias no habían puesto ninguna traba.
Koharu llevaba unas velas rojas en forma de cuenco con olor a cereza. En silencio, se sentaron frente a Sakura, dejaron los cuencos para que iluminaran el cerco donde estaban y se quedaron mirando a la vaniria.
—Te lo has tomado con calma, ¿no? —dijo Temari, resentida.
La vaniria se encogió de hombros, aceptando el reproche.
—La eternidad no es preparación suficiente para arrancarse las corazas —contestó con dulzura—. ¿Qué llevas ahí? ¿Nos vamos a emborrachar?
—Depende de lo hechas polvo que salgamos de esta sesión, así que, si la ocasión lo merece, cogeremos un auténtico cebollazo.
—De los que hacen historia —aseguró Karin.
—Más vale tarde que nunca, ¿no dicen eso? —dijo Koharu, presa de un escalofrío, abrochándose la cremallera de su chaqueta acolchada hasta el cuello—. Nunca me he emborrachado.
—Lo remediaremos, querida —musitó Temari con una sonrisa diabólica—. Koharu ha dicho que vamos a hacer una rueda de la verdad. Dice que si tú estás dispuesta a hablar de algo que no has contado a nadie, nosotras deberíamos hacer lo mismo.
¿Una rueda de la verdad? La mera palabra le daba respeto.
Karin sonrió y animó mentalmente a Sakura para que diera el primer paso. La vaniria tragó saliva y asintió nerviosa.
—Voy a ir directa al grano, no quiero perder más tiempo. Me cuesta horrores hablar de esto. No lo haría si no estuviera segura de que ya es el momento de... de liberarme... De dejarlo ir. Porque yo no puedo seguir... No puedo seguir llevándolo conmigo, no sé... No sé. — Se humedeció los labios con la lengua y las miró desesperada.
—Tenemos toda la noche —dijo Temari, acongojada como si supiera de qué hablaba la vaniria.
La brisa nocturna secó las lágrimas de los ojos de Sakura, y la devolvió a la realidad. La letra de la canción My Skin de Natalie Merchant, sonaba en el momento adecuado, como si las hadas hubiesen elegido los versos hechos para Sakura. Un lamento melódico rasgó el aire y Sakura decidió que era el momento de soltarlo todo:
—Sí... Claro. Está bien. —Se removió inquieta—. Necesitó que me ayudéis. Necesito ayuda. —Caramba, era una guerrera de pies a cabeza, y le daba miedo desnudarse ante ellas—. La noche antes de que me transformaran, Itachi y yo nos acostamos. Yo siempre había estado enamorada de él, y por lo visto, él también lo había estado de mí.
Sakura les explicó todo con pelos y señales. Les dijo lo que había pasado después de la transformación, les habló de la llega de Delta y de la disertación de Kakazu y Hidan.
—Cuando Itachi llegó al campamento, de la mano de Delta, no me lo podía creer. Lo pasé muy mal, él me dijo que había sido un desliz y que ahora, aquella desconocida mujer, era su pareja.
—¡Yo me lo cargo! —gritó Temari con rabia.
Koharu tranquilizó a la Cazadora, y le pidió a Sakura que continuara.
Because I've been treated so wrong
I've been treated so long
As if I'm becoming untouchable
Porque me han tratado tan mal.
Durante tanto tiempo.
Como si me estuviese convirtiendo en algo intocable.
—¿Qué hiciste tú? ¿Cómo lo aguantaste? —preguntó la sacerdotisa. Lamentando la actitud del vanirio.
—Yo me agarré a lo mejor que tenía —Sakura miró a Temari que inclinó la cabeza hacia otro lado y dejó que las lágrimas cayeran por sus mejillas—. Tú sabes lo que es, ¿verdad? ¿También lo oyes? —La joven de pelo dorado asintió mientras su cuerpo temblaba de llanto—. Cuando me transformaron como vaniria, pude notar otros muchos cambios en mi cuerpo. No sólo los ojos se me aclararon; no sólo los incisivos me creían a voluntad, que pudiera volar o no, que pudiera mover las cosas sin tocarlas, y manipular a la gente con mi mente..., nada de eso era importante. El cambio más impactante fue que podía notar el crecimiento de otra vida lentamente en mí. Algo dentro de mí, justo aquí. —Miró hacia abajo y se puso la mano sobre el vientre.
Karin se emocionó y se tragó el nudo que tenía en la garganta.
Koharu se llevó las manos a la boca mientras negaba con la cabeza y se le enrojecían los ojos.
—Era un milagro —continuó Sakura con la cara llena de melancolía—. Algo nacido del amor puro e incondicional, o eso creí yo que era. Yo podía hablar con mi hijo, desde el primer día. Estaba en contacto con su alma. Era increíble. Deseaba ver a Itachi y contarle lo que me estaba sucediendo, quería que fuera partícipe de cada hora, cada día. Quería que él también se comunicara mentalmente con su hijo como yo hacía. Pero no éramos pareja, no lo éramos según el rito del intercambio de la sangre, y yo no podía hacer nada. Itachi no podía hablar mentalmente ni conmigo ni con mi bebé. Él había elegido a otra mujer. Él no lo sabía — negó con tristeza—. No lo supo y... No lo sabe. Los hombres del clan se habían retirado tres días para controlar sus dones y sus poderes así que debíamos esperar a que ellos llegaran. El resto, lo que pasó cuando llegó acompañado de otra mujer, os lo podéis imaginar. —Koharu le prestó un clínex con una mano temblorosa y ella lo aceptó—. Era un niño, ¿sabéis? Mi niño nacido del fuego: Aodhan. —Se le escapó un sollozo y cerró los ojos con fuerza, mientras sorbía por la nariz y tragaba compulsivamente—. Podía hablar mentalmente con él. Podía explicarle todo lo que veían mis ojos. Él estaba deseoso de hacerse fuerte y nacer a la vida. —Sonrió con tristeza—. Él me preguntaba cuando me notaba triste — se limpió las lágrimas de un manotazo—: «¿Estás llorando, mamaidh? No llores, yo estoy aquí». Pasaron los días, las semanas, y gracias a Aodhan, pude sobrellevar la traición de Itachi, pero me sentía tan mal... Tan herida, tan traicionada... —Hizo un gesto de dolor, como si todavía pudiera sentir la decepción de entonces—. Por Aodhan luché cada día de esas tres semanas que Delta estuvo en nuestro campamento. Odié a Itachi por lo que me hizo, y odié profundamente a Delta por ser ella quien se llevara el corazón del hombre que amaba. Cuando aquella mujer se largó, Itachi intentó acercarse a mí de nuevo, pero era incapaz de estar a su lado. No soportaba que me tocara, no aguantaba oír su voz... Yo... me cargué de odio, y el único que me daba amor y que hablaba conmigo era mi niño, mi brillante Aodhan —Se acarició el vientre como si todavía su hijo estuviera ahí—. Tan puro, tan misericordioso, tan lleno de amor y aceptación... Aodhan me decía con su vocecita que necesitaba perdonar, que debía hacerlo... Yo lo intentaba, ¡lo intenté! —gritó llevándose una mano al corazón y arrugando el poncho Burberrys negro de cuello alto que la cubría y la mantenía caliente—. Y no supe hacerlo. Luego estaba la maldita hambre que me saqueaba —gruñó con rabia— y hacía que tuviera los colmillos fuera de la boca todo el día. Estar cerca de Itachi no lo mejoraba, porque le olía. Hora sí, hora también. Oía a mi hijo sonreír cuando yo inhalaba el olor de su padre. Él sabía quién era. Cuando miraba a Itachi, mi pequeño siempre me decía: «Allaidh es tu príncipe». Sí, era mi príncipe, y tenía razón. Pero mi príncipe me había desechado y yo quería castigarlo con mi distanciamiento y también con mi secreto. Itachi nunca conocería a Aodhan. Jamás. Yo cuidaría de mi hijo, fuera como fuese.
Sakura tomó aire para seguir con su narración, para calmarse y soportar la avalancha emocional que se cernía sobre ella.
Oh, I need the darkness, The sweetness,
The sadness, The weakness,
Oh, I need this,
I need a lullaby, A kiss goodnight,
Angel, sweet love of my life
Oh I need this.
Oh, necesito la oscuridad, La dulzura,
La tristeza, La debilidad,
Oh, necesito esto,
Necesito una canción de cuna, Un beso de Buenas noches,
Un Ángel, el dulce amor de mi vida,
Oh, necesito esto.
—Pero entonces —continuó—, día tras día, sentí que Aodhan se debilitaba... Había pasado de hablarme mucho, a no hacerlo casi nada. Una noche me levanté, con unos dolores horribles en los riñones y con muchas náuseas. Me interné en el bosque porque no quería que nadie me viera en ese estado, no quería que nadie sospechara nada, estaba sólo de veintiún días. Caí de rodillas al sentir un aguijonazo en el vientre y sentí la humedad entre mis piernas. Vomité sangre, y cuanto más vomitaba, más intentaba cerrar las piernas para que mi hijo no se fuera —Sakura no dejaba de llorar y sollozar entre hipidos desesperados—. Le pedí que no me abandonara... que no se fuera. «Quédate conmigo, Aodhan. No me abandones. Is caoumh lium the, Aodhan» —susurró haciendo pucheros—. Pero aborté. Tuve un aborto espontáneo. Lo dejé ir, fracasé —narró, atormentada, tapándose la cara con las manos—. No fui suficientemente buena para él. Yo lo quería con todo mi corazón, con toda mi alma. Pero no fui lo suficientemente fuerte para mantenerlo con vida.
—¡Sakura! —Temari corrió a abrazarla, a darle el apoyo, la ternura y el afecto que aquella mujer necesitaba—. Sakura...
—Y todavía sigue aquí —murmuró sobre el hombro de la Cazadora—. Sigue aquí —Se golpeó el pecho—. Culpé a Itachi por todo. Por ser una desgraciada, por ser la Elegida, por hacerme daño, por perder a mi hijo... Nunca lo pude perdonar. ¡Y odio a los dioses! —gritó desgarrándose la garganta—. Los odio por marcarme, por engañarnos... Itachi fue víctima de Freyja..., y después de todo, después de todo lo que hemos pasado, resulta que él era inocente y lo único que hacía con su comportamiento era protegerme.
Las cuatro se quedaron en silencio.
Temari mecía a un ritmo pausado a Sakura mientras le acariciaba el pelo con suavidad. La vaniria necesitaba calmarse y sentirse querida y apoyada.
Karin se había sentado a su lado, y había entrelazado los dedos con ella.
Koharu se estaba secando las lágrimas, mirando al cielo como si estuviera pidiendo explicaciones a las estrellas por aquella gran injusticia, como si esos luceros, testigos de todo lo que acontecía en la Tierra, fueran los culpables.
—Sakura —susurró Karin—. No puedes culparte de la muerte de tu hijo. Tienes que dejar de sentir eso... Es demasiado tiempo torturándote.
Sakura negó en silencio.
—No lo puedo olvidar. Él no me deja. Todavía lo siento conmigo.
—¿Quién no te deja? –preguntó Koharu.
—Aodhan —susurró Temari contra el pelo de Sakura.
—¿Lo oyes? Tú eres la Cazadora. ¿Ha venido a ti? Yo sueño con él —la vaniria levantó la cabeza y la miró con los ojos verdes más brillantes que nunca y las pestañas húmedas de lágrimas—. ¿Lo has visto alguna vez?
—No —contestó Temari, secándole las lágrimas con los pulgares—. Pero lo siento en ti. Hace unos días, cuando te fui a buscar a tu casa y tú no me abriste, quería hablar contigo sobre esto. Verás, en la boda de Koharu, Homura me dijo que yo debía ayudarte con tu problema. Me explicó que no sabía qué era lo que te pasaba, pero que tú eras la velge. Tenía que ayudarte de algún modo a despertar. No sabía cómo hacerlo, esa es la verdad — dos lágrimas enormes cayeron por las comisuras de los ojos oliváceos de Temari—. Pero unas noches atrás escuché la voz de un niño.
Sakura se mordió el labio inferior, escuchando con atención plena a la cazadora de almas.
—¿Qué te decía? —preguntó Karin mordiéndose las uñas.
—Me decía: «Ayuda a mi madre a que derrame todas las lágrimas y abandone la amargura. Ayúdala a ser quien es» —explicó con voz neutra—. No lo podía ver; era como una chispita de luz que revoloteaba a mi alrededor. Yo quería abrir un portal para liberar el alma de ese niño, pero él me detuvo. Me dijo: «No me puedo ir. Estoy en ella. Sólo ayúdala a llorar para que yo pueda regresar» —Temari exhaló—. Las otras veces que te veía empecé a sentir la presencia de ese niño a tu alrededor. No quiere decir que su alma esté alrededor, no es eso, es algo más complejo. Forma parte de tu alma, de ti, es un nudo indivisible. Entonces entendí lo que te sucedía. Yo esperaba que vinieras a hablar conmigo, estaba harta de que me rechazaras, pedazo de cabezona —Le agarró la cara con las manos y besó su frente—. Sabía que tenía que darte espacio, pero me daba tanta rabia, Sakura... No quería verte sufrir. Quiero ayudarte a que dejes de sufrir por él.
—Y yo sabía que tú estabas percibiendo las cosas — reconoció Sakura—, pero me daba miedo aceptarlo y reconocer que Aodhan seguía conmigo. Me daba miedo pronunciarlo en voz alta, y dejar de sentir a mi hijo junto a mí, liberarlo. Yo... No le dejé marcharse.
—A eso es a lo que me refiero. Creo que no tienes que dejarlo ir —confesó Temari—. Deja de negarlo, Sakura. Permite que Aodhan siga ahí, donde sea que esté, no dejes que se convierta en un fantasma, como si nunca hubiera existido. No debes olvidarlo. El alma de Aodhan es tuya. Te pertenece. Hay almas que se anudan a otras hasta que llega el momento de reencarnarse, de regresar. Hay una teoría que afirma que estamos en grupos de almas y compartimos nuestras vidas terrenales siempre con las mismas, a diferencia de que quien fue tu padre en esta vida, en la pasada fue tu primo, o tu novio o vete a saber... Convivimos con las mismas almas en cada reencarnación y adoptamos diferentes roles. Tú puedes retener un alma con el simple deseo de que no se vaya, pero en este caso, es Aodhan quien se ha quedado aquí, quien ha decidido estar contigo —dijo su apasionada amiga—. Aodhan se ha quedado en ti porque quiere volver a ser tu hijo. Ése es su lugar. ¿No lo entiendes? Quiere reencarnarse.
Sakura se humedeció los labios y miró a las mujeres.
—¿Reencarnarse? ¿Cómo?
—Pues no sé —exclamó Karin, medio bromeando—. ¿Con la puntita? No, que ordinariez —puso los ojos en blanco—. Déjame adivinar: ¿la cigüeña lo traería?
Koharu miró a Karin de reojo, sorprendida por las salidas de la híbrida.
—Cuando pienso que sólo Temari es capaz de soltar ese tipo de comentarios, vas tú y me sorprendes —murmuró aguantándose la risa.
—¿Qué esperabas? Somos de Barna —replicó Temari pasándose la lengua por los dientes.
—Comentarios a parte. Estoy de acuerdo con todo lo que habéis dicho —asintió Koharu muy interesada por la conclusión de Temari—, pero, después de esto, tengo algo muy claro. No te liberarás del todo hasta que no le digas a Itachi la verdad. Ya no hay razón para ocultárselo. Se acabó el esconderse.
—Koharu, no quiero que me mire y vea que fui incapaz de mantener a su hijo con vida. No soportaría decepcionarlo de nuevo. Él me odia.
—Perdona, Sakura —interrumpió Karin—, pero creo que si hay algo bueno que tú y Itachi podréis hacer después de estos dos mil años, es deciros la verdad a la cara, para variar. Y se acabó. Itachi no te juzgaría después de todo lo que has pasado. En todo caso, creo que serás tú quien recoja sus pedazos, nena.
—Estoy muerta de miedo... —Admitió desconsolada—. ¿Crees que no quiero? Quiero explicárselo todo, quiero que me acepte, pero estoy en territorio desconocido y no sé cómo va a actuar él después de confesarle quien es Aodhan.
—Yo sí que sé cómo va a actuar el doctorcito —asintió Temari con una sonrisa enigmática—. ¿Has visto cómo te miraba en el entierro?
—Estás pensando en guarradas —susurró Sakura con un deje divertido. Miró a sus amigas, y se emocionó. ¿Era así de fácil abrirse a los demás?—. Gracias. Gracias por escucharme. Sé que ninguna de vosotras ha pasado por algo así pero...
—No hace falta pasar por algo así para empatizar contigo —dijo Temari—. Cuando mi padre me clavó el puñal en el vientre, tocó algo en mi interior que me dejó estéril —confesó la joven, todavía asustándose con el recuerdo.
—¿Qué? —Karin se levantó de golpe con los puños apretados y se colocó frente a Temari, con el rostro desencajado—. ¿Qué has dicho, Temari?
—Lo que oyes, Karin. Al encontrarme cara a cara con Freyja me dijo que si prometía ayudar a los clanes y ponerme de su parte, ella me devolvería la fertilidad.
—Dios mío —susurró Koharu incrédula ante lo que oía.
—Como yo le prometí que la ayudaría, me dio una manzana para que la mordiera y me dio de nuevo el don de tener hijos.
Karin exhaló el aire, más tranquila al saber que su amiga del alma no había salido mal parada de aquel incidente.
—Con esto quiero decir que no he perdido a ningún hijo, Sakura. Pero he tenido la sensación de no poder tenerlos. Hay mujeres que les da igual tener o no tener niños, hay mujeres que los tienen y los abandonan, y hay otras que los tienen sin quererlos... No todas tienen instinto maternal, ya lo dije una vez: ser mujer no implica ni que tengas que ser madre ni que vayas a ser la mejor, en caso de que los tengas. Pero a mí me encantan los niños, yo sí quería hijos en un futuro. Los quiero con Obito. Si me hubiera quedado estéril, hubiese sido un gran palo para mí, aunque la vida me ha traído a Riku y a Nori, y joder, no os podéis imaginar lo que quiero a esos renacuajos. Los quiero como si fueran míos. —Sus ojos verdes azulados se llenaron de calidez—. En fin, que puedo entender el dolor que has podido sentir por tu pérdida, Elegida.
Sakura asintió y dejó que la abrazara con fuerza.
—Me estáis dejando muerta —murmuró Koharu, sorprendida por todas las confesiones que estaban teniendo lugar bajo ese roble.
—Y a mí me dejó muerta que mi abuelo tuviese contacto con los dioses —aseguró Karin, todavía incrédula—. ¿Lo sabías? Tú eres su kone, ¿él no te dijo nada?
Kone: en noruego significa: «mujer, compañera, esposa».
Koharu negó rotundamente.
—No, mi niña. En ningún momento me mencionó su contacto con Odín y Freyja. Pero estoy segura de que sea el motivo que sea por el que lo ocultó y lo oculta, merecería la pena. Homura no hace nunca nada porque sí. Como los dioses tampoco creo que disfruten haciéndonos pasar por malos tragos sólo por diversión. Hay razón detrás de todo esto, y estoy convencida de que cuando lo averigüemos no nos sentiremos tan resentidos como ahora. No sirve de nada enfadarse con Homura por esto. Sé que cuando me explique por qué lo hizo, lo entenderé. En fin. —Dio una palmada y les metió prisa con las manos—. Abrid esas botellas y dejadme inconsciente.
Sakura arqueó las cejas y todavía con lágrimas en los ojos, dejó caer la cabeza hacia atrás y se puso a reír a carcajadas.
Dioses, se sentía mucho mejor. Después de sincerarse, después de descargar toda la ira y la pena, las aguas volvían a su cauce, limpias, transparentes y puras. Sakura había sido dueña de su silencio, dueña de su secreto, pero a partir de ahora sería esclava de sus palabras, y de sus revelaciones. Ahora tenía que ser consecuente con todo lo que había dicho, y tal y como le habían aconsejado las tres mujeres; debía aclarar las cosas con Itachi y revelarle el mayor secreto de todos, que todavía le amaba con todo su corazón.
Koharu metió la mano en el paquete de cartón y sacó una botella con una etiqueta negra colgando del cuello como si fuera un librito. En la portada había un escudo negro y rojo con una boca abierta enseñando la lengua al más puro Rolling Stone, a diferencia de que esa bota, tenía colmillos.
—¿Qué es esto? —preguntó Koharu sonriendo al ver el logo.
—Es hidromiel y se llama Vanir D'Melis —contestó Temari—. Si tengo que esperar que liberemos a Shisui para que vuelva a preparar un barril entero de hidromiel, creo que nos darán las uvas. Así que he decidido comprarlo y encargarlo yo misma. No me miréis así —entornó los ojos ante la cara de duda de sus amigas—. Shisui sigue vivo, no lo dudéis, él no ha venido a mí y me juego lo que sea a que ese hombre está lejos de convertirse en un vampiro desalmado. Él estará bien cuando lo encontremos —Temari quería mucho a Shisui, y esperaba de corazón que sus palabras fueran ciertas—. A lo que iba: buscando por internet, me salió este hidromiel como uno de los más exquisitos del mundo. Me metí en una web española que se llama Tastaris y hace envíos internacionales, y pedí dos cajas enteras para tenerlas en mi casa. A Obito le ha encantado — guiñó un ojo y descorchó una botella—. Pasadme las copas.
—¿Vanir? ¿Qué curioso? —murmuró Sakura— Mmm..., huele muy bien, huele como el que hace Shisui.
—¿Sabes qué he descubierto, Karin? —dijo Temari mientras llenaba las copas hasta arriba.
—No —Se levantó y fue a alzar el volumen de la radio del coche—. Adoro esta canción —murmuró contoneándose y recogiéndose el pelo por encima de su cabeza—. When she was a young girl... —tarareó desafinando—. ¡Cry cry de Oceana, baby!
—Sí, lo que tú digas —Temari ignoró su comentario— ¿Sabes hasta dónde ha llegado el Vanir D'Melis?
—Ilumíname.
—Hasta La Reina de Corazones de Barcelona. Vi un link que hablaba de ello.
—¿De verdad? —Cogió una botella y le echó un vistazo mientras daba un sorbo generoso a la copa—. Dios... ¡Qué rico! —le dio otro.
—¿Qué es la Reina de Corazones? —preguntó Sakura bebiéndose la copa entera de golpe—. Vaya, sabe igual que el que prepara Shisui... —Sakura leyó la historia escrita en la etiqueta—. ¿Placer adulto? Sí, definitivamente, suena mucho a Shisui.
—La Reina de corazones es un restaurante impresionante que hay en nuestra ciudad. Se come de vicio y está todo ambientado y relacionado con Alicia en el país de las maravillas. Tiene dos plantas y los dueños son excelentes personas, nos encantaba comer ahí.
Koharu alzó la copa y ofreció un brindis:
—Las sacerdotisas no solemos cerrar pactos ni ruedas de la verdad con una bebida alcohólica, pero supongo que como es la bebida de los dioses, se puede pasar por alto, hoy es una noche de confesiones y promesas —dijo en voz alta—. Los dioses nos ven y nos escuchan, y saben lo que estamos sufriendo con todo lo que nos sucede en la Tierra. Yo prometo seguir luchando con los clanes, si ellos prometen también —alzó la copa y brindó con las estrellas—, cuidar de nosotros y apoyarnos. Pero mientras ellos no lo hagan, sólo nos tenemos las unas a las otras. Yo en vosotras y vosotras en mí, y nadie más.
—Por Naruto, que sé que desde allí arriba nos está vigilando —Temari mandó un beso al cielo—. Yo en vosotras y vosotras en mi, y nadie más.
—¡Amén, hermana! —exclamó Karin haciendo chocar todas las copas—. Yo en vosotras y vosotras en mí, y nadie más.
—Una vez leí que los amigos eran sujetadores —aseguró Sakura con cara de póquer—. Porque se encargan de sostenerte para que nunca decaigas. Gracias por sostenerme. Yo en vosotras y vosotras en mí, y nadie más.
Todas brindaron entre lágrimas y secretos, risas y complicidades.
Temari se llenó la copa de nuevo y rellenó la de sus amigas.
—Ni Karin ni Koharu han hecho ninguna confesión, ¿verdad, Sakura? —refunfuñó Temari picando a sus compañeras.
—Eso es porque no tienen ningún trapo sucio que airear —comentó la vaniria, sintiéndose cómoda con ellas como nunca antes se había sentido—. Han sido unas santas.
Karin levantó una ceja incrédula y Koharu se bebió la copa de golpe.
—¿No quieres confesar nada, amiga? —Temari le dio un culetazo a la híbrida y se echó a reír.
—Me encanta que me aten —confesó la híbrida como si diera la hora.
Sakura frunció el ceño.
—¡Pues vaya confesión más chorra! A mí también me gusta que me aten —exclamó Temari—. Nosotras hablando de niños perdidos y ovarios destrozados y vas tú y vienes con nudos marineros. Podrías decir algo como: ¡soy una desgraciada porque me pone cachonda mi abuelo!
Koharu se dobló sobre sí misma, muerta de la risa y dijo:
—¡A mí sí que me pone cachonda!
—Pues a mí me parece muy sórdido —Karin bebió de la copa sin darle importancia al tono indignado de la Cazadora ni al comentario jocoso de Koharu—. Lo demás en mi vida es muy aburrido: matan a mis padres cuando tengo cinco años, me sedan a partir de los seis años y me convierten en una víctima de Alzheimer precoz hasta los veintiuno. Mi abuelo es una copia exacta de Gerard Butler, y mi pareja eterna, que es muy agresivo sexualmente hablando, huele a mango y prácticamente lo utilizo de mordedor, como si fuera un bebé al que le están saliendo los dientes. ¡Ah, y bebo sangre, no te pierdas!
Temari entrecerró los ojos y le dijo:
—Ya vez qué cosa —la abrazó y le dio un beso en la mejilla—. Y yo te quiero, es lo único que debe importarte.
—Está bien niñas. Yo os daré una confesión —Koharu que ya estaba achispada y los ojos le hacían chiribitas, levantó la mano como si estuviera en clase—. En realidad, he mantenido este secreto durante mucho, mucho tiempo —Su rostro se ensombreció y las miró con solemnidad—: Me llamo Ko y tengo rabo. ¿Qué os parece? ¿Es una buena confesión?
Las tres jóvenes abrieron los ojos desorbitados. Sakura se atragantó con hidromiel, Karin desencajó la mandíbula y a Temari le entró un tic ocular. Se quedaron cortadas y en silencio.
—¡Estoy bromeando! ¡Por el amor de Dios! —desinhibida, Koharu daba vueltas sobre sí misma y reía a carcajadas.
Las cuatro se echaron a reír y dejaron que la noche, las estrellas, el olor a bosque y el hidromiel borraran los malos recuerdos. Y permitieron que la música y la amistad renovaran sus almas con nuevas experiencias que sólo las amigas de verdad podían compartir.
