Capítulo 24

Al día siguiente.

Dudley. Habitación del hambre.

Las píldoras eran una mierda. La conclusión estaba clara para Itachi. Sí, calmaban el hambre, y sí, te hacían sentir mínimamente mejor, pero no se podía comparar jamás al sabor gustoso y suculento de Sakura.

Un pensamiento relacionado con aquella mujer y ya estaba todo su cuerpo revolucionado, esperando encontrarla en cualquier lugar, como un hombre dependiente de su pareja. Mierda, le temblaban las manos, y necesitaba estar sereno para lo que iba a hacer.

Suiren y Ameyuri estaban sentadas en unas sillas, espalda con espalda, atadas de pies y manos. La rubia intentaba acostumbrarse a la oscuridad de aquel agujero, ¿Dónde estaban? ¿Bajo tierra? Y la pelirroja de pelo corto como que todavía estaba aturdida por las drogas, intentaba mantener la cabeza recta, pero le caía primero a un lado, y luego, al otro.

Deidara caminaba en círculo alrededor de ellas. Estaba intimidándolas, poniéndolas nerviosas. Itachi miró hacia la puerta. ¿Dónde estaba Sakura? ¿Acaso no quería ella formar parte en el interrogatorio? Por los dioses, cuantas ganas tenía de verla...

La noche anterior, había ido a verla sin que ella se diera cuenta. Quería asegurarse de que ella estaba bien, de que podía mantenerse con las pastillas y de que... ¿Pero a quién engañaba? La noche anterior había querido comprobar si la vaniria lo estaba pasando tan mal como él. Si lo echaba de menos, si tenía hambre, si le dolían los colmillos y tenía la piel tan sensibilizada como él. Estaba preparado para entrar en su habitación, meterse en su cama y en su cuerpo y no dejarla hasta que confesara qué o quien era Aodhan. Deidara le había abierto los ojos al respecto, y eso lo puso nervioso e hizo que la impaciencia en él lo desbordara. A lo mejor Aodhan no era un hombre... Pero dudaba que fuera un perro. Así que, con toda su decisión, se había encaramado al balcón que daba a la habitación que ocupaba en casa de Karin, dispuesto a hacerle una visita. Pero allí no había nadie.

Enfadado consigo mismo, irritado con ella por no encontrarla llorando en la cama echándole de menos, decidió esperarla, oculto entre las sombras que proyectaba la luna. Sakura había regresado a las cuatro de la mañana, con las mejillas sonrosadas, los ojos verdes brillantes y soñolientos y el rostro relajado como nunca. Itachi no podía creer lo que sus ojos estaban viendo. La mujer se dejó caer en la cama, boca abajo, cansada de aguantar su propio peso. Se llevó la mano a la parte delantera del pantalón tejano y la empezó a mover. Él entró en catarsis. Abrió los ojos y tragó saliva. «¿Se está tocando?». Pero no, nada de eso. Su vaniria había sacado el botecito con las pastillas del demonio y las había dejado encima de la mesita de noche, justo al lado de un cuenco con cincuenta chupa-chups de vainilla.

Itachi inhaló con fuerza y dejó que el limón y algo más lo inundaran... Hidromiel dulce. Como el de Shisui. Sonrió con pesar. Sakura estaba borracha, se había ido de fiesta la muy sinvergüenza y, mientras él estaba en su balcón como un perro abandonado y deseoso de que su dueña lo sacara a la calle. Estudió sus gestos, sus movimientos, el suave subir y bajar de su espalda al respirar. Las pestañas largas y negras que se cerraban poco a poco, y la boca apetitosa que, relajada, quedaba entreabierta. Apoyó la palma de su mano en el cristal de la puerta del balcón y deseó poder atravesarlo sólo para acariciarla y abrazarla. «¿Sakura, quieres que duerma contigo?»

Se moría de ganas de hablar con ella mentalmente, pero habían acordado no hacerlo; bueno, en realidad, él se lo había ordenado y tampoco quería volverla loca con sus cambios de ideas. Además, la pobrecita tenía un mareo bastante importante encima, así que lo mejor sería dejar que descansara, ella que podía y esperar al día siguiente.

Y el día siguiente había llegado, y ahí estaba él, a punto de atormentar a dos asesinas torturadoras que tenían a su hermano escondido en algún lugar, y esperando la llegada de la vaniria como agua de mayo.

—Adelante, Itachi —ordenó Deidara cruzándose de brazos delante de ellas.

Itachi se apretó los nudillos y movió los dedos como si fueran serpientes. Agarró una silla y la colocó en frente de las dos rehenes.

—Suiren —se dirigió a la rubia vestida toda de negro—. Ese es tu nombre, ¿verdad?

La chica seguía mirando al frente, sin contestar.

—Ameyuri me contó que eres la sobrina de ese deshecho llamado Kisame Hoshigaki. ¿Es eso cierto?

—Yo no le he dicho nada... —Susurró Ameyuri débilmente.

—Calla, Ameyuri, No hables —dijo la rubia moviendo las muñecas, intentando liberarse.

Se escuchó un taconeo pausado descender por las escaleras, Itachi se tensó y miró por encima del hombro. Los guardas abrieron la puerta y saludaron a Sakura con educación. Tras ella, la híbrida y la Cazadora la secundaban.

Sakura entró en aquel agujero oscuro y clavó la vista en las dos humanas, ignorando a Itachi por completo. Se acercó a ellas. Su conflictiva caraid llevaba un chupa-chups en la boca, y su glorioso pelo rosa suelto y salvaje. Una gabardina negra cubría su cuerpo hasta los muslos, lo demás eran piernas interminables de seda y piel cremosa. Unos zapatos negros de tacón cubrían sus pies. Su rostro brillaba limpio a excepción de la suave línea de kohl negro en sus ojos. Por lo demás, era la cara más bonita del mundo.

—No se trata de hablar o de no hablar —dijo Deidara—. Vamos a conseguir la información como sea.

Sakura se acuclilló delante de Suiren. Tenía la piel clara, y los ojos de color verdoso azulado, pero ni mucho menos tan claros como los de ella.

—Ven aquí, Temari —Le ordenó, Sakura.

—¿Qué haces? —preguntó Itachi. No comprendía ni su actitud ni el hecho de que estuvieran ahí las tres juntas.

Temari le guiñó un ojo a Itachi y se colocó al lado de Sakura. Karin agarró una silla y se puso en frente de Ameyuri.

—¿Y tú qué eres? —balbuceó Ameyuri, contemplando a la híbrida—. ¿Un ángel?

—¿Qué le has dado a ésta? —susurró Karin, entretenida.

—Nada —contestó Deidara secamente—. Le gustas.

—Nosotras las interrogaremos —afirmó Sakura—. Ameyuri responde mejor a las mujeres y puede que Suiren también. Además, Itachi —lo miró por primera vez, sacándose el chupa-chups de la boca—, tú ya interrogaste a Ameyuri hace tres días y no conseguiste nada, ¿cierto?

El sanador no encontró una réplica adecuada. Le hizo de todo, y Ameyuri no podía revelar nada en su mente. Sí que le contó algunas cosas de las que le habían hecho, pero no reveló nada sobre la ubicación de su hermano.

—¿Qué habéis pensado?

—Los puntos de presión Sipalki que empleas están bien, pero creo que con ellas se necesita algo más radical. Podríamos hacer un tratamiento combinado, ¿qué te arece?

Temari extendió la mano al frente, y sobre ella se materializó una flecha azul eléctrico iridiscente. Todos conocían la fuerza y el poder de las flechas de la Cazadora. No sólo dolían físicamente, tocaban el alma de las personas y les removía la conciencia. Actuaban como un suero de la verdad.

—¿Qué eres tú? —preguntó Suiren asombrada.

Temari sonrió.

—Tu peor pesadilla, guapa. ¿Dónde lo quieres?

—¿Dónde quiero qué? ¡Soltadme, escoria!

—¿Escoria? —repitió Karin arqueando las cejas.

—Sois vampiros, no merecéis vivir. Sois aberraciones genéticas que...

—Meeeec —Temari imitó el sonido de una bocina—. Respuesta incorrecta.

—En el muslo —le indicó Sakura.

Temari asintió, alzó el brazo y le clavó la flecha en la pierna.

Suiren gritó, presa de la aflicción más dolorosa que su cuerpo había experimentado.

—Empecemos —Sakura miró a Itachi—. Métete en su cabeza y barre con todo lo que encuentres a tu paso.

Itachi asintió. Joder, Sakura dando órdenes era sexy hasta decir basta.

—¿Dónde está Shisui?

Suiren apretó los dientes y gruñó mientras la piel se le cubría de sudor.

Temari se acercó y removió la flecha con su mano.

—¡Puta! —exclamó Suiren dirigiéndole una mirada asesina—. Muerto.

Itachi agarró a Suiren de los brazos y la levantó en vilo, enseñándole los colmillos.

—Mírame. Se parece a mí. ¿De verdad está muerto?

Suiren estudió las facciones de aquel hombre pelinegro. Sus ojos negros, su hoyuelo en la barbilla, aquella boca... Sí, se parecía al pelinegro que le habían mandado a torturar.

—Si no bebe sangre pronto, morirá —explicó ella con voz ártica—. Es un vampiro y sus heridas no cicatrizaran hasta que se alimente de sangre humana.

—¡Mi hermano no es un vampiro!

Itachi sintió una mano cálida y fuerte sobre el brazo. Deidara intentaba tranquilizarle.

—Bájalas —ordenó.

Ameyuri y Suiren estaban suspendidas en el aire y sólo los brazos de Itachi las sostenían. Las dejó en el suelo de golpe.

—¿Qué es esto que siento? —Suiren se miraba la flecha y empezó a llorar como una loca, como si estuviera recordando cada una de las cosas horribles que había vivido en sus veintiséis años—. ¡Sacádmela!

—No hasta que contestes, Suiren. Desata a Ameyuri —pidió Itachi a Karin.

Karin quitó las cuerdas de las muñecas y los tobillos de la humana y la llevó en frente de Suiren. Ambas se miraron a los ojos, como si aquello no estuviera pasando en realidad.

—Suiren, vas a hablar o mataremos a tu amiga delante de ti —aseguró Sakura—. Para mí eres una asesina que ha torturado a mi amigo, no mereces ninguna consideración por mi parte. Dime dónde está, sólo eso, y el dolor desaparecerá.

—Los vampiros no tiene empatía, ni establecen vínculos emocionales... —decía Suiren negando con la cabeza—. Sois vampiros.

—Y luego a mí me llaman testaruda —Temari puso los ojos en blanco.

—No somos vampiros —Sakura le alzó la barbilla—. Hueles a Shisui, debiste conocerlo, debiste coincidir con él.

Sakura retorció ella misma la flecha en el interior de su muslo. Suiren intentó llenar sus pulmones de aire.

—No me gusta esto, ¿entiendes? —aseguró Sakura—. Sé que eres de Newscientists, sé lo que hacéis con los seres que son como yo, como nosotros. ¿Qué eres de Kisame?

Suiren sólo era una física que estaba obsesionada con los quarks. No la habían preparado para la tortura. Itachi presionó un punto detrás del lóbulo de la oreja a Ameyuri, y la chica se quedó inmóvil, sin parpadear, de rodillas delante de ella.

—¡No sé dónde está Shisui! —gritó Suiren asustada al ver a Ameyuri así—. Nos recogen y nos llevan a ese lugar. Los coches tienen los cristales tintados y no podemos ver a dónde nos llevan. Lo hacen por seguridad... ¡Duele! —Gritó doblándose hacia adelante.

—A Ameyuri en cambio le hacen una limpieza mental. Le borran los recuerdos —explicó Itachi—. ¿Por qué crees que lo hacen, Suiren?

—¿De qué hablas? Ameyuri sabe lo mismo que yo —defendió a su amiga.

—¿Estás segura?

Suiren miró a Ameyuri. Ni siquiera parpadeaba, estaba quieta como una estatua.

—¿Qué relación tenéis tú y Kisame Hoshigaki? —preguntó Itachi.

—Es mi... Mi pa-padre adoptivo. Por favor... por favor... —repitió mirando a la pelirroja—. Dejadla a ella. Ella es...

—¿Quieres saber lo que es ella? —Itachi apretó con el índice y el pulgar en el surco mentolabial de Ameyuri, por encima de la barbilla. La chica puso los ojos en blanco. Ameyuri estaba sufriendo un resetéo en su sistema cerebral. El efecto duraba unos minutos, así que debían aprovechar el tiempo.

—¿La vas a matar? —lloriqueó Suiren.

Ameyuri abrió los ojos de nuevo y los focalizó en el sanador.

—Si te hago dos veces más lo que acabo de hacerte, morirás —le advirtió Itachi para que supiera lo que le esperaba si no colaboraba—. Ahora, explícale a Suiren la verdad de lo que hacéis allí. Cuéntale lo que me contaste a mí.

—Nunca te he contado nada. Nunca te he visto —juró Ameyuri.

Itachi le había borrado el recuerdo para que no pudiera explicar nada, por eso Ameyuri no reconocía ni a Sakura ni a él.

—Dile que has estado mintiendo todo este tiempo —continuó el sanador—. Dile que ahí no tratáis con vampiros, que no estáis trabajando para liberar al mundo de la plaga de colmillos que asola las calles. ¡Díselo!

Suiren frunció el ceño sin perder el contacto visual con Ameyuri.

—¿Ameyuri? ¿De qué habla? —preguntó asustada.

—Enséñale lo que tienes debajo de la axila —ordenó Itachi, quitándole el jersey blanco de cuello vuelto y dejándola en sostén.

Ameyuri, aturdida todavía, alzó el brazo poco a poco, hasta que mostró su axila. Debajo de ella, habían dos puntos rojos abiertos. Dos incisiones.

—Dile, Ameyuri. ¿A quién alimentas?

—A... A... Hidan y a Delta —susurró trémulamente.

Suiren se quedó sin aire. Dos puntos rojos. Dos incisiones. Dos agujeros en la piel. Succión. Vampiro. Su cerebro relacionó todas esas palabras y se quedó blanca.

—No es verdad —negó con rotundidad—. Te están manipulando, Ameyuri. Ellos saben cómo entrar en nuestra cabeza, ellos... ¡Defiéndete, maldita sea! ¡Nos han enseñado a hacerlo!

Ameyuri alzó la mirada y la clavó en Suiren. Parecía desolada y muy desorientada.

—Cuéntaselo todo o te juro que te clavo estos —Itachi le enseñó el índice y el pulgar juntos—, entre ceja y ceja.

Ameyuri asintió, temerosa por su propia vida. Le quedaba poco para que Delta la transformara, la vampira se lo había prometido, no podía morir antes de tiempo. Y aunque quería a Suiren y estaba enamorada de ella, prefería la inmortalidad. Delta la sacaría de aquel agujero.

—Trabajamos para Newscientists, cariño. No cazamos vampiros, Suiren. Trabajamos con ellos.

La rubia se quedó inmóvil ante la revelación tan simple y llana de su amiga Ameyuri.

—No.

—Sí.

—Continúa —Itachi la empujó ligeramente.

—Hidan, Kakazu, Delta... Son vampiros.

—¡No! —gritó Suiren con los ojos llenos de lágrimas.

—Daibutsu era un vampiro, también. Murasame y Hummus son lobeznos. Hombres lobo —aclaró—. Hidan te manipuló. Se sirvió de uno de los hechizos de Murasame para que de..., de alguna manera no vieras sus verdaderos aspectos. Lo han hecho así desde que eras pequeña. Pero no tienes que preocuparte, estamos a salvo con ellos. Delta y los demás vendrán a por nosotros y nos liberarán.

—Delta está muerta —confesó Sakura repasando a Ameyuri con cara de asco.

Ameyuri abrió los ojos y se quedó en shock, mirando al frente.

—Ellos vendrán —susurró Ameyuri sintiéndose desamparada—. Vendrán. Tú estás aquí y te necesitan. Vendrán a buscarnos. Sabían que pasaba algo raro. Ayer esperaba la visita de Delta, siempre venía a verme en mi día festivo —señaló melancólica—. Tenía que alimentarla. Pero no vino. Avisé a Hidan, por si él sabía dónde estaba, y no supo contestarme. Me dijo que traerían refuerzos para acompañarnos la próxima vez y que preparáramos la maleta porque íbamos a pasar un tiempo con ellos. Que trajésemos los silbatos, por si acaso. Pero a mí me molestaba el sonido y...

—Por eso llevabas tapones —entendió Sakura—. Ellos bebían de ti, pero, ¿has intercambiado sangre con ellos? ¿Con Delta a lo mejor?

—Sólo una vez, y muy poca —miró con desdén a Suiren, esperando una reacción herida por parte de la rubia, que nunca llegó.

—Suficiente para sentir cambios en tu cuerpo —aseguró la vaniria.

—¿Tapones? ¡Mentirosa! ¡Me dijiste que era porque te dolían los oídos!

—¿Sólo te importa eso? No te importa que me haya acostado con Delta, ¿verdad? —miraba a Suiren fijamente—. Nunca te ha importado nada. ¡Nunca te importe? —gritó mostrando algo más de emoción que la reflejaba hasta ahora.

—Olvídame, Ameyuri —susurró Suiren sin mirarla— Creí que eras mi amiga.

—¡Siempre quise algo más!

Sakura se llevó el chupa-chups de vainilla a la boca y las miró con interés.

—Kakashi disfrutaría como un loco viendo esto —aseguró Karin.

—Continúa —la instó Itachi.

—Suiren cargó el silbato, pero no contaban con que uno de vosotros se cubriera la cabeza con un casco de titanio. Eso te salvó —dirigió una mirada altiva a Itachi—. Salió mal. Esperábamos capturar a alguno de vosotros y al final...

Los hombros de Suiren temblaron haciendo contracciones, entretanto lloraba incrédula a lo que oía.

—¿Para qué la necesitan? —preguntó Deidara acercándose a Ameyuri—. ¿Por qué necesitan a Suiren?

—No lo sé exactamente —Ameyuri negó con la cabeza, despectivamente—. Yo sólo me encargo de controlar los signos vitales de los vanirios y los berserkers que torturamos. Pero creo que es por lo que ella hace, lo de estudiar los quarks y otros rollos de dimensiones en la tierra. Cuando Hidan te recogió, sabía que eras un genio—explicaba sin ningún tipo de remordimiento, centrándose en Suiren—. Hizo que Kisame te adoptara y te diera una buena educación para que desarrollaras tu don y les ayudaras en un futuro. Murasame te había visto en sus adivinaciones. Te veía como alguien importante para ellos, una persona clave.

—¿Tuvo algo que ver Hidan con lo que me hicieron? ¿Con los asesinatos de mi madre y mi hermana?

Ameyuri se relamió los labios y miró hacia otro lado.

—Contesta —Sakura le dio una colleja a Ameyuri.

—Sí. Él formó parte en... Todo.

—Kisame... ¿Kisame también lo sabe todo? —No le salía la voz, algo estaba ahogándole. La decepción.

—Sí, Suiren —Ameyuri estaba perdiendo la paciencia—. Todos ahí saben lo que hacen. Todos menos tú, tonta.

—¿Por qué nunca me lo dijiste? ¡Me engañaste!

—¿Me preguntas por qué? —Ameyuri no comprendía la pregunta—. ¿La vida eterna, Suiren? Todos los que trabajamos para ellos deseamos la longevidad, la fuerza, los poderes. ¡Todo! No soy la única que se presta a alimentarlos, nos necesitan, ¿no lo entiendes?

—¡Mataron a mi familia, Ameyuri! ¡Vi lo que les hicieron! —exclamó—. Hidan nunca me borró ese recuerdo, me lo dejó presente para alimentar el odio hacia los vampiros. ¿De verdad quieres convertirte en eso? Mis manos —se acongojó inevitablemente—... Han hecho daño a...

—Somos vanirios —contestó Sakura sacándole la flecha del muslo, con ayuda de Temari, y haciendo oídos sordos al sollozo de la humana. La tiró en una esquina y se desmaterializó—. Los buenos. No matamos a los humanos, al contrario, intentamos protegerlos. No necesitamos beber sangre para sobrevivir y somos inmortales. Pero, también tenemos colmillos porque nos gusta beber, sólo —remarcó, mirando de reojo a Itachi— de nuestra pareja. El problema es que nos cuesta mucho encontrarla.

Itachi se revolvió, agitado por esas palabras tan claras. Sakura sí era compasiva, sí era misericordiosa. Si Suiren era también alguien inocente, no estaba bien castigarla, por eso la Elegida la había liberado de la flecha.

Ameyuri, sin embargo, había sido cortada por otro patrón. No merecía compasión.

—Si Ameyuri ha intercambiado sangre con Hidan y Delta... ¿Hidan no podría contactar con ella mentalmente? —preguntó Temari.

—No mientras tenga droga en su sistema sanguíneo, ni tampoco mientras tenga los puntos de presión controlados. La sangre deja de irrigar el cerebro y los circuitos se rompen. No hay modo de contactar con ella. Me asegure de ello la otra vez Cazadora. No soy tonto.

—No, por supuesto. ¿Qué tontería? —replicó mirándose las uñas.

—¿Cuántos hay encerrados en esos laboratorios que simulan campos de concentración? —Itachi levantó a Ameyuri cogiéndola de los antebrazos.

Suiren apretó los dientes porque no quería escuchar la respuesta. En ese momento no se sentía orgullosa de sí misma, ni de su inteligencia.

—Nunca lo descubriréis.

Itachi gruñó y volvió a presionar el punto por encima de su barbilla. La mujer se desvaneció y su cuerpo fibroso y de líneas rectas se puso tenso. Las piernas de Ameyuri cedieron y no cayó al suelo porque él la estaba aguantando.

—Contéstame, sólo te queda una oportunidad —le dijo al oído.

—Muchos. Muchos... Hombres, mujeres y niños... Ahí hacen de todo. Es como el país de las maravillas... Mis ojos han visto cosas increíbles. Manipulan genéticamente, crean cadenas nuevas de ADN, hacen clonaciones, hibridaciones de todo tipo.

La rubia dejó caer la cabeza hacia adelante y se echo a llorar.

—No —gimió.

Temari y Karin se miraron y al instante sintieron compasión por Suiren. Sakura se acuclilló delante de ella.

—¿Shisui sigue vivo? —le preguntó en voz baja— Es alto, pelinegro, y...

—Sí. Le dejé con vida. Yo... Yo le torturé. No sabía...

—¿En qué quedamos, Zorra? —Deidara se inclinó y la miró a la cara, con los ojos azules oscurecidos por la rabia—. ¡O eres inocente o eres un puto verdugo! Decide ahora.

—Yo odio a los vampiros —susurró sin perderle la mirada a Deidara—. Los odio. Pensaba que él era uno de ellos. ¿Qué crees que le hice, imbécil? —No sólo a él, a todos los hombres que habían pasado por sus manos y que ella había hecho gritar de dolor.

Las chicas abrieron la boca, sorprendidas por el desafío abierto de la rubia.

—Entonces, cuando liberemos a Shisui, dejaremos que él decida lo que hacer contigo, ¿no? —Deidara temblaba, indignado.

—No lo podéis liberar. Y si lo recogéis con vida ya no será el mismo —comentó Ameyuri con una sonrisa perturbada—. Le darán sangre y lo convertirán.

—No si hacemos un trueque rápido —Itachi tiró a Ameyuri al suelo—. Vas a llamar a tu papi adoptivo, Suiren, y le vas a decir lo que yo te diga. Si eres importante para ellos, como dice Ameyuri, no te querrán perder, ¿no?

—¿Estás segura de que no ubicar el lugar exacto donde los tienen? —Insistió Sakura.

—No... Sólo sé que el trayecto duraba unos cuarenta y cinco minutos.

Itachi y Deidara se miraron el uno al otro, el sanador sonrió.

—Estrechemos el cerco, entonces.

—¿Y qué hacemos con Ameyuri? —Karin desató los tobillos de Suiren.

Deidara miró a la susodicha de arriba abajo.

—Es un esbirro de vampiros —escupió Itachi— Eliminémosla.

—¡Suiren, no lo permitas! —gritó Ameyuri presa del pánico.

Suiren giró la cara y no vio su ejecución. Con sólo dos dedos, Itachi acabó con la vida de aquella simpatizante de los jotuns.

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Kakazu estaba sentado frente a Hidan, en una de las salas contiguas a los potros de tortura. La sala era espartana, pintada de color blanco. Una sala de hospital. Kakazu llevaba su pelo rizado peinado en una cola alta. El rostro blanco y con venitas azuladas que le daban un aspecto siniestro. Jugaba con dos bolas chinas y las movía entre los dedos. Sus ojos blancos con un pequeño cerco negro alrededor no tenían vida alguna. Sus labios finos estaban curvados hacia abajo como si su boca tuviera un regusto amargo. Habían perdido el contacto con Delta y con Ameyuri. Los vanirios tenían a Suiren y la única ficha que les servía ahora era Shisui. Sin embargo, el druida era inmune a todo lo que le hacían. Incluso le habían dado sangre para convertirlo, cantidades ingentes. Lo habían alimentado con embudos y le habían introducido en el cuerpo litros y litros de líquido. Y el vanirio ni se había inmutado. ¿Qué pasaba con él? ¿Qué era lo que le hacía tan insensible? La única persona que lo afectaba ahora estaba en manos de Deidara y su clan.

Kisame entró como un resuello, con el móvil en la mano, sudando y muy nervioso.

—He hablado con Suiren. Piden un intercambio. Tenemos que hacerlo.

—No pienso soltar a Shisui —contestó Hidan—. Estamos buscando una reacción en cadena, Kisame. Suiren ha hecho un buen trabajo para nosotros, pero lo ha dejado todo listo para que podamos seguir sin ella.

—¿Qué insinúas? —preguntó el hombre aturdido.

—¡Qué Suiren no es la Elegida! —Hidan se levantó y dio un golpe encima de la mesa. Su pelo gris y lacio le cubría la cara y el mentón obstinado—. Que todavía no tengo a esa zorra aquí. Que el puto druida es indiferente a todo lo que le hacemos, que no hay manera de que yo pueda obtener su don, y que el sanador ya no está de parte de Loki. Pensé que teniendo a Shisui, con Itachi bebiendo sangre y Sakura sin intención de vincularse con él, al final Itachi se volvería nosferatum. Su transformación hundiría a Shisui, y con ellos dos de nuestra parte podríamos acabar con los clanes de la Black Country y llevarnos a los gemelos y a la Elegida. Pero parece que Odín y Freyja están jugando con nosotros, y de momento, no ha pasado nada de eso. Probamos con matar a Sakura, y eso provocó una cadena de acontecimientos en nuestra contra. La Elegida no murió y fue Itachi el que resurgió de sus cenizas para salvarla. Ahora sólo tengo al druida, y de momento me conformo con eso, es la única baza que tengo.

—No vamos a vender a Suiren —aseguró Kisame con solemnidad.

—No es tu hija, imbécil —espetó, Kakazu—. Te dijimos que no mantuvieras vínculos emocionales.

—Y no los he hecho, Kakazu. Pero no ha acabado el trabajo. Le queda poco y no podemos permitirnos errores de cálculos, podría salirnos todo mal. ¿Qué dice Hummus de todo esto?

—A Hummus hay que darle tiempo. Se está preparando —replicó Kakazu misteriosamente.

—No pienso devolverles a Shisui. Él es mío —gruñó Hidan apretando el puño.

—Entonces tracemos un plan, hagamos algo que nos deje contentos a todos. —Pidió Kisame— Traedme a mi científica y quedaos con Shisui.

—Si quieren un encuentro con nosotros, lo tendrán —aseguró Kakazu con una sonrisa demoniaca—. Veremos si sus instintos están afinados. Prepara el Memory.