Capítulo 31
Sakura estrechaba a Itachi entre sus brazos, acunándolo como a un niño pequeño. Se había transportado de nuevo a otro lugar, un lugar que ella había guardado celosamente en su memoria y que recordaba con melancolía. Allí, junto a Itachi, había pasado los mejores años de su vida. Estaban en el poblado cruithni. Se secó las lágrimas de los ojos, aturdida y confusa. ¿Qué hacía allí? Podía oler la leña quemada y también el olor a hierbabuena y cardamomo de las plantas medicinales de Itachi. Miró por encima de su hombro y vio la cabaña, el chakra de su sanador, el chakra en el que ella había perdido la virginidad y el corazón.
—Y él también —dijo una voz femenina desde dentro del chakra. Freyja se asomó por el marco de la puerta de madera y les saludó con la mano—. También fue su primera vez en todo.
La diosa vestía un traje azul y largo, de hombros descubiertos, con un escote que le llegaba justo por debajo del ombligo, en el que había incrustada una gema negra. Llevaba el pelo recogido en dos trenzas rubias que le caían por debajo de los pechos y sus ojos grises como la niebla destellaban alegres.
¿Qué demonios hacía la diosa Vanir allí? ¿Ella podría ayudarla? Si era así, estaría dispuesta a firmar una tregua con ella para que salvara a su macho y hacer a cambio lo que deseara.
—Freyja —susurró Sakura—. Han herido a Itachi —gimió acariciando la cara de su sanador—. No... Él no... ¡No respira! No, no le puedo arrancar el puñal porque me... Me quema. Hummus, ese lobezno, se lo ha clavado en el corazón.
—Normal. Es el puñal de un dios, y no lo puedes tocar sin que te hiera —murmuró acuclillándose delante de ellos.
Sakura la miró fijamente, esperando a que ella le diera alguna solución, un remedio ¡algo, por todos los dioses!
Freyja ladeó la cabeza y chasqueo con la lengua.
—No tiene buen aspecto, le ha atravesado el corazón y es un puñal muy poderoso. Solo los dioses pueden tocarlo.
Sakura apretó la mandíbula y estalló:
—¡Maldita sea, diosa zorra! ¡Ayúdame! ¡Haz algo por nosotros una vez en tu miserable vida! ¡Mira cómo estoy! —las lágrimas se deslizaban por sus mejillas sin control. Tenía la cara llena de sangre y sus ojos verdes irradiaban odio y desesperación—. ¡Me he tragado todo el orgullo de golpe y te lo estoy rogando!
Freyja negó con la cabeza.
—Ignoraré que me has insultado, perra. Si le ayudo ¿qué harás tú Por mí?
—Lo que sea —aseguró la vaniria, vehemente—. Lo que sea, lo prometo.
La diosa alzó una ceja y se rascó el lateral del cuello, como si estuviera meditando su respuesta.
—¿Lo que sea?
—Cualquier cosa por él, Freyja —repitió sin miedo, manteniéndose en su decisión—. Pídeme lo que quieras.
Freyja dio una palmada y un saltito de alegría.
—Trato hecho.
La Elegida no se lo podía creer. ¿Así de fácil? Se secó las lágrimas con el antebrazo y se retiró un poco para que Freyja procediera con el cuerpo de su vanirio. El hombre que había arriesgado la vida por ella. El hombre que quería a su lado para siempre.
La diosa tomó el mango del puñal con las dos manos y siseó al tocar las piedras negras que había en él. Con un gruñido, desclavó el arma del pecho de Itachi, tiró el puñal al suelo e inmediatamente le puso la mano sobre la herida. Cerró los ojos y susurro en voz baja:
—Devuelve al guerrero aquello que le han arrebatado — recitó en voz baja. La palma de la mano irradió luz dorada y cerró la herida amoratada—. Ya está. ¡Salvado! —exclamó triunfal.
—¿Seguro? —miró al pelinegro que todavía permanecía con los ojos cerrados, como si estuviera en medio de un plácido sueño—. ¿Seguro que está bien?
Freyja se espolvoreó el vestido con las manos y asintió mientras se levantaba, estudiando todo lo que había a su alrededor.
—Sólo necesita dormir.
—¿Qué pides a cambio? —preguntó Sakura, alzando la barbilla.
—Quiero que lo abandones y que nunca más vuelvas a verle.
Sakura palideció y los ojos se le llenaron de nuevas lágrimas.
Entonces Freyja soltó una carcajada y le dijo:
—Tranquila, mujer, sólo estoy bromeando —reveló con orgullo—. Estoy aprendiendo a hacerlo.
—Sádica —susurró Sakura deseando aplastarle la cara contra el suelo. Podía meterse las bromas por donde le cupieran—. ¿Qué quieres de mi, Freyja?
—En realidad; sólo quiero un poco de tu tiempo —aseguró la Diosa de la fertilidad, cruzándose de brazos y apoyándose en un árbol—. Tiempo para explicar porqué hice lo que hice. Por qué os separé.
—¿Esto tiene trampa? ¿De verdad tenías una razón? —Sakura dejó a Itachi suavemente sobre el suelo, apoyándole la cabeza sobre el césped. Se levantó, incrédula ante aquella confesión—. ¿Había alguna razón más aparte de la de jugar con nosotros?
—Siempre hay una razón, Elegida —aseguró Freyja mirándola de arriba abajo—. ¿Te duelen las heridas?
—Uy, no... —Replicó sarcástica.
La diosa chasqueó los dedos, y todas las heridas de la vaniria, cicatrizaron y se cerraron por arte de magia.
—No lo he hecho por ti. No me gusta la sangre y además... Estabas asquerosa —aseguró.
Sakura agradeció el gesto, pero nunca lo reconocería. Qué raro era que aquella diosa superficial se preocupara por su bienestar.
—No hace falta que me lo agradezcas, te leo la mente. — Se encogió de hombros—. Y no soy superficial. Estás en mí mundo, Sakura, todo lo que ves es mío. Es todo una ilusión. —Rascó un trozo de corteza del árbol con una de sus uñas pintadas de color blanco perla, y al hacerlo, salieron partículas blancas que se alzaron hasta el cielo. Sakura las siguió hasta que pudo ver el verdadero decorado en el que se encontraban. El cielo no era ni azul claro, ni azul oscuro. Estaba lleno de planetas y constelaciones que no se veían desde la tierra. Estrellas fugaces cruzaban el firmamento de punta a punta y los colores se mezclaban pintando el techo estelar de tonalidades que todavía no tenían nombre.
—¿Y por qué nos has traído hasta aquí? —preguntó Sakura, confundida—. ¿Por qué fingir que estamos en el poblado?
—Porque aquí empezó todo. Quería hablar contigo en un lugar en que te sintieras cómoda.
—Qué considerado de tu parte —musitó—. Dame una buena razón. Sólo una. —Sakura levantó el dedo índice—, para que pueda llegar a entender por qué nos hicisteis esto.
—Tu cuerpo es especial, Sakura. Tu alma es distinta a la de los demás. Eres la Elegida.
—¡No me digas! —gritó.
—Tú fuiste una de las razones principales por las que convertimos a vuestro clan picto, y no a otro. Tú y Itachi erais especiales.
Sakura se calló de golpe mientras negaba con la cabeza, con el rostro desvaído.
—Te quedaste embarazada de Itachi cuando eras humana, pero entonces no era el momento, Sakura. Tu hijo no podía nacer en aquellos tiempos porque Loki y sus lobeznos le hubieran dado caza y lo habrían matado sin dilación. No podíamos correr ese riesgo y, además, las puertas no estaban abiertas todavía.
¿De qué hablaba Freyja?
—Tu cuerpo, Sakura, tiene la capacidad de albergar mucha energía. Eres un recipiente muy poderoso, uno que puede caminar entre las dimensiones: por eso tu don es la bilocación. Tu bebé humano iba a ser especial, producto de dos almas llenas de luz como eran sus padres, pero si no os hubiésemos transformado, habríais muerto en manos de los romanos a los pocos días. Las nornas lo habían vaticinado —explicó—. Por eso nos pusimos en contacto con el druida, con Shisui, y os citamos al día siguiente de que tú y Itachi os hubiérais acostado juntos, en Stonehenge. Perdiste al bebé y me supo mal.
—¿Perdí al bebe y te supo mal? —repitió, ofendida con su tono—. ¿Perdí al bebé porque era mejor para vosotros? ¿Eso insinúas?
—El alma de tu hijo, el que Itachi y tú atraéis. Sakura, sólo se reencarna cada ciclo de dos mil años. ¿Io entiendes? No podía reencarnarse para que muriera antes de tiempo. Es fundamental para el Ragnarök. No estaba preparado para nacer entonces —le justificó con tranquilidad
La vaniria gruñó, dio un salto hacia delante y se echó encima de Freyja.
—¡Pídeme Perdón! —Sakura agarró a la diosa de una trenza y le dobló la cabeza hacia un lado—. ¡Aunque llegue dos mil años tarde, pídeme perdón! —exclamó sin podérselo creer—. ¡Pídemelo!
Freyja sonrió. Sus ojos grises se oscurecieron y se volvieron negros, y un puñado de venitas verdes le rodeó los párpados. Le enseño los colmillos y, con un siseo, dejó paralizada a Sakura, que ni siquiera podía parpadear, sólo estremecerse por la rabia reprimida.
—Tienes mucho carácter —susurró Freyja, colocándose la trenza sobre el hombro mientras caminaba a su alrededor. Observó sus ropas: sus tejanos desgarrados; la camiseta negra rota, y aquel calzado deportivo de piel... Poco sexy para Sakura. Con un movimiento de su mano la vistió con un vestido como el suyo, pero de color negro y de seda brillante como el alma de aquella mujer—. Así estás más bonita.
—¡No quiero estar bonita! ¡Quiero arrancarte la piel! — Se le hincharon las venas del cuello y se puso roja a causa de la ira y la tensión. Ni siquiera miró el espléndido diseño que cubría su cuerpo.
—Garra —sonrió con admiración—. Eres pura garra. Como una... Pantera. Eso es lo que te ha mantenido en pie todo este tiempo, así que no te lo voy a reprochar. Déjame explicarte: después de la transformación, Loki metió mano a Kakazu y Hidan y descontroló las cosas. Los tentó y ellos cayeron al primer día, pero arrastraron a Itachi y a Shisui con ellos. Los cuatro habían desobedecido nuestras órdenes, y merecían un castigo. Hidan y Kakazu no lo aceptaron, por eso desertaron. Pero Shisui y Itachi acataron su penitencia con dignidad. Itachi lo hizo por ti, porque yo le enseñé lo que pasaría si intentaba estar contigo. Le enseñé una imagen tuya abortando, pero él nunca supo que aquella imagen se iba a cumplir, que sería una realidad. Los dioses no podemos crear espejismos, sólo Loki, porque es un timador y un transformista, así que yo recurrí al futuro inmediato y le enseñé ese momento.
Sakura hizo un gesto de dolor con la cara. ¿Itachi la vio mientras perdía a su hijo en los bosques? El vanirio pensó que eso no había pasado, que él evitaría aquella escena alejándola dé su vida, y sin embargo, aquello sucedió en realidad.
—¿Por qué? ¿Por qué lo alelasteis de mí? —preguntó—. Si él y yo éramos capaces de atraer esa alma poderosa y encarnarla en nuestro hijo. ¿Por qué nos separasteis luego?
—Porque el alma de tu hijo no podía regresar todavía. Él debía de estar presente en el Día de la Puerta, en el Ragnarök. Sakura. No antes. Y menos con Loki siendo más fuerte que vosotros. Por eso creamos la brecha entre Itachi y tú. Y luego... Tu cuerpo vanirio rechazó al bebé, no soportó la transformación de humano a vanirio.
—¡Pero tú podrías haberle protegido!
—No quise —contestó serenamente—. Sin embargo, él se quedó contigo todo este tiempo. Su alma vivió en ti. Y él ha sentido y comprendido muchas cosas a través de tus ojos y de tus emociones. Es sabio.
—Aodhan. Se llama Aodhan. Llámalo por su nombre, Freyja —escupió la vaniria.
—Aodhan —la complació—. Es un alma increíble y puede hacer mucho bien en el Midgard, por eso lo protegimos. Tú y Itachi no debíais tener relaciones de nuevo porque sois muy... fértiles —dijo lentamente—. Cuando vuestro cuerpos se unen, se encajan —juntó los dedos como un puzle—, crean vida. Si os acostabais de nuevo, traeríais a Aodhan con vosotros, y no podíais hacerlo, todavía no. Era un problema de tiempo. Necesitábamos tiempo para crecer, para luchar, para que los vanirios se hicieran fuertes. Así que insté a Itachi a que te rompiera el corazón. Sabía lo orgullosa que eras, y los dioses entendíamos que no ibas a perdonarlo nunca, y eso nos servía para nuestro cometido, porque, ¿cómo te Ibas a acostar de nuevo con un hombre que odiabas y que te había traicionado? Y estuvimos en lo cierto. Nunca lo perdonaste.
No. jamás lo perdonó. ¿Cómo iba a hacerlo teniendo tanto dolor en su corazón?
—Itachi podría haberse acostado con otras mujeres. Pero nunca hubiera traído vida en otro cuerpo —aseguró Freyja—. Sólo vosotros dos podéis ser fértiles entre vosotros mismos. Porque él es el dador, ¿entiendes? Él también es un Elegido como tú. Tú eres el recipiente para que él plante su semilla. Juntos crearéis a Aodhan. La profecía recayó toda en ti, pero nunca se reveló que era una profecía dual. Valía tanto para ti como para él. Odín decidió borrar la revelación de las estrellas en la que se hablaba de él; la ocultó en las runas y obligó a las nornas a eliminarla de sus archivos para que no hubiera conspiraciones de ningún tipo contra Itachi. Por eso, ni siquiera el noaiti habla del sanador en la última profecía que recibió de Skuld. Itachi debía pasar desapercibido, hasta que llegara el momento.
¿Itachi era un Elegido? ¿Ella era un recipiente?
—¿Crees que tengo cara de tupperware?
Freyja alzó las cejas y arrugó la nariz.
—Que ocurrente...
—¿Y el momento llego cuando a ti te dio la gana, Freyja?
—No. Yo no elijo los momentos. Los acontecimientos en la tierra suceden sin que lo podamos detener, nosotros sólo ponemos las fichas en los lugares adecuados. No podemos interceder así como así. Frey, mi padre y yo, intercedimos hacer dos mil años porque Shisui y Itachi rompieron el pacto, nos ofendieron desafiándonos. Nunca, jamás —recalcó levantando la barbilla—, desafíes a un dios. Nosotros les castigamos, y viendo que Itachi era uno de los implicados, nos aprovechamos de ello.
—¿Y por qué os implicasteis el otro día conmigo? ¿Por qué intercedisteis mostrándome el pasado? ¿Qué fue lo que provocó esa reacción?
—Llego un humano a mi templo. Uno con muchos rizos rubios y que me cayó genial porque estaba enamorado de mi palacio y de mi historia. ¡Me conocía! —exclamó emocionada—. Cómo me gusto eso... Después de tener aquí a la Cazadora estuve a punto de desistir, porque ¡esa chica no tiene dos dedos de frente y relaciono a mi madre con unas vacas y ni siquiera sabía quién era yo! — exclamó irritada, y en decimas de segundo se relajó de nuevo—. Pero el rubito con cara de no haber roto nunca un plato —se mordió el labio y sonrió—, ese sí que sabía mucho... Es muy mono ¿no? ¡Y estaba tan enamorado de ti!
Sakura se echo hacia atrás, como si hubiera recibido una bofetada en la cara. Se llevó la mano a la boca y sus ojos verdes se llenaron de lágrimas.
—¿Naruto?
—Por supuesto que es Naruto. Había luchado en nombre de los humanos y había cuidado a la Cazadora; la había defendido sin tener ni una posibilidad de sobrevivir contra aquella berserker de tetas enormes —continuó, sin darse cuenta de lo afectada que Sakura se había quedado con su revelación—. Lo trajeron a mi casa, Sessrúmnir, y lo reclamé como un guerrero muerto en la batalla. Cuando los guerreros ingresan aquí pueden pedir un deseo para aquellos que dejaron en tierra. ¿Adivinas cual fue el deseo de Naruto?
¿Lo podía adivinar? Ni siquiera se atrevía a creerlo.
—Naruto dijo textualmente: «Quiero que Sakura sea feliz. Quiero que ella y Itachi arreglen sus diferencias». Y... ¡Bingo! Ahí teníamos la oportunidad que buscábamos para poder interceder entre vosotros, por qué la verdad, querida —puso los ojos en blanco—: tú no tenías ninguna intención de escuchar las disculpas de Itachi y él no te podía decir la verdad hasta que realmente estuvieras interesada en conocerla, y eso nunca pasó, era un desastre... ¡Nos iban a dar las peras!
—Uvas.
La cara de Freyja reflejaba que no había entendido aquel comentario
—¡Tu creaste esa situación! ¡Tú y tus mentiras! —exclamó Sakura indignada.
—Sí, sí, lo que tú quieras. Odín visitó a Homura y le dijo que llegaba el momento de preparar a los ejércitos, que era el momento de que la Elegida despertara.
—Y entonces Homura y Deidara me vinieron a buscar, y tú y Odín me enseñasteis las imágenes del pasado. Y yo... Tuve que actuar.
—Sí. Te tragaste el orgullo muy bien. —Freyja miró a Itachi, el cual seguía durmiendo, con el rostro entre sombras. La diosa levanto una ceja—. ¿Y también te tragaste otras cosas?
—¡Zorra! —Sakura intentó darle un puñetazo pero, no se podía mover.
—Alto ahí, vaniria, no voy a permitir otro ataque, así que permanece tranquila —Sus ojos grises brillaron divertidos, sabiéndose la más poderosa de aquel lugar—. Y además, si te hago daño, aquí sólo tenemos un doctor y está inconsciente.
Sakura intentó girar la cabeza, pero sus intentos resultaron fallidos. Estaba tan paralizada como Itachi.
—Como iba diciendo —se acarició la trenza derecha—, Sakura fue en busca de Itachi, y entonces ¡boom! Dos titanes colisionaron. En el Valhall —susurró a modo de confidencia, cubriéndose la boca—, las Valkyrias han llegado a encargar pizzas y palomitas para ver vuestros encuentros en el salón de Vingúlf... ¡Era impresionante! ¡Cuánta tensión!
Un músculo en la mandíbula de Sakura empezó a palpitar.
—¿Me espiáis? —preguntó horrorizada. Que la viera a ella le daba igual, pero lo que no quería era que lo vieran a él.
—¿Qué esperabas? Mis valkyrias son vírgenes, pero muchas quieren dejar de serlo antes de que llegue el Ragnarök; dicen que no quieren morir sin haber estado antes con un hombre, y además están hartas de manosearse entre ellas. Sois hijos míos, todos lo vanirios lo son, así que puedo vigilaros y ver lo que hacéis en cada momento. Ellas me pidieron que les enseñara cosas y yo abrí un portal visual para que pudieran instruirse con vosotros. De momento adoran a Deidara —confesó con picardía—, pero dicen que el momento de la ducha entre tú y Itachi ha subido muchos enteros. Creo que fue Hotaru la que dijo que debería haberte tomado encima del piano, o algo así, ya no lo recuerdo... Pero, en fin, eso es lo de menos... ¿Por dónde íbamos? —se golpeó la barbilla con el índice—. Ah, sí. Tú —señalo a Sakura— le entregaste a Itachi su don, que no era otro que el de escapar de la oscuridad, del vampirismo. Huir de Loki para siempre. Y él — señaló a Itachi—, te otorgó el don de la bilocación, el que necesitaba la Elegida para contactar con los guerreros perdidos. Pero nada de esto habría sido posible si no hubieseis estado dispuestos a perdonar. Moraleja: todos cometemos errores, nadie se salva de la criba, ¿sabéis? Algunas equivocaciones parecen imperdonables, pero incluso, la peor de todas, se puede y se debe disculpar, porque, si no lo hacemos, ¿quién nos perdonará a nosotros? Sólo el verdadero amor tiene esa capacidad de redención, una que los humanos y los dioses empiezan a olvidar, y no podemos permitirlo. Si los humanos olvidan para siempre su capacidad de perdonar, no habrá salvación para nadie. Yo... —Bajó la mirada—, quisiera recordar cómo perdonar, pero para ello necesito recordar lo que es el amor, porque ya no me acuerdo.
Freyja hablaba de Od. Su marido, del que estaba profundamente enamorada, había desaparecido. Ella, que era la diosa más hermosa del panteón, la diosa de la creatividad, el sexo, la pasión y la fertilidad, había sufrido el peor de los desplantes: no ser amada por el único hombre que ella amaba. Nadie sabía dónde se encontraba Od, pero en el Asgard y en Vanenheim se decía que había sido visto en compañía de otras diosas, algunas ninfas, y también enanas... ¡Enanas! Era el colmo de la humillación. Así que ella, en venganza, se había acostado con cuatro enanos a la vez. Cuando supo que Od no iba a volver, lloro lágrimas de oro teñidas en sangre, por eso tuvo la brillante idea de que entre parejas vanirias, la sangre fuera un elemento indispensable para la supervivencia.
Sakura controlaba todas sus expresiones y también el lenguaje de su cuerpo. Freyja era una diosa con poderes ilimitados, pero no había logrado mantener aquello que por lo visto, más deseaba. La diferencia entre ellas dos había sido que Freyja había adoptado otra postura al respecto, concretamente la de "un clavo quita a otro clavo", y se había acostado con cualquier dios que le diera un poco de cariño, y ella en cambio, se había mantenido célibe como una monja de clausura. Odiando y amando a Itachi como una psicótica. No obstante, tenían algo en común, las dos habían resultado heridas por igual. La diosa admitía que no se acordaba de lo que era el amor y que por eso no sabía perdonar, era un reconocimiento humilde para una diosa llena de vanidad, ¿no?
Los ojos grises azulados de Freyja brillaron con lágrimas rojas. Rojas de sangre. Distraída, se paso un dedo por el lagrimal y miró asombrada aquel rubí líquido.
—Asombroso. Todavía siento cosas —murmuró. Agitó la cabeza y las lágrimas desaparecieron como si nunca hubiesen emergido el interior de aquella mujer—. La cuestión es que os estoy dando la segunda oportunidad y también la ultima. No doy más de dos —aclaró—. ¿La aceptas?
Sakura dijo:
—Por supuesto.
—¿Qué me darás a cambio?
—¿A cambio de qué?
—De la segunda oportunidad —contesto cruzándose de brazos.
—Te he dado mi tiempo y te he dicho que haría lo que fuera si salvabas la vida de Itachi, ¿y ahora quieres pedirme algo más? ¡Tú no tienes fin!
—No, no tengo fin. Soy una diosa —le guiñó el ojo.
—Te daré lo que sea.
—Todavía tengo que cobrarme el otro favor. —le recordó.
Sakura se encogió de hombros. Ya todo le daba igual mientras ella y Itachi pudieran estar juntos.
—Bien. Ambos tenéis el don más hermoso de todos: el de atraer a Aodhan de nuevo. Justo ahora cuando se acerca el tiempo de que se abran las puertas y se origine el Ragnarök. Queda muy poco... Menos del que os pensáis.
—¿Y qué esperas de Aodhan?
—Sólo espero que exista, nada más. Será alguien tan puro que ni siquiera Loki podrá resistirse a él, ¿entendéis?
—¡No quiero que Aodhan nazca marcado como yo! — exclamo con fiereza.
—Es demasiado tarde para eso, Elegida.
—¡Y una mierda! —replicó—. Él es libre de elegir.
—Por supuesto que lo es, todo el mundo es libre de elegir —declaró Freyja mirando a Sakura con dulzura—. Aodhan tendrá su responsabilidad en el Ragnarök, pero al final será él quien decida lo que tiene que hacer. Nosotros no podemos obligarle a que actúe de ningún modo. Lleva dos mil años aquí, ha estado en tu alma, tú lo has llevado contigo —Alzó la barbilla de Sakura y clavó sus ojos grises en los verdes fosforescentes y cabreados de la vaniria—. Ha visto lo que tú, y ha tenido tiempo para entender a la raza humana. Él sabrá qué quiere hacer. Todo esto, el Ragnarök, los dioses, los humanos y el libre albedrío son algo tan volubles y tan inconstante que nadie sabe cómo va a acabar. El manto que tejen las nornas es diferente a cada momento. Todas vuestras acciones cuentan ahí abajo, y a cada movimiento que hacéis, un nuevo dibujo se refleja en el lienzo del destino. Es muy complejo. Mucho. Más incluso de lo que podéis llegar a imaginar. El alma de Aodhan es lo que es, pero serán sus acciones las que realmente confirmen su naturaleza. Lo que pido a cambio de tu segunda oportunidad es que si salimos victoriosos del Ragnarök, permitas a tu hijo visitar Vanenheim. Nos gustaría mucho escucharle y a lo mejor podría conocer a mi hija Gnoss y a Gersemi.
—¿Sólo eso? —preguntó Sakura.
Freyja asintió.
—Pero... —Sakura se llevó las manos al vientre y las apretó con fuerza, dándose calor. Todavía no estaba embarazada—. No lo oigo. No sé si...
—Tú deja que ocurra. Dejad que él vuelva cuando le apetezca. Y... Dadle al tema como si fuerais conejos — chasqueó los dedos y le devolvió la movilidad—. Me han dicho que te gustan las zanahorias.
Sakura enrojeció y negó con la cabeza.
—¿Sería demasiado pedir un poco de intimidad, por favor? —gruñó Sakura, con la espalda muy recta, girándose para ver a Itachi—. ¿Por qué no ha despertado todavía?
—No te preocupes. Se recuperará.
—¿Por qué Hummus tenía el puñal de un dios?
—Porque es el que más en contacto está con Loki.
—¿Es un chamán Seidr? —Sakura no lograba entender el papel de Hummus en todo aquello.
—No —contestó la voz de un hombre—. No es un chamán.
Odín, con sus dos metros de altura y vestido con una túnica gris, apareció apoyado en las raíces del tronco del roble que tenían al lado mientras acariciaba la hoja del puñal que había sido extraído del cuerpo del sanador. Llevaba un parche negro en su ojo derecho. El dios nórdico, padre de todos, alzó la vista de la daga, y estudio con su único ojo azul a Freyja, y lo hizo con curiosidad. La diosa lo miró de reojo, con recelo.
—¿Qué miras?
—¿Has estado llorando? —preguntó, estirándose cuan alto era y caminando hacia ella, todo seguro y amenazador—. ¿Por qué?
Freyja frunció el ceño y dio un paso atrás.
—Porque... Oye, ¿a ti qué te importa, Aesir?
—Nada —resopló, aunque no dejó de mirarla—. Lo dicho, vaniria —la encaró y esperó a que ella lo mirase—. Seguirás reclamando a los guerreros en tus bilocaciones; tienes que dar las premisas que has estado dando hasta ahora, ¿de acuerdo? Que se pongan en contacto con Homura y con Deidara y que ellos reagrupen a los ejércitos berserkers, vanirios y einherjars.
—Y valkyrias —recordó Freyja, recuperando la compostura perdida frente a Odín—. Recuerda que a mis chicas también las persiguen y algunas están en contacto directo con tus einherjars. Se deben unir todos.
—Frígida tiene razón —sonrió Odín.
—Me llamo Freyja, mamón —gruñó la diosa caminando hacia Sakura y poniéndole la mano en el hombro desnudo—. Me voy a cobrar el otro favor.
Sakura se levantó insegura y tomó aire.
—Dime —dijo con la boca pequeña.
Freyja alzó una mano y se la puso en el otro hombro.
—Quiero recordar cómo es —susurró la diosa acercándose más a ella. Sin perder el contacto visual con sus ojos verdes. Deslizó una mano por el hombro, hasta su pecho, y la dejó encima de su corazón.
—¿Qué quieres recordar? —Sakura se sentía fuerte y poderosa al ser tocada con tanta reverencia por la diosa del amor. Era una mujer muy magnética y tan atrayente como la miel a las abejas.
—Sólo... Déjame ver —susurró, juntando su frente a la de ella.
La vaniria trago saliva y desvió la vista a la mano elegante de la diosa que desprendía calor y luz.
—Quiero recordar cómo se siente el perdón absoluto. Cómo es el amor más auténtico —dijo Freyja cerrando los ojos de gusto—. Por mi padre, esto es... Maravilloso.
Sakura sintió que le temblaban las piernas al sentir el anhelo de Freyja. Aquella diosa sufría por cosas que no podía tener, por ese hombre llamado Od que la había abandonado. Cerró los ojos, y dejó que Freyja se alimentara de sus sentimientos. Le harían falta para seguir luchando. No sabía nada de aquella diosa, a excepción de todo lo que le había hecho por un bien mayor, si se podía decir. Tomaba decisiones y se responsabilizaba lo justo de ellas, y le daba igual a quien hería. Pero después te sorprendía cuando dejaba que vieras su vulnerabilidad.
Y entonces, supo que no podría odiar a Freyja nunca más. A ella también la había perdonado. Cuando pensó eso y lo integró como verdadero en su corazón, sintió que la diosa daba un respingo y abría los ojos con sorpresa, corno si ella también lo supiera. Sakura asintió con humildad al tiempo que Freyja la besaba en la boca.
—Gracias —susurró sobre sus labios—. Intentaré sobrevivir con esto.
Freyja retiró la mano de su pecho y dio un paso atrás, sonriendo a Sakura y mirando a Odín con una ceja altiva levantada.
—¿Te ha gustado, vikingo?
Odín carraspeó y miró hacia otro lado.
—Devuélvelos al Midgard, Freyja.
Freyja se echó la trenza hacia la parte delantera y musitó:
—Vete a dar hachazos por ahí, aguafiestas.
La diosa levantó las manos y echó la cabeza hacia atrás.
Sakura cubrió el cuerpo de Itachi con el suyo, lo miró a la cara y le dijo:
—Volvemos a casa, amor.
—Sakura —la llamó Freyja.
La vaniria la miró.
—¿Sí?
—El vestido negro es un regalo. Llévalo mañana en la ceremonia de despedida.
Sakura se tensó y el corazón le dejó de latir. ¿Ceremonia de despedida? ¿De quién?
—Dos de los vuestros han muerto.
Todo se iluminó.
