Capítulo 33
Dos días más tarde.
Mascarada. Wiltshire.
La situación en la Black Country había cambiado.
Tsunade y Dan habían recuperado a sus hijos, Daimhin y Carrick.
Homura y Deidara habían logrado arreglar sus diferencias, y aun así, Deidara Kamiruzu sabía perfectamente que Homura Mitokado seguía guardando un secreto muy poderoso, algo que sólo él sabía.
Shisui Uchiha se había retirado de la zona sólo para recuperarse física y anímicamente de todo lo que le habían hecho, y para ello se había llevado a Suiren Hoshigaki, la hija adoptiva de Kisame, miembro fundador de Newscientists. Lo que habría entre ellos, nadie lo sabía, pero todos estaban seguros de que Shisui no iba a tratar especialmente bien a Suiren, sobre todo después de haberlo torturado durante un mes interminable.
Por otro lado, Itachi Uchiha estaba estudiando todo el material que Homura y Deidara le habían facilitado, además de trabajar con sus píldoras supletorias y también intentando dar con el remedio para que las vanirias pudieran tener a sus hijos con seguridad. Itachi se había convertido en un autentico salvador para el clan.
Sakura, por su parte ayudaba a Karin, Temari y Rise en la escuela y en el RAGNARÖK, al que también se había unido Koharu. Sakura, además, se encargaba como Elegida de convocar a los guerreros esparcidos por el Midgard.
El lugar que Obito había construido para Temari se erigía ahora como un lugar de sanción y ayuda para aquellos que habían sido derrotados por la maldad del ser humano y los jotuns. Pero estaban derrotados, no muertos.
Y entre todos iban a prepararlos y a ayudarles para que pudieran seguir con sus vidas y echar una mano en la, esperada por todos, batalla final. Las cuatro humanas y las sacerdotisas estaban allí casi todo el día, e intentaban echar una mano en lo que fuera. Las sacerdotisas por su parte habían dicho que nuevos humanos con dones y poderes querían incorporarse a su equipo y Deidara y Homura, sabiamente, estaban de acuerdo en que hicieran nuevos fichajes, siempre que hubieran pasado por los exámenes previos. Toda ayuda es necesaria.
Los ánimos estaban muy caldeados. La guerra era inminente y nadie sabía cómo ni cuándo se daría, pero el deseo era el mismo en todos: acabar con Newscientists, los jotuns y Loki. Por el momento habían logrado destruir Newscientists de Inglaterra y España, y también la central subterránea en la que tenían a todos los miembros secuestrados de los clanes.
Pero había muchas más y tenían que dar con ellas.
¿Qué harían ahora Newscientists? ¿Cómo funcionarían? ¿Qué les hacía falta? No lo sabían, pero eso iban a descubrir.
Además, había muchas preguntas abiertas: ¿Quién era Hummus? ¿Por qué Nori lo veía en sus sueños? ¿Practicaba el Seidr? ¿Loki contactaba con él? ¿Dónde estaba Hidan? ¿Qué pretendía hacer?
Poco a poco las fichas de aquella compleja partida de ajedrez iban tomando su lugar en la tabla. Pero ¿quién era el Rey y quién la Reina?
Todas esas preguntas tenían en mente Kakashi mientras bebía un poco de hidromiel bien frío, y observaba, apoyado en la pared, aquel baile de máscaras que Itachi había preparado para Sakura. ¿La razón? Seguían vivos y habían recuperado a su gente, pero sobre todo, el sanador había recuperado su fe en el amor. ¿Por qué no celebrarlo? La vida estaba llena de destrucción, así que un poco de alegría no vendría mal.
Hacía demasiado calor ahí adentro, no le gustaban los trajes tan ajustados y decidió salir al exterior. Se quitó el antifaz y se lo puso sobre la cabeza. Quería pasear por los jardines de aquella preciosa casa de campo que Homura tenía en Wiltshire con más de cuarenta hectáreas de campos y bosques, ocho baños, un gimnasio y veinte habitaciones suites, entre otros excesos.
El jardín frontal tenía una fuente preciosa en la que estaba Odín sentado en su trono, con Hugin y Munin. Recuerdo y Pensamiento, sus dos cuervos. La boca de los cuervos echaba agua, y la fuente cambiaba de colores, de los verdes a los naranjas, pasando por los rojos y amarillos.
Kakashi se sentó en la fuente y se aflojó la pajarita. Se sacó la daga que le había clavado Naori. Una daga Gudinne, había dicho Hummus. La estudió con sus ojos carbón. Tenía unas inscripciones en la hoja plateada, pero no las podía leer, eran letras caprichosas que desaparecían cuando intentaba traducirlas.
El aire crepitó y un trueno se oyó en la lejanía. Al otro lado de la fuente se apareció Naori. Su pelo morado rizado y largo, con reflejos lilas más claros, le enmarcaba la cara. Estaba vestida como si ella también hubiese sido invitada a la mascarada. Llevaba un precioso vestido rojo y negro y un corsé de infarto. Alrededor de su elegante cuello tenía un collar de perlas blancas y deslumbrantes. Lucía los hombros descubiertos y un sencillo antifaz plateado. Kakashi se levantó y, sin querer, la máscara que llevaba sobre la cabeza a modo de diadema, se bajo de golpe sobre sus ojos.
Naori sonrió lo admiró «Qué hombre más guapo en traje» pensó.
Kakashi se recolocó la máscara blanca sobre la cabeza.
—¿Qué haces aquí? —preguntó arisco—. No me lo digas. Has ganado otra apuesta.
—Entre otras cosas —contestó Naori—. Pero he venido para ver cómo te encuentras y asegurarme de que la herida del...
—La herida no me ha cicatrizado, ¿entiendes?
Naori palideció y dio un respingo. Sus ojos negros rojizos se abrieron de par en par.
—¿Cómo que no?
—¡Cómo que no! —gritó Kakashi con hastío—. ¿Me puedes explicar por qué?
Naori negó con la cabeza y camino alrededor de la fuente al ver que Kakashi volvía a perseguirla.
—No te vayas ratoncita. Estoy harto de jugar al gato y al ratón contigo. Ven aquí y explícamelo.
—¡No! No sé qué decirte... ¿No hay nada que tengas que decirme tú a mí?
—¿A qué te refieres? —se detuvo y frunció las cejas plateadas sobre sus ojos negros.
—Algo... —movió las manos nerviosamente—. Algo sobre ti.
—Me llamo Kakashi Hatake y estoy muy cabreado contigo. Es lo único que tienes que saber ahora —la persiguió por la fuente.
Naori aceleró el paso hasta que se colocó sobre la cabeza de Odín.
—Como Homura te vea ahí subida te cortará las piernas...
—¿Homura? El jefe del Comitatus —levantó una ceja oscura y sonrió—. ¿El amigo de Odín? ¿Odín, mi apoderado?
Naori le dejó claro que nadie la castigaría por hacer lo que estaba haciendo. Ella estaba protegida por los dioses.
—¿Te crees muy lista, valkyria? —Kakashi dio un salto y se metió dentro del pozo.
—Kakashi, no empieces con tus persecuciones, no me puedes tocar.
—¿Por qué no?
—Porque no —contestó ella rotunda.
—No me sirve.
Antes de que diera un salto y saliera del agua para lanzarse sobre ella, Naori alzó una mano, y súbitamente un rayo cayó sobre el agua. Kakashi fue cruelmente electrocutado, pero aun y así, todavía seguía caminando hacía ella mientras los rayos le atravesaban la piel y recorrían su sangre.
—No es que no quiera que me toques... —susurró Naori, mirándolo con tristeza, sabiendo que él no oiría mucho de lo que ella dijera en ese momento mientras estaba agazapada sobre la cabeza de Odín—. Es que no puedes hacerlo... ¡Asynjur!
Un rayo blanco aterrizó sobre la cabeza de Hugin, ella lo prendió con las dos manos, y subió al cielo para regresar al Vingólf, el lugar del que ella procedía. Kakashi cayó de culo dentro de la fuente y se quedó mirando las estrellas, con la cara alzada, los ojos más amarillos que nunca, la piel algo chamuscada, y un enfado de campeonato.
—Un día te agarraré, valkyria, y ya veremos si no te gusta.
Sakura movía las caderas y bailaba en el centro de aquel círculo de humanos, vanirios y berserkers que se habían convertido en sus amigos. Ahora habían empujado a Itachi para que el pelinegro bailara con ella al ritmo de If I had you de Adam Lambert. La vaniria estaba pletórica, tenía ilusión por el futuro, y mucha esperanza. Cuando el sanador entró en el círculo y se fue a por ella, Sakura levantó el dedo índice y le ordenó que se acercara. Su príncipe de las hadas iba todo vestido de blanco, con un antifaz dorado y una pajarita negra. Se había recogido el pelo en una coleta alta y había dejado que su trenza bicolor cayera por encima de su hombro, libre, como el amor que Sakura y él se procesaban.
¿Quién no se va a acercar a ti nena? Gruño Itachi.
Sakura tenía el pelo recogido en un moño bajo, con varios tirabuzones sueltos por toda la cara. Llevaba un vestido rojo oscuro, con un corsé lleno de pedrería del mismo color y un antifaz negro. Sus ojos verdes sonreían pícaramente tras la tela negra eran la y sus labios también sonreían.
Karin y Deidara también bailaban y se mecían al ritmo de la música llena de ritmo y energía. Aprovechando cualquier oportunidad para regalarse mimos y besos.
Obito había optado por levantar a Temari y moverla entre sus brazos. Temari ya había aprendido que su chamán no era hombre de salsa, pero en cambio se movía con el rock y el hip hop que daba gusto.
En cambio Homura y Koharu no dejaban de abrazarse y mecerse con una sincronización exquisita, demostrando que la elegancia y el baile no estaban reñidos.
Mientras todos los miembros de los clanes bebían hidromiel y daban palmas, bailando como mejor sabían, Sakura sólo tenía ojos para Itachi.
—Gracias por esta fiesta de disfraces, príncipe de las hadas —le agarró de las solapas de la camisa y lo acercó a ella.
Itachi llevó las manos a sus caderas y los dos empezaron a oscilar con movimientos llenos de sensualidad.
—Lo que desee mi princesa —replicó él guiñándole un ojo.
—¿Te gusta como me he vestido para ti?
—Prefiero quitarte la ropa, pantera —murmuró entre dientes.
Ella se echó a reír.
Itachi comprendió que estaba atado y enamorado de esa mujer hasta las cejas. ¿Qué no haría por ella? Tragó saliva y se puso nervioso como hacía siglos que no lo hacía.
There's a thin line between
the dark side and the light side
baby tonight
It's a struggle gotta rumble tryin' to find it
Hay una línea muy fina
entre la luz y la oscuridad
esta noche, nena,
hay que tratar de hacer que todo tiemble para cruzarla
—No echo de menos el sol, Sakura, ni siquiera un poco.
—¿Ah, no? —levantó una ceja coqueta.
Itachi negó con la cabeza.
—Tú eres mi más ansiado amanecer.
Itachi dejó de bailar mientras los demás se movían como locos a su alrededor. Sakura frunció el ceño. ¿No quería bailar con ella?
—Te quiero a mi lado, Sakura. Siempre.
—Y yo —susurró Sakura con voz temblorosa.
También se detuvo.
But if had you, that would be the only thing I'd ever need
Yeah if I had you, the money fame and fortune never could compete
If I had you, life would be a party it'd be ecstasy
Yeah if I had you.
Si te tuviera, serias la única cosa que necesitaría
Si, si te tuviera, el dinero, la fama y la fortuna nunca podrían competir contra ti
Si te tuviera, la vida sería una fiesta, sería el éxtasis
Si, si te tuviera.
—Creo que tú y yo deberíamos haber hecho esto hace dos mil años, y sé que... Que no tiene mucho más valor de lo que tú y yo sabemos que sentimos el uno por el otro, pero quiero... Sakura, yo quiero... ¿Te casarías conmigo?
Los ojos verdes de Sakura se llenaron de lágrimas y escuchó un «¡Oh, Dios mío!» que exclamaron Karin y Temari a la vez.
—¿Me harías el honor de ser mi esposa? ¿Te casarías con el hombre que arrancaste de las tinieblas, Sakura?
La barbilla de Sakura se llenó de tics y se llevó la mano al corazón. Era absurdo emocionarse por eso, ya que no había nada más vinculante que el nudo perenne, pero ella siempre había soñado con una boda de unión de manos celta. Como la que habían tenido sus amigas Tsunade, Kurenai y Anko.
Itachi le entregó una cajita de terciopelo rojo. Sakura la abrió con manos temblorosas y se encontró con un anillo de piedras preciosas que simbolizaban el símbolo del infinito, en representación del sol y la luna, un símbolo utilizado en la ceremonia de la unión de manos.
—¿Qué me dices preciosa? —la miraba con sus ojos negros como si todavía pensara que ella le iba a decir que no o que se lo pensaría.
Ese hombre estaba loco y ella estaba loca por él.
Sakura dio un salto sobre Itachi y lo besó en toda la boca. Él la abrazó y con ella anudada a él empezó a dar vueltas sobre sí mismo. Todos allí aplaudieron y bailaron al ritmo de la música, haciendo un círculo todavía más grande alrededor de la pareja.
—¡Si, por supuesto que te digo que sí! —y lo besó de nuevo, fundiendo sus labios con los de él.
Juntos esperaban construir un futuro lleno de esperanza para todos. Su relación no había sido fácil, eran dos personas marcadas por los dioses y sin embargo habían superado todas las trabas. Itachi y Sakura eran la clara demostración de que el amor verdadero, el más incondicional, era un acto eterno de perdón. Y si había algo que ellos tenían era eternidad por delante. Y cuando se perdonaba, los milagros más increíbles, sucedían.
Cha bhiodh dona, allaidh
Cha bhiodh dona, allaidh: «Ya era hora, papá».
Itachi y Sakura agrandaron los ojos y ambos bajaron la vista al vientre de Sakura. Él puso la mano sobre su nudo perenne, bajo el ombligo de ella y Sakura la sostuvo allí, incrédulos los dos por la vocecita que habían oído. La vaniria se mordió el labio y sonrío, mientras Itachi la besaba apasionadamente y la alzaba en el aire.
En las segundas oportunidades, es cuando suceden los milagros.
Solo nos queda el epílogo.
