Por fin acabó la guerra, después de muchos años de dolor y sacrificios lo habían conseguido.

Los estados observaron como Inglaterra se desplomaba sobre sus rodillas y lloraba en el suelo embarrado ante Alfred quien lo miraba triste pero luego Inglaterra alzo la vista y miro a a Estados Unidos con odio puro y sin adulterar.

A los estados les daba igual sobre todo a Nueva York y Massachusetts después de todo lo que sufrieron por su culpa ellos ya lo odiaban a él desde antes.

—Padre vamonos—Carolina del Norte se adelantó para coger a su padre de la mano Noah le echo una última mirada a su antigua metrópoli y se fueron. El resto también John en cambio se quedó allí fulminando a Inglaterra con la mirada.

—No culpes a papá por esto tú lo provocaste—

Con eso dicho John se marchó dejando allí al que una vez fue su estricto pero admirado padre.

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Todos estaban celebrando la victoria con Francia, España y Prusia era algo increíble por fin ser su propia nación, eran libres.

Pero Arthur por otro lado no estaba igual a su lado estaba Canadá intentando confortarlo pero preocupado vio en sus ojos un hielo y algo oscuro que lo inquietó.

Irlanda por su parte bebía whisky sin sentir la más mínima compasión o empatía por su hermano y lo mismo pasaba con el resto hasta Escocia había estado celebrándolo en las mismas narices de Inglaterra.

—Inglaterra, Inglaterra ¿qué pensabas hermanito? ¿que siempre te saldrías con la tuya?—se burló de la desgracia del inglés—Tarde o temprano esto sucedería podría haber sido cualquier otra colonia pero tubo que ser tu amante y tus hijos los que te dejaran que curioso que ellos hayan echo lo que la mayoría de tus hermanos están intentando desde hace siglos dejarte—

Los hermanos de Inglaterra habían intentado por todos los medios posibles dejarlo pero Arthur siempre los había retenido con brutalidad y firmeza ahora sus hijos lo habían abandonado.

—Tu tiempo con Roma te destrozó y ahora sujetas a todos con un puño de hierro déjalo ahora hermanito—

El irlandés lo dejó mientras Inglaterra se sumía en sombríos pensamientos furioso destrozó el despacho y fue al minibar a tomarse todo mientras fue a por algo de drogas para intentar amortiguar el dolor.

París 3 de septiembre de 1783.

Estados Unidos estaba allí pero le había pedido a uno de sus hijos que se quedara en el hotel para cuidar a su hijo más reciente Benjamin la representación de su capital.

Fue una completa sorpresa no tenía más territorios para representar pero estaban construyendo la capital era especialmente cuidado por Virginia y Maryland ya que estaba entre ellos. Ese pequeño surgió del encuentro que tubo con Arthur antes de que terminara la guerra.

Todavía estaba intentando encontrar el momento para decírselo a Arthur.

Allí estaban en la sala de reuniones pero Arthur actuaba como si no existiera ni una sola vez lo miró a su lado estaba Portugal un aliado suyo y en la sala otras naciones como Francia, España, Holanda y hasta Rusia esa misteriosa nación del norte que había oído cosas desagradables sobre él.

Estaban allí para por fin cesar la guerra John Adams, Benjamin Franklin y otros estaban allí además de reconocer su independencia obtendrían territorios además de los otros países mencionados (excepto Rusia que estaba como mero espectador)

Una vez todo firmado las partes se retiraron excepto Alfred quien llamó a Arthur.

—Arthur ¡espera!—

El inglés se detuvo y lo miró indiferente cosa que afectó a la nación más joven.

—Le ruego que en un futuro no se dirija con esa formalidad a mi señor Jones ya no tenemos ningún lazo así que a partir de ahora seremos desconocidos—

—Pero hay algo que debo decirte—

—¿¡No me has oído!? No quiero volver a verte ni tener que ver contigo ni esos mocosos, os brinde todo mi amor y afecto y lo pisoteasteis ya no sois nada para mí y cuando vuestra nación caiga en poco tiempo por que no sabéis manejaros yo me reiré de vosotros—

América jamás había visto tanta frialdad y desprecio por parte de Arthur ahora solo veia a un desconocido Inglaterra lo miró con burla y se dio media vuelta pero no sin antes oír a América decir firme.

—Te equivocas persistiremos hasta el final, te lo demostraremos—

Alfred se retiró no merecía la pena decirle a Inglaterra de su nuevo hijo.