Había amanecido, ya era la hora del desayuno, no obstante Yukime aún no bajaba. La madre de Kagome se decidió a ver qué le pasaba con actitud extrañada, pues a ella nunca le sucedía eso.
—¡Yukime!— exclamó, golpeando a su puerta —¡Mi niña, despierta! ¡Llegarás tarde a la escuela!
—Hija, ¿ocurre algo malo?— llegó a verla el abuelo, preocupado.
—Yukime no abre la puerta— contestó ella y algo nerviosa abrió la puerta. Con horror, vió que su habitación estaba desocupada —¡Mi sobrina ha escapado!— gritó angustiada y su hijo llegó también.
—Mamá— dijo el niño, con el ceño fruncido.
—Tu prima Yukime no está— dijo su madre.
—Hay que buscarla— respondió el niño, asustado. Su comentario le dió una idea a su madre, quién se dirigió a bajar las escaleras a prisa.
—¡Hija, espera!— le dijo el abuelo y la siguieron junto a Sota.
La mujer corrió hasta la entrada del pozo y se precipitó al interior, parándose en silencio a la orilla y recogiendo un brazalete de plata con pequeños corazones.
—Ay, no. ¡Por Buddha!— gritó, tapándose la boca con la mano, aterrorizada —Yukime fue a la era feudal. Éste es su brazalete— explicó, mostrándoselo a Sota y al abuelo.
—¿Pero cómo fue posible?— preguntó el abuelo, angustiado.
—Kagome me mencionó… que puede ver los fragmentos de la perla. Al igual que ella— dijo ella, con los ojos vidriosos, tratando de decir que debido a ello, Yukime era capaz de viajar al sengoku también. Sota estaba apunto de llorar.
—Sólo espero que nada malo le pase a mi prima— dijo el niño.
—Tengamos fé, hijo— le dijo su madre, consolándolo. "Por favor cuídate, Yukime" rogó en su mente.
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Anochecía en el sengoku y Yukime se encontraba junto a Koga, Ginta y Hakkaku. Habían armado una fogata y la muchacha observaba pensativa el fuego.
La chica de ojos turquesa claro se hayaba de cierta manera aliviada de haberse encontrado a Koga en su camino. Su prima le había mencionado que eran buenas personas y de hecho, se estaban portando muy bien con ella. Los tres youkai lobo, sobre todo Koga, siempre se preocupaban de buscar comida y refugio.
No obstante, creía haber cometido una grave equivocación al actuar de una forma tan impulsiva. Determinar tan rápido y tan fácil el quedarse al lado de Koga y ya habían pasado un par de días que estaba lejos de casa. "Tal parece que lo arruiné todo" pensó en su mente, recordando lo buenos que estaban siendo todos con ella, al recibirla cariñosamente en la casa Higurashi. Además, le urgía tomar un baño, cambiarse de ropa y dormir en su cama.
Koga llevaba un par de minutos contemplándola, en serio se veía especialmente hermosa con el cabello suelto. Entonces, Yukime se puso de pié, ignorando su mirada totalmente.
—¿Pasa algo?— le preguntó el lobo, poniéndose de pié también. Yukime lo miró y le sonrió levemente.
—Nada, creo que volveré por un par de días a mi época. Eso es todo— dijo con simpleza en su suave voz, acomodando su lisa cabellera color chocolate hacia atrás. Koga frunció el ceño, asombrado.
—¿Que vas a volver?— preguntó, desafiante —Hiciste un trato conmigo, Yukime— le reclamó.
—Vamos, son sólo un par de días y ya está. Volveré— dijo ella y se encogió de hombros —Los veo pronto, cuídence mucho— se volteó con una sonrisa hacia los tres youkai lobo para caminar en dirección al pozo.
—Espera, no te irás sola— dijo Koga, aproximándose a ella —No se muevan de aquí, la dejaré en el pozo— se dirigió a sus compañeros.
—Está bien, Koga. Hasta pronto, señorita Yukime— dijo Hakkaku.
—Hasta pronto, señorita Yukime— le dijo Ginta.
—Nos vemos luego, chicos— les dijo Yukime y se subió a la espalda del joven comandante.
—¿Puedo preguntar por qué te vas?— indagó él, con tono serio mientras corría.
—Porque tengo que ver a mi familia y explicarles todo. No saben que vine aquí, de seguro están muy preocupados por mí— dijo Yukime y el lobo se detuvo a orillas del pozo. La chica se bajó de su espalda —Koga, si ves a Kagome, por favor dile que estaré en casa— le pidió, mirándolo fijamente. Koga asintió con actitud seria.
—Nos vemos, Yukime— dijo Koga, haciéndole un gesto con la mano.
—¡Ya regreso!— exclamó ella y saltó al pozo.
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Kagome volvía a casa justo a la hora de la cena, iba con la intención de quedarse por unos días para ir a la escuela y para estar con su prima Yukime también.
—¡Hola a todos! ¡Ya llegue!— exclamó la azabache, entrando alegre a la sala de estar.
—Hermana— le dijo su hermano, aproximándose tristemente.
—Sota, ¿por qué tienes esa cara?— preguntó Kagome, preocupada y miró a su madre y a su abuelo quienes lucían igual de angustiados.
—Tu prima Yukime fue a la era feudal, Kagome— dijo su madre.
—¡¿Qué?!— gritó Kagome, despavorida.
—Hace un par de días atrás, la llamé para que fuera a la escuela pero su habitación estaba vacía. Entonces recordé lo que me dijiste y fuí al pozo. Encontré su brazalete de plata en el suelo— relató su madre, enseñándole el brazalete que hacía juego con su collar choker de plata, también con pequeñas estrellas colgantes.
—¡No, no! ¿Qué va a ser de Yukime?— preguntó la muchacha, con los ojos vidriosos —¿Qué voy a hacer?
—Tranquila, Kagome. Tenemos fé de que ella volverá pronto— trató de tranquilizarla su abuelo.
—Pero tengo que ir a buscarla, no puedo quedarme en paz.
—Ve a tomar un baño, comes algo y luego vas a buscarla— sugirió su madre, tomándola de las manos para que se sintiera mejor.
"Quería ir a la escuela pero no podré, tendré que volver al sengoku para buscar a mi prima" se lamentó en su mente Kagome.
—¡Hola! ¡Estoy de vuelta!— se escuchó súbitamente la voz de Yukime y el ruido de sus pasos. Todos la quedaron mirando perplejos a la vez que entraba a la sala de estar, con una sonrisa apenada y avergonzada.
—Eres una…— empezó a quejarse Kagome y persiguió a Yukime para atacarla, quien corrió en círculos —¡Rompiste tu promesa!
—¡Perdóname, Kagome! ¡Es que no pude resistirlo!— exclamó Yukime y su prima logró agarrarla de la mano, haciéndola voltearse para así zamarrearla enojada.
—¡Casi me muero, tonta!— reclamó y acto seguido, rompió en llanto. Se abrazó fuerte a Yukime y ella le devolvió el abrazo también, resistiendo las ganas de sollozar.
—Lo lamento mucho. Por favor, discúlpenme— dijo la muchacha, al abrir los ojos y ver a su familia. Ellos la miraban felices y aliviados pese al susto que habían experimentado.
—¿Estás bien?— le preguntó la madre de Kagome, mientras ambas primas de soltaban.
—Sí, todo bien— respondió Yukime, aproximándose a su tía. La mujer le acarició el rostro y luego sacó algo de su bolsillo para entregárselo en la mano —¡Mi brazalete! Gracias, tía— dijo, sonriendo alegre y en paz.
Ambas tomaron un baño, se cambiaron de ropa y posterior a la cena, se reunieron en pijamas en la habitación de Kagome.
—Tienes que contármelo todo— exigió la azabache, expectante.
—No lo vas a creer— sonrió su prima, dando un suspiro.
Yukime le contó todo como si fuera una película con lujo de detalles y Kagome la escuchaba muy atentamente. Se escandalizó cuando supo que podría haber muerto a manos del escorpión y no pudo creer la gran coincidencia que había sido su encuentro con Koga. Pero más que todo ello, lo que más le impactó fue lo de las balas con destello sagrado. Sabía que Yukime se había traído el revólver de su madre consigo y que también tenía municiones, sin embargo no hayaba a su prima capaz de llevarla hasta la era feudal. Definitivamente, su prima Yukime tenía que ser la reencarnación de una sacerdotisa si adicionalmente poseía un fragmento de Shikon, uno que ella misma había hallado.
—Balas purificadoras— comentó Kagome.
—Sí, tengo que decir que se ve "awesome"— dijo Yukime, alegre.
—¿Eso es inglés? ¿Qué significa?— preguntó Kagome, sonriendo.
—Significa "impactante".
—¿Ves? Seguramente eres la reencarnación de una sacerdotisa.
—¿Quién sabe?— dijo Yukime, encogiéndose de hombros.
—¿Y qué te pareció Koga?— dijo su prima y la muchacha se ruborizó.
—Bueno, es hermoso— reconoció, riendo un poco nerviosa y la sonrisa de Kagome se borró un poco —Me siento atraída— agregó y la azabache se mostró algo complicada.
—¿Recuerdas lo de la promesa del arco iris lunar? ¿La que le hizo a Ayame?— preguntó, Yukime asintió y se puso un poco seria —Tú sabes lo que significa, un hombre comprometido…— agregó y su prima comprendió a lo que se refería. Nada podría ocurrir con Koga, pues tarde o temprano él se iría con Ayame.
—No he dicho que esté enamorada, no te pongas nerviosa— dijo Yukime y la tomó de la mano, con una sonrisa. "Aunque no tendría problema con enamorarme de él. ¿Pero qué cosas estoy pensando?" dijo en su mente, algo avergonzada y de sonrojó un poco.
—Oye, no quiero verte sufriendo por ningún hombre— le advirtió Kagome, devolviéndole la sonrisa.
—Y yo tampoco a tí— dijo Yukime.
—¿En serio vas a unirte a todo ésto junto a él?— preguntó su prima, algo severa.
—Sí, es decir… de cierta manera le debo la vida y él quiere que le ayude a buscar más fragmentos para así poder vengar a su manada— explicó segura Yukime y su prima asintió seriamente —Me imagino a ese bastardo de Naraku y te lo juro que me da rabia. No creo su nivel de crueldad.
—Yukime, no quiero que por ningún motivo arriesgues tu vida. Es un gran compromiso el que estás asumiendo— le dijo la azabache.
—Tengo el arma de mi madre, tengo municiones y tengo a Koga. También tengo a Ginta y Hakkaku y mis nuevas habilidades me ayudarán— dijo su prima, acentuando su sonrisa con aires optimistas.
—Sé que Koga puede cuidarte bien— acentuó su sonrisa Kagome.
—¿Jamás has sentido algo por él?— preguntó su prima, interesada.
—Para ser sincera, no. Desde un principio lo ví como un amigo. ¿Por qué me preguntas eso?— dijo Kagome, curiosa.
—Por curiosidad— respondió Yukime y cambió el tema —¿Vas a volver al sengoku?
—Es período de exámenes, me quedaré unos días.
—Yo creo que me iré mañana.
—Pero, ¿y los exámenes?— se preocupó su prima.
—Luego me pondré al corriente— dijo la muchacha de la cabellera chocolate, guiñándole un ojo.
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Yukime determinó irse a la época antigua al día siguiente luego de la cena. El abuelo se sentía abrumado pues iba a tener que inventar justificaciones para las faltas de Yukime en la escuela, tal como lo hacía con Kagome. Por su parte, su tía se puso a pensar en que tendría que cocinar el doble, para su hija y para su sobrina y Sota se mostro entusiasta y alegre con la idea. De todos modos, la apoyaron con todo su cariño y los ojos claros de Yukime brillaron de amor. Y eso sin mencionar la presencia incondicional de su prima Kagome, quién se comprometió a dejar a su prima en el pozo.
Tomó un buen baño luego de la cena y se vistió. Escogió unas leggins a la cadera en gris claro con franjas blancas a los costados y unos tenis en tela de jeans. Arriba se puso un top color azul marino al cuerpo y manga larga con escote en v, el que llegaba hasta arriba de su ombligo y dejaba esa parte de su vientre al descubierto. Tenía una figura esbelta con bellas curvas debido a las horas de gimnasio y su entrenamiento de basketball en los Estados Unidos. Su prima la miraba algo impresionada pues ella no se habría atrevido a usar un atuendo así, al menos no para ir a la era feudal. De todas formas, le agradaba cómo se veía y estaba claro que Yukime tenía otra personalidad por el hecho de haber sido criada en el país donde creció.
Kagome le secó el cabello y la peinó para luego hacerle dos trenzas. Se rió al ver a su prima con una mochila en rojo oscuro, un poco más pequeña que la suya, al tiempo que ambas se acercaban al pozo.
—Gracias, Kagome. Te adoro— le dijo Yukime y se abrazaron, sonriendo con cariño.
—Y yo te adoro. Por favor, cuídate— le rogó Kagome.
—Cuídate tú también— dijo su prima y se soltaron para tomarse de las manos —Nos vemos por ahí o de vuelta en casa.
Kagome asintió y Yukime se lanzó al interior del pozo.
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La muchacha lanzó su bolso hacia afuera y comenzó a escalar, cuando una mano de hombre la tomó con firmeza y la sacó al exterior del pozo.
—Hola— le dijo el youkai lobo y le sonrió, recibiéndola caballerosamente para ayudarla.
—Qué rápido— dijo ella, sonriendo también y sonrojándose de manera sutil. Entonces, Koga observó su vestimenta pero pronto le quitó la mirada.
—Sentí tu olor apenas llegaste— comentó y notó la mochila de la chica —¿Qué traes aquí?— dijo, levantándola del suelo.
—Ya vas a ver. ¿Cómo estás? ¿Y los chicos?— preguntó Yukime. Los dos compañeros de Koga llegaron corriendo hacia ellos.
—¡Señorita Yukime!— exclamó Ginta, alegre.
—¡Ginta, Hakkaku!— les dijo la chica —Traje comida para la cena.
—¡Muchas gracias, señorita Yukime!— dijo Hakkaku, una vez estuvieron todos sentados alrededor de una fogata y probando la comida traída por ella.
—Gracias, Yukime. Todo está delicioso— le dijo Koga y ambos sonrieron.
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Dos semanas y aun no habían logrado conseguir ni un rastro de los fragmentos de la perla ni del paradero de Naraku.
Casi era mediodía, cuando el grupo se dió cuenta del alboroto que estaba sucediendo cerca de la ladera de la montaña a la que se dirigían. Un par de aldeanos corrían horrorizados en dirección contraria y pasaron de largo al verlos. Yukime nuevamente experimentó esa sensación, un fragmento de la perla mezclada con una presencia maligna.
—Koga— le dijo Yukime, mirando con atención hacia el lugar que le señalaba su intuición.
—¿Qué ocurre?— preguntó el lobo.
—Percibo un fragmento de Shikon. Se encuentra hacia allá— dijo, apuntando. Ginta y Hakkaku por fin los alcanzaban.
—¡Koga!— exclamó Hakkaku.
—¡Señorita Yukime!— dijo Ginta.
—Hay un youkai cerca y tiene un fragmento de la perla— explicó la muchacha.
Koga iba a avanzar con Yukime en su espalda pero tal parecía que el objetivo iba a aproximarse a ellos. Un montón de arañas de tamaño mediano corrían con la clara intención de atacarlos.
Ella se bajó de la espalda de Koga y tomó su pistola, disparándole a varias de ellas, mientras que el joven comandante hacía lo suyo junto a sus asustadizos pero luchadores amigos.
—¡Ay, no!— exclamó ella, viendo que las arañas continuaban apareciendo, pero necesitaba cargar su revólver.
—¡Cuidado, señorita!— gritó Hakkaku, alertándola del peligro pues estaba concentrada en las municiones requeridas.
—¡Yukime!— la cubrió Koga, protegiéndola del ataque de las arañas.
—Perdón, tenía que cargar— se disculpó avergonzada la muchacha —Gracias, Koga.
Las arañas dejaron de salir pero el sonido de un fuerte movimiento cercano les indicó lo que seguía.
—Ahí viene el fragmento— advirtió Yukime.
—Debe ser la madre de todas esas asquerosas arañas— se puso en guardia Koga, ubicándose delante de quien ahora era su compañera.
