De una gran cueva, hizo su aparición una araña idéntica a las demás que acababan de matar, pero que las superaba en tamaño enormemente.
De manera inmediata, Yukime pudo ver el fragmento de Shikon en la cabeza de la araña, sobre sus ojos.
—¡Koga, agáchate!— gritó la muchacha, haciendo un veloz ademán para preparar su revólver y disparar ante los gritos de temor de Ginta y Hakkaku.
El lobo siguió su orden y la bala purificadora salió del arma de Yukime, dando en el lomo de la gigantesca y horrible criatura que chilló de dolor.
Koga se apresuró a atacarla pues ésta ya se preparaba para aproximárseles y responder el ataque de la chica.
—¡Mi turno!— gritó el youkai y comenzó a darle una serie de patadas y golpes, esquivando los rápidos movimientos de sus enormes patas.
Se movían de un lado a otro, mientras Yukime acompañada de los sirvientes youkai lobo, observaban con total atención la batalla.
Al sentirse debilitada por la bala de la muchacha y las arremetidas del lobo, la araña hizo un esfuerzo y logró golpear a Koga, lanzándolo lejos.
—¡Koga!— gritaron los otros demonios al unísono, al tiempo que Yukime volvía a dispararle a la araña en un arrebato de rabia por atacar a Koga.
La araña recibió el disparo cerca del anterior y se retorció de dolor, haciendo que se dejara caer al suelo. La muchacha se aseguró de su inmovilidad para correr a ver a Koga, pero él ya estaba de pié e ileso junto a sus acompañantes.
Yukime le sonrió levemente sonrojada y pensó "Es increíble su nivel de recuperación".
—Gracias por defenderme, Yukime— dijo él seriamente, para luego correr con su característica velocidad, darle los últimos golpes a la araña y finalmente aniquilarla.
Ella se acercó al cadáver del ser demoníaco para tomar el fragmento de Shikon cuando los youkais lobo se pusieron en alerta mirando hacia el bosque.
—Koga, ¿te diste cuenta?— le preguntó Hakkaku, atento. Yukime miró confusa hacia donde ellos miraban.
—¿Quién anda ahí?— preguntó el joven comandante, con voz fuerte y gruesa.
De entre unos arbustos apareció una sacerdotisa adulta con arco y flecha tensados, lista para usarlos cuando fuera necesario. Koga se acercó un poco más a Yukime y se puso en guardia al igual que lo hicieron Hakkaku y Ginta.
—¡Di lo que quieres ya!— insistió el joven lobo pero ella lo ignoró.
La mujer se les aproximó con cuidado, tenía la mirada fija en Yukime, con una expresión muy incrédula.
—¿Maestra?— le preguntó y todos fruncieron el ceño. La sacerdotisa no sonaba demasiado convencida ya que aún se le hacía probable que Yukime no fuera una miko, producto de sus llamativas ropas —¿Maestra Akemi? ¿Es usted?— repitió.
La chica de la era moderna sonrió pese a su extrañeza al haber sido confundida con otra persona y más aún, de ésa época.
—No. Yo soy Yukime Iwasaki— se presentó la muchacha, algo avergonzada. Koga y sus sirvientes se encontraban tan desorientados como ella.
La sacerdotisa se detuvo y bajó su arco al suponer que no sería atacada, absorta en sus pensamientos y sentimientos.
Por un lado, creyó que la muchacha tenía los mismos ojos turquesa claro y el cabello liso color chocolate de la maestra Akemi, pero no era ella. Su manera de purificar y su energía inconfundible también correspondían a la fallecida miko, lo que la llenaba de curiosidad.
Y por otro lado, se le hacía muy raro que una humana con poderes espirituales se encontrara viajando con tres youkai lobo, sin mencionar su atuendo fuera de lo normal.
—Mi nombre es Hatsumomo, le pido me disculpe por haberla confundido— dijo la mujer, con una leve sonrisa. Yukime asintió y sonrió también —Y gracias por haber eliminado al demonio araña. Había traido problemas a nuestra aldea.
—Descuide— respondió la chica.
—Si me permite preguntar, ¿por qué viaja con estos youkai?— dijo Hatsumomo y Koga respondió antes de que Yukime pudiera hablar.
—Eso no es asunto tuyo, sacerdotisa— dijo él y bufó fastidiado. Yukime se volvió a verlo, molesta.
—Koga— llamó su atención. El lobo la miró enojado.
—¿Qué pasa?— preguntó, con su varonil voz.
—No seas así— respondió la chica, con tono firme y volteó para mirar a la sacerdotisa de nuevo. Koga gruñó por lo bajo, dedicándole una mirada de rabia —Viajo con ellos por una buena causa, se lo aseguro— dijo la chica, sonriéndole a Hatsumomo.
—Me gustaría entregarle algo, si acepta acompañarme al templo. Se encuentra cerca de aquí— ofreció la sacerdotisa, con una sonrisa amable. Yukime se sintió muy curiosa al respecto de su invitación e iba a responder, cuando Koga se le adelantó.
—Nosotros ya nos vamos de aquí— respondió el joven comandante, con tono autoritario pero pacífico.
—Iré con ella y pronto estaré de vuelta. No te preocupes— se volvió a verlo Yukime, quien lo miró seria y en calma.
—¡Tenemos que continuar, Yukime! ¿No entiendes que no hay tiempo que perder?— insistió el joven lobo, ya muy disgustado.
Ella simplemente volvió a ver a Hatsumomo con una sonrisa cordial.
—Ya regreso, espérenme aquí— les dijo a los 3 demonios lobo y se fue caminando junto a la sacerdotisa. Koga gruñó de rabia al haber sido prácticamente ignorado por la chica.
—Vaya con cuidado, señorita Yukime— le gritó Ginta.
—La estaremos esperando— gritó Hakkaku.
Yukime caminó un momento en silencio junto a Hatsumomo entre los árboles, camino al templo.
—¿De dónde viene usted?— le preguntó la miko. Yukime acentuó su sonrisa.
—De una región muy lejana— respondió.
—¿Sabe con quién la he confundido?— ella la miró y la muchacha le dirigió la mirada, negando con la cabeza —Con una maestra conocida, una sacerdotisa que murió hace muchos años. Se llamaba Akemi.
Ese nombre se repitió en la cabeza de Yukime, fue como si lo supiera. Entonces recordó una de las conversaciones con su prima Kagome, esa donde le sugirió que podría ser la reencarnación de una sacerdotisa.
—Su manera de purificar y su energía espiritual no puede ser de nadie más que de la maestra Akemi— aseguró Hatsumomo y el corazón de Yukime latió fuerte. ¿Eso quería decir que era en serio?
Llegaron a la entrada del templo y Hatsumomo abrió las puertas para ingresar detrás de Yukime. Dentro de todo ese cúmulo de emociones por lo que estaba descubriendo, la chica notó al fondo del lugar un arco y un carcaj con flechas.
—Esto es lo que quiero entregarle, en agradecimiento por haber matado al demonio araña— le dijo Hatsumomo y llegaron hasta donde estaba el arma —El arco y las flechas de la maestra Akemi. Tal cual ella los dejó.
La sacerdotisa los tomó, para dejar ambos en las manos de Yukime. Apenas los recibió, sintió una rara sensación, como un déjà vu. Era como si ya los hubiera tenido antes en sus manos.
La muchacha sonrió y los acomodó en su hombro derecho.
—Se lo agradezco mucho, señorita Hatsumomo— le dijo Yukime.
—Todo apunta a que usted posiblemente es la reencarnación de la maestra Akemi. Si usted lo desea, puede quedarse en la aldea y yo le enseñaré todo. De esa manera, le sacará el mayor potencial al poder espiritual que posee— ofreció Hatsumomo, de manera muy cordial y con una sonrisa.
Yukime no supo que decir por un momento pero lo cierto era que quedarse no era una opción.
—Muchas gracias, pero continuaré mi viaje— respondió Yukime, educadamente.
—¿Es usted la mujer de ese youkai lobo?— preguntó la sacerdotisa y comenzaron a caminar de vuelta a la salida. La muchacha se sonrojó levemente.
—No. Tan solo viajo con él— dijo, un tanto nerviosa y salieron del templo —Ha sido un gusto conocerla, señorita Hatsumomo— se despidió Yukime.
—Para mi también, señorita Yukime. Buen viaje— le dijo Hatsumomo.
—Adiós— dijo la chica y caminó a paso apresurado.
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Ya caía el ocaso y Yukime le pidió a Koga que la llevara al pozo. Tenía que volver a casa un par de días para ir a la escuela y también hablar con su prima Kagome.
Koga se molestó pero luego de reclamarle a Yukime, terminó por ceder.
Llevaba a la muchacha a la espalda, afirmándola de las piernas mientras corría a alta velocidad en dirección al pozo, siendo seguidos de lejos por Ginta y Hakkaku.
De un momento a otro, el aroma de Kagome llegó a las narices de Koga y Yukime percibió la presencia de los fragmentos de Shikon que su prima poseía.
—Kagome y ese perro sarnoso, están cerca de aquí— dijo Koga y Yukime se alegró, pues eso significaba que su prima también iba al pozo.
Avanzaron un poco más y ahí estaban Inuyasha y Kagome, acompañados por Sango, Miroku, Shippo y Kirara, caminando a paso tranquilo.
—¿Qué haces por aquí, lobo rabioso?— le preguntó fastidiado Inuyasha al tiempo que Koga se detenía frente a ellos.
—¡Prima!— exclamó Yukime, bajándose de la espalda de Koga. El youkai lobo ignoró completamente la pregunta del ojidorado para aproximarse a Kagome, tomándola de las manos de manera delicada y cariñosa.
—¿Cómo estás, mi querida Kagome?— le preguntó Koga, mirándola con dulzura. Yukime prefirió bajar su mirada, molesta e incómoda. Pese a que suponía cuál iba a ser el comportamiento de Koga al ver a Kagome, la situación la ponía celosa.
—Estoy bien, gracias. ¿Cómo han estado ustedes?— preguntó Kagome con una sonrisa, a lo que Inuyasha lo empujó para apartarlo de ella.
—Deja de tomar sus manos con tanta confianza, lobo pulgoso— gruñó el hanyou y Koga gruñó fuerte también.
Kagome los ignoró para ir al lado de su prima, con quien se abrazaron cariñosa y alegremente.
—¿Todo bien?— le preguntó a su prima y Yukime le guiñó un ojo —¿Y ese arco?— dijo, curiosa.
—Te explicaré cuando estemos en casa— contestó Yukime, con calma.
—Tienes que conocer a mis amigos— dijo su prima y tomó de la mano a la muchacha para llevarla junto a los demás.
—Hola— los saludó Yukime amablemente con una amplia sonrisa.
—Hola— respondieron todos, a excepción de Inuyasha, quien continuaba su discusión junto a Koga.
—Ella es Sango y su gata Kirara— la presentó Kagome.
—Es muy bueno conocerte, Kagome me ha contado maravillas sobre ti— le dijo Yukime a la hermosa exterminadora, quien sonrió algo tímida.
—Gracias, Yukime— respondió Sango, al lado del monje que la miraba de pies a cabeza.
La prima de Kagome llevaba puesta una mini falda plisada y a la cintura en gris, junto a un top de tiritas en turquesa y escote redondo, el que iba dentro de la falda. Encima, un cardigan en negro y en las piernas unos thigh high socks en gris, ademas de sus tenis también en gris. Su cabello iba peinado en una coleta alta.
—Señorita Yukime, usted luce como una princesa sacada de un cuento de hadas— le dijo Miroku aproximándose a ella y la muchacha lo reconoció al instante, dando un paso hacia atrás. Koga se molestó pero se mantuvo callado y miró a otro lado. Por su parte, Sango ardió de rabia al ver que ese monje era capaz de coquetearle a la prima de Kagome a la primera oportunidad.
—No tienes que acercarte, así está bien. Ya sé que eres Miroku— le dijo Yukime, haciéndole un gesto con la mano y sonriéndole, entonces miró al pequeño zorro —Tú debes ser Shippo.
La chica se agachó y le acarició el pelo.
—Eres tan dulce como Kagome— le dijo Shippo, con una sonrisa de agrado. Ambas primas sonrieron enternecidas.
—¿Y tú? ¿Cómo has estado?— se dirigió Yukime a Inuyasha, amablemente. Él y su rival detuvieron su pelea.
—Todo bien hasta que te apareciste con este lobo rabioso— reclamó el hanyou.
—¿Qué dijiste?— le preguntó Koga, fastidiado.
—¡Ya deténganse!— exclamó Kagome, ya molesta.
—Me dirigía al pozo, ¿tú también?— le preguntó Yukime a Kagome.
—Sí, voy a casa— respondió Kagome, feliz por coincidir con su prima.
Se despidieron de todos y el hanyou y el lobo fueron los encargados de dejarlas en el pozo.
Entrando a casa, de inmediato repararon en que todo estaba un poco desordenado, algo que no era usual en casa. Había un montón de cosas por aquí y por allá.
—Ah, sí. Debe estar listo— comentó Yukime emocionada, antes de que su prima pudiera preguntar cualquier cosa y la arrastró hacia el baño.
Se asomaron al umbral de la puerta y quedaron encantadas con lo que vieron, pues el baño estaba completamente ampliado y remodelado.
Lavamanos y vanitorio nuevo, w.c. nuevo y un jacuzzi además de una ducha aparte y un mueble blanco y grande.
—¿Un jacuzzi?— preguntó Kagome, asombrada.
—Sí, es el mismo que tenía en mi casa en Estados Unidos. Vas a ver lo maravilloso que es— respondió Yukime, entusiasmada y contenta.
En eso, apareció la madre de Kagome por el pasillo y se les acercó.
—Hola, mis niñas. Qué bueno que llegaron juntas— les dijo la mujer y las saludó con ternura —Tu prima me dijo que ocupara el dinero de las ganancias de las inversiones de mi hermana para remodelar y ampliar el baño y la cocina— explicó su madre con una gran sonrisa. Kagome se sorprendió más.
—¿La cocina también?— preguntó y Yukime la arrastró hacia allí. Su madre las siguió.
—Qué hermoso, mamá— le dijo Kagome, al ver lo bien que estaba quedando y sonrió ampliamente.
Tenía un gran refrigerador nuevo con puerta doble, cocina nueva con 6 quemadores y espectacular horno, sin mencionar el lavaplatos doble y el lavavajillas, junto con los muebles y la alacena nueva.
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Los tres youkai lobo estaban sentados alrededor de una fogata en medio del bosque y comían lo que habían logrado cazar.
—Oye, Koga— le dijo Hakkaku, mientras comían lo que habían logrado cazar.
—Qué— dijo el joven comandante, sin mucho interés.
—¿Todavía piensas en casarte con Kagome?— continuó su sirviente con algo de timidez. Koga lo miró con cara de fastidio pero no supo por qué se le vino Yukime a la mente.
—¿A qué viene eso?— preguntó, molesto.
—Creemos que la señorita Yukime podría estar interesada en tí— respondió Ginta. Koga frunció el ceño.
—Ya están inventando tonterías— dijo el lobo y miró a otro lado.
—Hemos visto cómo te mira— comentó Hakkaku y las mejillas de Koga se sonrojaron levemente.
—Es agradable con nosotros, nos trae comida, es tu aliada en las batallas y además es muy bonita— dijo Ginta y el enojo de Koga iba en aumento.
—Podría ser una buena esposa, ¿no crees?— sugirió Hakkaku y el youkai lobo ya no soportó más.
—¡¿Por qué están cuestionando mis decisiones?!— les gritó y sus sirvientes lo miraron algo complicados —¡Ninguno de ustedes tiene por qué venir a darme sugerencias de nada si no las he pedido!
—Discúlpanos, Koga. Sólo decíamos por si no te habías dado cuenta— dijo Hakkaku, avergonzado.
—Perdón, Koga— le dijo Ginta y miró al suelo, tan avergonzado como Hakkaku.
—Ya vuelvo— les dijo Koga, todavía muy enojado.
Mientras andaba sin rumbo y dentro del enojo que le habían provocado sus acompañantes, reparó en que el aroma de Yukime permanecía en él. Como muchas veces y producto de que solía traer a la chica en su espalda, parecía que su tan dulce aroma se quedaba junto a él aunque ella se fuera.
Suspiró hondo y repasó los comentarios de Ginta y Hakkaku. Le daba mucha rabia que sus sirvientes cuestionaran su actuar, pues pasar todos los días acompañándolo no les daba ese derecho. Ellos eran sus sirvientes y aunque él no permitiera que esos límites fueran pasados por alto, Ginta y Hakkaku actuaban casi como amigos con respecto a él.
Se hallaba determinado a reclamar a Kagome como su mujer, pero cuando Hakkaku le consultó al respecto, él se había acordado de Yukime. Sin duda, era una hermosa muchacha y también había demostrado sus cualidades. Sin embargo, ¿en serio ella lo miraba con ojos de amor?. Y si así fuera, ¿qué haría al respecto?. ¡Bah!, ni le interesaba y mejor era enfocarse en sus prioridades, por lo que dirigió sus pasos de vuelta al lugar donde estaban Ginta y Hakkaku.
