CAPITULO 1

- ¿Cosas que hacer¿, - Preguntó Charlie algo confundida, ella jamás esperó que su amigo de cabello rojo fuera a decir algo así, bueno, no era el fin del mundo después de todo.

- Si. Voy a salir por unos días por lo cual no podré venir a ayudarte con este prospero hotel. - Contestó Alastor seguro. Él lo había decidido desde hace días, él saldría unos días de viaje por lo cual dejaría a Charlie sola con la administración del hotel.

- No hay problema. - Charlie sonrió demostrando que todo estaría bien, ladeó la cabeza. - ¿Y por cuanto tiempo te irás¿, - Lo preguntó para poder organizar sus actividades y horarios, tampoco era como si hubieran muchas actividades qué hacer en el hotel, por el momento solo era afinar detalles con el acomodo de los muebles y la ambientación, ya saben, cosas de hoteles.

- Volveré dentro de unos dias, tal vez diez o veinte. - Alastor realmente no tenía la necesidad de dar explicaciones a donde y a qué salía pero le pareció cortés avisar que no estaría presente en el hotel para que Charlie al menos supiera de esto.

- Espero te vaya bien en tu viaje. ¿Puedo preguntar a donde vas¿, - Indagar un poco en la vida de Alastor no le parecía mal a la rubia, al contrario, ella quería saber todo sobre aquel enigma andante.

- No. - Lo dijo con un tono burlón para no sonar tan hostil. - Regresaré en unos dias así que cuida bien el hotel mi demoniaca amiga.

- Si, lo haré. - Mostró una alegre sonrisa Charlie. Ahora que se iría Alastor Charlie se sintió un poco insegura de como manejar el hotel, si, el demonio radio le había proporcionado los elementos para el hotel y todas esas cosas pero ella necesitaba un poco de apoyo moral de vez en cuando. Alguien que la acompañara en sus locuras y en su sueño de tener un hotel era bastante reconfortante para ella.

- No te preocupes, te traeré algún recuerdo de mi viaje. - Alastor sonrió antes de salir de la oficina donde estaba con Charlie. Afuera en el lobby estaban Vaggie y Angel Dust, como siempre ellos estaban peleando, Vaggie siempre diciendole a la estrella porno que su comportamiento debía mejorar ya que si no lo mejoraba no podría ir al cielo y Angel Dust siempre le respondía con algún comentario relacionado con sexo. En fin, Alastor solo dejó pasar esa conversación, pasó por el lugar tranquilamente y después salió del hotel.

Durante el camino a casa los pensamientos invadieron su mente, la sensación de desesperación y molestia interna le recalcaban y eso hacía que no pudiera estar tranquilo. Desde hace unos dias le invadía esa sensación así que él estaba decidido a acabar con eso, no le gustaba experimentar emociones como esas, al contrario, cuando encontró la razón de qué lo hacía sentir así decidió terminar de una vez por todas con eso.

- Solo tengo poco más de dos semanas, si no lo logro en ese lapso de tiempo...- Alastor hablaba para si mismo mientras hacía los últimos pendientes para no ''preocuparse'' durante su viaje. - Solo, la fecha correcta...- Él de entre un estante tomó un libro, este tenía un separador así que fuera más fácil encontrar la cosa que estaba buscando, detrás de una hoja había un pequeño papel lleno de dobleces, este tenía una fecha en especifico pero no se notaba muy bien ya que el paso del tiempo se había encargado de hacerlo ilegible. - Ha pasado tanto tiempo que ya ni siquiera entiendo qué fecha es esta, - Esta vez dados los nuevos acontecimientos consideró el papel un objeto inútil así que simplemente lo desechó. - MMM, - Juntó los labios y solo hizo el sonido que normalmente hacía la gente cuando pensaba. - Según recuerdo, era mil novecientos treinta...- Él había descubierto una curiosa habilidad desde hace unos días. Todo comenzó cuando encontró un libro en su biblioteca, ¿Cómo había llegado ahí¿, es un misterio. El libro no parecía la gran cosa pero Alastor notó que era un libro de ficción lo cual le pareció interesante, este hablaba sobre viajes en el tiempo y realmente este asunto no le importaba mucho ya que solo era ficción pero conforme pasaron los días una duda comenzó a carburar dentro de la cabeza del misterioso demonio radio.

- ¿Y si a mi yo del pasado no se le da poder ser yo¿, - Fue lo que le llegó a su mente como toda una persona narcisista. - ¿Qué tal si en algún momento por alguna circunstancia o factor mi yo del pasado no puede hacer las cosas que yo hice antes y por lo cual no podré llegar aquí y...- Aunque él había cometido asesinatos toda su vida por la influencia de una poca paranoia ahora a Alastor se le estaban zafando todos los tornillos que tenía. - ¿Y si por su cambio de actitud no logro ser lo que ahora soy¿, - Eso era lo que más le ''preocupaba'', - ¿Y si, desaparezco¿, - Y por nada del mundo él podía hacer eso. Ahora que él tenía una nueva forma de entretenerse no quería irse sin ver antes como surgían las cosas con el Hazbin hotel. - Tal vez si le recuerdo a mi yo pasado lo que es ser yo puedo asegurar mi existencia al menos por unos momentos más. - Y claro tomando en cuenta que él sabía claramente que de todas formas él iba a morir en algún momento si incluso él interfería.

Teniendo eso en cuenta, Alastor se decidió a hacerlo. Él viajaría al pasado para asegurar su estancia en el futuro o al menos en el tiempo en el que estaba ahora si es que en donde estaba se podía considerar un estado de tiempo. El poder hacerlo fue fácil, solo un par de invocaciones le bastaría para poder lograr abrir un portal hacía el pasado, aunque claro, no todo era poder ilimitado si no que, en cierto momento Alastor debía volver al infierno ya que ahí era a donde pertenecía ahora por lo cual se dio como fecha limite dieciocho días, nada más, nada menos, ese sería el tiempo fijado para poder recordarle a su yo lo que es ser él.

Guiado por el libro de ciencia ficción Alastor decidió no dar a conocer su identidad con su yo pasado ya que eso causaría según él, aún más cambios en la línea espacio tiempo, también se dio como tarea no interferir tanto en la vida de los demás, por ninguna razón debía interferir así que eso quería decir que: Nada de matar o embrujar personas ya que eso podría interferir en su destino.

- Tal vez unos años atrás sería lo apropiado...- Él con algunos artículos para la brujería elaboró un pentagrama en el suelo, se ubicó en el centro de este. En su casa había una profunda oscuridad, él colocó unas cuantas velas a los alrededores pero estas no hacían su trabajo, no iluminaban lo suficiente aunque eso ya no importaba para nada. - ¿Dejo algo pendiente mientras me voy¿, - Imitó él a lo que decía una persona normal antes de salir de viaje. - No, entonces hora de volver al mundo humano. - El proceso de transición fue rápido, en menos de lo que fue pensado el rostro de Alastor fue bañado por las luces de la ciudad, la música de jazz sonaba cerca y cierta brisa del rio le recordó un poco de como era a cuando estaba vivo, por supuesto, ahora mismo veía todo eso le parecía fascinante ya que estaba muerto. - Un escenario tan maravilloso visto ahora que ya estoy muerto, que irónico. - Incluso si él no lograba encontrar a su yo y no lograba ser lo que es ahora, consideró que, tal vez no importaba mucho, todo era una ilusión al final de cuentas para él y lo único que era verdaderamente importante era buscar algo entretenido para no aburrirse. Y ya estando en ese fantástico lugar, ¿Por qué no disfrutar un poco¿. El demonio radio fue a divertirse de lo lindo por todo nueva Orleans, al compás de la música de jazz y de las alegres personas y de las que no lo eran tanto hizo cuanta cosa se le ocurrió para des aburrirse, y si, él no podía interferir con la vida de las personas pero después de una fiesta, ¿Quién recuerda las cosas ocurridas¿. Y un ejemplo claro de esto fue que incluso Alastor no tenía idea de en donde había amanecido al día siguiente, él terminó en un sofá bastante incómodo y pequeño, al parecer durmió toda la noche ahí. - ¿Y donde vine a parar hoy¿, - Al simple vista no le faltaba nada ni se sentía ebrio o con algún síntoma de que se excedió demasiado, solo se sentía neutro ahora que la fiesta había terminado al menos por ese momento. - Este sofá me parece...- Movió un poco el cuerpo para sentir la textura del lugar donde estaba recostado, era levemente rasposa y olía a viejo, era como una de esas cosas que guardabas durante mucho tiempo y estaban llenas de polvo, pero al menos tuvo un lugar donde dormir, eso ya era un acontecimiento importante. - Pfff, - Alastor volvió a recostar la cabeza sobre el sofá y miró el techo, este se miraba bastante sucio, aunque, le parecía familiar en cierto modo pero no podía recordar de donde.

No le dio mucha importancia y cerró los ojos por un momento que tal vez se hizo más que eso ya que cuando despertó el clima estaba más tibio e incluso, había un delicioso aroma a gumbo en el aire, eso sin duda despertó por completo sus incompletos sentidos. - Después de tanto tiempo comida decente, pero que maravillosa bienvenida a nueva Orleans. - Guiado por su olfato al igual que un sabueso llegó hasta una cocina cerca de ahí, al parecer él había ido a parar a la casa de alguien y ese alguien había dejado al fuego una pequeña olla con gumbo. - Veamos, - El demonio probó un poco de la comida, al principio sintió una vaga sensación de que el gumbo estaba caliente pero no le importó y siguió comiendo directo de la olla por más antihigiénico que fuera para él, dejó sus modales a un lado solo para cumplirse ese pequeño capricho. - Algo picante, no está mal. - Opinó y justo después recobró la cordura recordando el por qué había venido al pasado. No estaba aquí para comer platillos criollos si no que había venido para buscar a su yo de esa época.

- Siendo el yo de esta época, ¿Dónde estaría a éstas horas¿, - Se llevó la mano a la barbilla para pensar un poco, al principio no recordaba ya que había pasado mucho tiempo desde todo eso pero luego le vino el lugar más simple para buscar: Su propio apartamento. A éstas horas él estaba seguro que se estaría alistando para ir al trabajo que tenía como locutor de una estación de radio en el centro de la ciudad. - ¿Dónde estaba mi apartamento¿, - Ahora preguntó al aire, cualquier persona pudo haberle respondido en ese momento. - En primer lugar, no sé donde estoy... - O tal vez si lo sabía. Desde que había despertado tenía la sensación de familiaridad en la cabeza, tal vez había estado ahí antes cuando estaba vivo, pero habían pasado tantas décadas desde que él mostró signos de vida que no recordaba a la perfección todas las cosas que pasó. - Creo que pensaré todo eso cuando termine de comer. - Aplicó lo que se solía decir ''El cerebro funciona mejor después de comer''. Se sentó en uno de los tres sofás que había en la sala de estar, junto con un plato de gumbo repasó algunos de sus recuerdos.

- Afinando la voz, ¿Probando¿, ¿Probando¿, - Una voz lo sacó de sus pensamientos, él se levantó de inmediato y fue hacia el corredor para ver quién estaba ahí, y, quedó sorprendido por lo que vió. Sin pensarlo, se encontró. Él estaba ahí frente a sus ojos, totalmente humano y vivo, hace mucho tiempo que no se veía, era alto, de cabellos castaños y ojos grandes, estos cubiertos por un par de anteojos redondos. - Pero que fantástico, el gumbo está listo, - El Alastor humano con ayuda de una cuchara tomó un poco de gumbo y lo probó, él también se quemó la lengua al sorber pero aún así siguió comiendo. Alastor en ese momento estaba en el umbral de la cocina, en un modo totalmente no visible para los humanos así que estaba pasando desapercibido por su él. - Está delicioso esto pero el trabajo no puede esperar. - Después de apagar la vieja estufa el Alastor humano anduvo por todo el apartamento comiendo del plato de gumbo que se había servido, esto le pareció bastante enigmático al demonio radio ya que no recordaba que hubiera tenido ese tipo de comportamiento en el pasado. - Bien, - Salió del cuarto de baño después de lavarse, se pasó la mano por el cabello. - A salir de nuevo. - El Alastor humano salió del apartamento dejando solo al demonio radio, este se quedó bastante confundido. ¿Acaso así era cuando estaba con vida¿. Él se había imaginado algo diferente, sus pensamientos variaron bastante ahora que la expectativa que se había hecho de él mismo más sin embargo algo dentro de si le dio la razón sobre algo: Fue una buena idea volver a esta época, sin duda su yo necesitaba un poco de ayuda.

- ¿Debería esperar a que él vuelva¿, - De inmediato Alastor descartó la idea, cuanto más pronto tomó la decisión de salir para acompañar a su yo y ver lo que hacía. Bajó las escaleras del complejo departamental donde vivía y salió al mundo exterior, había demasiada gente esa mañana, todos yendo al trabajo, algunos hombres acudiendo al puerto para comenzar desde temprano la jornada laboral, también el humo de los hogares sobresalía de algunos escapes y chimeneas, hacía un limpio día, no había ninguna nube en el cielo, era un buen día a fin de cuentas que sin duda Alastor disfrutó. - La estación de radio, ¿Dónde estaba¿, - Había muchas direcciones en ese lugar, el Alastor humano pudo ir por cualquiera de ellas y ya que el demonio radio se había perdido de vista tenía que tomar una dirección para comenzar. - Podría ir por la izquierda, tal vez a la derecha, - Había demasiados caminos en esa calle. - Pero la vida es un riesgo así que pues...- Se encogió de brazos y luego de decidirse por la derecha comenzó su camino alegremente a un paso regular, buscando a su yo y al mismo tiempo mirando todo lo que le parecía interesante, incluso llegó a parar varias veces para participar en alguna tocada de jazz o en algún grupo de partidas de cartas. Mientras él estaba ahí se dejaba llevar por todo, el rato para él mientras se ''divertía'' pasaba muy rápido ya que entorno a ''tiempo humano'' las horas transcurrían velozmente pero al mismo entorno a ''tiempo de una persona muerta '' todo era irrelevante y era mucho menos que un suspiro comparado con lo que le quedaba por existir.

- Usted tiene una voz increíble, - Le dijo uno de los músicos del pueblo después de que compartieran unas cuantas tocadas ese día. Si, las tocadas tampoco se recuerdan. - ¿Es de por aquí¿, - Todos se encontraban descansando junto al muelle, incluso algunos marineros se les habían unido.

- Eso es halagador sin duda, - Lo dijo Alastor un poco incomodado, a él le gustaba la compañía de vez en cuando pero en ese lugar todos estaban juntos de vez en cuando y eso le parecía bien pero a la hora de tocarse y establecer contacto físico a él no le gustaba mucho que lo tocaran. Le gustaba tocar e invadir el espacio personal de los demás pero no le gustaba que los demás le tocaran ni siquiera un poco, la regla inquebrantable era no permitir por ninguna razón que los demás invadieran su espacio personal.

- ¿Le gustaría una cerveza¿, - Le preguntó uno de los marinos a Alastor mientras se sentaba junto a él, Alastor ante esto primeramente se alejó un poco del marino y después habló.

- No, muchas gracias. - Intentó ser lo más sociable que su personalidad le permitía, él lo era sin duda pero había mucha diferencia entre ser ''bueno'' con un grupo de damas que con un grupo de caballeros adultos y marineros desconocidos de otros lugares.

- Vamos, beba un poco...- Incluso para Alastor era una actividad poco fructífera el beber alcohol, en primer lugar por qué él ya estaba muerto por lo cual no le hacían efecto en sí las bebidas humanas y en segundo lugar por qué era demasiado temprano para beber.

- Reitero, no me apetece. - Él sonrió de lado tensando los labios, tipos como ese llegaban en cierto momento a causarle incomodidad.

- Bueno muchachos, me retiro. - Dijo uno de los hombres que estaba con él, poco después todos los demás hombres se retiraron, cuando menos se dio cuenta el demonio radio las nubes cubrieron el cielo y algunos relojes a lo lejos sonaron dando a avisar que ya estaba llegando la tarde, las seis de la tarde exactamente.

- Pero que calamidad. - Alastor miró uno de los relojes de la ciudad, al parecer había perdido todo el día en excesos. - ¿Dónde estará mi yo ahora¿, - Probablemente seguiría trabajando en la estación.

Alastor miró a sus alrededores, no había mucha gente cerca, solo unos cuantos en sus actividades diarias, todo normal, nada comparado con el infierno. - Si fuera por mi, esperaría en casa pero eso no sería nada entretenido. Iré a buscarme. - Después de decidirlo caminó un poco, la gente al pasar junto a él le dedicaban miradas momentáneas, ellos no estaban acostumbrados a ver tan extravagante personaje caminando tan tranquilo por la acera, llegaron a pensar que tal vez era un loco o tal vez era uno de esas personas que se solían ver a menudo que llevaban sus ropas especiales para el jazz. Pasó una hora, tal vez dos, la búsqueda pronto se volvió aburrida para Alastor y al final terminó solo vagando por las calles como un perro o más bien un gato bastante curioso por todo lo que ocurría a su alrededor. Durante ese transcurso de tiempo nubes negras se formaron en el cielo, mucho más pronto comenzó a llover. - Está lloviendo a cantaros...- Comentó el demonio haciendo un pequeño refugio entre la palma de sus manos para cubrirse de la lluvia. La gente corría para refugiarse, Alastor solo miraba esquivando a cada persona con potencial de chocar contra él, esto le pareció bastante divertido, era como un bailar entre la lluvia.

Narra Alastor humano:

Ese día había terminado mi jornada laboral, no me fue tan mal por lo cual no puedo quejarme, mi trabajo es bueno y no me puedo ''quejar''. Al terminar el trabajo me levanté de mi silla, hice unos cuantos estiramientos y después de cerrar mi pequeña estación de radio hice mi camino a casa. Afuera estaba lloviendo bastante, desgraciadamente no tenía un paraguas conmigo así que tuve que volver a casa a paso veloz para evitar mojarme. Había otras personas afuera corriendo igual que yo que habían olvidado su sombrilla, no me sentí tan tonto debido a eso.

- Vamos, debo volver a casa, vamos...- Le decía mentalmente a los autos que no dejaban de circular por la calle y me impedían el paso, la lluvia arreciaba y los autos no se detenían, había demasiada gente junto a mi esperando igualmente cruzar la calle y esta no dejaba de hablar y de moverse invadiendo totalmente mi espacio personal así que yo estaba a punto de explotar por todo el estrés. Yo miraba hacia los lados, una y otra vez intentando matar el tiempo, solo esperando que los autos cedieran el paso, estaba tan exaltado en ese momento, mi cabeza comenzaba a doler por el sonido de la gente, en cierto momento dejé de escuchar y solo un zumbido me invadió los tímpanos, por algún impulso fijé la mirada hacía la acera de enfrente y ahí estaba, la cosa más inusual que pude haber visto en el día. Había un hombre bailando en plena lluvia, parecía un loco a simple vista, llevaba ropa muy extraña y la verdad su cabello era ciertamente anormal, tal vez iba disfrazado para algún carnaval pero no se le veía apresurado por ir a algún lado, al contrario, se le veía que disfrutaba mucho lo que sea que estaba haciendo...Y solo eso, no tengo idea pero solo eso, me pareció hermoso lo mucho que disfrutaba.

- ¡Hazte a un lado, idiota! - Me empujó un hombre ya que creo que me quedé embobado con aquel hombre, debido a que me empujaron caí por accidente hacia atrás en la acera. Yo me enojé por la acción de aquel sujeto pero yo mostré la debida decencia y modales no contestándole con un insulto.

- No pasa nada, no pasa nada.- Reí para mi mismo cuando me levanté del suelo, al estar de nuevo arriba intenté buscar con la mirada al hombre del atuendo raro pero por desgracia ya no estaba, creo que me hubiera gustado poder tomarme un tiempo para relajarme.

- Que frio, debo cambiarme la ropa...- Dije al llegar a casa, al tan solo cruzar el umbral de la puerta dejé mis zapatos húmedos en la entrada. Anduve descalzo por la casa, entré al cuarto de baño y giré las llaves del agua para que la tina que había comenzara a llenarse, la verdad estaba tan cansado del trabajo que simplemente me quité la ropa y entré a la tina a hundirme entre el agua, se sentía muy bien, era una temperatura agradable la que estaba experimentando, a mi me gustaba el agua caliente, que quemara la piel, mientras más caliente estuviera mejor. - Ahhh...- Suspiré de alivio al sentir apenas el agua fundirse conmigo.

Con mis manos mojé mi cuerpo, también lo lavé con cuidado y solo al sentirme lo suficientemente limpio pude salir de la tina. Ya estando limpio preparé la cena, para mi solo como siempre, esta vez estaba creo que de buen humor ya que preparé algo de jambalaya, solo una poca ya que según se decía: Se te deformará el rostro si se ingieren mariscos durante la noche.

Prepararla fue fácil, unos camarones, algo de arroz, pimientas y el resto. Yo estaba bien, lo demás también por lo cual me senté al pequeño comedor que tenía a cenar, durante ese tiempo estuve pensando un poco en aquel hombre que vi de camino a casa...Ese extraño hombre rojo con cuernos de ciervo, ese ciervo rojo, tan libre ante la lluvia, sin preocupaciones, tan solo bailando a plena acera, con tal delicadeza que incluso a mi me impresionó ver a alguien de ese tipo, pero bien, en una ciudad como nueva Orleans todo es posible. - Todo es posible, ¿Será¿, - Hice la pregunta para mi antes de comer otro bocado de jambalaya. - Sería bueno volver a verlo. - Me encontré algo confundido por eso que dije pero, desde el fondo de mi creo que no estaba tan confundido. - Si yo tuviera unos cuernos tal vez me sería difícil cepillarme el cabello, - Me toqué la cabeza, sin ninguna protuberancia y ninguna falla, mi cabello estaba algo húmedo por el baño reciente y mis dedos quedaban un poco mojados al solo tener contacto con mi cabeza. - Aunque, el color rojo me gusta mucho. - Dije algo ido volviendo a recordar a aquel sujeto tan extravagante...Sus ropas eran de color rojo, no es por decirlo pero, se veía particularmente bien.

- Todo listo para mañana. - Dije de nuevo para mi mismo mientras colocaba algunos vegetales en la nevera para el desayuno de mañana, no es que tenga un gusto particular para la cocina pero si es para mi al menos puedo hacerlo bien.

Al terminar de ordenar la comida me fui a recostar, entre algunas mantas tibias logré conciliar el sueño, otra vez a dormir para poder descansar para mañana poder ir al trabajo, la misma rutina diaria...tan monótona y cansada, repetitiva. - Creo que sería bueno poder tener algo más en mi vida. - Creo que en ese momento suspiré algo cansado y esta vez, dormí.

Eran aproximadamente las tres de la mañana, apenas si miré el reloj de la pequeña mesa de noche junto a mi cama, todo fue tan rápido, ni siquiera recuerdo haberme quitado lo adormecido de las piernas, solo salí rápidamente a ver lo que ocurría en la cocina, incluso olvidé mi cuchillo, lo olvidé...

Me filtré por el pasillo, a la cocina y como una sombra había alguien ahí, creo que estaba demasiado ocupado comiendo lo que dejé de la noche pasada que ni siquiera notó mi presencia en el umbral de la puerta, él se estaba comiendo la jambalaya que dejé, creo que le hará daño si se come los camarones de la jambalaya así solamente, ¿¡pero que hago preocupándome por este extraño!?. En fin, estando ciertamente "indefenso" tuve que usar la fuerza física para poder impedir que siguiera alguien en mi cocina.

- Deja de comerte mi jambalaya. - Llegué y directamente me le colgué del cuello para intentar estrangularlo, clavé mis uñas en su cuello y esperé a que forcejearan un poco pero creo que puse demasiada fuerza con esto ya que escuché que algo se rompió y por eso mismo perdí el equilibrio y por eso mismo caí al suelo secamente sobre mi espalda. Debido a esto un quejido apagado salió de mi boca, me retorcí de dolor ya que un tipo de choque eléctrico me recorrió la columna, me siento como un viejo, creo que me dañé la espalda. - Ahg, - Me retorcí como un perro entre la hierba, un perro bastante adolorido.

- ¿Pero que tenemos aquí¿, - Escuché una voz algo distorsionada, parecía proveniente de una radio. Que extraño, yo no recuerdo haber encendido la radio y mucho menos recuerdo no haberla apagado. - Solo por un poco de fuerza mi cuello se ha roto...- De inmediato al escuchar eso voltee a ver a lo que sea que estaba frente a mi, solo de pie, con la cabeza colgando a un lado de su hombro. Eso sin duda fue tétrico así que con mucho cuidado me acerqué a uno de los cajones de la cocina y solo tomé lo primero que pude, creo que era un tenedor y no por ser eso retrocedí o algo parecido, al contrario, es una muy buena arma. No había mucho movimiento de parte de mi contrario por lo cual encendí las luces, después de que la luz se hiciera vi con total perfección lo que había...Era él.

- Tú...- Dije, sentí un nudo en la garganta solo por eso, no era un nudo de miedo si no que creo que sentí demasiada emoción, fue maravillosa sensación la que experimenté.

- ¿Yo¿, - La voz vino del otro tipo, apenas si pude moverme cuando otro sonido provino, ahora del cuello que estaba roto comenzaron a brotar unos tentáculos color negro, estos levantaron la cabeza del extraño y la acomodaron en su lugar y la dejaron como si nada hubiera ocurrido...¿Qué tipo de cosa tengo frente a mi¿. - Pero que placer estar aquí mi estimado amigo.- El ciervo me miró, se volteó y me miró de pies a cabeza, yo también lo miré aún no creyendo que él estuviera en mi casa, ÉL. Incluso pensé que esto era un sueño, para confirmarlo pellizqué la piel de mi antebrazo y al sentir dolor me di cuenta que no estaba soñando casi muero por el susto y también por toda la adrenalina que estaba sintiendo en ese momento. - Lamento que hayas tenido que ver eso pero mi cuello no es un lugar adecuado para sostenerse. - Él tenía una sonrisa peculiar, su boca no era como las demás, estaba deformada hacia los lados, no se veía mal pero también no se veía de lo más común, incluso sus dientes eran un poco amarillentos y afilados, como los de un tiburón. - ¿Tan fantástico te parezco¿, me miras mucho, - Él caminó un poco alrededor de mi, parecía curioso de mi, ambos lo estábamos así que yo tampoco le perdí de vista en caso de que intentara algo.

- Tú también me miras mucho. - Comenté haciéndole frente, ambos quedamos frente a frente, éramos casi de la misma estatura, creo que lo único que lo hacía más alto a él era el volumen de su cabello en forma de orejas de animal.

- Es que eres interesante.- Por primera vez en mi vida me habían dicho algo así, ya fuera por verdad o por decir algo de más no importaba, lo dicho así estaba.

- Si, todo esto es muy extraño pero, ¿Qué haces en mi casa¿, - Y dije casa ya que solo era eso para mi, un hogar hubiera sido demasiado. - ¿Se puede saber que haces aquí¿, vestido con esas ropas, con solo ese aspecto que tienes no dudaré en llamar a la..

- ¡Pero que muchacho más desconfiado!, - Exclamó el ciervo dando una vuelta en su propio eje solo para darse impulso y así poder ir a mi y tomarme de ambos brazos y hacerlos a los lados. - ¿Qué no ves esto como un grandioso encuentro¿, - Carburé la información

- ¿Encuentro?, Yo jamás tendría algún tipo de encuentro con un tipo como usted. - Me sacudí para que el ciervo soltara mis brazos - Son las tres de la mañana por si no lo sabe, usted está en mi cocina con ese aspecto tan extraño, ¿Qué es lo que me detiene de llamar a la policía?, - Si él se iba en los próximos minutos no tendría por qué haber problemas.

- Cada encuentro es una posibilidad de poder conocer gente nueva, ¿No lo crees?, - Yo a esa hora me encontraba más dormido que despierto así que claro no estaba de humor para metáforas y consejos de vida.

- Como sea, ¿Puede retirarse de aquí?, tengo trabajo en la radio mañana...- Bostecé y tomé al ciervo de la muñeca para guiarlo hasta la puerta, él se zafó de mi agarre

- ¿Por qué echarme tan pronto?, ¿No quieres hacer algo de trabajo de caridad?, - No le vi al caso a su pregunta.

- Es mejor que se vaya. - Le abrí la puerta y cortésmente le invité a irse. - Ningún hombre decente está fuera de su casa a estas horas así que por favor caballero de ropas rojas, retírese. - Yo aún en esos momentos tenía la suficiente clase por lo cual no le dije ni una sola de las groserías que de seguro lo harían entender.

- Vi que tenías jambalaya en la cocina, - Él ciervo se volteó y fue hacía la cocina de nuevo - ¿Quieres que la caliente¿, - Me preguntó desde allá

- Llamaré a la policía, se lo llevarán y pasará mucho tiempo en prisión. Eso pasará si no se va ahora. - Amenacé molesto volviendo a la cocina, ahí él ya había encendido la estufa y calentaba la jambalaya.

- Haz lo que quieras, es tu casa y puedes hacer todo lo que se te venga a la mente. - Contestó despreocupado el ciervo.- Ya no me agobia ser arrestado. - Del lavaplatos sacó un vaso y en este se sirvió algo de agua del grifo. - ¿Sabes¿, estoy de paso y tu casa me pareció muy acogedora por lo cual he decidido quedarme aquí. - Creo que un tic nervioso se me hizo presente, me papaloteó el ojo por un momento. - Wow, tu ojo se movió repetidas veces, ¿Suele pasar seguido¿, - Me pasé las manos por el rostro asimilando todo.

- Haber, haber, ¿A qué se refiere con que se quedará aquí¿, - Yo no lo digería bien

- Solo me quedaré dos semanas en nueva Orleans por lo cual quiero utilizar esta casa como un cálido hotel de paso.

- ¿Qué¿, - Solo lo decidió y yo ni siquiera estaba enterado

- Eh, ¿Estás vivo¿, ¿Está cosa está encendida¿, probando, probando, - No tengo idea de donde pero sacó un micrófono y lo palpó con el dedo índice para ver si funcionaba. - Lo que dije. Esta casa me pareció tan acogedora que me quedaré aquí solo hasta que mi viaje termine. Y sé que puedo quedarme ya que, ¿A quién no le gusta hacer un poco de caridad de vez en cuando¿, - Aunque su punto no era para nada factible yo no tenía cabeza o mente para seguir despierto - Como no tienes habitaciones de sobra me quedaré en el sofá, no te preocupes por nada, haré de esta casa el mejor hotel si es necesario. - Volví a bostezar.

- Si, si, como sea. Me voy a dormir. - Dije y dejé solo al ciervo en la cocina. No me preocupaba dejarlo solo y mucho menos que se quedara en mi casa, yo sabía defenderme en caso de que hubiera problemas y no era tampoco como que tuviera algo de valor que él pudiera hurtar. Aunque, a pesar de todos los problemas, tengo la sensación de que el ciervo será una compañía muy entretenida.

A la mañana siguiente el sonido del despertador me sacó de mi estado de sueño, desperté y tallé mis ojos con las manos para poder ver mejor y quitarme la basura que se suele formar al dormir. Con algunos momentos de pereza me arreglé para el trabajo, saliendo de mi habitación me llegó un agradable aroma a comida, mi estomago hizo sonidos al solo olfatear un poco, desde donde estaba claramente se podían oler frijoles rojos con arroz y tal vez algo de café negro. Llegué a la cocina directamente y el ciervo estaba ahí, ahora lucía ropa más relajado, llevaba una camiseta de color blanco, pantalones rojos y una elegante corbata de moño, él al verme sonrió de lado a lado y me llamó para que me sentara a la mesa del comedor.

- Buenos días. Es una esplendorosa mañana y hace un clima sorprendentemente agradable, si que me gusta esta ciudad. - Él se sentó a la mesa frente a mi. - Hice el desayuno, un hombre joven como tú necesita toda la energía posible para poder rendir durante el día, come cuanto quieras. - Había arroz, frijoles rojos, pan caliente, mantequilla y café, a simple vista se veía sabroso pero nada era seguro.

- Veo que has despertado desde temprano, - Dije solo admirando, se necesitaba al menos para mi algo de tiempo cuando hacía el desayuno.

- Si, lo hice. - Afirmó - Tienes pocas cosas en la nevera y en la alacena, - Dijo como comentario.

- No tengo mucho tiempo de hacer las compras, usualmente compró en restaurantes comida hecha. - O a veces incluso llevaba conmigo latas de sopa en caso de que me diera hambre.

- ¿Sueles comer carne¿, - Agregó un poco de seriedad a su pregunta

- No suelo comer mucho carne ya que es costosa, la como de vez en cuando. - No era un lujo pero tampoco era algo que me fuera imposible comer.

- ¿Sabes cazar¿, - Esa si que fue una pregunta extraña.

- Si, un poco. - No era bueno pero podía llevar un buen animal a la mesa si me lo proponía.

- Ayer si no mal lo recuerdo dijiste que trabajabas en una radio, ¿Cuál es el trabajo que desempeñas ahí¿, - Él se veía ganoso de saber sobre mi vida.

- Soy locutor. - Y me enorgullecía decirlo.

- ¿Te gusta tu trabajo¿

- Si, me gusta. - Contesté sin duda alguna. - ¿Y tú que ocupación tienes¿, - El ciervo se quedó pensando un poco.

- Actualmente ayudo a dirigir un hotel.- Me sorprendió que el ciervo contestara que si tenía empleo, yo pensé a simple vista que él no hacía nada productivo durante el día.

- ¿Un hotel¿, interesante, ¿Cómo se llama ese hotel¿, - Quería ver si era verdad lo que decía ya que yo particularmente no apoyo a las mentiras.

- Es el más reconocido de su entorno, yo ayudo a dirigir el hazbin hotel. - Lo presentó con todos los efectos, al parecer ese era un hotel importante.

- ¿Y donde se ubica ese hotel¿, - Esa pregunta pareció ponerlo en aprietos.

- Está un poco lejos, no creo que conozcas donde está. - Con eso él me hizo sentir ligeramente inferior, tonto en sí.

- Estoy seguro de que yo sé que si. - No me iba a dejar que un extraño me hiciera sentir mal. Luego del desayuno me levanté de la mesa, todo había estado ciertamente delicioso. - Me voy al trabajo, no hagas desperfectos mientras no estoy. - Dije, el ciervo se levantó también de la mesa y comenzó a recoger todo lo que había en ésta, ahora que lo recuerdo, él no probó bocado de nada, ni siquiera bebió café. - Por cierto, ¿Cómo te llamas¿, - Pregunté antes de irme, él me miró.

- Mi nombre, ¿No deberías presentarte tú primero antes de preguntarme algo¿, - Yo hubiera desconfiado de eso más pero como tenía algo de prisa por llegar al trabajo tuve que presentarme.

- Yo me llamo Alastor. Es un placer, - Ofrecí estrechar mi mano con la del ciervo, él respondió favorecedoramente. - Y tú, ¿Cómo te llamas¿,

- ¿Sabes¿, me gusta mucho tu nombre, creo que lo tomaré. Es un placer conocerte Alastor, ¡Pero claro que es un placer!, Me llamo Alastor. - No sé por qué pero creo que eso lo esperé claramente de él.

- No, tú tienes tu nombre, por favor, ¿Podrías decirme tu nombre¿, - El ciervo movió la cabeza de un lado a otro indicando que no diría nada. - ¿Y por qué no¿

- En primer punto por que ya te he dicho que me llamo Alastor y en segundo punto, creo que me has estado diciendo un apodo todo el día, ¿No es así¿. Considero que puedes llamarme por aquel apodo, ¿Ciervo, verdad¿. - Me helé de solo saber qué él estaba enterado, fue vergonzoso más que nada.

- Bien. - Me sacudí la ropa para evitar de tuviera arrugas. - Iré al trabajo, hasta la noche, ciervo. - Un peso salió de mi después de decirle al ciervo así.

- Ten un magnifico día, Alastor. - Escuché que él dijo, de nuevo fue la primera vez que me decían algo así.