Tan rápido pasó el mes. ¿Quién diría que el tiempo vuela? (I know, un poquito tarde, sorry).

Espero el capitulo pasado les haya gustado. No hubo tantos nervios en esperar como el capitulo ante pasado, ¿neh? Bueno, en realidad cada capitulo es un bonche de nervios, pero es porque me gusta hacerlos sufrir un poquito. ¡Hahaha! Sin más, los dejo con el siguiente capítulo.

Puso la laptop sobre sus piernas, la prendió y tan pronto el sistema cargó, abrió el navegador y empezó a escribir. Sabía que no debía decirle la verdad en un simple e-mail, pero no podía hacer nada más. No tenía manera de contactarlo más que esta, sabía… que había cambiado su número de teléfono. Tan pronto se enteró que estaba embarazada intentó llamarlo, le iba a dar la oportunidad de ser lo que tuvieran que ser, pero cuando la llamada no conectó y el mensaje automático hizo acto de presencia, sabía que había sido abandonada. Este problema iba a ser de ella y solo de ella.

Cuando vio el resultado final, era una biblia. Había escrito demasiado, pero era la verdad y solo la verdad. Incluso… el hecho de que aún sentía algo por él. Probablemente no era amor, pero podría ser lo suficiente para hacer esto funcionar, para no quedarse sola con este bebe y darle el rol que algún día buscaría. Claro, esto sonaba fácil y totalmente planeado, pero no tenía idea de cómo iba a desarrollarse todo esto, esperaba, por el bien de todos, que terminara bien. Finalmente le dio a enviar y esperó.

Toda la tarde pasó. Un día más también y no le había respondido. Cuando el reloj dio las 10 de la noche, perdió toda la esperanza de obtener una respuesta. Bueno, mañana pensaría en que otra manera podría contactarlo. Estaba a punto de cerrar la laptop, cuando un pequeño sonido la detuvo. Correo nuevo.

Capitulo 7. Un sentir equivocado

Estuvo a punto de mirar la pantalla, pero un sonido la detuvo. Era la puerta, soltó un adelante y se encontró con la persona que menos esperaba: Echizen. La saludó con un gesto de mano extraño y que lo hacía verse incómodo.

— ¿Todo bien, Echizen? — le cuestionó un tanto divertida. Ni siquiera en sus momentos de pubertad lo vio así de torpe.

Esta semana todo había vuelto a la normalidad entre ellos. Después del aterrador encuentro con Kin y la inesperada amabilidad de Echizen, volvieron a las bromas e incluso Ryoga entraba en las peleas.

— Emm… — miró a otro lado y evitó su mirada —. Si, yo solo… quería conversar un momento.

Sakuno se sorprendió, ¿este hombre quería… hablar? Eso era algo que no se veía todos los días. Asintió con la cabeza y lo invitó a sentarse con ella en la cama. Negó con la cabeza y se sentó en el suelo. Colocó sus brazos en la orilla de la cama y acomodó su barbilla sobre sus manos. Sus ojos grandes como piedras de ámbar la miraron con detenimiento y algo dentro de ella se movió. Soltó una pequeña risa mientras dejaba la laptop a un lado y se acercaba a él. Se tendió sobre su costado y la tentación ante esos ojos de gato ganó. Su mano viajó hacia él y acarició sus cabellos.

— ¿Quién lo diría? Hasta alguien como tu puede verse tierno — declaró la mujer mientras su rostro quedaba a su nivel y hacía el mismo sonido con el que solía llamar a Karupin.

— ¿Disculpa? ¿Alguien como yo? — le cuestionó mientras la miraba asesinamente. Una risa suave salió de ella mientras asentía y le levantaba una ceja.

— Entonces, ¿sobre qué quieres conversar? — le cuestionó con un tono de diversión, pero esta acción no tenía nada de divertido, en realidad. Después de la escena de la última vez, no podía sacarse de la mente a aquel pelirrojo, al anciano y al final, la expresión complicada de que esta mujer quería contarle algo, pero se arrepintió por la culpa de Ryoga. Así que esperaba que, al darle la oportunidad una vez más, decidiera soltar lo que rondaba por su mente. Estos días estaba más distraída de lo normal, su mirada se perdía en el atardecer y se había cortado ya varias veces mientras ayudaba en la cocina.

— Quiero oír un secreto absurdo tuyo — la empujó casualmente, los ojos de Ryuzaki se abrieron con sorpresa y con una ligera indignación. Guardó silencio por un segundo pensando, mientras entrecerraba lentamente sus ojos y sus cejas se unían en un ceño.

— Y ¿crees que te voy a decir mi secreto — nuevamente le levantó una ceja — solo, así como así?

Ryoma asintió sin despegar la barbilla del colchón y Sakuno intentó contener una risa. Este hombre se estaba comportando demasiado tierno el día de hoy.

— Sabes presionar duro… está bien — Ryuzaki le sonrió brillantemente, cediendo con sorprendente facilidad. Se dejó caer en su espalda y miró el techo por unos segundos —. Uno absurdo, ¿uh?

Le tomó un par de segundos más, hasta que comenzó a asentir.

— Si, este probablemente te guste — ¿gustar? ¿Qué? ¿Qué el pelirrojo fuera el padre del niño en su vientre? Su garganta se sintió seca ante el pensamiento y decidió que, en definitiva, no le agradaría el resultado de esta conversación —. Cuando estaba en la secundaria me uní al equipo de tenis porque había este… niño que me gustaba. Y antes de eso solía pertenecer al grupo de animadoras que iba a los torneos con ellos, pero también solía ir a animar solo por él. Realmente me gustaba y hacía cosas absurdas por él.

Ryoma la miró perdido por un momento. ¿Qué…? Se supone que quería saber sobre el hombre actual de su vida, no sobre el pasado de una niña en plena pubertad viviendo su primer… enamoramiento.

Espera, ¿equipo de tenis?

Él estaba en el equipo de tenis. De pronto la curiosidad lo picó.

El primer amor de Ryuzaki.

¿Habrá sido alguien qué el conocía? Si no recordaba mal, Ryuzaki estuvo presente en muchos de sus torneos, así que debió ser alguien del equipo, pero…

— ¿Quién? — preguntó involuntariamente en un susurro.

En la secundaria nunca fue alguien que conviviera o que, siquiera, pusiera atención a las personas a su alrededor. Era un milagro recordarla entre las animadoras, en realidad. De pronto una carcajada sonora y un poco ronca resonó en la habitación. Ryuzaki empezó a morir de risa, al punto en que limpió un par de lágrimas.

— Esto es triste y demasiado gracioso a la vez, Echizen — declaró mientras se enderezaba un poco para acomodarse de nuevo en su costado —, pero bueno, no es que esperara algo. Entonces, ¿cuál es tu secreto absurdo?

La miró inseguro, no entendía qué era triste y gracioso. Detestó no haber obtenido una respuesta, pues ahora se quedaría con otra duda más. Y lo que menos quería era continuar pensando en ella. Quería saber lo que sucedía para evitar que esta mujer invadiera su mente. Quería conclusiones.

— ¿Hola? No pretendes que solo yo hable, ¿verdad? — le cuestionó con un puchero. Esta mujer, a pesar de la rudeza que la caracterizaba, tenía sus momentos lindos. Tal como este.

— Por supuesto que no — ¿qué es lo que podría compartir a cambio? No quería compartir, más bien. Vino a aquí para poder hablar con ella sobre el estúpido pelirrojo —. Es solo que yo…

No sabía qué decir. No tenía nada sincero qué darle y sabía que eso no era correcto. Ryuzaki lo miró detenidamente y asintió, como dándole ánimos para hablar. Eso fue peor, ahora no había manera en que realmente pudiera decir algo.

—¡Chicos! — el grito de su hermano mientras entraba a la habitación ruidosamente los hizo saltar en su lugar —. ¿Tienen antojo de una botana? Mamá hizo palomitas para ver una película en familia.

Sakuno miró con ternura a Ryoga, este hombre realmente amaba hacer cosas en "familia". Y, a pesar de que consideraba que todas estas personas eran especiales en su vida, no se llamaría a sí misma parte de la familia.

No lo era y nunca lo sería.

Sonrió mientras asentía, se enderezó en su lugar, se detuvo por un segundo y le lanzó una mirada a su computadora. Tal vez debería posponer su destino final por unos días y fingir que nada pasaba.

— ¿Si, Saku? — la llamó Ryoga con un puchero haciéndola reír. Asintió de nuevo y se puso de pie, se acercó a Ryoga y pinchó su mejilla, ganándose un quejido de él —. Ah, Chibisuke ¿puedo hablar contigo por un segundo?

Sakuno entendió la señal con claridad.

— Iré a preparar otra botana, tengo antojo de algo más que palomitas — Ryoma asintió ante la declaración glotona de Ryuzaki mientras subía a la cama y Ryoga solo le sonrió. Cerró la puerta detrás de ella y la habitación quedó en silencio. El ronroneo de Karupin era lo único que resonaba en el fondo. Le levantó una ceja a su hermano, dándole a entender que podía decir lo que tuviera que decir. Ryoga lo miró por un segundo con una expresión que no podía descifrar. Y de pronto lo soltó como si nada.

— ¿Te gusta Sakuno? — si Ryoma estuviera tomando algo en este momento, lo hubiera escupido tan fuerte y tan lejos que hubiera roto un récord mundial. Le tomó un segundo procesar la pregunta y controlar su expresión. Negó lentamente mientras sentía como su ceño se volvía uno. Ryoga hizo otra pausa y siguió mirándolo —. Ah.

— ¿Ah? — fue lo único que Ryoma pudo decir. "Ah", ¿qué?

— Realmente consideras que Saku es parte de la familia. Esa debe ser la respuesta correcta — declaró como si fuera lo más obvio del mundo.

— Ryoga, no tengo idea qué es lo pasando por tu cabeza en este momento. Así que, tomate un momento y ordena lo que realmente quieres decir — Ryoga asintió lentamente mientras se llevaba una mano a la barbilla y cruzaba la otra sobre su cintura. Tomó otra pausa para pensar lo que tuviera que pensar. Ryoma ahogó un gruñido de frustración. Pasaron los segundos y Ryoga continuó.

— Es que no se me ocurre otra razón para que trates a Sakuno tan amable y consideradamente. Tu no ves a las mujeres como algo más que sexo, al igual que yo. Así que la única explicación que se me ocurría es que tuvieras sentimientos por ella… — una sonrisa enigmática apareció en el rostro de Ryoga. Una que no estaba seguro de haber visto antes — igual que yo.

— ¿Sentimientos? — ¿de qué demonios hablaba? Su estómago se contrajo y su cuello se tensó. No le gustaba la dirección que esta conversación estaba tomando. Ni un poco.

— ¿Sabes? La primera vez que mamá habló de ella fue absurdo. No paraba de decirme que por fin tendría una hija que podría consentir, apapachar, mimar y demás. Además de que era perfecta. Bonita, fuerte, aventurera con carácter y, sobre todo, amable — Ryoma guardó silencio y asintió lentamente, intentando digerir la dirección de esta conversación, que parecía que tenía sentido, pero aun así sonaba descabellada de muchas maneras —. Sonaba encantada con ella. Es por eso que no podía concebir que dijera algo como "deberías hacer que fuera mi hija oficialmente".

Ryoma se ahogó una vez más con su propia saliva. Eso sonaba a algo imposible. Rinko siempre fue alguien que odio a cada una de las mujeres que pusieron un pie en su casa, después de eso, los detestó a ellos por saber que jamás traerían a otra mujer de nuevo. Ninguno tenía planes de sentar cabeza y trataban a las mujeres como… meras conquistas. Y eso, su madre, lo sabía muy bien. Así que nunca hablaba de sus futuros en cuanto a parejas y formar familias. Siempre bromeaba con que nunca iban a asentar cabeza, pero ambos sabían que más que un chiste, era una declaración.

Era algo que no esperaba de ellos.

Así que, esta frase, proviniendo de ella era… increíble en muchos sentidos. Significaba que Ryuzaki realmente era bienvenida en esta familia y que podía quedarse para siempre, pero eso no era posible a menos que… alguno de los dos la tomara y buscara algo serio con ella. De pronto recordó el regaño de la última vez. "Bandeja de plata", "darle mi ayuda a quien si le interesa".

— Exacto — dijo Ryoga mientras miraba a su hermano, la sorpresa inundándolo obviamente. Ambos conocían bien a su madre. Cuando le dijo eso por teléfono consideró que era una broma, una extraña e inusual, pero no lo tomó seriamente. Cuando llegó acá y vio como Sakuno se había convertido en su joya favorita, entendió que no lo era.

Al menos, no del todo. Rinko estaba moviendo los hilos para que Sakuno fuera parte de la familia oficialmente, solo que…

— Y entonces — su hermano menor dudó por un segundo, algo también inusual. Esperaba que fueran las palabras correctas —, tener esta conversación significa dos cosas. Estas dispuesto a cumplir lo que nuestra madre pidió porque, al parecer, te gusta Ryuzaki.

Exacto. Repitió en su mente. Su hermano siempre fue el más perspicaz de los dos.

— Dos… crees que a mí también me gusta Ryuzaki — Ryoga solo levantó los hombros mientras asentía. El ceño de tu hermano se unió en uno, de nuevo — ¿Por qué?

— Porque la tratas con cariño y delicadeza. De una manera u otra, además de que la miras con cierto… amor — Ryoma intentó evitar ahogarse con su saliva una tercera vez. ¿Amor? ¿Él? ¡¿Hacía Ryuzaki?! No sabía si reírse o sentirse muy ofendido —. Ahora veo que no es esa clase de amor. Eso me alegra, no me hubiera gustado ser parte de un cliché. Un par de hermanos enamorados de la misma mujer, ugh. La peor trama del mundo.

Ryoma se quedó sin palabras. Este hombre fue de "me gusta" a "amor" en menos de dos pasos. Además, no podía digerir al cien por ciento este hecho recién declarado.

— Entonces esa sí es la respuesta, ¿cierto? — cuestionó de nuevo. Ryoma levantó una ceja de nuevo. Odiaba que Ryoga seguía teniendo ese mal hábito de saltarse los hilos dentro de una conversación y era él quien debía ordenarlos para poder tener una conversación decente —. Ella es familia para ti.

¿Lo era? Se preguntó a sí mismo. Era cierto que su relación había cambiado considerablemente desde el primer día que se encontraron en la arena. Compartir el mismo hogar y ser parte de su secreto había llevado las cosas a una zona más íntima que no compartía con cualquiera, además de que seguía aprendiendo cosas nuevas de ella cada día. Y, finalmente, le preocupaba lo que pasaba por la cabeza de esa mujer y lo que sucedía en su vida.

— Supong… — el sonido de la puerta lo sacó de sus pensamientos. La cabeza de su madre apareció detrás de esta.

— Su conversación está siendo un poco larga — dijo su madre directamente y con una sonrisa cortés —. ¿Todo bien?

Ambos asintieron, Ryoma se puso de pie y Ryoga le dio un pequeño golpe en el hombro. Un gesto de "hermanos" que nunca le agradó pero que apreciaba. Aunque ahora tenía otra duda en su mente respecto a esa mujer y eso le agradaba menos.

Los días pasaron y la conversación con su hermano fue más impactante para él de lo que pensó que sería. Antes, las interacciones entre ellos eran simples, vánales y bobas en su propio sentido, pero ahora… solo veía la mirada cariñosa de Ryoga, su sonrisa feliz al verla reír a carcajadas y los pequeños detalles que tenía con ella, preparar su comida favorita, comprar su helado favorito, elegir sus películas preferidas a pesar de que nunca habían sido de su estilo, cederle su lugar en la mesa…

Su hermano iba en serio. Muy en serio. Y, por alguna razón, eso le molestaba.

También le molestaba que su atención hacia Ryuzaki se había multiplicado. Si su intención era borrar sus dudas para por fin librarse de su curiosidad hacia ella, había fallado miserablemente.

Al mismo tiempo que encontraba los pequeños gestos escondidos de Ryoga, encontraba pequeños detalles de Ryuzaki que se grababan en su mente involuntariamente.

— Echizen, eh… ¿quieres tocarla? — el tono incomodo de la mujer se hizo evidente. Levantó la mirada y se dio cuenta que había estado observando a Ryuzaki todo el tiempo, específicamente a su pequeña pero evidente panza —. Puedes… tocarla si quieres.

Sacudió ligeramente su cabeza y miró más arriba, conectando con esos orbes cafés. No pudo evitar pensar en lo incomoda que sonaba siempre que alguien, efectivamente, tocaba el pequeño bulto bajo su sudadera. Cuando le preguntaron que si estaba emocionada, que si ya se había movido y la infinidad de cosas que les cuestionan a las embarazadas… sus respuestas dejaban a la luz la clase de situación en la que estaba: Siendo una mamá por accidente. No se emocionaba cuando hablaban de la vida que tenía dentro de ella, en cambio, una expresión cansada y preocupada tomaba lugar en su rostro. Las cuales intentaba ocultar con una sonrisa falsa. Era demasiado obvio, pero, aun así, nadie parecía notarlo. O tal vez se negaban a creer que existiera una mujer que no quería ser madre, especialmente una que ya estaba embarazada.

— ¿Echizen? — parpadeó un par de veces mientras un sonrojo tenue aparecía sobre sus mejillas. También había notado que, a pesar de su situación, su interacción con hombres había sido escasa en su vida. Y eso era algo que le daba más curiosidad.

— Echizen, uh… Ese día me llamaste tiernamente por mi nombre, ¿por qué no lo intentas una vez más? — su rostro se pintó de rojo en un segundo. Probablemente pensó que él no lo había notado. Sus labios se abrieron un poco, insegura de qué responderle. Y esto era lo que movía su curiosidad. Sus expresiones tendían a delatarla, no sabía que hacer o cómo reaccionar. Especialmente cuando él usaba un tono y una mirada seductora.

Había hecho varias "pruebas", para comprobar su inocencia y su ingenuidad. No lo decepcionó en cada una de ellas.

— También, estaba pensando que, en realidad, esa es mi sudadera. Así que me preguntaba, ¿Por qué la tienes tú?

En ese mismo momento, Ryoga iba entrando por la puerta de la cocina, pero al oír la pregunta se dio la media vuelta y salió por donde vino. Un suspiro salió de Ryoma, era obvio lo que había sucedido. Aunque era una molestia fingida, siempre solía suavizar su "experimento" con algo tonto, para no crear una tensión innecesaria.

— Eh… Ryoga-kun me dijo que podía usarla. Me gustan las cosas flojas, entonces… perdona. La lavaré y te la entregaré — le sonrió débilmente y él supo al instante lo que pasaba por su mente.

Su tiempo observando a esta mujer, involuntariamente, le había ganado aprender otro detalle de ella. Y es que, a pesar de todo, se consideraba una molestia para esta familia cuando en realidad su presencia iluminó esta casa de maneras en que jamás pensó, porque, aunque su casa era feliz desde antes, ahora todos… eran aún más… solo… más.

Incluyéndolo.

— Por cierto, no dije tu nombre tiernamente. ¿Ok? Dejemos eso en claro.

— Sí, sí. Lo que usted diga — se puso de pie al ver que Ryoga había regresado a la habitación con otro bocadillo para ella. —. Y no necesitas regresármela, úsala por cuanto tiempo quieras. Solo estaba preguntando.

Ryuzaki le sonrió y asintió con una pizca de timidez. Ryoga le tendió un tenedor con una sandía y vio como sus ojos brillaron ante el pedazo rojizo y le mostró una sonrisa más brillante a Ryoga. Y su estómago se apretó. Odiaba lo mucho que pasaba eso desde que Ryoga le dijo de sus sentimientos. Así que prefería retirarse e ignorar lo que le provocaba.

Aunque no era tan sencillo. Incluso cuando estaba en la oficina con Momo, sus pensamientos viajaban hacia esa mujer. No podía dejar de pensar en su embarazo, en el pelirrojo, en el viejo ricachón y ahora, en Ryoga. Además, había algo que continuaba picando su curiosidad de una manera muy estúpida.

— ¿Sabes quién es el primer amor de Ryuzaki? — Momo soltó la taza de café que se estaba preparando. Se congeló por un segundo, intentando procesar la pregunta. ¿Acaso el mismo Ryoma Echizen hizo esa pregunta? ¿Una pregunta acerca de amor y una mujer? Sobre todo, ¿esa mujer era Sakuno Ryuzaki? Al parecer su pequeño accidente en la alfombra de la oficina ni su cara de absoluta sorpresa fueron suficientes para él, pues continuó —. Ryuzaki dijo que era alguien del equipo de tenis.

— ¿Es en serio? — cuestionó Momo. No entendía por qué quería saberlo. Espera, no. Eso no era el punto aquí. No entendía el por qué no lo sabía ya. Digo, Saku fue una ternura de niña en su momento de pubertad. Una que se sonrojaba con tan solo mirar al objeto de su amor de ese entonces. Momo lo recordaba con lujo de detalle, ¿cómo era posible que Ryoma no?

— Es en serio, ¿qué? — todavía le preguntó Ryoma.

— No puedo creerlo. Se supone que eres un mujeriego profesional. ¿Cómo es posible que no sepas eso?

— ¿Es algo que debería saber? — Ryoma miró extrañado a Momo. Su tono sugería que era algo obvio, además ¿qué tenía que ver que, en el presente, fuera un hombre de diferentes mujeres? Cero relación a la historia de pubertad inocente de esa mujer —. Te recuerdo que en la secundaria solo me importaba una cosa: el tenis. Di que es milagro que recuerde vagamente a Ryuzaki.

— Wow — soltó Momo con una carcajada. Tomó las servilletas con las que intentó limpiar el café derramado y las aventó al bote de basura. Acertando con un sonido seco —. No sé si eso es algo triste o gracioso. Tal vez ambos.

Ryoma miró a Momo, intentando controlar su sorpresa.

— Por favor, pregúntaselo directamente a Sakuno y cuando lo hagas, llévame. Quiero ver su expresión — Momo no tenía duda que sería una de indignación y vergüenza pura.

— ¿De qué demonios me estoy perdiendo? Ryuzaki dijo lo mismo.

— ¿Ya se lo preguntaste? — comenzó a reírse tan fuerte que se dejó caer en el sillón frente a él. Su ataque de risa duró un buen rato, al punto en que las lágrimas comenzaron a salir. Segundos más tarde logró tranquilizarse, tomando respiros profundos —. ¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti? Qué no hay medios. O eres el hombre más astuto y hábil del mundo… o eres el hombre más idiota de todo el universo.

— Y lo que no me agrada de ti es que no vas directo al grano — le gruñó. ¿Por qué le estaba llamando idiota solo por querer saber quién era el amor de Ryuzaki en la secundaria?

— Dios, es que tengo que disfrutarlo. No todos los días eres un idiota espectacular… — volvió a carcajearse, sujetándose su estómago y cerrando los ojos con fuerza. ¿Cuál era la razón para reír así? Era obvio que este bastardo sabía quién era ese "niño". Lo miró asesinamente y se recargó en su asiento, cruzándose de brazos. Esperaría a que este inútil terminara su disfrute para saber qué demonios era tan gracioso.

Un toque a la puerta hizo el milagro de detener las lágrimas de risa de Momo. Soltó un adelante y entró un hombre con una ceja exuberante que se le hizo familiar por alguna razón.

— ¡Horio! — exclamó con júbilo su amigo, uno más extremo que el usual. Además de que sonrió traviesamente —. El destino te mandó a mis brazos.

El hombre le sonrió a Momo, le dio la bienvenida con un pequeño abrazo.

— Es bueno verte también, Momo-sempai — cuando se separó de él sus miradas se cruzaron y la sorpresa llegó a su rostro —. Wow, Echizen. No esperaba volver a ver al hombre de oro tan pronto. Pensé que lo conocería más adelante cuando tuviera un mejor conocimiento del sistema interno de la empresa.

— Cualquier cosa que tengas que hacer, pasará por mí y por Ryoma, eso será siempre. Así que es bueno que el inicio de nuestra relación sea con ambos presentes — Ryoma miró al hombre, ¿a qué se refería con "volver a ver"? —. Además de que a este hombre le toma un poco reconocer viejos rostros, así que entre más pronto mejor.

El hombre le lanzó una mirada simpática y le sonrió.

— Bueno, no espero que el niño genio del tenis de la secundaria recuerde a un compañero del salón. Especialmente porque nunca interactuamos… muy profundamente. No debe tener memorias remarcables de mí que valgan la pena recordar — declaró mientras soltaba una pequeña risa. Momo miró al hombre uniceja con una pizca de lastima al mismo tiempo que le lanzaba un reproche mental —, aun así, me da gusto verte. Ahora eres toda una estrella del motocross, el destino da muchas vueltas. Especialmente con Sakuno, nunca pensé que estaría saliendo contigo.

Su cuello se tensó al oír eso. Pensó que se había librado de escuchar esa historia una vez más. El evento no fue tan exclusivo como pensó y un periódico de chismes publicó una foto de Ryuzaki y Ryoga. Ambos estaban tomados de la mano y solo se veían sus espaldas, pero fue suficiente para especular y generar ruido para ganar miles de clics. Y eso le hizo enojarse al punto que cazó cada sitio y lo destruyó. Lo peor del caso no fue la foto, si no, el hecho de haber sido confundido con Ryoga.

— Horio. Aprovecharé que mencionaste a Sakuno y te preguntaré algo, ¿puedo? — Horio asintió con curiosidad —. Obviamente sabes a quién le gustaba Sakuno en la secundaria, ¿no?

Momo le sonrió grandemente y Horio lo miró, ahora con la confusión al máximo en su rostro. Su uniceja se unió aun más y le lanzó una mirada furtiva antes de volver a mirar a su mejor amigo. Y lo que salió de su boca fue sorprendente y lo hizo sentir como el idiota que Momo le dijo que era.

— Claro que lo sé. ¿Tú no, Momo-sempai? — le cuestionó como si fuera la cosa más obvia del mundo —. Justamente por eso mencioné a Sakuno. Que su amor de secundaria se volviera realidad tantos años después fue increíble.

— Es que al parecer no todos saben que a Saku le gustaba Ryoma en la secundaria — dijo Momo con el tono triunfal de su vida, lo que provocó una mirada perdida en el hombre, además de que su ceja se fundió más en una sola línea si es que eso se podía.

— ¿Quién demonios era tan ciego para no notar eso de Sakuno? Era la niña más obvia del mundo. Dios, tartamudeaba enfrente de él. Se le caían las cosas, digo, incluso ella se tropezaba de los nervios.

— La cereza del pastel era verla convertirse en un tomate cuando Ryoma miraba en su dirección — completó Momo. El hombre soltó una carcajada.

— ¡Lo sé! A pesar de que Osakada siempre le decía que debía tener mejor control de sus emociones, nunca lo logró. Era como mirar un libro abierto — asintió con firmeza mientras cerraba sus ojos por un segundo. Como si lo que acababa de decir fuera el pensamiento más filosófico del mundo.

— Dejemos a un lado los temas innecesarios y volvamos al trabajo, ¿sí? — Ryoma cortó la conversación para tomarse dos minutos para procesar lo que acababa de escuchar. ¿Ryuzaki estaba enamorado de él? Momo le sonrió victorioso mientras invitaba al hombre a tomar asiento. Volvieron a la conversación profesional y él pudo ignorarlos con éxito para ahogarse en esa sensación de estupidez que lo inundó.

¿Cómo pudo no notarlo? ¿En serio? No podía creerlo del todo. Recordó la primera vez que la volvió a ver. El tono brutalmente asesino y sarcástico que usó con él no sonaba a alguien que se reencontraba con su primer amor.

Asintió cuando Momo le preguntó algo y continuó la conversación. Decidió aventar esa bomba lejos de sus pensamientos y, por primera vez, puso atención a la reunión de "negocios".

Sakuno entró a su cuarto. Rinko la había mandado a descansar después de regañarla por haber jugado demasiado con los chicos el día anterior. Todo porque se quejó de un ligero dolor de espalda. Se dejó caer en el colchón y Karupin saltó sobre este. Comenzó a lengüetearla y a frotarse contra ella. Este pequeño gesto la hizo sonreír, pero también la hizo sentirse culpable.

No podía lidiar con la sinceridad de esta familia. No sabía como aceptar el cariño que le daban. Cada pequeño detalle hacia ella se sentía como una deuda que se acumulaba más y más. Y no estaba segura de poder pagar algún día. Pensar en eso solo la hacía sentir pesada y le preocupaba no poder sonreír con sinceridad.

Miró a su derecha. La laptop aun seguía ahí, no había abierto el mensaje. Y la única razón por la que seguía sin abrirlo, es porque pensar que mañana podría ser su último día con esta familia aliviaba un poco su culpa y de una manera u otra la hacía enfocarse en disfrutar el momento.

Obviamente eso no iba a durar mucho. Tristemente, no era un problema que podía evitar para siempre.

El sonido de la puerta la sacó de sus pensamientos. Soltó un "adelante" y apareció Ryoma. Ay, no. Tenía la cara de Karupin cuando lo regañaba por haberla mordido sobre la sabana. Era una cara que decía que no lo lamentaba y que lo iba a hacer de nuevo. Era la expresión más traviesa que este hombre había tenido en su rostro desde que lo conoció.

Guardó silencio. Insegura de querer abrir esa caja de pandora. Aunque sabía que no funcionaria de mucho.

— ¿Te acuerdas de tu secreto absurdo? — le preguntó intentando controlar la sonrisa que le provocaba verla extendida sobre la cama como una estrella de mar… de cabeza. Su cabeza colgaba de la orilla de la cama, dejando caer su cabello hasta el suelo. Su rostro se encontraba un poco rojo por el flujo no ideal de oxígeno y sangre. Su ceño se frunció y sus ojos se entrecerraron. Justamente —. Fue interesante descubrir quién era.

Una sonrisa salió de ella. Una grande.

— Eres terrible, ¿sabes? — Ryoma se sentó en la orilla de la cama y Ryuzaki se acomodó en una mejor posición, descansando su cabeza por completo en el colchón —. Tu cabeza de chorlito no fue capaz de averiguar la respuesta y le preguntaste a Momo-sempai. Estoy segura.

Ryoma asintió y por fin dejó salir esa sonrisa triunfal. Ryuzaki le levantó una ceja y lo barrió de arriba abajo con indignación fingida. Después miró hacia el techo y soltó el siguiente sacrilegio.

— ¿Qué te puedo decir? Mi gusto en hombres es terrible — Ryuzaki soltó una pequeña risa y cerró los ojos, pensativa. No alcanzó a ver su mirada de reproche, la pubertad no fue su momento máximo, pero ahora… era un hombre perfecto —. Lo fue entonces y lo es ahora.

Sintió como su propio ceño se planchaba en automático.

No.

Sí.

No estaba seguro.

Esto era la puerta para entrar a esa conversación que tanto quería averiguar. ¿El pelirrojo sería mencionado en esta conversación? Eso es lo que dudaba en querer saber, a pesar de que siempre pensaba en eso.

— ¿El padre de este bebé también es un tipo terrible? — Ryuzaki abrió los ojos lentamente y lo miró.

— ¿Te consideras una persona terrible? — le levantó una ceja y le sonrió con soberbia.

— Soy consciente que no soy la mejor persona del mundo — dicho esto se dejó caer en la cama, sintiendo el rebote y sacándole un pequeño gritito a Ryuzaki —. Especialmente sé, que mis relaciones con las mujeres no son lo que uno podría llamar cortés, cordial, moralmente decente…

Sakuno dejó salir una risa sarcástica. Al menos lo sabía. Cuando estaba enamorada de Ryoma en la secundaria, estaba encantada con él. Con su determinación y su esfuerzo. Amaba su habilidad para enfocarse en su meta y no rendirse hasta conseguirla. Eso era lo más memorable, además de que era muy guapo, claro. Aunque sabía que nunca llegarían a nada, precisamente porque el no veía nada más que el tenis. La vida los llevaría por caminos separados y hasta ahí llegaría su historia jamás empezada.

Años más tarde, cuando lo vio debutar en el mundo del motocross, su corazón latió más rápido. Dentro de ella, aún lo consideraba un gran ser. Y el hecho de que hubiera entrado a su mundo significaba que existía la posibilidad de verlo de nuevo. Cuando lo vio ascender como un nuevo genio, se sintió feliz y orgullosa por él. Aunque no tardó en caer de sus buenas gracias. Al volver a correr de nuevo, los rumores de Ryoma Echizen volaban como cenizas al aire. Un mujeriego ejemplar. La calentura que nunca vivió en su pubertad, la reservó para explotarla al máximo al volverse adulto.

Y en ese momento perdió cualquier sentido de compañerismo con él. Su amor inocente murió y solo quedó el resentimiento de haber gastado lindos sentimientos en él. Aunque probablemente odiaba más el hecho de que toda esta historia pasó solo para ella. Él ni siquiera recordaba que existía. Aunque ahora, era una historia para poder contar con una risa, pues todo rencor había muerto a este punto.

Ahora solo sentía… afecto y confianza por él. Es por eso que podía decir esto.

— Kin no era la mejor persona del mundo. Aunque eso nunca lo noté tampoco. Porque procuró ser la mejor persona conmigo y me lo creí — Ryoma se enderezó al instante. Ryuzaki tenía los ojos cerrados. Su voz había temblado. Una débil y amarga sonrisa apareció en sus labios antes de continuar —. Lo triste es que no lo noté hasta esta última vez.

Se tensó al oír esto. El nombre, al principio no significó nada, pero al escuchar "esta última vez", su cerebro hizo la conexión en automático. Conectó el nombre con el rostro. Tampoco es que le hubiera dicho que sí era el padre de ese bebé, pero algo en su interior se había confirmado. Hubo un silencio, no incomodo, pero sí pesado. Pasaron un par de minutos que se sintió como una eternidad. Continuó mirando su expresión, sus cejas se habían unido y sus labios se tensaron.

— Lo peor del caso es que sé que si se lo pido, volvería a ser la mejor persona del mundo para mí — sus ojos se abrieron y miraron el techo por otro largo momento, con solo su respiración resonando en la habitación. Un suspiro salió de sus labios antes de continuar —. Probablemente sea lo mejor para todos ustedes. Especialmente para ti…

Sakuno tomó un respiro profundo. Entre más lo pensaba, más creía que era la respuesta correcta. Debía irse de aquí para asegurar el bienestar de toda la familia Echizen. Su mirada viajó a Ryoma. Conectó con esos orbes ámbares y la voz de Kintarou resonó en el fondo. "Haré de su vida una miseria", un escalofrío viajó por su cuello. De pronto sentía que no conocía a ese hombre, pero lo que sí sabía es que sería capaz de eso y más. Su instinto lo gritaba.

— ¿A qué te refieres? — la voz de Ryoma la trajo al presente. Tuvo que pestañear un par de veces para notar que el este hombre la miraba intensamente con sus cejas unidas —. ¿Por qué "en especial" para mí?

Un pánico interno llenó a Sakuno, ¿qué demonios había dicho enfrente de este hombre?

— A que, muy probablemente, tu seas el más feliz de todos… el día que ya no esté aquí — intentó arreglar su metida de pata, pero no funcionó. El ceño de Echizen se hizo más pronunciado y podría jurar, que había una pizca de enojo en su mirar.

— ¿Qué clase de idiota crees que soy? — Sakuno miró a Echizen un poco perdida. ¿Uh? Hubo una pequeña pausa y Echizen levantó las manos al aire antes de darle una oportunidad de responder —. Olvídalo, no la mejor expresión para dar a entender mi punto.

Una risita salió de ella al mismo tiempo que intentaba enderezarse, quedando frente a frente. No es que ella pensara que fuera un idiota, solo que la pregunta y el tono la tomaron por sorpresa.

— Sé que mi bienvenida no fue amable. Sé que… en general no soy amable, pero eso no significa que te quiera fuera de esta casa lo más pronto posible — una sonrisa complicada apareció en el rostro de Echizen y su tono se volvió más suave —. Al menos… ya no. Nunca pensé que diría esto, pero tu compañía es agradable. Tus travesuras tontas son graciosas y entretenidas. Todos aquí disfrutan de tu estadía. Incluso… yo también.

Ryoma le sonrió a Ryuzaki al mismo tiempo que lo miraba con sorpresa. Fue un momento agradable que le duró un solo segundo, pues las palabras de Ryoga lo golpearon fuertemente. "La única explicación que se me ocurría es que tuvieras sentimientos por ella… como yo". No. No. Esto no era nada de eso. Él solo… la estaba tratando como una más de la familia.

"Exacto".

De pronto, grandes y gruesas gotas comenzaron a resbalar por las mejillas de Ryuzaki. ¿Qué? ¿Por qué? En un segundo, Ryuzaki se le aventó al cuello, abrazándolo.

— Estúpido, Echizen. ¿No sabes que nunca debes decirle cosas lindas a una mujer que tiene cero control de sus hormonas? — comenzó a llorar como magdalena, hasta que ahogó su lloriqueo en su hombro.

¿Qué debía hacer ahora? Esto no era bueno. Aparte de no querer sus mocos y lagrimas en su traje recién comprado, esto no se veía bien. Si Ryoga entraba por esa puerta, no habría nada que detuviera su creativa y molesta mente de generar más ideas de lo que él sentía o no. La cuestión era… que tampoco podía alejarla, sus brazos apretaban fuerte y hacían que su estomago doliera, por más ilógico que sonara. Y había otro sentimiento que no podía entender, quería consolarla. Poner sus manos en su espalda y dar pequeñas palmadas, pero… sentía que no debía.

Así que solo dejó sus manos al aire, como un tonto. No podía portarse más idiota el día de hoy. Fueron varios minutos que le tomó calmarse. Fue de un cuerpo tenso a uno suave y relajado. Su tentación ganó y llevó una mano a su espalda. Acariciándola por un segundo antes de que un grito lo hiciera parar en seco.

— ¡Saku! — era Ryoga. Ryuzaki se separó rápidamente de él y lo miró. Sorbió mocos y se limpió una lagrima.

— Ay, no. Ryoga me va a preguntar que porqué estuve llorando — susurró mientras pasaba su mano otra vez por su rostro. Su mente comenzó a trabajar a velocidad luz. Miró a su alrededor y volvió hacia Ryuzaki, tomándola de los hombros.

— Dile que es porque estabas viendo una película y, hagas lo que hagas, no le digas que estoy aquí, ¿entendido? — le dijo Echizen a velocidad luz y corrió a colocarse detrás de la puerta. Sakuno lo miró confundida por un segundo antes de que la puerta se abriera un poco y el mayor de los Echizen se asomara por esta. Su sonrisa típica se borró al instante al ver su rostro.

— ¿Estás llorando? ¿Por qué? ¿Todo bien? — le preguntó rápidamente mientras se paraba por completo en el marco de la puerta y la abría de par en par. Los ojos de Echizen se abrieron como platos y comenzó a negar con la cabeza. Sakuno entendió el mensaje y se puso de pie rápidamente, alcanzando a Ryoga en el umbral.

— Si, todo bien. Estaba viendo un documental muy triste sobre perros abandonados — escupió la excusa tan naturalmente que ella misma se sorprendió —. ¿Te parece que veamos algo más entretenido en la sala? No quiero llorar de nuevo con cualquier cosa y mis ojos arden por la mini pantalla también.

— Claro, aunque ya te dije que puedes conectar el celular a la pantalla de Ryoma — le reprochó antes de retroceder en su camino para dejarla salir —. Tiene un aparato que reproduce y guarda tus programas favoritos. ¿Quieres que te enseñe como se usa?

— No, gracias. ¿Qué tal si me encuentro alguna película porno? — continuó la conversación mientras se imaginaba ese horror, comenzó a negar fervientemente —. El gusto de tu hermano en esa área es algo que no deseo saber nunca.

Ryoga soltó una carcajada mientras cerraba la puerta detrás de ellos. Ryoma soltó el aire que llevaba guardando en sus pulmones. Se dejó caer por la pared hasta sentarse en el piso. Karupin saltó de la cama hacía él y se frotó contra sus piernas. Un suspiro salió de él. ¿Qué demonios estaba pasando? En especial, ¿qué carajos estaba haciendo?

No necesitaba evitar a Ryoga. Solo tenía que decir que nada estaba pasando, porque, en efecto, nada estaba pasando. Aun así, su mente y consciencia creyeron que no era suficiente razón y excusa, así que se escondió como un ratón detrás de la puerta e hizo que Ryuzaki mintiera.

De verdad, ¿qué sucedía con él?

La noche llegó. Se acomodó en su cama y acarició a Karupin. Una sonrisa salió de ella. Echizen bajó más tarde con la excusa de haber estado en la ducha. Comenzaron a ver una serie y Rinko-san se unió. Fue una velada tranquila, pronto comenzaron a discutir la moraleja de la película y los Echizen, como buenos hombres, hicieron menos la misión de la protagonista. Esa mujer estaba buscando un propósito de vida. Se sentía perdida y dudaba de cada paso, pero aun así seguía buscando.

Ryoma habló de lo que débil que era y Ryoga señaló cada cosa que hizo mal. Ella se quedó callada y se limitó a escuchar, pues se sentía demasiado identificada con la mujer para opinar. Rinko-san intentó expresar su punto de vista diplomáticamente, pero los muchachos continuaron con sus propias ideas sin argumentar debatiblemente. Un gruñido de Rinko-san fue suficiente para hacerlos callar y lo único que dijo fue "los idiotas que no saben escuchar, no les toca cena".

Ambos hombres se miraron y hubo un silencio total antes de empezar con quejas. Ambos fueron de adultos con opiniones relativamente respetables a dos niños lloriqueando porque su madre los había castigado. Comenzó a reírse tan fuerte que no pudo parar por largos minutos.

Fue muy divertido y al final sí les tocó cena.

Se sintió como un día muy completo. Tuvo una plática significativa con Echizen y…

La hizo sentir cómoda con su declaración. Era la primera vez que el "eres bienvenida" la hacía sentir… justamente de esa manera.

Saber que no era odiada le daba paz de una manera u otra, pero también le decía que ya era hora. Tomó su computadora y la abrió. Dio clic al sobrecito con el circulo rojo y se preparó para su destino.

Caterin Echizen

¡Hahahaha! Perfecto, agradezco a la vida que nadie recordará mis pecados pasados. Qué bueno que te gustó y gracias por pasarte por mi historia. Agradezco y aprecio muchísimo tu review. Nos vemos pronto, besos y abrazos.

Los y las amodoro.

¡Muchas gracias!

¡Nos vemos en el siguiente capítulo!

Con amor, Zhikizzme.