"Acérquense. hijos míos. Vamos a comenzar... Primero, la SK. Que es quien traspasará el don".

"Yo... Rose Mary Elizabeth Hathaway", así, separando el nombre en dos partes, como aparecía en su certificado de nacimiento, "tomo a Dimitri como mi... ¿esposo? (¡glup!) y entro en esta unión... con mis facultades físicas y mentales intactas, y por mi propia voluntad", leyó Rose.

Demasiado nerviosa para hacerlo de una sola vez.

Sonaba algo... muy serio, ¿verdad?.

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"Yo, Dimitri Randallovish Belikov", usó su nombre real -también- pues quería que ella lo supiera de su boca, "tomo a Roza como mi esposa. Entro a esta unión... con mis facultades físicas y mentales intactas, y por mi propia voluntad".

Dijo, de memoria.

Y muy decidido, al parecer.

"Extiendan sus manos, para hacer el diseño de enlace", dijo el Padre A..

Puso ambas muñecas -de la lateralidad correcta- con el pulso hacia arriba y juntas.

Luego trazó el diseño, con una tinta especial -que se había cargado bajo la luna-, usando una punta de cuarzo.

Finalmente, enrolló en torno de las manos un lazo, y lo apretó.

"Entrelacen sus manos", les pidió.

Y, cuándo lo hicieron, pareció que el dibujo se entrelazaba, formando la palabra ROMITRI.

"Está hecho. Vayan con todos los Dioses pasados, presentes y futuros, que los han observado y no se han opuesto a esta unión. Recuerden que esto puede romperse, si uno de ustedes dos lo desea. Pero siempre deberán escoger a un nuevo Intermediario, o esto se devolverá a Rose, con más fuerza. La muerte es lo único que puede separar al usuario y al SK, pero el SK ya murió antes, y será a quién siempre vengan a buscar. Deben completar el Ritual ustedes dos, ahora. La luna pasa y el amanecer se acerca. Y debe estar completo antes de que los primeros rayos del sol toquen el sello en sus pieles. No sólo serán disueltos por sus rayos, además puede tener consecuencias nefastas, para alguno de ustedes dos".


"¿Simplemente sexo?", dijo Dimitri, al entrar en el ático.

"Somos dhampirs, Dimitri. El sexo es nuestro motor de vida. Así que no lo veas como una obligación. Velo como algo divertido, algo... que nos permitirá conocernos más... a fondo, si prefieres decirlo así. Dijiste compañeros guardianes, ¿alguna vez?, bueno... Compañeros... eso sí".

"Seré..."

"Ni tan rápido que no te sienta, ni tan lento que me aburras, Camarada. Lo demás, se irá dando, solito. Ahora, ¿en qué íbamos?, ah, sí, claro. ¡Ropa afuera!"

Y se sacó la polera, quedando en un lindo -e infartante- sostén de tafetán rojo.

El más lindo que tenía.

A juego con una pantaleta de encaje... diminuta.

Realmente diminuta.

"¿Necesitas ayuda?, no te avergüences si es tu primera vez, Dimitri. Todos la hemos tenido antes. Te ayudaré a descubrirte, a desnudarte, y a ver qué es lo que te gusta".

"Tú me gustas, Roza. Eres tan hermosa que el no mirarte me angustia".

¿A qué ocultarlo ahora?.

Serían uno.

Por siempre.

"También me gustas, epítome del alto, guapo y de pelo oscuro. Y ahora, mío. De mi propiedad absoluta. No dejes que esto de desvanezca".

"Ni tú, Milaya. Ni tú".


La piel de Rose era de Almendras tostadas, por todo ella.

La de Dimitri, tenía zonas más claras, allí en dónde el sol no lo alcanzaba.

Y sus pelitos eran crespos y rebeldes, a juzgar por la ubicación en su cuerpo.

Y más oscuros que el de su pelo, curioso.

Dimitri la recorrió suavemente con la yema de los dedos, haciéndola estremecerse.

Ida y vuelta, apenas deteniéndose en las partes más eróticamente sensibles.

Quería recordarla así, para siempre, calma y relajada.

Los ojos cerrados y la boca entreabierta.

Ondulándose bajo sus caricias y su mirada.

¡Tan húmeda, tan ansiosa!.

Cualquier caricia lo acentuaba, más y más.

Latía por todo el cuerpo.

Parecía respirar por cada poro de su piel.

Y un brillo sutil la rodeaba.

Y las sombras no prevalecieron contra ella.

Dimitri se acercó, hasta encontrar la mejor postura.

Supo que era virgen tan sólo con tocarla.

Y quería que no hubiera más dolor y sangre de lo que debiera, porque lo habría.

El ritual lo exigía.

A la sangre.

"Despacito por las piedras, pero no a pasito de tortuga", le dijo Rose, enganchando sus piernas tras él. "Eres un chico grande, Camarada. Y yo soy una yegua fina. Si me quieres seguir montando, ¡ten cuidado con las patas!".

Y despacito se hizo.

Un sonido imperceptible dio cuenta de la rotura del himen, y del fluir de su sangre -mezclada con sus fluidos- y el muchachón se deslizó, suavecito por ese río de sensaciones que eran las entrañas de Rose.

De su Roza.

Rose se fue girando y acomodando, medio incómoda con el tamaño -que no veía cómo fuera a caber por completito allá adentrito- y pareció una tuerca que giraba en torno a un tornillo algo rebelde.

"Nop, nada que hacer. Así que nos viramos", y se apulpó en torno a él, para quedar arriba, ¡Y zas!, se deslizó hacia abajo, encajándolo de un golpe.

No fue buena idea, pero la fricción y los nervios la hicieron reír.

Y eso los distendió.

"Ahora, si no te saco, tendrás que irte conmigo, Compadrito, así que empieza a atornillarte y a destornillarte, ¿sí?, o me temo que...".

"Yo estoy bien contigo arriba", y él acomodó sus rodillas, para soportarla, "estás... apretada ¡que es un gusto!, pero si no me muevo, te hago pedazos. ¡Oh, eso lo sé!".

"¡Tampoco eres tan grande, Camarada!"

"Lo soy, Rose. Soy el chico más grande entre los guardianes. Lo sé, porque en el baño de los guardianes... nos vemos..."

"¿Las caras, y no los corazones que rompes con ese tamaño XL?, ¡wow!, ¿y Alto, en qué categoría está?"

"¿Es tu idea de una conversación, cuándo estamos teniedo sexo, Milaya?".

"Esa es mi línea del guión, Camarada. Esa siempre será mi línea".

Y se abocó a cabalgarlo, hasta sentirse satisfecha y relajada.

Y nuevamente satisfecha.

Y más y más apretada.

Sus ondulaciones frecuentes, hicieron a Dimitri cambiar a varias variantes faciales, del saludable tostado, al rojo granate; hasta finalmente aferrarla, desesperado, pues la erupción solar... ya iba a comenzar.

Y cada gota debía quedar dentro de ella.

Muy adentro.

Se derrapó por la superficie del sofá, sin hueso alguno que lo sostuviera, como si fuera un gato desparramado.

Su pene -ya flácido y encogido-, se replegó sobre su cuerpo, para dormir una siesta.

Para ser tan joven, no parecía tener demasiada fuerza, ¿verdad?

Rose tenía que terminar el ritual -antes de que el sol saliera y los vencieran las sombras de la noche, -que pululaban en torno a ellos- así que tomó el menjunje que se formó de la mezcla (semen y sangre del himen, ¿recuerdan?), y marcó ambas frentes, ambos pechos, ambos tatuajes -por las moscas- y ambos labios.

Después se besaron, y así los pilló el sol; que comenzaba a disipar a las sombras.

Y finalmente fueron sólo ellos y los rayos de luz que los bañaban.

Así se selló la transferencia y la unión resultó duradera.


En la Capilla, el Padre A., vio hervir la mezcla de la tinta -con los primeros rayos del sol-, y finalmente evaporarse, dejando sólo el cuarzo que sirvió de lápiz y pincel.

Y supo que -al fin- algo se había hecho bien.

Un Intermediario mágico había nacido allí.


La segunda parte -con la liberación de Rose como SK- ha comenzado, oficialmente.