La mañana siguiente, las enormes ojeras de Hermione enmarcaban su rostro hinchado. Su pelo parecía más un arbusto que su ya dominada melena. Así que no tuvo más remedio que usar una poción alisadora. Al mal tiempo buena cara. Recogió su cabello de manera desenfadada y salió dispuesta a desayunar y afrontar aquel día de después.
Hermione bajó las escaleras del dormitorio con sabor agridulce. Por una parte, Malfoy no salía de su mente. Sus labios. Aquel beso en la frente de despedida en el despacho de Dumbledore. Aquella conversación de la que no había podido ser parte. ¿Estaría bien?
Por otra, los gritos de Ronald le repicaban en la cabeza como un duendecillo de cornualles malicioso. Y sumado a todo, aquella tarde tendrían su examen de Aparición. Como si pudiera concentrarse.
Harry la esperaba en la Sala Común con una sonrisa triste. Sabía que su amigo se estaba esforzando por entenderla, pero de alguna manera no podía olvidar todo el daño que Draco les había hecho. El chico tendió su brazo con cariño y le guiñó un ojo, sin pasar por alto que por muy bien peinada que estuviera, sus ojeras se extendían más allá de lo que había podido ocultar. La chica le tomó del brazo con una sonrisa y salieron juntos hacia el Gran Comedor.
En contraste a toda su incertidumbre, la mañana en se presentaba contenta entre el alumnado. El nerviosismo del examen de Aparición se había colado en aquellos torpes cuerpos adolescentes como una acallada euforia. Seamus, Dean y Ginny reían en la mesa, mientras que Ron y Lavender, permanecían callados apartados de todos los demás.
Hermione pidió a Harry con la mirada tomar asiento en la parte animada de la mesa y el chico asintió riéndose.
Antes de tomar asiento, Hermione escrutaba la mesa de Slytherin ajena a la sonrisa de Seamus, que le hablaba animado.
Sorprendentemente, Draco estaba allí, sonriéndole mientras sostenía una gran taza de café entre las manos. Estaba segura de que él tampoco había podido dormir, pero su sonrisa la tranquilizaba.
- Disculpa Seamus, Hermione no ha podido dormir con el examen de Aparición - dijo Harry con voz forzada mientras le pellizcaba en el costado.
Hermione se giró sorprendida. Miró los ojos verdes de reproche de su mejor amigo, y la vergonzosa sonrisa de Seamus, que al parecer le había hablado y habia sido ignorado por completo.
Luna se acercó a Harry y éste se levantó de la mesa con una tostada entre las manos.
- Lo siento, Seamus, es verdad que no he descansado mucho.
- No te preocupes, Hermione. Bueno, no es la primera vez que te ocurre - admitió ligeramente ruborizado - está claro que bueno, no compartimos el mismo interés…
- ¿Qué?
-No, bueno, lo siento. Solo quería saber si habías estado repasando para el examen, porque yo no estoy seguro de conseguir pasarlo.
- ¿A qué te referías?
El chico tomó aire, y desvió la mirada avergonzado.
- Bueno, es bastante obvio que llevo meses intentando acercarme a ti, pero sé que tú no te has fijado en mi y no pasa nada - sonrió
- Oh Seamus, lo siento, es que… - la chica enrojeció - bueno, estoy enamorada de alguien...
- El chico de las Navidades ¿Verdad?
Ella asintió con la cabeza
- Tiene suerte, se ha ganado a la bruja más espectacular de nuestra generación, debe ser un chico genial. Menos mal que no es de la escuela, maldita sea, me pondría celoso - bromeó intentando rebajar la vergüenza que sentía.
La chica se mordió los labios con timidez, tratando de ocultar la verdad.
Dean cogió al chico del brazo, antes de que siguiera preguntando, ajeno a la conversación que estaban teniendo. Y le señaló el folleto de Errores Comunes de Aparacion y Como Evitarlos del ministerio que Ginny sostenia entre las manos.
La chica agradeció la interrupción, y volvió a buscar la mirada de Draco, que se había desvanecido. El chico estaba en la puerta del Gran Comedor mirándola de manera disimulada, y le indicó que le siguiera con la cabeza, avanzando despacio.
Hermione se despidió de Harry y Luna sintiendo la angustiosa mirada de Ronald clavada en ella y le siguió. El rubio avanzó unos metros delante de ella hacia los jardines de detrás del castillo fingiendo ojear su ejemplar de Errores Comunes de Aparacion y Como Evitarlos y se sentó en un rincón oculto por unos altos setos.
La chica se coló de forma un poco torpe, mientras en chico la mirada divertido.
- Qué sutil - rió pidiendole que se sentara con él
- Pues anda que tú, todo el mundo sabe que no tienes edad para el examen de Aparición - indicó señalando el folleto.
- ¿Todo el mundo?
- Tantos años intentando ser popular...
El rubio rió de forma tranquila, y acercó el rostro de Hermione, quedando a escasos milímetros de sus labios para después besarla con suavidad. Cuánto lo había echado de menos. La chica le correspondió de manera impulsiva. Llevaba toda la noche pensando en él, en cómo estaría, en aquella tarde en la Sala de los Menesteres, y sin querer se dejó llevar por todos sus sentimientos. Necesitaba estar más cerca de él, sentir su cuerpo, saber que estaba bien, hacerle sentir bien. La leona se sentó ahorcajadas encima suyo mientras el chico trataba de contener las ganas que tenía de estar con ella a solas.
- Granger, granger… - suspiró el rubio tratando de relajar su respiración -
- ¿Estás bien, Draco?
- Sí - el rubio la miró sonriente, sabía que no podía contarle nada del plan de Dumbledore. Y por supuesto, seguía sintiendo miedo por su familia. Pero aquel pequeño paso le había hecho acarse a dos buenas personas que sabía que querrían ayudarles, y de momento ese era el único alivio que podía encontrar a aquellos meses de tortuna -¿ Qué quería Finnigan? Parecías incómoda.
La castaña enrojeció, todavía más incomoda mientras se separaba unos centrímetros de la tez nívea de su serpiente.
- Bueno, al parecer le gusto - admitió - y he tenido que decirle que estoy enamorada de otra persona…
- Vaya vaya - dijo ahogando una risa socarrona - así que el tonto de Finnigan quiere quitarme a mi chica.
- Draco - interrumpió Hermione tapándole los labios con las manos. Escucharon unos pasos alejarse aguantando la respiración.
- Es normal. hoy estás radiante. Aunque esas ojeras…- continuó el chico acariciándole las mejillas.
- No he podido dormir- admitió
- No te preocupes, voy a estar bien - la tranquilizó acomodándose entre sus piernas, atrayéndola más hacia él - especialmente si te pones así, esta faceta no la conocía, pequeña sabelotodo...
La chica se puso seria, ocultando su vergüenza. Nunca había besado a nadie antes, y parecía que la seguridad que sentía con él, la ternura del chico y todo lo que estaban afrontando juntos, hacía que sintiera la confianza suficiente como para dejarse llevar. La chica se acercó seria hacia su oído, y besó suavemente el lóbulo de la oreja del chico haciendo que su blanca piel se erizara.
- Parece que todavía tienes que conocerme mejor...
Draco la miró hipnotizado, con aquellos mechones alisados cayendo por sus mejillas ruborizadas. Tan preciosa como en la fiesta de Slughorn, sin pretenderlo. Joder, no solo era increíble, inteligente y preciosa, también era puro fuego, y él solo quería arder, como Ícaro.
Abrió los carnosos labios de la castaña con su lengua furiosa, y comenzaron a jugar hasta que el reloj anunció el inicio de las clases.
- Vamos a llegar tarde- susurró Hermione en el oído de Draco escuchando las campanas
- No hay otro sitio en el que tenga que estar - trató de continuar él
- Por desgracia, has caído en las redes de la única chica en esta escuela capaz de frenarte para ir a estudiar.
El chico le sonrió con cariño. Así era ella, maravillosa. Aunque quería maldecirla por querer marcharse, estaba agradecido por poder estar cerca de aquella fantástica bruja.
- Tienes razón. ¿Qué tienes ahora?
- Historia de la Magia, ¿y tú?
- Transformaciones ¿Nos vemos en Pociones?
- Tengo el examen de aparición, me temo que estarás con Harry- dijo mientras se levantaba, dejando al chico sentado con tristeza- hablando de eso, Harry lo sabe.
-¿Lo sabe?
- Lo sabe
- ¿Todo?
- Solo lo necesario. Tranquilo, tus secretos están a salvo conmigo.
El chico tragó saliva asustando. Con razón Potter había estado pendiente de él aquella mañana con una mirada tan extraña. No le dirigía aquella mirada furiosa que le seguía desde hacía meses. Como si tratara de leer su pensamiento. Aquella mañana, le miraba más bien con una extraña resignación, casi diría respeto. Weasley en cambio, seguía mirándole con más asco que de costumbre. Pero Potter lo sabía. Joder. Mierda. Bueno. Tenía que ocurrir. ¿Reaccionaría a la defensiva? Potter y Weasley siempre habían protegido a Hermione. No lo parecía. Pero sabía que tenía que ir con cuidado. Por mucho que quisiera cuidarla, sabía que cualquier paso en falso les daría motivos para arrancarle la cabeza sin mirar atrás, y no les culpaba. Se había ganado esa reputación a pulso.
La chica se despidió para que no les vieran salir juntos, y vio su alisado recogido alejarse mientras escuchaba sus pasitos en la piedra del jardín. No sabía cuánto podía cambiar su vida aquella misteriosa-todavía por descubrir- sabelotodo y fogosa - Hermione Granger, pero le volvía loco descubrirlo.
Permaneció unos minutos sentado recordando las palabras de Dumbledore.
No le había sorprendido nada. Su mirada solemne le seguía tras sus gafas de media luna mientras el chico reunía toda su fuerza y entereza posible para narrarle los últimos meses de discordia. ¿Ya lo sabía? No parecía alterarle lo más mínimo. El director de Hogwarts sorbía despacio su té en silencio, hasta indicarle los pasos a seguir. El plan tenía que continuar, pero no pondrían en peligro al alumnado de la escuela. Dumbledore haría coincidir una visita a Hogsmeade la noche que El Señor Oscuro tenía planeado actuar. Tenían que asegurarse que ninguno pudiera salir herido.
- Draco, querido, has tomado una de las decisiones más valientes que he presenciado nunca. Me recuerdas a un profesor de esta escuela, que años atrás tuvo el mismo valor de luchar por quien amaba. Tu decisión no solo salvará a tu familia, sino probablemente, a muchos de tus compañeros esa noche - reconoció - pero es importante que Lord Voldemort siga confiando en vosotros. Os esconderemos, también a tu padre, pero es fundamental que él piense que vuestra lealtad no ha cambiado hasta que esté suficientemente débil.
-¿Está insinuando que nos convirtamos en espías?
- Parece que la compañía de Granger está multiplicando su inteligencia - bromeó con cariño
- Sabe lo peligroso que es…
- Vienen tiempos difíciles, Draco, más difíciles y oscuros de lo que nuestra sociedad está preparada para afrontar. Sé que Lord Voldemort quiere haceros creer que vivimos en un mundo dual. De luz y oscuridad. De blancos y negros. Pero no es así, hay que saber apreciar los grises, navegar sus olas. Solo eso podrá salvarnos.
- Lord Voldemort no entiende de grises excepto para humillar a mi familia pese a su lealtad.
- Un mundo sin amor, es un mundo de esclavitud. De esclavitud al poder, sí, pero sin salida. Siempre intenté explicárselo.
Draco pensó en las palabras tranquilas de Dumbledore. Tendría que acudir a su llamada para saber qué hacer antes de que llegara el momento. No podía darles más detalles. Draco miró los jardines de la escuela. Aquel curso había detestado Hogwarts, y sin embargo, ahora le parecía su único refugio.
Después del almuerzo, el trío dorado descansaba en el patio soleado, repasando todo sus conocimientos sobre Aparición. Hermione estaba segura de todos ellos, pero los repetía mentalmente. una y otra vez.
El nerviosismo se vio interrumpido por una carta de Hagrid, que les citaba para el entierro de Aragog aquella noche. Lo cual disgustó a Ron por motivos evidentes, y a Hermione porque no quería saltarse las normas de la escuela saliendo del castillo a esas horas. Sin embargo, acordaron ir pues era un motivo importante para su amigo.
Ella y Ron se despidieron de Harry a la entrada del Gran Comedor, y éste se dirigió al aula de Pociones. Allí se encontró con Draco y Ernie McMillian. Los únicos que todavía no podían hacer el examen de Aparición. El profesor les pidió que hicieran "algo entretenido"
así que Draco abrió el libro sin muchas ganas, buscando algo que pudiera distraerle.
Harry meditó sobre el comportamiento de Draco. Era cierto que durante el curso, su actitud de pavoneo se había ido consumiendo. El chico de Slytherin, se veía bastante desmejorado, más delgado, pálido y triste. ¿Tendría razón Hermione? Harry siempre había pensado que era cuestión de tiempo que Draco se diera con la realidad en la cara. Que algún día todo de lo que se enorgullecía se volvería contra él, y si sus teorías eran reales y Voldemort le había encargado una misión, no se le ocurría razón con más peso. Sí, seguramente Hermione estaba en lo cierto…
Harry tomó su caldero y se cambió a la mesa de Malfoy sin pensarlo demasiado, ante la estupefacta mirada de Ernie McMillian. Draco, en cambio, no se atrevió a levantar la mirada, temeroso de que el Gryffindor comenzara con alguno de sus sermones.
Potter abrió su libro con calma y hojeó sus páginas buscando algo interesante.
- Elixir de Euforia - murmuró - no nos vendría mal algo de felicidad estos días.
El rubio levantó sus ojos grises sorprendido. Potter le estaba hablando.
- ¿Solución de hipo?- preguntó echando un vistazo al libro de Draco - bueno, me parece que ya tienes quien te lo ha cortado… - rió entre dientes.
Draco continuaba sin dar crédito. No sonaba como una burla. Más bien como… ¿Complicidad? ¿Estaba Potter siendo simpático con él? Imposible. ¿Qué le habría dicho Granger?
- ¿Me sugieres alguna otra poción? - contestó tratando de ser cortés con el acercamiento del chico.
Potter parecía satisfecho. No se podía imaginar lo duro que estaba siendo él tratar de ser educado con Malfoy.
- ¿Qué tal un filtro de paz? Los efectos quizás sean temporales, pero puede ser un buen comienzo.
Por primera vez, Harry Potter vió a Draco Malfoy sonreír con sinceridad, pese a que sus ojos se veían tristes.
- Suena bien - respondió el rubio buscando la receta en su libro. Al margen de la ofrenda de tregua metafórica de Harry, quizás Slughorn la consideraba inofensiva y podía tomarla. Así quizás esa noche, podría dormir.
