Glasgow

"Disculpe, creo que me dieron mal la dirección. Busco a alguien", Rose se revolvió, nerviosa y sin mirarla.

"Quizás yo conozco a esa persona, por eso te remitieron conmigo, ¿Quién es, a quién buscas?".

"Ja... Jane Anne Hathaway, Señora".

"¿Y qué quieres con ella?", y se llevó las manos a las caderas y se irguió, como una heroína de los tiempos de grandes justas.

O como Rose imaginada a la mítica Bauduca.

Pero Rose -aterrada por la pose-, retrocedió de inmediato.

No de miedo.

Del fuerte recuerdo de su madre ausente.

"Jane Anne Hathaway es la madre de mi madre, Janine Hathaway. Yo soy Rose Mary Elizabeth Hathaway", dijo de golpe, con un discurso aprendido.

"Yo soy Jane Anne Hathaway, Rose", sonrió, cambiando de postura, "y soy tu abuela, al parecer".

Y de la impresión, Rose palideció y cayó al suelo.

De golpe.


St Vladimir, en ese preciso momento.

Hora del desayuno. 6PM, hora humana.

Dimitri POV

Un fuerte golpe en el pecho más tarde, y caí al piso de la cafetería de los guardianes, sin ninguna razón aparente.

Los dhampirs somos bastante resistentes, pero algo no debe andar bien en mí.

Con la ayuda de mis colegas, logré ponerme de pie -el golpe me lastimó un codo, al caer-, y Alberta insistió en que me llevaran (no acompañaran), a la clínica, en dónde la Doctora O (así le decía Rose, y ella pasaba acá), me hizo una revisión completa.

Incluso... ¿urológica?.

Me dijo que, como tenemos genes humanos diluídos por allí, podría tener algo a nivel prostático, y no saberlo.

Al menos no dolió.

¡No es como si alguno de mis colegas masculinos -y gays-, me hiciera el examen!.

Pero soy hombre, y no es agradable que me lo hagan.


Mi temible abuela siempre ha sido una sanadora.

Y los hombres del pueblo acudían a sus expertas manos.

Para... esto, entre otras cosas.

Iván la prefería a un médico.

Muchos guardianes de St. Basil, también.

¿Pero que te meta el dedo tu propia abuela...?.

¡NO!, ¡no hay derecho !.


En fin, la doctora no encontró algo anormal (para un dhampir), pero me exigió que me tomara el resto de la semana libre -y de preferencia-, fuera de allí.

Así que Alberta acordó con Art que me fuera a la Casa de los Bádica -como su segundo a bordo, o algo así-, y uno de sus guardianes cubriría mis turnos.

Sólo le pedí que a Vasilissa la cuidara alguna mujer.

Ya no confío en los guardianes de Dashkov.

Hay algo fishy por ahí.

Palabras de Rose, en mi oído.

Antes de desearme un feliz descanso, lejos de allí.


Glasgow, Escocia.

"Yo esta sola, esa temporada", rememoró Jane, tomando un fuerte... ¿café con qué, Señora?".

La amable humana se había agachado a ver que le había pasado a la niña.

Y la hizo reanimarse y entrar a la casa.

"Mi esposo es militar y pasa largas temporadas afuera. Llevábamos 4 intentos de fertilización. 4 fracasos, cuando él me conoció en la clínica. Yo estaba llorando a mares, y él me ofreció un pañuelo. Luego un café, en la cafetería de la clínica. Fue muy amable y gentil y...".

"Fue sólo una vez, ¿es lo que quiere decirme?", sonaba lógico.

¿Un moroi y una humana?... eso no duraría.

¡Eso no debía durar!

"Debo reconocer que no lo fue. Fueron unos 3 -e intensos-, meses. Fue mi apoyo y consuelo. Ambos sabíamos que eso no iba a durar. Y yo no sabía que sí era fértil. Y me aterré. Por un lado, quería abortarla. Por otro, me decía que no era justo, que tras 4 intentos... que yo quisiera desecharla. Yo no podía adoptarla o simplemente decirle a mi marido que era de él. Así que él me ofreció un trato... extraño". Su voz sonaba muy frágil y quebrada, de la emoción de contar algo que llevaba -agónicamente-, guardado muy dentro de ella.

"Se llevaría a tu madre -no sabíamos que era niña, en esos momentos-, y cuando mi esposo volviera y yo estuviera lista; Tony me daría un hijo, pero para que yo lo tuviera con mi esposo. Él actuaría -sería-, sólo como un donante, y nosotros dos -mi esposo y yo-, tendríamos al hijo que tanto deseábamos amar. Así que acepté. Mi esposo comprendió que nosotros no éramos compatibles para esa fertilización y aceptó la idea del donante -que le dije me sugirieron en la clínica-, y yo lo llamé. Y nació nuestro hijo, Jonnatan", y le mostró una fotografía.

Allí estaba el Maxi Mi de Janine.

Algo más joven, claro.

Pero era su rostro.

Su pelo rojo y rizado -heredado de su madre humana-, y los mismos ojos café, con un fondo azulado.

"Joni es... stunt. Mi esposo lo quería en el ejército, claro, por su enorme tamaño. Pero Joni ama la libertad de ir a dónde lo llamen, no dónde lo envíen".

"¿Y qué... dijo su marido?".

"Le costó, como a todo hombre, supongo. Pero se enamoró de Joni al instante. ¡Y son tan parecidos en el carácter, esos dos!, lo llevaba a todas partes, como un Caballito de mar".

"¿Y... conserva alguna foto de... de... del donante?".

Porque eso también fue para su madre.

Sólo un donante.

"No debería, pero me permite explicar a Joni, ¿cierto?, no es inmoral o algo así", y se levantó, para volver con un álbum. "Míralo. Este es Tony", y abrió en la página precisa, al volver.

Anthony Szelsky!", chilló Rose, horrorizada, casi perforando su silla, al presionarse contra ella.

"¿Lo conoces?, ¿y no sabías que es...?".

"MI mamá trabaja para él. La llevó de acá a América. Y a mí me envió a nacer acá, pero forzó mi ingreso en una escuela americana".

"Rose, estás pálida, cariño, ¿qué pasa?, ¿acaso no las trata bien, a Janine y a ti?".

"La tía Laetitia -su hermana-, es quién nos crió. Ella sólo me dijo que su hermano... que fue él quien llevó a mi madre con ella".

"Entonces tampoco se hizo más presente, ¡qué injusto!, siempre pensé que... tal vez... yo pudiera adoptar a Janine, después de nacer Joni. Que a mi esposo le gustaría una hija... ¿por qué no me dijo que se la daría a una hermana, como si fuera un regalo que no le gusta?".

"No lo sé. Es decir, mi mamá trabaja con él, pero nunca relacionó a su tía con él. Simplemente, no cuajaban. Igual es demasiado posesivo de ella, casi enfermizo, diría yo. Siempre le recriminó... a mí".

"Eres nuestra primera nieta, ¿entonces?", Rose asintió, un nudo en el estómago. "Joni heredó mis problemas de fertilidad, me temo. Él y su novia lo han intentado, pero los genetistas... dicen que algo pasa en la fertilización, como que el huevo se fagocita a las horas de formarse. Probaron congelarlo en diferentes ciclos; salvaron a 4, los implantaron y uno se logró fijar, ¡al fin!. Y ahora tú. Es una bendición tras bendición, al fin..."

"¿El hermano de mi mamá... será padre por in vitro?, ¿qué era lo que había?, ¿algo congénito?".

Se asustó Rose.

¿Un gen... dhampir, ajeno a los 23 pares cromosómicos normales?.

"No pueden identificarlo. Tal vez sea una falla mitocondrial, puede ser".

"Mitocondrial... de madres a hijos, ¿cierto?", y Jane asintió. "Ellos... no saben de mi madre, ¿verdad?".

"¿Qué madre?"; una profunda voz de barítono sonó, en la puerta.

Un hombre alto y fornido.

Vestido de militar.

Y Rose se paró, como herida por una descarga eléctrica.

"¡Holi!, siento venir sin avisar. Verá usted, Señor... mi mamá... es hija de un donante, que puede ser... ¿el mismo de su hijo?. ¡Yo no quería entrometerme en nada!, ya me voy Sra. Sommers. Su ayuda me fue valiosísima... ¿Sr. Sommers?, gracias por recibirme, y todo eso".

Y, recogiendo su mochila, salió a todo escape.

A tomar el bus más cercano a la casa de su tía.

Aunque tuviera que caminar, no importaría.

Volaría en alas del deseo.