St. Vladimir

Montana

El baile de esa temporada estaba programado para Halloween ese año.

Equinoccio estaba demasiado encima y navidad... demasiado frío, como para disfrutarlo.

Así que se fijó para mediados de octubre, para tener tiempo de organizarlo.


Muy a regañadientes, Dimitri y otros guardianes fueron comisionados a acompañar a un grupo de niñas moroi, para las compritas de última hora.

Entre ellas, la Princesa, obviamente.


La Princesita corría -como una desatada-, por todas partes.

Dimitri -varios pasos (o metros, o kilómetros) más atrás-, la iba siguiendo.

De lo contrario, parecería un acosador.

"¡OH!, Dimitri!".

Allá vamos de nuevo.

"¿Señorita?".

En ambientes públicos, no podían usar libremente sus denominaciones moroi, claramente.

"¿Azúl o verde?", y le mostró dos vestidos -exactamente-, iguales.

Cuyo precio era -casi-, el sueldo de un guardián White Moon 1.

"¿Llamo a alguna de sus amigas?".

"¡Oh, no!", y abrió los ojos como platos, "¡sabrán cuál es, y pueden intentar copiarme el estilo!".

"Entonces pido a alguna de las guardianas que la ayuden... Ellas deben saber más de... colores y vestidos".

"Ok", dijo, sin darle importancia alguna.

Dimitri hizo un gesto a una de sus colegas, quién cambió roles con él.


Y fue entonces que lo vio.

Un vestido negro, corto y con volantes en el ruedo.

Sin tirantes.

Con escote de corazón.

Ese simple vestido gritaba Rose.

Y de pronto lo imaginó en el suelo de su propia habitación.

Y ella entre sus brazos.

Movió la cabeza.

No era que tuviera síndrome de abstinencia... de ella.

Había sido sólo una vez.

¡Pero que vez había sido!

"¿Para su novia, señor?", se acercó una joven vendedora, al verlo hipnotizado por el sencillo vestido. "¿Le interesa que le ayude a buscar su talla?".

Dimitri asintió.

"No sé su talla. Pero mira ese maniquí de allá", y señaló uno en la otra esquina. "Mide como 1.60. Su piel es almendrada, y los ojos y el pelo son oscuros".

"¿Curvas?".

"¡Oh, si!", reconoció, aún mirando el vestido.

La vendedora se movió en torno a las perchas, para buscar alguno.

Luego fue al maniquí y miró la talla.

Habló con la supervisora, que lo sacó del maniquí y se lo pasó.

"¡El único y último!, y es justo la talla, señor. Además, tiene un descuento, por ser la última unidad. ¿Lo quiere para regalo?".

"Sí, por favor".

Así que la acompañó a la caja, para pagar con su tarjeta, sin pensar en que lo podían cuestionar.

O algo.


Las guardianas Celeste y Wanda abrieron los ojos como platos... voladores.

Y se acercaron a copuchar.

Celeste -incluso-, le tomó una foto al vestido, ¡y se la envió de una a Alberta!.

Alberta dijo que cualquier anomalía la debían reportar de inmediato, ¿verdad?.

¡Y eso sí era una rareza!.


Dimitri sabía que un envío particular a Escocia le saldría muy caro, así que usaría el sistema de encomiendas de la guardianía, que los guardianes usaban para enviar paquetes a sus familias... y que éstos llegaran cuándo fueran necesarios, y no mucho después.

O se perdieran en el proceso.


"Vaya sorpresa, Dimitri", se le acercó Spiridon, guardián del Príncipe Dashkov, "¿quién es la afortunada?, con esa talla... ¿Janine Hathaway, pícaro?, ¡OH, cuenta la firme!".

"Ya te la quisieras, Spiridon. Pero no. Es para el cumpleaños de mi hermana Vika. Me rogó que le buscara algo... americano. A mi madre no le va a gustar nada".

"Pero eso es para una niña como Nataly o Vasilissa, ¿cierto?, tus hermanas son mayores".

"Son tres y no dos, Spiridon. Vika es la menor. Y menor que yo, además".

"Pero ya debe estar graduada, muchacho. Esto será demasiado infantil para ella, en todo caso".

"¿Para Vika?, está aún en St. Basil, está en el penúltimo año, Spiridon. Y sé que le va a quedar perfecto".

"¡Vaya!, tenías a una guardadita en la torre", y le palmeó la espalda.

"Sobre todo de tí. Te llevas a la cama a todo lo que tenga dos piernas. Lástima de los trípodes, ¿verdad?".

"Muy gracioso, Belikov. Muy gracioso", y se alejó, mascullando.


"¿A quién dijo que iba ese pequeño vestidito negro?", le preguntó el Príncipe Dashkov a su guardián, cuándo llegó de vuelta a su lado -con el chisme fresquito-, luego de hablar con Dimitri.

"Dijo que es para su hermana menor, que está en St. Basil", respondió, encogiéndose de hombros.

"No lo creo. Ese vestido sería ideal para Rose, pero sabemos que dejó el país, a poco de abandonar la academia".

"¿Profesora, guardiana... o alumna?".

"No lo sé. Es decir, habría sospechado de Rose -la primera-, pero ella ya no cuenta en esta historia. Igualmente, lo necesitamos distraído. Natalie dice que parece un halcón. Sigue a Vasilissa con los ojos, por todas partes".

"Presionaré a los chismosos. ¡Y conozco un par!, alguien hablará, Su Alteza".

"Y no demores, Spiridon. No me hago más joven... o más sano".


El baile de Halloween resultó en una piara de niñitas y niñitos sobreexcitados, usando las mejores galas que podían exhibir.

También habían muchas cosas ilegales, que los chaperones no paraban de confiscar.


Natalie Dashkov revoloteaba, llevando chismes -malsanos-, de un grupito a otro.

Un click sonó en el cerebro de Dimitri.

Sus ojos cambiaron a un color oscuro, y volvieron a la normalidad.

"Ojos en los 8 tentáculos, Camarada", le susurró Rose, al oído mental. "Vigila a las sombras, cuenta a los asistentes, observa sus idas y venidas. Estaré por aquí", Dimitri sintió un golpeteo en su cabeza, "me está dando sueño. así que espero que no demore... lo que sea que pretenden hacer hoy".

"Sé una buena niña. Tengo un regalito para tí, Roza".

"No me dijiste eso cuándo...".

"En privado, todo lo que quieras. Acá nos vigilan. A mí, pero te notarán a tí".

"¿Notarán el qué?, ¿las mordiditas?, ¿los chupones?, ¿eso?".

"Que estamos unidos, Roza".

"¿A tí?, ¡cómo olvidarlo!, pero no es como si nos hubiéramos casado, Mi Mitri".

"¿Y si fuera así?".

"¿Dijiste 17 años?, y no sin la roca. Cambio y fuera, Camarada".


Alberta caminó hacia él como una pantera, lista para atacar.

"¿Rose?".

"Me dijo que estuviera en alerta máxima".

"¿Y le contaste del vestido que compraste para ella?, ¡OH, Dimitri!, ya deberías saberlo. El chisme es lo que mueve el mundo de los guardianes, desde sus mismos engranajes. El chisme alimenta la estima de los moroi por su guardianes. Así que tú debes cuidarte".

"Roza es legal".

"¿Crees que acá importa?, Rose podría tener 18, 21, tu edad o ser mayor que ambos. Pero siempre levantará polvaredas".

Dimitri se tocó el tatuaje, pensativo.

Ese gesto inconsciente no pasó inadvertido a Alberta.

"Eso es algo arcaico, ¿verdad?, tan antiguo que sólo lo leemos en los libros. ¿Puedo?", y tomó su muñeca, para observarlo.

"Runas... sip, muy arcaico. Muy, pero muy antiguo".

"Así formamos el vínculo, Rose y yo":

"¿Con este ritual?, esto no ha sido declarado ilegal, pero sí fue ocultado".

"Algunos lo saben. Rose lo sabía".

"¿Y ella está... ?".

"Acá", señaló su cabeza. "Atenta, en sus palabras".

"Hoy nadie duerme hasta que esta locura acabe, de todas maneras. Mantén tu radio encendida en mi frecuencia. Me avisas, incluso de lo más mínimo".


Alerta de spoilers

Las historias muy antiguas y casi caídas del mapa serán revisadas, reeditadas de ser necesario, y republicada.

Estoy para dales una despedida acá, porque las haré migrar a otras plataformas.

Igualmente quedarán como apoyo temático en otras publicaciones.

Esto para refrescar mis publicaciones, que se acumulan en la plataforma y tengo que andar persiguiendo.

Es posible que algunas historias actuales se actualicen con dos y hasta 3 capitulos, para ir retomando otros proyectos que uds me han ido pidiendo que no abandone

Trei