46 En la Orilla del Abismo

Annie se fue unos días después, más preocupada por mi que cuando llego, aunque no dijo nada, por lo que, después de ir a despedirla al aeropuerto, me puse mis pantalones de niña grande y comencé a arreglar mi vida de nuevo.

Hablé con Peeta largo y tendido durante el fin de semana, nos llamamos literalmente todo un día; me contó sobre la casa, sobre que su papá lo había contactado con una corredora de propiedades en Londres, la casa del lago estaba disponible para compradores particulares con el compromiso de que no se exploten las ectarias de bosque nativo que incluye. Le dije que, si lo pensábamos mucho, más nos demoraríamos en mudarnos a la casa, ahí que me prometió que se encargaría de todo el papeleo y la burocracia.

Pensar en la casa, y en cómo de bonito seria vivir tranquila, me dio la fuerza suficiente para pasar las siguientes semanas de grabaciones. Cuando hablé con la directora y algunos coproductores sobre lo que pasaba con Alex, y sólo llamaron a una charla sobre manejo del estrés y relaciones apropiadas en el ambiente laboral; esos días Peeta me envió fotos de la casa por dentro e hicimos una videollamada donde bromee sobre cómo íbamos a morir ahí sin que nade se enterara. Cuando Magde, el equipo de la agencia a la que estaba ligada y yo tuvimos una reunión de tres horas para saber si iba a trabajar en los siguientes proyectos que tenia ofrecidos, cuando me dijeron que por contrato no puedo sólo desligarme y no darles ganancia de los futuros proyectos, cuando le bajaron el perfil a lo que pasó con Alex, cuando sugirieron que hable con él para que no haga un escándalo por si se enoja conmigo; ahí es cuando mi mamá me invitó a comer con ellos el próximo fin de semana, y aunque estaría recién terminada de grabar y llegaría ese mismo día al país, le dije que sí. Cuando salió en la prensa que yo había engañado a Peeta con alguien del equipo de producción, y por eso habíamos terminado; él y yo nos concentramos en buscar a un equipo de construcción que le hiciera los arreglos que la casa necesitará, y soñamos en lo silencioso que seria vivir ahí.

Sin embargo, llegó un punto que no pude seguir equilibrando algo bueno por algo desagradable, porque cuando ya estaban terminando las grabaciones y sólo estábamos corrigiendo algunas tomas, Alex esperó fuera de mi tráiler al caer la noche, me acerque tranquila, porque ya había visto que algunos de mis compañeros estaban sacando las cosas de sus trailers y se daban vueltas por donde estábamos. Cuando llegué a él, me quedé esperando que hablara, pero solo me dio una mirada asquerosa.

- ¿Qué quieres?

- Estas arruinando tu carrera, Katniss. – Me quedé en silencio, porque muchas energías no me quedaban, y ni para llorar tenia ánimo. – Alguien de tu agencia anda hablando sobre nosotros, cosas que se ven feas para una mujer joven como tú.

- No estoy enterada del último chisme.

Él sonrió: - Si lo sabes, no te hagas. Les fuiste a contar a todos sobre nuestros juegos previos. – mi estomago empezó a retorcerse – Les dijiste que sólo yo era quien demostraba interés en ti, pero no les dijiste la parte en que a ti te gusta.

- Por que no me gusta. Y no son juegos previos, Alex. Es asqueroso, sólo déjame tranquila.

- No vengas ahora a decir que no te me insinúas de vuelta. No pretendas ser la victima aquí, todos saben que ese papel no te conviene.

- Alex, ¿por qué no vas y vives una linda vida con tu familia? ¿Por qué no vas a ver un especialista que te pueda ayudar?

Vi cómo su rostro se puso rojo de rabia y dio pasos fuertes y largos por los metros que nos separaban, me alejé un poco, pero él me alcanzó de inmediato. Puso sus manos sosteniendo mi rostro, e intenté apartarlas de mí. – No vuelvas a hablar de mi familia, no vuelvas a mentir sobre lo que está pasando entre nosotros, no te conviene. Recuerda que las cosas no terminaron bien la primera vez.

Sentí cómo sus manos hacían presión sobre mis mejillas y de reojo vi a un compañero que estaba dando la vuelta y nos vería en unos segundos. Lo empujé con más fuerza del pecho y doblé mi rodilla para darle un golpe en la polla. Vi cómo se retorció y caminé hacia mi compañero que me miraba medio asustado.

- ¿Puedes acompañarme a mi auto? – mi voz saló más firme de lo que esperaba, pero era obvio que mi cuerpo estaba temblando. – Por favor.

- Claro, yo conduciré. – empecé a negar con la cabeza para que no se preocupara – déjame conducir.

Cerré los puños, pero seguían inestables, así que solo lo seguí hasta los estacionamientos, sin mirar atrás, y me subí al asiento del copiloto, agradecí que no dijera nada durante el camino, porque aun tenia adrenalina por pegarle a alguien, a pesar de que fuera Alex, y había bromeado sobre golpearlo, nunca había herido físicamente a nadie, y me había asustado.

Cuando dobló por la calle y estacionó frente a mi puerta dijo: - Estoy a dos casas de la tuya, por si necesitas algo. Y te enviaré un correo con mi información, por si me necesitas de testigo, para lo que sea.

Mis ojos se cristalizaron cuando me voltee a verlo, sorprendida – No es…

- Si lo es. Es la casa de ahí – dijo apuntando a la derecha.

Murmuré un agradecimiento y nos bajamos, él esperó a que cerrara mi puerta con llave para caminar hacia su casa. Llamé a Annie, que hizo una videollamada conmigo toda la noche, incluso mientras dormíamos. Le hablé a Peeta, a quien convencí de que no viniera, porque de todos modos me iba en dos días. Me ayudaron ambos a redactarle con correo a Magde con copia a su jefatura, comentándole cómo necesito que haga algo con esto, que se lo tome en serio, o me iré sin importar la cláusula que tenga que pagar.

Alex fue lo suficientemente inteligente para no dejarme marcas en la cara, asique los siguientes dos días, algunos de mis compañeros que se habían dado cuenta, caminaban conmigo a todas partes. A esta altura, todos sabían que algo había pasado, pero a nadie le convenia hacer algo al respecto, sobre todo a los que tenían el poder para cambiar las cosas. "Ya estamos terminando, sólo ignóralo", "Así son los hombres cuando una se hace la difícil" y "Debe estar acostumbrada, siendo tan bonita" fueron algunos de los comentarios que se escucharon.

Había una fiesta de cierre de grabaciones a la que no fui, había una reunión también la siguiente semana para planificar fechas de trabajo de postproducción a la que dije que me conectaría a la distancia si me necesitaban, Magde no me había contestado el correo en dos días, y si o si hoy me voy de aquí.

No tuve fuerzas para despedirme de nadie, ni de pasear una última vez por la ciudad que tan ansiosa había estado por conocer. Ahora todo parecía una gran estupidez, ¿desde cuando pensé que yo podría tener algo bonito?

Empaqué todo y aunque quedaban cuatro horas para el vuelo, antes de darme cuenta estaba esperando en las incómodas sillas del aeropuerto. Gale me mandó mensajes mientras esperaba.

"Estas viva?"

"Algo así, ¿cómo estás?

"Preparando todo para la universidad, Prim y yo nos iremos la próxima semana, vendrás a comer el mañana?

"Ya voy en camino! Mi vuelo hace en pocas horas. Los extraño mucho"

"Nosotros también, quieres irnos a dejar al campus? Mamá quiere ir, pero prefiero que seas tú"

"Prim piensa lo mismo?"

"Si."

"Está bien!"

"Peeta viene? Han dicho cosas raras sobre ustedes"

Suspiré. "Sigue de viaje, pero todo está bien entre nosotros. Hablamos cada día, y dijo que habla contigo también"

"Si! Me preguntó si quería ir a ver un partido con él cuando tuviera tiempo."

"Eso suena bien!"

"¿Quieres que te vaya a buscar al aeropuerto? Puedo pedirle a papá el auto"

"No es necesario, tomaré un Uber hasta la casa de Peeta y después iré donde ustedes. ¡Los quiero, nos vemos!"

"Nos vemos!"

Desde hace mucho que no estaba entusiasmada de ir a la casa de mi familia, pero por el momento, eran las únicas personas con la que podía comer en silencio, y sabía que posiblemente harían un comentario inapropiado, pero era mejor eso que nada.

Llamé a Peeta, por que ese es mi pasatiempo favorito últimamente. Contestó de inmediato.

- ¿Cómo está el amor de mi vida? – dijo, y sonreí.

- El trasero del amor de tu vida está sufriendo con estas sillas duras del aeropuerto.

- Tu culo sabe de cosas duras, que no se haga el inocente – Reí.

- Mi culo dice que extraña lo duro – fruncí el ceño – eso salió peor de lo que pensé.

Peeta soltó una carcajada – No te preocupes, vamos a tener nuestro reencuentro como corresponde la próxima semana.

- Eso espero – dije – porque tengo un vibrador morado en mi maleta.

Cuando la persona al lado mío se removió incómoda, me di cuenta de que estaba hablando de sexo en voz alta, en un aeropuerto.

- Cambiemos de tema, - susurré – acabo de recordar que estoy con más personas a mi alrededor.

- ¿Iras a casa a descansar, pequeña pervertida?

- Sólo a dejar mis cosas, mamá me invitó a comer, y quiero ver a mis hermanos.

- Eso es genial, ¿les dirás sobre la mudanza?

- Creo que sí, no quiero que pase mucho tiempo. Se enojarán más.

- ¿Me dejarán de querer por que me estoy llevando a su hija?

- Posiblemente, quizás quieran mutilarte – bromee.

- Mientras no me corten la parte dura...

- Por dios, Peeta, regúlate.

- Jamás. Pero no quiero que te calientes en un lugar público sin mí alrededor, asique voy a hablarte de la casa.

- Dime.

- Dijeron que es menos costoso tirarla abajo y llevar otra para ensamblar en el lugar. ¿Qué opinas?

- Me gusta la casa. Aunque estaría bien si tu prefieres construir otra.

- A mí también me gusta la casa, puedo decirles que sólo la renueven y ya, será más costoso, pero más rápido. Podemos empezar a mudarnos en más o menos tres semanas si les damos el visto bueno ahora. Y si les pagamos lo suficiente a las contratistas para que traigan a más trabajadores.

- Eso está bien, ¿tu papá estará yendo a ver?

- Si, y mamá dijo que iría a acompañarlo, seguro que sólo quiere asegurarse de que papá no está instalando una parrilla de 10 metros cuadrados. – reímos.

- Dile que puede hacerlo si lo desea.

- No le demos tanta libertad, quiero que mi familia nos visite, pero también que se vaya.

- Mientras lleven a la bebé todo está bien.

- ¡Te mostraré fotos, le vomitó a Cato en la cara!

- Peeta, sé amable con él.

- Claro que no, es un pedazo de mierda.

- ¿Qué ha pasado? – fruncí el ceño.

- Lo hablaremos cuando te vea, ¿está bien?

- Pero falta mucho – mi voz se escuchó como una niña pequeña.

- Sólo aguanta un poco más, te amo.

- Yo también.

Mi vuelo salió sin problemas, y estaba lo suficientemente cansada como para dormir la mitad del viajé, cuando desperté casi todos seguían con las luces apagadas, asique puse la mía en el nivel más bajo y saqué mi libro para leer.

Sabia que sería una locura salir del aeropuerto, porque había fotógrafos que hacían turnos constantes para ver a quien podían atrapar, asique me puse los audífonos y seguí cada línea; para bajar del avión, para que revisen mis documentos, para que me den mi equipaje. Fue ahí cuando un grupo de adolescentes me miraron con cara de querer acercarse, pero no querer molestar. Les sonreí.

- Hola.

- ¡Hola! ¿Estaría bien si… -agitaron su celular hacia mí.

- Por supuesto – dije dejando que me abracen para salir todos en la foto. – es un gusto conocerlos.

- ¡Eres tan linda! – dijo una de ellas. Podía ver que estaba hiperventilado un poco, y le sonreí para que se calmara. No queremos a nadie con un ataque de pánico aquí.

- ¡Acabamos de ver a Peeta! – gritó la otra.

- ¿Qué?

- ¡Es muy guapo!

- Pero- Fruncí el ceño, pero luego lo vi. Estaba acercándose a mí, sonriendo como siempre, aunque claramente cansado. Tenía su fea gorra puesta, la que su abuelo le dio. Se quedó parado a unos metros, como esperando que terminara de hablar con las chicas frente a mí, pero ya no estaba segura quienes eran reales y quienes no.

- ¿Qué haces aquí? – murmuré para él. Se encogió de hombros y casi me pongo a llorar. Las adolescentes se voltearon a verlo y se llevaron las manos a la cara, sorprendidas. – Gracias por acercarse – les dije despidiéndome.

- Gracias a ti, te queremos mucho – seguían hablando cuando mi corazón empezó a latir más fuerte, Peeta estaba aquí, conmigo, después de lo que parecían años. Llegué hasta él y me hundí en sus brazos, tratando con todas mis fuerzas no llorar frente a los desconocidos que nos miraban.

- Creo que nunca he estado más enamorada de ti como en este momento – susurré.

- Eso es abrumadoramente lindo. – me separé un poco para mirarlo, él mi sonrió y me acarició las mejillas, tranquilizándome – No aguantaba más sin verte.

- No puedo creer que estes aquí.

Peeta me acercó a él y me dio un beso rápido – Tu culo me extrañaba.

Reí. Como de verdad. Por lo que pareció una eternidad.

Estaba consciente de que había gente observándonos mientras caminábamos hacia su auto, pero no podía importarme menos, todo se sentía un poco menos doloroso ahora.