47: No Puedo tener cosas lindas
Antes no entendía por qué los adultos se duchaba tanto, pero ahora lo pillo. Es como; me baño y quedo liviana, después de esta ducha pondré mi vida en orden. Por segunda vez en dos días.
Estaba echándome crema en el cuerpo cuando Peeta entró a el baño, mientras nos preparábamos para ir a la casa de mi mamá. Hace menos de una hora que llegamos y apenas tuvimos tiempo para besarnos mientras nos abrazamos en el sofá.
- Amor, - me llamó, y lo miré a través del espejo, se puso a tras de mí y me acarició la espalda. - ¿Segura que quieres ir?
- Tu eres el que siempre dice que tengo que ver más a mi familia – respondí sonriendo, aunque entendía por qué estaba preocupado.
- Es enserio.
- Escucha – me di vuelta para poner mis manos sobre su pecho, las suyas cayeron a mis caderas – vamos a ir, le diremos que nos mudaremos, comeremos y luego venimos a casa. Y ahí tendré espacio para llorar, y que nos enojemos, y también follaremos. ¿Qué te parece?
Sonrió – Creo que es un plan. Es importante para mí que hablemos sobre lo que ha pasado, ¿entiendes? Solo quiero asegurarme de que te estoy dando el espacio que necesites.
- Tu eres todo lo que necesito.
- Pero háblame, en serio, dime cómo apoyarte y lo haré. ¿Bueno?
- Lo prometo.
Besé a Peeta, porque era lo que me devolvía a tierra cada vez que empezaba a pensar en lo mal que me había estado sintiendo. Él no trató de intensificar el beso y hacer nada más, pero podía sentir cómo empezaba a endurecerse.
- Alguien quiere salir a jugar.
- No tienes ni idea de cuanto – se rio, me besó por última vez y se alejó – ya ponte ropa sino no iremos a ninguna parte.
Pasamos a comprar un pastel de chocolate por el camino a casa de mi mamá, se veía delicado, así que me esmeré en mantenerlo en equilibro todo el resto del viaje, mientras Peeta bromeaba tocándome la pierna donde sostenía la caja. "No es gracioso", le decía una y otra vez, aunque si lo era, porque me hacía cosquilla, y me gustaba cuando me tocaba. Al menos, lo único que se mantenía normal en mi vida, era el deseo que tenía por estar con Peeta.
Mi hermano nos abrió la puerta cuando llegamos, nos estábamos bajando del auto (yo con mucho, mucho cuidado), cuando él salió a encontrarnos. Abrazó y saludó a Peeta primero, como un poco muy entusiasmado.
- Oye, oye, -lo regañé – yo también quiero.
Ellos se rieron y Peeta vino a ayudarme con el pastel (que tomó con mucha más seguridad que yo) para que Gale pudiera abrazarme bien.
- Por fin llegaste– me susurró.
- Veo que te bañaste– le comenté amablemente. Él me entrecerró los ojos e hizo una mueca.
- ¿Ves? Por eso me gusta saludar más a Peeta.
- Cálmate o me voy a empezar a poner celosa.
- Seria gracioso verte celosa – dijo Peeta caminando hacia la entrada- para variar un poco las cosas.
- ¿Cuándo te pones tú celoso? – pregunté, porque nunca me decía nada.
- Katniss,- dijo como si yo fuera tonta- la de la pastelería te coqueteó durante los cinco minutos que estuvimos ahí.
- Claro que no, sólo estaba siendo amable.
- Bueno, no creo que cuando estaba hablándote sobré sus habilidades se refiriera a la cocina.
Traté de recordar quien me había hablado, y qué había dicho, pero solo recuerdo estar mirando qué pastel se veía más bonito. – En realidad no recuerdo qué me dijo-
Ellos rieron y Peeta murmuró – De todos modos, eres demasiado atractiva como para tener la energía de estar celoso de cada persona que te preste atención.
- Ustedes son las personas más cursis que he visto en mi vida. – dijo Gale, negando con la cabeza.
Peeta le sonrió – Gracias.
Prim estaba sentada en el sofá viendo una película, asique hizo es esfuerzo de pararse y saludarnos cuando entramos. Peeta le mostró el pastel y fueron a la cocina, seguramente a robar un poco. Mi mamá está ahí, más delgada que la última vez que la vi, y me sonrió un poco cuando me vio. A Peeta lo abrazó, por supuesto. Él fue amable, pero vino rápidamente a tomarme de la cintura cuando dejó la caja sobre la mesa.
- ¿Dónde está Haymitch? – pregunté.
Y el silencio cayó sobre la cocina como lluvia fría. Mi mamá se dio la vuelta para revolver lo que sea que esté cocinando y Prim se fue a ver la televisión de nuevo.
- ¿Qué? – pregunté, como una tonta. Porque mi don es cagar las cosas.
- Es… algo delicado – murmuró Gale.
- Puedo ir a poner la mesa de afuera, si necesitan un tiempo a solas. – ofreció Peeta, pero ni loca iba a dejar que se alejara de mí, porque esta lluvia iba a dejarme helada. O quizás si tenía que permitir que se aleje un poco, lo suficiente como para que no le salpique también.
- Se fue – dijo mamá.
Y era claro de quien hablaba, pero de todos modos pregunté: - ¿Quién?
- Haymitch. Vamos a comenzar con los tramites del divorcio.
- ¿Qué pasó?
Podía sentir la mirada preocupada de Peeta sobre mí, pero no podía encargarme de esconder lo mucho que esto me estaba doliendo. Porque es Haymitch, la persona que vino a salvar a mi parte de la familia cuando nos hundíamos en la soledad. El que me había criado y que había ido a comprarme tampones en la noche cuando lo necesitaba. El que practicaba conmigo los bailes escolares y quien había estado orgulloso de mi por todo lo que hacía. El único. Y sentía de nuevo como lo único estable que me iba quedando en la vida cambiaba, y cambiaba para mal.
- Solo se fue ¿está bien? No hagan más preguntas. Vayan a poner la mesa, está lista la comida.
- Mamá- Intenté detenerla, pero no sabia muy bien qué decir. Cuando mis papás de separaron yo era muy pequeña para notar algo distinto, y en realidad, nunca noté que eran una pareja aparte de ser mis papás. Con Haymitch, por otro lado, había aprendido un poco sobre qué puedo esperar de una relación, y… todo solo duele más teniendo todas las otras heridas abiertas. Esta iba a ser una comida tranquila.
- Katniss, no es momento. Compórtate y haz lo que te mandé.
¿Alguna vez se han sentido tan pequeñas que cualquiera podría pisarlas?
Peeta fue el primero que se movió, empezó a sacar las cosas de los cajones y me lazó una mirada para que fuéramos al patio. Gale nos siguió. Y le tiré una manzana a Prim para que viniera también.
Fingimos poner la mesa, mientras podía ver a mi mamá aun revolviendo la comida. - ¿Fue hace mucho? – pregunté.
- Hace como dos semanas – susurró Prim, y me impresionó que quisiera hablar. No queriendo asustarla, seguí hablando como si no fuera importante.
- Ah. - murmuré, porque no sabía si era apropiado seguir preguntando.
- Mamá encontró una bolsa… - continuó – es… tenia. Era cocaína.
Peeta y yo la miramos asombrados, porque de todas las cosas que podrían haber pasado, y que mi cerebro ansioso ya estaba inventando, esta era la menos esperada.
- ¿Cómo que cocaína? ¿de dónde la sacó?
- ¿De dónde crees? La compró a quizás quien. Y la trajo a casa para jalar en la noche.
- Eso es imposible, desde cuando…-
- Katniss, - Gale me detuvo, suspirando, probablemente harto de mi y de todo esto – papá se internó en un centro de rehabilitación. Ahí está.
Mi idea de Haymitch, es esta persona saludable, y, aunque sé que la drogadicción es una enfermedad como cualquier otra, también siento que todo lo bueno que conocía de él ahora está manchado con la horrible imagen que tengo de él jalando cocaína en su casa, cuando sus hijos y su esposa estaban ahí. Él me respetaba, aunque nunca me vio como una adulta capaz de ayudar, ni siquiera yo me veo así la mayoría del tiempo, pero me hubiera gustado esforzarme más para que Haymitch tuviera la confianza en pedirme apoyo. Para lo que sea que necesitara.
Peeta había sacado del cajón las servilletas más bonitas que tenia mi mamá, eran de un celeste suave, como de lino o esas telas así, y me dediqué a acariciarlas para no echarme a llorar. ¿No podrían haber pasado las cosas malas a lo largo de unos meses, si hubiera tenido tiempo para enfrentarlas de a una?
- ¿Se le puede visitar? – dudé, aunque no sé si sea tan valiente como para ir a verlo.
Prim negó con la cabeza – No antes de los seis meses.
- Eso es mucho tiempo.
- No hay nada que hacer.
Y de pronto, Prim me pareció mucho mayor que la adolescente que veía en mi cabeza cada vez que pensaba en ella, su ropa era la misma, y se había cepillado el cabello probablemente porque veníamos nosotros de visita, pero sus ojos estaban cansados, y daba fuertes inspiraciones como si se le olvidara hacerlo naturalmente.
Terminamos de poner la mesa hacia rato, ahora solo estábamos jugando con las servilletas, y Peeta me acariciaba el pelo. Ni siquiera podía verlo de la vergüenza. Es la lluvia. Es la maldita lluvia que sabia vendría conmigo cuando dejé que él estuviera cerca de mí. Y no puedo controlarla.
- ¿Qué harán ustedes? – les preguntó después de un momento de silencio.
- Supongo que en la universidad se pasará más rápido el tiempo – dijo Gale.
- ¿Tienen todo lo que necesitan?
Prim asintió. – Tenemos una buena beca.
Mierda. Peeta y yo nos iremos a Londres. Mierda. Dejaré a mis hermanos vulnerables y a mi mamá sola. No puedo hacerlo. ¿Cómo se me ocurrió por un momento que podría tener un lugar para ser feliz?
Nos quedamos en silencio otra vez. Y en silencio seguimos cuando mi mamá trajo el Chili de verduras que preparó, comimos entre susurros, y mi mamá intentó hacer conversación que murió rápidamente después de que estuviéramos a punto de menciona a Haymitch por accidente. Me ofrecí a traer el postre, porque a pesar de estar en el patio, me estaba quedando sin aire.
Corté el pastel lo más bonito que pude, algo lindo que haya en esta vida. Estaba poniéndolo en los platos cuando Peeta entró a la cocina.
- ¿Te ayudo?
- No, está bien.
- ¿Por qué no me miras? – preguntó. Solo pude encogerme de hombros.
- Solo estoy harta – dije. Y tengo vergüenza, mucha vergüenza.
- ¿De qué?
- De que tengas que verme sin alegría a cada rato. – Lo sentí moverse por la cocina hasta llegar a mi lado – Es injusto.
- ¿Estas… estas así por mí?
- Al final siempre te doy más dolores que alegrías. Siempre es lo mismo, es la lluvia.
- No entiendo na–
- No quiero hablar ahora. Solo quiero comer este estúpido pastel – dije llevando la bandeja con platos afuera, donde tres pares de ojos tristes esperaban a que nos uniéramos.
Todos comentamos lo rico que estaba, hasta que mamá señaló que le pareció seco, y toda la pequeña dulzura de mi boca se esfumó de inmediato, y también me empezó a saber seco. Mamá se retiró con ese comentario, dijo que iba a ir a lavar los platos, pero no escuché el agua abrirse.
Mi mente no paraba de poner en una balanza todo lo que había sentido las últimas semanas, los recuerdos desagradables se habrían espacio por todos lados, y sentía mis ojos pesados. Estaba buscando con todas mis fuerzas algo bueno para equilibrarlo, pero no encontraba nada; pensar en los días que Annie fue a visitarme me recuerda a Alex, pensar en la casa nueva me hace dudar de ella, y de si alguna vez mereceré vivir tranquila ahí.
- Peeta y yo compramos una casa en Londres. - Alcé mis ojos para mirar los de Prim y Gale que me veían confundidos. Peeta se removió incomodo a mi lado. – La están reparando, estará lista en menos de un mes.
Gale fue el primero en cortar el silencio – Felicitaciones.
- No lo digo para que nos feliciten, lo digo porque hay que pensar si esto está bien, y qué vamos a hacer ahora.
Gale me miró frunciendo el ceño medio molesto. – De todos modos, podemos alegrarnos por ustedes.
- Bueno, ahora ¿qué haremos? – insistí.
- Honestamente, Katniss, – Prim suspiró– tienes que ver por ti misma alguna vez. Aquí nadie nunca te ha tenido como prioridad. Sé que suena feo y no lo digo para herir tus sentimientos. Lo digo porque por fin Peeta y tú se encontraron y tiene que ponerse eso como prioridad por primera vez en tu vida.
¿Qué? – Prim…
- Es verdad. Es obvio que él te ama. Inicia otra vida con él, y si puedes, dejamos espacio para ir a visitarlos.
- Los veré todo el tiempo, – me apresuré a decir– seguiré viniendo aquí.
- Mejor todavía.
- Sé que nos enseñaron a no depender de nadie, ni a pedir nada, pero les dejaré una cuenta – ellos empezaron a protestar, como pensé que lo harían. Mis pensamientos iban a mil por ahora– No, no estoy preguntándoles. La usarán cada vez que necesiten algo, desde material para sus clases hasta condones. Y lo digo enserio. Pueden conseguir un trabajo, si eso es lo que quieren, pero sería mejor que se concentren en las clases y en disfrutar la universidad. Déjenme hacer esto por ustedes.
- Bien.
Mi corazón estaba agitándose muy fuerte. Si Peeta aun quería estar conmigo, quizás podríamos hacer esto bien. Yo podría hacer solo una cosa bien.
- Me avisarán sobre Haymitch – ambos pusieron cara de fastidio – está bien si están enojados con él, solo díganme cómo está y listo. Igual que con mamá, hablaré con ella otro día.
- ¿Nos llevarás al campus, entonces, el próximo viernes? – preguntó Gale.
- Por supuestos. Les haré pasar un poco de vergüenza, para que queden como los raritos del campus.
- No te preocupes, no será difícil. Solo les mostraré la foto de Prim para la navidad.
- ¡Oye! – ella gritó.
- Si te ves linda – la molesté.
- Me faltan casi todos los dientes, Katniss.
- Detalles.
Mi teléfono sonó en ese momento, ya por costumbre, miré la notificación en la pantalla para ver que era un correo de Magde, y decidí que podía bromear unos minutos más con mis hermanos antes de que más lluvia me cayera encima.
En el auto de vuelta a la casa, Peeta iba más callado que de costumbre, lo que me tenía nerviosa, así que solo atiné a ir cambiando la música cada vez que el primero coro pasaba, porque si hay algo que odio en la vida son las segundas estrofas.
- ¿Y qué pasó con Cato? – le pregunté solo para hablar de algo.
No estaba esperando que yo cortara el silencio primero, asique vi de reojo cómo saltó un poco confundido. - ¿Ah?
- Ayer dijiste que algo sobre Cato, y que me lo ibas a contar cuando nos viéramos.
- ¿Y quieres hablarlo ahora? – pregunta incrédulo - ¿después de todo lo que pasó?
Si, porque soy una idiota. – Supongo que no.
Él suspiró.
- Nada pasa con Cato –comenzó medio forzado.
- No tienes que hablarme si no quieres, de verdad, está bien.
- Siempre quiero hablarte, Amor. Porque eres la persona más interesante que conozco para conversar, y para hacer cualquier otra cosa que se me ocurra. Por supuesto que quiero hablar contigo.
- Sólo decía…
- No quería ser rudo contigo, sólo no sé si tienes espacio emocional como para verme quejándome de Cato.
Sonreí – Sólo tu dirías algo como eso.
- Si me miraras podrías ver que no quería ser pesado. - Suspiré, recolecté todos los sentimientos de vergüenza y duda que había tenido para esconderlos lejos de aquí. Subí la mirada de mis manos y me fijé en él, que intercambiaba la atención de mi hacia la pista, y de vuelta a mí. – Ahí estas.
- Entonces qué pasa con Cato.
Peeta se acomodó, como si de repente estuviera más liviano – Es sólo que no hace nada.
- ¿Cómo así?
- Va a ver a la bebé un par de veces a la semana, y apenas le cambia el pañal y se va. Me molesta que haga lo mínimo. Y Glimm no le dice nada.
- ¿Y está trabajando?
- Sólo medio tiempo. Es un maldito inútil, Glimm tiene que cuidar a la bebé todo el día, todos los días, y él se va por ahí a descansar y hacer otras cosas. Él si puede desligarse y no recordar que su hija tiene que comer cada tres horas.
- Eso es un mierda.
- Gracias. – dijo sonriendo.
- De nada, podemos odiar a Cato cuanto quieras. Estoy de tu lado. Abajo el patriarcado.
Peeta se rio – Amén.
La visita a la casa de mi mamá fue un desastre, y por supuesto, también lo fue el correo de respuesta de Magde.
Una vez al año me da por terminar esta historia, asique supongo que estoy en esa corriente ahora. ¿Cómo están? ¿Listas para sufrir un poco?
-JoseFan
