Disclaimer: Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.

Advertencias: Parto y amamantamiento masculino.

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Vínculo

Capítulo 4

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Llegaré en dos semanas. ¡Cuídense mucho!

Sakura.

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La nota era corta, precisa y concisa. Un cuadradito de papel que le alcanzaba en la palma de la mano pero, sin importar su tamaño, consiguió que sus músculos se relajaran.

Ahora que su compañero había pasado el octavo mes de embarazo, en realidad podría dar a luz en cualquier momento. No era una garantía que un bebé naciera a los nueve meses exactos. Podría haber sido prematuro y haber nacido a los siete meses, o podría atrasarse y nacer a las cuarenta semanas o más. Como el embarazo de su omega iba desarrollándose aparentemente bien, esperaba que a su bebé no se le ocurriera querer conocer el mundo antes de que llegara Sakura con ellos.

Doblando el papel con cuidado y metiéndoselo en uno de sus bolsillos, regresó dentro de la cabaña para encontrarse la figura de su compañero leyendo atentamente un libro de los tantos que había conseguido para que no se aburriera. Estaba sentado sobre un cojín junto a la pared, arrecostando su espalda en ella con una almohada de por medio para estar más cómodo.

Lo contempló durante algunos segundos, su vista deslizándose por su rostro sereno hasta terminar posándose en la curva de su vientre. Se había apartado el cabello del rostro para leer más fácilmente sin sobre esforzar su ojo derecho, por lo que Naruto podía apreciar la singular belleza de sus ojos disparejos fijos en la lectura.

Puede que fuera algo cliché decirlo pero, para Naruto, Sasuke siempre había sido hermoso. Desde que lo conoció siendo un niño, luego creciendo juntos, enlazándose de por vida… Era hermoso. Cuando volvió a verlo luego de años de que se fuera con Orochimaru en busca de hacerse más fuerte, parecía una visión. Todo en él destilaba fuerza, poder, confianza y orgullo y, a pesar de la frialdad en su mirada, nunca lo había visto más bello. Cuando lucharon juntos en la guerra, cuando se enfrentaron frente a frente y ambos terminaron en un charco de sangre con los rostros desfigurados y graves heridas en sus cuerpos… Seguía siendo hermoso. Más aún por su mirada, que había vuelto a ser cálida en el instante en que supo que había logrado alcanzarlo.

Los ojos de Sasuke lo miraban a él de nuevo, lo reconocían como algo más que tan solo un obstáculo del cual deshacerse. No hubo dicha más grande para él como el momento en el que Sasuke se le había acercado para abrazarlo con él único brazo que le quedaba.

Luego de meses en recuperación, con Sasuke aislado debido a su condición como criminal y con cualquier tipo de visitas prohibidas, incluidas las de Naruto, este fue liberado.

Cuando lo vio en aquella ocasión en la que tuvieron que despedirse antes de que el omega volviera a marcharse, le pareció que estaba radiante. Volver a verlo dos años después fue como encontrarse con un espejismo. Ambos habían cambiado, y al mismo tiempo no. Nada era igual pero, a pesar de todo lo que habían perdido, recuperaron algo mucho más valioso. Muchas veces se le quedó viendo como si fuera a desaparecer en cualquier segundo y estaba seguro de que a Sasuke esto no se le había escapado, puesto que hubo instantes en los que pudo reconocer un sentimiento de culpa en sus pupilas.

Despertar con Sasuke entre sus brazos la primera vez había sido tan irreal. No se parecía en lo más mínimo a las pocas veces que llegaron a compartir futón cuando eran niños, los cambios eran demasiado evidentes. Ambos eran hombres ahora, no eran más niños. Y eran compañeros de nuevo, alfa y omega.

Cuando Sasuke estuvo en celo y lo tuvo debajo de él, sonrojado, gimiendo y retorciéndose bajo sus caricias, su cuerpo desnudo expuesto y dispuesto para él, fue como ver una obra de arte. Músculos fuertes y flexibles contrayéndose con su tacto, ocultos por una piel blanca como la porcelana, pero todo lo opuesto a frágil. Y aquel momento en que ambos hicieron el amor por primera vez estando conscientes los dos, cuando los ojos de Sasuke le miraban a él y le reconocían, fue el instante en el que Naruto lo vio más hermoso.

Sasuke con el ceño fruncido, Sasuke fulminándolo con la mirada, Sasuke sonriendo imperceptiblemente, Sasuke burlándose de él, Sasuke con los ojos en blanco, Sasuke dormido y relajado entre sus brazos, Sasuke gritándole, Sasuke riendo con él, Sasuke llamándolo idiota, Sasuke, Sasuke, Sasuke…

Sasuke embarazado, sentado en un rincón de la cabaña, leyendo despreocupadamente un libro sobre los orígenes de las herramientas ninja, la hinchazón de su vientre de más de ocho meses adornando su figura… Naruto no pudo evitar el pensamiento de que su omega se veía así porque estaba preñado con su hijo, su alfa interior gruñendo orgulloso y posesivo a pesar de que él no quería permitir que su parte más instintiva lo dominara.

Pero sí, al Uchiha definitivamente le sentaba el embarazo. Lástima que este parecía drenar todas sus energías, porque su compañero apenas había tenido ganas de moverse las últimas semanas, lo que no quería decir que no lo intentara. Estar todo el tiempo quieto, sentado o acostado lo enervaba, así que intentaban salir a caminar al menos durante algunos minutos al día para que pudiera estirar las piernas y hacer algo de ejercicio, pero aun así el pelinegro quedaba agotado. Por suerte no tendrían que esperar mucho para que el bebé naciera y Sasuke pudiera reentrenar su cuerpo a estar en movimiento de nuevo.

Pronto, muy pronto, tendrían a su hijo entre sus brazos. Pronto le conocerían. Pronto dejarían de ser solo ellos dos. Serían una familia.

— ¿Pasa algo?

La pregunta lo hizo dar un respingo. Ni siquiera había notado el momento en el que el Uchiha había bajado su libro y dirigido su atención hacia él, que seguía parado en el marco de la puerta probablemente luciendo como un idiota.

¿Tal vez esos segundos que se detuvo a verlo fueron más largos de lo que le parecieron en un principio? O quizá simplemente estaba demasiado enamorado.

Apostaba más por lo segundo, honestamente.

Caminó unos pasos hasta estar a su lado y se sentó junto a él, negando con la cabeza en respuesta a su pregunta.

—No pasa nada. —sonrió, su mano izquierda subiendo para frotar amorosamente en círculos sobre su abultado vientre, volviéndose a sumir en sus pensamientos.

Sasuke no dijo nada, se limitó a permitirle acaricia la curva de su abdomen todo lo que quisiera, sabiendo que su alfa ansiaba sentir a su bebé tanto como ansiaba su propio toque. Además, ver los ojos de Naruto brillar de felicidad cada vez que percibía movimiento bajo sus manos era algo que conseguía ablandar su corazón.

Se sumieron en un apacible silencio durante el cual el pelinegro retomó su lectura, arrecostando su cuerpo contra su alfa. Este se le quedó mirando de nuevo, prestando atención a las facciones de su rostro.

—A veces… A veces siento como que esto fuera solo un sueño, ¿sabes? —murmuró el rubio, sus ojos levemente apagados a pesar de la sonrisa en su rostro, llamando su atención y provocando que el pelinegro volviera a dejar de lado su libro. —Creo que despertaré en cualquier momento en mi departamento y tú estarás lejos, donde no pueda alcanzarte.

Sintió una patadita contra su palma, como si su pequeño retoño quisiera reconfortarlo.

—No volveré a irme, Naruto. Mi lugar está contigo. —le respondió el Uchiha con suavidad, su mirada irradiando calidez que nadie aparte de él había tenido la dicha de experimentar. —Incluso si me fuera, volvería por ti. Eres mi hogar.

Sus labios se juntaron con suavidad en un beso breve pero lleno de calidez.

—Y si lo hicieras, te perseguiría hasta el fin del mundo con tal de tenerte de vuelta. —dijo con convicción, sonriendo contra sus labios.

—Eso ya lo hiciste. —le recordó, entrelazando sus dedos con los del rubio, quedando ambas manos reposando sobre su vientre.

—Lo haría las veces que fueran necesarias.

El pelinegro roló los ojos.

—Lo sé, pero no será necesario. Me perteneces, y no volveré a renegar de lo que es mío.

Naruto volvió a besarlo, esta vez con más ahínco.

—Te tomo la palabra.


—He estado pensando… ¿No crees que deberíamos ir pensando en un nombre? —una voz susurró en la oscuridad.

—Naruto. —otra voz, bastante cabreada, le contestó. —Es pasada la medianoche. Duérmete.

El aludido se giró sobre el nido para verle, distinguiendo la silueta de su rostro en la oscuridad. Así es, el futón había vuelto a convertirse en un nido, rodeado de colchas y almohadones impregnados con los olores de ambos. Una clara señal de que el día del parto estaba cerca, ya que a Sasuke habían vuelto a ganarle sus instintos como omega.

—Pero ninguno de los dos puede dormir. —intentó razonar. Si ambos no podían conciliar el sueño, ¿por qué no matar el tiempo conversando?

—No pienso tener esta conversación a las dos de la mañana.

—Ni siquiera tenemos reloj, ¿cómo sabes qué hora es?

—Cállate y duérmete.

Apretó los labios en un puchero que su compañero nunca llegó a ver y volvió a acostarse boca arriba.

El silencio duró aproximadamente dos minutos.

— ¿Qué crees que sea: niño o niña?

Naruto. —masculló en una advertencia.

—Ya, ya. Me callo.

—Hn.

El sonido del viento acariciando las ramas de los árboles logró escucharse desde adentro junto con otros sonidos de la noche. Naruto se quedó viendo el techo, sin sentir el más mínimo resquicio de sueño. Sabía que Sasuke también estaba lejos de dormirse, considerando que había descansado varias horas durante la tarde.

Se mordió el interior de su mejilla izquierda intentando pensar en algo para distraerse, pero a su mente solo venían cosas de las que poder hablar.

Estar despierto de noche era peligroso. Era el momento perfecto para que el cerebro divagara y comenzara a cuestionarse cosas que no le convenían. Ni siquiera creía que debiera tener ese tipo de pensamientos, no con lo feliz que era últimamente, pero…

¿Y Sasuke?

¿Él era feliz también?

Giró el rostro sigilosamente, su mirada desviándose al cuerpo a su lado. Luego regresó al techo. Después a la puerta de la cabaña y al techo de nuevo.

—… ¿Sasuke? —preguntó tentativamente.

Escuchó un suspiro de derrota.

— ¿Qué?

— ¿Cómo te sientes?

—Estoy cargando quince kilos de peso extra en mi abdomen, apenas puedo moverme y no puedo dormir, ¿cómo crees que me siento?

—No, no me refiero a eso. —y se calló, dudando si continuar o no.

— ¿Entonces a qué?

Un segundo.

Dos segundos.

Tres segundos.

— ¿No te arrepientes? —su voz fue apenas un susurro, pero Sasuke logró escucharlo.

— ¿Arrepentirme? —repitió con evidente confusión.

El rubio continuó con la mirada fija en el techo, la sangre palpitándole en los oídos.

—De decidir tener al bebé. —aclaró al final.

Los segundos de silencio que le siguieron a esa oración fueron terriblemente largos.

—Naruto…—comenzó a hablar, pero fue interrumpido.

—Es solo que… Sé que el embarazo no ha sido fácil para ti. —musitó con cierta culpa. —Estás agotado todo el tiempo, no puedes moverte como antes y sé que detestas tener que depender de mí para hacer cosas que normalmente podrías hacer por tu cuenta.

Sasuke no le contestó, pero pudo sentir su mirada sobre él mientras su celeste mirada seguía sin despegarse de la madera del techo.

—Y además…—sintió un nudo en la garganta e intentó ignorarlo. —Sé que fue por mí.

Oyó a su compañero exhalar sonoramente el aire de sus pulmones.

—Es un poco tarde para hablar de arrepentimientos, ¿no crees?

Entendió a qué se refería. No valía la pena dudar a estas alturas, cuando el bebé estaba a tan solo días de nacer. Pero, aun así, la sensación de culpa por haber arrinconado a Sasuke inintencionalmente a conservar al bebé le había embargado de repente, especialmente por lo exhausto que veía a su omega cada día, cada vez más y más consumido.

Al fin y al cabo, cuando recién se habían enterado del embarazo Sasuke le había dicho directamente que no se sentía listo para esto, que puede que nunca estuviera listo.

¿Seguía sintiéndose de la misma manera ahora, sabiendo que pronto sostendría a su bebé entre sus brazos?

—Sí dudé… Muchas veces. —confesó el Uchiha, su voz un murmullo en la oscuridad de la noche. —Después de tomar la decisión, creo que no hubo día que no me cuestionara qué demonios estaba haciendo. Y sí, detesto estar tan limitado por mi estado, pero… No me arrepiento. —terminó con voz suave.

Naruto entonces lo miró, sus ojos resplandeciendo en la oscuridad.

—Tomé la decisión de conservarlo por ti, pero lo tendré por ambos. —su mano acarició su abultado vientre amorosamente. —Quiero a este bebé tanto como tú. —y sus palabras fueron sinceras. Conforme las semanas y los meses pasaban, se dio cuenta de que ya no cargaba ese bebé solo por Naruto. Se vio añorando tenerlo en brazos pronto, queriendo saber cómo luciría, teniendo la necesidad de protegerlo como lo que era: una parte de su compañero y de él mismo.

Al rubio se le iluminaron los ojos con lágrimas que no llegaron a resbalar por sus mejillas.

— ¿Sí? ¿No lo dices solo por decir?

El omega roló los ojos.

—Usuratonkachi.


—Naruto.

Frunció el ceño al escuchar una voz llamarle en medio de la noche, pero abrió los ojos de todos modos, somnoliento. Habían pasado máximo unos cinco días de aquella conversación y ahora, en vez de Sasuke regañándolo para que se durmiera, estaba Sasuke despertándolo de un sueño maravilloso donde iba de visita al País del Ramen.

Todo estaba hecho de ramen. Los caminos eran de fideos, el agua era el caldo, las casas construidas con lomo de cerdo… Todos comían ramen las tres veces al día. Todos los días eran feriados porque el Día del Ramen se celebraba diariamente. ¡Incluso había un parque de diversiones con temática de ramen! Oh, cómo quería montarse en la montaña rusa de miso…

Tal vez podría convencer a Sasuke de que se mudaran ahí. Tendrían una casita, un perro llamado Kombu y un gato llamado Katsuobushi. ¡Sería el maldito paraíso!

Mmmm… Ramen…

—Naruto. —escuchó que le volvía a llamar.

Frunció el ceño, dándose cuenta de que había estado soñando y alguien lo llamaba de regreso a la realidad. Pero ese alguien no era cualquiera, era Sasuke, y él no solía despertarlo a mitad de la noche por cualquier cosa.

— ¿Qué ocurre? —interrogó con voz rasposa, girándose para encararlo, su mano apoyándose en el futón y sintiendo algo húmedo y caliente, lo que le hizo ponerse en alerta y sentarse de sopetón para examinar sus alrededores. —Eeeeh… ¿Tuviste un accidente? —se arriesgó a preguntar, ganándose una mirada fulminante del Uchiha que, aunque no pudo apreciar bien en la oscuridad, pudo sentir a la perfección como lo atravesaba.

—Es tiempo. —fue la respuesta que le ofreció al rubio.

— ¿Tiempo?

Rolando los ojos, el omega se irguió con algo de dificultad, soportando su peso en su brazo.

—Que el bebé ya viene, dobe.

— ¡¿QUÉ?! —gritó exaltado y se llevó las manos a la cabeza, sintiendo el pánico comenzar a apoderarse de él. — ¡Pero Sakura-chan aún no llega! ¡Y es medianoche! ¡¿Qué vamos a hacer?! ¡¿Cómo es que estás tan tranquilo?! —exclamó alterado.

— ¿Llamaste a Sakura? —frunció el ceño, haciendo caso omiso del discurso de pánico del rubio. —Te dije que…

— ¡Pero necesitamos a Sakura-chan! —le interrumpió bruscamente, sujetándole por los hombros.

—No la necesitamos. —afirmó con terquedad. —Y aunque fuera así, eso no cambia el hecho de que no podemos esperarla.

En eso tenía razón. Si el bebé quería nacer hoy, nacería hoy, con o sin Sakura. Pero qué mal tiempo había escogido. ¿No estaba lo suficientemente cómodo donde estaba como para aguantar unos días más? ¡No le costaba nada!

— ¿Cómo estás? ¿Te duele mucho? —el pánico fue reemplazado por inmensa preocupación, una de sus manos bajando a acariciar el vientre abultado en un masaje circular.

—He tenido peor. —y no mentía. Llevaba un rato ya teniendo contracciones y, hasta que sintió que había roto aguas, había decidido no despertar a Naruto.

Sí que dolía, pero en definitiva no era nada comparado con muchas cosas que le tocó vivir en el pasado. Aunque claro, dar a luz no era lo mismo que ser atravesado por espadas o que te exploten un brazo.

—No fue esa mi pregunta.

—Estoy bien. —Le contestó. —Pero necesito que te prepares para ayudarme.

— ¿Y qué se supone que debo hacer? ¡No sé nada sobre partos ni sobre qué hay que hacer durante uno! —exclamó agitado, comenzando a ponerse bastante nervioso.

—Naruto, tranquilízate.

¿Cómo? ¿Y cómo puedes tú estar tan tranquilo?

A Sasuke vagamente le surgió el pensamiento de que tal vez hubiera dejado dormir al rubio hasta la mañana. Apenas había roto aguas, el bebé no iba a nacer en los próximos diez minutos y, honestamente, tener al alfa tan alterado estaba comenzando a irritarle.


— ¿Quieres más almohadones para tu espalda?

La luz comenzaba a colarse en la cabaña, clara señal de que estaba amaneciendo. Sasuke se encontraba recostado contra una pila de almohadones para no deber tener el cuerpo completamente en horizontal pero, conforme pasaba el tiempo, iba sintiéndose más y más incómodo en esa posición. Naruto, en un vano intento por aliviarle un poco, le acariciaba el vientre en círculos con suavidad, consciente de lo mucho que debía dolerle.

—No. —fue su monosilábica respuesta.

Los calambres que se esparcían por su abdomen no eran nada agradables, y podía sentir las contracciones cada vez más seguidas en menores intervalos de tiempo. Se concentró en respirar, inhalando y exhalando con detenimiento. Muchas veces las diversas técnicas de respiración habían sido sus amigas contra el dolor, especialmente luego de entrenamientos o de las veces que Orochimaru experimentó con su cuerpo. Debía de ser igual ahora.

Su compañero lo observaba con ojos preocupados, sintiéndose completamente inútil sin saber qué hacer o cómo ayudar al Uchiha. Ojalá Sakura apareciera mágicamente por la puerta en ese momento. Ella seguro que sabría que hacer. Probablemente lo hubiera sacado a patadas de la cabaña por estar hecho una bola de nervios.

—Naruto. —toda se atención se enfocó en el dueño de la voz que lo llamaba. —Necesito levantarme.

— ¿Qué? —parpadeó confundido.

¿Cómo que levantarse? ¡Si estaba a punto de dar a luz!

—No podré hacerlo así.

El alfa no pudo comprenderlo. En los hospitales estaba seguro de que tanto omegas como mujeres beta daban a luz en camas. ¿No era más cómo estar recostado?

Pero a pesar de sus dudas, no rechistó. Si Sasuke creía que estaría mejor erguido, eso bastaba para él. Le ayudó a sentarse y a erguirse hasta que ambos estuvieron de rodillas. La mano de Sasuke se aferraba con fuerza a su hombro para sujetarse y su cabeza se dejó caer en el hueco de su cuello.

—Así está bien. —murmuró, dando a entender que esa era la posición que buscaba.

Naruto, percatándose de que Sasuke le necesitaba para sostenerse, se apresuró a hacer unas señas con sus manos y en menos de un segundo había creado dos clones de sí mismo como ayuda extra. El primero se apresuró a apartar la montaña de almohadones que el pelinegro había utilizado para recostarse para que no estorbaran luego, y el segundo salió en busca de agua, porque no tenía duda de que sería indispensable contar con agua limpia en esos momentos.

Sasuke exhaló pesadamente, sintiendo una fuerte punzada de dolor atravesarle. La sensación era similar a la de ser atravesado por cientos de cuchillos y le provocó clavar las uñas con fuerza en la piel del alfa. Las manos del rubio estaban afirmadas a su cintura, sirviéndole de apoyo.

—Mierda. —masculló entre dientes, separando un poco más sus rodillas. Inhaló profundamente, aspirando el aroma de su compañero y el metálico olor de la sangre que resbalaba por sus piernas.

Sintió otro par de manos sobre su cuerpo, una acariciando con suavidad su espalda y otra deslizándose de arriba abajo sobre la curva de su vientre. Se sentía reconfortante de algún modo, cariñosas caricias que buscaban distraerle del asfixiante dolor.

Un gruñido brotó del pecho de Naruto sin que pudiera evitarlo al percatarse de la cercanía de su clon.

—Es mío. —habló con voz posesiva. Sasuke probablemente le hubiera golpeado de no ser por dos cosas: el hecho de todo el cuerpo le dolía y el conocimiento de que Naruto tenía sus instintos a flor de piel, al igual que él. Era normal que su alfa interno se sintiera posesivo y protector estando él en medio del trabajo de parto.

—Pero soy tú. —se quejó el clon, sin demostrar disposición alguna a apartarse del omega.

—Par de tarados. —exhaló con cierto irritamiento en su voz.

Solo alguien como Naruto podría ponerse celoso de sí mismo.

— ¡Regresé! —anunció su presencia el segundo clon, un balde lleno de agua fresca entre sus manos, interrumpiendo el momento. Este parpadeó al ver la situación. — ¿Me perdí de algo? —preguntó con ingenuidad.

—Trío de tarados. —masculló alzando el rostro. Los mechones de cabello que se habían adherido a su rostro gracias al sudor fueron apartados por la gentil mano del clon a su lado, mientras el Naruto original depositaba un fugaz beso en su cuello.

— ¿Cómo te sientes? —le preguntó buscando sus ojos.

—Voy a pujar. —avisó, haciendo caso omiso de la pregunta. Los tres Narutos entraron en pánico instantáneamente, y Sasuke sintió una venita hinchándosele en la frente. — ¡Naruto! —alzó la voz, sintiéndose más cabreado que otra cosa y fijando su mirada en los ojos del original. —Todo va a estar bien, ¡pero tienes que controlarte, idiota! —jadeó, otra punzada atenazándole y entrecortándole la respiración. —Uno de ustedes tendrá que sujetarlo.

—Yo lo haré. —decidió el segundo clon, dejando el agua a un lado junto con unas toallas limpias antes de arrodillarse detrás de Sasuke para estar preparado.

Respiró durante unos segundos más intentando agarrar algo de aire, y entonces pujó. Su noción del tiempo se perdió ante el dolor. Pudieron haber pasado minutos u horas, no lo supo. Todo de lo que era consciente eran los calambrazos de dolor extendiéndose por su cuerpo.

Volvió a pujar, sintiendo que todas sus entrañas estaban en llamas. Todo ardía, todo escocía. Los brazos de Naruto le rodeaban y se aferró a su compañero como si de eso dependiera su vida. Podía sentir como algo del tamaño de un melón iba bajando por su cuerpo mientras empujaba, haciendo todo esfuerzo por sacarlo.

— ¡Puedo verlo! —escuchó en medio de su tortura. Y poco tiempo después, el llanto de un bebé irrumpió la estancia. — ¡Lo tengo! ¡Es un niño!

Un niño, ¿eh?

Su cuerpo cedió y de pronto lo único que le anclaba a tierra era Naruto. Sintió como este le alzaba para luego recostarlo sobre sábanas limpias, cubriéndole al final hasta la cintura con una manta suavecita.

Los clones se habían encargado de limpiar con cuidado al recién nacido y secarlo con una toalla, observándolo con adoración. Después se lo entregaron al original. Este lo tomó entre sus manos con el corazón galopándole como loco contra sus costillas y los nervios a flor de piel.

El niño tenía pulmones fuertes, puesto que no dejaba de llorar y removerse inquieto. Los ojos de Naruto lo miraban con total fascinación destellando en sus pupilas.

—Soy padre…—el pensamiento lo golpeó como un tren.

Con cuidado lo envolvió en una manta limpia y lo sujetó contra su pecho, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas ante el pequeño bulto entre sus brazos. Observó sus pequeñas manitas hechas puño, su piel arrugada y enrojecida, los mechones negros sobre su cabeza… Era perfecto.

Sin perder tiempo, se apresuró a acercarse a su compañero y colocar a su hijo a su lado izquierdo. Cansados y profundos ojos ébano se desviaron al pequeño envuelto en las mantas y, con delicadeza, lo atrajo hacia sí en un acto instintivo para que su cabecita quedara bajo su barbilla, en el hueco de su cuello.

Al sentir el olor de su madre, el bebé se tranquilizó automáticamente, reduciendo su llanto a pequeños gimoteos hasta quedarse tranquilo. Sasuke no dijo nada, sino que se limitó a sujetar a su hijo contra sí y enfocar su vista fugazmente hacia Naruto, contemplando la sonrisa en su rostro y las lágrimas que resbalaban por sus mejillas antes de que sus párpados se sintieran demasiado pesados como para mantenerlos abiertos.

Sintió que los mechones de cabello sobre su rostro eran apartados cuidadosamente y unos labios cálidos le besaron la mejilla. Escuchó el "puf" de los clones de Naruto desapareciendo y luego un cuerpo acomodándose junto al suyo.

No abrió los ojos. Llevaba ya demasiadas horas sin dormir y el esfuerzo del parto lo había dejado agotado, así que se limitó a respirar el aroma de su alfa y nuevo olor que ahora reconocía como el de su hijo, quien aspiraba tranquilamente su propio aroma, reconociéndole.

—Es hermoso, Sasuke. —escuchó al alfa murmurar. —Y lo hicimos juntos.

El pelinegro resopló con suavidad.

— ¿Hicimos? Yo hice todo el trabajo. —quiso molestarlo y sus labios se curvaron ligeramente hacia arriba al oírlo soltar una queja.

—Hey, ¿quién te acompañó y cuidó de ti todos estos meses?

—Hmm…—suspiró, sintiendo como el agotamiento comenzaba a atraerlo de a poco al mundo de los sueños. —Tienes razón. —respondió al final, dejando de lado la amistosa riña que habían comenzado. —Gracias, Naruto.

Si su compañero llegó a decir algo más, no lo registró. Su rostro se enterró en la almohada y su brazo rodeó protectoramente a su recién nacido, quien respiraba acompasadamente contra su piel, para dejarse llevar por el cansancio y, por fin, dormir un poco.


Un movimiento insistente contra sí y pequeños gimoteos lo despertaron aproximadamente una hora después. Despegar sus párpados fue todo un reto pero, una vez que sus ojos se abrieron y se hizo ligeramente hacia atrás, se encontró con su singular despertador.

El pequeño bebé pelinegro se removía inquieto, agitando sus bracitos regordetes. Debía tener hambre, pensó.

Estando consciente de las opciones que tenía buscó el borde de la camisa que llevaba puesta y la arremangó hasta dejar al descubierto su torso. Con cuidado trató de acomodarse de manera que el infante tuviera un fácil acceso a su pezón y, para su sorpresa, este no perdió tiempo en capturarlo con su pequeña boca y comenzar a succionar, hambriento. Sus manitas abriéndose y cerrándose contra sus pectorales mientras Sasuke lo sujetaba con su único brazo disponible.

Los omega, por suerte para él, ya fueran hombres o mujeres, tenían no solo la facultad de gestar y parir a sus crías, sino que también contaban con la capacidad de alimentarlos. De esta forma no habría ningún tipo de complicaciones sobre cómo alimentar a su bebé, si él mismo era capaz de hacerlo.

Su mirada se adhirió al menor mientras este estaba concentrado en saciar su estómago. Por primera vez veía con atención a su hijo. Su piel sería clara como la suya, a juzgar por lo colorado que se miraba. La mata de cabellos oscuros que adornaban su cabeza también era heredada por su parte. Se preguntó si, cuando abriera sus ojos, se encontraría con los orbes azulados de Naruto, o con sus propios ojos. A simple vista, el pequeño parecía haberle sacado más a él que a su alfa, pero aún era muy pronto como para distinguir las facciones de su rostro u otras características… O cómo sería su personalidad.

Acostado frente a él, Naruto lo observaba con ojos cálidos y una sonrisa en el rostro. Él también se había dormido un rato sin darse cuenta, aunque probablemente no fuera ni la mitad del tiempo que Sasuke, porque estaba seguro de haber pasado contemplando a su compañero y a su bebé por largos minutos.

— ¿Qué pasa? —susurró el Uchiha al ver que su compañero no dejaba de mirarlo.

—Nada, es solo que…—sus ojos bajaron hacia el hambriento recién nacido y se encontró con dos pequeños ojos negros observándole con curiosidad. — ¡Mira, tiene tus ojos!

Dos pares de ojos negros como la noche chocaron entre sí. Los del menor admirando todo a su alrededor sin despegar en ningún momento su boca de su alimento.

Vaya, ni siquiera se percató en qué momento los había abierto. Pero sí, al menos en lo que respecta a colores, ese bebé era cien porciento Uchiha. Tal vez, cuando creciera un poco, podrían descubrir qué tanto de Uzumaki llevaba en la sangre.

Naruto se acercó un poco más, juntando sus cuerpos y permitiendo que el infante quedara entre ellos, bastante cómodo y concentrado en lo que hacía. Su mano se alzó para acariciar tiernamente la mata de cabellos oscuros sobre la cabeza del bebé y luego su brazo se enrolló en la cintura de Sasuke.

—Gracias, Sasuke.

— ¿Hm? —apenas podía mantenerse despierto. Una hora de sueño apenas era suficiente para compensar el agotamiento que experimentaba. — ¿Por qué?

—Por darme una familia.

Pero, en realidad, era Sasuke quien debía agradecerle. Naruto le había salvado, era el motivo por el cual siguió adelante a pesar de las dificultades. Los últimos años, su razón para despertar y darle la bienvenida a cada nuevo día fue el conocimiento de que Naruto estaba con él, aunque no fuera físicamente. Le debía la vida, le debía su libertad, le debía incluso su corazón. Le debía todo a él.

Pero ahora tenía una nueva razón para seguir adelante: una vida nueva que dependía de él. De ambos.

—Usuratonkachi.

Por primera vez en años, durmió con una sonrisa en los labios.


Las siguientes semanas las invirtieron en adaptarse a tener un bebé recién nacido junto con ellos. El pequeño infante era un niño bastante tranquilo, no lloraba mucho, pero sí exigía ser alimentado cada dos o tres horas.

Naruto siempre ayudaba a Sasuke al momento de cargarlo, puesto que con un solo brazo se le dificultaba poder sujetarlo bien. A los niños así de pequeños había que sostenerles bien la cabeza y el cuello, y para eso necesitaba un brazo para sujetar su peso y otro para sujetar su cabecita.

Terminaron resolviéndolo, utilizando unas sábanas para envolverlo y que funcionaran como cargador, sujetándolo bien al cuello del Uchiha para evitar cualquier accidente.

El alfa terminó escribiéndole a Sakura para decirle que el parto ya había pasado y que el bebé parecía estar fuerte y sano. Como respuesta, recibió una página entera de disculpas por no haber llegado a tiempo y otra llena de recomendaciones sobre lo que debían y no debían hacer para cuidar a su recién nacido.

Sakura expresó también que, si querían que llegara de todos modos para revisar al bebé o si la necesitaban en algún momento, no dudaran en avisarle, a lo que Naruto contestó que no era necesario que se molestara. Sabía lo ocupada que estaba con su trabajo en el hospital y le constaba gracias a muy buenas fuentes que en la aldea más cercana había un médico a un día de distancia, por lo que tenían donde ir en caso de una emergencia.

Con respecto al nombre del niño, este terminó llamándose Ryuu.

El nombre no tenía una gran ciencia detrás de él: Sasuke no iba a permitirle a Naruto llamar a su hijo con nombres relacionados con el ramen, mientras que Naruto tampoco permitió que Sasuke le pusiera ningún nombre complicado que probablemente ni siquiera supiera cómo escribir en kanji. ¡Un nombre no necesitaba tantos trazos, demonios!

Así que optaron por un nombre sencillo que al rubio le pareció lo suficientemente "cool". Los dragones eran "cool", ¿cierto? Además de que el nombre parecía quedarle bien por su sangre Uchiha, ya que los miembros del Clan Uchiha eran conocidos por su afinidad con el elemento del fuego. Y, pues, "los dragones escupen fuego y hacen Grrrrr", había dicho el Uzumaki.

Sasuke se le había quedado viendo como si estuviera replanteándose todas sus decisiones de vida antes de suspirar y ceder. Al fin y al cabo, el nombre no sonaba mal, y era mejor a que su hijo tuviera nombre de comida.

Lo que sí les tomó bastante tiempo fue adaptarse a su nueva rutina. Ambos pasaban prácticamente todo el día con él bebé. Si había algo que hacer afuera, siempre iba algún clon, pero nunca ellos. Incluso dormían con Ryuu, ya que no había espacio para que tuviera su propio lugar para descansar. Aunque la realidad era que les resultaba más sencillo así, principalmente porque el bebé dormía más cómodo teniendo sus aromas rodeándole y porque podían estar pendientes de él durante la noche cuando despertara para comer o para que le cambiaran el pañal.

Los días se volvieron bastante monótonos, pero Naruto se sentía satisfecho a pesar de todo. Disfrutaría esta etapa de su vida no importa que tan repetitiva fuera. Mientras tuviera a Sasuke y a su hijo, él era feliz. No necesitaba nada más.


Los meses volaron rápidamente. Ryuu crecía sano y fuerte cada vez más. Era un bebé tranquilo, pero bastante curioso. Adoraba ser llevado en brazos, por lo que exigía que lo cargaran siempre que podía. A veces salían de paseo con él para distraerlo, y sus ojitos volteaban a ver a todos lados queriendo descubrir el mundo.

Así pasaron los días, viviendo tranquilos y en paz. Entonces, cinco meses después de haber dado a luz, Sasuke se encontró a sí mismo lo suficientemente recuperado del parto y con un Ryuu lo suficientemente grande para tomar una determinación.

—Desde mañana comenzaré a entrenar. —anunció de la nada al alfa, quien solo atinó a parpadear con entera confusión. —Necesito reentrenar mi cuerpo lo antes posible.

—Oh. —exclamó torpemente. —De acuerdo. Yo me quedaré con Ryuu mientras tú entrenas.

El Uchiha negó con la cabeza.

—Necesito un contrincante. —le urgía desoxidar su habilidad para el taijutsu y sabía que entrenar con clones no le serviría porque estos se dispersaban con mucha facilidad al recibir un golpe lo suficientemente fuerte, por lo que su única opción era que Naruto entrenara con él.

— ¿Entonces cómo piensas que hagamos? —preguntó dudoso. A él tampoco le caería mal algo de entrenamiento para mantenerse en forma y Sasuke siempre había sido su mejor rival en combate, el único que podía igualar su fuerza. Aunque claro, ahora su compañero no estaba al cien de su capacidad física, pero estaba seguro de que lograría recomponerse en menos de lo que cantaba un gallo.

—Podríamos llevarlo con nosotros y que uno de tus clones lo cuide mientras entrenamos.

—… ¿Tú crees?

Al final, resulto que llevar a Ryuu con ellos había resultado en una buena idea. El pequeño de cinco meses observaba maravillado cada vez que sus padres entrenaban. Se quedaba viendo cada movimiento como si se tratara de alguna película, e incluso llegaba a alzar los brazos y berrear algo incomprensible cuando algo le parecía interesante.

Claro que, siendo Ryuu tan pequeño, a veces debían dejarlo en casa. Cuando lo hacían así, Naruto dejaba dos clones con él. Así, si pasaba algo, uno de ellos podía dispersarse y avisar al original, y siempre quedaría un clon vigilándolo mientras ellos regresaban. Nunca llegó a ocurrir nada, pero ser precavidos nunca estaba de más.

A Sasuke le tomó varias semanas recuperar una buena parte de su velocidad y agilidad. Debido a todo el tiempo que tuvo que estar en reposo y a los cambios en su cuerpo ocasionados por el embarazo, sus movimientos se habían ralentizado mucho, así como su habilidad para reaccionar a los ataques. Además, su cuerpo se agotaba más rápido que de costumbre, habiendo perdido parte de su resistencia.

Claro que, objetivamente hablando, Sasuke seguía siendo más competente que la mayoría de los jounin y ANBU de Konoha con respecto a sus habilidades como shinobi, pero eso no quería decir que fuera a conformarse con eso. Además de que quería deshacerse del peso extra que su cuerpo había adquirido debido al embarazo. Su apariencia no era algo que le quitara el sueño, nunca le había tomado verdadera importancia, pero parte de su habilidad de movimiento requería que su cuerpo fuera ligero y ágil como lo era antes.

Su abdomen aún no había regresado a su tamaño original, por ejemplo. No era algo que se notara mucho que digamos cuando estaba vestido, pero sí era más que evidente si llegaba a pasearse por ahí con el pecho descubierto. Probablemente tardaría algunos meses más en que su estómago volviera a estar plano como antes, pero no era algo que le preocupara.

Ahora lo que realmente le interesaba era reunir fuerzas de nuevo, recobrar su resistencia y reentrenar a sus músculos para el combate.

Naruto y él se dedicaron a practicar taijutsu todos los días durante varios meses. Al inicio, era obvio que el alfa llevaba la ventaja. Eso y que su principal objetivo era serle de ayuda a su compañero, así que los primeros días prácticamente solo se dedicó a bloquear los ataques de Sasuke y devolverle los golpes que sabía que no tendría ningún problema en contrarrestar. Duró aproximadamente una semana antes de que Sasuke le dijera que se había aburrido de tener un saco de boxeo como entrenamiento y que se dejara de tonterías.

Entonces comenzó a pelear más en serio. Seguía conteniéndose, y Sasuke lo sabía, pero ahora luchaban más parejos. El omega no dijo nada más porque, a pesar de que le molestara el hecho de que Naruto estuviera conteniéndose, sabía que necesitaba reponer sus fuerzas de a poco. No podía pedirle al rubio que lo atacara con todas sus fuerzas cuando sabía que no estaba en condiciones para hacerle frente.

Así hicieron los siguientes dos meses, durante los cuales Naruto iba aumentando de a poco la fuerza de sus ataques según veía que Sasuke le pisaba los talones. Hasta que, en uno de sus enfrentamientos, se encontró con la espalda plana en el suelo y su compañero encima de él, el filo de la leal Kusanagi de Sasuke acariciándole peligrosamente la piel encima de su yugular.

Rayos, ni siquiera lo había visto venir.

— ¿Te rindes?

Tal vez fuera culpa de la adrenalina, tal vez de la agitación del momento, tal vez fuera la sonrisa socarrona en los labios de su omega, o tal vez el hecho de tenerlo sobre su cuerpo luego meses sin tocarlo

El asunto era que no pudo evitar la dureza que se formó en sus pantalones. Y obviamente que Sasuke lo notó, puesto que se paralizó una fracción de segundo antes de que un brillo de diversión refulgiera en sus ojos.

Normalmente hubiera respondido a la provocación en su mirada pero, mierda, que se veía increíblemente seductor desde donde estaba. Lo tenía idiotizado. No es que eso fuera una novedad.

— ¿Te rindes, Naruto?

Tal vez fuera culpa de la situación, tal vez de verlo con la respiración levemente agitada por el duro entrenamiento, tal vez fuera el creciente olor a excitación que se iba colando en sus fosas nasales, tal vez la manera en que dijo su nombre, o tal vez el hecho de sentirlo presionarse contra él un poco más, logrando que su alfa interior gruñera inquieto…

El asunto era que un segundo tenía una espada presionándose contra su cuello, y al otro su mano había buscado la nuca de su compañero, atrayéndole con fuerza para estampar sus labios contra los suyos en un beso hambriento y posesivo. El filo que se clavaba contra su piel instantáneamente desapareció y el brazo de su compañero lo rodeó en respuesta, exploradores dedos enredándose entre hebras doradas.

Devoró su boca, tragándose todos sus jadeos y acariciando su lengua con desesperación. Sus manos viajaron a sus caderas, consiguiendo que Sasuke se sentara a horcadas sobre él para poder apretarlo contra sí y restregarle su dura erección. Su alfa interno gruñía de satisfacción. Añoraba a su omega con cada fibra de su cuerpo. Cada parte de él lo deseaba, no solo su cuerpo, sino todo de él.

¿Cómo había vivido los primeros veinte años de su vida sin esto?

Bueno, al menos 17 de ellos estaban más que justificados. Pero luego de eso, después de que Sasuke regresara… Bueno, los dos años siguientes también estaban justificados pero, rayos, que atenderse a sí mismo durante su celo no le llegaba ni a los talones a hacer el amor con su compañero. Su mano nunca había llegado a sentirse tan gloriosa como esas cálidas y húmedas paredes apretándole, succionándole.

La ropa fue desapareciendo de a poco, manos desesperadas buscando el tacto directo con la cálida piel de su compañero.

Recorrió su firme abdomen, ahora fuerte y plano como antes debido a los meses de entrenamiento, apenas registrando la diferente textura donde se habían formado algunas estrías, pruebas evidentes de su anterior embarazo. Sus dedos se deslizaron por su pecho, por su espalda… apretaron su trasero en cuanto lo alcanzaron, consiguiendo que Sasuke le mordiera el labio inferior en respuesta.

Decidió ahogarse en él. En su sabor, en su toque. Estar con Sasuke era adictivo, como una droga. Podría perderse en su cuerpo y en su aroma. Ojalá pudiera estar así para siempre, con su omega a su lado, siempre a su alcance. Tocándole, adorándole, amándole.

Las caricias fueros trasladándose a lugares más privados, volviéndole loco. Recorrió todo su cuello con sus labios, lamiendo, mordiendo, chupando. Sasuke hizo lo mismo con él, dejándole marcas que no tardarían nada en sanar gracias al chakra de Kurama. Se aferraba a él mientras movía las caderas, restregándole su erección para que sintiera lo mucho que le deseaba.

Cuando al fin se vieron libres de toda barrera que separaba sus cuerpos, ahora Sasuke en el suelo con Naruto entre sus piernas, listo para penetrarlo, este empuñó una buena cantidad de sus rubios cabellos y lo jaló con fuerza, consiguiendo que el alfa se quejara y buscara inmediatamente su taladrante mirada.

—Te corres adentro y te parto el cuello. —fue todo lo que dijo, un filo peligroso en su voz.

No hace falta decir que Naruto definitivamente no se corrió adentro.


Tener meses acumulados de abstinencia eran probablemente la única razón por la cual su erección no murió en el instante en que Sasuke le amenazó con cortarlo en rodajitas con su espada si llegaba a embarazarlo de nuevo. Demonios, que ese tipo de frases debían ser más matapasiones que imaginarse a Gai-sensei y Kakashi-sensei juntos en alguno de sus extraños y desagradables episodios que tenían de vez en cuando.

Ugh. Esos dos podían llegar a ser muy… singulares cuando se lo proponían.

Pero, en fin. Sasuke tenía razón. No podían arriesgarse a tener otro bebé tan pronto. Ryuu todavía era muy pequeño como para tener que encargarse de otro pequeñito junto a él. Y a eso sumándole el hecho de que el cuerpo de su omega seguía recuperándose y que, además, no tenía idea de cómo se sentiría Sasuke respecto a tener otro bebé. Ryuu había un accidente, al fin de cuentas. Ese embarazo no fue planeado por ninguno de los dos, aunque lo hubieran terminado recibiendo con los brazos abiertos.

Bueno, Naruto sí que lo recibió con los brazos abiertos. A Sasuke le tomó un poco más de tiempo, pero no tenía duda de que amaba a su hijo tanto como él, no con la forma en que lo miraba y velaba por él. Incluso si le hubiera mentido aquella vez que le preguntó si se arrepentía, su mirada y sus acciones lo hubieran delatado, aunque Naruto realmente nunca dudó de sus palabras. Sasuke y Naruto adoraban a su hijo, esa era una verdad absoluta.

Así que sí, tener otro bebé estaba fuera de discusión por el momento. Tal vez algún día, en algunos años… Quizás entonces podrían tener más hijos, solo si Sasuke así lo quería. Y si no, ya tenían un pequeño al que cuidar por muchos años por venir.

Suspirando contento, depositó un beso en el hombro desnudo de su compañero y lo estrujó entre sus brazos unos segundos más antes de separarse y dejar otro beso en sus labios, todavía hinchados por sus besos.

Mientras volvían a vestirse para regresar, la mente del rubio divagó hacia más de un año atrás, cuando Sasuke le había escrito para volver a verse luego de dos años.

¿Qué hubiera pasado si él hubiera decidido irse y esperar a que el celo del omega pasara por su cuenta, en lugar de compartirlo? ¿Diferirían mucho los sucesos de la realidad?

Seguramente. Comenzando con Ryuu, que no existiría, o al menos no tan pronto. En lugar de estar criando a su primer hijo, probablemente seguirían viajando por el mundo. Tal vez incluso estarían haciendo misiones externas para Konoha, quien sabe.

Quizá Sasuke hubiera accedido a compartir su celo de alfa con él, o quizá no. No le cabía duda de que, si no había tenido su celo en el último año y medio, era porque su omega había quedado en cinta. Entonces, dadas las circunstancias, no tenía caso que su cuerpo entrara en celo si el celo era precisamente para eso: para procrear. Si Sasuke estaba de encargo y su alfa interno podía olerlo, este estaría satisfecho y no sentiría la necesidad de preñarlo. No es que el fuera un experto, pero en definitiva era lo más lógico de pensar.

Aunque, a decir verdad, él probablemente no le hubiera pedido a su compañero que pasara su celo con él. Siempre había pasado sus celos solo y eran bastante incómodos, pero no tenía de cómo reaccionaría teniendo a su disposición a su hermoso omega. Podría volverse agresivo, como sabía que le pasaba a algunos alfas, y lastimar a Sasuke era en definitiva un no. No era lo mismo que él le pidiera a Sasuke que cuidara de su celo a que Sasuke se lo pidiera a él. En ambos casos, el bienestar del omega estaba en manos del alfa, y un alfa fuera de control era peligroso. Muy peligroso.

Si tenía suerte, no volvería a entrar en celo hasta que Sasuke mismo volviera a tener el suyo. Ahora que estaban juntos, sus cuerpos debían haberse vuelto a sincronizar a como hicieron cuando recién se graduaron de la Academia, cuando tuvieron su primer celo al mismo tiempo. En todo caso, probablemente debería buscar a alguien a quien poderle hablar de sus preocupaciones.

Era irónico que, a pesar de haber estado enlazado por casi diez años, aún no comprendiera bien todo lo que implicaba tener un compañero. Cualquiera diría que a estas alturas debería estar para dar consejos, no para pedirlos. Pero bueno, pasó la mayoría de esos años asegurándose de no perder a su compañero en primer lugar, así que…

En fin, ya averiguarían después lo que pasaría. Ahora lo único importarte era regresar a casa con su hijo, que seguro estaría ya esperándolos hambriento.


El pequeño Ryuu se encontraba distraído mordisqueándose un pie en medio del futón mientras su padre leía con concentración la carta más reciente del Sexto Hokage que había recibido hacia apenas una hora. Sasuke se encontraba afuera en busca de leña y, ya que no tenía hambre ni nada mejor que hacer con ocho largos meses cargados a sus espaldas, el infante se había puesto como misión alcanzar esa cosa al final de sus piernas que tenía deditos chiquititos, parecidos a los de sus manos.

Naruto ni siquiera lo notó, concentrado como estaba en su lectura, hasta que lo escuchó comenzar a hacer ruiditos con la boca llena.

Sus ojos azules chocaron con los negros ojitos de su hijo, quien, al sentir la atención, fijó su vista en el alfa sin molestarse en soltar su pie.

—Hey, ¿está rico? —sonrió el rubio, sentándose en la acolchada superficie junto a su hijo.

—Ahmfh…—fue la inentendible respuesta que le hizo reír con suavidad.

Ese hombre de cabellos rubios y ojos azules era bastante simpático, Ryuu decidió. Siempre lo acompañaba y jugaba con él, y luego lo cargaba y lo elevaba en el aire. También balbuceaba muchas cosas que le instaban a querer repetirlas. Le sonreía todo el tiempo y le hacía cosquillas y lo llenaba de besos. Era en definitiva un tipo muy divertido.

—No dejes que mamá te vea así, ¿eh? —le habló con suavidad, apartándole el pie de la boca y limpiándole los deditos llenos de saliva con un pañuelo.

—Abwaah. ¡Agah! —exclamó el pequeño ojinegro con energía.

—Ya quieres hablar, ¿eh? —lo alzó con sus manos para sentarlo en una de sus rodillas, sin dejar de sujetarlo. — ¡Di papá! —exclamó emocionado.

—Amff…

—Vamos: Papá.

Una risita energética.

Pa-pá. —repitió más despacio.

—Abuaaaah.

— ¡Eso, estás cerca! —dijo ilusionado. —Papá.

—Abuaaaah. —repitió el niño.

—Papá.

—Agghhmmfff…

—Papá.

— ¡Agah!

— ¡Papá!

— ¡Ambah!

— ¡Papá!

— ¿Naruto? —escuchó una voz a sus espaldas.

— ¡Mama! —bracitos pequeños y regordetes se estiraron hacia Sasuke al notarlo parado en el marco de la puerta.

Naruto se quedó paralizado y volteó con lentitud.

Ni siquiera llegó a registrar la emoción por escuchar a su bebé decir sus primeras palabras. Lo único que sintió fue sudor frío recorriéndole la espalda y el aura oscura de Sasuke en la habitación, algo que el chiquitín entre sus brazos no notó.

— ¡Mamamamama! —siguió repitiendo con una gran sonrisa en su rostro. Puede que el alfa rubio fuera de lo más gracioso, pero nada se comparaba a estar entre los brazos de su mamá.

—Je, je. S-Sasuke, no es lo que parece…—intentó defenderse el rubio con voz temblorosa.

—Tienes dos segundos para poner a mi hijo en el suelo y correr. —amenazó con voz oscura, el sharingan brillando en su rostro.

A Naruto no hubo que decírselo dos veces.


Al final, a pesar de que Naruto no necesitó realmente otra prótesis como su compañero había amenazado originalmente y que al día siguiente estuvo prácticamente recuperado, quien realmente perdió la batalla fue Sasuke, porque Ryuu adoptó el hábito de decirle mamá cada vez que lo veía.

Durante las primeras semanas, el rubio tuvo que aguantar miradas asesinas cada vez que su pequeño angelito abría la boca. Claro que, en realidad, su yo interior se ahogaba de risa al ver el rostro de Sasuke cada vez que su bebé lo llamaba. Al final, al Uchiha no le quedó otra más que resignarse a tener su orgullo herido de por vida. De todos modos era parcialmente su culpa. Si no le hiciera caso a Ryuu cada vez que este lo llamaba "mamá", el niño probablemente hubiera dejado de lado esa palabra al ver que no surtía el efecto esperado. Pero no lo hizo, así que el resultado fue que Ryuu terminara de asociar la palabra con él.

— ¡Ma!

Suspiró, sintiéndose incapaz de seguir aparentando que la palabra lo enervaba y se inclinó para enrollar su brazo alrededor del pequeño infante y levantarlo. Ahora que Ryuu estaba más grande y podía sentarse solo, no hacía falta mantener su cabeza firmemente sujetada como antes, así que podía cargarlo con un solo brazo sin ayuda de Naruto o el cargador.

La nariz del niño buscó su cuello, queriendo respirar el tranquilizador aroma de su madre y disfrutar de estar en sus brazos.

—Te diste por vencido, ¿eh? —se burló su compañero.

—Tú cállate.

— ¡Hey! Quien debería estar molesto soy yo, ¿sabes? —se quejó. —Siempre es "mamá, mamá, mamá." ¿Y qué hay de mí? ¿Qué hay de papá? —hizo un puchero exagerado cuando pequeños ojos negros lo buscaron al oír el berrinche. — ¡Vamos! Di papá.

El pequeño parpadeó, mirando a su padre con atención y luego arrecostando su mejilla contra Sasuke.

—Ma.

El omega soltó una risa con sorna, claramente disfrutando del sufrimiento interno de su compañero.

—Mamamamamama. —comenzó a balbucear el niño, provocando que Naruto dejara caer sus hombros y su cabeza con todo su rostro arrugado y un aire de depresión a su alrededor.

—Eso te ganas por idiota.

Bueno, tal vez para Sasuke la derrota no fuera tan amarga como esperaba.


Fue aproximadamente tres semanas después, cuando Ryuu estaba por cumplir su noveno mes de edad, que Naruto pudo escucharlo.

— ¡Baba! —chilló alegre el infante, mostrando sus primeros tres dientes de leche que habían comenzado a brotarle de sus encías.

El alfa, quien iba entrando a la cabaña luego de un largo día invertido en múltiples ocupaciones, sintió su corazón dar un vuelco y se paralizó en la puerta de la cabaña, sus ojos abiertos como platos y la quijada en el piso, observando los felices orbes negros de su hijo. Este lo observaba sentado justo en el centro del futón, sus bracitos regordetes estirados en su dirección con las manos extendidas en una clara señal de querer ser cargado por su padre.

— ¡Baba! —repitió, ahora más insistente al ver que el mayor seguía petrificado en la entrada.

Sasuke, quien estaba arrecostado contra una de las paredes en silencio, curvó los labios en una sonrisa que podría expresar desde satisfacción hasta burla. Naruto se había quedado en estado de shock ante las palabras de su hijo, quien ya se estaba impacientando y agitaba los brazos en un intento de llamar la atención del rubio.

—Babababababa. —comenzó a balbucear y, debido a sus agitados movimientos, cayó hacia atrás dando con la mullida superficie del futón.

Esto hizo reaccionar al alfa. Se apresuró a ir con él y alzarlo, sujetándolo por debajo de las axilas y alzándolo hacia su rostro.

— ¿Qué dijiste? —murmuró embobado.

— ¡Ba! Babababa. —rio de nuevo el pequeño pelinegro.

La gran sonrisa que se formó en el rostro del rubio no pasó desapercibida por su compañero.

— ¡Dijiste papá! —no pudo evitar su exclamación y, casi brincando de la emoción, se dirigió al omega. — ¡Sasukeeee! ¡Dijo papá!

Al Uchiha no le quedó de otra que sonreír y negar suavemente con la cabeza, observando a su pareja alzando a un risueño Ryuu al aire, destilando alegría y emoción.


Ryuu estaba a dos días de cumplir los once meses cuando Naruto lo vio gatear por primera vez. No solo intentar arrastrarse, como había hecho hasta ahora, sino que sujetarse de verdad con sus manos y rodillas y moverse.

Entonces decidió que iba a resolver la incógnita más grande del mundo: ¿a quién prefería Ryuu, a él o a Sasuke?

—Si pasas lloriqueando por semanas por cómo termine esto, mejor ahórrame la molestia. —le había dicho Sasuke, claramente no muy motivado a seguirle la corriente.

¡Pero quería saberlo! ¿Y qué mejor que hacer una competencia donde Ryuu escogería por sí mismo al ganador?

Fue así que terminaron en un campo lo bastante despejado para que el pequeño pelinegro gateara sin toparte con obstáculos que pudieran lastimarlo. El rubio lo sentó sobre la hierba y jaló a Sasuke con él a unos diez metros del bebé, ignorando su cara de amargado y luego parándose a un metro de él.

— ¿Listos?

El omega solo lo miró con los ojos en blanco, lo que el alfa tomó como un sí.

— ¡Ryuu! —gritó. Los ojos del infante se fijaron en él con cierta confusión, luego se dirigieron a su madre, luego volvieron al rubio. — ¡Ven aquí! —se arrodilló en el césped y estiró los brazos hacia adelante para llamarlo. — ¡Ven con papá!

Y Ryuu comenzó a gatear hacia adelante, sus ojos fijos en aquellas piscinas azules que lo llamaban.

Sasuke se sentó en la hierba de piernas cruzadas, su codo apoyado en su rodilla y su barbilla sobre su mano. Obviamente no tenía la intención de ponerse a chillar y hacer muecas como lo hacía Naruto en el intento de atraer a su hijo hacia él. Es más, la dichosa competencia no le importaba en lo más mínimo. En primer lugar, porque era un completo sinsentido. Es decir, ¿cuál era el propósito de esto? Ninguno, realmente.

En segundo lugar, porque ya conocía el desenlace de esta historia.

Y el niño siguió avanzando, distrayéndose por momentos por alguna mariposa que pasaba en frente de él o por algún sonido en los alrededores. Pero no se detuvo.

— ¡Eso, ven! —exclamó un emocionado Naruto.

¡Estaba tan cerca! Si se acercaba solo medio metro más, podría alcanzarlo. Y lo que pasó después fue como que le echaran un balde de agua más fría que la del mismísimo ártico y destrozaran todos sus sueños y esperanzas de sopetón.

—Ryuu.

Eso bastó. Solo decir su nombre.

El infante giró el rostro dirección al llamado.

— ¡Ma!

Vio en cámara lenta como este se giraba y comenzaba a avanzar con más insistencia en dirección a…

—Creo que gané esta vez. —y, si esa oración no hubiera sonado tan altanera, probablemente su orgullo no le hubiera dolido tanto.

Nooooooooooooooooo. —lloró y se dejó caer de costado exageradamente, risotadas infantiles resonando en sus oídos. —Déjame aquí, ya estoy muerto.

Para rematar, fue groseramente ignorado por su pareja, quien tenía sus atenciones puestas en el pequeño traidor. Lo tenía sentado sobre una de sus piernas, moviéndola de arriba abajo para que el niño botara sobre ella mientras reía encantado.

¡Había estado tan cerca! Si se hubiera estirado un poco lo hubiera alcanzado, pero noooo. Sasuke había dicho su nombre y lo había mandado todo al carajo. ¡Era tan injusto! Él esforzándose para llamar la atención del pequeño y Sasuke ahí sentado con un deje de aburrimiento, y aun así le había ganado.

Oh, la traición. La decepción.

Terminó boca arriba sobre el césped, lamentándose de la vida, cuando un cuerpo cayó sobre el sin ninguna delicadeza, consiguiendo que sacara todo el aire de sus pulmones. A esto lo siguieron más risas de bebé.

— ¿Ya piensas dejar de lamentarte como un niño? —le preguntó su compañero, ahora sentado sobre su estómago y aún con el niño en brazos.

—Lamento que mis penas te incomoden. —murmuró sombríamente, su mirada perdida en el cielo.

— ¿Baba?

Oh, rayos. Esa vocecita.

¿Cómo iba a mantenerse enojado con él cuando era tan malditamente adorable?

Se incorporó, el trasero de Sasuke deslizándose hasta el suelo, y los abrazó a ambos, restregando su mejilla contra el hombro de su compañero y disfrutando de tener a su familia entre sus brazos.

— ¿No que estabas muerto? —le dirigió una sonrisita burlona.

—Ya reviví.

—Bien, porque no pensaba arrastrar tu trasero de perdedor de regreso.

Ugh.

—Caes mal, de veras.


Ryuu definitivamente crecía rápido. Un día era apenas un bultito arrugado y rosadito que apenas podía abrir los ojos, y al otro era un bebé con un año entero cumplido, energético y risueño.

No supo en qué momento pasó, en serio, pero su pequeño tesoro incluso ya podía moverse solo (todavía gateando, por supuesto. Aún le faltaba algo de tiempo para comenzar a caminar). ¡Crecía tan rápido!

Pronto esa cabaña se les quedaría demasiado pequeña. Bueno, siempre había sido ridículamente pequeña, pero como la idea original había sido pasar el celo de Sasuke ahí y no quedarse a vivir un año entero, había funcionado al principio.

Se puso a pensar en sus opciones. ¿Qué podrían hacer cuando en definitiva esas cuatro paredes en medio de la nada ya no les resultaran? ¿Podrían continuar viajando con Ryuu a su cuidado? ¿Tendrían que buscar otro lugar para quedarse? ¿Tal vez una villa?

Pensó y pensó, meditando qué hacer, hasta que un día Sasuke lo sorprendió, ofreciéndole una opción que no se esperaba tan pronto.

— ¿Y si volvemos a Konoha? —le había dicho, sus ojos fijos en lo que sea que estuviera haciendo. Naruto realmente no le estaba poniendo mucha atención a sus acciones.

¿Sasuke estaba dispuesto a volver a Konoha luego de cuatro años sin pisar dicha aldea?

— ¿A Konoha? —repitió, sorprendido. — ¿Estás seguro?

—Hn. Ha pasado mucho tiempo. —alzó la vista para mirarlo. —Seguro extrañas Ichiraku.

Y sí, sí que lo hacía.

No hablaron mucho más sobre el asunto, pero pronto ya habían empacado todas sus cosas y las habían sellado en pergaminos, listos para el futuro. Incluso le escribieron a Kakashi, avisándole sobre su regreso. Seguro él correría la voz y pronto todos sus amigos sabrían que volverían a verse en menos de lo que canta un gallo.

Un par de semanas después de su conversación, se despedirían de aquella vieja cabaña, que ahora guardaba tantos gratos recuerdos, y dirigirían su rumbo hacia el País del Fuego.

De vuelta a Konoha, esta vez como familia.

Naruto no pudo evitar la sonrisa que se plasmó en su rostro ni la dicha que llenó su corazón.

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N/A: Buenas noticias :D

Al final sí habrá epílogo, así que pueden esperar un capítulo más. Ya comencé a escribirlo. De hecho, creo que comencé a escribir el epílogo cuando apenas llevaba mil palabras de este capítulo XD

También les recuerdo que esta historia tiene su acompañamiento llamado "El lazo que juramos proteger". Lo pueden hallar en mi perfil, si quieren curiosear un poco más de los eventos en este universo 😊

PD: Cabe resaltar que un parto realmente no funciona de esta manera XD Leí un poco sobre ello para que tuviera más o menos sentido lo que escribía, pero en realidad no tengo idea sobre partos. Además, omití la parte del alumbramiento a propósito xd Específicamente la parte donde se expulsa la placenta y blablablá. Lo otro es que dejo a su entera imaginación por dónde salió el bebé XDDDDD Si ya han leído otros omegaverse probablemente ya sepan de las mil y una formas que se inventa la gente para este tipo de situaciones, así que pues… xd