Disclaimer: Naruto y Naruto Shippuden pertenecen a Masashi Kishimoto.
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Vínculo
Epílogo
Sakura se frotó las manos, ansiosa.
Hace ya casi dos años que Naruto se había ido de la aldea en busca de Sasuke y, desde entonces, no se habían vuelto a encontrar.
Dos años sin Naruto fueron como una eternidad y al mismo tiempo como un suspiro para ella, quien siempre se mantenía en contacto con su amigo y le apoyaba cada que se necesitaban. La ausencia del rubio no fue fácil de sobrellevar para nadie, puesto que Naruto había estado siempre tan presente en sus vidas que el que no estuviera resultaba extraño.
No tener al alfa constantemente irradiando energía fue algo difícil de sobrellevar, pero todos sabían que Naruto necesitaba ese viaje. Cuatro años después de la partida de Sasuke y dos de la de Naruto, ella y todos sus amigos se encontraban esperando justo a las puertas de la aldea a que su preciado compañero de aventuras regresara.
Naruto le había escrito a Kakashi que volvería hoy. Kakashi pasó la noticia a Sakura y Sakura a todos los demás. Así que allí estaban todos: Sakura, Ino, Tenten, Chouji, Sai, Shikamaru, Lee, Kiba, Hinata y Shino. El Sexto era el único que no había podido ir con ellos pero, ya que Naruto de todos modos tendría que pasar por su oficina para anunciar su llegada, no debía preocuparse por tener que esperar mucho para verlo.
— ¡Allá! —exclamó Kiba, señalando una figura que se acercaba a lo lejos, apareciendo de entre el follaje.
— ¡Naruto! —gritó Sakura, lo suficientemente alto para que el rubio, a pesar de la distancia, pudiera escucharla.
— ¡Heeeey! —saludó este desde lejos alzando uno de sus brazos y agitándolo con fuerza.
No perdieron tiempo y todos se apresuraron a su encuentro. Varios estaban a punto de abalanzarse sobre él, pero el que Naruto pusiera las manos frente a sí mismo para detenerlos los confundió. Entonces notaron el bulto envuelto en mantas que el recién llegado cargaba contra su pecho.
— ¿Y eso? —preguntó una confundida Ino.
Antes de que alguien más pudiera abrir la boca para cuestionar lo que ocurría, Naruto descubrió el pequeño bulto y a todos casi se le salen los ojos de sus cuencas al ver que lo que el rubio llevaba cargando era nada más y nada menos a un bebé.
—Este es Ryuu, mi hijo. —habló con orgullo. El mencionado infante tenía los ojos cerrados y se mordisqueaba una mano mientras dormía, su cabecita apoyada contra el pecho de su padre.
— ¡¿Tienes un hijo?! —exclamó una sorprendida Ino.
— ¿…con Sasuke? —se atrevió a preguntar Kiba, incrédulo.
— ¿Con quién sino?
— ¡Es hermoso, Naruto-kun! ¡Expulsa energía y juventud por todos sus poros!
— ¿Y qué edad tiene?
—El mes pasado cumplió un año. —sonrió.
Todos se aglomeraron alrededor del rubio, observando como el infante se removía inquieto para luego despertar y abrir sus profundos ojos negros, observando con atención a quienes le rodeaban.
— ¡Pero qué preciosura! —exclamó encantada la rubia, sintiéndose desmayar por tanta ternura.
—Es idéntico a Sasuke-kun. —comentó Sakura.
—Y es tranquilo como él. —ofreció el ojiazul como comentario, sus manos sujetando al niño por debajo de los brazos para sacarlo de su cargador y sostenerlo con la vista al frente, para que los demás pudieran observarlo.
Todos comenzaron a soltar exclamaciones y comentarios sobre el pequeño Ryuu, quien giraba el rostro de un lado hacia otro, tratando de enfocar su atención en cada uno de los presentes. Al sentirse rápidamente abrumado ante todo el alboroto, su carita se arrugó y comenzó a agitar sus bracitos con desesperación.
—Hey, hey. Tranquilo. —se apresuró Naruto voltearlo para que lo viera y se tranquilizara.
—Mamama…—gimoteó, al borde del llanto, pequeñas lagrimitas formándose en sus ojos.
—Oh, vamos. ¿Quién necesita a mamá si tienes a papá?
Un estridente llanto interrumpió el transcurso de sus palabras.
— ¡Lo sentimos, Naruto-kun! —Hinata intentó disculparse.
—No, no. Está bien. —Naruto le sonrió, sujetando al infante contra su pecho en un vano intento por calmarlo. —No está acostumbrado a interactuar con nadie aparte de Sasuke y de mí, así que es normal que esté inquieto.
— ¿Y dónde está Sasuke?
—Él está… Humm… Vendrá en algunos días, tenía algo que hacer primero. Nosotros nos adelantamos. —dio una respuesta vaga y poco convincente, según los presentes.
El grupo de amigos se miró entre ellos con inseguridad al escucharlo. No es que quisieran pensar mal, pero ninguno de ellos había sabido nada del último Uchiha desde hacía ya varios años. Era normal, hasta cierto punto, que sintieran desconfianza. Pero el que Naruto estuviera frente a ellos, claramente feliz con su hijo en brazos, logró distraerlos de su preocupación, al menos momentáneamente.
—Espera. —habló Kiba. —Si ese niño tiene un año, ¿quiere decir que lo concibieron apenas te fuiste? —cuestionó incrédulo.
—Vaya, no perdieron el tiempo. —soltó Sai. —Imagino que fue un accidente.
Ino le dio un codazo y Sakura le tapó la boca, todos los demás poniéndose en alerta ante semejante comentario.
— ¡Sai! —le regañaron ambas a la vez, mientras que Shikamaru murmuraba algo como "qué problemático" para sí mismo.
—Bueno, no fue exactamente planeado…—musitó el rubio, bajando la mirada hacia su bebé, quien se aferraba a él con sus pequeñas manos. —Pero ni Sasuke ni yo lo cambiaríamos por nada del mundo. —aseguró con convicción.
—Bienvenido, Naruto.
Los ojos alegres de Kakashi lo saludaron al entrar a la oficina del Hokage. Junto a él se encontraba Sakura, quien había decidido acompañarlo a anunciar oficialmente su regreso frente al Sexto. Todos sus demás amigos habían vuelto a sus quehaceres del día, pero prometieron reunirse en la noche para comer y ponerse al día con Naruto.
—He vuelto, Kakashi-sensei. —sonrió.
El alfa mayor se puso de pie y rodeó su escritorio para abrazarlo efusivamente. El rubio le devolvió el abrazo, cuidando de no aplastar al bebé contra su pecho.
—Con que este es el famoso Ryuu. —comentó observando al infante. Curiosos ojos negros lo observaron completamente abiertos, atentos y despiertos. —La sangre Uchiha definitivamente hace maravillas, ¿eh? —comentó, refiriéndose a lo parecido que era el bebé a su antiguo estudiante.
—Puede que todo el exterior sea Uchiha, ¡pero estoy seguro de que pronto demostrará que es tan Uzumaki como yo! —exclamó convencido y orgulloso el ojiazul.
Sakura rio de buena gana ante su entusiasmo mientras que Kakashi sonreía debajo de su máscara.
—Y hablando de Uchihas, creí que tú y Sasuke regresarían juntos.
Hubo un pequeño minuto de silencio. Ojos ébano y ojos esmeralda fijos en la figura del alfa Uzumaki, quien solo se encogió de hombros, como si el asunto no fuera de mucha importancia.
—Sasuke volverá en un par de semanas, cuanto mucho. —informó, estando seguro de sus palabras.
El Hatake lo observó unos momentos más sin decir nada y luego asintió. Naruto confiaba en que Sasuke volvería en unos días, así que no tenía motivo para no creerle. Si Sasuke no planeara regresar, no le hubiera hecho creer al rubio que lo haría. El Uchiha había llegado a ser muchas cosas en el pasado, pero el ser honesto y directo eran dos características que siempre lo habían identificado.
—Mientras tanto, creo que Ryuu y yo tendremos algo de tiempo de calidad padre e hijo. —continuó el rubio, mostrando su característica sonrisa.
Kakashi parpadeó y volvió a descender su vista al niño.
—Pobre.
Las quejas de Naruto y las carcajadas de Sakura resonaron en toda la torre.
Naruto llevaba apenas un par de días de regreso en la aldea cuando los rumores sobre Sasuke volvieron a comenzar. Al fin y al cabo, ver de nuevo al alfa rubio que les había salvado a todos pasearse por la aldea luego de casi dos años de ausencia, y con un bebé para rematar, no era algo que pasara desapercibido.
Hablaban de cómo el omega se había dejado embarazar para luego dejarle junto con su decendencia, de que ahora el rubio alfa estaría condenado a vivir como padre soltero ya que la madre del niño se había dado a la fuga de nuevo. Incluso se llegaban escuchar rumores donde algunos aseguraban que el pequeño Ryuu ni siquiera era hijo de Naruto, puesto que no tenía ninguna semejanza física con él. Porque sí, ¿llamarle para reencontrarse y que convenientemente quedara embarazado enseguida? Obviamente era solo un truco para librarse de su responsabilidad, ¿cierto?
Iruka hizo caso omiso de las habladurías, pero rogaba en su interior de que estas no llegaran a oídos de Naruto, puesto que no quería saber su reacción en el caso de que las escuchara. En serio que la gente no tenía nada mejor que hacer que estar inventando cuentos.
Subió las escaleras hacia el nuevo apartamento que Kakashi le había ofrecido a Naruto para que pudiera asentarse con su familia y tocó la puerta tres veces antes de que el rubio alfa la abriera, vestido apenas con unos shorts oscuros y una camiseta blanca que, cabía resaltar, estaba manchada de papilla por doquier.
Entre sus brazos estaba el pequeño Ryuu, quien tenía el rostro embarrado de comida y se chupaba distraídamente una mano.
— ¡Iruka-sensei! —sonrió el Uzumaki y, sujetando a su hijo solo con un brazo, se abalanzó hacia el frente para abrazarlo, feliz de volver a ver a su antiguo profesor luego de casi dos años.
— ¡Naruto! —le devolvió el abrazo. —Me alegra mucho verte. —le dijo mientras se separaba. —Supongo que este es Ryuu. —sonrió, llamando la atención del infante, quien dirigió sus ojos hacia él con curiosidad al escuchar su nombre.
—Sí. ¿Kakashi-sensei te habló de él? —recibió un asentimiento como respuesta.
—Sí que lo hizo. —confirmó. —Es igualito a Sasuke.
— ¿Mama? —balbuceó el pequeño al escuchar el nombre de su madre, sus oscuros ojos dirigiéndose a todos los rincones, intentando encontrarle.
— ¡Ah, perdón! —exclamó de repente el ojiazul, haciéndose a un lado en la puerta para darle espacio a Iruka para que pudiera entrar al apartamento. —No hay muchas cosas aún, aunque Kakashi-sensei nos hizo el favor de dejarnos los muebles necesarios para que no estuviéramos en apuros. ¡Incluso hay una cuna! Tengo ganas de pintarla de naranja, pero estoy seguro de que Sasuke me cortaría el cuello.
El mayor aceptó la invitación para entrar y observó el apartamento. Había una pequeña sala y un comedor, justo con los muebles necesarios, tal y como decía Naruto.
— ¡Mamamama! —comenzó a berrear Ryuu, agitando los brazos con desesperación.
Naruto lo llevó hasta una silla especial para bebés que, por cierto, también estaba llena de papilla. Iruka supuso que el rubio debió haber estado intentando darle de comer cuando llegó, puesto que aún había medio plato de papilla en la paleta de la silla.
—Lo siento. Ha estado muy inquieto desde que vinimos porque nunca antes se había separado de Sasuke. —le explicó, rascándose la nuca. —Papá no es suficiente para ti, ¿eh? —le revolvió los cabellos azabaches de su cabecita.
— ¡Baba! —rio el niño en respuesta.
—Es natural que lo eche de menos.
—Sí, yo también lo hago. —suspiró. —Pero Ryuu es un bebé muy tranquilo y parece que estos días sin Sasuke lo están estresando o algo. No lo sé. Sasuke es el que siempre sabe qué le sucede. ¿Será alguna clase de instinto?
—Bueno, dicen que la conexión entre madre e hijo es muy especial. Además, aún está pequeño y siente que necesita más de Sasuke.
—Mmm… Puede que tenga razón, sensei. ¡Pero, pero! ¿Y la conexión entre padre e hijo? —se volteó inmediatamente hacia el pequeño, que había vuelto a su profunda actividad de chuparse una mano. —Dime, dime. ¿Qué tiene mamá que no tenga yo? —hizo un puchero exagerado.
—Awaaah. —le respondió con la manito llena de baba, a lo que Iruka solo pudo reír.
Dedicaron el resto de la tarde a ponerse al día en lo que Naruto le terminaba de dar de comer al pequeño Ryuu y le daba un baño con ayuda de su sensei. Le contó sobre los lugares a los que fue con Sasuke, le habló de su embarazo y de cómo tuvieron que adaptarse a la presencia de Ryuu, y siguió parloteando y parloteando sobre muchas cosas hasta que llegó la noche.
—Es tan extraño verte actuar como padre de familia, Naruto.
—Je, je. ¿Eso crees?
La pelirrosa soltó una risita divertida mientras sostenía al pequeño Ryuu entre sus brazos, quien no parecía en lo absoluto molesto por ser cargado por una persona extraña para él.
—Bueno, la responsabilidad nunca ha sido tu fuerte. —bromeó Sakura.
—Tenía miedo de ser un fracaso en esto, la verdad. —confesó el alfa, sentándose en el sofá de la salita de su nuevo hogar.
—Tú jamás podrías ser eso, bobo. —le dijo con cierto tono de escarmiento. —Te entregas demasiado a todo lo que haces que es imposible que puedas ser un mal padre. ¡Mira a esta preciosidad! —alzó al bebé en el aire, escuchando como soltaba una risotada. —Está sano, bien cuidado y crece. Y se siente seguro contigo.
Los labios de Naruto se curvaron en una sonrisa.
—Y aun así, es un niño de mamá.
Sakura rio con ganas y volvió a acunar al niño contra su pecho.
—Todos los bebés lo son. —sonrió cálidamente. —Pero te aseguro que, si te fueras ahora, pasaría llorando por papá el resto de la semana hasta quedarse agotado. ¿No es verdad, pequeño Uzumaki Ryuu? —restregó su mejilla cariñosamente sobre la cabellera del bebé.
Naruto sonrió, observando a su mejor amiga darle mimos a su hijo con el corazón latiéndole cálidamente dentro de su pecho.
—Uchiha. —corrigió.
— ¿Eh? —volteó a verlo, confundida.
—Es Uchiha Ryuu. Así lo registré.
—Oh. ¿Y eso?
Lo normal era que los niños llevaran el apellido de sus padres. El caso de Naruto era una excepción porque el apellido Namikaze lo hubiera delatado como hijo del Cuarto Hokage años atrás y lo hubiera puesto en peligro. Llevaba el apellido de su madre, otorgado a él por el Tercer Hokage como protección ante los enemigos de su padre.
—Bueno, creo que es lo justo, ¿no? Al fin y al cabo, es gracias a Sasuke que está aquí. Merece llevar su nombre, ¿no? —evitó hacer cualquier mención del antiguo deseo de Sasuke de reestablecer su clan a propósito.
—Uchiha Ryuu, ¿eh? —sus labios se curvaron hacia arriba. —Le queda perfecto.
Terminando su primera semana de regreso en Konoha, Naruto decidió pasearse por las calles de la aldea en dirección a la Academia para visitar a los niños con los que tanto solía divertirse cuando ayudaba a Iruka-sensei como voluntario en las clases.
Había adoptado el hábito de salir a caminar un rato con Ryuu para que este se acostumbrara a la gente y no se aburriera tanto en casa. Normalmente se limitaba a andar por ahí, a veces pasando a saludar a algunos de sus amigos de vez en cuando. Su hijo iba siempre en un cargador que había comprado recién llegado a la aldea para dejar de usar mantas y otras cosas para cargarlo. Ahora, con su nueva adquisición, podía llevar a Ryuu bien sujeto contra su pecho para que pudiera ver todo lo que él veía. Sus brazos y piernas quedaban libres, por lo que podía agitarlos a gusto. Además, esto le permitía a Naruto tener sus dos brazos libres sin dejar descuidado a su bebé ni un segundo por distraído.
Sakura le había sugerido conseguirse una carriola. Incluso se había ofrecido a comprarla ella como regalo, pero se había negado. Claro que al final la pelirrosa ignoró todo lo que le dijo y una mañana se despertó encontrando una carriola nuevecita de paquete en su puerta, ya ensamblada y todo. Intentó en vano insistirle a Sakura que no se molestara, pero ella le había dicho que ganaba suficiente en el hospital para hacer los regalos que quisiera y que si tenía algún problema con ello, que lo resolviera con su puño.
Al final, Naruto terminó aceptando la carriola en esperanzas de no pasar dos semanas con un ojo morado, pero no la había utilizado aún. Le gustaba llevar a Ryuu en brazos la mayoría del tiempo, de todos modos.
Volviendo al presente, el rubio no necesitó poner un pie dentro de la Academia para que Itarou, uno de los chicos a los que antes ayudaba a entrenar, lo reconociera.
— ¡Miren, es Naruto! —el grito se escuchó por todo el edificio y pronto se vio rodeado de decenas de aspirantes a genin.
— ¡Naruto, te extrañamos!
— ¡Naruto, Naruto!
— ¡Naruto-nii-chan ha vuelto!
— ¿Y ese bebé?
Así como el escándalo había comenzado, terminó. Todos observando en silencio al infante que les observaba con grandes ojos oscuros y brazos inquietos.
— ¡Hey, todos! ¡Han crecido mucho! Ya no son esos mismos renacuajos de hace un par de años. —el alfa les sonrió alegremente. —Este es Ryuu, mi hijo.
— ¡¿Tu hijo?! —exclamaron estupefactos todos al mismo tiempo.
—Así es. —afirmó orgulloso.
—No se parecen. —comentó uno de los niños, poniéndose rojo inmediatamente después al notar lo ofensivo que pudo sonar eso, pero Naruto solo rio con suavidad, dando a entender que no le había molestado su comentario.
—Es idéntico a su mamá.
— ¿Entonces estuviste todo este tiempo con tu compañero? ¿Por eso te fuiste? —lo interrogó otro.
—Sí… ¿Recuerdan que les conté que él estaba de viaje? —preguntó, observando como varios asentían con la cabeza. —Me pidió que lo acompañara y por eso me fui.
— ¿Y entonces tuvieron un hijo?
—Así parece.
— ¿Y qué edad tiene?
— ¿Por qué lo llevas en esa cosa?
— ¿Ya camina?
Las preguntas continuaron por varios minutos, durante los cuales Naruto se encargó de contestar todas y cada una de ellas con una sonrisa.
Una tarde, a los diez días de estar de regreso, lo inevitable sucedió.
Salió con Ryuu para hacer las compras y reabastecer su nevera. Podría dejarlo con un clon o incluso con Iruka, pero al pequeño infante le encantaba salir, así que lo llevaba con él.
Mientras la señora en la registradora terminaba de hacerle la cuenta, notó como esta ponía unos potes de leche en polvo extra que no había pedido. Extrañado, quiso intervenir.
—Eh, disculpe, pero solo voy a llevar lo de la canasta. —intentó aclarar, creyendo que se trataba de un error amistoso.
—Oh, chiquillo, no te preocupes. Son de mi parte. —la mujer, de unos cincuenta años tal vez, le sonrió.
—No podría aceptarlo. —admitió con cierta vergüenza. A esto, la señora siguió sonriéndole.
—Tonterías. —dijo haciendo un gesto con su mano. —Tómalos. Ser padre soltero debe ser difícil. Encargarte de un niño tan pequeño solo… Debes ser muy fuerte.
El alfa parpadeó aturdido, claramente sintiéndose fuera de lugar por las palabras de la mujer. ¿Ella creía que él era padre soltero? ¿Por qué? Bueno, tal vez lo hubiera asumido al ver a Ryuu solo con él. Al fin y al cabo, Sasuke aún tardaría unos cuantos días más en regresar con ellos. Era un simple malentendido, ¿no?
—No, yo, eh… Siento la confusión, pero en realidad no soy padre soltero. Mi compañero y yo criamos juntos a nuestro hijo, solo que él no está justo ahora. —quiso aclarar, pensando que sus palabras darían serían comprendidas y aceptadas.
—Oh, sí, todos lo sabemos. —sus ojos reflejaron compasión y, luego, cierto rencor. —Ese omega no tiene corazón, para abandonarte. Mira que dejar a su propio hijo como si no le importara nada.
— ¿De qué está hablando? —se exaltó el rubio, su voz sumergida en confusión, sintiéndose ofendido. —¡Sasuke solo va a ausentarse durante unos días y yo cuido de nuestro hijo mientras regresa! ¿De dónde sacan que él nos abandonó?
—Oh, querido. No tienes que tratar de ocultar la verdad. Todos saben lo que hizo ese Uchiha, no es tu culpa. —y no fueron sus palabras lo que le hicieron estallar, sino la lástima que latía en sus ojos al mirarlo, como si no fuera nada más que una simple víctima de la situación.
— ¡No voy a permitir que hable de Sasuke de esa manera! —rugió furioso, como si le hubieran insultado de la peor de las maneras, lo que provocó que la mujer le observara petrificada y Ryuu se echara a llorar. — ¡Usted no tiene ningún derecho a hablar así de mi compañero!
Pero el llanto de su hijo evitó que el enojo lo dominara y le abrazó para tranquilizarlo.
—Ya, ya. Lo siento. —murmuró, meciéndolo con suavidad. Luego volvió a dirigirse a la señora con una mirada de hielo antes de hablarle. —Gracias, pero ya no llevaré nada. Ni volveré a comprar aquí. —y dicho esto salió del establecimiento ignorando las miradas curiosas dirigidas en su dirección.
¿Eso era lo que la gente pensaba de Sasuke? ¿Qué era un maldito que de la nada tenía un bebé para luego abandonarlo?
A su mente llegaron imágenes de Sasuke con Ryuu. Los ojos del omega se volvían tan cálidos cuando lo veían. ¿Cómo alguien así, que miraba a su hijo con todo el amor del mundo, podría abandonarlo? Encima que ahora querían tratarlo como una obra de caridad. Un pobre alfa que había sido despreciado por su pareja, quedando a cargo de su único hijo por su cuenta. ¿Era así como lo veían?
La rabia le burbujeaba en el estómago, pero decidió ignorarla para seguir en su tarea de calmar a su bebé.
—Tranquilo, la gente a veces no sabe lo que dice. Se dejan llevar por lo que oyen sin pensar. —sacó al infante del cargador para darle la vuelta y sujetarlo contra su cuello, consiguiendo que su aroma lo relajara un poco y que el llanto se redujera y convirtiera en pequeños lloriqueos. —Mamá y papá nunca te abandonarán. —susurró mientras lo acunaba con manos firmes y gentiles.
Caminó de regreso a casa sintiéndose extrañamente vacío.
Era curioso, pensó Naruto, cómo el hecho de estar enlazado nunca detuvo antes a sus admiradoras. Siempre llegaban para pedirle una cita o darle regalos y a él no le quedaba de otra que rechazarlas de la manera más amable posible. Al final del día, todo el esfuerzo que ellas invertían no tenía ningún sentido, porque él ya tenía un compañero. Un compañero por el cual había cruzado cielo y tierra para tenerlo de nuevo consigo. Era obvio que no se interesaría en nadie más.
Ahora, sin embargo, ya toda la aldea sabía que tenía un hijo. Eso, contrario de lo que hubiera pensado, en vez de desalentar a sus pretendientes, las motivó. Puede que sí hubiera algunas mujeres y omegas que vieran a Ryuu como señal de que el rubio no estaba disponible como pareja, ya fuera porque no querían la responsabilidad de salir con alguien con hijos o por cualquier otra razón. Pero una buena parte de dichos admiradores pensaban al revés: el niño necesitaría una madre, ¿cierto? Entonces era la oportunidad perfecta para ellos.
Naruto en verdad no lo comprendía.
Apenas el día anterior se había dado cuenta de que todo el mundo creía que Sasuke le había abandonado y que era padre soltero, y entonces cayó en cuenta del propósito de quienes lo pretendían.
Por un lado, seguía furioso con tan solo la idea de que otros pudieran pensar tan mal de su omega pero, por otro lado, se sentía decepcionado. Muy decepcionado. Le decepcionaba que hubiera quienes creyeran que podían utilizar a su hijo como herramienta para acercarse a él, y le decepcionaba que nadie respetara sus sentimientos y su decisión de permanecer con Sasuke. No importaba cuántas veces mencionara a su compañero, era como hablarle a una pared.
Por ese mismo motivo había comenzado a rechazar los regalos que le ofrecían. Antes los aceptaba, creyendo que debía mostrar agradecimiento por las molestias que había significado para quienes se los ofrecían, a pesar de que nunca haber aceptado una declaración. Ahora ya no. Quería dejar claro que no importaba quien llegara o con qué, él ya tenía una familia y quería que le respetaran eso.
—Lo siento, no puedo aceptarlo. —expresó por cuarta vez ese día, negándose a tomar el elegantemente envuelto obsequio entre sus manos. —Ve y dáselo a alguien que pueda corresponder tus sentimientos.
—P-Pero, Naruto-senpai…
Le dirigió una sonrisa cansada de disculpa y luego pasó de ella, ansiando llegar a casa de una vez por todas.
Ojalá Sasuke volviera pronto. Lo echaba mucho de menos.
A los quince días de haber regresado a Konoha hubo unos toques en la puerta principal de su apartamento. Masculló algo por lo bajo, lamentando el hecho de tener que dejar su cama calientita solo para abrir la puerta.
Adormilado aún y tallándose los ojos, el alfa se levantó de entre las sábanas y le echó un vistazo fugaz a su hijo dentro de la cuna. Dormía como un bebé, literalmente.
Bostezando, caminó hacia la entrada y masculló una maldición pensando en quién sería el idiota que llegaba de visita a una casa a medianoche. Es que, en serio, qué falta de consideración, de veras. Él, que estaba tan cómodo en su cama…
Sin embargo, todos esos pensamientos se esfumaron cuando, al abrir la puerta, una figura oscura como la misma noche lo recibió, una imperceptible sonrisa adornando un rostro pálido cubierto a medias por lisas hebras oscuras.
—Estoy en casa.
No llegó ni a dar un paso dentro del lugar cuando su alfa ya se había abalanzado sobre él, rodeándole con sus brazos como si de eso dependiera su vida.
— ¡Ma! —fue el chillido feliz del Uchiha menor al ver a Sasuke por primera vez en días. Sus bracitos se estiraron con desesperación hacia su progenitor, abriendo y cerrando las manitos. Debió de suponer que no había forma de mantenerlo dormido si escuchaba la voz de Sasuke, a pesar de estar tan entrada la noche.
Naruto lo sacó de su cuna y el pequeño se sacudió, desesperado por que su padre lo soltara para poder al fin estar en los brazos de su madre.
—Alguien te extrañó. —comentó el rubio, pasándole a Ryuu.
El Uchiha lo rodeó firmemente con su único brazo mientras el pequeño se aferraba a su ropa y reía encantado, feliz de tener el aroma de su madre rodeándole de nuevo y sentir su calor.
—A juzgar por el comité de bienvenida, no fue el único.
Al rubio se le calentaron ligeramente las mejillas al recordar cómo se le había tirado encima momentos atrás sin poder evitar la emoción, pero no hizo ningún esfuerzo por negarlo.
—Por cierto, ¿por qué vienes a estas horas? Es más de medianoche. —se quejó, frunciendo las cejas en reproche. Había estado durmiendo muy a gusto unos minutos atrás antes de verse interrumpido.
—Si quieres me voy y vuelvo mañana cuando amanezca.
— ¡No! —chilló y se llevó la mano a la boca medio milisegundo después, muerto de la vergüenza por lo desesperado que se había escuchado. El pelinegro lo observó alzando una ceja y Naruto se aclaró la garganta. —Quiero decir, lo importante es que ya estás aquí.
—Hn.
No hacía falta ser un genio para darse cuenta de que Naruto estaba conteniendo todas las ganas de lanzarse sobre él y apretujarlo con todas sus fuerzas. Esas dos semanas habían sido la mayor cantidad de tiempo que habían estado separados desde que se reencontraron dos años atrás. Estaban ya tan acostumbrados a la presencia del otro que la distancia les había puesto ansiosos a los tres.
Durante su tiempo lejos, Sasuke se percató de que ya no se sentía igual de cómodo estando solo como antes. No pudo despegar su mente de Ryuu tanto de día como de noche. Sabía que estaría seguro con Naruto, pero sus instintos no pudieron evitar salir a brote.
Ahora, con su hijo en brazos, al fin sentía que podía respirar en paz. Estaba justo donde pertenecía, con su alfa y con su bebé.
—Y, a propósito, ¿cómo supiste dónde encontrarnos? —la voz del rubio lo sacó de sus pensamientos.
El recién llegado lo observó como si fuera estúpido.
—Seguí tu chakra. —respondió, considerando que era demasiado obvio como para no haberlo asumido desde un principio.
Naruto parpadeó.
—Ah.
—Idiota.
Bueno, de todas formas nada de eso importaba realmente. Lo único relevante era el hecho de que Sasuke había vuelto a Konoha con él y con su hijo. Y a Naruto nada podría hacerle más feliz.
—Te eché de menos. —murmuró en voz baja, enterrando su nariz para respirar el aroma del que se había visto privado los últimos 15 días.
—Fueron solo dos semanas.
—No importa. Pudo haber sido media hora y yo te hubiera echado de menos.
—Hn.
Ryuu había vuelto a su cuna, donde dormía plácidamente luego de haber sido cargado por Sasuke durante casi una hora. La emoción de volver a verle había estado luchando contra el sueño que tenía a esa hora pero, al final, se había quedado dormido con las manitas aferradas a su ropa, sin querer soltarlo.
— ¿Lograste conseguir lo que buscabas? —le preguntó el rubio, sus dedos acariciando distraídamente la piel bajo la camisa del Uchiha mientras le abrazaba por la espalda.
—Encontré a Orochimaru. —confesó el pelinegro en voz baja. —Pero no me fue de ayuda. Solo dijo que era probable que los anticonceptivos no funcionaran porque somos destinados, nuestra química es más fuerte que la de las parejas comunes. Pero no tuvo nada que ofrecerme como alternativa, a excepción de cirugía.
El rubio se tensó, no agradándole nada esas últimas palabras. Menos aún si se imaginaba al mismo Orochimaru siendo el cirujano. No, señor.
—No lo estarás considerando, ¿o sí?
—Si es la única alternativa…
Naruto apretó los labios. Definitivamente la idea de que Sasuke se operara para no tener hijos le repudiaba en su totalidad, no solo porque era un tipo de operación invasiva que, como toda intervención, tenía sus riesgos, sino porque el procedimiento conllevaría que le removieran sus órganos reproductivos y eso le afectaría en su salud a largo plazo.
—A menos que no quieras volver a tener sexo nunca. —habló el pelinegro.
Los brazos del alfa se aferraron a su cintura y lo atrajeron un poco más hacia él.
El no volver a tener relaciones estaba fuera de discusión, no solo porque ambos realmente disfrutaban de su vida sexual, sino porque tarde o temprano entrarían en celo. Podría ser en cualquier momento, en realidad, considerando que Ryuu ya tenía más de un año. Y, para esa época, se necesitarían el uno al otro sí o sí y la técnica de no correrse dentro definitivamente no funcionaría estando ambos con la mente nublaba por las hormonas y las feromonas. Además de que eso de correrse afuera tampoco era un método infalible. El único método 100% funcional para evitar embarazos era no tener relaciones sexuales, al fin y al cabo.
Eso o la cirugía que Sasuke mencionaba.
Pero debía de haber otra forma.
—Tal vez haya algo que pueda hacer yo. —musitó contra la piel de su nuca. Tal vez él podría encontrar alguna alternativa que solo afectara su cuerpo y no el de Sasuke y que diera los resultados esperados.
— ¿Cortarte las pelotas? —le respondió el Uchiha con cierto timbre de burla.
Puede que Sasuke lo dijera como una broma, pero en definitiva preferiría tener que cortarse las pelotas a que su omega tuviera que operarse.
—Preguntaré en el hospital. —dijo con simpleza, ignorando su provocación.
—No pienses demasiado en eso ahora. —murmuró el pelinegro, comenzando a adormilarse.
El rubio murmuró algo inentendible contra su piel antes de dejarse arrullar por los brazos de Morfeo.
Naruto despertó cuando unos rayos de luz le pegaron directo en los ojos desde la ventana. Se llevó el brazo al rostro, balbuceando alguna maldición, y se giró en sentido contrario al brillo, sintiendo la calidez de otro cuerpo en el colchón.
Se sentó de sopetón y observó a su izquierda, donde su compañero seguía descansando plácidamente, sin perturbarse por sus movimientos. Debía de estar particularmente cansado para que las acciones de Naruto no lo despertaran, considerando que normalmente tenía el sueño bastante ligero.
El alfa sonrió como bobo al verle.
Sasuke estaba de regreso en la aldea, luego de cuatro largos años, tal y como le había prometido. Naruto nunca había dudado de su palabra, pero aun así un sentimiento de paz y alivio se instaló en su pecho.
Inclinándose un poco hacia el omega, cerró los ojos e inhaló profundo, llenando sus pulmones de su aroma. Sonriendo, suspiró feliz y, cuando volvió a abrir sus párpados, los ojos de Sasuke le observaban atentos, uno resplandeciendo con un color púrpura y otro más oscuro que la misma noche. Las mejillas se le colorearon al verse descubierto, pero la sonrisa en su rostro no disminuyó. El Uchiha suavizó la mirada y se irguió también sobre la cama, llevando su mano hasta su mejilla para acercarse y darle un beso de buenos días en los labios. Los ojos azules de Naruto volvieron a cerrarse automáticamente y su mano subió hasta enredarse entre mechones negros de cabello.
Al separarse, no pudo evitar el ronroneo que se le escapó del pecho y se inclinó para volver a probar sus labios. Sasuke se lo permitió, abriendo la boca para él y dejándole besarle todo lo que quisiera como compensación a los últimos días en los que estuvo lejos. Sin embargo, el sonido de unos lloriqueos les obligó a soltarse para atender el llamado de su hijo.
Este se encontraba sentado en la cuna, agitando los brazos desesperadamente intentando llamar la atención de sus padres.
— ¡Ma! —chilló, estirando sus bracitos hacia Sasuke en cuanto sus ojos conectaron.
—Ah… Llegas tú y se olvida de mí. —dejó escapar Naruto con un deje de resignación al verse olímpicamente ignorado.
—Deja de lloriquear tan temprano. —le riñó con cierta burla su compañero, levantándose de la cama. Tomó a su hijo en brazos, quien comenzó a balbucear sin parar y pataleó energéticamente en el aire.
Prepararon juntos el desayuno al igual que la comida para Ryuu. Todo se sentía tan doméstico que Naruto se sentía rebosante de alegría. No era muy diferente a su rutina en aquella cabaña, pero el nuevo apartamento le daba un aire diferente a dicha rutina.
Comieron en un silencio tranquilo, Naruto observando con cierto recelo como Ryuu comía obedientemente todo lo que Sasuke le ofrecía, mientras que a él una vez le había tirado el plato con papilla en la cara. Había que tenido que lavar su ropa, la silla, el piso y hasta a Ryuu, porque todo había sido salpicado de comida para bebé.
Niño de mamá, pensó mientras hacía un puchero.
—Iré a la oficina del Hokage. —anunció el omega mientras le limpiaba a Ryuu la boca con un pañuelo, sacándole de sus pensamientos. —Debo reportarme con Kakashi.
El rubio asintió, dando otro bocado a su desayuno.
—Estoy seguro de que se alegrará de verte.
Antes de que pudiera responderle a su compañero, unos toques en la puerta los distrajeron.
—Yo iré. —Naruto se levantó de su silla y caminó hacia la puerta. Al abrir, una sonrisa y brillantes ojos verdes lo saludaron. — ¡Sakura-chan!
La pelirrosa amplió su sonrisa antes de saludar de vuelta: — ¡Buenos días! Pensé en traerte esto para Ryuu antes de irme a trabajar. —dijo, mostrándole una bolsa llena de juguetes, pañales de tela, comida para bebé y otras cosas que no supo identificar.
— ¡Gracias, Sakura-chan! No tenías que haberte molestado. —se rascó la nuca apenado, pero su rostro se veía extrañamente relajado. Los ojos de Naruto brillaban más que de costumbre esa mañana y Sakura no pudo evitar notarlo. El rubio estaba feliz. Es más, podría incluso apostar por la palabra "dichoso". — ¿Quieres pasar? —le ofreció, apartándose de la puerta para darle espacio.
—Solo a dejar esto. Están esperándome en el hospital. —se excusó, entrando en el apartamento dispuesta a dejar la bolsa en la mesa más cercana para poder llegar a tiempo al trabajo. Sin embargo, todo su cuerpo se detuvo de golpe en el instante en que sus pupilas se desviaron hacia la mesa del comedor. —S-Sasuke-kun…—su nombre escapó de sus labios sin poder refrenarlo. Sus ojos se habían abierto como platos al reconocer la figura frente a ella, la de una persona que llevaba ya casi cuatro años sin ver.
—Sakura. —saludó este, poniéndose de pie un tanto sorprendido de tener que verla tan pronto y, además, a esas horas de la mañana.
Sin dudas había cambiado bastante. Se veía más madura, más segura y realizada que la última vez que la vio, hace años.
—No sabía que habías vuelto. —murmuró ella, sin saber qué más decir.
—Llegué a medianoche.
El silencio que prosiguió esas palabras fue tenso, incómodo. Ninguno de los dos lo hacía a propósito pero, luego de haber hablado solo un par de veces luego de terminada la guerra y no volver a verse por años… Puede que ninguno supiera bien cómo abordar una conversación.
—Sakura-chan vino a traerle unas cosas a Ryuu. —la animada voz de Naruto interrumpió en la habitación.
—Eh… Sí. —Sakura volvió a sonreír, mostrando la bolsa. —Hay juguetes, pañales, comida para bebé, vitaminas y hierro. También anoté las dosis en que pueden darles las vitaminas y el hierro para que no haya confusiones. Y… Creo que eso es todo. —trastabilló con el pie, nerviosa.
La mirada del Uchiha siempre había sido imposible de leer, y ahora no era la excepción. Pero había algo diferente. Sasuke ya no parecía cargar con la misma tensión que la última vez que le vio. Parecía más relajado, más tranquilo. Esos últimos años definitivamente habían hecho maravillas en él, sin ninguna duda.
—Gracias, Sakura. Es muy considerado de tu parte.
A la joven beta casi se le cae la mandíbula al suelo cuando el Uchiha le dirigió una sonrisa apenas perceptible en agradecimiento. Sin embargo, pudo contenerse y devolver el gesto.
—Awaaahhh. —repicó el más joven de los cuatro desde su sillita, notando como nadie le prestaba atención.
—Buenos días a ti también, Ryuu. —la pelirrosa le saludó, acercándose para dejar las cosas sobre la mesa y luego revolviéndole los cabellos al bebé, quien soltó una risotada por sus acciones.
Incluso el pequeño Ryuu se veía más alegre con Sasuke presente.
—Lamento mucho no haber podido llegar a tiempo para ayudarte en el parto, Sasuke-kun. —musitó girándose hacia su antiguo compañero de equipo, sintiendo que debía disculparse con él directamente a pesar de haberlo hecho por carta.
—No hay cuidado. Pudimos resolverlo.
— ¿No tuvieron muchos problemas? Pensé que Naruto entraría en pánico si no llegaba a tiempo.
— ¡Cómo no iba a entrar en pánico! —intentó justificarse el rubio. —Nunca había estado en una situación similar, ¡no tenía idea de qué hacer!
—Fue como tratar con niños. —dijo el Uchiha con cierta ironía.
—Oh, ¿utilizaste clones?
—Maaaaaaaaaa. —el más joven comenzó a impacientarse. Sus brazos se movían sin cesar de arriba abajo y su rostro comenzaba a ponerse colorado, señal de que estaba a poco de echarse a llorar. Esto cortó la conversación que comenzaba a fluir, llamando la atención de los tres adultos presentes.
En silencio, la ninja médico observó como Sasuke se acercaba al inquieto infante y se inclinaba para tomarlo en brazos. Este se abrazó a él como un koala, berreando en su idioma de bebé completamente incomprensible. Sus ojos esmeralda se llenaron de calidez con la escena. Era obvio lo mucho que el Uchiha quería a su hijo, con la forma tan afectuosa en que lo sujetaba y por cómo el pequeño se aferraba feliz a su cuello. Y, si esa visión no era suficiente, la sonrisa en el rostro de Naruto al verlos casi logra derretirle el corazón.
—Creo que debo irme. No quisiera importunar más tiempo y se me hace tarde.
— ¡Tú nunca importunas, Sakura-chan! Eres bienvenida siempre que quieras. —le dijo el alfa animadamente.
—Así es. —confirmó su pareja.
— ¡Waaaahhh!
Sin poder contenerse, los rodeó a ambos con sus brazos al igual que había hecho cuatro años atrás, luego de encontrarlos desangrándose después de su última pelea.
—Par de tontos. —musitó, sintiendo que los ojos le escocían. Sintió a Naruto devolverle el abrazo y, aunque Sasuke no podía, no se apartó. —Estoy tan feliz por ustedes dos. Al fin pueden estar juntos y ahora tienen una pequeña familia que cuidar. Me alegro en especial por ti, Sasuke-kun. Mereces ser feliz con Naruto.
El Uchiha le sonrió. Una sonrisa sincera que no estaba segura de haber visto antes.
—Gracias, Sakura.
—Bueno, debo irme. —se apartó bruscamente, pasándose el dorso de la mano por los ojos para limpiar cualquier rastro de lágrimas que pudiera tener. —El día apenas comienza y me necesitan en el hospital. Si necesitan algo, cualquier cosa, no duden en buscarme.
— ¡Lo haremos! —le respondió el Uzumaki.
— ¡Nos vemos! —se despidió, saliendo del departamento con una reluciente sonrisa en el rostro y calor acentuándose en su corazón.
No hacía falta mencionar que volver a ver a Sasuke Uchiha caminando por las calles de Konoha no fue algo que pasara desapercibido. Todos hablaban sobre eso, la noticia se había esparcido como pólvora.
Después de que Sasuke saliera de casa en dirección a la Torre del Hokage, fue recibido cálidamente por Kakashi, quien le expresó que se alegraba de al fin tenerlo de vuelta y que no debía preocuparse por pasearse libremente por la aldea si así se le antojaba.
Claro que Sasuke no era una persona ansiosa por estar en contacto con los demás, pero tampoco podía evitar que la gente supiera de su presencia si tenía la intención de quedarse en Konoha indefinidamente. Especialmente ahora que el Sexto le había dicho que no hacía falta que tomara misiones que le obligaran a estar lejos de su familia por el momento. Sí planeaba retomarlas en el futuro, cuando Ryuu estuviera un poco mayor y no le necesitara pendiente de él 24/7.
No es que quisiera estar apartado de él y de Naruto, pero estar dentro de la aldea le causaba cierta inquietud. Sabía que no era bien recibido. No importaba cuanto su alfa intentara convencerle de lo contrario, no podía controlar la manera en que pensaban los aldeanos. No era algo que le preocupara por sí mismo, sino por su hijo. A él le importaba un soberano cacahuate lo que la gente pensara de él, pero la manera en que lo vieran afectaría la opinión que tendrían de Ryuu.
Era irónico, considerando que a Naruto ahora lo adoraban por ser un héroe, mientras que él siempre sería visto como el hombre que abandonó a su aldea y a su compañero en busca de poder y venganza. Menuda pareja dispareja la que hacían.
Además, su presencia en la aldea siempre era un riesgo para todos los que habitaban ahí. Tarde o temprano aparecería alguien en busca de sus ojos, dispuesto a todo por obtenerlos. La mejor manera de proteger a su familia y a Konoha sería mantenerse alejado, para que sus enemigos no se acercaran a la villa.
Suspiró.
La vida nunca lo trataría tan fácil, ¿eh?
Hizo caso omiso de las miradas, de los murmullos, de los señalamientos. Caminó por las calles sin despegar su mirada del frente del camino, hasta que observó a Naruto de pie frente a un escaparate con Ryuu entre sus brazos y una expresión de profunda concentración adornando sus facciones.
Se dirigió en su dirección y notó que el escaparate en cuestión tenía diferentes peluches de animales. El que Naruto estaba viendo era específicamente un sapito anaranjado con lunares, lo cual a decir verdad no le sorprendió en lo más mínimo.
—Hey. —lo llamó al llegar a su lado. Este dio un respingo al escucharle, puesto que no había notado su presencia.
— ¡Sasuke! —sonrió. — ¿Terminaste de hablar con Kakashi-sensei?
—Sí, me dirigía a casa. —le informó. — ¿Qué haces aquí?
—Ah, pues verás. Ayer mientras hacía las compras pasé justo por esta tienda, ¡y mira! —señaló emocionado el peluche en cuestión que el pelinegro ya había distinguido. — ¿No es adorable? La quiero para Ryuu.
¿Para Ryuu o para ti? Casi suelta, pero decidió no hacerlo. Si Naruto quería el peluche de sapo, él no lo detendría. Ya conocía la obsesión del rubio por esos animales. Incluso su monedero tenía forma de sapo, y lo tenía de toda la vida.
— ¿Vas a comprarlo?
—Eso quería, sí, pero… —y sacó el tan famoso monedero que, aún cerrado, se notaba a leguas que estaba casi vacío. Y, cuando lo abrió, confirmó que, en definitiva, no debía de tener más de unos 300 yenes en monedas. Le vio suspirar derrotado, llamando la atención del bebé que cargaba contra su pecho. Sus grandes ojos negros lo miraron atentos y curiosos, su manito dentro de su boca.
—Vamos, usuratonkachi. Podrás comprártelo otro día.
—Te digo que es para Ryuu.
—Bien, podrás comprárselo otro día.
Juntos continuaron su camino de regreso al apartamento, todas las miradas fijas sobre ellos. La mayoría de sorpresa, pero algunas de desconfianza. Naruto iba hablándole sobre la nueva especialidad de Ichiraku mientras Ryuu balbuceaba cosas sin sentido contra su mano, ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor. Sus ojitos negros curioseaban las calles, cada cosa de color brillante que encontraba. Los movimientos, los sonidos… Todo le llamaba la atención. Incluso esas tres chicas que de repente se acercaron hacia ellos.
— ¡Naruto-senpai!
—Otra vez no. —masculló para sí mismo, pero Sasuke pudo escucharle y arqueó una ceja a modo de pregunta.
—Al fin le encontramos, senpai. —una de las chicas, de cabellos castaños atados en una coleta y ojos del mismo color, le sonrió.
— ¡Y va con Ryuu-chan! —al parecer todos en la aldea ya conocían el nombre de su hijo, porque estaba seguro de jamás haberlo mencionado a la rubia en cuestión quien había recalcado su presencia.
—Venimos a entregarle esto. —la tercera, de cabellera azabache y ojos pálidos, le tendió una bolsa de regalo.
El alfa se removió incómodo donde estaba parado, observando la bolsa con un gesto que a Sasuke le pareció extraño proviniendo de él.
—Lo siento, ya les dije que no puedo aceptar más obsequios…—intentó rechazarlo siendo amable. Eso de solamente ignorar a sus admiradores no encajaba con su personalidad, a como Sasuke solía hacer cuando iban a la academia. Todavía recordaba los llantos de las niñas al ser ignoradas por el Uchiha.
— ¡Es para Ryuu-chan! —la castaña intentó disuadirlo. —Debe sentirse solo sin una mamá, así que pensamos que estos juguetes tal vez le gustarían.
Naruto pudo sentir el momento en el que el aura de Sasuke pasó de estar tranquila y ligeramente aburrida a estar furiosa, aunque su rostro no denotara la más mínima emoción. Sabía que no le había tomado ni medio segundo comprender el significado de las palabras de la chica, ya habría leído entre líneas y comprendido que creían que el alfa criaba a su hijo solo, como padre soltero.
—Escuchen, chicas…
— ¡Naruto-senpai es tan increíble! —le interrumpió la pelinegra. —Teniendo que cuidar a su bebé solo y sonriendo a pesar de todo.
Irónicamente, lo último que estaba haciendo el aludido era sonreír. Es más, parecía más alterado que otra cosa, a punto de entrar en pánico.
—Mira que cosita más linda. —exclamó la rubia, acercándose para hacerle cosquillas a Ryuu en la panza. — ¿Cómo puede ser que tengas una madre tan descorazonada como para abandonarte?
Al bebé pareció no hacerle la más mínima gracia que una desconocida quisiera tocarlo, por lo que sus ojos inmediatamente se llenaron de lágrimas y sus bracitos se estiraron hacia Sasuke.
—Mamamamama. —comenzó a balbucear, su carita comenzando a tornarse colorada.
— ¡Pobrecillo! —la de ojos pálidos se llevó las manos al pecho, teniendo el descaro de demostrar lástima hacia el niño que lloraba por su madre.
—Naruto. —habló Sasuke por primera vez y las tres chicas se quedaron calladas, notando su presencia. Su apariencia no lo demostraba, pero en su interior se encontraba colérico. —Dame a mi hijo.
Sin refutar o contradecir, el rubio tomó al niño y lo sacó del cargador. Este no perdió tiempo en alzar los brazos hacia el pelinegro, quien lo tomó con cuidado y lo acunó contra sí. Ryuu inmediatamente escondió su rostro contra su cuello y se aferró con fuerza a él, buscando ocultarse.
Las tres mujeres frente a ellos se quedaron estáticas en su lugar, completamente paralizadas. Con horror, no les tomó demasiado atar los cabos y comprender la situación.
Sin decir nada más y con su hijo en brazos, Sasuke continuó su camino, ignorando a las tres pasmadas admiradoras del alfa y dirigiéndose a casa.
—Les dije que no era padre soltero y saben que estoy enlazado. ¿Por qué nadie me escucha? —escuchó a Naruto quejarse en voz alta, pero no prestó atención al resto de la conversación. Solo siguió andando, ignorando todo lo que ocurría a su alrededor.
Al llegar a casa se quitó los zapatos y se dirigió directamente a la habitación. Un dolor punzante se había instalado en su cabeza y solo quería recostarse un rato.
Colocó a Ryuu en el centro del colchón, provocando que se removiera inquieto e intentara darse la vuelta, pero justo antes de que pudiera moverse más se acostó junto a él y le atrajo hacia su rostro.
No le extrañaba lo que los aldeanos pensaran de él. Era normal que creyeran que había abandonado a Naruto luego de no haber pisado la aldea durante cuatro años. Y, para sumarle a todo eso, estaba el hecho de que Naruto se había ausentado por dos años y, al volver, regresaba solo y con un niño en brazos. Sí, la conclusión era bastante lógica. Aun así, no pudo evitar que una presión se instalara en su pecho ante la sola idea de abandonar a Ryuu.
Acariciando los cortos mechones oscuros en la cabeza de su hijo, se inclinó para dejar un beso en su frente.
—Ma. —una pequeña mano se estiró hasta tocar su mejilla, donde luego se cerró en un puño, como si quisiera agarrarse de ahí.
—Estoy aquí. —respondió con voz suave, una que solo le dedicaba a su hijo. —Mientras estemos vivos, tu padre y yo siempre estaremos contigo.
Ryuu era muy pequeño para entenderlo aún, pero le observaba con total atención.
—Sasuke. —su compañero entró agitado a la habitación. Claramente había corrido de regreso a casa, probablemente preocupado por lo que acababa de suceder pocos momentos atrás. — ¿Estás bien? —preguntó al verle tumbado en la cama, sabiendo de antemano que el Uchiha no era del tipo de tomar siestas durante el día.
—Sí, solo me duele la cabeza.
—Oh. Lo siento. —se disculpó, intuyendo el origen de su malestar. —Escucha, déjame explicarte…
—No estoy enfadado contigo, Naruto. —le interrumpió antes de que comenzara a pedir disculpas por algo que no era su culpa en lo más mínimo. No tenía motivos para enojarse con Naruto cuando estaba seguro de que él ya había hecho su mayor esfuerzo para esclarecer cualquier malentendido.
— ¿Ah, no? —parpadeó, rodeando el colchón para sentarse del lado vacío.
—Sé lo que piensan sobre mí y no me importa. Lo que no quiero es que Ryuu se vea involucrado.
El alfa lo observó en silencio durante unos segundos, su mano estirándose para acariciar con suavidad los cortos cabellos azabaches de su hijo, quien volteó a verlo con ojos despiertos y alzó su mano para capturar uno de sus dedos.
—Baba.
Sus labios se curvaron hacia arriba sin poder evitarlo.
—Estará bien. Nos tiene a nosotros.
Cerró los ojos cuando unos labios se posaron sobre su boca en un contacto corto y lleno de afecto.
Sí, Naruto tenía razón, ambos se encargarían de proteger a Ryuu juntos. Su preciado hijo merecía crecer en paz y felicidad, teniendo a sus padres con él para apoyarlo en todo lo que necesitara. Naruto y Sasuke se asegurarían de dar al pequeño todo aquello de lo que ellos habían carecido en su infancia. Era lo menos que podrían hacer por él.
El sábado en la mañana, aproximadamente tres días después de que Sasuke regresara a la aldea, el hospital de Konoha recibía la visita de cierto ninja rubio de ojos azules.
Necesitaba con urgencia poder hablar con Sakura y, ya que ella trabajaba todo el día, había decidido buscarla personalmente en el hospital para que ella no tuviera que sacrificar su valioso tiempo solo por él.
La beta pelirrosa le recibió amistosamente, diciendo que siempre que no estuviera en cirugía o con alguna emergencia, tendría tiempo para él. Sin embargo, los motivos de Naruto para querer hablar con ella sí fueron algo inesperados.
Pocas veces —por no decir nunca— llegaba un alfa en busca de algún método anticonceptivo para implementar en su propio cuerpo. Normalmente, cuando una pareja no quería embarazos no planeados, quien gestaba era quien solía buscar métodos que pudiera aplicar por sí mismo para no quedar en cinta.
—No quiero que Sasuke tenga que ser el único responsable de esto, ¿por qué tiene que ser él quien tome drogas o quien tenga que operarse para evitar un embarazo? —fue lo que Naruto le había ofrecido como explicación.
Era, honestamente, una de las cosas más nobles que Sakura había presenciado hacer a un alfa por el bien de su pareja.
—Tienes razón. —estuvo de acuerdo con él. —Normalmente la responsabilidad de la reproducción recae en los omegas o las betas, ya que son quienes pueden quedar en cinta, pero la realidad es que es un trabajo de dos.
— ¡Exacto! —exclamó con voz energética. —Entonces, ¿hay alguna manera de evitar que Sasuke vuelva a quedarse embarazado sin tener que recurrir a la abstinencia?
—Bueno, la abstinencia definitivamente evitaría otro embarazo. —la pelirrosa le sonrió maliciosamente, riendo con suavidad al ver cómo el rostro de su amigo se desfiguraba graciosamente.
—Sakura-chaaaaan.
—Ya, ya, era un chiste.
Naruto hizo un puchero y se cruzó de brazos. No le había hecho gracia el dichoso chiste. Vamos, ¡que no poder tener sexo con su compañero sería una absoluta tortura!
—También están los condones, pero no son fiables al cien por ciento. —le recordó la ninja médico.
—Y es por eso por lo que Sasuke no quiere utilizarlos. —comentó el rubio. —Además de que podrían romperse o venir fallados o no sé.
Sí, los condones eran probablemente los preservativos más populares con respecto a su uso. Sin embargo, toparse con un condón caducado o que este se rompiera sin querer durante el acto eran cosas que podían pasar. Además, no siempre eran recomendados para alfas, puesto que el nudo que estos formaban en la base de su miembro podía llegar a romper con bastante facilidad ciertos tipos de condones.
Sakura suspiró y se llevó una mano a la barbilla, pensativa.
—Creo que sí hay una alternativa que podría funcionarles.
Naruto la miró expectante.
—Tal vez podrías hacerte la vasectomía.
— ¿La vasecto-qué?
—Vasectomía. —dijo rodando los ojos. —Es una cirugía que pueden hacerse los alfas y hombres beta para no dejar embarazadas a sus parejas, aunque quienes se la realizan son muy pocos. Es una intervención sencilla y es reversible, por lo que si luego deciden que quieren tener más hijos, no será un problema. La recuperación es bastante rápida. En tu caso, puede que no tengas que esperar ni un día entero para estar completamente recuperado.
Para nadie era secreto que la rápida regeneración que Kurama le brindaba a Naruto era bastante conveniente. Una herida que, para cualquier otra persona, tardaría semanas en sanar, al rubio se le curaban en algunas horas.
Sakura prosiguió a explicarle en qué consistía el proceso, que era básicamente cortar el canal por donde tenían que pasar los espermatozoides para salir de los testículos y ser expulsados del cuerpo al eyacular.
A muchos no les gustaba realizar ese tipo de cirugía porque creían que, si no eran capaces de fecundar a su pareja, perdían valor como "hombres" o como "alfas". Este era uno de los motivos por los cuales no era un método muy popular que digamos. El otro era la desconfianza y falta de información. Había quienes creían que podría ser peligroso realizarse la operación y que se volverían estériles de por vida.
En fin.
Al contrario de cómo hubiera reaccionado cualquier otra persona, a Naruto se le iluminó el rostro al encontrar la solución a sus problemas en dicho procedimiento. Era justo lo que estaba buscando y ni siquiera se detuvo a pensarlo dos veces antes de tomar la decisión.
Sakura le sonrió al ver su entusiasmo, conmovida por la manera en que Naruto valoraba a Sasuke. No es que fuera novedad, pero su amigo nunca dejaba de sorprenderla gratamente.
Agendó la cirugía para el lunes, dos días después, y despidió a Naruto recordándole que debía estar a tiempo para su cita. Este solo le agradeció y se despidió con una sonrisa en el rostro, agitando su mano a la distancia.
— ¿Que te hiciste qué?
—Me hice la vasectomía. —sonrió orgulloso.
El Uchiha no sabía qué le sorprendía más, que Naruto se hubiera operado ahí sin haber dicho nada, o el hecho de que conociera dicho procedimiento y tuviera una palabra tan complicada en su vocabulario.
— ¿Cuándo fue esto?
—Hace un par de horas, pero para el final del día estaré como nuevo.
— ¿Y no se te ocurrió decirme porque…?
—Bueno, tomé la decisión en un impulso. —rio nerviosamente y se rascó la cabeza en un gesto distraído. — ¡Pero es la solución perfecta! Así no tendrás que hacer nada que vaya a afectar tu cuerpo y no habrá manera en que tengamos otro bebé sin planearlo.
Sasuke se le quedó mirando, su barbilla apoyada en su mano y su codo en la mesa del comedor, pensando en qué Naruto veía en él que siempre estaba tan decidido a sacrificarse por su bienestar. No es que creyera que la vasectomía fuera realmente un sacrificio en sí, pero el que su alfa lo hubiera hecho sin dudarlo para que él mismo no tuviera que intervenirse…
No merecía a alguien como Naruto en su vida.
—Eso sí, Sakura-chan dijo que tendremos que usar protección por al menos tres meses más. Pero después de eso no hará falta. —el rubio seguía hablando, ajeno a los pensamientos de su pareja.
—Eres un estúpido.
El ojiazul se calló instantáneamente ante el insulto. Estuvo a punto de replicar cuando su compañero se levantó, caminó hacia él, le tomó del cuello y juntó sus labios con desesperación. Sus ojos se cerraron y sus manos buscaron su cintura por reflejo, correspondiendo al beso. Vagamente se le vino el pensamiento de al menos hacerse el ofendido al haber sido llamado estúpido, pero sabía que esa era solo la manera que Sasuke tenía de reaccionar al sentirse abrumado.
Además, disfrutar de sus besos era definitivamente más placentero que discutir.
—Hey, Sasuke. —un susurro lo llamó, labios rozándole la clavícula mientras él se dedicaba a deslizar sus dedos entre sedosas hebras doradas. —Gracias.
— ¿Por qué? —preguntó con voz somnolienta, el sueño comenzando a ganarle.
El rostro que se escondía contra su cuello se apartó y brillantes ojos cielo lo observaron llenos de calidez.
—Por estar aquí. —pronunció con suavidad, subiendo un poco para que sus caras estuvieran a la misma altura. —Por nuestro hijo… Por dejarme ser el hogar al que puedes regresar.
—Yo debería agradecerte. —sus palabras consiguieron que su alfa le mirara con confusión destellando en sus ojos. —Por nunca rendirte conmigo y no dejar de creer en mí. —al fin y al cabo, fue la fe ciega y absoluta que Naruto había depositado en él lo que consiguió que tuviera una segunda oportunidad para vivir su vida, tal y como debió haber sido desde el inicio.
Naruto confió en que su verdadero yo seguía ahí en alguna parte, sin importar qué tanto se hubiera sumergido en la oscuridad. Su terquedad y su fuerza de voluntad le hicieron reaccionar, después de recibir una buena golpiza. Agradecía infinitamente tener al alfa con él. Le debía su libertad, su felicidad, su vida. Todo lo que era ahora se lo debía a él. Tal vez, conforme pasara el tiempo, pudiera retribuir aunque fuera una parte de lo que Naruto había hecho por él.
El rubio dejó escapar una risa suave y se acercó lo suficiente para que sus narices se rozaran, su mano rozando delicadamente el muñón donde debería estar su brazo izquierdo.
—Me prometí a mí mismo nunca dejarte ir. Jamás rompo una promesa.
—Lo sé. —una sincera sonrisa apareció en sus labios. —Cabezadura.
—Te amo.
El agradable cosquilleo que le recorrió al escuchar esas palabras provocó que su corazón diera un vuelco, como cada vez que el rubio expresaba sus sentimientos en voz alta.
—Ya duérmete, usuratonkachi.
Besó sus labios fugazmente antes de que el alfa volviera a acomodarse contra su pecho, rodeándole tanto con los brazos como con las piernas, como si fuera un koala.
—Buenas noches, Sasuke.
—Hm…
Cerró los ojos y respiró su aroma. Un campo acariciado por el sol de la mañana con naranjas, limones y mandarinas frescas, tierra húmeda y madera recién cortada. Ese mismo olor que, al conocerle, le dijo que ese niño de grandes ojos color zafiro y rebelde cabello rubio era su compañero destinado. La misma fragancia que le había acompañado por años hasta que se marchó dispuesto a dejar todo atrás, cortar todo lazo. El aroma que le consoló después de aquella última batalla, donde estuvo dispuesto a recibir a la muerte sin rechistar. El mismo que le encontró luego de dos años después de iniciar su viaje de redención, que le envolvió durante su celo y le protegió durante su embarazo.
Esa misma esencia que le rodeaba ahora, acunándolo para darle la bienvenida al sueño. Ese aroma que adoraba tanto y que le haría compañía hoy y el resto de su vida… El aroma de su alfa.
Se dejó arrastrar al mundo de los sueños una vez más. Sabía que Naruto estaría con él cuando despertara, y no había en el universo que añorara más que despertar con él cada día por el resto de su vida.
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N/A:
Y este fue el epílogo, señoras y señores. Iba a ser de cinco mil palabras y me salió el doble XD En fin, espero que el fic haya sido de su agrado, porque a mí me gustó mucho escribirlo :D
También les recuerdo que esta historia tiene un fic de acompañamiento que está compuesto por one-shots ubicados en este mismo universo. No ha habido actualización en un rato porque estoy escribiendo como 5 one-shots al mismo tiempo XD Entonces no he terminado ninguno xD
También recuerden que, si hay alguna escena en particular que les gustaría leer que corresponda a la historia, pueden dejarlo en un comentario y puede que escriba un one-shot sobre eso.
Como comentario extra, quise mencionar la vasectomía porque sinceramente nunca he leído un fic que la mencione en ninguno de los fandoms en los que he participado. No sé por qué XD Pero le quise hacer propaganda porque es un método efectivo, con bajos riesgos y que creo que todos los hombres que ya decidieron que no quieren hijos se deberían hacer para no salir con el cuento de que andan teniendo hijos no planeados a los 60 :V Es un favor para ellos mismos y sus parejas xd
Para finalizar, quiero decir que me inspiré en dos fics que me encantaron para escribir esta historia:
Storm, de FranBunny.
The Journey, de Haelstrom.
Si entienden inglés, les recomiendo leerlas al 100%. Pueden encontrarlas en el sitio de Archive of Our Own (Ao3).
