IX


"Padre. Herrero. Guerrero. Madre. Doncella. Anciana. Desconocido. Soy suya, y él es mío, desde este día, hasta el fin de mis días," Roslin respiró profundamente mientras se miraba en el espejo, recitando por enésima vez los votos que haría ante los Dioses. Su estómago se agitaba mientras alisaba con las manos las sedas marfil en las que había sido envuelta. Miró hacia la ventana y vio lo alto que se encontraba el sol en el cielo. Pronto. Sucedería muy pronto. Podría ser que el Rey ya se encontrara en el Septo en estos momentos. Respiró profundamente y volteó nuevamente hacia el espejo. El frente de su cabello había sido cepillado y trenzado para que los ligeros rizos de su cabello cayeran sobre sus hombros y hasta la cintura. Sus ayudantes en Aguasdulces habían pasado una eternidad cepillando y trenzando su cabello, y ahora parecía casi relucir bajo la brillante luz del sol que entraba por la ventana.

Roslin observó su rostro, esperando lucir serena y feliz, como toda novia debería verse. Al menos eso era lo que decían las historias. En la vida real solo había visto aprensión y miedo puro en los rostros de todas las novias que había visto casarse. No estaba segura de sentir miedo con exactitud, pero definitivamente sentía aprensión. Su charla con el Rey la noche anterior había calmado sus preocupaciones ligeramente, y estaba más inclinada a creer que nunca la maltrataría, como le había dicho la madre del Rey. De hecho, debajo de su hosco e imponente exterior parecía ser un hombre gentil. Roslin imaginó que esa gentileza y amabilidad estaba reservada para su familia, y esperaba que ella estuviera incluida en ella ahora. Dejó salir un pesado suspiro. Se estaba adelantando demasiado. Una conversación no era suficiente para conocerlo completamente, se engañaba a sí misma al pensar que así era.

Entonces alguien tocó a la puerta y Roslin tragó con fuerza, sabiendo que el momento había llegado. "Adelante." Indicó ella, asombrada de que su voz sonara tranquila y sin temblor alguno. La puerta se abrió tras su indicación y Olyvar entró con una sonrisa que iluminaba todo su rostro, haciéndola sentir un poco más tranquila. "¿Estás lista?" le preguntó su hermano, y ella le sonrió ligeramente antes de volverse a mirar en el espejo por un momento. Se veía lista. Se sentía casi lista. Supuso que eso tendría que ser suficiente, no haría ningún bien hacer esperar al Rey. "¿Está esperando por mí?" le preguntó.

"¿Necesitas un momento?" Preguntó Olyvar, deliberadamente. "No le importará esperar por ti, Lady Stark le decía cuando partí que las novias usualmente llegan tarde. Al parecer es una especie de tradición." Roslin sonrió una vez más ante las palabras de su hermano, notando que sus nervios desaparecían y, finalmente, se alejó del espejo y caminó hacia la mesa de la esquina, donde su manto de doncella se encontraba cuidadosamente doblado. El manto estaba hecho de seda gris plateado y tenía el borde de encaje azul. En el borde inferior estaban bordadas las dos torres de los Gemelos de esquina a esquina. Era un manto hermoso, un regalo de despedida de su padre que definitivamente no esperaba. Recuerda de dónde vienes.

Como si pudiera olvidarlo. Se colocó el manto sobre los hombros y comenzó a atarlo alrededor de su cuello; ahora le temblaban las manos, lo que hacía la tarea casi imposible. "Déjame ayudarte." Dijo Olyvar con gentileza, acercándose a tomar las cintas de sus manos y atándolas con cuidado antes de colocar sus manos sobre los hombros de su hermana. "Sé que estás nerviosa," le dijo, mirándola a los ojos, "pero él es un buen hombre, Roslin, y sé que será bueno contigo… pienso que no estaría tan tranquilo al entregarte a él si no fuese así."

"Gracias." Respondió ella con calma y él sonrió, abrazándola con fuerza por un momento. Cuando se separaron, ella le sonrió, aunque no tan auténticamente como hubiese querido. Olyvar le dio un apretón en un hombro para inspirarle confianza y ella respiró profundamente. "¿Lista?" Le preguntó de nuevo y esta vez, ella asintió con determinación. No sabía con certeza si estaba lista, pero ya no había vuelta atrás.


Robb tragó con fuerza cuando escuchó abrirse las puertas del Septo. En el silencio pudo escuchar un par de susurros, y encima de todo, el sonido de pasos sobre el suelo de piedra. Se acercaban cada vez más. Ella se acercaba cada vez más. El momento en que se unirían para siempre se acercaba. Tragó con fuerza mientras giraba ligeramente la cabeza, encontrando a Roslin a solo unos pies de distancia, caminando del brazo de su hermano. Ella lo miró a los ojos y consiguió sonreírle ligeramente, pero él pudo sentir lo nerviosa que estaba, él se sentía del mismo modo. De algún modo logró extender una mano cuando ella llegó a su lado, y ella pareció dudar un poco antes de aceptar y tomar su mano. No pasó desapercibido para Robb el hecho de que ese era el primer contacto físico que tenían, y sintió ganas de reír ante lo absurdo de la situación.

"¿Colocará el manto sobre esta mujer y la colocará bajo su protección?" Preguntó el Septón, y Robb volteó a mirar a Roslin, apretando ligeramente su mano antes de soltarla para poder desatar su manto de doncella. No pudo evitar notar que su respiración se aceleraba, sintiendo la calidez en sus dedos mientras desataba las cintas de seda. Deslizó fácilmente el manto de sus hombros y lo dobló sobre un brazo antes de entregárselo a Olyvar. No habían tenido tiempo de hacer un manto apropiado de Invernalia, pero la costurera había logrado hacer un manto de seda gris con borde de pelaje blanco. Lo tomó de brazos de su madre, quien le dio una sonrisa de aliento, antes de colocarlo sobre los hombros de Roslin. Ató las cintas firmemente antes de retroceder un par de pasos y tomar su mano una vez más.

El Septón se acercó a ellos y comenzó a envolver sus manos unidas con un listón, y Robb pudo sentir un temblor en la mano de Roslin. Al menos creyó que era la de ella la que temblaba. Puso un poco más de presión sobre su mano, sintiendo la calidez y suavidad de su piel bajo su propia mano áspera. "Mírense a los ojos y digan las palabras." Instruyó el Septón. Robb imaginó que Roslin había tragado con tanta fuerza como él antes de que ambos abrieran la boca para recitar sus votos. Le sorprendió a Robb lo sencillos que eran. Lo sencillo que era entregarle su vida a otra persona. De algún modo, sostuvo la mirada de Roslin mientras recitaban sus votos, y ella hizo lo mismo. A pesar de todos sus innegables miedos e incertidumbre, había algo unificador e intenso en ese momento.

Sin embargo, ese momento terminó pronto cuando el Septón se acercó a ellos para desatar el listón que unía sus manos. Robb sabía lo que venía a continuación. Lo que todos esperaban que sucediera. No podía ignorarlo, si no se mostraba al menos un poco interesado en su nueva esposa, la gente hablaría. Vacilante se acercó a ella, apenas ahora notando lo pequeña que era. La parte superior de su cabeza apenas llegaba a su pecho, y seguramente era la mitad de su ancho también. Era delicada, frágil. Casi rompible. Alejó esa idea de su mente cuando ella levantó la cabeza, Robb instintivamente inclinó la suya en respuesta. Al encontrarse a centímetros de sus labios pudo sentir su aliento, y él contuvo el propio, presionando sus labios ligeramente sobre los de ella por un momento antes de alejarse de ella y forzar una sonrisa. El Septo estalló en aplausos y vítores. Robb miró a Roslin, pensando que probablemente ambos eran las personas más infelices en la habitación.


El banquete era suntuoso, pero Roslin apenas pudo comer más de un par de bocados de cada plato que fue colocado frente a ella. A su lado, el Rey apenas tocó su propia comida, prefiriendo en su lugar verter copa tras copa de vino por su garganta. Roslin intentó no dejarse molestar por eso, forzando a su mente alejar la idea de lo que vendría ahora que el último plato había sido retirado. Los músicos se habían levantado y varias personas se habían levantado a bailar. Parecían estar pasándolo bien. De hecho, todo el mundo excepto el Rey y ella parecían estar pasándolo bien. Roslin se permitió mirar por la ventana y vio que el cielo ya estaba casi negro. De algún modo logró evitar que un escalofrío recorriera su cuerpo antes de decidir seguir el ejemplo del Rey y beber un poco más de vino.

Cuando colocó su copa vacía, se sorprendió al sentir la mano del Rey tomarla por el antebrazo, volteó a verlo repentinamente. "Creo que es momento de retirarnos." Le dijo Robb y ella tragó con fuerza, esperando que su expresión no reflejara el repentino temor y horror que se había apoderado de su cuerpo.

"¿Quién llamará por la…?" comenzó ella, pero él negó con la cabeza, apretando ligeramente la mano que la sostenía por el antebrazo. "No habrá ceremonia." Le informó. "Tú eres mi reina… no serás humillada de ese modo."

"Gracias." Susurró ella, y él sonrió ligeramente ante sus palabras, antes de soltar el agarre casi demasiado apretado que tenía sobre su brazo. "Si necesitas un momento, puedes adelantarte." Le indicó Robb, y ella asintió ligeramente antes de mirar brevemente a todas las personas congregadas para celebrar su matrimonio. "No sé dónde se encuentran sus aposentos, Majestad." Le dijo después de un largo momento de mirar a los invitados que bailaban.

"Ve a tus propios aposentos," le dijo tranquilamente y ella volteó a mirarlo, consciente de que un dejo de confusión se hacía presente en su entrecejo. Él pareció sonreírle ligeramente cuando notó su expresión. "Pensé que sería más cómodo para ti," le explicó, "quedarte en una habitación que es más familiar para ti."

"Eso es muy considerado de su parte, Alteza." Dijo ella con auténtica gratitud. Era una pequeña consideración, pero el hecho de que él lo hubiera pensado todo le dio la habilidad de sonreírle apropiadamente antes de empujar su silla para atrás ligeramente. "Creo que me retiraré ahora," le informó, mirándolo ligeramente a los ojos mientras él asentía a sus palabras. "Me reuniré contigo en un momento, mi reina," respondió él, y ella asintió levemente antes de levantarse de su silla y tomar la falda de su vestido, alejándose tan rápido como podía de la mesa principal. Caminó por el borde del salón, no quería pasar por en medio de la gente que bailaba y que la vieran retirarse. Harían un escándalo de su salida, inclinándose y haciendo reverencias y murmurando formalidades innecesarias. Supuso que debería acostumbrarse a tales cosas ahora que era la reina.

Era algo que aún no podía creer. Ser esposa es una cosa, pero ¿reina? Sacudió la cabeza para aclarar su mente, pensó que había temas más importantes por los que preocuparse mientras subía las escaleras. La idea del encamamiento la aterraba. Sabía lo que sucedería. Sabía que su esposo, un hombre a quien había conocido hacía solo tres días, la vería desnuda y vulnerable. Aún más, invadiría su cuerpo del modo más íntimo que podía imaginar. Su mano temblaba cuando abrió la puerta de su habitación, y una vez adentro, hizo puños las dos manos para forzarlas a dejar de temblar. Era su deber. Tenía que hacerlo. No había otra opción en el asunto. Le pertenecía a él ahora, y era suya para hacer con ella lo que quisiera.

De algún modo logró calmar sus manos y desatar las cintas de su manto de casada, deslizándolo por sus hombros y colgándolo sobre el respaldo de una silla. Evitando el espejo de cuerpo entero y el que estaba sobre su tocador, comenzó a desabrochar los pequeños ganchillos de su corsé y desatando las cintas para poderse quitar el vestido. Cuando estuvo lo suficientemente suelto, lo dejó caer al suelo, saliendo de él y quitándose los zapatos en el proceso, antes de agacharse a recoger su vestido. Lo colocó doblado sobre la misma silla que su manto, colocando ambas manos sobre él y tomando varias respiraciones largas y medidas. No supo cuánto tiempo se quedó así, solo giró cuando escuchó girar la perilla de la puerta, su estómago revolviéndose ligeramente.


Roslin volteó a verlo cuando entró en sus aposentos, y él se permitió mirarla por un momento, apreciando la imagen de ella, de pie frente a él, vistiendo solo un delgado camisón. Robb tragó con fuerza, intentando sonreírle antes de comenzar a desatar su jubón, se deshizo de él y lo colocó sobre el sofá, antes de sentarse en él para quitarse las botas. Ella no se movió mientras él se desvestía, y el silencio de la habitación era aplastante. Una mirada le dijo que ella estaba nerviosa y se prometió, mientras hacía sus botas a un lado, que haría todo lo necesario para relajarla y que esto fuera al menos tolerable para ella. Era lo menos que podía hacer considerando la situación. Se levantó del sofá y caminó lentamente hacia ella, la aprensión en su mirada

convirtiéndose en miedo mientras se acercaba a ella.

Tentativamente acercó una mano para tomar un mechón rebelde de cabello y rizar su suave cabello con su dedo antes de colocarlo tras su oreja. Roslin lució vagamente sorprendida ante el gesto, y él sonrió ligeramente. "No necesitas temerme," le indicó, "no voy a forzarte a hacer nada hasta que estés lista." Roslin pareció tranquilizarse ante sus palabras y él colocó sus manos sobre los brazos de ella, frotándolos ligeramente, sintiendo la piel erizarse bajo sus manos. "¿Tienes frío?" susurró él, y ella asintió casi con timidez. "Ve cama," le indicó suavemente, ella tomó un respiro profundo y tembloroso antes de mover las manos hacia los tirantes de su camisón. Robb le tomó las manos para detenerla, y ella frunció ligeramente el ceño ante sus acciones. "Puedes dejártelo puesto si te hace sentir más cómoda." Él le dijo y ella asintió con la cabeza.

Robb le soltó las manos entonces y ella se alejó de él ligeramente, mirándolo aprensiva por un momento antes de seguir su consejo y dirigirse hacia la cama. Él la miró quitar las cobijas y pieles, sus manos comenzando a aflojar su túnica mientras ella se metió a la cama. Después de quitarse la túnica, caminó hacia el otro lado de la cama y se acostó a su lado. La tensión entre ellos era enorme, pero Robb sabía que tenía que tomar la iniciativa en este asunto, le gustara o no. Roslin era solo una joven inocente y él era quien necesitaba guiarla, tranquilizarla y prepararla para esto. Para él. Robb se acercó un poco más y la sintió tensarse, pero no se alejó de él cuando le colocó una mano sobre la cintura.

"Intenta relajarte," le insistió, acariciando su cadera ligeramente con el pulgar, al tiempo que acomodaba su cuerpo y se colocaba a solo centímetros de ella. Cauteloso se inclinó y la besó en la frente, escuchándola suspirar mientras lo hacía. "Dime qué puedo hacer," le dijo con suavidad, alejándose para mirarla a los ojos. "Sólo hazlo," susurró ella, y él suspiró con pesadez antes de asentir con la cabeza y acomodarse de nuevo hasta estar sobre ella. Colocó una mano sobre su cadera y lentamente comenzó a arrugar la seda de su camisón hasta que sus muslos desnudos estuvieron expuestos frente a él. Robb la miró a los ojos entonces y ella asintió ligeramente, separando sus piernas al mínimo toque de él, lo que Robb aprovechó para colocarse entre ellas. Lenta y cuidadosamente, Robb se dejó caer sobre ella, temeroso de aplastar su diminuta figura con su peso, Roslin a su vez lo tomó tentativa por los hombros. Él asintió, como dándole permiso de tocarlo, una mano buscando su muslo y la otra sosteniendo su peso sobre Roslin.

El cuerpo de ella estaba tenso, pero él comenzó a tocarle un muslo cada vez más arriba, dudando ligeramente antes de tocarla entre las piernas. Ella pareció tensarse aún más, pero él sabía que al menos debía intentar que ella se relajara para que pudiera estar lista para recibirlo. Permitió a sus dedos que la tocaran suavemente, buscando con el pulgar ese pequeño montón de nervios especial y presionándolo ligeramente antes de hacer círculos lentamente sobre el punto más sensible de su cuerpo. Roslin se retorció ligeramente debajo suyo, sus uñas dejando pequeñas lunas sobre sus hombros, y él sabía que ella comenzaba a relajarse a pesar del miedo. Un ligero gemido salió de sus labios mientras él continuaba tocándola, y poco a poco comenzó a sentir el comienzo de su excitación en los dedos, su calidez encendiendo su propio deseo. Dejó que sus dedos presionaran con más firmeza y ella reaccionó de nuevo mientras él la miraba a los ojos. Su sorpresa era evidente, pero había algo más en su mirada. Algo muy parecido al deseo.

Continuó acariciándola al ver la expresión de sus ojos, y su siguiente suspiro fue acompañado por un ligero sonido de lo que él esperaba fuera placer. Animado por verla arquear ligeramente la espalda, se permitió deslizar un dedo dentro de ella, sintiéndola tensar sus músculos al hacerlo. "Está bien," murmuró él, presionando nuevamente su centro de placer mientras lentamente movía su dedo dentro de ella. Lentamente ella se relajó de nuevo, y él continuó acariciándola hasta que logró que ella soltara un ligero murmuro de placer. Su respiración era más entrecortada ahora, y la evidencia de su deseo le empapaba la mano. Ahora era el momento, ahora que estaba relajada y lista para recibirlo. Se alejó de ella un momento para desvestirse completamente. Volvió a tocarla entre las piernas y continuó masajeándola con el pulgar mientras se acomodaba para entrar el ella. "Levanta las rodillas," le indicó suavemente y ella obedeció luego de un momento.

Él se acomodó y guio su miembro hacia ella, empujando ligeramente hasta entrar completamente en ella. Roslin soltó un agudo gemido y un quejido de dolor. Dioses, se sentía tan bien estar dentro de ella, y Robb se sintió avergonzado por siquiera pensar en eso cuando ella claramente estaba incómoda. Movió ligeramente la cadera y otro pequeño gemido de dolor salió de sus labios. Roslin deslizó una mano por el brazo de Robb, buscando la mano que él tenía sujetándola por la cadera. Él tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de ella, colocando sus manos unidas sobre la cama junto a la cabeza de Roslin. Ella enterró sus uñas en el dorso de la mano de Robb, mientras él continuaba moviéndose lentamente dentro y fuera de ella. Impulsivamente la besó en el dorso de la mano que tenía unida a la de él. "Lo lamento," susurró contra su piel, "lo siento mucho..."

Ella simplemente le apretó la mano como respuesta y él continuó con su ritmo lento, besándola en el dorso de la mano de vez en cuando. La otra mano de Roslin seguía sujetando firmemente el hombro de Robb, pero sus uñas habían dejado de enterrarse en su piel, y él esperaba que eso fuera algo positivo. Esperaba que su dolor ya hubiera terminado. Movió los labios del dorso de su mano y enterró su cabeza en la curva entre el cuello y el hombro de Roslin; gimiendo contra su suave piel al sentir su agitando aliento contra su oreja. Dioses, se sentía tan bien, demasiado bien. Alejó de él la culpa por causarle dolor a Roslin y la culpa por Jeyne y se concentró en el suave aliento en su oreja y la calidez que lo rodeaba, soltando otro gemido involuntario que fue ahogado por la piel del cuello de su ahora esposa. Su ritmo comenzaba a acelerar a pesar de su mejor juicio y Roslin soltó un agudo grito. No sabía si era de dolor o de placer. Tal vez de una mezcla de ambos. De cualquier modo, Robb se resistía a mirarla, temeroso de la expresión que encontraría en su rostro.

Robb sentía que el final se acercaba, ella se sentía tan bien y él se avergonzaba por lo rápido que terminaría todo, sabiendo que no la haría sentir el máximo placer. Su mano apretó con fuerza la de Roslin mientras daba un último gemido de placer y derramaba su semilla dentro de ella, colapsando sobre ella poco tiempo después, respirando agitadamente contra su cuello. El aliento de Roslin fue agudo contra su oreja y se dio cuenta de que su peso probablemente estaba aplastando su diminuta forma. "Lo siento," susurró una vez más, soltándole la mano y empujando su peso con ambas manos para levantarse de encima de ella. Su miembro salió de ella y él notó la ligera mueca de dolor que cruzó su rostro, haciéndolo sentir culpable una vez más. Esta no era la primera vez que ella se merecía. "¿Estás bien?" le preguntó y ella asintió lentamente, tomando el dobladillo de su camisón y bajándolo para cubrirse de nuevo.

Cuando lo acomodó bien, él logró ver las pocas diminutas manchas de sangre escarlata que cubrían la delgada seda y tragó con fuerza antes de mirarla a los ojos. No podía ver rastro alguno de lágrimas en su rostro, pero sabía que le había causado dolor, probablemente más de lo que él esperaba. Al final había perdido totalmente el control, olvidándose de ir lento y ser cuidadoso con ella. Ahora se arrepentía, pero era demasiado cobarde para abrir la boca y explicárselo. Si comenzaba a confesarle sus sentimientos más profundos ahora, probablemente jamás se detendría y al terminar ella seguramente lo odiaría. En vez de eso, le sonrió ligeramente, y ella parpadeó sorprendida antes de devolverle el gesto con timidez,

Le tomó a Robb otro momento darse cuenta de que seguía encima de ella, su cuerpo a solo un par de pulgadas del de ella. Seguramente así no la ayudaba a relajarse, así que se dispuso a alejarse de ella, girándose hacia un lado. Estaba a punto de acostarse sobre su espalda cuando una mano de Roslin lo tomó del antebrazo del brazo con el que él aún la sujetaba por la cintura. Ante esa ligera acción, él se quedó junto a ella, apenas separados por unos centímetros mientras ella comenzaba a acariciarle los músculos del antebrazo suavemente. Él se permitió relajarse, recostando su cabeza sobre la almohada y mirando como el rostro de Roslin comenzaba a relajarse también. De algún modo, sus caricias lo relajaban tanto como a ella, así que no hizo movimiento alguno para alejarse de su toque. Si ella lo quería ahí, entonces ahí se quedaría si le brindaba un poco de consuelo. Los Dioses sabían que era lo menos que podía ofrecerle, después de todo.


A/N:

Hola chicos, ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que subí capítulo nuevo, y por eso me disculpo.

La verdad es que con este año tan loco, mi horario se arruinó y surgieron mil cosas que resolver. Pero ya he vuelto y espero subir capítulos más seguido.

Llegó la boda y la noche de bodas! Por favor díganme qué les pareció la traducción y cuéntenme sus ideas y teorías, ¿cómo creen que será la relación entre Roslin y Robb?

Por ahora esto es todo de mi parte, nos leemos pronto. Los quiero mucho 3

Bren