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Él rompió el beso, sus respiraciones agitadas contra los labios del otro mientras él acariciaba suavemente su muslo desnudo. "¿Estás segura?" Susurró contra sus labios. "Si quieres que me detenga-," no pudo decir otra palabra, ella dejó que sus dedos se deslizaran por el cabello en la base de su cuello y lo atrajo hacia ella para besarlo una vez más. Era tan fácil perderse en su suave beso, presionando su cuerpo aún más firmemente entre sus piernas y alentando sus muslos para que descansaran más alto sobre su cintura. Cuando ella levantó ligeramente las piernas, él pudo sentir lo cálida y húmeda que estaba para él, sabía que eso significaba que lo deseaba. Y le agradecía a los Dioses, porque él también la deseaba. Justo ahora, en este momento, no deseaba nada más en el mundo que volverse uno con ella. Entregarle su honor, lo único que le quedaba sobre lo que sentía tener control alguno. "¿Esto es lo que quieres?" se alejó ligeramente para mirarla a los ojos y pudo ver el deseo brillando en sus oscuras pupilas. "Te quiero a ti," susurró ella, "no te detengas, Robb…"
Robb se despertó sobresaltado, con el rostro enterrado en suaves almohadas de olor agradable. Su brazo descansaba sobre algo cálido. Murmuró algo ininteligible antes de levantar la cabeza de la almohada, su corazón contrayéndose dolorosamente al darse cuenta de quién compartía su cama. De algún modo, logró suprimir un quejido antes de gentilmente retirar el brazo de su cintura. Roslin se movió ligeramente entre sueños, pero afortunadamente no se despertó. Robb no creía tener la fuerza para mirarla a los ojos aún. Lo correcto y caballeroso sería volver a acostarse a su lado y esperar a que despertara. Entonces podría asegurarse de que estaba bien y, al menos, lucir como un esposo que se preocupaba por ella. Pero no lo hizo. En su lugar, se alejó de ella, saliendo de las cobijas y estirándose antes de dirigirse silenciosamente hacia el baño contiguo para poder limpiarse.
Intentó no pensar en la noche anterior mientras se mojaba la cara con agua fría. Intentó no pensar en la mujer que dormía en su cama. Su esposa. De algún modo logro contener un escalofrío, intentando olvidar el hecho de que se había dejado llevar por un momento la noche anterior. Se había perdido en la calidez de su esposa y se había sentido muy bien. Muy, muy bien. Sin embargo, bajo la fría luz del día se sentía como un bastardo. Ni siquiera la había besado. ¿Cómo podía justificar compartir una cama con ella si ni siquiera podía intentar presionar sus labios contra los de ella? ¿Cómo podía utilizarla sólo por lo que tenía entre las piernas? Estaba mal. Estaba muy, muy mal. Se alejó del lavabo y frotó una toalla firmemente contra su cara para secarse antes de volver a entrar en la habitación.
Roslin seguía dormida. Lucía tan pacífica y en calma que intentó conseguir algo de consuelo de eso. Sabía que la había lastimado la noche anterior, sabía que podría haber sido más gentil con ella, pero ella había buscado su consuelo después, así que seguramente no podía odiarlo demasiado. Reprimió un bufido de incredulidad. Si ella no lo odiaba ahora, seguramente lo haría pronto cuando se diera cuenta de que se había casado con un hombre que probablemente sería incapaz de mirarla a los ojos de nuevo, mucho menos amarla. Ella se movió de nuevo y él se apresuró a vestirse, colocándose la túnica sobre la cabeza antes de colocarse las botas. Tomó su jubón del sofá donde lo había dejado la noche anterior, y salió de la habitación rápidamente antes de que ella despertara.
Roslin despertó, frotando su rostro para deshacerse del sueño y arqueando la espalda para despertar su cuerpo también. Abrió lentamente lo ojos y giró la cabeza hacia un lado, dándose cuenta de que se encontraba sola en la cama. Por un momento se preguntó si había soñado la incómoda humillación de la noche anterior, pero entonces sintió el dolor entre sus piernas. Quitando las cobijas pudo ver la sangre en su blanco camisón y tragó con fuerza, alejando la mirada de las pequeñas manchas y hacia el espacio vacío a su lado. Recordaba quedarse dormida con el Rey a su lado. Recordaba cómo él había intentado ser gentil y relajarla. Recordaba como su mano la acarició entre las piernas, el modo en que movía los dedos dentro de ella y hacía que su estómago se tensara deliciosamente.
En algún momento, después del dolor inicial y una vez se hubo acostumbrado al dolor palpitante que venía cada vez que él entraba en ella, había descubierto que casi sentía placer. En una ocasión apenas había podido contener un gemido de deseo cuando su esposa se unió a ella como uno. Aunque no duró mucho, justo cuando había comenzado a sentir algo más que incomodidad, él había alcanzado el clímax. Aún podía sentir lo pegajoso de su semilla entre sus muslos, sin duda mezclada con su sangre. La sensación la hizo sentir nauseas y así se levantó de la cama y se dirigió hacia el baño. Mientras se limpiaba cuidadosamente, se preguntó dónde estaría el Rey. Seguramente la habría despertado si era momento de partir.
Por un momento fugaz lo imaginó cabalgando junto a su ejército, dejándola atrás. La idea la hizo sentir extrañamente vacía y la alejó de su mente, quitándose el camisón arruinado y arrojándolo al suelo. Las criadas se encargarían de él, sin duda se deleitarían en encontrar la sangre en él y chismearían entre ellas, especulando acerca de la noche de bodas. No había sido particularmente espléndida o abrumadora para Roslin, pero no había sido ni la mitad de mala como ella esperaba. El Rey había sido gentil con ella, y parecía genuinamente arrepentido de causarle dolor. Eso, sentía ella, tenía que ser una buena señal de algún modo. Al menos sabía que no era cruel, que no disfrutaba causándole dolor. Deseaba poder atribuirle algo más, pero la verdad es que no sabía nada de él, excepto lo poco que él le había contado y lo que había escuchado de otras personas.
Él era su esposo y aún así no se sentía cómoda dirigiéndose a él por su nombre, aunque él tampoco se lo había pedido. Incluso en su mente él era el Rey. Se preguntó si alguna vez sería Robb para ella, si algún día se dirigiría a él de otro modo además de Alteza. En su mente no se imaginaba jamás dejar de dirigirse formalmente a él, lo que era completamente ridículo considerando que estaban casados, y que él había tomado su inocencia. Ella se había expuesto a él en el modo más íntimo posible, pero no se sentía más cercana a él. Esa horrible y molesta voz en su mente se burlaba de ella una vez más, pero la ignoró, dirigiéndose hacia la habitación para vestirse y ponerse presentable.
Tiempo. Solo necesitaba tiempo para conocer mejor al Rey, y para que él la conociera mejor. Tiempo. Eso es lo que se repitió a sí misma una y otra vez mientras se ponía un nuevo camisón, antes de ponerse uno de sus mejores vestidos. Era de un hermoso color verde y el único de seda que poseía, además de su vestido de novia que jamás volvería a usar. La costurera en Los Gemelos siempre le había dicho que el verde iba bien con su complexión y sus ojos. Los colores brillantes solo la hacían lucir enferma. Así que solo vestía colores profundos, la costurera le había dicho que hacían resaltar la luminosidad de su piel. Honestamente, Roslin no tenía idea de lo que quería decir, pero solo podía confiar en que esa amable mujer sabía de lo que estaba hablando. Esperaba lucir lo suficientemente regia como demandaba su nuevo título, lo último que quería era decepcionar al Rey en el primer día como su esposa.
Aunque no harían mucho más que cabalgar, o al menos eso imaginaba ella que harían. Sabía que partirían hoy, hacia Cruce de Bueyes donde se encontraba el resto del ejército. No sabía qué pasaría exactamente, pero se imaginó que habría batallas y pérdida y muertes de por medio. Como si no tuvieran suficiente de eso. Sin embargo, ahora se encontraba en medio de una guerra, no sana y salva tras los muros de Los Gemelos, sino marchando sin pausa hacia la guerra junto a un hombre que muchas personas quisieran ver muerto. El Rey no había considerado adecuado contarle alguno de sus planes o estrategias, ella solo podía desear que saliera victorioso. Algo que sí sabía por seguro era que tendría que haber un ganador en este retorcido juego, y los perdedores encontrarían nada más que muerte al final. Solo podía esperar que su esposo terminara del lado victorioso.
Robb había logrado evitar a Roslin, para su vergüenza, hasta que llegó el momento de partir de Aguasdulces. Los ejércitos estaban listos y esperaban frente a las puertas, mientras Robb y los lores restantes estaban reunido en el patio, esperando que terminaran de ensillarles sus caballos. Observó al abanderado montar su caballo, Olyvar le entregó el estandarte antes de avanzar. Un movimiento en la puerta llamó la atención de Robb, y observó a su esposa caminando incierta hacia el patio. Miró alrededor y vio a su madre conversando con Maege Mormont y supo que tendría que acercarse a Roslin él solo. De algún modo plasmó lo que él esperaba fuera una sonrisa en su rostro y comenzó a caminar hacia ella, notando que su confianza crecía conforme se acercaba a él.
"Mi reina," la saludó, buscando su mano que ella le entregó sin dudarlo. Por el bien de las formalidades, colocó un beso en el dorso de esta antes de soltarla y le ofreció su brazo. Ella lo tomó de inmediato y él la guio hacia donde los caballos esperaban listos y ensillados para ellos. "Pensé que te gustaría cabalgar con mi madre," le comentó mientras se acercaban a los caballos, "seguramente los lores y yo hablaremos solamente de la guerra, y no me gustaría que te aburrieras."
"Gracias, Alteza," Roslin sonrió tímida, "es muy considerado de su parte." Él colocó una sonrisa en su rostro, esperando que fuera suficiente. Ella parecía lo suficientemente contenta, así que seguramente pensó que su sugerencia había sido genuina. En realidad, quería que cabalgara con su madre para no tener que estar en su presencia. Estar con ella solo parecía hacerlo sentir avergonzado de sí mismo, en especial cuando sonreía. Lucía tan inocente cuando sonreía. Lucía como si no hubiera problema alguno en el mundo cuando sonreía. Su sonrisa era algo en verdad hermoso, y Robb sabía que no merecía que fuera dirigida hacia él. Era mejor que guardara sus sonrisas para su madre. Para cualquiera. Cualquiera excepto a él, porque cada vez que ella le sonreía, solo lo hacía odiarse a sí mismo un poco más.
"Permíteme ayudarte," le dijo, señalando hacia su caballo y ella caminó hacia él obediente con él siguiéndola detrás. Roslin se detuvo junto a la montura y acarició a la yegua gentilmente en el cuello, antes de sujetar las riendas. Robb la tomó por la cintura con ambas manos y la levantó con facilidad. Apenas le pesaba mientras la colocaba encima de su montura. "Gracias, Alteza," Le dijo ella con otra sonrisa cuando se acomodó en la silla de montar, y él forzó otra sonrisa para ella. "No tardaremos mucho en partir," le informó él, antes de inclinar la cabeza como despedida y alejarse antes de que ella siquiera pensara en volver a sonreírle.
"¡Monten todos!" ordenó a todos los que aún estaban en el patio, y todos aquello que aún no habían montado su caballo corrieron a hacerlo de inmediato. Cuando Robb subió sobre su caballo, miró hacia atrás y vio a su madre al lado de Roslin. Ambas parecían disfrutar de su conversación, y él a la vez quiso saber lo que decían y temía saber de qué hablaban. Suspiró profundamente y miró hacia el frente de nuevo; "¡avancen!" ordenó, y el abanderado presionó los talones contra las costillas de su caballo y comenzó a cabalgar hacia la puerta. Los demás lo siguieron y Robb mantuvo los ojos fijos en el ondeante estandarte del lobo huargo mientras pasaban bajo las puertas de Aguasdulces en camino a reunirse con el resto de su ejército.
Viento Gris apareció, caminando por las orillas del ejército y se colocó junto al caballo de Robb. Su bestia seguía siendo incondicionalmente leal a él, a pesar de su frío comportamiento reciente. En el fondo Robb sabía que estaba siendo irracional, sabía que Verano y Peludo seguramente habían intentado todo lo que pudieron para salvar a Bran y Rickon. Aunque era agradable tener alguien a quién culpar, especialmente porque pasaría un largo tiempo antes de que pudiera estrangular personalmente a Theon. Miró de nuevo a Sombra Gris y el lobo lo miró a los ojos también. La lealtad relucía en su lobo y Robb suspiró con pesadez antes de sonreírle ligeramente. Pareció ser suficiente para Sombra Gris, ya que continuó caminando con un ánimo más feliz.
Roslin no estaba segura de qué hacer consigo misma cuando se detuvieron para acampar por la noche. El viento aullaba a su alrededor y ella apretó más su capa de viaje contra ella mientras miraba alrededor, buscando algún lugar dónde resguardarse. Los hombres parecían batallar con las tiendas, pero podía ver que comenzaban a tomar forma. Miro por el campamento buscando alguna señal del Rey, pero no pudo verlo por ningún lado. Lady Stark se había alejado cuando se detuvieron, diciendo que no tardaría demasiado. Sin embargo, su suegra aún no había regresado y Roslin se sentía absolutamente ridícula parada ahí, en el corazón del campamento, sin hacer nada, mientras todos trabajaban a su alrededor. "¿Mi reina?" una voz la llamó por detrás y ella se dio la vuelta sonriéndole al hombre que la llamaba.
"Su tienda está lista, mi reina, ¿quiere que la acompañe?" preguntó el hombre, señalando hacia una gran tienda cerca del centro del campamento. "Sí, gracias," le sonrió de nuevo antes de seguirlo hacia su tienda. Una vez más buscó al Rey con la mirada, preguntándose sí compartiría la tienda con ella o sí tendría una para él solo. Supuso que le agradaría tener privacidad, pero eso no significaba que no la visitaría en su cama. El ligero dolor entre sus piernas pareció volverse un poco más intenso con ese pensamiento. Sin embargo, era su deber. Si su marido la visitaba en su cama, entonces sería cortés y lo recibiría gustosa. Roslin no era ninguna tonta, sabía que el Rey necesitaba un heredero más que cualquier cosa, y solo había un modo en que eso sucedería. "Gracias," le dijo al hombre que la había acompañado mientras sostenía la solapa en alto para que ella pudiera entrar.
Una vez estuvo dentro, la solapa volvió a bajar y ella inspeccionó sus nuevos aposentos. Había una cama improvisada de aspecto cómodo y una mesa con sillas. Su baúl de pertenecías había sido colocado a los pies de la cama y había tres lámparas de aceite quemándose lentamente sobre la mesa. Podía escuchar a los hombres gritando afuera sobre encender una fogata y Roslin se preguntó cómo lograrían hacerlo con un clima así. Se estremeció ligeramente, preguntándose sí debería quedarse despierta un momento más en caso de que el Rey se presentara. Aunque tenía frío y la cama lucía tan cómoda con todas sus cobijas y pieles. Si el Rey la visitaba, que viniera, si ella ya se encontraba en la cama, seguramente sería más sencillo para él, ¿cierto? Caminó hacia su baúl y sacó un camisón, colocándolo sobre la cama antes de comenzar a desvestirse.
Cuando estuvo completamente desnuda, se estremeció casi violentamente y se puso el camisón rápidamente antes de apagar las lámparas para dormir. Había suficiente luz proveniente de las lámparas en las otras tiendas para ver el camino hacia su cama, metiendo se rápidamente y envolviéndose con el montón de cobijas. Le tomó un par de minutos, pero eventualmente cesaron sus temblores y escalofríos y comenzó a sentir el calor de las cobijas. Suspiró con pesadez mientras escuchaba a los hombres fuera de su tienda, preguntándose una vez más dónde se encontraba su esposo. Había intentado que no le molestara, pero en el camino había tenido mucho tiempo para pensar en el hecho de que él apenas había podido mirarla a los ojos antes de partir de Aguasdulces. Había cruzado su mente que tal vez había hecho algo para molestarlo en la noche de boas, pero no se le ocurría qué, y él había alcanzado el clímax.
Era difícil seguir pensando en eso mientras se movía en la cama para encontrar una posición cómoda para dormir. Se sentía tan cómoda y cálida que los parpados comenzaban a pesarle. El Rey la despertaría si la necesitaba, estaba segura de ello. Seguramente no le reprocharía un poco de sueño. Suspiró profundamente mientras cerraba los ojos, sus pensamientos alejándose del Rey y concentrándose mejor en lo deliciosamente cómoda que estaba.
Catelyn estaba de pie junto a la fogata que los hombres habían logrado encender, dirigiendo la mirada hacia la tienda de Roslin de vez en cuando sin querer. Había observado a su nuera ser guiada hacia su tienda por un guardia, y solo unos momentos después, la luz se había apagado. Dónde estaba Robb, ella no lo sabía, pero sabía que la tienda que se encontraba a varios metros de distancia de la de Roslin había Sido levantada para él. La tienda de Catelyn estaba más cerca de su esposa que la de él. Ella sabía que a Robb no le resultaría sencillo su matrimonio, pero mandar a su esposa a otra tienda a dormir e insistir en que cabalgata separada de él y no a su lado no iba a ayudar en nada. Para empezar, necesitaba un heredero. Dormir separados no le iba a otorgar uno, a menos que fuesen bendecidos con un bebé de la noche de bodas. Por ahora lo dejaría seguir como estaba, lo dejaría tener un par de días para intentar acostumbrarse a su nueva situación.
Tal vez lo solucionaría él mismo y dejaría de sumirse en su miseria y arrepentimiento por Jeyne y comenzaría a darse cuenta de que tenía una muy real y muy dulce esposa a quien no podría ignorar, no importa cuánto lo intentara. Su hijo no era deliberadamente cruel, pero Roslin no lo conocía lo suficiente para saberlo. Si seguía así, entonces los sentimientos de Roslin se convertirían en resentimiento, y eso no ayudaría en absoluto a solucionar la situación en la que se encontraban. Entonces vio a Robb caminando por el campamento, conversando con Lord Flint. Se detuvieron en el centro, aún conversando intensamente antes de que Lord Flint hiciera una pequeña reverencia y se alejara hacia su propia tienda. Catelyn observó a Robb quedase quieto durante un largo tiempo y, de algún modo, supo que estaba preguntándose en qué tienda entraría. Dudó un momento más y ella deseó en silencio que caminara hacia donde Roslin dormía.
Debió haber sabido que no lo haría, pero al menos lo había considerado. Catelyn encontró consuelo en ese pensamiento mientras Robb se dirigía hacia su propia tienda. Ella se quedó junto al fuego, preguntándose si debería ir a hablar con él o no, intentando encontrar palabras en su mente para animarlo en vez de confundirlo. Lo último de lo que quería hablar con su hijo era lo que sucedía entre un hombre y su esposa en sus aposentos y eso la hizo dudar. Tardó demasiado en decidirse que Robb apagó las lámparas en su tienda para dormir y ella suspiró profundamente. Un par de días. Le daría un par de días para arreglar las cosas, estaba decidida a que, cuando llegasen a Cruce de Bueyes, él sería al menos amigable con su esposa. Ahí vería a Jeyne de nuevo, y de no haber construído una relación, por mínima que fuera, con Roslin, entonces seguramente cedería a la tentación.
Robb le había asegurado muchas veces que sería fiel en su matrimonio, pero Catelyn sabía que aún amaba a Jeyne. Esa sería tentación suficiente para él sin pensamientos felices de Roslin para mantenerlo alejado de ella. Catelyn tenía que confiar en que Jeyne tampoco cedería ante él. Siempre le había parecido que ella era la más decidida en su relación ilícita; después de todo, ella fue quien lo hizo mantener su promesa. Sin su fuerza de voluntad, ellos no estarían aquí ahora. Su hijo sin duda sería más feliz con Jeyne, pero eso le habría costado la guerra. Catelyn sabía, por su propia amarga experiencia, que la guerra frecuentemente venía sobre la felicidad personal. Una vez más, pensó en su propia boda. Ned no había sido el hombre que ella esperaba desposar, ni con quién ella quería casarse. Las cosas habían resultado bien para ellos al final, ahora solo podía esperar que lo mismo sucediera con Robb.
A/N:
Hola chicos!
He vuelto antes de lo que esperaba! Al parecer ya no estaré tan ocupada y tendré más tiempo para traducir.
¿Qué les pareció este capítulo? Mamá Stark va a decir unas cuantas cosas en el siguiente capítulo.
Pues por mi parte es todo, por ahora. Por favor háganme saber lo que piensan de esta historia y sus teorías.
Nos leemos pronto. Los quiero mucho 3
Bren
