XI


Parecía haber una especie de conmoción afuera de la tienda mientras Jeyne terminaba de peinar a Alys, su mirada dirigiéndose de vez en cuando hacía las siluetas de hombres a caballo, cabalgando hacia el centro del campamento. "¿Qué crees que está pasando?" Pregunto Alys con el ceño ligeramente fruncido, mirando a Jeyne a los ojos en el reflejo del espejo. Jeyne se encogió de hombros mientras colocaba el último pasador en los oscuros mechones de cabello; "no tengo idea, milady," contestó con honestidad y Alys arqueó las cejas a su reflejo antes de darse la vuelta y sonreírle. "¿Cuántas veces debo decirte que me llames Alys? Ambas somos damas de la nobleza, Jeyne, no hay necesidad de ser tan formales entre nosotras." Dijo Alys

"Has sido tan amable conmigo," dijo Jeyne, "en verdad Alys, si no me hubieras ofrecido está posición, no sé qué habría hecho. No puedo volver a casa... creo que me habría adentrado en el bosque en vez de volver a casa," se estremeció ligeramente, recordando la expresión en el rostro de su madre cuando se paró frente a ella y le confesó que había rechazado la oferta de matrimonio que Robb le había hecho. Por un momento pensó que su madre la golpearía. Pero eran las palabras de su padre las que aún resonaban en sus sueños, las que aún no podía superar, apresar de no arrepentirse de dejar su hogar por seguir a Robb. "Si te marchas con él cualquier esperanza de salvación para ti estará perdida... serás recordada como nada más que la Zorra del rey. Sí te vas entonces jamás has de volver, no toleraré semejante deshonra en mi presencia."

"Me alegra la compañía, más que nada," la voz alegre de Alys la sacó de sus recuerdos y Jeyne forzó una sonrisa en su rostro mientras Alys se ponía de pie. De todos modos, Jeyne le agradeció nuevamente; en verdad estaba feliz de estar ahí. Sabía que había sido Robb quien había hecho el trato con su tío, pero Alys no tenía que ser tan amable con ella. La mayoría de las damas nobles jamás aceptarían a una zorra, y Jeyne sabía que eso era ella a los ojos de muchas personas. Murmullos y miradas la seguían por el campamento, e incluso algunos de los hombres más atrevidos le gritaban obscenidades mientras le mostraban un par de monedas. Ella intentaba ignorarlos, pero dolía demasiado. Había sido la amante de un hombre y así, su reputación había quedado arruinada para siempre. En el fondo sabía que era de esperarse, pero eso no hacía más fácil la situación.

Jeyne estaba a punto de preguntarle a Alys si necesitaba alguna otra cosa cuando la solapa de la tienda fue hecha hacia un lado, revelando a Lord Tully. Jeyne se dio la vuelta y comenzó a acomodar las cosas que había utilizado en el tocador. No tenía deseo alguno de ver a Lord Tully saludar a su esposa con el beso habitual, ni deseaba verlos sonreír afectuosamente el uno al otro. Incluso aunque mantuvo si mirada distraída, sus oídos aún podían escucharlo todo. "Te ves hermosa hoy, querida," dijo Lord Tully en voz baja.

"Gracias, mi amor," respondió Alys, y Jeyne puso escuchar la sonrisa y el rubor en sus palabras; "¿Sucede algo allá afuera? Parece haber una conmoción." Hubo un largo silencio y, de algún modo, Jeyne sabía que ambos la miraban. ¿Tal vez debería retirarse? No quería hacerlo, quería saber a qué se debía tanta conmoción; de algún modo sabía que tenía que ver con Robb. Incluso aunque se tratara de malas noticias, necesitaba escucharlo, así que continuó lo que hacía y esperó que Alys y Edmure hablarán lo suficientemente fuerte para que ella los escuchara.

"Noticias del ejército del Rey," dijo Edmure en voz baja y Jeyne tuvo que esforzarse para escuchar cuando él bajo la voz aún más; "han partido de Aguasdulces... sabes lo que eso significa..." Divagó él, y Jeyne pudo imaginar a Alys asintiendo. Sí, ella sabría lo que significaba. Todos lo sabían. Robb lo había hecho, se había casado con Roslin Frey y ahora, se dirigía hacia allá con su esposa y reina. Jeyne se obligó a seguir limpiando como si nada. Se obligó a ignorar el dolor en su corazón. Sabía que sucedería tarde o temprano, cada día esperaba escuchar la noticia, pero ahora... bueno, ahora ya estaba hecho. Ahora le pertenecía a otra, completamente, de un modo en que jamás le había pertenecido a ella. Suspiró con pesadez y parpadeo para alejar las lágrimas, decidida a no llorar. Lo había perdido. Lo había perdido para siempre.


Roslin se acercó lentamente a la tienda de Lady Stark, sus ojos mirando alrededor del campamento mientras caminaba, notando que nadie le prestaba atención. Su suegra la había invitado a cenar con ella, pero Roslin se sentía tensa, de algún modo sabía que Lady Stark querría hablar del Rey. Ella también quería hacerlo, pero no sabía cuán honesta podría ser con su suegra. ¿En verdad podría contarle lo inadecuada que se sentía como esposa? ¿Podría confesarle que estaba segura de que su esposo no sentía nada por ella, en absoluto? ¿Sería adecuado mencionar que él no había ido a compartir la cama con ella? ¿Darle voz a lo mucho que le preocupaba haber hecho algo mal en su noche de bodas y por eso él no se había acercado a ella nuevamente?

Cuando llegó a la tienda donde se hospedaba su suegra respiró profundamente antes de llamarla y esperar que le permitiera entrar. La amable voz de Lady Stark le permitió la entrada casi de inmediato, y Roslin se alisó la falda inconscientemente antes de obedecer. "Mi reina," sonrió Lady Stark mientras Roslin entraba en la tienda, "¿le gustaría un poco de vino?"

"Gracias, milady, me agradaría mucho," Roslin le sonrió de vuelta, "y por favor, llámeme Roslin. Aún no me acostumbro a qué me traten con tanta formalidad." Su suegra sonrió ligeramente mientras servía el vino, sus ojos mirando bien a Roslin, haciéndola sentir incómoda. "Imagino que hay muchas cosas a las que te estás acostumbrando," dijo Lady Stark, "Roslin," añadió al final, entregándole una copa rebosante de vino; "por favor, llámame Catelyn."

"Gracias," Roslin sonrió nuevamente, bebiendo un trago de vino y sintiéndose más tranquila al ser invitada a tomar asiento. "Espero no pienses que me meto en lo que no me incumbe," comenzó Catelyn. Aquí vamos. "Pero no pude evitar notar ciertas cosas…" divagó Lady Stark, arqueando ligeramente las cejas, causando que Roslin se moviera incómoda en su asiento. "Por ejemplo, el hecho de que cabalgas a mi lado y no junto a Robb, además de que ambos nunca parecen pasar mucho tiempo de calidad juntos," dijo Catelyn con gentileza y Roslin no pudo evitar el bufido poco femenino que salió de sus labios.

"Eso es ponerlo ligeramente," dijo Roslin, con una voz un poco más amarga de lo que tenía intención. Pero ya no podía detenerse, ahora que había empezado a hablar ya no podía dejar de hacerlo. "El Rey me ayuda a subir a mi caballo y también a desmontar, esos son los únicos momentos en que parece ser capaz de tocarme. Las únicas palabras que me dice son 'mi reina' y 'espero que hayas descansado bien'. Y yo respondo, 'sí, Alteza, gracias, Alteza," Roslin se detuvo, tomando un largo trago de vino antes de continuar; "no se molesta en visitarme en mi cama, ni a tomar alimentos conmigo… no sé qué es lo que he hecho tan mal. ¿En verdad soy tan desagradable para él?"

Su voz al final sonó casi desesperada mientras miraba a los ojos de Catelyn, tan similares a los del Rey que sólo lograron hacerla sentir peor. "No creo que se trate de ti," dijo su suegra tranquilamente luego de un largo momento de silencio; "Robb está lidiando con demasiadas cosas en este momento. Se queda en reuniones con sus lores hasta altas horas de la noche… ¿sabes que están planeando tomar Roca Casterly?" Roslin asintió y Catelyn le sonrió, aunque su sonrisa parecía un poco forzada. "Estoy segura de que no es su intención parecer insensible… seguramente cuando las cosas se calmen un poco él pasará más tiempo contigo."

"¿En verdad lo crees así?" Preguntó Roslin escéptica. Sabía que su esposo estaba ocupado con sus planes, pero ¿en verdad era tan difícil encontrar un par de minutos para hablar con ella? Tenía que comer, ¿Por qué no podía hacerlo con ella? Tenía que dormir… decidió no seguir esa línea de ideas en particular. Aunque su noche de bodas había sido algo incómoda, Roslin sabía que el Rey tendría que acostarse con ella una y otra vez hasta que se encontrara encinta. Los reyes necesitaban herederos, todos lo sabían. Aunque, al parecer, nadie se había molestado en informarle a su esposo. Todos la culparían a ella si no se embarazaba pronto, todos asumirían que era culpa suya. Bebió el resto de su vino antes de mirar a su suegra a los ojos nuevamente.

"Estoy segura de ello," respondió Catelyn luego de mirarla a los ojos un momento; "Robb no tiene intención de parecer insensible. No es un hombre cruel, no está en su naturaleza serlo, pero… pero después de todo lo que ha pasado en este último año ha tenido que volverse más serio. En el fondo sigue siendo el hombre gentil que siempre ha sido, sólo tienes que darle tiempo… al final verás su verdadero yo."

"Eso espero, Catelyn," dijo Roslin con seriedad, colocando su copa vacía sobre la mesa entre ellas; "en verdad espero que así sea."


Catelyn estaba completamente furiosa con Robb luego de su conversación con Roslin. Debió haber sabido que la actitud fría e insensible de su hijo haría que su esposa se sintiera culpable de todo, pero eso no lo hacía más fácil de digerir. La pobre chica estaba perdida, se culpaba por la falta de interés de su esposo y Catelyn había tenido que morderse la lengua e inventar excusa tras excusa hasta que su nuera logro tranquilizarse. Ahora Roslin estaba más tranquila, y Catelyn estaba más que lista para decirle a su hijo todo lo que pensaba al respecto. Olyvar le había informado que Robb se había retirado a su tienda para cenar, así que Catelyn se dirigió hacia allá al ver las luces aun encendidas. No se molestó en llamarlo, simplemente hizo a un lado la solapa de la tienda y entró.

Robb levantó la vista ligeramente sorprendido, pero Catelyn pronto vio su expresión cambiar a timidez mezclada con culpa y supo que había notado su propia furia, y supo también que su hijo sabía exactamente lo que la había enfurecido. Catelyn se cruzó de brazos y lo miró expectante, su única respuesta fue moverse incómodo en su silla. "Espero que sepas por qué estoy aquí," dijo Catelyn finalmente, arqueando las cejas. Su hijo levantó la vista para mirarla a los ojos, con una expresión ligeramente apenada en su rostro, y ella tuvo que recordarse que estaba molesta con él, ya que lo único que quería hacer era darle un abrazo y prometerle que todo estaría bien. "Robb, ella es tu esposa," dijo con pesadez, "no puedes seguir actuando como sí ella no existiera… aparte de todo, no es justo para ella. Sabes que no es estúpida, y se culpa de todo. ¿Sabes lo difícil que fue sentarme con ella y morderme la lengua mientras ella se preguntaba una y otra vez si había hecho algo malo?"

"¿Qué fue lo que le dijiste?" le preguntó Robb luego de un incómodo momento de silencio, y Catelyn sintió crecer su frustración hacia él. "¡Lo que le dije no tiene importancia!" espetó, "¡no tendría por qué decirle nada, no tendría por qué asegurarle que eres un buen hombre, tú deberías demostrarle eso por ti mismo! Necesitas pasar tiempo con ella, Robb, y necesitas dejar de sumergirte en tu propia miseria porque Roslin ya no es solo una promesa sin nombre, es una mujer real y es tu esposa! ¡Así que, por favor, ve a hablar con ella y empieza a conocerla!"

Viento Gris se quejó lastimosamente desde el rincón de la tienda donde se encontraba descansando y Catelyn lo miró desafiante; "ni se te ocurra," dijo reprimiendo al lobo, "Tengo suficiente con un niño petulante, muchas gracias. Robb," comenzó nuevamente, esta vez con más gentileza, "sabes que solo te digo todo esto porque me preocupo por ti y no soporto verte así. Sé que aún te duele lo sucedido con Jeyne, pero nada de esto es culpa de Roslin, sé que no es tu intención… pero la estás castigando por esta situación y no es justo. No espero que te enamores de ella de la noche a la mañana, pero ¿te mataría tener una conversación con ella?"

Robb suspiró con pesadez y miró a su madre nuevamente, quien lo miró insistente hasta que él se puso de pie. "Y en el nombre de los Dioses ¿qué le digo?" preguntó Robb a su madre casi desesperado y ella no pudo evitar sonreír ligeramente. "Lo que sea, solo háblale Robb… hay muchas cosas de las que pueden hablar," respondió Catelyn acariciando su mejilla ligeramente, "ella solo necesita un poco de atención de tu parte, ¿es eso en verdad tan difícil?"

"No," Robb suspiró nuevamente, mirando hacia la solapa de su tienda, un sinfín de emociones pasando por el azul profundo de sus ojos. Catelyn podía notar que está conflictuado, debatiéndose entre ir a hablar con su esposa o quedarse en su tienda y enterrar la cabeza en la arena. Lo que necesitaba era un empujón, y ella definitivamente se lo daría. "Robb Stark." Comenzó, amable, pero con firmeza, "tú eres el Señor de Invernalia y Rey en el Norte, marchaste desde tu hogar y has ganado cada batalla que has peleado. Reúne ese valor que sé que tienes, atraviesa este campamento y ve a pasar tiempo con tu esposa. Ahora."

Él finalmente asintió, dudando nuevamente cuando su mano tocó la solapa de la entrada de su tienda. Catelyn pudo verlo convencerse nuevamente, su cuerpo tensándose por un largo momento antes de salir finalmente hacia el patio. Catelyn lo siguió, manteniendo la mirada fija en él mientras caminaba hacia la tienda de Roslin, en la que, afortunadamente, aún estaban las velas encendidas. Dejó salir un largo suspiro y pidió silenciosamente a los Dioses que la conversación fuera agradable. Si resultase ser incómoda y tensa, entonces imaginaba que tendría que trabajar más duro para convencer a Robb de intentarlo de nuevo.


"¿Mi reina?" Robb dijo tentativamente cuando llegó a la entrada de la tienda, dudando justo afuera, preguntándose si debería entrar como si nada. "Entre," respondió la dulce voz de Roslin luego de unos segundos y Robb dudó una vez más antes de decidirse a entrar. Cuando ella lo vio sus ojos se agrandaron, la sorpresa en sus ojos fue disimulada rápidamente, pero no lo suficiente. La culpa lo invadió, su madre tenía razón, había estado castigando a Roslin. Una mirada a sus grandes ojos inocentes se lo confirmó. "Alteza," dijo ella de modo ligeramente sorprendido, atándose la bata y apretándola más contra su cuerpo. "Me disculpo por mi atuendo… no lo esperaba, yo…" divagó, su mirada dirigiéndose hacia la mesa, "¿vino?" le ofreció y él asintió ligeramente.

"Gracias," dijo él antes de tragar con fuerza, "y no hay necesidad de disculparse, este es tu espacio privado… deberías sentirte cómoda aquí." Roslin sonrió ligeramente, luciendo tranquila, pero aún un poco incrédula mientras caminaba hacia la mesa y comenzaba a servir el vino. Robb dudó un momento antes de acercarse a tomar una de las sillas y tomando asiento. Notó que las manos de Roslin temblaban ligeramente mientras servía dos copas de vino y se sintió terrible una vez más. Cuando ella colocó una copa llena frente a él, él forzó una sonrisa y le agradeció cálidamente. Esta vez ella dudó antes de tomar su propia copa y beber unos tragos pequeños de vino, sentándose lentamente en la silla frente a él.

"Lamento no haber pasado mucho tiempo contigo," dijo Robb ante el pesado silencio que se cayó entre ellos. Tal vez darle voz al problema ahora ayudaría a aligerar el ambiente. "No hay necesidad de disculparse, Alteza, sé que debe estar muy ocupado con sus planes para tomar Roca Casterly," respondió ella, con un ligero temblor en la voz mientras apretaba ligeramente las manos alrededor de su copa de vino. "Sí," dijo él, de acuerdo con ella, "pero esa no es excusa… eres mi esposa, debería tener más tiempo para ti." Roslin lució ligeramente sorprendida ante sus palabras, pero le sonrió tímida mientras tamborileaba los dedos contra un costado de su copa. "¿Cómo van los planes para Roca Casterly?" le preguntó.

"Odiaría aburrirte con los detalles," Robb logró sonreír más genuinamente esta vez. "No necesita preocuparse por eso. De hecho, encuentro la estrategia muy interesante," respondió ella y él arqueó las cejas. Eso no lo esperaba, y ella pareció notarlo ya que una pequeña sonrisa juguetona apareció en sus labios. "¿En serio?" preguntó él arqueando una ceja, y la sonrisa de ella solo creció más. "Parece sorprendido," su tono era casi burlón. "Cuando era más chica solía pasar mucho tiempo con mis hermanos. Ellos pasaban horas en el estudio de mi padre, jugando a la guerra con las piezas en el mapa, discutiendo sobre tácticas de batalla hasta que se ponían azules de coraje. Yo quería saber por qué estaban tan interesados en tales cosas, así que encontré un par de libros en la biblioteca que hablaban sobre viejas batallas y guerras. Algunos lo relatan con extremo lujo de detalles... por muy brutal y barbárica que puede ser, supongo que la guerra es todo un arte también..."

"Planeamos invadir Lannisport primero," le informó Robb y ella asintió ligeramente. "Roca Casterly probablemente terminará sitiada y todo terminará más rápido si cortamos su suministro principal de Lannisport. Además, podemos tomar esos suministros para nosotros y alimentar a nuestros propios hombres. Siempre existe la posibilidad de que Tywin venga desde la Capital y nos ataque con los Tyrell como sus aliados... pero los estaremos esperando..." sonrió ligeramente y ella lo imitó.

"Sus tácticas parecen haber funcionado hasta ahora," lo alabó Roslin, "después de todo, no ha perdido ninguna batalla aún... y también tomó el Risco." Robb se movió incómodo en su silla ante la mención del Risco, tomando su copa de vino y bebiendo un par de tragos para recuperar la compostura antes de responderle. "Sí," Robb forzó una sonrisa en su rostro, "eso es verdad, un bastión en el oeste... no fue el lugar más grande o poderoso que podíamos conquistar, pero sí lo suficiente para que los Lannister lo notaran. Deberían saber ahora que no deberían subestimarnos."

"Recibió una lesión ahí, ¿no es cierto?" Preguntó entonces Roslin, sus grandes ojos fijos en su rostro, antes de dirigir su mirada hacia su pecho, donde la cicatriz de su herida corría desde sus costillas, bajando por el costado hasta llegar casi a su cadera. Incluso aunque se encontraba completamente vestido, Robb casi podía sentir la mirada de Roslin sobre su piel desnuda y lo hizo sentir un poco extraño. "Sí," dijo él finalmente, "sólo fue una herida pequeña, en realidad, pero fue suficiente para dejarme en cama durante un par de semanas... durante un tiempo no parecía querer dejar de sangrar."

"¿Pero ya está completamente curada ahora?" preguntó ella arqueando una ceja y él asintió. "Pero aún conserva las cicatrices," dijo con suavidad, casi ¿con arrepentimiento? ¿Acaso lo imaginaba en su voz? Levantó la mirada para verla a los ojos y ella lo miró parpadeando lentamente. "Aquí," Roslin habló antes de que él pensara en algo qué decir, colocando un brazo sobre la mesa y girándolo para que su palma estuviera hacia arriba. "¿Puede verlo?" le preguntó ella y él se acercó para ver mejor la mano que ella le mostraba. "Justo aquí," continuó ella suavemente, moviendo la otra mano para trazar con un dedo la pequeña línea blanca que era apenas visible contra su piel de porcelana. "¿Qué sucedió?" le preguntó él con curiosidad.

"Tenía nueve años," comenzó Roslin, "Olyvar acababa de cumplir once y tenía permitido comenzar a trabajar adecuadamente en su entrenamiento. Me molestaba que ya no podía pasar tanto tiempo con él, así que un día bajé al patio e intenté hacerlo que fuera a jugar conmigo. Él estaba entrenando arquería, así que caminé hacia él, seguramente solo lo estaba irritando con mi insistencia y él se negaba a venir conmigo. Yo comenzaba a molestarme con él, así que tomé una de las flechas... algo muy estúpido, en realidad," Roslin sonrió ligeramente y Robb le sonrió también, esperando a que continuara con su historia.

"Olyvar cayó en la trampa de todos modos, siempre ha sido muy fácil hacerlo enojar. Intentó quitarme la flecha, pero yo no me iba a dar por vencida. Incluso me amenazó con decirle a nuestro padre, pero yo sabía que no lo haría, y no planeaba soltar la flecha sin importar cuantas veces intentara quitármela. Al final él se dio por vencido y dijo que iría a jugar conmigo. Aflojé mi agarre y él intentó tomar la flecha nuevamente. Debió habérmela quitado tan rápidamente que no tuve tiempo de soltarla, y me hizo un corte en la palma... había sangre por todos lados y Olyvar estaba muy preocupado," continuó ella, "intentó limpiarme lo mejor que pudo, pero ambos sabíamos que, si nuestro padre se enteraba, él estaría en graves problemas, así que decidimos ocultarlo y yo prometí no decirle jamás a nadie lo que había sucedido."

"¿Y lo cumpliste?" Le preguntó Robb, su mirada fija en ella mientras ella le sonreía, mordiéndose el labio por un momento antes de continuar. "Se infectó luego de una semana, Olyvar sabía que tendría que ir con el Maestre y que mi padre se enteraría. Una vez estuvo curada mi mano mi padre subió a mi habitación; esa fue la única vez que lo hizo. Normalmente si quería vernos, nos llamaba a su presencia, pero vino a mi habitación y me preguntó qué había sucedido. Esa fue la única vez que le he mentido a mi padre... le dije que estaba jugando en el patio, que todo era mi culpa y que lo sentía. No creo que me creyera, pero nunca castigaron a Olyvar. Estuve en cama por una semana y Olyvar me llevaba pastelillos robados de las cocinas todos los días... supongo que era su modo de disculparse..."

Dejó de hablar entonces y Robb sonrió ligeramente, dirigiendo su mirada nuevamente hacia su palma y buscando la linea casi invisible nuevamente. Antes de poderlo pensar mejor, trazó la cicatriz con su dedo índice suavemente, los dedos de Roslin se contrajeron ligeramente ante su toque. "Apenas puedo verla," comentó él, "no habría sabido que está ahí sí no me lo hubieras dicho."

"Lo sé," dijo ella pensativa, "en ese momento lucía horrible y ahora... es casi como sí nada hubiera pasado. Supongo que demuestra que con el suficiente tiempo toda herida puede sanar. Las cicatrices se desvanecen hasta el punto en que apenas puedes notarlas..." se detuvo nuevamente y Robb volteó a mirarla a los ojos, preguntándose por un momento sí sus palabras guardaban un significado oculto. En el momento siguiente ella parpadeó y él alejó de sí ese breve momento de incertidumbre, sonriéndole a su esposa antes de alejar su mano de la de ella y tocando ligeramente su sien derecha. "Mi hermano me hizo esta," le informó, "no es tan impresionante como la tuya, pero me dolió demasiado también."

"¿Qué sucedió?" preguntó ella con una pequeña sonrisa mientras se inclinaba hacia adelante para mirar mejor la cicatriz en su sien, la cual era increíblemente tenue y estaba normalmente oculta por su cabello. "Estábamos cerca del arroyo en el bosque de lobos, lanzando rocas en el agua e intentando que llegaran al otro extremo. Jon se entusiasmó demasiado y soltó su roca antes de tiempo. Era una roca demasiado afilada... le dije a mi madre que me había resbalado y caído. No estoy seguro de que me creyera tampoco," una sonrisa apareció lentamente en sus labios, "pero jamás cuestionó mi palabra."

"Las cosas que hacemos para proteger a los que amamos," Roslin le sonrió también y él asintió complacido antes de beber lo que quedaba de su vino. Cuando volvió a bajar la copa la vio intentando contener un bostezo y la miró arqueando las cejas. "Debería irme y dejarte descansar," dijo Robb y podría jurar que una expresión de ligera decepción cruzó por el rostro de Roslin antes de que ella la ocultara rápidamente tras una sonrisa. "Sí... usted también necesita descansar, Alteza," respondió ella y él le sonrió mientras se ponía de pie. Ella lo imitó y se quedaron ahí de pie incómodos hasta que Robb finalmente reunió el valor para acercarse a ella, inclinándose a besarla ligeramente en una mejilla.

Cuando se separó de ella pudo ver que lucía ligeramente sorprendida, así que se dirigió hacia la entrada de la tienda después de sonreírle nuevamente a su esposa. "Buenas noches," le dijo mientras apartaba la solapa de la entrada con una mano. "Buenas noches," respondió ella con suavidad y al escucharla, Robb se dirigió a salir antes de dudar ligeramente y mirarla nuevamente. Ella le había dado la espalda para recoger las copas vacías. "¿Roslin?" La llamó y ella volteó a mirarlo, evidentemente sorprendida de que usara su nombre de pila. "¿Cabalgarías a mi lado mañana?" preguntó Robb y ella asintió lentamente. "Por supuesto que lo haré, Alteza," respondió ella con una sonrisa brillante que él no pudo evitar imitar. "Robb," dijo él luego de un momento, "me gustaría mucho que me llamaras Robb."

A/N:

Ya vamos progresando! Por fin Cat regañó a su tonto hijo y ya hablaron como gente civilizada!

Más en el siguiente capítulo

Bren