XIV


Cuando Robb despertó la cabeza le latía y la culpa invadía todo su cuerpo. Giró la cabeza hacia un lado y vio a Roslin aun dándole la espalda, sus rodillas pegadas a su pecho y abrazando una almohada con fuerza. Por lo poco que podía ver de su rostro, notó que había estado llorado, a juzgar por el camino que las lágrimas ahora secas habían dejado en sus mejillas. La culpa dentro de él se acrecentó y él intentó ignorar su dolor de cabeza mientras alejaba las cobijas y pieles de él y se levantaba de la cama. Se sentía como un maldito tonto. ¿En qué estaba pensando? Ir borracho tras su esposa e intentar dormir con ella por primera vez desde su noche de bodas... Por los Dioses, ¿en qué estaba pensando?

Cerró los ojos y se frotó el rostro con fuerza mientras caminaba de un lado a otro por la tienda de Roslin intentando despertar bien. A pesar de sí, recordó estar sobre de ella en la cama, recordó la insistencia de sus labios contra los de él y la calidez de sus manos recorriendo su espalda desnuda. Recordó tocarla íntimamente, haciéndola soltar gemidos de placer mientras arqueaba la espalda y se acercaba más a él. Recordó desearla. Su cuerpo traicionándolo. De algún modo logró contener una maldición, negándose a pensar por qué no había podido cumplir su deber con su esposa. La imagen de Jeyne no era una que quisiese ver en ese momento. En ese momento necesitaba estar solo.

Salió de sus pensamientos al ver a Roslin moverse ligeramente, tomó su túnica y jubón y se los colocó antes de calzarse las botas y abandonarla nuevamente. Extrañamente sentía aún más culpa ahora que el día después de la boda. En algún lugar al fondo de su mente sabía que se debía a que lentamente había comenzado a preocuparse por su esposa, y tal vez ella por él. Imaginó que cualesquiera que fuesen esos sentimientos que ella comenzaba a sentir por él, los abandonaría inmediatamente cuando despertara de su sueño. ¿Qué pensaría de él? ¿Qué clase de hombre era incapaz de intimar con su esposa? Especialmente cuando dicha esposa era tan hermosa y deseable como Roslin.

Era un idiota. No había duda alguna. El campamento estaba en silencio mientras caminaba por el centro, notando algunos madrugadores caminando en la distancia. Había siempre un vigilante en la periferia, pero tal era la magnitud del campamento que no podía verlo desde su posición. Caminó enojado hacia la tienda del consejo, sabiendo que estaría vacía debido a la hora tan temprana. Habría una reunión más tarde, pero hasta entonces, podría esconderse ahí. Seguramente sus lores asumirían que estaba con su esposa, y su esposa sumiría que se encontraba con sus lores. Suspiró profundamente mientras colocaba las manos en cada lado del mapa, su mirada observando los marcadores que habían colocado sobre él.

Una cosa para la que sí tenía la respuesta era cómo planeaba tomar Lannisport. Las piezas estaban colocadas. La estrategia decidida. Lo que quedaba por decidir era cuándo lanzarían el ataque. Como siempre, los lores estaban a favor de atacar antes del amanecer, cuando la mayoría de la gente estaba durmiendo y los guardias se encontraban más cansados en sus puestos, Robb estuvo de acuerdo, no había razón alguna para no estarlo. Dividirían el ejército nuevamente, en tres esta vez. Esperaba que eso les ayudara con el elemento sorpresa, ya que atacarían la ciudad por todos los frentes. Observó las piezas nuevamente e intentó llenar su mente con pensamientos de batalla y estrategia.

No sirvió de nada. Ella continuaba en su mente y el hecho de que fuera ella lo confundía cada vez más. Su conflicto siempre había sido lo contrario, sentirse culpable por Jeyne. Culpable por arruinarla y después hacerla a un lado para casarse con otra mujer, una mujer con la que no deseaba unirse para siempre. Ahora se sentía diferente, su culpa solo acrecentó al recordar la forma en que la había dejado, hecha bolita y rechazada, quedándose dormida de tanto llorar. ¿No pudo al menos abrazarla? ¿Asegurarle que no se debía a que no la deseara? Sí la había deseado. Aún la deseaba en ese momento. Aunque eso no lo hacía más fácil de digerir. Desearla no había sido suficiente, su cuerpo lo había demostrado.


No le sorprendió despertar sola. No le sorprendió, pero la llenó de determinación para salir de inmediato de la cama y comenzar a vestirse y ponerse presentable. Aún era temprano, solo se escuchaban afuera suaves murmullos en vez de el alboroto usual que traía la vida diaria en un campamento. Cepilló su cabello rápidamente y lo colocó sobre sus hombros, estaba demasiado impaciente como para hacer algo más con él. Necesitaba encontrar a su marido. No podían ignorar lo que había sucedido la noche anterior, por más que Robb así lo quisiera. En su mente intentó encontrar las palabras adecuadas, pero todas sonaban horribles mientras abandonaba su tienda, buscando a su esposo con la mirada.

Roslin no veía rastro de él y suspiró profundamente antes de dirigirse hacia las cocinas donde las chicas de servicio se apresuraban a preparar el desayuno. Hicieron una reverencia cuando ella se les acercó, disculpándose e informándole que el desayuno estaría listo en un momento. Ella les aseguró que no le molestaba esperar, que sólo quería saber sí habían visto al Rey. Las chicas se miraron inciertas, y por un momento Roslin sintió un nudo de terror en el estómago. ¿Se encontraba con ella? ¿Estaba con esa mujer? ¿En su cama? "Creo que su Alteza se dirigió hacia la tienda del consejo," le dijo finalmente una de las mujeres mayores y el nudo en su estómago se aflojó. Les sonrió y les agradeció por la información antes de dirigirse hacia donde esperaba se estuviera escondiendo su marido. Sabía que se estaba escondiendo, era justo lo que ella quería hacer, pero uno de los dos tenía que ser valiente. Tenían que intentar arreglar esto.

"Parece que tienes la costumbre de escapar de mi cama," dijo con suavidad cuando entró en la tienda, observándolo recargado sobre su mapa de estrategias, notó que su espalda se tensó cuando ella habló. "¿En verdad soy tan indeseable?" intentó que sonara como una broma, pero una parte de ella quería una respuesta seria. Robb había confesado antes que la deseaba, que pensaba que era hermosa, pero si era tan atractiva, ¿entonces por qué no podía reclamarla como debía hacer un esposo? Él no dijo nada y ella tragó con fuerza, reuniendo todo el coraje para acercarse más a él. "No podemos ignorar esto," susurró ella, colocando una mano en la espalda baja de Robb. Él pareció brincar ante su toque, alejándose de ella y de la mesa para poder voltear a mirarla de frente. La expresión en sus ojos era irreconocible, pero Roslin supo que no le agradaba.

"Te he decepcionado," declaró él y ella frunció ligeramente el ceño; "¿qué pensarás de mí? ¿Qué clase de hombre soy que ni siquiera puedo...?" dejó la pregunta sin terminar, negando con la cabeza y pasando una mano por su cabello en señal de lo que Roslin solo podía describir como desesperación. "No pienso menos de ti," dijo ella y él hizo un ruidito de incredulidad, "es verdad," insistió Roslin, "no sé por qué no... pudiste... pero... pero eso no cambia lo que siento por ti... yo..." Roslin tuvo dificultad para encontrar la mejor manera de expresar lo que sentía. Eventualmente decidió ser completamente honesta. ¿Qué tenía que perder a estas alturas? "Deseaba estar contigo anoche, Robb," confesó, logrando de algún modo mirarlo a los ojos, "te deseaba noche y... todavía te deseo ahora."

Algo cambió en las profundidades del azul de sus ojos, algo que ella no podía nombrar. Roslin abrió la boca para hablar nuevamente, pero él la silenció con un beso antes de que pudiera hacerlo, apretándola contra él. Por un momento ella asumió que atacaría sus labios del mismo modo que había hecho la noche anterior, pero cuando él inclinó la cabeza hacia ella, sus labios fueron cautelosos. Casi tímidos. Robb rozó su nariz ligeramente con la de ella y Roslin pudo sentir su cálido aliento sobre los labios, casi tentándola con tanta proximidad. Ella se acercó más a él y Robb pareció captar la señal, capturando sus labios finalmente en un tierno beso. Ella lo besó despacio, tomando con fuerza la piel de su jubón entre sus manos.

Robb la apretó más contra él, profundizando el beso mientras la tomaba por la cintura y la giraba con él. Roslin lo dejó guiarla a ciegas, pensando solo en el beso que le causaba un delicioso ardor por todo el cuerpo mientras su trasero chocaba contra la dura madera de la mesa. Ella gimió contra sus labios y Robb se separó de ella. Continuó besándola en el cuello y ella inclinó la cabeza hacia atrás para darle mejor acceso, gimiendo suavemente mientras él dejaba un rastro de fuego por su piel. El fuego se hundió en lo más profundo de su ser, retorciéndose en su estómago y esparciéndose entre sus piernas. Su cuerpo lo deseaba, deseaba que Robb extinguiera ese fuego, pero lo único que parecía hacer era alimentar las llamas mientras tomaba el corpiño de su vestido, desatando las cintas y deslizándolo hacia abajo para exponer sus senos.

Roslin jadeó mientras Robb la besaba cada vez más abajo, tomando su trasero con ambas manos, cargándola con facilidad y sentándola sobre la mesa mientras sus dientes jugueteaban con uno de sus endurecidos pezones. Roslin gimió nuevamente, más fuerte de lo que pretendía, pero no pudo evitarlo. Su estómago estaba tenso con anticipación que era casi doloroso y necesitaba liberarse. Necesitaba el alivio que instintivamente sabía sólo Robb podría brindarle. Su nombre se escapó de sus labios, suavemente. Anhelante. Roslin deslizó las manos por su jubón, encontrando al final las ataduras de su pantalón, desatándolas sin pensar mientras él gemía contra la piel de su pecho, sujetándola con más fuerza por la cadera.

Cuando su toque encontró su hombría, quiso llorar de alegría al sentirlo firme, deslizando sus dedos ligeramente por la suavidad aterciopelada mientras él la tomaba de los muslos y los separaba con facilidad. Robb se colocó entre sus piernas, sus labios viajando desde sus senos hacia su cuello mientras levantaba la falda de su vestido. Cuando se acercó a ella nuevamente, Roslin soltó su hombría y deslizó sus manos por el pecho de Robb hasta tomarlo por los hombros mientras él movía la cadera hacia atrás. Roslin sintió la hombría de Robb contra ella en el momento siguiente, él mordió suavemente su clavícula mientras se acomodaba para entrar en ella.

Roslin jadeó cuando lo sintió entrar en ella, Robb deslizó las manos desde sus caderas para sujetar sus glúteos desnudos, hundiendo sus dedos en su carne mientras movía su cuerpo en harmonía con ella. Cada movimiento de sus caderas causaba que un gemido saliera de los labios de ambos mientras él se hundía cada vez más profundo dentro de ella. Roslin lo tomó con fuerza del cabello mientras él silenciaba sus propios gruñidos de placer contra la piel de su cuello. Su ritmo comenzaba a aumentar y Roslin comenzó a mover la cadera junto con él, animada por las manos de su marido que sujetaban con fuerza las curvas de su trasero- Estaba desesperada por liberar la tensión que sentía en el estómago, comenzó a besarlo suavemente en la frente mientras lo acercaba más a él, gimiendo cada vez más fuerte mientras él aumentaba la velocidad de sus movimientos.

Sentía tanto calor que pensó que explotaría, el calor que crecía entre ellos era casi insoportable. Sentía un ardor en lugares que ni siquiera sabía que existían, pero era un ardor tan dulce. Una maravillosamente gloriosa agonía. Tomó todas sus fuerzas no gritar por el placer que él le brindaba, asegurando con más fuerza las piernas sobre sus caderas; intentó sujetarse de la mesa debido a que los rápidos movimientos de su esposo casi la hacían perder el equilibrio. Varios de los marcadores del mapa cayeron rodando de la mesa, pero no le importaba ya que los movimientos de Robb la tenían viendo estrellas tras sus ojos.

Sentía como si su cuerpo entero estuviese temblando, apretando más las piernas sobre la cadera de Robb mientras gemía sin aliento nuevamente. En el momento siguiente se rindió entre sus brazos, inclinando la cabeza hacia atrás mientras abrazaba a Robb por los hombros con su mano libre, sujetándolo con más fuerza para no colapsar. Cada poro de su piel vibraba al sentir el clímax de Robb esparcirse dentro de ella, sujetándola con más fuerza antes de acercarla más a él. Robb respiraba con dificultad contra su cuello, su cálido aliento era en lo único que podía concentrarse. Robb se alejó ligeramente de ella después de un largo tiempo de solo estar abrazados aferrándose al otro, su hombría saliendo de ella mientras lo hacía.

Roslin levantó la cabeza de su hombro y lo miró a los ojos. "Lo siento," dijo él sin aliento, y ella frunció ligeramente el ceño, su corazón latiendo irracionalmente fuerte en su pecho. ¿Qué quería decir? ¿Lo siento? ¿Por qué lo sentía? ¿Se arrepentía de lo que acababa de suceder entre ellos? ¿Deseaba que no hubiera sucedido? Roslin rogaba que no fuese el caso, jamás se había sentido tan satisfecha física y emocionalmente en su vida. Estar con Robb de ese modo... había sido indescriptible. ¿Acaso él no lo sintió también? ¿Acaso fue solo una necesidad para él? Seguramente significó más que eso. No podía ser ella la única que sintió la intensa conexión entre ellos, ¿o sí? "Esa no fue la manera más apropiada de tratar a mi reina," continuó finalmente y la tensión de Roslin se alivió de inmediato.

"Su reina no tiene queja alguna, Alteza," dijo ella con tono burlón, sus labios curvándose en una amplia sonrisa para él, la cual Robb no dudó en responder de inmediato, algo muy parecido a alivio brillando en el azul de sus ojos. "Me alegro," dijo con sinceridad, sosteniendo su mirada y Roslin tragó con fuerza. Se sentía como si estuviesen manteniendo el equilibrio sobre un borde desigual, una palabra fuera de lugar podría hacer caer a cualquiera de los dos en el lugar equivocado. Roslin quería caer en la felicidad y alegría matrimonial, pero podía sentir la incomodidad y la timidez amenazando con arrastrarlos hacia el lado opuesto. Roslin se mordió el labio y miró hacia un lado, notando que Robb seguía su mirada hacia los marcadores caídos del mapa.

Roslin movió una mano para acariciar la mejilla de su esposo, dudando un momento antes de permitir que las puntas de sus dedos acariciaran gentilmente la hinchazón de su labio inferior. "Creo que tendrás que acomodar tus mapas antes de que los lores vengan y se pregunten qué demonios has estado haciendo," dijo ella con suavidad, sonriendo ligeramente mientras él reía ligeramente. Robb besó la punta de sus dedos de forma tan tierna que Roslin sintió que su corazón se detenía por un instante mientras lo miraba a los ojos. "Creo que tienes razón," respondió él, alejándose más de la mesa y acomodando su pantalón para vestirse nuevamente. Roslin lo imitó, bajando nuevamente sus faldas antes de acomodarse el corpiño. "Pero primero," sonrió él, extendiendo una mano hacia ella. "Creo que deberíamos desayunar. No sé tú... pero el ejercicio hizo que me diera mucha hambre."


Catelyn dudó al ver a Jeyne salir de su tienda. Una parte de ella quería ir con ella, ver sí se encontraba bien y disculparse con ella por la situación a la que había sido forzada recientemente. Edmure le había contado todo sobre el incómodo encuentro, cómo Jeyne tuvo que quedarse en la presencia de Robb y Roslin. Suspiró con pesadez. No debió ser sencillo de soportar para la joven y Catelyn podía notar, incluso desde donde se encontraba, que Jeyne no había dormido mucho la noche anterior. Sus pies comenzaron a guiarla antes de poder detenerlos, su boca llamándola antes de pensarlo dos veces. Jeyne se detuvo y volteó a verla mientras se acercaba, una sonrisa genuina adornando sus labios, pero Catelyn aún podía ver la tristeza en sus ojos.

"Vi a Edmure anoche," dijo Catelyn en voz baja, "no debió ser fácil para ti..." no completó la frase porque Jeyne soltó un bufido ante sus palabras, una sonrisa irónica jugando en sus labios mientras comenzaba a jugar con sus manos para mantenerlas ocupadas. "La reina me ordenó quedarme, ¿qué otra opción tenía?" preguntó Jeyne encogiéndose de hombros y Catelyn sonrió con simpatía. "¿Alguna vez te has preguntado si no sería mejor que regresaras al Risco?" preguntó Cat con gentileza.

"Mi padre no me quiere ahí," respondió Jeyne con amargura, "dolorosamente me dejó muy claro lo que pensaba al respecto cuando le dije que me marcharía con Robb. No soy más que una cualquiera para él ahora... y sé que es culpa mía..." Jeyne dejó de hablar, soltando un suspiro y Catelyn se acercó para colocar una mano sobre su hombro. "Yo elegí a Robb," Jeyne sonrió con tristeza mirando a Cat a los ojos, "y ahora debo vivir con esa elección... no puedo irme de aquí Lady Stark, a pesar de todo no me puedo ir. Solo quiero mantener la mirada en el suelo y continuar atendiendo a Alys... ella y Lord Tully han sido muy amables conmigo."

"Sí alguna vez necesitas hablar..." Catelyn arqueó las cejas con insistencia y Jeyne asintió agradecida, aunque la gratitud en sus ojos no duró mucho al igual que su sonrisa cuando algo más llamó su atención. Catelyn se dio la vuelta, de inmediato complacida ante lo que veía y llena de lástima por Jeyne cuando vio a Robb y Roslin tomados de la mano y caminando hacia la tienda de la reina. Parecían completamente ensimismados, compartiendo sonrisas entre ellos mientras cruzaban el campamento. Por suerte la mirada de Robb no se alejó de su esposa y Catelyn respiró aliviada antes de volver a mirar a Jeyne.

"Debería irme," susurró la joven y Catelyn pudo notar las lágrimas que amenazaban con caer por sus mejillas. "Jeyne..." intentó decir, pero Jeyne simplemente negó con la cabeza y se dio la vuelta dispuesta a marcharse, caminando con rapidez hacia la tienda de Alys. Catelyn suspiró con pesadez, sin saber qué sentir. Ver a Robb y a Roslin de ese modo la había hecho volver a tener esperanza en la futura felicidad de su hijo, sabiendo que era algo bueno que se llevara mejor con su esposa. Debió haber sabido que ver esa misma escena sería casi insoportable para Jeyne.

Una parte de ella sentía que debía tener una tranquila conversación con Robb sobre su discreción, pero también sabía que podría tomarlo a mal. Si lo desanimaba a mostrarle afecto a Roslin, entonces se arriesgaba a arruinar la feliz relación que parecía estar construyendo con ella. Era algo bueno, se recordó mientras intentaba alejar la expresión devastada de Jeyne de su mente. Tal vez verlos felices haría reconsiderar a Jeyne, tal vez aceptaría la oferta de Robb de casarla con uno de sus hombres. Debió ser cruel para ella verlos así, pero al menos ahora sabía que Robb siguió adelante, y tal vez eso la haría darse cuenta de que ella debería hacer lo mismo.


Robb estaba sentado frente a Roslin mientras desayunaban juntos, observando la elegante forma en que su esposa comía. ¿Lo había notado antes? No estaba seguro. Cuando pensaba en ella siempre aparecía en su mente la palabra delicada, pero ahora podía atribuirle muchas cosas más. Elegante era la última de la lista. Se unía a graciosa, compasiva, serena, gentil y divertida, por nombrar algunas. Deseable. La observó mientras ella colocaba un dedo en su boca y chupaba la gota de miel que había caído en él. Sus pantalones le parecieron incómodamente ajustados de nuevo, y estaba tentado a colocarla sobre la mesa y hacerla suya una vez más. Ella lo miró a los ojos y sacó el dedo de su boca; Robb podía jurar que podía ver la lujuria en sus ojos ya que una ligera sonrisa apareció en los labios de su esposa.

"Creí que tenías hambre," le dijo de forma burlona, arqueando una ceja. "Así era," Robb prácticamente gruñó, "hasta que mi esposa decidió seducirme en el desayuno," continuó él y ella rio ligeramente, con una expresión traviesa en los ojos. "¿Seducirlo?" le preguntó, "no tengo idea de lo que está hablando, Alteza..."

"Oh... creo que lo sabes..." Robb asintió lentamente y ella sonrió más ampliamente, alejando la mirada de él mientras un ligero rubor aparecía en sus mejillas. Robb sentía el incontrolable deseo de acercarse y acariciar su mejilla, acariciar su suave piel y hacerla soltar un suspiro placentero. Resistió ese deseo. Apenas pudo hacerlo. Después de más de una semana intentando evitarla y suprimir sus sentimientos por ella, ahora todos esos sentimientos llegaban a él de golpe. Estar con ella... Dioses había sido emocionante. Hacerla sentir placer, llevarla hasta el clímax y traerla consigo en ese dulce placer se había sentido tan bien, y deseaba hacerlo nuevamente.

Roslin era tan suave. Dulce. Deseable. ¿Su madre tenía razón? ¿Así es como comenzaba? ¿Eran estos los cimientos de su vida juntos? ¿Sería esta la base de su matrimonio? ¿Podrían esperar, algún día, que una enorme e impenetrable fortaleza se erigiera sobre esos cimientos? La miró nuevamente y ella le sonrió, con esa ligera sonrisa que él no podía evitar imitar. Robb creía que se encontraba simplemente satisfecho con ella, pero ya no parecía ser así. Se sentía feliz. La familiar ola de culpa lo invadió nuevamente cuando finalmente lo admitió para sí mismo. ¿Qué hay de Jeyne? La molesta voz le preguntó, pero el decidió ignorarla. Forzarla a alejarse de él.

Su esposa era su futuro. Roslin. Sería Roslin a quien llevara consigo a Invernalia cuando terminara la guerra. Sería Roslin quien lo ayudaría a reconstruir su hogar. Sería Roslin quien llevaría a su hijo en el vientre, quien sería la madre de sus hijos. Su mirada se dirigió inconscientemente hacia el vientre de Roslin. Tal vez ya se encontraba encinta... volvió a mirarla a los ojos y se encontró con que ella ya lo miraba con curiosidad. ¿En qué estás pensando?" le preguntó ella con suavidad.

"En el fin de la guerra," respondió él, "en lo mucho que quiero volver a casa e intentar rescatar algo de todo ese horrible desastre." Ella sonrió ligeramente triste y deslizó una mano sobre la mesa hacia la de él. Robb permitió que su suave piel lo tocara, le permitió masajear círculos sobre el dorso de su mano, le permitió consolarlo. Él suspiró profundamente y ella volvió a mirarlo a los ojos. "Sé que no será sencillo," dijo Roslin suavemente, "pero quiero que sepas que estoy aquí para ti... para lo que necesites. Soy tu esposa, Robb... y haré lo que sea para asegurarme de que seas feliz."


A/N:

Les dije que todo se arreglaría.

Espero que les haya gustado este nuevo capítulo, por favor cuéntenme qué les pareció y si disfrutaron leerlo tanto como yo disfruté traducirlo.

Los quiero mucho, nos leemos pronto.

Bren