¡Un golpe de amor!
- Un día con Zhongli -
No era la primera vez que estaba en esta sala de espera, pero sí era la primera vez en casi cinco años años desde la última vez. Zhongli mira la enorme pintura con una vista panorámica de un bosque fantástico en ella, pero sus pensamientos lo llevaban un poco más lejos de ese hermoso paisaje.
Finalmente, la puerta del despacho se abre y Yanfei se asoma. Su sonrisa pequeña lo invita a entrar con ella. Zhongli se pone de pie y se acerca.
— Le envié tu respuesta por correo, y aun así está aquí. ¿Todavía tiene problemas entendiendo estas cosas? —Pregunta Yanfei, sentándose tras su escritorio. Zhongli la imita, sentándose justo al frente.
— Sí. —Admite, y no siente vergüenza al respecto. Entender la tecnología no era su fuerte todavía, apenas entendía bien cómo usar la cámara de su celular y escribir mensajes. — Pero también creo que este tipo de cosas deben hablarse en persona.
Yanfei era su abogada de confianza, su padre antes que ella fue quien asesoró legalmente a Zhongli y a su familia prácticamente desde que tiene uso de memoria. Y cuando su padre se retiró y ella tomó las riendas de su negocio familiar. Aunque era joven, hacia un estupendo trabajo. La señorita asiente y saca del cajón de su escritorio una serie de documentos que tenia guardados en un folder.
— Pensaba ir a visitarte de todas formas, pero me ahorró la vuelta. —Admite, sonriendo. — Aquí está todo lo que me pidió, señor Zhongli.
Zhongli extiende su mano y acepta la carpeta. La abre y da un vistazo rápido, pasando sus dedos entre las hojas sueltas.
— La verdad no fue nada difícil, el gobierno está muy contento con usted. Ha criado a buenos niños. —Yanfei asiente, y pasea sus manos por la fina madera de su escritorio hasta alcanzar una pequeña decoración redonda. La pasea entre sus dedos mientras habla. — Cuando fui con ellos para hablar sobre su hogar de acogida, soltaron inmediatamente su permiso. Una hija con maestría al frente de una empresa tan importante, maestra en lo digital Y un hijo en universidad con calificaciones impecables. Sin mencionar a todos los pequeños que ayudó en su juventud con su dinero y su hogar temporal. —Yanfei asiente otra vez con su cabeza. — Definitivamente, su hogar es de las mejores casas de acogida en esta ciudad. ¿Puedo preguntarle algo?
— Claro que sí, no necesitas ser tan formal. —Agrega, y Yanfei sonríe con algo de pena. Normalmente no le hablaba así.
— Trabajo es trabajo, le hablaré como quiera cuando salga de esta oficina. Todavía tenemos una cena pendiente con la señorita Hu.
Zhongli inclina un poco su cabeza, por supuesto. No se atrevería a olvidar una cena tan importante. Aunque ya imaginaba el dolor de cabeza al final. Cuando Hu Tao y Yanfei se juntaban era un dúo muy ruidoso y escandaloso.
— ¿Qué quieres preguntar, Yanfei? —Cuestiona Zhongli, recordando lo que hace unos momentos la pelirrosa le pidió.
— ¿Piensa adoptarla? —Pregunta directamente, y Zhongli supo de quién se trataba. Niega con la cabeza.
— Su madre está viva, solo incapaz de cuidarla. Su asunto es muy delicado, legalmente. Lo comprenderás.
Yanfei alza sus cejas un poco. Por supuesto que lo entiende.
— Síndrome de Cotard, ¿verdad?
— Sí.
— Le deseo mucha suerte, y amor para la pequeña. Yo también creo que su hogar le hará bien. Ahora, sobre el negocio que piensa poner junto a su amigo, ya tengo los contratos listos. —Yanfei se pone de pie y se dirige a otro mueble en la habitación, un archivero. Abre el cajón de hasta arriba y busca entre las carpetas aquella catalogada con C. La toma y la hojea para asegurarse que sea este, y entonces vuelve con Zhongli. Abre la carpeta y coloca un contrato al frente. — El logo del lugar está aquí, justo como lo pidió. Dirección, coordenadas del lugar… Aquí usted escribirá el pago. En esta parte se hablan de los términos y las ventajas para sus trabajadores. Usted dijo que pagaría por medio de una cuenta bancaria así que es su deber tramitar esas tarjetas, ¿bien? El espacio para anotar el sueldo está en blanco, determínelo usted. —Mientras hablaba, Yanfei iba señalando cada apartado del contrato de ejemplo, que luego guardó junto a los demás. Empuja la carpeta hacia Zhongli. — Necesitaré que el señor Nobile también firme. ¿Cuenta con su firma?
— Sí, vendrá pronto. —Informa distraídamente Zhongli, abriendo la segunda carpeta para revisar los contratos. Eran quince, para comenzar con eso estaba bien. — Su vuelo debería estar a dos horas de llegar. — Entre más pronto, mejor. —Murmura y se pone de pie. Yanfei alza sus cejas y levanta un poco su rostro. ¿Era todo? Yanfei le ofrece una pequeña sonrisa.
— Estoy de acuerdo. Si necesita algo mas por favor avíseme. Y llame a mi padre pronto, se pone muy melancólico cuando se acuerda de usted.
— Creí que estaba de vacaciones, no quise molestar.
— ¿O-ya? —Yanfei sonríe largamente, entrecerrando sus ojos. — Señor Zhongli, mi padre lleva dos años de vacaciones.
Sale de la oficina con su celular en mano. Camina por el pasillo en silencio, pero corresponde cada saludo de los demás trabajadores que se toman la molestia de despedirlo. Entra al elevador y presiona el botón para la planta baja. Con la suave melodía de fondo, Zhongli aprovecha la oportunidad para enviarle un mensaje rápido a su hijo. Se dio cuenta también de que no había leído un mensaje de su hija.
Ganyu (14:56); ¿Cómo te está yendo, querido Xiao?
Zhongli (13:54); ¿Cómo vas, hijo?
No hubo una respuesta rápida, seguramente seguía en clases así que guarda su celular y mantiene sujetas las dos carpetas contra su pecho. Estaba viendo un día bastante ocupado. Salir a la funeraria desde primera hora, viajar hasta esta parte de la ciudad para recoger esto y ahora volver nuevamente a la funeraria. Zhongli sale del edificio y cubre un poco sus ojos cuando el sol le pega. Cuando sale, es de madrugada y el sol es bastante suave. Y cuando vuelve prácticamente siempre era de madrugada así que no había sol. Estaba un poco desacostumbrado al astro rey.
Camina por la calle hasta el estacionamiento frente a una plaza. Ubica su auto y entra, no hubo necesidad de sacar su llave pues el sensor se encargó de que el auto encendiera con un solo botón. Fue cuestión de 15 minutos para regresar a su trabajo. Hu Tao parecía molesta, cruzada de brazos mientras hablaba en una llamada. Los demás trabajadores fingían no escuchar, pero Zhongli pudo ver con facilidad que la señorita Hu era el centro de atención ahora mismo. Caminaba de un lado a otro mientras mantenía su ceño fruncido.
— ¡Lirios, eran lirios amarillos! Trajeron blancos. … ¿Qué lo sienten? ¡Yo lo siento más! Dije que si volvían a confundir pedidos cancelaríamos su nombre de nuestros colaboradores. … ¿Pueden traer el cargamento correcto antes de las seis de la tarde? Me da igual pagarlos otra vez … ¿No? ¿Y qué hay de los tulipanes? Tampoco vinieron en su cargamento. … No me importa que quieran pagar de vuelta, quédenselo. Pero su florería ha perdido la confianza de la Funeraria El Camino. —Dijo finalmente y colgó. Hu Tao resopla y golpea el suelo con su tacón izquierdo, produciendo un sonido de crujido que heló la sangre de todos. Menos la de él. Zhongli carraspea y Hu Tao voltea a verlo inmediatamente.
Fue casi poético cómo la mueca enfadada de Hu Tao se transformó en una sonrisa y unos ojos brillantes.
— ¡Zhongli, ya volviste!
Se lanzó a sus brazos, como era usual. Zhongli se mantiene quieto los primeros segundos, y luego finalmente pone su mano libre sobre el sombrerito de su jefa.
— ¿Volvieron a equivocarse? —Pregunta, y con una gélida mirada hace que los trabajadores vuelvan rápidamente a sus asuntos.
— ¡Sí, ineptos!
Zhongli le levanta el coqueto sombrerito y mira hacia abajo. Otra vez tiene sus cejas fruncidas y sus ojos ardiendo en ira. Hu Tao normalmente no se molestaba, pero cuando le fallaban eso significaba que ella le fallaría a sus clientes y eso la ponía colérica en cuestión de segundos. Por jugar un poco, le esconde la cara en el sombrero. Hu Tao se lo quita de inmediato y lo sujeta con sus dos manos antes de volver a colocárselo sobre su cabeza, nuevamente estaba sonriendo. Ya sabe que no le gusta que le quite su sombrero, es muy importante para ella. ¿No sabe que tiene poderes para ahuyentar malos espíritus?
— Solo deja que deje estos papeles en mi oficina y vamos a comprar nosotros mismos los lirios y tulipanes.
— ¡Y cecilias!
— ¿También se les olvidaron las cecilias? —Pregunta, un detalle tan importante que incluso él se sintió molesto.
— No. —Admite Hu Tao, mordiéndose la lengua. — Esos yo misma olvidé pedirlos… ¡Pero estoy segura de que se les habría olvidado igual!
— Ah.
Dicho y hecho, Zhongli entró por segunda vez en el día a su oficina y guardó las dos carpetas con documentos en su archivero. Se detiene un momento a ver la flor puesta cuidadosamente sobre su asiento. Este lunes se trataba de un lirio de cristal. Lo sujeta y lo levanta un poco para verlo de cerca. Como siempre, el gusto de Hu Tao por las flores era exquisito. Era un hermoso ejemplar.
¿Cuál será la siguiente?
Hu Tao lo esperaba en la entrada de su oficina, se asomaba como si se tratara de una niña tímida. Cuando Zhongli deja de nuevo la flor sobre el escritorio ella suspira y atrae su atención sin querer. Los ojos dorados la ubican e inmediatamente ella se esconde de nuevo, pero su mano seguía viéndose aferrada al margen de la puerta.
Ella no iba a parar, ¿cierto? Tenía años así. Zhongli había bromeado en el pasado, diciendo que parecía acoso laboral, pero poco a poco se hacia una costumbre en su vida. Cada lunes, Hu Tao dejaba sobre su escritorio una flor. Ninguna en específico, solo una linda flor. Zhongli se dirige a la puerta y mira desde arriba a Hu Tao, lucia realmente como una niña pequeña que era tímida de pronto. Le recordaba a esos dulces animales… esos gatos de cara rechoncha con orejas cortas que ponían las miradas más dulces para esconder lo traviesos y escandalosos que eran.
— Vámonos, buscaremos en cada florería. Todavía tenemos tres horas antes del velorio.
El negocio de las flores era realmente algo complicado. Conseguir flores frescas no era sencillo, así que normalmente los pedidos tan grandes se hacían incluso semanas antes si era posible para que la florería tuviera tiempo de prepararlas, congelarlas o criarlas. Por eso cuando fallaba en algo así era bastante importante. Por esta ocasión, tomaron una de las carrozas fúnebres de la funeraria, ni el auto de Zhongli ni el de Hu Tao tenían suficiente espacio atrás para un encargo de flores tan grande.
Para su infortunio, la mayoría de las florerías cercanas sí contaban con las flores que necesitaban, pero a una escala muy pequeña, no era suficiente para preparar toda una sala. Poco a poco Hu Tao se estaba llenando de flores sobre sus piernas y a sus pies, y fue necesario ir apilando los ramos en la parte trasera.
— ¿Te das cuenta de que estas flores son lo más vivo que ha estado ahí atrás~?
— Hu Tao. —Dice con un tono de advertencia.
— ¿Qué~? —Pero ella no lo entendió y verdaderamente pensó que la estaba llamando.
Zhongli no contestó, y ese silencio fue suficiente para que Hu Tao se diera cuenta de que acababa de regañarla por su mal chiste. Infla sus mejillas pero no dice nada, solo abrazó débilmente un ramo de cecilias contra su pecho y juntó sus piernas. Parecía una niña regañada pero Zhongli no se compadeció por eso. No estuvo bien. Estacionó frente a la que sería la quinta florería que visitaban y se bajó primero. Hu Tao se quedó dentro del auto mientras él entró al bonito establecimiento. Una campanilla anunciaría su llegada con un tintineo suave y armonioso.
Una señorita, de corto cabello verde y unos dulces ojos color miel, lo recibió con una sonrisa pequeña.
— Bienvenido, ¿en qué puedo ayudarle?
— Necesito todos los lirios amarillos, cecilias y tulipanes de todos los colores que tengas.
— Oh cielos… —Era un pedido grande, pero Sacarosa asintió y se colocó sus guantes para protegerse las manos. Le pidió al elegante señor un momento para ir a su bodega y a su propio jardín en la parte de atrás y con mucha paciencia, y amor por supuesto, le entregó lo que tenía. A Zhongli le faltaron manos para cargar con tanto.
Fue una grata sorpresa. Pese a que parecía un local pequeño, en realidad cumplió muy bien con su tarea. Fueron necesarias dos vueltas a la carroza para guardar todas las flores junto a las demás. Incluso Sacarosa ayudó a acomodarlas y aceptó el dinero de la señorita Hu por todo. Hu Tao se bajó y le ofreció una de sus tarjetas.
— Has sido de mucha ayuda, y gracias a ti tenemos tiempo suficiente para que nuestros empleados decoren la habitación para un velorio. ¡Mi nombre es Hu Tao, directora de la Funeraria el Camino! —dijo, alegremente. Su vista va por un momento hacia arriba para leer el nombre de la florería de la jovencita, y entonces la vuelve a mirar. Estaba leyendo la tarjeta de negocios que le acababa de ofrecer. — Nos gustaría trabajar contigo en el futuro, ¿puedes brindarme un contacto?
— ¿Qui… Quieren trabajar conmigo? Cielos, cielos… Ah… —Sacarosa se lleva ambas manos a su rostro, abanicándose. — Pero yo trabajo aquí sola, no sé si pueda cumplir con pedidos tan grandes… Pero que mis amadas flores puedan servir en una despedida es tan noble… No quiero quedar mal, ¿qué haré si quedo mal?
Zhongli y Hu Tao comparten una mirada. Le preocupaba quedar mal, pues trabajada ella sola, pero supo apreciar para qué serían usadas sus flores y eso… significaba mucho cuando alguien comprendía el valor real de una ceremonia como la que ellos ofrecían. Sin duda era una candidata perfecta.
— Mi propio personal se haría cargo de las entregas si se trata de mi funeraria. —Aseguró Hu Tao. — Sé que un pedido tan grande es difícil, pero… Tan solo mira nuestra carroza.
Hu Tao señala el vehículo y Sacarosa se asoma. Estaba reventar de flores, de hecho le preocupaba un poco que se maltrataran en el camino de regreso.
— Lo lograste. No seremos duro, ¿bien, bien~?
— Está… bien. Les daré mi número.
— ¡Estupendo!
Hu Tao estira su mano hasta el bolsillo delantero de Zhongli para sujetar su celular con sus dedos y entonces lo estira hasta sacarlo, tal como lo pidió. Lo desbloquea con la contraseña que conoce y entonces revisa el chat familiar.
— ¿Qué escribió Xiao? —Pregunta Zhongli, con su vista al frente.
— Dice… —Hu Tao lee un poco la conversación. — Oh, dice que se perdió buscando la universidad. Que condujo con cuidado y que llegó bien, y que Aether lo ayudó a encontrar su salón.
— ¿Se perdió? Mh. —Zhongli sonríe suavemente sin darse cuenta, divertido. Y eso que fueron juntos a recorrer el campus en la semana de introducción que tuvo antes de que el ciclo comenzara. Puede adivinar que se emocionó y simplemente lo olvidó.
— Es dulce~ —Opina Hu Tao, devolviéndose el celular. Solo lo dejó sobre el regazo de Zhongli. Suspira y se recarga un poco contra la puerta. — Xiao ha crecido tanto ya… ¿Cómo habría sido estudiar en una universidad? —Se pregunta para sí misma.
Por años estudió solamente en su hogar, entrenando para convertirse en la directora que tenía que ser. Lo que ella sabe no tiene nada que envidiarle a una maestría o incluso un doctorado, pero nunca tuvo ese ambiente escolar. Solo tiene los recuerdos de la biblioteca de su casa y el despacho de su padre para estudiar.
— Puedes estudiar cuando quieras, tengas la edad que tengas. Eres joven todavía. —Opina Zhongli, estacionándose por fin entre dos de las carrozas de la funeraria. Pero no se baja tan pronto, solo apaga el motor.
— Eh~ Pero si lo hiciera, sería solo por capricho. No lo necesito. —Hu Tao sonríe, la verdad lo pensó en el pasado, pero concluyó lo mismo que acaba de decir. — Estoy en donde debo estar, y verdaderamente amo mi trabajo. Sé que suena sorpresivo y muy extraño cuando lo escuchas por primera vez, pero ser parte de este viaje en la despedida de la vida… No es algo malvado, ni cruel ni aterrador. Es una tarea importante. Sobre todo, para los niños que perdieron a familiares desde muy jóvenes. Necesitan saber que ya no estarán con ellos… y verlos, pero no verlos con las heridas o esos rostros horribles de miedo, de desesperanza, de terror y angustia. Necesitan verlos con estas caras tranquilas, durmiendo en el sueño eterno. Ah, disculpa. —Hu Tao saca su propio celular de su bolso y contesta la llamada.
Su distracción con un cliente no le permitió ver la forma en que los ojos dorados de Zhongli brillaban luego de escucharla. Exacto, de esto se trataba servir en este trabajo. De ser un guía, y de otorgarle paz a la familia. No era como si lo hubiera olvidado, pero cuando Hu Tao hablaba en serio era imposible no prestarle atención.
Cuando su llamada terminó, Zhongli ya se había bajado del auto y llamaba a más personal para ayudar a bajar todas las flores.
Los sollozos inundaban la habitación, y aunque el ambiente era muy triste y pesado tanto Hu Tao como Zhongli estaban acostumbrados y tan solo se mantenían en silencio a los lados de la puerta. Un joven, uno de los hijos del fallecido, hablaba a un lado del ataúd mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Pero su voz, aunque rota y melancólica, no se apagó y terminó con su pequeño discurso. Una señora, ahora viuda, se puso de pie y abrazó con fuerza a su hijo. Lloró en su hombro y agradeció mil y un veces sus palabras. El hijo, derrotado, cerró sus ojos y la abrazó con mucha fuerza.
Las flores, que fueron protagonistas de su ajetreada tarde, decoraban las coronas y las paredes tan hermosamente. Luego de que Hu Tao se molestara por la tarde realmente nadie más quería hacerla enojar. Que fuera gentil con Zhongli no significaba que lo fuera con los demás.
Que mantuvieran este rostro serio y tranquilo no significaba que fueran insensibles a las emociones, pero demostraba su respeto a la situación. El cadáver había sido tratado cuidadosamente por su personal médico, y en elegante ataúd de caoba era de cortesía por un paquete que el occiso había comprado un par de meses antes de su fallecimiento. Después de todo, en vida, fue un paciente terminal. Y esos clientes eran de los pocos que comprendían cuán importante era realmente prepararse para cuando este momento llegara.
Tal vez, lo más duro para ambos era cuando algún infante se acercaba a ver. Muchos no entendían, pero aquellos que sí se derrumbaban en cuanto veían el rostro de una persona que recordaban con vida. Enfrentar la muerte a una edad tan temprana no siempre era lo mejor. A veces, generaba miedo. Pero muchas veces sí era necesario para comprender lo que significaba la vida, y que había qué apreciarla y vivirla dignamente.
Su celular comenzó a vibrar dentro de su bolsillo y Zhongli se disculpa en voz baja con Hu Tao para salir en silencio de la habitación. Contesta la llamada afuera.
El avión de su amigo ya estaba llegando, así que era momento de retirarse. Le escribe un mensaje a Hu Tao y ella responde casi al instante con una respuesta positiva. Zhongli se dirige con prisa a su oficina y saca sus dos carpetas del archivero, toma la flor y se retira para salir de la funeraria. Entró a su auto y salió con algo de prisa. Estaba feliz, algo apresurado pero feliz. Sujetando el volante con su mano derecha, la izquierda se afloja un poco su corbata. Llegó justo a tiempo, ni bien entró por la terminal C pudo ver un gentío que caminaba en fila hacia la parte de las cintas transportadoras de equipaje. Entre el gentío no batalló nada para encontrar a su amigo. Se trataba de un hombre muy alto, y muy delgado también. Su cabello pelirrojo resaltaba fácilmente entre todas las cabelleras castañas y azabaches. Y al mismo tiempo, el señor Nobile ubicó inmediatamente al elegante señor con traje que recién entraba y sonrió, deteniendo unos segundos para inclinarse hacia abajo y cargar a Teucer.
— Pedrolino, por favor recoge el equipaje. Estaré con ustedes en un momento. —Promete, y el alto hombre lo mira desde abajo y luego asiente, aceptado el ticket que el señor Nobile le ofrece. La señora, mucho más baja que ambos varones, ni siquiera se dio cuenta. Estaba tan maravillada observando algunas tiendas de camino.
Camina hacia Zhongli, el pequeño de anaranjado cabello estaba emocionado. Fue el primero en extender sus manos hacia el elegante señor y Zhongli no dudó mucho en cargarlo.
— ¡Señor Zhongli!
— ¿Cómo estás, pequeño Teucer? —Pregunta, restregando su mejilla gentilmente en los cabellos del pequeño. Sus mejores sonrisas eran sin duda cuando estaba cerca de un niño tan adorable y bien portado como lo era este pequeño. — Querido amigo, es un gusto verte otra vez en persona. Y que estés con bien.
— No tienes que ser tan formal, Zhongli. ¡Te eché de menos!
Un segundo abrazo entre ambos adultos hizo que Teucer se sintiera un poco presionado entre los dos, pero estaba feliz. Tras una charla se dirigieron a buscar a la esposa, quien al verlo igualmente se acercó para abrazarlo aunque de una forma un poco más exagerada.
— ¡Mírate, te ves exactamente igual que hace cuatro años! ¿En dónde te guardas los años que pasan? Qué envidia me provocas, Zhongli. —Dijo, pero su tono en ningún momento fue grosero o arisco. Más bien parecía una amiga hablando con un viejo conocido. Zhongli sujetó su mano y negó suavemente con su cabeza.
— Te ves tan hermosa como siempre, no tienes necesidad de sentir celos por mí. Tengo la fortuna de que mis hijos nunca han sido tan enérgicos como este pequeño.
Teucer pasa de los brazos de Zhongli hasta los de su madre, quien se ríe y asiente.
— Claro, este pequeño es muy travieso cuando quiere. ¿Verdad que sí, encanto?
— ¡No lo soy! ¡Me porto muy bien, mamá!
— Sí, claro que sí, tesoro~
Pedrolino, quien no conocía a Zhongli, los ignoraba mientras buscaba con su mirada por la zona. No lo ve por ninguna parte… ¿Tanto miedo le tenía, que no vino a recogerlo personalmente? Pero entonces la voz del castaño lo hace bajar su mirada. Sí, era todavía más alto que Zhongli. Le ofrecía su enguantada mano y una sonrisa formal.
— Zhongli, un gusto conocer por fin al maestro de Childe.
— Sí, sí, un gusto… Pedrolino.
Estrecharon sus manos, pero se sintió un poco incómodo o al menos así fue para el recién llegado. Zhongli les ayuda a cargar las maletas de la señora, pues ella cargaba a Teucer mientras caminaba a un lado de su esposo y hablaban con Zhongli sobre cómo habían estado sus dos vuelos. Estaban hambrientos, como si no fuera suficiente. Y un poco ansiosos y cansados, pero aliviados por haber llegado por fin.
— ¿Dónde está Ajax? —Preguntó el señor Nobile, y Pedrolino fingió que no prestaba atención a la conversación mientras ayudaba a echar las maletas en la parte trasera del auto.
— Está junto a sus amigos y su novia ahora. Deberían estar en casa ahora mismo. —Murmura Zhongli, mirando la hora en el reloj de su muñeca derecha. Abre la puerta de piloto y entra al auto, quita los seguros y los demás entran igual. Pedrolino, en el asiento trasero, parecía pasarla mal pues estaba encorvado y con un rostro un poco incómodo. Y el viaje hasta casa duraría casi una hora…
Al menos el tiempo pasó rápido, aunque era un hombre de pocas palabras no era grosero y trataba de continuar con la conversación. Se mostraba curioso a veces, respecto al trabajo de Zhongli y también a los pasatiempos de Childe. Pareciera que no, pero en realidad… estaba feliz de estar aquí, aunque tal vez para Childe verlo sería incómodo… Jamás quiso que las cosas terminaran como aquella vez, cuando lo culpó de ser un cobarde y simplemente huir. ¿Estaría molesto con él?
Estacionaron frente a la enorme casa de Zhongli. El señor Nobile silbó al verla, cuántos cambios habían hecho. Habían remodelado, sobre todo el jardín. Había luces en el interior, y en cuanto Zhongli abrió la puerta Teucer entró corriendo primero, olvidándose de quitarse el calzado.
— ¡Childe, Childe! ¿¡Dónde estás!? —Llamó en voz alta, mirando en todas direcciones. La sala estaba despejada, la escalera vacía y nadie a la vista. Pero una voz contestó.
— ¿Es esa la voz de mi dulce hermanito~?
— ¡Childe!
Childe salió de la cocina, con un mandil rosado con dibujos de narvales por todo el frente. Recibió a Teucer con sus brazos abiertos, y cuando el pequeño corrió hacia él lo atrapó y lo levantó en el aire con ánimo. Su hermanito se reía y gritaba con emoción cada vez que era lanzado otra vez al aire. No tenia miedo, sabía que su hermano iba a atraparlo. Abrazó su pequeño cuerpo y le besó varias veces la cabeza.
— ¡Mira lo grande que te ves! ¿Dónde está mamá? —Pregunta, devolviendo a Teucer al suelo. Estaba hincado sobre una de sus rodillas cuando su hermano señaló hacia la puerta, y los ojos azules del ruso siguieron aquella dirección hasta encontrarlos.
De pie, su madre y su padre estaban tomados de la mano mientras lo miraban como si todavía no pudieran creer que estuvieran viviendo este momento tan precioso para ellos. Childe se pone de pie y camina lentamente hacia ellos. Tanto su madre como su padre extienden sus brazos hacia él y Childe corre hasta abrazarlos en su encuentro, con fuerza. Un brazo sujetaba la cintura de su madre y su otra mano, se aferraba a la camisa formal de su padre. Los estrechó a su cuerpo y cerró sus ojos, suspirando. Este momento se sentía pesado y muy emocional para su corazón, los había echado tanto de menos.
— Están aquí…
Su madre se aferraba a su espalda mientras que su padre mantuvo sus manos quietas, pero tenia sus ojos cerrados tras sus lentes y una enorme sonrisa en sus labios. Ninguno de ellos se dio cuenta de que Teucer, quien miraba hacia la cocina, fue atraído por un agradable y muy familiar aroma. Se acercó tímidamente hasta asomarse.
— Estamos aquí, retoño.
— Ay Ajax, mira cuánto has crecido…
Childe se separa un poco de ellos y sujeta tanto una mano de su madre, como una mano de su padre. Les regala una sonrisa brillante y se deja ver, sin duda era diferente verlo a través de una cámara que verlo en persona. Su madre tocó su cara, su cabello y también lo hico encorvarse para verle bien el rostro. Su padre, por otro lado, se divertía observando a su esposa cerciorarse del estado de salud de su retoño. Childe también se mostró divertido hasta que el alto hombre entró enseguida de Zhongli, sujetando su saco doblado sobre su brazo. Vaya...
— No sabía si vendrías… —Murmuró, y su padre toma la mano de su madre para darles un poco de espacio. Se acercaron a Zhongli en silencio.
— Eh… Supongo que ya no eres tan enano.
Childe alza sus cejas, y sin darse cuenta su sonrisa se hace más y más grande. ¿No se le ocurrió nada mejor para decirle? Se rió en su cara, pero no tuvo la intención de burlarse. Pedrolino chistó la lengua pero guardó silencio, sabiendo que eso fue muy torpe de su parte. Pero tal como lo pensó tuvo una sensación incómoda en su estómago. Parecido a aquella tarde en que Childe le dijo que se iría a otro país para continuar con su vida. Aquí estaba… bien, pero se le echaba de menos allá. Aunque era innegable que aquí había recuperado su verdadero yo. Bastaba con ver esos ojos brillantes, esa sonrisa y su aspecto en general, cuidado y fuerte. Childe se calló y de pronto extendió sus brazos solo para él.
— No. —Dice firmemente, ¿y qué demonios con ese delantal? Se veía ridículo. Endurece su gesto pero Childe no se desanima y le hace un gesto muy ridículo con sus cejas, como si coqueteara.
— Venga, sin pena. —Invita, enarcando una de sus cejas.
— No, no empieces con tus cosas cursis… Oh…
Su petición fue obviamente ignorada, el mismo Childe fue quien se acercó a darle un fuerte abrazo. Si Childe era alto, Pedrolino lo era más. Medía casi dos metros, mientras que Childe alcanzaba el metro ochenta. Su cuerpo se puso tenso en todo el abrazo, pero… poco a poco, pudo relajarse y poner una de sus enormes manos sobre la cabeza de Childe para palmearlo un poco.
— Ya, quítate… No seas cursi. —Gruñe, y Childe restriega con más ganas su mejilla en el hombro de Pedrolino hasta que este se cansa y lo aparta al empujarlo suavemente. Childe se rió en voz alta y se cruzó de brazos. Estuvo a punto de decir algo cuando se escucha un gritito emocionado de su madre y su taconeo sobre el viejo piso de madera. Ambos caballeros miran en su dirección.
— ¡Tú debes ser la novia de mi hijo!
Cabello rubio, ojos color miel y una cara rechoncha y adorable. ¡No quedaba lugar a duda! Aether, quien había salido de la cocina para saludar, de pronto se vio acosado por un par de adultos pelirrojos. La señora sujetó su larga trenza y halagó su hermoso cabello, mientras que el señor Nobile lo tomó de las manos y agradeció infinitamente haber cuidado a su hijo por todo este tiempo. Estaba sin habla, la verdad no podía entender ni la mitad de cosas que ellos decían gracias a que por la emoción, hablaron en ruso pero demasiado rápido para su poco conocimiento.
— Yo… ¿Hola?
Childe se precipitó hasta ellos, quitando las manos de su padre de un manotazo suave. Entonces sujetó a Aether por los hombros y dijo firmemente, mirando a su madre y luego a su padre.
— ¡Él es Aether! ¡Es mi amigo! ¡Mi novia es mucho más hermosa que él!
Aether frunció sus cejas, eso sí lo entendió.
— ¡Oye!
Lumine le ofrece el pequeño utensilio para probar el caldo y Xiao recoge un poco su cabello para inclinarse y probarlo. Lo saborea un poco y luego asiente.
— Está perfecto, ya no le pongas nada.
— ¿Sí? Perfecto. Estos sabores son nuevos para mi porque nunca he probado comida rusa antes. —Susurra ella, pero Childe había sido de mucha ayuda. Lumine se quita su mandil y saca de un cajón un cucharón un poco más grande para servir la sopa. Aunque no fuera su casa ya se había familiarizado con esta cocina. De pronto un sonido de madera crujiendo llama la atención de ambos jóvenes, quienes voltean a buscar al culpable de tal sonido.
Los dumplings que habían preparado junto a Childe y Aether, esos mismos que Lumine ya había acomodado al centro de la mesa, habían sido descubiertos de su tapa y un pequeño niño se llenaba la boca con ellos. Lumine sonríe y se lleva una mano a su rostro, no le costó mostrarse sorprendida pues de hecho sí lo estaba.
— ¡Oh cielos! ¿Tenemos a un pequeño ladrón? —La cantarina voz de Lumine hace que el pequeño se sobresalte y se detenga en medio de su delictivo acto, tenia medio dumpling en su boca y uno en cada una de sus pequeñas manos.
— Pegdhon…
— Teucer… —Xiao suspiró, y luego sonrió. Se acerca al pequeño para bajarlo de la silla y le quita ambos dumplings de las manos para devolverlos junto al resto. Ya no había futuro para el que alcanzó a meterse en la boca. Se hinca sobre una de sus rodillas y le — Mírate, robando la comida que Lumine preparó con tanto cuidado para ustedes. ¿No pudiste esperar?
— ¡Es que olía muy rico! —Dijo, como si fuera suficiente para excusarse. Limpia sus manos húmedas en su propio pantalón y luego mira hacia la chica rubia. Tal como su hermano la describió, era una señorita muy linda con cabello rubio y unos cariñosos y dulces ojos dorados. Aunque apenas la conocía le generaba confianza, y por eso extendió sus manos hacia ella para pedirle que lo cargara. — ¡Señorita, cocinas muy rico!
Lumine lo cargó y Xiao murmuró una palabra que ella no entendió. ¿"Mimado"? Levantó un poco al niño y lo observó bien. Tenia los mismos ojos que Childe, y un cabello un poco más oscuro también. Gran parte de su rostro estaba decorado con vistosas y lindas pecas y tenia puesto un sombrero bastante lindo.
— ¿Tú eres Teucer? —Pregunta, volviendo a bajarlo. Él asiente efusivamente.
— ¡Ah, te diste cuenta! ¿Me delataron mis pecas? ¿Verdad que son bonitas? ¿Childe te contó de mí? ¡Yo también he escuchado mucho sobre ti! —Aseguró, sonriendo ampliamente. — ¡La señorita Lumine es realmente hermosa!
Xiao posa una mano sobre el hombro de Lumine.
— Yo me hago cargo de servir, siéntate a hablar. —Invita, y Lumine agradece en voz baja y se sienta también en una de las sillas. Teucer parecía un niño muy enérgico, le hizo toda clase de preguntas. Sus palabras a veces no eran muy claras, sobre todo porque hablaba muy rápido, pero Lumine se esforzó por entender y darle sentido a las pocas palabras sueltas que lograba entender. Así fue hasta que Xiao dijo lo siguiente; — Habla más lento, Teucer. Lumine no puede entenderte si hablas tan rápido.
— ¡Lo siento mucho! Todavía estoy aprendiendo japonés…
Trató de hablar más despacio y con más cuidado, pero su conversación tuvo que ser postergada cuando más gente entró a la cocina. Esta vez se puso de pie para acercarse a saludar. No esperaba que los dos señores Nobile la saludaran con tanta calidez. Sus manos fueron tomadas por la señora, quien miraba su rostro con un poco de duda.
— ¿Tú si eres Lumine? —Preguntó la señora, y aunque la pregunta la confundió un poco ella asintió. Como si hubiera activado alguna especie de mecanismo, inmediatamente el rostro de la mujer se encendió en felicidad. — ¡Eres Lumine! ¡Es un gusto conocerte!
Childe observó, recargado en la pared, como su novia sufría un poco de acoso por parte de sus padres. Sabia que estaba nerviosa, pero lo estaba haciendo muy bien. Tal como Childe dijo, estaba bien si solo se quedaba callada y dejaba que la observaran. Siempre eran así al inicio. Incluso su padre parecía feliz mientras hablaba con ella. Habían estado esperando conocerla a ella y a Aether prácticamente desde que se enteraron que fueron sus primeros amigos y cuán importantes son para su vida. Pedrolino entró también, aunque tuvo que pasar algo agachado por la entrada. Sus pesados ojos se posaron en Lumine, quien miró hacia arriba sorprendida por tan alto sujeto.
— Hola… —Saluda, no pudo evitar verla de arriba a abajo. Lo que sabia de ella era solamente porque los padres de Childe lo habían puesto al día en todo el vuelo, así que de alguna forma… también se sentía agradecido con ella, tanto como con Aether. — Yo traje un regalo para ti y para tu hermano…
Empujó con su pie una hielera que hizo un sonido un poco desagradable cuando llegó hasta los pies de Lumine. Curiosa, ella busca ayuda en Childe pero él estaba tan confundido como ella. Lumine sujeta su falda con una mano y entonces se inclina un poco para quitar la tapa. El contenido la dejó perpleja, y Aether se asomó también en cuanto huele algo familiar. Hierro. Tal vez, este regalo sería aterrador para cualquier otra chica. Pero no para ella. Aether y Lumine de inmediato sujetaron la hielera y la pusieron sobre la mesa, emocionados. Lumine sacó el cuerpo desplumado de un pato y lo mostró frente a todos. Zhongli y Xiao hicieron una mueca y Childe encorvó sus cejas. Pero Lumine y Aether parecían tan emocionados. ¡Por favor, solo miren ese tamaño! ¡Y qué calidad! Escurría sangre, Teucer escondió su rostro a faldas de su madre quien solo tenia una sonrisa un poco apenada en sus labios. Estaba a punto de disculparse por la actitud de su acompañante cuando…
— ¡Lo cocinaremos ahora mismo! ¡Gracias, muchas gracias, señor! —Exclamó Lumine con alegría.
— ¡Déjelo en nuestras manos! —Pidió Aether, y en cuestión de segundos los gemelos se pusieron a la marcha mientras hablaban entre ellos sobre cómo prepararlo.
Francamente, Pedrolino no supo bien qué esperar pero definitivamente esto era una muy grata sorpresa. No solo era una señorita muy hermosa, sino también de estómago fuerte. Mira hacia Childe y en cuanto cruzan miradas él asiente en señal de aprobación. Sí, esta era buena.
