Capitulo 12

En cuanto empezó a notar como el salitre inundaba ligeramente sus fosas nasales se percató de que había llegado a la primera parte de su destino. Vio a las gaviotas revolotear y graznar a lo lejos, y en el aire se notaba ligeramente la brisa marina, fresca y húmeda. Paró el trote y respiró aquella brisa que le inundaba los pulmones de frescor y humedad. Le encantaba aquel aroma, nunca se cansaba de él.

Al rato espoleó con impaciencia a su yegua y esta respondió con un trote rápido y estable, como si acabase de ser ensillada después de un reparador descanso en los establos. Era una yegua parda magnífica, parecía mentira que llevase cinco días trotando casi sin parar, solamente para descansar unas cinco o seis horas por las noches. Sansa le dijo que había sido un regalo de la casa Overton, era la hija de "Estrella Brava", una yegua legendaria de los establos de dicha casa. Lo que significaba que ganaría una fortuna con ella si quisiera venderla, pero por suerte tenía el suficiente sentido común como para no hacerlo.

Llegó a Costa Pedregosa en diez minutos, y pudo ver atracado a lo lejos el Barcoluengo con el estandarte del Kraken en lo alto del mástil, ondeando orgullosamente. Ni siquiera pensó en ir a una taberna a beber algo antes de partir, en vez de eso, buscó unos establos para alquilar y poder dejar allí a la yegua mientras se iba de viaje. Nada más llegar al sencillo puerto, una barca estaba atracada tranquilamente en el muelle, sin nadie. Pensó entonces en cambiar de opinión e ir a la taberna a buscar al remero, o mejor, podía hacerlo ella misma. Decidiendo rápidamente que la segunda opción era la mejor y más rápida, subió a la barca y empezó a soltar la cuerda, cuando un Hijo del Hierro vino corriendo haciendo aspavientos.

- ¿A dónde te crees que vas con mi barca, ladrona?- Gritó el barquero mientras agarraba con rapidez la poca cuerda que quedaba en tierra para evitar que se alejara, y lo amarraba rápidamente al poste.

- A aquel barco. - Señaló con tranquilidad con la barbilla el Barcoluengo de los Krakens.

-Esta barca está reservada para Arya Stark, así que sal de ahí inmediatamente si no quieres que te corte en pedazos y eche tus restos a los peces.- Contestó airado el Hijo del Hierro, mientras sacaba un hacha de su espalda con la mano derecha y la señalaba amenazadoramente con el arma.

Arya pensó que a Asha no le haría mucha gracia que matase a un miembro de su tripulación, a ella tampoco le haría gracia si estuviese en su situación. Así que, para evitar males mayores, decidió salir por su propio pie de la barca.

- Muy bien, ya he salido de la barca tal y como querías.- Informó con total tranquilidad en cuanto puso el pie en el bordillo del atraque.- Ya que no me vas a dejar montar en la barca debido a estos acontecimientos, te recomendaría que fueras personalmente al "Viento Negro" e informaras a tu capitana de que ya estoy aquí.

Observó como el soldado se quedaba lívido y dudaba sobre lo que hacer, de pronto se recompuso como si hubiera tomado una decisión importante.

- Mentirosa, tú no eres Arya Stark.- La acusó mientras la miraba de arriba abajo.- Por lo visto me ves la cara de tonto, una desharrapada como tú, sin banderizos, sin soldados, sin consejeros y sin caballo no puede pertenecer a la casa Stark. Te lo digo por última vez, no quiero ver más tu cara de ladrona por estos lares o lo lamentarás...

Arya suspiró, viendo que el barquero no daba para más.

- Solo te digo que hagas esto. Llévate tu barca, le informas que estoy aquí y ya está, no vas a perder nada. Si soy una mentirosa no volverás a verme el pelo.

El soldado se lo pensó, e inmediatamente subió a la barca.

- Si me engañas te juro que te buscaré por toda la Costa Pedregosa hasta que te atrape.- Volvió a amenazarla mientras se preparaba para ir al barco.

Arya no dijo nada, mientras se cruzaba de brazos y observaba como este iba remando hacia el Barcoluengo. No tardó mucho, al cabo de un rato volvió acompañado de otra persona. Cuando atracaron, observó con satisfacción como este estaba rojo como una grana.

- Bienvenida, Lady Stark.- Saludó la persona que acompañaba. Ese era un hombre de aspecto rústico y fiero, típico de guerreros veteranos que han pasado muchas batallas. Pero lo que llamaba más la atención era su despampanante barba de color rojo, adornada con anillos de oro y plata.- Me llamo Roggon Barbaoxidada, mi capitana me manda a buscaros.

- Disculpe, pero creo que no era necesario que me vinierais a buscar.- Respondió mientras subía a la barca con un ágil movimiento.- Con el remero hubiera sido suficiente.

Entonces observó como Roggon Barbaoxidada miró de una forma tan alarmante al remero que hasta ella misma temió por su vida. Era evidente que su "fallo" no iba a quedar impune, y sintió algo de pena por él.

- El remero hizo su trabajo, se aseguró de que yo era la autentica Arya Stark.

- No debería haberos tratado así, mi señora.- Contestó con un tono grave, denotando su contrariedad. El barquero, sin embargo, remaba hacía el barco con la cabeza gacha y sin decir una palabra.

- Me ha tratado como yo deseaba que me hubiese tratado.- Disculpó nuevamente el comportamiento del remero.-Y no, no me faltó el respeto, si es lo que queréis pensar. No tengo ninguna queja de su comportamiento, por mi parte.

Roggon gruñó, como si se le hubiera cuestionado una idea y, a pesar de no gustarle, la estaba rumiando en su mente por si estaba equivocado. Si eso servía para que el remero solo perdiese una mano en vez de su vida, había sido una buena idea.

Llegaron al barco e, inmediatamente, subieron a cubierta. Nada más poner un pie, escuchó una voz femenina, la cual conocía muy bien.

- Vaya, vaya... mira a quien tenemos aquí. - Se acercó Asha Greyjoy tranquilamente.- Últimamente nos estamos degradando con los invitados a cubierta ¿Desde cuándo subimos a las putas de las tierras verdes?

- Desde que me enteré que esto es un burdel para maricas.- Contestó en alto mientras miraba alrededor del Barcoluengo.- ¿Y tú hablas de degradación? ¡Pero míralos! tu tripulación parecen tan afeminados que hasta yo misma podría follarlos con un palo.

Para entonces, Asha se había puesto frente a ella. Se miraron fijamente dos segundos, para después reírse a carcajadas y abrazarse efusivamente.

- Como te he echado de menos, pedazo de zorra.- La saludó después de separarse.- La última vez que te vi me había dejado tirada en mi habitación mientras te largabas de madrugada a Braavos como una ladrona con su botín recién robado.

- La culpa fue tuya por agarrarte semejante borrachera, casi no podía contigo para llevarte a la habitación.- Recordó divertida.

- Calla, que menuda resaca tuve después, no pude levantarme en tres días.- La agarró por los hombros mientras la conducía hacía las escaleras.- Venga, vamos a mi camarote, tenemos que ponernos al día.

-1-

- Voy a decírtelo sin rodeos. Sé lo que estáis construyendo en Puerto Blanco.

A Arya casi se le atraganta la cerveza que acababa de beber. Estaban bebiendo tranquilamente, se estaban riendo de anécdotas pasadas, todo iba como la seda... y de pronto va y le suelta la bofetada en toda la cara.

- Vaya... Las noticias vuelan...- Dijo después de carraspear y dejar la jarra en la mesa. Era evidente que tarde o temprano todo el mundo se enteraría, pero no lo esperaba tan pronto.

- Por supuesto que vuelan, y más una noticia como esa.- Reprochó la pirata.- ¿Pero os habéis vuelto locos o qué en el Norte?

- Esto que ha sido, Asha ¿Una encerrona? porque déjame decirte que no es lo que parece...

- Por supuesto que SI es lo que parece.- La interrumpió cortante.- He visto todo lo que tenéis montado en Puerto Blanco, lo he visto con mis propios ojos, así que, por favor, no me tomes por idiota. Ni se te ocurra engañarme en la puta cara y dime qué demonios estáis haciendo ahí, o mejor, confírmame que no es lo que me estoy imaginando que es.

Miró a Asha detenidamente. Esta estaba muy seria, la miraba con la misma expresión de tensión que podía notarse en su timbre de voz. Podía ver perfectamente que estaba rumiando si escucharla o hacerla pedazos con su hacha.

- Muy bien Asha. ¿Quieres la verdad o solo lo que quieres oír?

Asha se recostó en la silla.

- ¿Por qué piensas que es lo que quiero oír?

- Porque es evidente que ya me has juzgado y condenado, y solo falta que ejecutes personalmente la sentencia.

Asha suspiró.

- Joder, solo quiero la verdad. Pero sobretodo quiero creer que no has traicionado nuestra amistad...

- Eso jamás lo haría.- Replicó Arya.- No te dije nada porque no queríamos esa clase de reacción. La gente inventa demasiado si tiene miedo y no tiene la información correcta, y cuando se tiene miedo al final acaba todo mal.

Asha se quedó pensando un par de segundos, después afirmó con la cabeza.

- De acuerdo pues, cuéntamelo todo. Dame entonces la información correcta y esta vez no me ocultes nada.

Arya le contó parte de sus aventuras, de donde sacó el dinero, su viaje a Puerto Blanco, lo que acordó con su hermana y que era lo que iban a hacer.

- O sea, que es lo que me imaginaba, es un puerto militar.- Confirmó decepcionada.

- Pero no es para atacar a nadie en concreto, es solo para defendernos.

- ¿Defenderos de quien?- Exclamó Asha enfadada.- Sois independientes, vuestro hermano es el Rey de los Seis Reinos, nadie osaría levantar un arma contra el Norte...

- Ahora.- La interrumpió con un tono vehemente.- Bajo el gobierno de mi hermano, El Norte tendrá... cuantos... ¿Diez años de paz? ¿Veinte? ¿Tal vez treinta...? ¿Y después que pasará? Que llegará al poder un nuevo gobernante que "tal vez" considere que el Norte debe volver a anexionarse a los Siete Reinos, por las buenas o por las malas. Imagínate un nuevo Aegon Targaryen sin dragones, pero con un ejército tan grande que arrasaría todo el Norte sin pensarlo dos veces, la unión de los ejércitos de los Seis Reinos. ¿Sabes porque la casa Stark es tan antigua? porque en su momento Torrhen Stark se arrodilló y Aegon Targaryen lo mantuvo en su puesto ¿Crees entonces que el nuevo gobernante tendrá la misma sensatez y piedad que tuvo el primer Rey de los Siete Reinos? ¿O será un cabrón psicópata como Joffrey que nos considerará una amenaza y mandará todo lo que tiene para atacarnos...?

Asha la miró casi sin pestañear, después bebió un sorbo de su jarra.

- No deberías estar tanto tiempo con la estirada de tu hermana, te influye para mal. Abres la puta boca y parece que hablara ella...

Parecía enfadada, o tal vez si lo estuviese... pero ya la conocía lo suficiente como para saber que había un dejo bromista bajo aquel reproche, y eso la hizo reír, aliviada.

- Por favor, no me compares con mi hermana, somos como el día y la noche. Y, si te sirve de consuelo, no fue idea de Sansa, fue mía. - Arya suspiró.- Mira, yo no voy a aportar hijos, ni tierras, ni un ejército propio a la casa Stark cuando muera algún día. Esta flota naval será mi legado, así que, si tienes que reprochar algo, las culpas las asumo yo, así no metas a la casa Stark por medio.

Asha entonces se quedó pensativa mientras miraba a un punto en el suelo, y suspiró como si estuviera cansada de tratar con este tema.

- De acuerdo, pongámonos que acepto que la construcción de ese muelle militar solo tiene fines estratégicos... ¿Y cómo sé que tú y tu hermana no me estáis mintiendo?¿Como sé que no estáis planificando una invasión a la Islas del Hierro a nuestras espaldas y lo único que queréis es tiempo para organizaros?

- ¿Y que ganaríamos con ello, Asha?- Contestó Arya con una pregunta, mientras se inclinaba hacia adelante.- Nada, una guerra inútil, muertos por doquier, recursos malgastados...Y lo que es peor, la enemistad de nuestro hermano por haber atacado un reino bajo su mandato. Además, tanto Sansa como yo estamos cansadas de guerras, peleas y conflictos, ella no quiere más problemas, y la verdad es que yo tampoco. Mi hermana no es ninguna tonta, "respeta" demasiado a las Islas del Hierro como para hacer semejante locura. No tiene intención ninguna de invadir a nadie, ni ahora ni en un futuro lejano.

Asha estuvo pensando un rato, mientras miraba nuevamente un punto indefinido, concentrada en sus pensamientos. De pronto afirmó con la cabeza.

- De acuerdo, te lo voy a aceptar. Sigo sin fiarme de tu hermana, pero me fiaré de ti. De hecho, lo que quiero es fiarme de ti.

- Ten por seguro que no hay segundas intenciones.- Afirmó Arya.

- Bien, júralo entonces.

- ¿De la misma manera que lo hicimos en la taberna de Desembarco?

- Solo así te creeré.

Arya la miró fijamente, se quito el guante de la mano derecha, sacó su daga de acero valyrio con la izquierda y, con total seguridad, se hizo un tajo con el filo, haciendo que saliera un hilo de sangre. Se lo enseñó a Asha y le pasó la daga, haciendo esta exactamente lo mismo. Después se chocaron las manos ensangrentadas.

- Júralo por lo más sagrado que tengas.- Dijo Asha.

- Lo juro por mi familia, por los antiguos dioses y por El Que Tiene Muchos Rostros.

Asha la miró fijamente, percatándose de que Arya Stark decía la verdad. Conocía la mirada de la verdad, ese tipo de mirada limpia y sin temor de alguien que no tiene nada que ocultar, y Arya la tenía. Eso la alegró, hubiera sido terrible para ella que su mejor amiga la traicionase, y la amistad verdadera entre mujeres era un valor difícil de encontrar en esos días. En cuanto a su hermana... no se fiaba un pelo, pero confiaba en que Arya supiera meterla en vereda.

- Entiendo entonces que no ibas a Braavos a hacerle un favor a tu hermano...- Interrogó después de que se soltaran las manos.

Arya sonrió, viendo la suspicacia de su amiga.

- En realidad era él quien nos ha hecho el favor a nosotras.- Respondió.- Pero antes que nada, esto que te voy a decir no debe de aquí ¿Me oyes?

Asha asintió con la mirada.

- Fuimos a Braavos a conseguir un a un armador.

Asha casi se cae de la silla de la sorpresa.

- Me estás tomando el pelo...

Arya negó con la cabeza mientras chasqueaba la lengua.

- Vaya, Esto sí que me ha dejado muerta.- Comentó Asha haciendo un gesto de sorpresa.- ¿Y cómo demonios habéis conseguido robar a la gallina de los huevos de oro y salir indemnes?

- Poniendo contra las cuerdas a Señor del Mar de Braavos.

- Aaahh, ya veo...os gustan los retos difíciles ¿Eh?

Arya rió mientras asentía con la cabeza.

- No tuvimos muchas opciones. Se dedicó a marearnos con fiestas y obras de teatro mientras nos quería colocar a un incompetente a cambio de beneficios comerciales exclusivos para Braavos. Si no llego a tener a Sir Davos a mi lado esto hubiera sido un desastre.

- Un consejo, andaos con mucho cuidado con Tormo Fregar.- Advirtió Asha.- Me han llegado rumores muy turbios de este señor del Mar. Dicen que es un tipo muy peligroso que no pasa por alto una afrenta, y que no es el tipo de persona que admita una derrota tan fácilmente.

- Lo sabemos, créeme, le hemos conocido lo suficiente como para saber que los rumores son fundados.- Respondió Arya mientras se levantaba de la silla y se dirigía hacia la ventana del camarote.- Necesitamos tiempo, pero estaremos prevenidos llegado el momento. Tanto Bram como Sansa saben perfectamente lo que ha pasado y obrarán en consecuencia si hace algo fuera de lo normal.

Mientras Arya hablaba y se quedaba mirando el mar a través de la ventana con los brazos cruzados, Asha notó un extraño timbre de voz, como si algo la estuviese carcomiendo.

- Te estás callando algo, te lo noto...

Arya se quedó en silencio unos tres segundos.

- No te preocupes, no... es nada importante.

- Cuéntamelo.- Se levantó y se puso a su lado, apoyando su hombro en la pared del barco.- ¿Que ha pasado?

Arya no quería contarle nada para no preocupar a nadie, pero la reunión con los Hombres sin Rostro la había dejado tan abatida que necesitaba contárselo a alguien, y que mejor que a su única y mejor amiga... así que la hizo jurar de nuevo que no diría nada a nadie y después se lo contó todo.

- Menuda panda de desgraciados...- Masculló Asha.- Desgraciados y tramposos.

- Si, son unos hijos de las mil putas, pero me tienen agarrada por todas partes.- Afirmó algo preocupada.- Según ellos, mientras pueda cambiar de cara estoy a su servicio me guste o no. En cualquier momento pueden ponerse en contacto conmigo... ¿Y si dicen que debo matar a Bram, o a Sansa...o...?

- No pienses en ello, no son tan idiotas, enviarían a otro.- Asha la agarró del hombro, interrumpiéndola.- Y no te preocupes, lo solucionaremos. Iremos a esa puta casa de Blanco y Negro, y nos los cargaremos a todos.

- Asha, con ellos no se pueden hacer las cosas así...

- Pues entonces los buscaremos uno a uno, como si fueran ratas. Tú me los identificas y yo los decapito con el hacha.

Las dos se rieron ligeramente, sintiendo el ambiente triste que se había instalado se iba disipando. Asha la soltó y se fue a la mesa a servirse otra jarra de cerveza.

- Y volviendo al asunto principal... necesito que me hagas un favor.- Informó mientras le daba un sorbo a su jarra.

- ¿Cual favor?- Preguntó Arya mientras se giraba para mirarla.

- Pues... a raíz de los acontecimientos de Puerto Blanco, tengo a todos mis banderizos y casas nobles muy nerviosos. Ahora mismo los tengo a todos esperando en Pyke para una reunión urgente con respecto a este tema. Siento decirte esto, pero tendrás que convencerlos como has hecho conmigo.

Arya se quedó tan sorprendida de esto que tardó un par de segundos en responder.

- Dime que esto no ha sido una encerrona...

Asha suspiró, ahora le tocaba a ella estar en la situación incómoda.

- Mira, de veras que lo siento, pero tú y tu hermana me habéis colocado en una situación muy delicada. Van a tener todos los ojos puestos cuando salgamos, si vienes conmigo habrá negociación, si salgo sola se montarán en sus barcos e irán a destruir Puerto Blanco.

- Joder Asha...- Murmuró Arya con exasperación.- Así que me estabas poniendo a prueba.

- Créeme si te digo que esto ha sido más difícil para mí que para tí.- Contestó Asha.- Y de veras que no quería pensar lo que me estaba imaginando, hubiera sido catastrófico. Debes convencerlos de la misma manera que me lo has dicho a mí.

- Asha, yo no soy política, ni diplomática.- Respondió con reproche.- No tengo ni idea de cómo funciona ese mundo, y de hecho tenías que haber convocado a Sansa en vez de a mí.

- ¿Tu hermana? ¿Convocarla? Somos los Hijos del Hierro, Arya, aquí las cosas funcionan de otra manera. Por muy "Reina en el Norte" que se regodee en su título, su hermoso rostro y sus bonitos vestidos, no hubiera aguantado ni dos horas allí. Ni siquiera la habrían dejado hablar, se habrían abalanzado a por ella y la habrían devorado como hienas para arrojar sus restos al Dios Ahogado, eso sin contar que no tiene muchas simpatías en estos lares...

- ¿Entonces por qué yo?- Preguntó Arya algo frustrada.

- Porque... tú eres diferente. Porque sabes navegar. Porque eres una guerrera. Porque sabes divertirte igual que nosotros. Pero sobretodo, porque eres mi amiga.- Asha la miró fijamente, totalmente convencida de sus palabras.- Y porque yo les di mi palabra de que tú si eras alguien de fiar, y eso es lo que están esperando. Y si te ven a mi lado verán que yo te apoyo y estarán más dispuestos a aceptar lo que me acabas de decir.

Arya la miró un par de segundos y luego negó con la cabeza.

- Asha, eres una asquerosa despreciable.

- Gracias, yo también te quiero...

Las dos se quedaron calladas al unísono, para después comenzar a reír a carcajadas. Por los nervios, por la tensión que había en el ambiente, por la cerveza... no lo sabían. Solo querían reír hasta que las lágrimas anegaran sus ojos, y por un momento, olvidarse de todo.

Arya fue la primera en hablar.

- De acuerdo, lo haré, aunque no te prometo nada. Pero eso sí, tú hablarás y yo solo haré algún apunte si hay que explicar algo.

- Pues adelante, vayamos a salvar esta situación de una vez.- Brindó Asha con la jarra en la mano.- Y después de esto, tendremos la mejor fiesta de bienvenida que jamás se haya visto en Pyke.

-2-

Se podía cortar el aire con una espada de la tensión que había en el ambiente. Acababan de entrar en el salón principal, donde estaban todos los banderizos y las casas nobles de los Hijos del Hierro, todos listos para la importante reunión que allí se celebraría. El recibimiento en el puerto había sido formal, pero gélido hasta límites insospechados. Pudo ver en todos ellos una mirada glacial y llena de reproche, como si estuvieran esperando malas noticias.

La silla de Piedramar, el famoso trono de los Hijos del Hierro con forma de Kraken del que se rumoreaba estaba tallado de la misma piedra negra y aceitosa que había visto en Asshai, había sido retirado momentáneamente y se había dispuesto varias mesas y asientos para que se sentasen, pero no había ni comida ni vino. Todos habían llegado antes que ellas dos y estaban de pie, expectantes. Solo el crepitar de la enorme chimenea que había en la pared para calentar la estancia era el único ruido que inundaba el ambiente.

Asha entonces habló. Les contó todo lo que Arya le había explicado, haciendo que varias veces se escucharan murmullo, o gritos de negación si lo que decía no les gustaba. Los ánimos estaban muy caldeados.

- ¿Y nos tenemos que fiar de dos zorras de las tierras verdes?- Gritó entonces Waldon Winch, uno de los más exaltados, haciendo que varios de los que estaban de su parte le vitoreasen.

Asha iba a volver a hablar, pero Arya la paró con un gesto con la mano, pidiendo el turno de palabra. Esperó a que la gente le prestase atención, y entonces decidió hablar.

- Tenéis razón, para los Hijos del Hierro, nosotras solo somos dos zorras norteñas que estamos fuera del control de los Seis Reinos. Y no os lo reprocho, por mí podéis considerarnos como mejor os plazca.

Paró dos segundo para comprobar que tenía su atención, y continuó.

- Pero es que resulta que no somos solamente "dos zorras norteñas". Una es la Reina en el Norte, hermana de vuestro rey de los Seis Reinos. Jon Nieve es el "Rey más allá de muro", con más de trescientos mil salvajes dispuestos a morir por su causa. ¿Y yo, que soy? No soy nadie, solo una vulgar Asesina sin Rostro.

Los murmullos surgieron en la sala. Cuando estos amainaron, Arya continuó.

- He hecho un juramento de sangre con vuestra "Lord Segador de Pyke", y por lo tanto estoy atada y obligada a cumplirlo con mi honor. Se lo que es el honor, todos sabéis quien era mi padre, y puedo aseguraros de que me educó muy bien al respecto. Y también puedo dar certeza absoluta de que lo que dice Asha es completamente cierto.

- ¿Y como sabemos que vuestra hermana cumplirá con el pacto?- Preguntó una voz desconocida de entre los asistentes.

- Porque mi hermana no es tan idiota, le interesa ahora mismo una guerra tan poco como a los aquí presentes. Ni tenemos motivos ni ganaríamos nada peleando con los Hombres del Hierro, y si mucha enemistad de los otros reinos, es evidente que todos saldríamos perdiendo.

Los murmullos volvieron.

- Así que ahora mismo vamos a hacer un pacto de no agresión. Todos los aquí presentes se comprometerán a no atacarnos, y nosotras nos comprometeremos a no molestar a los Hijos del Hierro. Pero...- Arya sacó enérgicamente su daga de acero valyrio y la clavó con fuerza en la mesa, después de inclinó y apoyó sus manos en la mesa.- Si algún imbécil tuviera los malditos cojones de romper el pacto y hacer las cosas por su cuenta, iré personalmente a por él. Iré a por ese cabrón, le cortaré los brazos y las piernas con su propia hacha, despellejaré vivas a sus mujeres, degollaré a sus hijos mientras sigue vivo para que pueda verlo y por último le vaciaré los ojos, le cortaré la lengua y lo lanzaré al mar para que sirva de comida a vuestro "Dios Ahogado".

Había un silencio sepulcral en la sala, así que Arya se incorporó para volverlos a mirar a todos.

- Así que... ¿Alguna pregunta? ¿Alguien tiene algo que decir al respecto?

Nadie dijo absolutamente nada.

- De acuerdo pues... ¿Hay trato?

Hubo dos segundos de silencio absoluto, cuando Maron Volmark se levantó.

- Por mí hay trato.

Otro más se levantó y dijo lo mismo. Luego otro, y otro... y cuando comprobaron que había unanimidad, los vítores inundaron la sala, para estos gritar inmediatamente que empezaran a traer comida, vino y cerveza. Las esclavas y criadas empezaron a traer manjares y bebidas, y una pequeña banda local se empezaba a colocar en un rincón, preparándose para empezar a tocar.

- -Bueno, no ha salido del todo mal ¿No? - Preguntó Arya a su amiga mientras todo el mundo se preparada para el festín.

- Les has dicho justo lo que querían oír.- Respondió Asha con una sonrisa de medio lado.

- ¿Querían oír que los mataría de la peor forma posible?- Preguntó algo confundida.

- ¿Lo ves, como tu hermana no hubiera aguantado ni dos horas aquí? Tenías que ser tú, tú eras la única de las dos que habla su lenguaje. Y no te preocupes, si vosotras cumplís el trato, me aseguraré personalmente de que nadie de aquí lo rompa, pero tú tienes que asegurarme de que vosotras tampoco lo haréis.

- Por nuestra parte no será, eso tenlo por seguro.- Afirmó Arya mientras se sentaban.- Y esta es la última vez que le salvo el culo a mi hermana, estoy hasta las narices de hacerle el trabajo sucio...

- Ah, venga, no pienses más en eso.- Interrumpió Asha mientras chasqueaba los dedos a una criada para que las atendiera.- Comamos, bebamos, y divirtámonos hasta que el sol salga por el horizonte. Mi amiga ha cumplido con su promesa y ha venido a verme, y de paso hemos evitado una guerra inútil. Hay motivos de sobra para celebrarlo.

Arya se la quedó mirando fijamente mientras les servían unas cervezas. Agarró la suya y la levantó al aire.

- ¿Sabes qué? Que tienes razón joder... brindemos porque nos hemos vuelto a reunir en las Islas del Hierro.

- Y yo brindo por lo bien que nos lo vamos a pasar.- Levantó Asha la jarra y las chocaron, haciendo que oficialmente empezara la fiesta.

-3-

La fiesta al final resultó ser divertidísima. Comieron como cerdos, bebieron como si no hubiera un mañana, cantaron y bailaron como si se fuera a acabar el mundo esa misma noche y le hicieron una demostración de lo que era la "Danza del dedo". A ello se pusieron Donnor Saltcliffe e Ygon Farwynd, los cuales empezaron a danzar en medio del cuadrado interior que formaban las mesas, mientras se pasaban un hacha con la mano. Un par de veces el hacha se escapó y en una de ellas casi le da a una esclava que portaba cerveza, la pobre chica soltó la bandeja al suelo y salió corriendo despavorida. De pronto, Donnor Saltcliffe le falló la mano y vio su dedo meñique volar por los aires mientras el hacha se clavaba en una pared. Ni se quejó ni lloró por la pérdida, buscó su dedo, se lo entregó a Arya en la mesa y dijo que ese regalo lo hacía en su honor. Arya y Asha se miraron y se pusieron a reír a carcajadas.

La fiesta proseguía, cuando Arya vio a un muchacho entrar a la sala. Alto, fuerte y moreno. Tenía el pelo liso y largo agarrado por una coleta baja, pero su falta de barba y bigote demostraba su juventud. Aun así tenía un aire bastante viril que le gustó mucho. Era una pena que fuera tan joven, dos o tres años más y sería perfecto.

- ¿Quién es ese que acaba de entrar? - Preguntó a Asha, que estaba hablando con otra persona. Se lo señaló con la barbilla.

- ¿Ese? Ah, sí, es el hijo mayor de Skyte, sobrino de Qarl la doncella.

- Ah, el famoso Qarl que te estuviste tirando durante años...

- El mismo que vestía y calzaba.

Arya sabía la historia que habían tenido Asha y uno de los mejores guerreros de las Islas del Hierro. Según Asha, follaba tan bien como luchaba, pero este murió en un naufragio cuando se disponían a atacar el puerto de Kayce, en las tierras occidentales.

"Una madriguera de Lannisters tenía que ser..." Pensó la vez que se lo contó.

-¿Por qué quieres saberlo?- Quiso indagar la pirata.

- Es para saber si me lo recomendarías.

- ¿Para pelear con él?

- ¿Tú qué crees...?

Asha rió cómplice.

- Te puedo decir que lucha estupendamente de todas las formas. En ese aspecto, se parece mucho a su tío.

- ¿Con el hacha o con la espada?

- Es muy diestro con las armas... con TODAS.- Recalcó su amiga.- Está muy bien entrenado, de hecho lo entrené yo personalmente, así que puedo darte total garantía.

- Asha, serás cabrona...- Bromeó la norteña con sarcasmo.- Es mucho más joven que tú, y es el sobrino de tu amante. ¿Qué diría Qarl al respecto? no te lo habría perdonado si siguiese vivo.

- -Cuanto más jóvenes, más rápido aprenden.- Contestó en broma su amiga mientras le daba un trago a su cerveza.- No se le pueden enseñar nuevos trucos a un viejo zorro. Además, Qarl está muerto pasto de los peces y otras cosas peores, así que me importa una mierda lo que pensase al respecto.

Arya sonrió, le dio dos palmadas en el hombro y se levantó de la silla, dispuesta a atrapar a su presa.

- ¡QUE TE DIVIERTAS! - Gritó Asha, y cuando se giró, esta brindaba a su salud.

El chico no se había sentado a la mesa de banquetes a comer, solo observaba la fiesta mientras apoyaba su espalda contra la pared y bebía una jarra de cerveza.

- Vaya, que solito estás...- Se presentó mientas se ponía a su lado, también apoyando su espalda contra la pared.

El chico al principio la miró sorprendido, como si pensase que no fuera posible que la misma Arya Stark quisiese hablar con él.

- Oh, Lady Stark, discúlpeme, espero no haberla molestado.

- Por supuesto que no me molestas. De hecho, quería hablar contigo.

- ¿Conmigo? ¿Sobre qué, mi señora?- Preguntó el chico confundido.

Ella se separó de la pared y se puso frente al él.

- Sobre una proposición que seguro te va a gustar.

-4-

Se recostó pesadamente boca arriba en la cama, desnuda, sudorosa, exhausta y jadeante. En parte por el esfuerzo realizado al cabalgar a su amante, en parte también por el orgasmo que acababa de sentir. Aun podía notar como su corazón latía rápidamente acompasado también con las palpitaciones de sus partes íntimas, sus contracciones en el bajo vientre que empezaban a disiparse, y sentía al mismo tiempo como la sangre fluía nuevamente por sus extremidades, haciendo que le generase una agradables cosquillas. Sonrió mientras el estado de paz que acompañaba después la invadía por completo, haciéndola sentir maravillosamente relajada.

"Dioses, esto es lo mejor del mundo..."

Había cuatro cosas que le encantaba hacer, viajar, salir de juerga, cabalgar y matar gente. Pero esto estaba a otro nivel, y aunque no solía hacerlo tan a menudo como le gustaría o podría, cuando tenía la oportunidad lo aprovechaba al máximo. Este en concreto había sido breve, pero intenso, rápido pero duro, justo como a ella le gustaba.

- Caray, Lady Stark, reconozco que me habéis sorprendido.- Comentó de pronto su amante a su lado, también sin resuello.

- ¿Y eso porque?- Preguntó intrigada, sin mirarle.

- Siempre he pensado que la mujeres de las tierras verdes no saben follar. Se acuestan en el camastro, se suben la falda, se abren de piernas y te dejan todo el trabajo. Pero vos... joder, folláis como una autentica hija del Hierro.

- Como ves, no todas las mujeres de las tierras verdes son así de pasivas. De hecho, sobreestimas a las hijas del Hierro.- Contestó, sabiendo que las que se dejaban follar sin quererlo ellas era porque eran esposas de sal y no tenían muchas opciones.- La mayoría no son de aquí, las tenéis como esclavas.

- No, mi señora.- Discrepó el guerrero.- No hablo de las esposas de sal, hablo de las autenticas, de las de piedra, como nuestra señora Asha.

Lo miró dos segundos y volvió a sonreír ante la inocencia del muchacho, decidiendo que era el momento de salir de aquella habitación. Se levantó de la cama y se dispuso a vestirse.

- ¿A dónde vais, mi señora? - Preguntó entonces el chico, incorporando su torso con los codos para observarla.

- A descansar a mis aposentos, ha sido un día muy intenso y estoy agotada.- Contestó mientras se ponía la camisola.

- Podéis descansar aquí...- Invitó el chico con toda la intención del mundo mientras levantaba una ceja. Solo le faltó abrir las pieles y dar dos golpecitos con la palma de la mano.- Toda la noche si así lo deseáis.

Arya le observó y se rió, el chico era atrevido, y era evidente que no había tenido suficiente.

- Mira, si te hiciera caso desde luego que no descansaría en toda la noche.- Continuó vistiéndose.- Y necesito hacerlo, mañana tengo cosas que hacer con Asha.

El muchacho sonrió, entendiendo lo que quería decir.

- Igualmente, espero que nos volvamos a ver mientras gocemos con su presencia en las Islas del Hierro.

- Uhmmm...Si... seguramente volveré a visitar estas estancias.- Dijo después de observar la habitación y pensárselo un momento.- Tal vez más pronto de lo que esperas.

Le sonrió a modo de despedida, agarró la chaqueta de cuero de una silla y abrió la puerta para salir de allí. Nada más cerrarla, se encontró con Asha, apoyando su espalda a la pared, su sonrisa socarrona y con los brazos cruzados, algo que la sorprendió.

- ¿Pero tú qué haces aquí?- Preguntó extrañada.

- Bueno, quería ver si había cumplido tus expectativas.- Respondió con seguridad.- A fin de cuentas, fui yo quien te lo recomendé.

- Aja...- La miró fijamente y se acercó dando un par de pasos.- ¿Y desde cuanto tiempo llevas aquí?

- El suficiente.- Respondió Asha con rapidez.

"Así que me ha estado espiando y se ha enterado de todo... interesante."

- Y, bajo tu punto de vista... ¿Qué te ha parecido? - Dijo con un tono seductor, mientras se acercaba y se puso frente a ella.- ¿Consideras que tu muchacho debe mejorar, o por el contrario ha dejado la hombría de las Islas del Hierro en buen lugar?

Arya la miró fijamente como si quisiera retarla, y Asha sintió que su zona íntima se le humedecía. La norteña llevaba el cuello de la camisola entreabierta, haciendo que su escote se vislumbrara, y la fina tela dibujaba insinuantemente unos pechos pequeños, pero redondos y turgentes. El pelo lo llevaba suelto, algo alborotado y sin peinar, pero a la luz de las antorchas su expresión era fascinante, con el fuego reflejado en sus enormes ojos grises. No era una belleza clásica como su hermana la Reina en El Norte, pero era hermosa a su estilo, un tipo de belleza salvaje que ahora mismo estaba en su máxima expresión. Era como un lobo, un puto depredador escrutando a su presa antes de hincarle el diente, y para ella, que exceptuando a Qarl, siempre era alguien que trataba a sus amantes como si fueran objetos de un solo uso, encontrarse en esa situación la excitaba. Pero no iba a demostrárselo ni aunque le retorcieran un brazo.

-Ehhmmm...en resumen, ha sido muy rápido para mi gusto.- Dijo con un mohín de indiferencia.- Aunque un poco más y tiráis la pared de la habitación de al lado, se escuchaban los golpes del cabecero desde aquí. Pero no intentes darle la vuelta guapa, no soy yo la que tengo que contestar a esa pregunta. Así que... ¿Te ha gustado?

Arya la miró con intensidad y de pronto su mano derecha la agarró del cuello con rapidez, la acercó a ella y la besó. No era un beso casto, pudo notar perfectamente como abría la boca y su lengua se entrelazaba con la suya, como si quisiera devorarla. Ni siquiera pudo reaccionar, ya que la pilló completamente desprevenida, pero si antes estaba mojada, con aquel beso la había dejado chorreando.

Fue un beso breve, no duró ni cinco segundos que a Asha se le hicieron eternos. De pronto la soltó con la misma rapidez con que la agarró, y antes de que pudiera decir nada, le dio dos ligeras palmaditas en la mejilla con la mano derecha, mientras chasqueaba la lengua y le guiñaba el ojo, todo a la vez. Después se giró y empezó a caminar por el pasillo, mientras oía a Asha reírse y mascullar "Pero será zorra..."

- Por cierto, te he dejado al chico preparado y listo para el combate.- Se giró mientras caminaba hacia atrás.- Si lo quieres, es todo tuyo.

Se rió mientras Asha le bramaba a lo lejos que era una puta, que como se atrevía a decirle algo así y que ella no se comía las sobras de los demás. No quiso mirarla mientras se alejaba, siguió caminando en dirección hacia sus habitaciones.

Ahhh, si, había sido un día perfecto. El problema con los nobles de las Islas del Hierro estaba solucionado, la fiesta había sido estupenda, había echado un polvo genial y, como colofón final, el beso con Asha. La verdad es que no sabía muy bien porque lo había hecho, simplemente le apeteció hacerlo y lo hizo, el cuerpo se lo pidió. Asha sería muy tonta si no aprovechaba al muchacho al que había dejado en su habitación, porque estaba segura que su beso la había excitado. No era nada presuntuoso de su parte, ella estaría igual si la hubieran besado así, pero ya había tenido su ración de sexo por hoy, de momento estaba bien servida.

¿El chico? ... bueno, no era exactamente su tipo, ya que era muy jovencito para su gusto, pero sabía desenvolverse bien, lo suficiente como para volver a visitarlo. Normalmente le gustaba otro tipo de hombre, siempre se acababa liando con mercenarios fornidos y con aspecto de ser peligrosos, ese tipo de hombres que su instinto le indicaba que tenían pinta de ser unas fieras en la cama, y normalmente no se equivocaba, excepto una sola vez, que prefería no recordar.

En realidad, todos los hombres que había amado y apreciado de verdad serían incapaces de hacer daño a una mujer o un ser indefenso ¿Jon? jamás, se cortaría un brazo antes de hacer algo así, al igual que su padre, que era alguien íntegro de los pies a la cabeza. Robb tampoco haría algo así si estuviese vivo ya que su honor se lo impediría , de hecho se casó con Jeyne Westerling porque la había "deshonrado", y ese error lo pagó después muy caro. Bram y Rickon...nunca lo sabrían. Bram estaba tullido y completamente inmune a las necesidades sexuales, y Rickon estaba muerto, era demasiado joven para acabar así, pero quería confiar en que su padre le enseñó bien mientras estuvo vivo y era un Stark íntegro de los pies a la cabeza. Incluso Sandor, con lo cabrón y mala bestia que era en el combate, en el fondo era una buena persona.

"Gendry también, sería incapaz de hacer daño de esa forma tan brutal. Por eso dejaste que se pusiera encima de tí, porque confiabas en él..."

Arya paró en seco, sorprendida de aquel pensamiento que se había colado sin proponérselo. ¿A santo de que venía pensar en el imbécil de Gendry? Si, el mismo, el macizo de "Bastión de Tormentas" que entró a su habitación con premeditación y alevosía, la calentó bien calentita y después de dejarla a medias se largó como si no hubiera pasado nada...

"Como lo pille le rajo las tripas... está decidido."

Movió la cabeza para quitar aquellos pensamientos y se dispuso a entrar en su habitación. Era tarde, y mañana tenía pinta de que sería una jornada, si no igual, bastante intensa