Capítulo 13
Nada más poner un pie en el puerto de Costa Pedregosa, se encontró a Sansa y toda su comitiva personal esperándola. El rostro de su hermana era la viva imagen de la preocupación, y cuando estuvo en tierra, Sansa fue corriendo a abrazarla.
- Me alegro tanto de que estés bien... dioses, estaba muy preocupada.
El motivo de la preocupación era porque, al día siguiente de la fiesta de bienvenida, recibió un mensaje de un cuervo enviado desde Invernalia. Era un mensaje angustioso de su hermana, donde se había enterado de que los Hijos del Hierro conocían la existencia del puerto militar, lo que hizo que Sansa pensase que había enviado a su hermana a una muerte segura, pidiéndole por favor una respuesta urgente para corroborar que aun seguía viva. Pero Arya le contesto que no se preocupara, que estaba bien, que había conseguido calmar los ánimos a los Hijos del Hierro y que cuando llegase la pondría al día sobre todo lo acontecido. También le dijo que sería recomendable que hiciera una reunión con la nobleza norteña para asegurarse el pacto de no agresión, y que le hiciera el favor de no enviarle más mensajes porque no estaba en peligro, que la dejara en paz, que iba a pasárselo bien con Asha y que ya le enviaría un mensaje para avisarla de su regreso. Por suerte, Sansa le hizo caso a lo largo de su estancia en las Islas del Hierro.
- ¿Que dice la poderosa "Reina en el Norte?- Preguntó con sarcasmo Asha, mientras observaba como esta escribía su mensaje para Invernalia.
- Ah, nada, no te preocupes.- Contestó con indiferencia.- Está muerta de miedo porque piensa que me vais a cortar en pedacitos con un hacha por lo del puerto.
- Tu hermana es muy miedica...- Se burló la pirata.
- Tiene motivos para estar preocupada.- Intentó defenderla.
- Porque no tiene más que prejuicios contra nosotros, nos considera una panda de salvajes que nos matamos entre sí a la mínima provocación.
- ¿Acaso miente...?- Retó Arya con ironía.
- A veces te metería un hacha por el culo...- Contestó Asha muy seria después de mirarla un par de segundos, haciendo que Arya riera con gusto.- Anda, acaba lo que tengas que hacer y nos vamos a navegar. Recuerda que tenemos un torneo.
- Que sepas que te haré picadillo.- Confirmó Arya segura de sí misma.
- Eso no te lo crees ni tú...- Cuestionó mientras se marchaba.
Arya terminó de escribir su mensaje para que lo colocaran en el cuervo de Invernalia y este echase a volar. Cuanto más tranquila se quedase su hermana, menos le daría la tabarra y más disfrutaría de la estancia.
- Suéltame, anda, estoy bien.- Intentó desperezarse del abrazo de su hermana.- Lo único que quiero saber es que tienes a los nobles del Norte bajo control.
- Por los norteños no te preocupes, ellos jamás romperán el pacto. Doy mi vida por su palabra.
- Pues entonces todo arreglado, Asha me ha dado su palabra de que los suyos tampoco lo romperán. Venga, regresemos a Invernalia, tengo ganas de llegar a casa y aun nos queda mucho camino.
-1-
Hacía un día que habían llegado a Invernalia y el frio había arreciado bastante. Habían acabado de cenar, y para estar más calentitas colocaron dos sillas frente al fuego de la chimenea que calentaba el comedor, tapándose con pieles para estar más cómodas. Estuvieron un buen rato allí, mientras de fondo se oía crepitar la chimenea y los sirvientes recogían la mesa y limpiaban la zona para el desayuno del día siguiente. Ellas charlaban de sus cosas, que como les había ido en aquellos tres años, de las aventuras de Arya, de los retos políticos de Sansa... estaban pasando un rato distendido, como hacía años que no tenían las dos hermanas.
- ¿Puedo hacerte una pregunta... personal?
- Si claro, dime...- Afirmó Sansa mostrando interés.
-¿Por qué no te has casado?
Sansa se quedó algo sorprendida.
-Vaya, mira quien fue a hablar.- Contestó con un poco de ironía.- La que le tiene alergia al matrimonio..
Arya sonrió por la frase irónica, algo muy raro en su hermana.
-Bueno... es que algo raro en tí. Eres la reina en el Norte, el matrimonio forma parte de tus deberes.
Sansa se quedó pensativa mientras miraba el fuego de la chimenea. Incluso pudo vislumbrar un leve gesto de dolor.
-¿Qué respuesta deseas saber realmente, la oficial o la verdadera?
Arya se quedó extrañada.
- ¿Es que hay dos versiones?
Sansa optó por la callada como respuesta.
-¿Tu qué crees?
Sansa se recostó nuevamente en la silla, pensativa.
-La respuesta oficial, que es la que le he dicho a todo el mundo para que me dejen en paz, es que no deseo casarme más. Llevo tres matrimonios a cuestas y todos fueron un desastre, no quiero volver a pasar por el altar en lo que me quede de vida.
-Ya, como que la nobleza norteña lo va a permitir así sin mas... venga, entre nosotras, ahora dime la verdadera.
Sansa la miró con aprehensión.
-Por favor, antes de nada desearía que no dijeras ningún comentario sarcástico de los tuyos. Esto es muy delicado y doloroso para mí.
Arya la miró y asintió con la mirada.
Sansa entonces quedó en silencio un par de segundos, después suspiró.
- El motivo es... que...no puedo estar con un hombre... íntimamente. No puedo, soy incapaz.
- ¿Por qué?- Preguntó Arya extrañada, aunque teniendo en cuenta que estuvo casada con Ramsay Bolton, y consciente de su reputación, empezó a sospechar que era algo relacionado. Pudo observar enseguida como Sansa tuvo un escalofrío, debía ser algo muy serio.
- Cuando me casé con Ramsay, en la noche de bodas, el me... me...- A Sansa le tembló el labio inferior.
-Te violó.- Completó Arya muy seria, sintiendo como le hervía la sangre. Sansa solo pudo asentir con la cabeza como respuesta.
- Fue mucho peor que una violación. Me... hizo cosas horribles Arya, me mutiló por completo, no físicamente, claro... pero me destruyó de tal manera que no puedo estar con un hombre sin sentir pánico.
- Lo siento mucho.- Dijo sinceramente, pensando para sus adentros que si Ramsay Bolton no hubiera sido asesinado por Sansa, hubiera removido cielo y tierra hasta encontrarlo y le hubiera hecho pasar la peor de las torturas.
Sansa la miró como restándole importancia a la situación.
- De todos modos, no todo está perdido, estoy intentando solucionarlo. Soy muy consciente del problema que tengo, y tengo que arreglarlo, sino la casa Stark no tendrá futuro.
- ¿Cómo?- Interrogó Arya.
- ¿Me prometes que no vas a contárselo a nadie?
- Te lo prometo.
Sansa entonces suspiró nerviosa. Confiaba en su hermana, seguramente ella sería la única persona en Invernalia que no la juzgaría por algo así, pero igualmente su opinión la dejaba inquieta y preocupada.
- Estoy... intentando intimar con alguien.
Arya tardó dos segundos en asumir esa noticia. Era muy consciente de que su hermana no se comportaría como una "Hermana Silenciosa", pero teniendo el problema que tenía, dudaba que fuese una buena idea.
- Vaya... que sorpresa. ¿Sabes que eso parece como una huida hacia adelante?
- Si, eso parece.- Corroboró la pelirroja mientras sonreía con tristeza.- ¿Pero se te ocurre alguna otra alternativa?
Arya negó con la mirada, reconociendo que tenía algo de razón.
- Además, es alguien al que veo de vez en cuando, y solo cuando coincidimos. Y... gracias a él, he conseguido algunos progresos. - Sonrió algo avergonzada.- Ahora puedo aguantar que alguien me toque sin salir corriendo despavorida de la habitación. Aun no llego a... lo importante, ya sabes, pero espero poder conseguirlo.
- Pues ya es un buen progreso.- Se alegró por su hermana.- ¿Y es alguien de aquí, del norte, o es sureño?
En seguida notó como su hermana se puso algo incómoda. Pudo notarlo en seguida, como si supiese que esa persona no le iba a gustar.
-Es sureño... mira, lo siento Arya, no puedo arriesgarme con algo tan delicado con alguien del Norte. Primero porque soy su reina y debo mostrar fortaleza en todos los aspectos, sino no me respetarán. Y segundo, aquí no hay hombres tan considerados como para ayudarme a "trabajar" en ello a mi ritmo.
Estaba claro que el aspirante a amante de Sansa era alguien de la nobleza. Sansa jamás metería en su cama a un plebeyo.
-Déjame adivinar.. ¿Es Tyrion Lannister...?
Sansa sonrió con pudor, pero negó con la cabeza.
-¿Me prometes que no te vas a enfadar?
Arya negó con la cabeza, demasiado intrigada para saber quién era como para enfadarse.
-Es Robert Arryn.
Arya abrió los ojos desmesuradamente, y sintió que casi se caía de la silla de la impresión.
- ¿Nuestro primo Robalito? Joder Sansa, precisamente él...pero si ha sido siempre un imbécil pusilánime...
-Lo sé, y en parte estoy de acuerdo con lo que dices. Pero precisamente por eso creo que es la mejor opción.- Afirmó Sansa convencida.- Es más, es el único hombre al que no puedo tomar suficientemente en serio, y es el único que siento que podría defenderme si pasase algo. Además, ha cambiado mucho, se ha convertido en un hombre guapo, gentil y considerado, es un poco "mi tipo" de hombre con el que me siento cómoda.
Arya arqueó las cejas, estupefacta.
- Si, y también recuerdo que era propenso a rabietas de bebé cuando era un niño. En fin, si a ti te funciona y él está de acuerdo...
-El está encantado.- Dijo con total seguridad.- Me ha prometido que esperará tanto como haga falta. Creo que está enamorado de mí, aunque los dos sabemos que esto durará hasta que se formalice algún compromiso y contraiga matrimonio.
-¿Y después que va a pasar...?
-La verdad es que no lo sé, no tengo otro plan en mente. - Respondió algo dubitativa.- Espero que para entonces sea capaz de estar con un hombre hasta el final sin que me entre un ataque de pánico.
Arya se inclinó y la agarró de la mano.
-Se que lo conseguirás, eres mucho más fuerte de lo que aparentas.
-¿Tu crees?
Afirmó con la cabeza.
-Ese bastardo hijo de puta te hirió profundamente, pero no te mutiló, estoy totalmente segura. Saldrás adelante de esta, como has hecho siempre.
-A Bram también lo mutilaron, jamás volverá a caminar...
-Bram hace mucho que renunció a caminar.- Aseveró Arya después de soltarla y recolocarse en el asiento.- Ahora prefiere ser el Cuervo de Tres Ojos, y si puede volar ¿Para qué desea caminar? Pero tu si quieres caminar, lo deseas con todo tu corazón, y ya has hecho tus primeros pasos. Solo es cuestión de tiempo y confianza.
Sansa sonrió mientras meneaba la cabeza.
-¿Sabes? en estos momentos no puedes hacerte una idea de lo que te envidio.- Confesó.
-¿Envidia?¿A mí?- Preguntó Arya sorprendida.- Me debes estar tomando el pelo...
-Ojala... pero no. Tu puedes estar con un hombre con total libertad, puedes... sentir, disfrutar, algo que actualmente no puedo ni imaginar, y con lo que no puedo ni siquiera a soñar en el futuro. Ahora mismo daría lo que fuese por cambiar mi vida por la tuya.
Arya se quedó tan anonadada que tardó unos segundos en reaccionar.
- Créeme, mi vida no te gustaría un mínimo.- Cuestionó la asesina.- Además, no has sido la única que ha tenido una sesión difícil de cama.
Sansa frunció el entrecejo, intrigada. Se le hacía difícil pensar que su hermana se había encontrado en una situación peligrosa, sobretodo conociendo su potencial como guerrera y asesina.
-¿Que fue lo que pasó?, si me lo quieres contar, claro...
Entonces Arya se lo contó, la única vez que se equivocó al meter una persona en su cama.
-Bueno...estábamos atracados en Mereen, y en una noche de juerga conocí a un mercenario que se dedicaba también a traficar con esclavos. Luego me enteré que tenía una reputación deplorable en la ciudad, era alguien que cuando tenía un día malo agarraba un esclavo de forma aleatoria, le cortaba las extremidades, lo destripaba y luego le arrancaba el corazón, mientras el pobre desgraciado aun seguía vivo. Se rumoreaba que mandó asar a un niño como si fuera un cochinillo durante veinticuatro horas para servirlo después en una cena con sus más cercanos compañeros. Si lo hubiera llegado a saber no lo hubiera tocado ni con un palo, pero todo eso no lo sabía. Coincidimos en una casa de placer, él mostró interés en mí, yo llevaba mucho tiempo sin "desfogarme" y era el tipo de hombre que me gustaba, guapo, fornido y peligroso. Tenía una mirada turbia que no presagiaba nada bueno, pero para lo que lo necesitaba le venía bien, así que me lo llevé a mi camarote. Craso error, de los peores equivocaciones que he cometido en mi vida. Al principio iba todo muy bien, pero de repente se puso muy violento, se empecinó en tener sexo anal, a lo que me negué en redondo. Así que me pegó un puñetazo para noquearme, me agarró del cabello, me forzó a ponerse boca abajo, me abrió las piernas con las suyas, me agarró las muñecas con su enorme manaza y me estiró los brazos para inmovilizarme, mientras que con la otra se estaba preparando para penetrarme. Era mucho más fuerte que yo y estaba a su merced. Tal vez otra persona hubiera entrado en pánico, pero me acordé de las enseñanzas de Syrio, mi bien amado Syrio Forell...
"Tranquila como las aguas en calma, fiera como un carcayú, rápida como una serpiente..."
Me quedé quieta un par de segundos, y cuando este puso su cabeza a unos centímetros encima la mía, a punto para violar mi orificio anal, agarré impulso y tiré la cabeza hacia atrás, dándole de lleno en toda la nariz, seguramente se la rompería. El golpe fue tan fuerte que me soltó por puro instinto, incorporándose mientras se agarraba la nariz con fuerza y gritaba de dolor. En ese instante me di cuenta que solo tendría unos segundos antes de que se recompusiera y tomara represalias, así que me levanté lo más rápido que pude, agarré su espada del mercenario y lo decapité. Solo le dio tiempo a apartar sus manos y mirarme sorprendido, y así se quedó la expresión de su rostro, mientras su cabeza rodaba por la habitación y su cuerpo caía inerte al suelo.
Esto no se lo dijo a Sansa, pero recordó lanzar un rugido de frustración, se hubiera dado ella misma de puñetazos de lo idiota que había sido, para después sacar su cuerpo a patadas de la estancia, gritándole a sus marineros que quitaran la basura de su camarote. Cuando estos abrieron la puerta la miraron sorprendidos sin poder reaccionar, en parte por el cuerpo decapitado, en parte por la sangre que se había derramado por toda la habitación y en parte porque estaba desnuda y llena de sangre.
- ¡¿PERO QUE COÑO MIRAIS?! - Les increpó a todos para que reaccionaran, algo que hicieron todos nerviosamente a la vez. Entonces se dio cuenta de que estaba desnuda, así que se puso la camisola lo más rápido que pudo, agarró todas las pertenencias del mercenario, junto con su cabeza, subió abruptamente a cubierta y lo arrojó todo por la borda. Aun estaba jadeante y tenía los nervios a flor de piel cuando vino el capitán tras ella.
- ¿Estáis bien, mi señora?- Preguntó preocupado.
Arya asintió con la cabeza.
- Tranquilo, todo está bien.- Afirmó al capitán.- Preparadlo todo, nos vamos a Yunkai ahora mismo.
El capitán se giró y se dirigió a dar las órdenes a todo el mundo. Partieron esa misma noche, y en Yunkai les llegó la noticia de que aquel mercenario había desaparecido y todo el mundo lo daba por muerto. Por lo visto era alguien muy conocido por la bahía de los esclavos, y ahí fue cuando se enteró de quien era y la reputación que le precedía.
- Así que desde que me pasó esto, cuando me acuesto con alguien me pongo siempre boca arriba y con mis armas a mi alcance, por si acaso.- Continuó.- Desde entonces no me he vuelto a equivocar, y quiero seguir así por mi integridad. Y en cuanto a la sangre... ¿Sabes porque cuando se decapita a alguien lo ponen boca abajo? porque si lo decapitas de pie la sangre sale a borbotones ¡BUM! - Arya hizo un gesto con las manos como si fuera una explosión.- Como un jodido volcán en erupción. Limpiamos el camarote a fondo y dos semanas después aun encontrábamos sangre de ese impresentable por los rincones más insospechados.
Sansa la escuchó con la boca abierta y sin decir una palabra.
- Por los dioses antiguos y nuevos... Qué horror...- Pudo decir al cabo de un momento. - No me quiero ni imaginar lo que hubiera pasado si no llegas a defenderte.
- Pues que no estaríamos hablando aquí frente al fuego, yo no hubiera traído el tesoro, el puerto militar no existiría...
- Y yo estaría mucho más tranquila.
Las dos rieron al unísono cuando, de repente apareció un soldado pidiendo hablar con la reina.
- Majestad, tenemos una visita con la que no contábamos.
- ¿Y quién osa molestarnos a estas horas?- Preguntó Sansa irritada.
- Se lo he preguntado, pero no ha querido informar. Ha dicho que cuando le vean sabrán quien es.
Las dos hermanas se miraron, intrigadas y preocupadas.
- Vaya, no es el único que utiliza el mismo truco que tú para presentarse.- Argumentó Sansa con ironía mientras alzaba las pieles y se levantaba de su asiento, aunque tenía un dejo de preocupación.- Necesito que me acompañes al salón del trono, cuando alguien viene a estas horas es porque algo malo ha pasado.
-1-
Se presentaron en el gran salón, el cual estaba calentito debido a la gran chimenea encendida que había en la estancia. Sansa se sentó en su trono, colocándose Arya de pie, a su lado. Vieron a una alta, pelirroja y robusta figura cubierta de pieles, de espaldas a ellas. A simple vista parecía ser un salvaje, o un "hombre libre" como les gustaba autodenominarse.
- Al menos podríais giraros y presentaros como es debido.- Reprobó Sansa.
Este se percató de que le estaban hablando y se giró abruptamente. Al ver su rostro, Sansa y Arya palidecieron.
- ¡Tormund!- Exclamó Sansa al reconocerlo.- Por los dioses, decidme que no le ha pasado nada a Jon.
- ¿El qué...? Ah, no. Jon está perfectamente.
- ¿Entonces qué hacéis aquí?- Preguntó entonces Arya.
- Pues... nada. Me ha dicho que me espere aquí y eso estoy haciendo.- Contestó el rudo guerrero con total tranquilidad.
Las hermanas se miraron extrañadas, sin entender que estaba sucediendo. De pronto, se escuchó una voz masculina a través del pasillo de entrada. Por como hablaba, su dueño se dirigía hacía el Gran Salón del Trono.
- Tranquilas, todo está bien. Tenía que ir a hacer aguas menores y he enviado a Tormund para no hacer un feo mientras tanto.
A las dos se les iluminó la cara al verle entrar sonriente en el Gran Salón del Trono. Estaba igual, aunque con un par de mechones canosos en las sienes y unas pocas arrugas debido al frio en el que vivía permanentemente desde que se exilió. Iba con el mismo peinado que llevaba hacía tres años, un montón de pieles como traje y a su "Garra" en el cinto.
Arya no se lo pensó dos veces y, exclamando su nombre, salió corriendo a abrazarle, abalanzándose encima de él. Sansa, aunque también estaba contenta de verle, se levantó de su trono y avanzó caminando tranquilamente hacia ellos, consciente de que debía mantenerse en un segundo plano. Escuchó quejarse a Tormund, preguntando si a él nadie lo abrazaba.
Jon se separó de Arya, se percató de la presencia de Sansa y se acercó a abrazarla, la cual correspondió con un abrazo sincero. Nunca se llevó tan bien con ella como se llevaba con Arya, pero también era su hermana y también la quería.
- Me alegro de verte, Jon.- Saludó Sansa después de abrazarlo.
- Y yo a vosotras.- Correspondió Jon, mirándolas a las dos.
Arya sonrió contenta.
- ¿Has venido a vernos?- Preguntó.
- Bueno...he venido principalmente por otra cosa... pero también por verte a ti.
- ¿Y cómo sabías que estaba aquí?
- Digamos... que un "pajarito" me lo ha dicho.- Respondió Jon mientras miraba a Sansa y le guiñó un ojo cómplice. Esta agachó ligeramente la mirada con timidez mientras sonreía y cuando la levantó, se encontró la mirada de agradecimiento de Arya.
- Has dicho que has venido por otra cosa...- Inquirió Sansa.
- Ah, sí.- Intervino entonces Tormund, acercándose a ellos.- Tenemos una reunión de amigotes en Invernalia.
Al escuchar eso, Sansa abrió los ojos desmesuradamente y le echó una furibunda mirada a Jon, esperando una explicación.
- Antes de nada Sansa, no te enfades. Pensaba que Bram te lo había dicho.
- Pues no, no me había dicho nada.- Reclamó Sansa enfadada.- Así que ya me puedes ir explicando de que va todo esto. Y ya veremos si permito hacer dicha reunión, teniendo en cuenta que se va a hacer en mi casa y que no se me ha informado con antelación como es debido.
- Sansa, esta es la casa de todos los Stark.- Informó Arya, molesta. Sansa no era ni de lejos la de antes, pero de vez en cuando le salía algún exabrupto de quien fue en el pasado.
- Cierto, es la casa de todos nosotros.- Afirmó Sansa.- Pero soy yo quien la gestiona, y lo menos que podían haber hecho es pedir permiso y haberme informado con tiempo de algo así.
- Lo siento Sansa, tienes razón y te ofrezco mis disculpas.- Aceptó Jon.- Pero no teníamos otro sitio donde poder hacerlo. Fue a Bran a quien se le ocurrió la idea, dijo que al ser un reino independiente, no me afectaba el destierro, así que este es el único sitio donde puedo ver a mis amigos sin que haya represalias. Mira, no te preocupes, no seremos mucha gente. Además, las comitivas que traerán no serán muy numerosas, no generaremos problemas.
- Espero que tengas razón.- Suspiró la reina en el Norte.- Entonces, hablando de dicha reunión... ¿Quiénes son los que van a venir?
- Pues... Bram, Ser Davos, Podrick Payne, Samwell, Tyrion... Ah, y Gendry también.
Nada más escuchar el nombre de Gendry hizo que a Arya se le congelara la cara en un ligero rictus de enfado, pero recobró el control en seguida. Su gesto había sido tan liviano que nadie se dio cuenta.
- ¿Y Bram junto con casi todo su consejo privado dejan el reino abandonado, así sin más?- Inquirió Sansa.
- Me ha dicho Bram que ser Bromm de Aguasnegras estará de regente mientras dure la reunión.
- Ya... aun no sé cómo se fía Bram de dejar a ese mercenario a cargo del reino.- Comentó en alto Sansa.- Cuando menos se lo espere se encontrará la Fortaleza Roja llena de putas y mercenarios como él.
- Bueno... Bram lo ve todo.- Dijo Arya.- Seguro que si se atreve a hacer algo inapropiado Bram lo verá y habrá consecuencias.
- Además, Brienne se queda para vigilarlo.- Informó Jon.- Le dije a Bram que se la trajera también, pero consideró que, para mantener el orden con efecto inmediato, debía quedarse allí.
- ¿Entonces no viene la mujer grande?- Preguntó Tormund, decepcionado.
- Lo siento Tormund, pero era necesario. Otra vez será.- Contestó Jon a su amigo, para después dirigirse a sus hermanas. - Por cierto ¿Os queda algo de cena? venimos muertos de hambre.
- Si claro, nosotras ya hemos cenado, pero ha sobrado comida. Venid con nosotras y nos pondremos al día.- Invitó Sansa mientras salían todos de la estancia.
-2-
Al día siguiente, Arya se levantó muy temprano, cuando apenas estaba amaneciendo, y fue a cabalgar antes de desayunar. Cabalgar le ayudaba a recolocar sus ideas y buscar soluciones para los problemas que se presentaban en el día a día, y necesitaba algunos ratos de soledad. A ver, era feliz con sus hermanos, pero en su interior se consideraba una especie de "loba solitaria". De pequeña no era así, le encantaba estar con gente y charlar con todo el mundo, pero la madurez, los años y todo lo sufrido desde que murieron sus padres y sus hermanos la habían hecho algo más introvertida. Sansa no lo sabía, pero ella no era la única a la que habían mutilado...
"La niña que corría por los pasillos de Invernalia ya no existe..."
No le preocupaba nada el frio, estaba bien equipada para poder soportar la brisa helada de la primera mañana. Aun llevando su traje de cuero, se había puesto por encima el faldón de montura y su capa de invierno. Aparte, dentro de sus botas y pantalones llevaba calzones y calcetines de lana para resguardarse del frio, una camiseta de lana muy compacta que abrigaba mucho, un pañuelo de lana para proteger el cuello y unos guantes más finos de lana bajo los de cuero. Hasta su caballo, la yegua parda que la acompañó a Costa Pedregosa, iba perfectamente acondicionada. Espoleó a su montura y esta echó al galope por la llana pradera. Pudo sentir como la brisa del norte le golpeaba la cara, su cabello suelto ondeaba al viento sin control, y por un momento se olvidó de todo, sintiendo lo que era la felicidad.
Al cabo de un rato frenó a su yegua, observando cómo salía el sol por el horizonte, iluminando lentamente el paisaje yermo y tiñendo de colores naranja y malva el cielo. Le encantaba ese paisaje, podría estar horas mirándolo. Era también una de las cosas que le gustaba más cuando navegaba, ver salir y ponerse el sol en medio del inmenso mar sin fin, y aquello era lo más parecido, un inmenso mar blanco de nieve.
Pensó en lo contenta que estaba de tener a Jon en Invernalia, y que ojalá fuera así para siempre. Era un pensamiento de niña pequeña y lo sabía, pero no podía evitar pensar en que daría lo que fuera para que todo fuera como antes, todos vivos y reunidos en Invernalia. Que su padre la aconsejase y le hablase con sabiduría, que su madre la regañase por no ser una dama como esperaba que fuera, que Sansa y ella se peleasen por tonterías como cuando eran niñas, que le tomase el pelo a Bram por ser más pequeño de edad que ella, cargar en brazos a Rickon mientras escuchaban las historias de la vieja Tata, observar como Robb entrenaba para convertirse en el Gran Señor de Invernalia y que Jon le revolviera el pelo mientras la llamaba "hermanita". Era un hermoso sueño que pertenecía al pasado y que ya no volvería más, poniéndola algo triste y melancólica.
Entonces se acordó de Gendry, y su semblante se ensombreció.
Seguía muy enfadada con él por lo que pasó en Desembarco del Rey, de hecho no quería ni verlo, y le preocupaba el hecho de que estarían juntos dentro de las mismas paredes, demasiadas situaciones incómodas. Jon les había dicho que ellos también venían de camino, lo que significaba que, en unos días, estarían allí, y habría que recibirlos como miembros de la casa anfitriona. Desgraciadamente ahí no podía ausentarse sin generar problemas con Sansa y Bram, lo que significaba que los dos tendrían que hacer como que no se conocían para evitar levantar suspicacias. Francamente, lo que le apetecía hacerle en vez de recibirlo como invitado era darle un buen puñetazo en la cara, pero no le quedaba otra opción. Tendría que poner su cara más neutra y fingir que había buena armonía con sus invitados, aunque a algunos le apetecía ver mucho menos que a otros.
"Recuerda lo que te enseñaron los Hombres sin Rostro, lo que te enseñó Syrio Forell. Tranquila como las aguas en calma, tu sonrisa no viene sin tu permiso... y tu enfado debería ser así..."
Espoleó a su caballo y, dando la vuelta, volvió al galope hacía Invernalia. El sol ya estaba bastante alto y empezaba a tener hambre, comería algo ligero y luego buscaría a Jon. Dentro de unos días estaría con sus amigos, no tendría tiempo para ella, y quería disfrutar de su compañía en exclusiva. Por unos días, sería todo suyo...
-3-
Entró en el bosque de los Dioses, ya que le habían informado que Jon estaba allí. Al principio no lo divisó, hasta que lo vio sentado en la enorme piedra que daba frente a la laguna del bosque. El gran arciano lo rodeaba por detrás con sus ramas, igual que si fuera el respaldo de un trono, y el agua de la laguna convertida en hielo por el frio era tan cristalina que parecía un espejo. Estaba pensativo, mirando un punto indefinido de la laguna completamente concentrado y, entre sus piernas entreabiertas, tenía situada a Garra, la cual sujetaba con sus manos en la empuñadura. Por un momento tuvo una visión, le recordó terriblemente a su padre. Jon tenía la misma expresión que él cuando estaba preocupado por algo y se concentraba para encontrar una solución.
- ¿Contemplando el bosque de Dioses?- Preguntó mientras se acercaba a él y se colocaba a su lado.
- ¿Eh..? Ah, hola.- Saludó saliendo de su ensimismamiento, mientras dejaba la espada a un lado y le dejaba un hueco en la piedra para que se sentase, a modo de invitación.- Perdona por ser tan descortés, no te había visto.
- No te preocupes.- Le disculpó mientras quitaba la nieve de la piedra y se sentaba a su lado.- Estabas muy serio... ¿Ocurre algo?
Jon suspiró, mirando nuevamente a un punto indeterminado.
- Tranquila, no me pasa nada. No pensaba en nada en especial, solo me estaba acordando de padre, de las veces que venía aquí para pensar u ordenar sus ideas. Recuerdo que cuando era pequeño tenía prohibido venir a este bosque, eran órdenes de tu madre.
Arya sonrió, recordando viejos tiempos. Junto a su padre y hermanos, quería a su madre más que a nada en el mundo, pero eso no le impedía ver la enorme injusticia con el que trató siempre a Jon.
- Ya... mi madre siempre fue injusta contigo.
- Era solo un bastardo. - Justificó Jon.- Era lo propio.
- En realidad no lo eras...
Los dos se miraron y sonrieron.
- ¿Puedo... hacerte una pregunta?
Jon asintió.
- ¿Aun la amas?
Jon la miró fijamente, con una mezcla de seriedad y tristeza, y suspiró, como si le costara responder a esa pregunta.
- No debería decir esto pero, si te digo la verdad... si, aun no he podido olvidarla. Aun estando ya muerta la sigo amando, y la recuerdo todos los días, no hay un solo día que no tenga un pensamiento dedicado a ella. A veces me pregunto qué hubiera pasado si no la hubiese rechazado, si hubiera seguido adelante con nuestra relación y sus planes de conquista...
Arya lo miró.
- Seguramente os hubierais casado, gobernaríais los Siete Reinos juntos después de haberlo reducido todo a cenizas con Drogón y hubierais renacido la casa Targaryen a base de poblar la Fortaleza Roja de pequeños cachorros de Lobo y de Dragón.- Añadió con sarcasmo.
Jon rió ligeramente con la respuesta, algo que también la hizo reír.
- Es lo lógico, pero no pudo ser. En el momento que supe que era mi tía sentí que estaba cometiendo una abominación, algo horrible que me condenaría para siempre. Nuestra desgracia fue que el asco que sentía por el hecho de tener una relación con una pariente superó mi amor por ella.
- No le des más vueltas Jon. Lo hecho, hecho está.
Jon asintió con la cabeza, siendo consciente de lo que le decía su hermana.
- Pero, por si lo estás pensando, igualmente hubiera pasado lo que pasó, aquello era inevitable.- Continuó Arya argumentando.- Lo que sentía por ti solo hubiera retrasado lo que pasó después. Tú mismo lo dijiste, así como Lord Tyrion y Bram lo corroboraron. Se estaba volviendo loca a pasos agigantados, estaba paranoica. Sansa y yo ya teníamos conflicto con ella antes de la rendición de Desembarco del Rey. Si hubiera llegado al trono nos hubiera visto como enemigas, como una amenaza al igual que a Bram, y tarde o temprano hubiera invadido el Norte y nos hubiera quemado con su dragón. Y tú tarde o temprano hubieras corrido la misma suerte, en cualquier momento hubiera pensado que estabas conspirando contra ella para quedarte con el trono y te hubiera hecho asesinar.
- Lo sé.- Afirmó Jon.- Se que hice lo correcto y no me arrepiento de mi decisión. Pero aun siendo mi tía la amaba con locura, la amaba como mujer...
- Y tú eras su sobrino, y también te amaba como hombre.- Respondió Arya.- Pero tarde o temprano nos hubiera matado a todos, y en el fondo de tu corazón lo sabes. Era una Targaryen pura, y le acabó pasando lo mismo que a todos los de su casa.
Jon suspiró nuevamente.
- También era mi casa, la casa de mi padre y parte de mis ancestros... pero en fin, no hablemos de cosas tristes, por favor. Cuéntame cómo te ha ido estos años, como han ido tus viajes ¿Descubriste que había después del Mar del Ocaso?
Arya se lo explicó todo. Logró llegar a tierra después de varios meses de travesía sin fin, y que tanto ella como su tripulación lo pasaron muy mal. Hallaron tierra justo cuando estaban a punto de perder la esperanza, pero llegaron a una tierra sombría y terrorífica, donde la luz del sol apenas iluminaba la tierra, donde no nacían los niños y habían magos que realizaban toda clase de terroríficos hechizos y conjuros. Vio ciudades abandonadas con horripilantes estatuas deformes, refugios de mantícoras. Se adentró en Yi Ti, donde ayudó a asentarse en el poder al emperador celeste Bu Gai. Luchó en sus ejércitos, participó en sus guerras y ejerció de asesina para matar a sus enemigos, explicándole que ese fue su pago por sus servicios. Visitó Mereen, Yunkay y Astapor, y trabajó allí con unos mercenarios Pentoshies haciendo un par de escaramuzas...vamos, que había tenido una vida muy divertida.
Jon se quedó francamente sorprendido de sus aventuras. El como mucho había sido coronado "Rey más allá del Muro" por los salvajes, había tomado como esposa a la hermana de la antigua y difunta reina, la esposa de Mance Raider, y que había tenido con ella dos niños pequeños.
- Así que soy tía...- Comentó ilusionada.
- Pues sí, pero no los he traído porque aun son muy pequeños. Eddard era un recién nacido cuando Sansa lo vio más allá del muro. Ahora tiene dos años y es un pequeño terremoto.
Arya sonrió al imaginárselo. Se imaginaba a un pequeño Jon de pelo negro y ojos grises, cubierto de pieles y correteando por la nieve.
- Tiene un carácter muy parecido al tuyo cuando eras pequeña, es muy indómito y rebelde.- Continuó Jon
- Lo dices como si fuera algo positivo...- Cuestionó Arya.
- Bueno... siempre fuiste mi hermana favorita.
Los dos sonrieron, cómplices.
- ¿Y mi otro sobrino?- Volvió a preguntar.
- Es sobrina, una niña. Se llama Dalla en honor a la hermana de mi esposa, ella misma eligió el nombre. Aun es un bebé de meses que mama del pecho de su madre.
- Me hubiera gustado conocerlos...- Pensó Arya en alto.
- Los conocerás. Cuando quieras ven a Abrigonegro, es donde vivimos. Es un pueblo recientemente creado, a veinte lenguas al interior de Casa Austera.
- Lo tendré en cuenta, así que dalo por hecho.- Confirmó.- De todos modos voy a estar una buena temporada aquí, tengo tiempo de sobra hasta que montemos el puerto y la flota.
Jon rió ligeramente.
- Hablando de ese puerto...¿A quién se le ocurrió esa idea?
- ¿Te parece mal?- Cuestionó Arya, preocupada de que a Jon no le pareciera buena idea.
- ¿Mal? Que va... al contrario. De hecho, si estuviera en el lugar de Sansa es justo lo que hubiera hecho.- La miró fijamente.- Es solo que es un proyecto de una envergadura descomunal, en otras circunstancias tardaría generaciones en realizarse.
- Es cierto.- Concluyó.- Pero Sansa y yo hemos trabajado y sacrificado mucho para realizar este proyecto, y si no estuviéramos convencidas de lo que hacemos jamás nos hubiéramos metido en algo así.
Jon la miró con cariño.
- Seguro que lo conseguiréis, confío en vosotras. Con ello la casa Stark se convertirá en la casa más poderosa de Poniente.
- Y el Norte en un reino inexpugnable.- Terminó Arya.
Los dos se miraron y rieron al mismo tiempo. De pronto Jon la miró con intensidad durante un par de segundos, le rodeó el cuello con el brazo y la acercó suavemente para darle un beso en la frente. Ella correspondió recostando su cabeza en el hombro de Jon, abrazándola este por los hombros.
- Te quiero, Jon.- Susurró después de recolocarse para estar cómoda.
- Y yo a ti, hermanita.- Correspondió Jon dándole otro beso en el cuello cabelludo y apoyando su barbilla en este, quedándose un rato así, mientras disfrutaban de la paz y de la compañía mutua.
