Capítulo 14
La comitiva del sur se acercaba, lenta pero inexorablemente hacía los muros de Invernalia. Era un día soleado y fresco, soplando una suave y helada brisa que a cualquiera que no fuera norteño le haría congelarse de frio, pero los norteños eran gente dura, para ellos esa brisa era casi estival. Arya tenía sentimientos encontrados mientras esperaban a recibirlos, junto con Jon y Sansa, en el patio principal del castillo. Esa misma mañana había tenido muchos problemas con Sansa al respecto, ya que le había informado de que no quería formar parte del comité de bienvenida, algo en lo que su hermana no estaba de acuerdo. Argumentó que, siendo miembro de la casa Stark, debía recibir obligatoriamente a sus invitados, o su gesto sería tomado como un insulto. El agravio sería aun más serio si el que venía a verles era su majestad Bram I de su nombre, apodado "El Tullido", que encima era su hermano pequeño. Empezaron a levantar la voz y a discutir, ninguna de ellas quería dar su brazo a torcer, hasta que llegó Jon y le pidió el grandísimo favor de acompañarle en el comité de bienvenida. Le fastidiaba sobremanera, pero Jon se lo rogó de tal forma que fue incapaz de decirle que no y aceptó a regañadientes.
- Mira Jon, explícame cómo diablos lo haces para convencerla, porque yo ya no sé cómo hacer para que se comporte como alguien de su rango.- Increpó exasperada a su medio hermano cuando la vio cambiar de opinión.
- Es muy simple.- Respondió Arya con sorna en su lugar.- Tú no eres Jon.
Sansa entrecerró los ojos, obsequiándole una mirada que le decía claramente "Te odio", y salió abruptamente de la estancia. Pero Arya sabía que no era odio de verdad, sino que era en realidad un "En estos momentos no te soporto". Ya que se le pasaría el enfado como siempre, así que no se lo tomó a pecho.
El primer caballo de la comitiva entró triunfante por la entrada principal, luego otro, y otro... Arya se acordó de cuando era una niña y Robert Baratheon entró como Rey de los Siete Reinos en Invernalia para ver a su padre y pedirle que fuera con él a "Desembarco del Rey" para ser su mano. Su padre jamás debió aceptar la propuesta, fue el mayor error de su vida. El mismo lo decía, "A los del Norte nunca nos va bien cuando vamos al Sur". Qué razón tenía, pero Robert Baratheon era amigo personal de su padre y se lo pidió como un favor. Eso los condenó a todos, a él, el primero.
De pronto vio a Bram subido a un caballo en su silla ortopédica, junto con Ser Davos y Podrick Payne, después los carromatos de Samwell Tarly y de Tyrion Lannister, y por último, a "ese". Seguía enfadadísima con él, pero aun así no pudo evitar admirarle mientras montaba a caballo, con su capa de piel, sus ropajes de cuero de "Gran Señor de las Tierras de la Tormenta", y el enorme martillo de guerra que portaba en la espalda. Había mejorado muchísimo su montura, y tenía que reconocer que tenía una presencia regia y solemne, un aspecto que le hacía muy varonil y digno de llevar el apellido de su casa. Y no era la única que lo pensaba, pudo observar de reojo como las criadas del castillo cuchicheaban entre ellas y admiraban el porte de Gendry, mientras este bajaba del caballo con soltura y le decía algo a un miembro de su comitiva personal.
Mientras tanto, Bran, ayudado por Podrick y otras personas de su servicio, consiguió bajar del caballo, colocándolo en una silla de ruedas que habían traído con ellos en uno de los carromatos. Los demás bajaron de sus monturas o carromatos, estirándose y adecentándose del largo viaje.
El comité de bienvenida lo formaban Sansa en el centro, por ser la Reina en el Norte y la anfitriona "oficial". A su izquierda estaba Jon, que sería el segundo en saludarles por ser uno de los organizadores, y a su derecha Arya, que sería la última. Detrás de ellos estaba el maestre Wolkan y Tormund, al final de la comitiva de recepción, representantes de las casas nobles del Norte, personal de servicio de alto rango y, por último, el resto del personal y demás habitantes de Invernalia. Nada más acercarse Bram para saludar, todos se agacharon con una reverencia, excepto los tres hermanos. Arya pensó que ella también debería haberse agachado, ya que Jon y Sansa eran reyes y no tenían esa obligación, pero decidió no hacerlo, consiguiendo por ello una furibunda mirada de soslayo de su hermana a la que obvió por completo.
- Me alegro de verte, Sansa.- Dijo Bram después de que Podrick lo acercara con la silla, que si hizo una reverencia a la reina como mandaba el protocolo.
- Majestad...- Saludó protocolariamente la pelirroja mientras hacía una ligera reverencia con la cabeza.
- Creo que, entre reyes, podemos dejar esos formalismos de lado.- Contestó Bram igual de serio.
Sansa sonrió.
- Pues sí, creo que tienes razón.- Se acercó y le abrazó, correspondiendo este muy livianamente.
Después Podrick acercó Bram a Jon y este también le abrazó. Podrick iba a hacerle una reverencia a Jon, pero este le dio la mano en un rápido movimiento, dejando primero al chico confundido y después agradecido. Luego se acercó a Arya.
- Pensaba que ya te habrías ido a correr tus aventuras.- Interrogó Bram después de saludarla.
- Lo haría con gusto, pero otros deberes me reclaman.- Contestó Arya con un ligero sarcasmo.
- Como no... el deber es el deber.- Arya creyó vislumbrar una leve mueca parecida a una sonrisa de su hermano.- Podrick, por favor, llévame a mis aposentos, quisiera descansar un poco.
Podrick se lo llevo, sin antes hacer una ligera reverencia a Arya, algo que ella aprobó con un tibio movimiento de cabeza. Después de él, la saludó Ser Davos.
- Os dije que nos veríamos pronto.- Saludó mientras acompañaba un guiño cómplice. Eso la hizo sonreír sinceramente, después de Bram, era la única persona que le apetecía ver de la comitiva.
- ¿Vos sabíais lo de esta reunión?- Interrogó afable.
- En realidad no, me enteré a los tres días después de llegar a Desembarco. Pero bueno, mi trabajo es acompañar al Rey donde él me lo pida.
- Por supuesto.- Concluyó Arya, mirando de reojo a Jon, el cual hablaba con Tyrion Lannister.- Que tengáis una agradable estancia.
- Desde luego, será mejor que la última vez que estuve aquí.- Saludó antes de irse.
Después saludó a Tyrion Lannister, al que veía más viejo, y a Samwell Tarly, al que veía más gordo. Y llegó lo "mejor" para el final.
- Lady Stark...- Saludó cortésmente.- Es un placer volver a veros.
- Como no.- Respondió con una falsa diplomacia.- El gusto es mío.
Le obsequió con una tibia sonrisa porque se percató de que su hermana la estaba observando, pero le dio tal furibunda mirada que Gendry hizo un movimiento rápido con la cabeza a modo de saludo, visiblemente incómodo, y salió de allí con paso rápido, para evitar todo contacto posible con ella.
Esa noche hicieron una cena de bienvenida en honor de Bram y de todos los invitados, ya que pocas veces había tantos miembros de las grandes casas en un castillo que no fuera la Ciudadela Roja. Arya estaba en la mesa principal, junto con sus cuatro hermanos, y podía ver otra vez de soslayo al idiota ese charlando con Podrick, Tormund y Samwell. Tampoco es que pudiera esconderse mucho, ya que estaba sentado en la mesa principal de los invitados, justo la que estaba enfrente de ellos colocado de forma perpendicular. El también la miraba de soslayo, incomodo, pero la miraba. Al menos era discreto al respecto.
Al cabo de un rato decidió que ya tenía suficiente y se levantó de la mesa para salir de allí, aquello era inaguantable.
- ¿A dónde te crees que vas? - Escuchó la severa voz de su hermana a sus espaldas mientras se dirigía por detrás de la mesa hacia la salida. Paró de caminar
- Me largo de aquí, estoy cansada.
- Al menos podrías mostrar un mínimo de buenos modales, como se espera de alguien de tu posición.- Argumentó su hermana sin mirarla y con su máscara puesta de diplomática para evitar hacer un espectáculo.- Lo propio es anunciar primero que te retiras, y luego despedirse de los invitados antes de salir de la sala, como corresponde a una anfitriona educada.
Arya suspiró, ni se tomó la molestia de girarse para responderle.
- Mira Sansa... eres tú la Reina en el Norte, y por lo tanto, la anfitriona de esta cena, no yo. Así que si tanto te importa los buenos modales de cara a tus invitados encárgate tu de ellos, que bastante he hecho con aguantar esta cena sin quedarme dormida.
Seguramente su hermana se quedaría lívida como la nieve por semejante afrenta, pero le dio igual, no estaba para aguantar tonterías de nadie.
- ¿Que ha pasado? Preguntó Jon a su hermana cuando Arya se fue.
- ¿Acaso no lo has visto? se acaba de comportar como una tabernera de pueblo, sus modales van acorde con su carácter.- Escupió enfadada la Reina en el Norte.
- Déjala.- Participó Bram con su habitual aplomo.- Arya nunca se ha sentido cómoda en este tipo de reuniones.
- Igualmente no se puede justificar su comportamiento, y espero por el bien de nuestra familia que en Desembarco no se comportara de esa forma... Por los dioses, que vergüenza...- Contestó Sansa exasperada.
Bram negó con la cabeza para cubrir a su hermana mayor y que la otra hermana se tranquilizara un poco.
- Igualmente la veo rara.- Comentó Jon pensativo.- Lleva así desde que ha llegado la comitiva, es como si estuviera enfadada con el hecho de que estemos aquí.
- Como no, ella no es la única que está en desacuerdo con esta reunión...
- Sansa, ese comentario sobra.- La interrumpió Jon.
Sansa lo miró y después suspiró, asintiendo con la mirada.
- Tienes razón, Jon, y te pido disculpas. Es solo que el comportamiento de Arya me ha puesto de mal humor y lo he pagado contigo.
Jon sonrió ligeramente, aceptando la disculpa. Pero en su charla, ninguno de los dos se percató de Bram, el cual estaba callado y mirando fijamente a alguien en la sala. De hecho, ni siquiera esa persona se percató de que el Rey lo estaba mirando, ya que siguió charlando animadamente con sus compañeros de mesa, pero el Rey de los Seis Reinos no le quitaba los ojos de encima, con una mirada que nadie hubiera podido identificar que era lo que estaba pensando.
-1-
Arya estaba convencida de ir a sus aposentos a descansar, pero cuando estuvo frente a la puerta, con la mano en el pomo y a punto de entrar, decidió en el último segundo cambiar de opinión. Necesitaba aire fresco, respirar un poco. Si hubiera sido de día habría ensillado un caballo y se habría ido a galopar, pero era noche cerrada y hasta un niño de pecho norteño sabía que no era recomendable montar a caballo de noche excepto en caso de gran necesidad. Es estos parajes, si no te mataba el frío lo harían los lobos, o los dos a la vez. Primero te congelarías y luego sería carnaza fresca para alimentar a sus crías.
Consideró que ir a la entrada de la muralla principal sería la mejor opción, y hacía allí se dirigió. El viento era suave, pero muy frio, casi podías sentir como este cortaba la cara como si fuera el filo de un cuchillo, pero ella igualmente lo agradeció. En cuanto notó como entraba aquel aire helado en sus pulmones la ayudó a calmarse un poco. De pronto se percató de la vista que estaba observando y sintió un escalofrío que le recorrió toda la espina dorsal.
"Cuanto tiempo ha pasado... ¿Tres años tal vez?¿O fueron cuatro...?"
Ya no se acordaba exactamente la fecha de cuando sucedió, pero sus imágenes y sensaciones podía sentirlas y verlas como si hubiera pasado ayer mismo. Arya por instinto se puso tensa, se le erizaron los cabellos de la nuca y tragó saliva, mientras apretaba sin querer el poyete del muro de piedra con sus manos enguantadas
"La larga noche..."
Si, aquella noche, aquella MALDITA noche.
Aquella noche donde todos los enemigos de Poniente olvidaron sus rencillas y lucharon codo con codo para derrotar al Rey de la Noche y sus huestes. Si, la misma noche en que se convirtió en la "Heroína de Invernalia" y donde se había convertido en una leyenda que se estudiaría en los libros de historia de la Ciudadela, alabando su astucia y valentía para salvarnos a todos de una noche sin final, como es típico de los libros de historia. Lo que no dirán fue todo lo demás, el horror que aquí se vivió, los miles de muertos que cayeron, las almas valientes que se sacrificaron y sucumbieron. Aún podía ver a los espectros por todas partes, incalculables en número, eran como una enorme ola de alimañas que lo destruían todo a su paso. Entonces sintió como si volviera al pasado, la oscuridad absoluta solo calmada con las líneas de defensa prendidas de fuego, los dragones de Daenerys Targaryen escupiendo fuego, las órdenes de los oficiales que gritaban desesperados para la retirada, los "Inmaculados" defendiendo la retaguardia, gente corriendo de un lado a otro para defender las almenas, los ruidos de espadas y flechas, los gritos de dolor y muerte... y aquel sonido gutural que rugían aquellos monstruos, sobre todo eso. Se te metía en la cabeza hasta volverte loco, se escampaba por todas partes como si la muerte fuera a engullirlos a todos sin piedad. Aun había noches que podía oír aquel escalofriante chillido, como retumbaba por las paredes de Invernalia...
- Escapando del bullicio, como siempre.
Cerró los ojos con fuerza. Ensimismada en sus pensamientos, no se había percatado de que la había seguido, y ahora mismo era la última persona a la que deseaba ver.
- Lárgate, no quiero verte.- Le escupió sin mirarlo siquiera.
Gendry se quedó quieto un par de segundos, pero luego se acercó.
- Entiendo que no quieras hablar conmigo, pero déjame explicar...
- No tienes que explicar nada.- Le interrumpió con autoridad.- Está todo muy claro, así que largo de aquí.
Gendry se giró para salir, dispuesto a hacerle caso, pero luego paró, se lo volvió a pensar y volvió a la carga decidido a que lo escuchase tanto si quería como si no.
- Mira, hubo un motivo porque lo hice...
Se encontró con "Aguja" apuntándole a la tráquea, tan cerca que notaba como la punta helada le tocaba la piel. Como respuesta, se quedó quieto y con los brazos en alto, en son de paz.
- Escúchame bien Gendry, porque no lo voy a repetir. Tienes suerte de estar vivo por dos motivos, porque estaba más que dispuesta a buscarte y cortarte los huevos después de lo que me hiciste. Uno, eres el Señor de las Tierras de la Tormenta y dos, mi hermano es el rey. Si hubieras acabado asesinado hubiera puesto es apuros muy serios a Bram, justo lo que no necesita. Pero no era por falta de ganas, por mucho menos de lo que me hiciste he matado a hombres más peligrosos que tú ¿Lo has entendido bien?
Gendry la miró, entendiendo la situación, bajo las manos, se apartó lentamente y caminó en dirección a la escalera para bajar. Pero cuando estaba a punto de entrar, escuchó cómo le llamaba.
- Anda, cuéntamelo.- Le dijo de pronto mientras guardaba su espada en la vaina, como si fuera una disculpa.
- ¿Realmente deseas que te lo cuente o volverás a amenazarme de muerte?- Preguntó desconfiado el chico.
- No debería escucharte, pero...- Se encogió de hombros.- Estoy cansada de estar enfadada contigo, y ya me ha entrado la curiosidad. Así que espero que sea una excusa importante o me volveré a pensar lo de cortarte los huevos.
Gendry sonrió y meneó la cabeza, algo incrédulo. Debería dejarla allí, después de que le amenazase de muerte, pero era cierto que le debía una explicación, así que avanzó nuevamente y se lo contó todo, absolutamente todo. Solo era un monólogo, Arya no abrió la boca en ningún momento.
- Y bien... ¿Qué piensas al respecto?- Preguntó nada más acabar.
Arya volvió a mirar fijamente el paisaje oscuro.
- Que tienes un serio problema.
- Ya, eso lo sé perfectamente. Estoy en una encrucijada, no sé cómo puedo solucionarlo...- Añadió preocupado mientras apoyaba un brazo en la almena y meneaba la cabeza.
Arya lo miró fijamente.
- Mira Gendry, solo tienes dos opciones. O te enfrentas a tus problemas, olvidas el pasado y asumes de una vez que eres el Señor de las Tierras de la Tormenta, o renuncias a todo y vuelves a tu vida de herrero.
Gendry suspiró, luego carraspeo y miró fijamente a un punto indeterminado del paisaje exterior.
- ¿Te digo la verdad? entre nosotros, todos los días me arrepiento de haber aceptado ser el Señor de Bastión de Tormentas. Ha sido el peor error de mi vida, no estoy preparado para ello. A veces... siento que soy un usurpador, que no merezco estar allí, todo me viene grande y no tengo la capacidad de manejarlo. Estaba mucho más feliz y tranquilo con mi sencilla y nada pretenciosa vida en la fragua haciendo armas, me he desgraciado la vida.
Arya recostó su espalda en una almena y se cruzó de brazos.
- Ya, claro, a nadie le gusta la vida que le toca. Es una pena que pienses así, Bastión de Tormentas se perdería a un Gran Señor si renunciases.
Eso sacó a Gendry de su ensimismamiento.
- Por favor, no te burles de mí.
- No, en serio, yo creo en tí. Tú no eres un monstruo despreciable como muchos nobles que han nacido en noble cuna, sabes cómo es el sufrimiento del pueblo, te preocupas por él porque provienes de allí. Eres un capullo testarudo, pero también una buena persona, eres íntegro y honrado, y eres mucho más fuerte e inteligente de lo que crees. Solo debes creértelo de una vez y dejarte de tanta tontería.
Gendry suspiró, algo sorprendido. Eso era muy típico de Arya, primero una de cal y después otra de arena. Primero te amenazaba con matarte y después te ponía en los altares.
- Y por cierto - Continuó la chica.- Tú no tienes la culpa de lo que le pasó a tu mujer. Al contrario que tú, ella si era débil...
- Era una buena persona, una persona inocente.- La interrumpió suavemente, pero con dolor al recordarla.- Era una buena chica y yo le fallé.
Arya lo miró como si fuera un idiota, para después mirar un punto indeterminado. Después suspiró antes de empezar.
- Cuando éramos pequeñas, Sansa era una niña...- Pensó en decir que era una imbécil inaguantable, pero decidió medir sus palabras.- Un poco insoportable, si puedo encontrar un eufemismo mejor. Solo quería coser, bailar, estar guapa, llevar bonitos vestidos y su único objetivo en la vida era encontrar el amor en un apuesto y gallardo príncipe que la convirtiera en reina y parir un montón de príncipes y princesas para honrar su amor. Y un día su deseo se cumplió, apareció Joffrey Baratheon y las historias de las canciones que ella escuchaba y admiraba se hicieron realidad. Tenías que haberla visto, solo tenía ojos para Joffrey, "Joffrey por aquí, Joffrey por allá...", hasta creo que lo veía y mojaba la ropa interior de gusto.
A Gendry casi se le escapa la risa ante la franqueza de Arya. De hecho le hubiera gustado saber lo que pensaba la ahora poderosa Reina y Guardiana en el Norte de como se expresa su hermana de ella.
- Sí, bueno, en aquel entonces se merecía que alguien le diera dos bofetadas para que espabilase. ¿Sabes que la agarré del pelo y la tiré al suelo cuando defendió a Joffrey de la pelea que tuvimos en el Tridente? Estaba tu padre delante, aquello fue un espectáculo lamentable, y la pobre "Dama" pagó las consecuencias. Pero luego... las cosas cambiaron. Joffrey se mostró tal y como era, ordenando ejecutar a mi padre frente al Gran Septo de Baelor, Sansa gritó pidiendo clemencia, lloró, se desgañitó y se desmayó. Se suponía que tenía que declararse culpable de traición y a cambio lo enviarían al muro...y Joffrey ordenó a Sir Ilyn Payne que le cortara la cabeza con "Hielo", su propia espada...
Gendry recordó ligeramente a Ned Stark cuando lo visitó a la fragua de Thobo Mott, le pareció un buen hombre.
- Siento lo que le pasó a tu padre.- Dijo sincero.
- Ya, lo pasado, pasado está.- Respondió Arya, para seguir con su relato.- Después de aquello, la vida de Sansa se convirtió en un infierno. Fue despreciada, humillada, maltratada, tratada como un objeto... Joffrey ordenaba a su guardia personal que la pegasen para divertirse, no paraba de decirle que cuando tuviera su primera sangre de luna se desposaría con ella, y entonces no tendría escapatoria. Estaba prisionera en una cárcel de oro a merced de sus enemigos, sin apoyos, con media familia muerta y la otra media sin saber si estábamos vivos o no, ni siquiera puedes hacerte una idea de lo aterrorizada que estaba. Después cayó en manos de Peter Baelish, que la manipulo todo lo que pudo y quiso, y la vendió a los Bolton como carnaza para que estos consiguieran Invernalia. Ramsay Bolton la destrozo, la violó de formas que uno no se atrevería a imaginar, la destruyó y le mutiló el alma de tal forma que, tal vez, no logre superarlo. ¿Pero sabes qué? se levantó, luchó, siguió adelante y sobrevivió. Porque ella era fuerte, era mucho más fuerte de lo que jamás se habría imaginado. Ella a día de hoy tiene sus limitaciones y sigue luchando contra ellas, porque en eso consiste ser fuerte, en levantarte y luchar, caer y volver a levantarse. Tu mujer, sin embargo, tuvo la mejor de las suertes. Iba a ser la Gran Señora de Bastión de Tormentas en un periodo completo de paz, con un hombre bueno que la respetaría y la trataría como se merecía... Resulta que tiene un solo contratiempo y se suicida... la verdad, no entiendo como aun la defiendes.
- La defiendo porque puedo ponerme en su lugar.- Exclamó Gendry.- Ese es tu problema, no entiendes lo que es el amor...
- No, no lo entiendo, Gendry.- Lo interrumpió cortante mientras se incorporaba y lo miraba fijamente.- Tal vez no sepa lo que es el amor, pero si se lo que es la supervivencia, por eso yo sigo viva y ella no. No sé como hubiera sido como Señora de Bastión de Tormentas, pero si tengo claro que no era digna de ser tu esposa.
Se dirigió hacia las escaleras para bajar, cuando Gendry la llamó.
- ¿Crees que...en algún momento, antes de convertirme en Señor de las Tierras de la Tormenta, tuvimos alguna oportunidad de estar juntos y de ser felices?¿Alguna vez hubo algún futuro, alguna esperanza para nosotros?
Arya lo miró fijamente, triste. Tal vez si, antes de ser el Señor de las Tierras de la Tormenta... pero para que torturarlo más, bastante carga tenía ya como para volverlo más loco. Tenía que superar todos aquellos pensamientos y suposiciones, dejarlos marchar, olvidarlos y empezar de cero.
- Sinceramente, no, no lo creo.- Negó con la cabeza y le obsequió con una ligera sonrisa que dejaba entrever algo de tristeza.- Tú yo no teníamos futuro incluso antes de tu nombramiento, somos muy diferentes. Yo no valgo para estar atada a algo o a alguien y tú necesitas a un tipo de compañera que no estoy dispuesta a ser, no soy esa persona que necesitas. Olvídate de mí y busca a alguien que te haga realmente feliz.
Bajó las escaleras lentamente, en dirección a sus aposentos para dormir, y dejándolo otra vez solo.
-2-
Los días pasaron apaciblemente para el grupo de amigos. Por el día iban a cazar, a cabalgar o a practicar con las armas, excepto Tyrion y Samwell, que encontraron la felicidad en la biblioteca de Invernalia. Por las noches, excepto Bram que prefería descansar, se iban todos a Wintertown a la taberna, a tomarse una cerveza, charlar de sus cosas y echarse unas risas. Luego Tyrion y Tormund se iban al prostíbulo del pueblo e invitaban a todo el mundo a unirse a ellos, cosa que todos rechazaban por diversos motivos. De todos ellos, solo Podrick se agregaba alguna que otra vez, lo cual hacía que sus compañeros se pusieran muy contentos, ya que cuando Podrick entraba en el prostíbulo, automáticamente quedaban invitados. Todos los días eran igual que agradables y apacibles, excepto uno...
Gendry caminaba por los pasillos de Invernalia con paso rápido, firme y decidido. El sonido de las pisadas de sus botas retumbaba por los pasillos, avisando de antemano de su llegada. Pero su rostro era adusto, su ceño fruncido, su mirada demostraba un fuego a punto de expandirse por todas partes, y en su mano derecha tenía un mensaje que acababa de llegar de Bastión de Tormentas.
Se dirigió directamente a los aposentos privados del Rey, tenía que hablar urgentemente con él, y nadie iba a impedírselo. Era tal su determinación, que dos criadas se apartaron para dejarle pasar y él ni siquiera tuvo el detalle de saludarlas cortésmente, algo que siempre hacía. Girando a la izquierda, llegó a los aposentos y abrió la puerta abruptamente y sin avisar.
- Lord Gendry, creo que ese no es el comportamiento que se espera de un Lord de las Tierras de la Tormenta.- Apuntó Tyrion nada más verlo. Hasta ahora todos se habían tratado con la familiaridad de un grupo de camaradas, pero cuando vio su rostro comprendió que aquello era un asunto de estado.
- Ya, tal vez debería haber dado dos golpes con los nudillos y esperar detrás de la puerta como un buen chico a que me den permiso para entrar.- Escupió nervioso mientras cerraba la puerta.
- Gendry... dijimos que los asuntos de estado no los trataríamos aquí, espero por tu bien que sea importante.- Cuestionó Ser Davos.
Como respuesta, Gendry se acercó a la mesa de reuniones y estampó el mensaje con la mano abierta, Tyrion lo recogió y empezó a leerlo en silencio.
- Por supuesto que es importante.- Continuó Gendry alterado.- ¡OTRO SABOTAJE! tenemos cinco barcos mercantiles hundidos en el puerto. Este mensaje me lo ha enviado Lord Donell Swamm y espera una respuesta firme de mi parte y de la vuestra. Disculpad mi franqueza, majestad, pero no sé si vamos a poder aguantar mucho más.
- Lord Gendry, creo recordar que le hemos dado mucha manga ancha a la hora de "solucionar" este problema por su cuenta...
Gendry miró a Lord Tyrion sorprendido, ya que no pensaba que fueran conscientes de sus acciones, aunque teniendo en cuenta quien era Bram, hasta cierto punto era factible que lo supiesen. Era cierto que habían apresado a dornienses en sus tierras de forma aleatoria y les habían torturado para conseguir información, con poco resultado para ellos. También habían "hundido" intencionadamente todo barco dorniense que había recabado en sus costas, una forma de devolver el golpe, lo cual hizo que estos dejaran de atracar allí y los sabotajes disminuyeran drásticamente. Pensaban que por fin los dornienses los habían dejado en paz, y ese fue uno de los motivos de porque decidió venir a Invernalia, ya que pensó que estaba todo bajo control. Pero ahora estaban como al principio, y estaba tan cansado de todo aquello que solo quería subir a un caballo, convocar a su ejército e invadir "Lanza del Sol" hasta que no quedaran ni los cimientos.
- Si, y ya veis para lo que ha servido, volvemos a estar como al principio.- Se giró para hablar con Bram.- Majestad, dejadme actuar ya, por favor. Estoy con las manos atadas por vuestras decisiones ¿Sabéis lo que es que vuestros banderizos no paren de reclamar que les demos su merecido? hasta mi propio pueblo me lo dice. Cada vez que voy a un pueblo a hablar con sus representantes, estos me rodean y me preguntan "¿Cuando vamos a decapitar a esas serpientes malnacidas?". Mi pueblo está cansado de sufrir las consecuencias, mis banderizos impacientes para ponerse su yelmo para luchar, y yo estoy cansado de esperar a que alguien solucione algo. Estoy quedando como un pelele pusilánime sin carácter y es cuestión de tiempo que alguien se rebele y me manden a la horca por incompetente.
Los tres miraron a Gendry, sintiendo Tyrion y Davos pena y frustración en distintos grados cada uno. Entendían perfectamente al chico, este estaba a punto de explotar y ni siquiera podían decirle que estaba pasando de verdad.
- De acuerdo, entiendo vuestro punto de vista.- Respondió de repente el Rey.- Haremos una cosa, Tyrion y Davos, cuando nos marchemos quiero que vayáis directamente a Desembarco y arregléis todo lo que Ser Bromm haya cometido. Yo seguiré mi camino y acompañaré a Lord Gendry a las Tierras de la Tormenta, es momento de calmar las aguas allí.
- Majestad, creo que uno de los dos debería acompañaros para vuestro asesor...- Replicó Lord Tyrion.
- No es necesario.- Interrumpió Bram. - Quiero que los nobles de las Tierras de la Tormenta vean que su rey no les ha abandonado, y de paso quiero que vean que contáis con mi total apoyo. ¿Con esto os vale, Lord Gendry?
Gendry se tomó unos segundos para pensarlo, después afirmó con la cabeza.
- Creo que será suficiente para ganar tiempo, majestad, pero os aviso, que haya una guerra con los dornienses es algo inevitable.
- Con esto me basta, de momento.- Afirmó Bram.- Llegada la ocasión, tomaremos la decisión más acorde a los intereses de todos.
- Gendry, se que lo parece, pero no estáis solo en esto...- Quiso consolarlo Ser Davos.
Gendry suspiró no muy convencido.
- Bien, ordenaré que se envíe un mensaje a Bastión de Tormentas, y esperemos que esto sirva para calmar los ánimos. Y por favor, necesito que sea convincente, los ánimos están muy caldeados allí.
Saludó a todos los presentes y salió de la estancia.
- Debemos atar en corto al joven Baratheon.- Informó Lord Tyrion nada más cerrar la puerta.- Ya lo habéis oído, está muy alterado y dispuesto a luchar. Si no lo controlamos las tierras de la Tormenta se convertirán en una zona de guerra.
- Eso es precisamente lo que ellos quieren.- Pensó Bram en alto.
- Disculpad, pero creo que algo me estoy perdiendo.- Preguntó Ser Davos, algo confuso.- Sé que esta es la forma de actuar de los dornienses, pero no entiendo porque no se ha convocado ya al Príncipe de Dorne. Él es quien debe dar una explicación al respecto...
Lord Tyrion y Bram se miraron, y Bram afirmó con la mirada, dándole permiso para hablar.
- Ser Davos, antes que nada, esta información que voy a darle jamás debe salir de aquí, ni debe compartirla con nadie ¿Está claro?
Ser Davos afirmó con la cabeza.
- Mientras estuve en Lanza del Sol haciendo indagaciones, descubrí que existe una sociedad secreta llamada "las Víboras del Sol". Están infiltrados en todas partes, desde la alta nobleza hasta la prostituta más despreciable de "Lanza del Sol". Es algo parecido a los "Hijos de la Arpía" en Mereen cuando servía a Daenerys Targaryen, solo que sus objetivos son muy distintos.
- ¿Y cuáles son?- Preguntó Ser Davos.
- La independencia de Dorne, a cualquier precio.- Contestó Bram como si fuera una profecía.
- Pero... ¿Y por qué no solucionarlo por la vía diplomática?¿Porque no se convoca a sus diplomáticos y arreglamos este problema de una vez?.
- Lord Morion Nymeros Martell si es partidario de la independencia de forma diplomática, pero esta gente no piensa igual.- Contestó entonces Lord Tyrion. -Su antecesor no era para nada independentista, ya que juró su lealtad a la corona, y por eso lo asesinaron. Lo envenenaron y al día siguiente apareció su cadáver colgado en la punta del "Barco de Arena", para que todo el mundo pudiese verlo.
- ¿Estáis seguro de lo que decís? Debéis tener pruebas concluyentes al respecto...- Cuestionó Ser Davos.- Son acusaciones muy graves, esto no podemos decirlo a la ligera.
- Creedme, las pruebas son concluyentes, más no demostrables. Y el hecho de que Lord Morion sea partidario de la independencia hace que, de momento, su cabeza esté a salvo, pero no por mucho tiempo. Si no encuentra una solución que convenza a esta hermandad, o lo consideran "demasiado tibio", no dudéis que sea el próximo cadáver Martell que tengamos que enterrar.
- ¿Me estáis diciendo entonces que vida de Lord Morion está en peligro real?
Tyrion asintió con la cabeza.
- La suya y la de su familia. Lord Morion tiene una hija, Lady Myriah Martell, que será la heredera al trono. Si damos un paso en falso, la dinastía Martell corre serio peligro y tendremos una guerra inminente entre varias casas.
Ser Davos suspiró, preocupado.
- Entonces deberíamos evacuar a la familia real, si realmente están en peligro...
- Nuestro enemigo no sabe que nosotros tenemos conocimiento de su existencia.- Informó Bram.- Esa es nuestra gran ventaja, así que las cosas se quedarán como están.
- Estoy de acuerdo con su majestad.- Corroboró Lord Tyrion.- Si evacuamos a la familia real, eso dejará al descubierto nuestros planes. Es demasiado peligroso.
- Además, ellos no son nuestro verdadero enemigo, solo son títeres de este.
- ¿Qué queréis decir, majestad?- Preguntó sorprendido Ser Davos.
- Mis informantes indican que tienen a alguien que los apoya económicamente. - Informó Lord Tyrion.- También me consta han contratado mercenarios que han puesto a sus órdenes y que son los encargados de hacer los sabotajes en el Puerto, por eso Gendry no los ha podido localizar. Estos mercenarios son de todas partes menos dornienses, por eso no puede identificarlos y apresarlos.
- ¿Se sabe quién es ese enemigo?¿Alguna pista o indicio?
Lord Tyrion negó con la cabeza.
- Aun no lo hemos podido averiguar, pero tienen un objetivo claro. Quieren la confrontación, y quieren que se declare una guerra en el sur de Poniente para desestabilizar este reinado. La hermanad aprovecharía esta coyuntura para independizarse del reino, pero no sabemos los objetivos finales de sus aliados. Por eso es tan importante que Gendry y los suyos no se dejen provocar, porque una vez empiece la rueda ya no la podremos parar.
- Pero... por los dioses, Gendry debe saber esto. No podemos permitir que sea él como Señor de las Tierras de la Tormenta quien pague los platos rotos. Prácticamente lo estamos dejando a su suerte, lo estamos sacrificando.- Exclamó Ser Davos preocupado.
- Por eso mismo iré personalmente a las Tierras de la Tormenta a calmar los ánimos. Necesitamos tiempo.- Contestó Bram.
- Pero si lo que me decís es cierto, es cuestión de tiempo que se declare una guerra en la zona. Esta gente no va a parar hasta conseguir su objetivo.
- Cuando averigüemos quienes son los que financian a esta Hermandad, y quienes son los miembros de dicha Hermandad, entonces atacaremos con todo lo que tenemos y no dejaremos a nadie vivo. Nuestro objetivo prioritario es descabezar la cúpula de la hermandad y descubrir a sus aliados. Mientras tanto aguantaremos. - Sentenció Bram.- Por cierto, traedme a Samwell Tarly, también necesito hablar con él.
- ¿Para qué, majestad?- Preguntó Lord Tyrion.- Los ataques al Dominio son mucho más leves que los de las Tierras de la Tormenta.
- Porque el dominio es su segundo plan. Si al final Gendry aguanta la presión, irán a por ellos.- Se percató entonces Ser Davos, entendiendo perfectamente el plan previsto, ahora que tenía toda la información.
- Pero deberíais informar primero a Ser Bromm, el es el señor del Dominio y quien debe hacerse cargo...- Cuestionó Tyrion a Bram.
- Por favor...- Contestó exasperado Ser Davos.- ¿Acaso creéis que ser Bromm le importa lo que le pase al Dominio? Solo le importa su castillo, su título y divertirse. No podemos contar con él, esto es demasiado serio como para que ese... "mercenario" asuma el mando.
- Ser Bromm está bien donde está.- Volvió a hablar el Rey.- Reitero mi petición Ser Davos, tengo que hablar con Samwell. Necesito informarle que también pasaré por el Dominio para calmar los ánimos y hacer recuento de daños.
Ser Davos saludó a su majestad y salió de la estancia para buscar a Samwell Tarly, el cual seguro encontraría en la biblioteca de Invernalia.
- Majestad, con todos los respetos, pero debo decirle que se lo advertí.
- Lo sé. Aun así se lo prometí a mi hermana y tuve que cumplir con mi promesa.
- Aunque fuera una promesa y una recompensa por los sacrificios que tuyo que asumir Invernalia durante la Larga Noche, los dornienses no participaron en la Batalla de Invernalia, no entienden el sacrificio que supuso aquello. Era inevitable que ellos mismos se preguntasen por qué no se les concedió la independencia y, sin embargo, se la concedieran a los norteños. De hecho, muchos de ellos le acusan indirectamente de prevaricación y favoritismo, y eso no ayuda precisamente a calmar los ánimos.
Bram dio la callada como respuesta.
- En fin... lo hecho, hecho está. Pero si me hubierais hecho caso, el Norte jamás debería haber sido independiente. Cuando tomó esa decisión, se gestó una ola que ha ido creciendo con los años, y que ahora nos va a dar de lleno, con nefastas consecuencias. No me extrañaría que el próximo rey que asuma el trono intente anexar el Norte a como dé lugar, eso evitaría en un futuro este tipo de quebraderos de cabeza con las otras casas.
- Con más motivo mis hermanas están haciendo el puerto militar.
- Bueno, los... temores de sus hermanas son completamente fundados, majestad.- Aseveró Lord Tyrion.- Pero ese no será su problema cuando suceda ese conflicto, de hecho seguramente estemos todos muertos cuando pase. Su problema ahora mismo es que no se geste una guerra en el sur de Poniente que nos acabe destruyendo a todos, vos el primero. ¿Sabéis lo que es la pólvora?
Bram afirmó con la cabeza, se refería al arma secreta de los Yitianos que provocaba explosiones.
- Pues ahora mismo tenemos una montaña entera de pólvora en Dorne a punto de estallar, que arrasará las Tierras de la Tormenta y el Dominio, y del cual nosotros también seremos afectados, así que tendremos que movernos rápido si queremos salir vivos antes de que explote todo.
Tyrion dio un par de pasos para salir de la estancia y saludó a Bram.
- Solo le digo que debemos empezar a movernos de verdad o este monstruo nos acabará devorando a todos. Piénselo, por favor.
Bram se quedó pensativo una vez Tyrion salió de la estancia. Tenía que reconocer que el enano Lannister tenía razón en algunas cosas, pero para su desgracia, el no sabía toda la información de lo que estaba pasando. Cuando Jon le envió un mensaje para ver como se podían reunir todos sin romper el destierro vio la excusa perfecta para poder acceder al Arciano de Invernalia, con el cual podía expandir mucho más su mente. El Arciano de Desembarco del Rey aun era muy joven y solo le dejaba ver retales, fragmentos muy cortos del pasado y futuro. Con él había podido ver a algunos miembros de la hermandad, pero con el de Invernalia le había puesto rostro y nombre a su verdadero enemigo. A pesar de lo cansado y pesado del viaje, había valido la pena venir hasta aquí sin levantar sospechas, ni siquiera de sus propios consejeros.
Eso no significaba que no confiara en ellos, todo lo contrario. Con el paso de los años estos le habían demostrado una lealtad inquebrantable, pero si era cierto que algo no les había ocultado a sus aliados. Su enemigo desconocía por completo que él era un verdevidente, el "Cuervo de Tres Ojos", y aunque se lo hubieran dicho seguramente se habría reído, diciendo que esos "cuentos" eran viejas tradiciones norteñas sin ningún tipo de veracidad. ESA era su verdadera ventaja sobre todos ellos, que pensaran de él que solo era un rey tullido al que se podía descabezar como a cualquier otro, un ser frágil y prescindible para colocar a otro que fuera más proclive a sus intereses.
"En algo no les engañé, cuanta menos gente sepa toda la información, mejor..."
Le sabía mal por Tyrion, ya que tendría que ser él quien averiguara quien estaba detrás de todo este conflicto, aunque intentaría guiarle todo lo posible siempre que no violase su norma. Pero no podía decir nada al respecto, era muy posible que hubieran colocado espías por todas partes para seguir sus movimientos. Daba por sentado que estarían en Desembarco del Rey, en Bastión de Tormentas era un hecho, viendo los sabotajes que tenían en el puerto. Incluso podía apostar cualquier cosa que habría alguno en Invernalia...
"Esto es como una partida de Sitrang. Tú haces un movimiento y yo haré otro..."
Pero, lo que desconocía su contrincante era que él podía ver sus movimientos con antelación, y para ello debía mantenerse lo más quieto posible. No tenía ninguna prisa, los buenos planes se hacían poco a poco, midiendo bien cada paso que se daba para no alterar el transcurso de los acontecimientos, o si debía hacerlo, que fuera de forma que ganara algo a su favor.
Pero no solo había venido a Invernalia para localizar a su enemigo, sino para preparar una parte de la clave para solucionar este problema. Aun no había sucedido, pero sucedería de un momento a otro, y para ello había traído a una persona para que se reuniera con otra, y favorecer algo que sería vital para acabar con este conflicto. Y por lo que había estado viendo, todo marchaba sobre ruedas.
