DECLARACIÓN: Los personajes no me pertenecen son de Nobuhiro Watsuki, yo solo los tomo prestados para soñar un rato.
luchando x el mismo amor
Por: kaoru-sakura
Capítulo 11. Mente en blanco.
Abrió los ojos lentamente, dejando que se adaptarán a la tenue luz que entraba a través de las puertas de papel. Su cabeza martilleaba y sentía pesado el cuerpo, más ya no podía seguir acostada. Escuchó un suave suspiro que la hizo voltear a su izquierda, enseguida la reconoció, era la joven que dejó inconsciente antes de su intento fallido de escape. Estaba dormida, sin embargo, sostenía su mano, pareciera que aferrarse a ella evitaría que se fuera. ¿Qué lazo las uniría para que no deseara que se marchara?
Con cuidado de no despertarla, soltó sus manos y salió del futón, arropando a la joven con su manta ya que el ambiente estaba bastante fresco. Se sentía muy débil, no obstante eso no le impidió salir de ahí sin hacer el menor ruido; parecía que su cuerpo sabía ser sigiloso. Deslizó la puerta tras de sí, llenando sus pulmones con el aire fresco y húmedo del bosque, una ligera brisa aún caía copiosa sobre el jardín de la casa. Observó el cielo, seguramente faltaría poco para el amanecer, pero las gruesas nubes no le permitían asegurarlo, solo la tranquilidad del lugar le daba la razón. Tambaleante camino unos pasos por el pasillo que rodeaba la casa, hasta quedar a la altura del bello estanque en medio de aquel enorme jardín, que era lo suficientemente grande, para contar con un puente que llevaba al otro lado, donde había árboles y flores hermosas de varios colores. Esa vista la llenó de tranquilidad, permitiendo que su mente descansará de aquellas horribles pesadillas que la acechaban.
Su respiración se aceleró con el esfuerzo, empezaba a temblar ligeramente y le costaba respirar. Tocó su frente, estaba sudando, tal vez debería volver a la habitación, pero realmente no podía dejar de contemplar la belleza de aquel lugar. Sentía las piernas flaquear y antes de caer, llegó al pilar de madera más próximo, donde se recargo y se deslizó hasta quedar sentada en la fría y húmeda madera. La brisa le llegaba mojando su piel caliente, empezaba a temblar de frío, y apesar de sentir los párpados pesados, se resistía a cerrarlos.
Unos ligeros pasos la alertaron de la presencia de una persona, no obstante una sonrisa débil acudió a sus labios pues ya sabía quién era. En tan poco tiempo se había aprendido su presencia.
—No debería estar aquí, su condición puede empeorar —la reprendió suavemente, se acuclillo quedando a su altura y mientras la cubría con una manta observó sus ojos zafiros vidriosos, las mejillas rojas y el trabajo que le costaba respirar. Tocó su frente, de esa manera confirmó su sospecha; tenía fiebre.
—No quiero estar acostada —se excuso viendo los hermosos ojos violeta llenos de preocupación— quédate conmigo —le pidió sin cortar el contacto.
Permanecer mucho tiempo fuera con ese clima la pondría peor, a pesar de ello, Kenshin no se pudo negar a la petición y concedió— sólo un par de minutos.
Estaba fascinado de poder hablar con ella y disfrutar de sus hermosos ojos, aunque no sabía si estaba lúcida o era producto de la fiebre, pues le estaba hablando con mucha confianza. Se sentó lejos de la orilla y la atrajo hacia él para que no se mojara.
Kaoru recargó la cabeza en el hombro del pelirrojo. Se sentía segura a su lado, le gustaba el aura de calma y gentileza que emanaba el pelirrojo. Se preguntaba si lo conocía desde hacía mucho tiempo, porque sentía cálido su corazón cuando podía ver ese par de violetas. Y si no era así, tampoco le importaba, mientras él le permitiera estar a su lado. Solo así olvidaba ese color rojo que manchaba sus manos, el olor a sangre y la risa perversa que resonaba en su cabeza.
—¿Qué es lo que agobia a su corazón? —preguntó limpiando las silenciosas lágrimas que bajaban por sus rojas mejillas.
—Ya no quiero dormir, pero la pesadilla me sigue aún despierta.
—¿Desea hablar de ello? —sentía la opresión en su corazón, no quería verla sufrir, pero Aoshi no dejaba de tener razón, alguien debía hablar con ella y saber que tanto recordaba. Si el medicamento estaba funcionando o tendrían que hacer algo más.
Kaoru mordió su labio y un gesto de angustia marcó sus delicados rasgos, sus ojos zafiro se endurecieron. A Kenshin le dio un vuelco el corazón al reconocer esa mirada.
"Te lo dije" se jactó Battōsai en su mente, "te dije que me recordaba a otra persona cuando la veía".
"Esto no puede ser cierto". Pensó con sorpresa y confusión, recordando a su vez aquel peculiar lunar bajo su seno izquierdo, sin duda era una marca de nacimiento. Y ahora estaba seguro de en quien la había visto antes.
—Estoy en un bosque —comenzó a relatar, interrumpiendo sin saberlo la conversación de Kenshin y Battōsai—. Hay mucha sangre, pero no es mía, está el cuerpo de una mujer en mis brazos y a mi lado el de un hombre.
Kenshin no pierde detalle del perfil de su rostro mientras relata su pesadilla.
—¿Sabes quienes son esas personas? —se atreve a preguntar cuando ella guarda silencio por un buen rato.
—No, solo sé que me duele mucho aquí —subió su mano temblorosa al pecho— pero hay una voz en las sombras, que se burla de mí y me culpa de sus muertes —más lágrimas salieron de sus ojos.
Kenshin sintió el agobio ahogando su pecho, estaba consciente que esa pesadilla no era más que el recuerdo de sus padres muertos. ¿Quién podría atreverse a decirle la cruel verdad? Sin querer resistir el impulso, la abrazó, deseando haber estado en ese momento para evitarle ese dolor. Contuvo el sentimiento de impotencia que le quemaba en la garganta. Con el pasado ya no podía hacer nada, pero una firme decisión se plantó en su mente; a partir de ahora la protegería de quien fuera necesario.
Kaoru se aferró a su pecho, encontrando ahí el refugio para su destrozado y amnésico corazón.
—Será mejor que entremos, necesita el medicamento.
Kenshin la tomó entre sus brazos y se puso de pie dirigiéndose a la habitación de ella. Deslizó la puerta y observó a la heredera que dormía abrigada, pero en una posición incómoda. Sin duda era muy obstinada cuando se lo proponía, pues sin importar los argumentos que le dió, no quiso separarse de Kaoru.
Recostó el cuerpo de la joven en el futón y la abrigó con la manta que ya le había puesto afuera.
—Ahora vuelvo.
Kaoru asintió débilmente, luchaba contra la pesadez de sus párpados aunque no sabía cuánto resistiría. No quería que la pesadilla sin fin se repitiera. Vio al pelirrojo desaparecer tras deslizar la puerta, en ese momento la joven que dormía, se removió despertando abruptamente.
—¡Kaoru-nēsan estás despierta! —la alegría inicial se convirtió en preocupación al notar su estado— ¡por Kami, tienes fiebre de nuevo! Debo ir a buscar…
Antes de poder levantarse Kaoru le tomó la mano, deteniendo sus palabras y su accionar.
—Arigato, por cuidar de mi y preocuparte tanto.
—No digas eso nēsan, yo estoy aquí para cuidarte —aseguro apretando suavemente la mano temblorosa y caliente de la joven.
—¿En verdad, soy tu hermana mayor? —fijó sus orbes zafiro en los verdes, necesitaba saber cuántos lazos tenía y si eran lo suficientemente fuertes como para mantenerla en este mundo. No le pasó desapercibido el destello de dolor que cruzó por los ojos verdes.
—¿No me recuerdas? —contra preguntó, pero no necesitaba la confirmación con palabras, podía ver la verdad en los brillosos zafiros, cristalizados por la fiebre. Se le hizo un nudo en la garganta, pero se obligó a no llorar y respondió con dulzura—. No somos hermanas de sangre, pero crecimos juntas y nos queremos más que si fuéramos consanguíneas.
—¿Cuál es tu nombre?
—Makimachi Misao.
—Siento mucho no recordarte Misao-chan.
Ahí estaba la personalidad distante y profesional de Kaoru haciendo acto de presencia, aunque no recordará era respetuosa y gentil, sin embargo estaba marcando distancia, pues los más allegados a ella, eran realmente pocos y ganarse su confianza sería muy difícil. Eso le dolía muchísimo pues Kaoru era una de sus personas amadas. Se obligó a sonreír.
—No deberías preocuparte por eso Kaoru… lo importantes es que te recuperes —no pudo poner ningún honorífico al nombre, no se atrevió. Sin embargo, que ella no la recordará no significaba que cambiaría lo que sentía por su amada hermana. Ambas tenían una historia y ella tarde o temprano recordaría, ¿cierto?
En ese momento deslizaron la puerta y entró el pelirrojo con una bandeja que contenía las cosas necesarias para atender a Kaoru, incluida la jeringa con la última dosis. Se posicionó a la diestra de Kaoru, quedando sentado sobre sus piernas. No pasó desapercibida la ligera tensión del ambiente, por lo que dispuesto a ayudar, le dio una vía de escape a la joven heredera.
—Estuvo despierta toda la noche Misao-chan, debería ir a descansar un poco.
—Etto, ¿necesitarás ayuda?—observo las cosas que traía consigo, no obstante entendió la intención del pelirrojo y en el fondo le agradecía, lo último que necesitaba era ponerse a llorar frente a Kaoru.
—Está bien, puedes volver cuando hayas descansado lo necesario, también debes atender tus heridas —ofreció con una gentil sonrisa.
—Arigato —hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación. En ese momento parecía que Kaoru no la necesitaba a su lado.
Kenshin le aplicó el medicamento, mojó una compresa que acomodo en su frente. Debía de cambiar el vendaje de sus heridas, al menos por el reposo ya no se habían abierto, pero aún no cerraban del todo.
—¿Estarás aquí cuando despierte? —preguntó con los ojos a punto de cerrarse.
—No me moveré de aquí Kaoru.
Una débil sonrisa se apoderó de sus labios. —Si, al parecer ese es mi nombre. ¿Cuál es el tuyo?
—Kenshin, Himura Kenshin.
—¿Ya nos conocíamos?
—No —no podía ni debía engañarla, aunque le doliera reconocer que no era parte de su pasado, si quería formar parte de su presente y futuro.
—Arigato, por hacer esto por mi.
Kenshin fue testigo de cómo a pesar de querer seguir despierta ya no resistió, no sabía si olvidaría su corta conversación, o si todo llegaría a cambiar si recordaba, sin embargo, él disfrutaría cada momento a su lado.
"¿Ahora que harás? ¿Le vas a decir lo que acabas de descubrir?" preguntó Battōsai, sacándolo de su contemplación.
—Antes debo hablar con mi padre.
"¿Qué te hace pensar que te dirá la verdad, después de la historia que te contó?".
—Algo debe estar pasando, no debe de haber pasado esto por alto. Estoy seguro que lo sabe.
"¿Y por qué ocultarselo a ustedes?".
—Es lo que voy a descubrir.
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Daizuke estaba arriba del auto, esperando a que el castaño terminara de recibir órdenes. Normalmente él era un hombre muy paciente, pero desde que despertó y supo de la condición de Kaoru le parecía eterno el no ir a su encuentro. Necesitaba ver con sus propios ojos que aún lo recordaba, que no lo había olvidado. Y después necesitaba trazar un plan para cobrar venganza de Makoto Shishio y todos los involucrados. Todo eso debía suceder antes de que el consejo tomará acción y lo apartara de ella. Porque estaba seguro que un castigo le aguardaba, más eso lo tenía sin cuidado.
Miro por el espejo lateral cuando Seijuro se marchó y solo quedó la doctora y el peleador, después de entregarle un pequeño maletín, vio a la doctora Takani despedirse con un corto beso en los labios del castaño. Lo que provocó que sonriera con pesar, añorando algo que no podía tener, no obstante lucharía por ese amor hasta que su corazón dejara de latir.
Sanosuke por fin subió al carro e ingresó las coordenadas en el gps para no perderse, era sabido por todos, lo desorientado que era, por lo que debían tomar sus precauciones.
—En marcha —sentenció el castaño encendiendo el motor.
El silencio no fue incómodo para ninguno de los dos, ya que cada uno se encontraba inmerso en sus pensamientos. Solo que antes de salir de la ciudad Sano se percató del auto que los seguía a una prudente distancia, pero el suficiente tiempo para hacerle sospechar que solo fuera coincidencia que se dirigieran a donde mismo. El rubio lo notó y se lo hizo saber.
—Deberíamos parar a comer a algún lado, así sabremos si nos siguen.
—Claro, hay un pequeño paradero antes de la salida. Pero sabrás que muy seguramente se detenga también.
—Pero será más rápido deshacernos de ellos.
Sanosuke no pudo evitar alzar una de sus cejas café y verlo de reojo. Megumi le dio claras advertencias de que no podía luchar usando ningún método, y había tenido que poner un cabestrillo a su brazo derecho, que era el que estaba más lastimado, para así inmovilizarlo asegurando su correcta curación. Pero este hombre no tenía ningún indicio de vacilación en sus palabras. Lo reconoció como un digno compañero de confianza, aún así estaba a su cargo, le gustará a Ishikawa o no.
—No habrá necesidad de que intervengas y te pido te quedes al margen, no quiero recibir una reprimenda de Megumi.
—¿Acaso le tienes miedo a tu novia? —preguntó en tono divertido.
—Te aseguro que no tienes ni la más mínima idea, y yo que tú seguía al pie de la letra lo que te indicó.
—Vaya, una mujer con carácter.
Sano se limitó a sonreír y le regreso la pregunta, necesitaba saberlo por el bien de su amigo—. ¿Entonces tú y Kaoru-chan tienen una relación?
Daizuke volvió su rostro a la ventanilla, esa no era una pregunta común, pero debido al tipo de conversación que estaban llevando no podía simplemente ignorarla, él era muy reservado con sus asuntos personales, por lo que contestó sencillamente— es complicado.
—¿Es complicado por qué no te corresponde o porque alguien no los deja estar juntos?
El rubio volvió a ver al castaño que obviamente estaba muy interesado en el tema, y resultaba evidente que no se detendría hasta conseguir las respuestas que quería.
—¿Por qué lo preguntas?
—Solo busco conversación.
—Podrías hablar del clima o si realmente vamos a comer algo.
Sanosuke se río, ese rubio no se lo pondría fácil. Estacionó el auto y bajaron, encaminandose al lugar que no estaba concurrido a esas horas de la mañana. Tomaron asiento y enseguida una joven camarera se acercó a ofrecer el especial del día. Sonrojada y nerviosa se alejó con la comanda lista.
Vieron entrar a cuatro sujetos que pasaron junto a su mesa observándolos detenidamente. Enseguida los ojos chocolate y grises hicieron contacto y coincidieron en lo mismo. La mesera llegó con su delicioso desayuno.
—¿Necesitas ayuda? —ofreció Sano con diversión al ver a Daizuke en su odisea para apretar los palillos y sujetar la comida.
—Se me quitaría el apetito de solo pensarlo.
—Si prefieres no comer —Sano le restó importancia y siguió comiendo hasta dejar el plato vacío. Observó el de su compañero que solo había probado hasta el momento tres bocados, pero él solo, sí que era obstinado. Se preguntó si sería algo propio del clan.
—Bien iré a cargar combustible en lo que terminas —el castaño se puso de pie dejando dinero en la mesa, sintió la mirada gris de advertencia, pero la ignoró y salió del lugar dirigiéndose hacia el auto.
Daizuke vio como después de salir Sanosuke tres de los hombres salieron y uno se quedó viéndolo fijamente. La sonrisa retorcida que le ofreció provocó que se le revolviera el estómago.
Se puso de pie y se dirigió al baño, quedándose parado a un lado de la puerta, cuando está se abrió y entró el sujeto, Daizuke cerró la puerta.
—Así que a mí solo me toca un oponente —hizo la observación con tono frío, que lo subestimaran era un grave error.
—En este momento no eres rival para nadie —le respondió con una sonrisa burlona. Pero fue borrada de una poderosa patada que recibió en pleno rostro, el impulso lo mandó a volar, hasta impactar contra la pared del otro extremo del baño.
—¿Para quién trabajas?
El sujeto escupió sangre y levantó la vista con furia mirando al rubio, pero este ya tenía un pie sobre su cuello haciendo presión.
—No te molestes en hablar, allá afuera tenemos a tus compañeros de todas formas —ejerció la presión necesaria para de un solo movimiento dejar inconsciente al hombre en el piso.
Salió del baño para encaminarse a la mesa donde tomó una bolsa que la mesera había hecho favor de prepararle, pues ya lo habían ordenado desde el principio. Le agradeció y salió de ahí. Cuando llegó a la parte trasera del lugar los tres sujetos estaban inconscientes en el piso, junto al contenedor de basura.
Sanosuke volteó a verlo.
—Diría que me sorprende, pero la verdad no esperaba menos de un Oni —sonrió con satisfacción dejando a su espalda la escena.
—Pues tú no lo haces nada mal.
—¿Trajiste el postre? —preguntó señalando la bolsa que llevaba en su mano izquierda.
—¿Conseguiste información? —contra preguntó, pues era más importante eso que el postre.
En ese momento vieron a Saitō que estaba fumando un cigarrillo recargado en el auto.
—Llegas tarde para la acción —le aseguró el castaño llegando hasta él.
—No realmente, solo decidí dejarla para ti.
—¿Entonces a qué viniste? —le pregunto serio al ver su semblante un poco más obscuro que de costumbre. Al parecer no había dormido, se notaba cansado y eso era algo atípico en Saitō.
—Vine a dejar otro vehículo para ustedes, con una ruta alterna, ya ingresada en el navegador, es más larga y poco convencional, pero no tendrán problemas en llegar sin ser seguidos. —Apuntó en dirección de los tres sujetos— los estaban siguiendo casi desde que salieron de la organización.
El castaño asintió, no se percató que desde antes, pero eso sonaba muy lógico y que no fueran los únicos en el camino también, pues eran quienes se dirigían a dónde se encontraba Kaoru, prácticamente la única pista. Abrió el porta equipaje para sacar sus cosas y la medicina que le había entregado Megumi.
—Deben tener los ojos siempre abiertos. —le entregó las llaves al castaño y les hizo un ademán con la mano indicando el nuevo vehículo para que se marcharan— yo me encargaré aquí—. Reporten cuando lleguen.
—Así se hará.
Se despidieron cruzando miradas. Sanosuke y Daizuke se marcharon en la nueva camioneta negra cuatro por cuatro que les dejó Saitō. A pesar de que el castaño no quiso y no tenía tiempo, de preguntar por el motivo del estado de insomnio de Saitō, sospechaba que tenía que ver con Tokio. Pues él jamás se presentaba a trabajar en semejante condición. Eso lo hizo dudar de su reciente relación con Megumi, no deseaba exponerla más de lo debido. Sin embargo, en esa línea de trabajo, la venganza o asesinato era pausible, pero jamás se perdonaría que algo le llegase a pasar por su culpa. Apretó con fuerza el volante.
—¿Todo bien?
Sanosuke miró de reojo al rubio que lo miraba fijamente. Al parecer llevaban buen rato en silencio, suspiro antes de responderle.
—Solo pensaba que Makoto Shishio está dispuesto a dar con ella a como dé lugar y habrá más oponentes.
—No hará las cosas fáciles, pero aunque no quiera reconocerlo, es la oportunidad perfecta para acabar con él.
Así se haría, Sanosuke tenía más de un motivo para querer terminar con todo eso y no era el único, razón por la cual, no podían fallar.
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Misao entró a la cocina cabizbaja, el estado mental de Kaoru le preocupaba sobremanera. ¿Cuánto tiempo podía durar en ese estado de amnesia? Para no recordar ni su propio nombre, era severo ¿y si el medicamento no estaba funcionando? Arrugó el ceño y suspiró. Esperaba que si a ella no la recordaba, al menos a Daizuke si, o que fuera capaz de mover algo en ella.
—¿Sigue sin reconocerte?
Misao levantó la vista sobresaltada, al parecer estar rodeada de esos tres hombres, aunque ahora mismo faltaba uno, le hacía bajar la guardia. Los rodeaba un aura de seguridad y confianza que no necesitaba estar alerta todo el tiempo. Ubico al ojiazul en la estufa, estaba cocinando algo que olía delicioso. Su estómago hizo ruido al llegarle el aroma, se sonrojó cuando él la volteó a ver.
—Me lo cuentas mientras comemos ¿te parece?
—Hai —concedió, se lavó las manos y le ayudó a preparar la mesa.
Aoshi sirvió dos platos con huevo y jamón y dos vasos de zumo de naranja. Misao asumió que serían los únicos en comer por el momento.
—Itadakimasu —dijeron al mismo tiempo, empezando a comer.
—Está delicioso.
Aoshi le ofreció una pequeña sonrisa y siguió comiendo. No empezaría a presionarla con preguntas, muchas veces el silencio era el aliciente perfecto para que la otra persona empezará a hablar por sí sola y se notaba que estaba sufriendo. El silencio se extendió hasta terminar, se levantó con los platos vacíos y Misao se apresuró al fregadero para lavar la loza en forma de agradecimiento. Al observar esto, Aoshi se dispuso a preparar té.
Junto a Kenshin, habían pasado parte de la noche explorando la mansión. Ésta era de estilo antiguo, con tatamis de madera y puertas corredizas de papel, tenía bastantes habitaciones, una enorme biblioteca y contaba con su propio dojo para entrenar. El baño estaba aparte de la casa, pero eran aguas termales. Sin duda era una mansión que en su tiempo había sido usada para entrenar a sus ninjas. El hermoso jardín estaba muy bien cuidado y a pesar de encontrar la mansión vacía, era evidente que alguien cuidaba de ella, pues todo estaba limpio, en orden y la despensa llena.
Eligió la vista hacia el jardín para dejar la bandeja con las tazas de té, Misao que venía detrás de él se detuvo y se sentó. Quedaron uno frente al otro. La heredera se dedicó a ver el humo de su taza mientras Aoshi admiraba la belleza del lugar, le gustaba meditar en tranquilidad y ese lugar era perfecto. Aún estaba lloviendo y no parecía que fuera a dar tregua.
—No, aún no me reconoce —comenzó la joven con voz queda— me temo que es más grave de lo que parece, pues no recuerda ni su nombre.
—Necesita recuperarse, primero de sus heridas físicas, lo demás con el tiempo se irá aclarando.
Misao se guardó sus inseguridades, en su interior no dejaba de preguntarse lo que pasaría si nunca recuperaba la memoria y peor aún, si ya no quería estar con ella, pertenecer al clan.
—Tienes razón, hay que darle tiempo.
—¿Notaste algún comportamiento fuera de lo común en tu amiga, antes de que esto pasara? —pregunto observando a la joven, ya que si trataba de ocultar algo, él se daría cuenta.
—Estaba más distante, como si algo la agobiara, pero —desvió sus ojos verdes de los azules, le pesaba reconocer lo siguiente— nunca tuve oportunidad de preguntarle el motivo.
Aoshi lo entendió, no necesitaba que lo explicará. Los deberes de una futura sucesora, aunado a que Kaoru no era bien recibida en el clan por miembros del consejo, facilitaba el distanciamiento entre ellas. Y si Kaoru no le dijo nada, tal vez fue por no cargarla con una preocupación más.
—Ahora estás aquí y puedes hacer algo por ella.
Misao torció una sonrisa ante la ironía de la situación, ahora que estaba ahí, Kaoru no la recordaba ¿cómo podía ayudarla así? Aunque tal vez por el momento fuera lo mejor.
—Lo que sé es que estuvo recibiendo cartas extrañas, que le decían que ella no pertenecía al clan.
—¿Saben quien las mandaba?
—Quisiera pensar que era alguien externo, pero no estoy segura. Hay quienes tienen un odio irracional a los que no pertenecen al niwaban.
—Por eso es un grupo tan reducido y nadie que no pertenezca a ellos puede entrar en su mundo.
Misao suspiró, ella lo sabía a la perfección, nadie entraba, pero tampoco salía. Era algo que necesitaba cambiar. Hacía tres generaciones habían iniciado al hacer alianza con la organización, siendo orillados por todas las bajas que se presentaron en aquella horrible misión. No obstante, eran más las personas que debían estar al pendiente del bienestar del país entero, aunque eso significará trabajar en las sombras y con otros aliados. Claro que muchos en el consejo estaban en desacuerdo. Tal vez si ella se casará con alguien de fuera no les quedaría más que empezar a abrir sus horizontes. Agachó la cabeza con una triste sonrisa ante lo ridículo de la idea, claro que nadie le permitiría tal locura. Sería manchar la sangre de los Oniwabanshu.
—Actualmente tu familia ha cooperado con la de nosotros por tres generaciones, pronto nos tocará entendernos y trabajar juntos.
—Eso no explica porque no reconociste a Seijuro cuando lo viste, o porque no sabías quién era yo.
Un ligero rubor cubrió las mejillas de Misao, le daba vergüenza reconocer su propio error y descuido.
—Mi abuelo se abstiene de darme conocimiento sobre la alianza —"y muchas otras cosas" pensó con tristeza—. Se resiste a qué pronto me haré cargo de todo. —Aunque esto no era del todo cierto y Misao prefirió guardar la verdadera razón—. Seijuro Hiko es de los pocos hombres que han tenido el privilegio de pisar la mansión principal. Yo era muy joven cuando lo vi por única vez.
Aoshi se percató que la joven no le decía toda la verdad, pero no era quien para pedirle explicaciones, no referentes al Oniwabanshu.
—¿Hay manera de que investigues sobre esas cartas?
—Kaoru-nēsan nunca quiso averiguarlo, pero ahora que no recuerda nada, puedo preguntar.
—¿Qué te hace pensar que Kaoru no pertenece al clan? —pregunto retomando uno de los comentarios anteriores de la joven. Noto la tristeza que se instaló en sus ojos verdes.
—Hace cinco años, alguien empezó a esparcir el rumor, Kaoru jamás quiso enfrentar a sus padres y preguntar directamente, para ella no importaba saber si eran o no, siempre formarían parte de su vida. Por ello es que con la llegada de las cartas, pensamos que tal vez fuera alguien haciendo una broma pesada.
—Es mejor estar seguros.
Misao asintió, lo sabía, pero hablar con su abuelo y pedir más favores, aumentaba la posibilidad de que le exigiera regresar. Era un enorme avance que le permitieran estar ahí, sin guardia personal y sin ningún miembro del clan, cosa que le llamaba poderosamente la atención. No le sorprendería que de un momento a otro llegarán.
—¿Quien cuida de este lugar?
—Una pareja ya entrada en edad. Aún se usa en invierno para entrenar a las futuras generaciones. El resto del año están solo ellos.
—Pero no hemos visto a nadie.
—A mí también me sorprende la verdad. Debe ser obra de mi abuelo, nadie se mueve sin que él lo ordene.
Aoshi arqueó ligeramente la ceja, discrepando en silencio con tal afirmación. Justo se encontraban en esa situación por la desobediencia de cierta joven enfrente suyo. No obstante admiraba la gran determinación que poseía, ya que ella se había plantado un objetivo y se mostraba firme sin importar las consecuencias que tuviera que afrontar.
Misao tomó un sorbo de su té, sus nervios estaban a punto de estallar. No sabía si se sentía así por la atención que le estaba brindando el ojiazul o era el resultado de no dejar a su cerebro descansar. Claro que debía optar por lo último. Aoshi era todo un caballero y sobre todo muy profesional, ¿cómo podía siquiera pensar que un hombre como él se podía fijar en una chica como ella? "¿Y por qué demonios pienso en estas cosas? No es momento Misao". Se reprendió mentalmente dejando la taza con un pequeño suspiro.
—Deberías ir a descansar. Los chicos llegarán a medio día —sugirió notando la preocupación en sus ojos verdes. Después seguiría con el interrogatorio.
—Tomaré un baño y estaré en mi habitación.
Por respuesta Aoshi inclinó un poco la cabeza, viendo como el delgado, pero sensual cuerpo se alejaba de su vista. Con molestia hacia su persona, apartó los ojos. Él no era así, ¿que le estaba sucediendo? Jamás alguna mujer había llamado su atención y con Misao no solo era atracción física, estaba descubriendo que se volvía más conversador y le gustaba estar con ella. Frunció el ceño, su molestia crecía más, pues no era momento de empezar a sentir ese tipo de cosas y menos con la heredera del clan Oniwabanshu. Era imposible, se viera por dónde se viera.
No supo cuánto tiempo se quedó contemplando la lluvia, absorto en sus pensamientos, hasta que sintió a su amigo sentarse a un lado de él.
—¿Qué es lo que te molesta? —posó su vista violeta en el perfil de su amigo y líder, había vuelto su expresión a la normalidad, pero el pelirrojo se podía dar cuenta que en sus ojos azules aún seguía ese sentimiento que lo perturbaba. Después de varios minutos en silencio, decidió dejarlo estar, era algo que aún estaba analizando el propio Aoshi, lo conocía lo suficiente para saberlo.
—La chica debe estar mejor para que estés aquí.
Kenshin sonrió mirando al frente, ¿tanto le costaba llamarla por su nombre? Claro que él sabía la respuesta.
—Aun duerme, pero no tiene fiebre.
—Entonces vienes a decirme algo importante ¿no?
Años de conocerse hacían tan fácil su relación, que ya predecían el reaccionar del otro, pero ¿cómo tomaría esa noticia Aoshi?
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N/A:
Miento si digo que este capítulo me ha costado, la verdad disfruto de mis propios enredos, mi cabeza es perversa jajajaja pero les aseguro que pronto irá tomando forma. Acepto teorías, l s reto a que las manden jajajaja.
¡Agradezco de corazón a todas aquellas personitas que me leen, que siguen mis locuras y que me ponen como favorito! ¡No saben cómo alegran mi corazón! pero aún más aquellas que se toman unos minutos más para dejarme sus reviews!
Akanke: gracias por seguirme en esta aventura, me alegro disfrutarás el capítulo anterior, como ves no tardó tanto este. Te mando un abrazo n_n.
Nanita: gracias por darme el . jajaja
Antes de irme quiero hacer la mención para todos aquellos amantes de Naruto y nuestra shipp favorita: ShikaTema. Se acerca el evento de la página de facebook: ShikaTema: Hojas de Arena, la convocatoria ha sido lanzada para el Matsuri de este año, así que si desean participar, está abierto a todo aquel que guste. Entren a la página y entérense de los por menores.
Ahora sí los dejo, que aún debo una actualización para "Encendiendo el fuego" si pensaron que ya se había terminado, pues pensaron mal jajajaja.
Saludos n_n.
