Resumen: Diez años después, los antiguos problemas permanecen. Adrien siendo manipulado por su padre, Marinette esforzándose en su carrera, Luka sufriendo por sus errores del pasado y Kagami tratando de construir su futuro. Y Papillon aún sigue haciendo de las suyas, tratando de obtener sus Miraculous.
Notas:
1) Los Personajes no me pertenecen, son propiedad de ZAG Heroes, y los créditos son de Thomas Astruc y su equipo.
2) Este fin está realizado sin fines de lucro, solo por diversión.
3) Puede contener Spoilers de lo que ha aparecido en la tercera temporada
BAS LES MASQUES
CAPÍTULO 1
Apartamento en la rue Rivoli
Diez años después de la aparición de Papillon
-BEEP BEEP BEEP-
Marinette gruñó bajo la montaña de mantas en las que había pasado la noche mientras que sacaba una mano y buscaba a tientas el despertador para apagarlo o, mejor aún, para lanzarlo contra la pared. De verdad odiaba las mañanas, y haber conseguido un trabajo que requería que se levantara temprano había sido uno de los aspectos de su vida que le desagradaban.
-Marinette…-
La chica hundió su cara en la almohada. La verdad era que no se podía quejar, ya que había cumplido su sueño de toda la vida. Había estudiado en la más prestigiosa escuela de diseño de París y había sido contratada como una de las principales diseñadoras de Gabriel Agreste. No solo eso, sino que había pasado varios años antes de eso como aprendiz, mientras que estaba en la escuela de diseño, lo cual la ayudó a perfeccionar sus habilidades. Incluso el mismísimo monsieur Agreste había sido impresionado.
-Ugh…- Marinette finalmente alcanzó y golpeó el botón del despertador para apagarlo antes de volverse a refugiar bajo las mantas.
La paga era muy buena, pero como había comenzado hacía unos meses a trabajar con una paga decente, Marinette estaba ahorrando para comprarse un buen apartamento cerca del trabajo. Mientras tanto tendría que conformarse con el pequeño piso que le rentaba a una antigua clienta de la panadería de sus padres. Madame Le Pen era una viejita muy amable, pero bastante estricta con las reglas en el pequeño apartamento sobre su casa y un poco chismosa. Sabía quien entraba y salía de todas las casas del vecindario.
-Vamos, Marinette- le dijo Tikki con voz perezosa, interrumpiendo sus pensamientos- no querrás llegar tarde al trabajo. Sabes cómo es monsieur Agreste -
Marinette se desperezó aún envuelta en sus mantas y miró la hora antes de volver a gruñir. Tenía que levantarse de la cama o se le haría tarde, y como había dicho Tikki, su jefe no era la persona más tolerante del mundo. Odiaba perder el delicioso calor de su cama, pero la chica se levantó y arrastró los pies hacia el cuarto de baño.
La chica estaba segura de que vivía en el apartamento más pequeño de todo París. Tenía apenas una habitación pequeña, otra pieza que era una combinación de sala, comedor y cocina, y un pequeño baño. Lo peor era cuando Marinette entraba a la ducha, porque tenía que mantener sus brazos pegados a su cuerpo y apenas podía asearse.
"Nada que hacer al respecto", pensó la chica mientras que terminaba de ducharse "cuando sea rica y poderosa tendré una ducha decente"
Si había algo que Marinette (y Tikki) extrañaban de vivir sobre la panadería de Tom y Sabine eran todos esos bocadillos recién horneados que sus padres preparaban. Aún así, ella preparaba los croissants la noche anterior y no eran tan malos después de todo. Además, siempre podían pasar a la panadería a recoger algo de desayunar antes de ir al trabajo.
La chica se miró al espejo una vez que se terminó de vestir. Cepilló su cabello rápidamente y lo dejó suelto, se puso una diadema y sonrió ante su reflejo. A veces se sentía como la chica de The Devil Wears Prada, y que Gabriel Agreste era esa horrenda crítica de moda que la miraba juzgador si alguna de sus prendas no combinaba perfectamente con las otras.
Una vez que estuvo satisfecha con su atuendo, Marinette se puso encima el enorme abrigo, su bufanda favorita y salió a la calle, preparándose psicológicamente para atravesar la nieve que había caído la noche anterior y que separaba su cada de la estación de metro.
-Brrrr… hace mucho frío…- tembló Tikki en el interior de su bolso.
-Lo sé, mantente dentro del bolso, Tikki- dijo ella en voz baja.
-No sé cómo van a hacer para llegar los empleados. Creí que Gabriel Agreste les daría el día libre por la nevada- dijo la kwami en un tono preocupado- quiero decir, no es como que sea de vida o muerte para que tengan que estar alguien trabajando a pesar del horrible clima…-
-Pfff… el día que las vacas vuelen- dijo Marinette en voz baja- se trata de Gabriel Agreste, el hombre que no dejó que su propio hijo estudiara lo que deseaba y que siguiera sus sueños. ¿Realmente crees que alguien como él suspendería el día de trabajo por algo como una nevada?-
-Seguramente no- dijo Tikki asintiendo con una sonrisa apenada.
Marinette no dijo nada más. Corrió entre las calles cubiertas de nieve hasta llegar a la estación de metro que la llevaría a los Champs-Elysées y las oficinas centrales de Gabriel. Una vez en la comodidad (y el calor) de uno de los vagones de metro, la chica dejó escapar un suspiro aliviado. Realmente odiaba el frío, pero no tendría que volver a lidiar con eso hasta que regresara a casa.
Mientras que taba en el vagón su celular comenzó a sonar insistentemente. La chica miró la pantalla y rodó los ojos.
-Pitié, no otra vez…- dijo Marinette suspirando largamente y levantándose de su asiento para bajar en la siguiente estación- ¿es que Papillon no puede darnos un respiro?-
-Lo siento, pero tenemos que pasar a la acción- dijo Tikki al ver a la chica bajando del vagón y corriendo por los pasillos hacia la superficie.
-Lo sé, pero primero…- dijo ella con una sonrisa y guiñando un ojo con su celular aún en la mano- tenemos que avisarle de esto a cierto gato sobrealimentado-
x-x-x
Apartamento de Adrien Agreste
Al mismo tiempo
Adrien maldijo bajo su aliento cuando miró la nevada a través de la ventana.
"Linda bienvenida, París", gruñó en voz baja.
La noche anterior el chico había regresado a París proveniente de Toscana, tras haber pasado dos semanas filmando un comercial para Giorgio Armani. Había odiado los trajes que había tenido que modelar porque la tela era caliente e incómoda, pero al menos habían tenido una hermosa temporada entre las tomas. Italia era tan cálida y agradable, pero ahora tenía que regresar al frío de París. Y su querida ciudad había decidido recibirlo con una tormenta de nieve.
-Genial…- gruñó mientras que se levantaba.
Adrien suspiró y se metió a la ducha, pensando en que, a pesa de todo, era agradable estar finalmente de regreso en París. Para empezar, Plagg había odiado su estancia en Toscana. Él también había tenido sus reservas sobre ese viaje, sobre todo porque no quería abandonar a Ladybug durante tanto tiempo, pero ésta le había dado el Miraculous del caballo en caso de que tuviera que regresar abruptamente por un ataque de akuma, aunque no era por eso que Plagg estaba tan molesto.
No, la razón por la que su kwami amante del queso había detestado su estancia en Italia era porque (shock) no había Camembert.
-¡Si esto no es tortura, no sé qué sea!- había exclamado dramáticamente Plagg, dejándose caer dramáticamente en las manos de su portador- ¿crees que puedes sustituir el delicioso Brie o el divino Camembert por el insípido e inodoro mozzarella?-
Adrien sonrió para sí mismo mientras que salía de la ducha y se secaba el cabello con una toalla. Había tenido mucha suerte, solamente hubo dos ataques de akuma en ese periodo de tiempo, y Kaalki había sido de gran ayuda para que Adrien regresara a pelear al lado de Ladybug.
-¿Tenemos que ir a trabajar hoy, chico?- se quejó Plagg al verlo recién salido de la ducha- ¡mira cómo está el clima!-
-Lo sé, pero sabes bien que père jamás me perdonará si falto un solo día al trabajo- dijo Adrien sonriendo- sabes que cuenta conmigo-
-Mmmf…- se quejó Plagg- claro…-
Adrien decidió ignorar a Plagg, pues no tenía ganas de volver a tener esa conversación. Su kwami ya le había dicho repetidas veces que su padre seguía controlando todos los aspectos de su vida, que ya era hora de que cortara el cordón umbilical y se independizara. ¡Ya era un hombre de veinticinco, después de todo! Adrien, por supuesto, había negado que ese fuera el caso, a lo que el kwami le respondió haciendo una larga lista de cosas en las que continuaba siguiendo las órdenes de su padre.
No, definitivamente no quería tener esa conversación con su kwami de nuevo, era mejor cambiar el tema o darle Camembert para que lo olvide.
-Realmente quiero ir a trabajar- dijo Adrien, tratando de convencerse a sí mismo más que a Plagg- saber que es horrible quedarme atrás. Ademas, entre las ventajas está el desayuno que siempre me trae Marinette…-
-Mmmf…- repitió el kwami observándolo en silencio mientras que el chico se terminaba de vestir y se ponía su abrigo.
-Hey, al menos tengo un auto con calefacción- dijo Adrien tomando las llaves y mostrándolas a Plagg- y un frigobar lleno de Camembert en él-
-Tienes mucha suerte de que estoy hambriento, chico, así que pretenderé que no me di cuenta de que quieres cambiar el tema- dijo el kwami ocultándose bajo su abrigo de plumas.
Adrien bajó las escaleras y se dispuso a caminar hacia su auto cuando toda la nieve que la tormenta había dejado se derritió de pronto, convirtiendo esa mañana fría y tormentosa en un agradable día soleado.
-¿Pero qué…?- comenzó a preguntar el chico en voz alta, mirando a su alrededor confundido. ¿Qué rayos acababa de pasar?
Casi al mismo tiempo su teléfono sonó y Adrien lo alcanzó de su bolsillo para contestar. Ya sabía quien era antes de siquiera mirar la pantalla. Solo había una persona que lo llamaban en esas circunstancias.
-Salut, Adrien-
-Hey, salut- sonrió el chico mirándola en la pantalla- ¿ya llegaste a la oficina?-
-Aún no- dijo ella con una sonrisa apenada- y hablando de llegar a la oficina, creo que te necesitaré para pedir clemencia a tu padre por otro retardo-
-¿Y a qué se debe en esta ocasión?- preguntó él, aunque una parte de él ya sabía la respuesta.
-¿No te has dado cuenta del akuma que derritió toda la nieve e hizo que saliera el sol, chaton?¿O acaso eres en realidad el gato perezoso que creo que eres y literalmente te acabas de levantar?- dijo Marinette del otro lado de la línea.
-Mi-ouch, me ofendes- dijo él en un fingido tono ofendido- claro que me levanté temprano. Justo estaba a punto de subir a mi auto para ir a la oficina. Soy un gato responsable, después de todo. Además, ¿no puedes ver mi peinado irresistible? Esto dura horas en producirse, ma lady-
Adrien alzó repetidamente las cejas, haciendo reír a la chica.
-Bueno, supongo que si ya saliste de tu cita con el veterinario puedes venir a darme una mano, ¿no?…- dijo la chica- estoy en camino a Les Invalides-
-Sí me di cuenta del akuma, ma lady. Solo deseaba que fuera un error- dijo él en un tono resignado. Había estado en negación, deseando en silencio que el incidente haya sido por otra razón- bien, ¿te parece bien que la versión oficial sea que yo derramé mi café sobre ti y tuve que darte un aventón a tu casa para que pudieras cambiarte?-
-Hecho- dijo ella a través de la pantalla guiñándole un ojo y haciendo que su corazón diera un salto- gracias, Adrien-
-Nos vemos en un momento- dijo el chico colgando la llamada antes de volverse a Plagg para pedirle que lo transformara.
Chat Noir se impulsó con su bastón hacia el techo de su edificio y se dirigió corriendo hacia Les Invalides con una leve sonrisa. Los héroes llevaban poco más de cinco años de haber descubierto sus identidades secretas, y desde entonces se habían convertido en los mejores amigos que podían tener.
Siete años antes Ladybug le había dicho que, como Guardiana, era hora de que revelaran sus identidades. Mantenerlas ocultas les estaba comenzando a causar más problemas que otra cosa, y cada uno se había llevado una tremenda sorpresa al descubrir quien era su partenaire. Gracias a ello habían logrado trabajar en mayor armonía y los akumas eran vencidos mucho más rápido.
El héroe tardó unos minutos en llegar a Les Invalides, donde su partenaire la estaba esperando.
-¡Qué amable de tu parte haber venido a darme una mano, chaton!- dijo ella girando su yoyo y dedicándole una enorme sonrisa.
-No me perderé la diversión por nada del mundo, y es un buen ejercicio para estirar las piernas. Después de ti, bugginette- dijo Chat Noir guiñándole un ojo antes de saltar encima del akuma.
x-x-x
Boulangerie Dupain-Cheng
Poco después
La campanilla de la puerta sonó anunciando la llegada de un cliente y los Dupain-Cheng levantaron la mirada con una sonrisa.
-¡Bienvenidos!- canturreó Sabine desde la caja registradora.
-Ufff, hace calor aquí dentro- dijo el pequeño niño al entrar a la panadería, quitándose la bufanda y pasándosela a su padre antes de pegar su nariz en los aparadores donde estaban los bocadillos preparados por Tom.
Sebastien tenía solo cinco años, pero a esas alturas ya era el cliente número uno de los Dupain-Cheng. Los pastelillos de limón, los macarons, los éclaires, la tarta de manzana. Todos los había probado, y aún así no había podido asignar su favorito.
-¿Qué te vas a llevar a la escuela hoy, Sebastien?- le dijo Sabine inclinándose un poco para mirarlo a los ojos- ayer probaste los macarons de frambuesa-
-Sí, estaban muy ricos, madame- dijo Sebastien mirando alternadamente los macarons y otros panecillos en la vitrina con una expresión más cada vez más angustiada.
-¿Y porqué te escuchas tan triste, chéri?- dijo la mujer inclinándose para mirarlo a los ojos.
-Porque solo puedo escoger un panecillo. Y quiero volver a probarlos, pero también quiero un pain au chocolat-
La madre de Marinette sonrió benévolamente.
-En ese caso, podemos hacer una excepción y darte dos panecillos en vez de uno- dijo Sabine con una sonrisa, levantando la mirada hacia el padre- no te molesta, ¿verdad? El segundo es cortesía de la casa-
El hombre parpadeó y estuvo a punto de decir que no era necesario cuando su hijo tomó su mano y tiró de ella suavemente.
-Por favor, papa, solo por esta vez- dijo Sebastien mirándolo con enormes ojos de gatito a medio morir. El hombre gruñó. ¿Porqué siempre le hacía eso? ¡Con razón Marinette siempre le decía que no tenía ninguna disciplina con él! Pero, ¿cómo podía decirle que no a esos ojitos tan bellos?
-Bien, solo por esta vez- dijo Luka con un suspiro resignado mientras miraba a Sebastien dar brinquitos de emoción y a madame Dupain-Cheng tomar unas pinzas para sacar los dos bocadillos y meterlos a una bolsa de papel.
-Aquí tiene, monsieur Sebastien- le dijo Sabine entregando la bolsa al pequeño antes de levantar los ojos a Luka y darle un par de baguettes en una bolsa separada- ¿eso es todo lo que necesitas, Luka?-
-Sí. Gracias por todo, madame Dupain-Cheng- dijo Luka tomando el pan antes de volver a poner con cuidado la bufanda en su hijo. El akuma había sido vencido y la nieve había regresado, aunque no había tormenta como más temprano.
Sebastien miró la nieve con enormes ojos antes de salir de la panadería.
-Papa, mira- dijo Sebastien- ¡Ladybug y Chat Noir vencieron al monstruo!-
-Eso parece- dijo Luka con una sonrisa leve, mirando de reojo su pulsera. A pesar de que Ladybug le había confiado un Miraculous permanentemente y que Sass siempre estaba a su lado, eran pocas las veces en las que podía ayudar a los héroes a combatir los akumas. Tenía a Sebastien y no era como que lo podía dejar con alguno de sus amigos con poco tiempo de anticipación al aparecer un akuma.
-¿Papa?- dijo Sebastien confundido al verlo tan pensativo.
-Vamos a la escuela, Sebastien- dijo Luka sonriendo para volver a poner la bufanda en el cuello del niño con cuidado antes de salir- ahora que tienes dos bocadillos para la hora del recreo-
-¿Puedo comerme el macaron antes de entrar al colegio, papa?-
-Te acabas de lavar los dientes antes de salir de casa- le respondió Luka alzando una ceja- ¿no prefieres esperar y comer dos bocadillos en el recreo?-
-Por favor, papa…- dijo el pequeño con enormes ojos. Luka volvió a suspirar. Quizá Marinette tenía un punto y debía hacer algo al respecto. Los enormes ojos de Sebastien lo hicieron desistir. Quizá mañana.
-Bien, solo por esta vez. Pero mañana será solo un bocadillo para el almuerzo- dijo él antes de tomar la mano de Sebastien y caminar con él hacia la escuela.
x-x-x
Oficinas de Gabriel
Más tarde
Poco después de que Ladybug y Chat Noir habían vencido al akuma, Adrien y Marinette llegaron corriendo al edificio de las oficinas de Gabriel casi al mismo tiempo. La verdad ambos habían llegado transformados a la estación de metro junto a la entrada y se habían detransformado ahí. Estaban preocupados de que Gabriel Agreste se diera cuenta de que llegaron tarde pero, para suerte de ambos, el hombre aún no había llegado a la oficina.
-Ufff, eso estuvo cerca- comentó Adrien.
-Y que lo digas- dijo Marinette- la buena noticia es que aún tenemos una idea para una coartada la próxima vez que un akuma nos atrase-
Adrien asintió con una sonrisa. Estaba agradecido cuando Marinette, como guardiana de los Miraculous, decidió que sería mejor que Ladybug y Chat Noir conocieran sus identidades secretas. La verdad era que eso hacía las cosas infinitamente más fáciles, considerando que ambos eran amigos y que trabajaban en el mismo sitio. Confiaba infinitamente en Ladybug, y no se sorprendía en lo más mínimo que Marinette fuera la heroína.
Solo había parte de ello que no lo había dejado satisfecho, y era que cualquier relación con Marinette era imposible.
Los héroes habían revelado sus identidades siete años atrás cuando Marinette estaba saliendo con Luka y él con Kagami. Aunque Adrien creía que las cosas iban a cambiar para bien, y lo hicieron, su sueño de que Ladybug se enamorara de él no se había realizado porque ella estaba con otro chico. Pero como siempre había dicho, su amistad era el más bello de los regalos y ambos hacían un excelente equipo con o sin la máscara gracias a que ya no tenía esas expectativas de que Ladybug se enamorara de él.
-Bueno, nos vemos en un rato- dijo Adrien a punto de despedirse.
-Espera un momento- dijo Marinette deteniéndolo y pasándole una bolsa de papel- toma, tu desayuno-
-Gracias- dijo él tomando la bolsa y sabiendo que encontraría un delicioso croissant de mantequilla como todas las mañanas- en un momento te llegará tu café-
-Gracias, chaton- dijo ella mirando su reloj- oh-oh, mira la hora… no que no me guste trabajar contigo, pero…-
-Tienes razón, tengo que irme- dijo Adrien guiñándole el ojo y apresurándose hacia su oficina antes de que la chica terminara su frase. Resignada, Marinette se dirigió al área de nuevos diseños y él a la de administración.
La realidad de su trabajo le cayó encima de nuevo, como todas las mañanas. Cuando Adrien estaba en el colegio siempre había soñado que a los veinticinco años sería un ingeniero y que sería independiente de su padre y de su carrera como modelo. No que le desagradara modelar, pero ser administrador y seguir trabajando para Gabriel Agreste no era la vida que había soñado para él mismo.
Adrien suspiró derrotado mientras que entraba en su oficina y se dejaba caer en su silla.
-Bonjour, Adrien- dijo Nathalie llegando a la oficina- tienes una cita con los proveedores a las 9 horas, y otra con los organizadores del desfile de Londres a las 10 y media-
-Salut, Nathalie- sonrió él- gracias por recordarme eso. Podrías enviarle un café a Marinette de mi parte?-
-Por supuesto- dijo la asistente seriamente- ¿lo mismo para ti?-
-Gracias- sonrió tristemente Adrien antes de encender su computadora al mismo tiempo que sacaba el croissant de la bolsa que Marinette le había dado. Sonrió inconscientemente al pensar en ella.
-Sabes que Marinette tiene razón- dijo Plagg saliendo de su bolsillo- esto no es lo que amas hacer-
Adrien se volvió a su kwami. No quería tener esa discusión otra vez. De hecho, Plagg le había jugado sucio: le había contado a Marinette como Adrien detestaba su trabajo y que había querido estudiar otra cosa, que su padre había impedido que hiciera. Desde entonces, Marinette había estado intentando animarlo a confrontar a su padre para que aceptara dejarlo hacer lo que quería.
-Sí, claro- dijo Adrien sacando una rueda de Camembert de la bolsa que Marinette había puesto ahí para él y la acercó a nariz del kwami- ¿y perderte el Camembert que te envía todos los días junto con mi croissant?-
-No me malentiendas, me encanta que la coccinelle esté trabajando contigo, pero tu felicidad me preocupa más que comer Camembert-
-¿Porqué me cuesta trabajo creerte?- dijo Adrien rodando los ojos.
-Ya ves, puedo llegar a ser desinteresado algunas veces- dijo el kwami poniendo las manos en la cintura- además, no es como que eso vaya a impedir que Marinette te dé queso-
-¿Ah, no?¿Cómo puede ser posible eso?-
-Es fácil, si también aceptas tus sentimientos hacia ella y te casas con ella, todos ganan- dijo Plagg.
Adrien dejó escapar una carcajada sin humor.
-¿Otra vez con eso?- dijo él en voz baja tratando de ocultar lo derrotado que se sentía al respecto- sabes bien que para ella soy solo un amigo. Labybug nunca ha estado interesada en mí-
Plagg estuvo a punto de decirle que no era más idiota porque no tenía más tiempo, pero no pudo decirlo porque Nathalie entró a la oficina llevándole su taza de café. El kwami se escondió en el bolsillo antes de que la mujer entrara.
-Aquí tienes tu café, Adrien. Ya llevé su café a mademoiselle Dupain-Cheng- dijo la asistente.
-Gracias, Nathalie-
-Tu padre envió estas carpetas que necesitan supervisión- dijo Nathalie dejando las carpetas sobre el escritorio.
Adrien gruñó, y Plagg le lanzó una expresión de "te lo dije" que el chico ignoró completamente. Iba a comenzar con su trabajo cuando vio un mensaje en su teléfono celular. No pudo evitar sonreír al leerlo.
-Adivina quien está de regreso…- sonrió el rubio volviéndose a Plagg.
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Aeropuerto Charles de Gaulle
Poco antes
Tras pasar por la oficina de migración, la chica se guardó su pasaporte en su bolso y respiró hondo siguiendo a su madre. Estaba aliviada de estar de regreso en la ciudad. Tras el desagradable episodio que había tenido que soportar en Tokio, Kagami había decidido regresar a París.
A pesar de estar feliz de haber vuelto, la chica podía evitar sentirse un poco derrotada por la manera en la que había salido mientras que esperaba por su maleta y la de su madre en la banda de equipaje. A pesar de que le había dado un buen escarmiento, las palabras de Hokuto habían logrado lastimarla.
Atrapó las maletas y las puso sobre uno de los carritos de equipaje. Puso sus manos en el asa y suspiró largamente. Ofreció un brazo a su madre y comenzó a empujar el carrito hacia la salida.
-¡La mirada en alto, Kagami!- ladró Tsurugi-san, haciéndola dar un respingo de sorpresa- ese bueno para nada de Hokuto no merece que bajes siquiera los ojos por él-
Kagami miró de reojo a su madre y sonrió levemente. Después de su desastrosa experiencia en la que su madre organizó un último Miai con el hijo de un amigo suyo, que terminó con ella rechazándolo al decirle que él no estaba a su altura. El caos que causó el chico despechado fue tal que incluso Tomoe tuvo que intervenir, amenazándolo con golpearlo con su bokken si seguía gritando improperios a su hija.
-Lamento haber causado tantos problemas, mère- dijo Kagami- no es…-
-Tenías razón, después de ese berrinche que hizo, todos nos dimos cuenta de que no era digno de ti- dijo Tomoe severamente, ajustándose las gafas con su mano libre y dando un par de golpes en el suelo con el bokken que usaba como bastón- nunca te arrepientas de no conformarte con la mitad de lo que mereces-
Kagami asintió, caminando hacia la salida del aeropuerto con nuevos ánimos después de las palabras de su madre. Tan pronto como ambas mujeres llamaron a Tatsu y se dirigieron a sus respectivos apartamentos, Kagami sacó su teléfono celular y envió un par de mensajes a sus mejores amigos: Adrien y Marinette.
Kagami: ya estoy en París.¡Espero verlos muy pronto!
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CONTINUARÁ…
¡Hola a todos! Agradezcan esta historia a la cuarentena, pues he tenido todo el tiempo del mundo para escribir (y sufrir con el nuevo fic de Misao-CG). Esta es mi venganza. Nuestros héroes ya son adultos, pero no todos obtuvieron lo que siempre soñaron. Sí, Luka tiene un hijo, ya verán qué fue lo que pasó con él en los siguientes capítulos. Espero que esto les ayude a que la cuarentena sea más llevadera para todos. Muchos abrazos y cuídense mucho.
Abby L.
