Antes del tormento decidieron subir a la azotea pese a las advertencias de Theo diciendo que era ilegal y que no debían de subir allí arriba. Blaise puso un ladrillo en la puerta para que no se cerrara y todos subieron a la parte más alta del hotel. Se maravillaron ante tal espectáculo, edificios llenos de luces y personas con atuendos extravagantes se daban paso a través de aquellas vistas.

-Es increíble. -Susurró Theo mientras mantenía la mirada fija en un rascacielos.

-Menos mal que no nos fuimos a pasear caballitos por un pueblucho de España, agradezco que a nuestro amigo se le haya ocurrido esa maravillosa idea.- Dijo con sarcasmo Blaise mientras apoyaba sus manos en los hombros de su compañero castaño.

-No quería llegar a viejo tan pronto sin casarme y sin tener hijos, por una vez en la vida, admito que Potter tuvo buena idea. Por fin usó el cerebro. -Draco se encargó de molestar al de gafas quien preparaba cuatro vasos de chupitos.

-Cierra el pico, Malfoy. Tú no lo has usado en tu puñetera vida.- Se posó ante el rubio con el ceño fruncido.

-Cálmense señoritas.- Dijo de repente Blaise mientras posaba sus manos en los hombros de Harry y Draco.- Potter, ¿qué es ese líquido?

-Oh, es un alcohol muggle. Pensé que sería buena idea probar cosas nuevas.

-Yo no voy a probar nada que provenga de un muggle. -Respondió el rubio reticente mirando con desconfianza el pequeño vaso.

Harry soltó una carcajada y le miró perplejo.

-Pues bien que te comes a Hermione casi todas las noches, imbécil.

-Bueno, ella es la excepción.-Se intentó defender inútilmente de Potter y lo único que ganó fue miradas sarcásticas por parte de sus amigos.

Theodore decidió romper el hielo. Aunque a veces lo negara, disfrutaba descubrir inventos muggles, era sumamente interesante como habían logrado crear objetos como teléfonos móviles o cacharros que sobrevolaran los cielos sin magia. Es por eso que se acercó a su amigo de gafas y le arrebató el vasito. Blaise imitó sus movimientos, era la noche de Theo y no le iba a privar de diversión.

-No jodas más, Draco. Coge el vaso y bébetelo.- Contratacó Blaise mirando con advertencia al rubio. Si Theo les decía que fueran a comprar burritos a un supermercado iban a ir, si les decía de tirarse por un puente también. Era su noche, una con amigos antes de sucumbir a la cárcel denominada matrimonio.

Finalmente Malfoy cogió el vasito mientras miraba a Potter por el rabillo del ojo con reticencia. Es cierto que habían comenzado a llevarse mejor pero le seguía produciendo desconfianza aquel cuatro ojos. Hace unos años les llevo a un bar muggle y acabaron tan mal que despertaron en un parque de un barrio lleno de delincuentes que les habían robado la cartera y el móvil. Claramente eso se quedó entre los cuatro y nunca ninguno abrió la boca sobre ese suceso.

Los vasos de todos chocaron entre sí dando por finalizada la discusión y abriendo paso a aquella alocada noche en la que cierto castaño mandaba. Lo que no sabían es que se iba a montar tal desmadre que acabarían peor que aquel día hace años.

La habitación estaba desolada, llena de charcos de alcohol, vasos y vidrios rotos, muñecos hinchables, cosas quemadas e incluso una gallina que picaba sin descaro a Draco en la mejilla. Uno de sus picotazos fue tan fuerte que el rubio abrió los ojos rojos con total enfado. Intentó enfocar su vista pero solo notaba un picor en sus ojos y el frío suelo en el que estaba tirado. Se levantó como pudo y se fijó la forma en la que su ropa estaba desecha, no había rastro de la americana, su camisa estaba toda arrugada y su pantalón tenía una mancha roja. De repente observó como Harry, adolorido y desorientado, se levantaba de detrás de una barra de bar. Intentó ponerse en pie pero cayó inútilmente al suelo. Finalmente se levantó y sin dirigirle ni una mirada al rubio se fue con paso rápido hasta lo que creía que era el baño.

Al llegar se dispuso a mear con total tranquilidad y mientras echó un vistazo a su ropa. Iba con una patilla de las gafas rota, una camisa blanca arrugada y con una mancha amarilla que olía fatal y sólo llevaba sus boxers. Frunció el ceño intentando recordar qué había pasado hasta que un rugido le paralizó. Su vista estaba fija en el váter, no quería levantarla porque no sabía si era su imaginación el que lo había traicionado o era de verdad lo que acababa de escuchar. Lentamente giró la vista hasta posarla en lo que, en efecto, era un dragón. Afortunadamente lo que tenía delante era uno pequeño y no tenía pinta de agresivo pero sus ojos ámbar estaban puestos fijamente en el castaño. Sin dudarlo dos veces salió corriendo y gritando del baño, sin poder evitarlo chocó con el cuerpo de Blaise que dormía plácidamente delante de la puerta del servicio. Cayó encima del pelinegro quien profirió un gemido de dolor.

-¿Qué cojones? Contrólate... y ponte unos pantalones, Harry, tío...-Dijo el moreno arrugando el ceño e intentando ver al de gafas quien huía lentamente por el suelo del baño.

-Blaise, por lo que más quieras en el mundo, no entres al baño.

-¿Qué está pasando? -Respondió de repente el rubio apareciendo en escena con cara adolorida.

-Hay un dragón en el baño, lo he visto mientras iba a mear y...¡Joder, hay un puto dragón en nuestro baño! -Repetía constantemente Harry mientras señalaba con temor la puerta del servicio.

-Cálmate, joder. Voy a comprobarlo pero deja de gritar ya. -Respondió Blaise mientras se incorporaba. Cuando giro el picaporte y asomó su cabeza al interior otro rugido se escuchó en la habitación. Rápidamente el moreno cerró de un portazo el baño y se apoyó en la madera.- Pues sí que lo hay...

-¿Lo ves? ¿Qué hacemos?

-Cálmate, Potter. Ya nos ocuparemos de eso más tarde.-El rubio se pasó las manos por el pelo y se despeinó.

Blaise se puso una camisa azul debido a que iba con el pecho al aire y miró rápidamente el estropicio que había montado. Se fijó de repente en Draco y solo pudo abrir la boca asombrado.

-Draco, amigo, ¿qué tienes en la cara?

-¿Mmm? -Levantó la cabeza y la posó en Blaise preguntándole con la mirada que le sucedía.

-Ostia... -El moreno dio dos pasos hacia detrás observando fijamente la ceja de su amigo la cual ahora estaba rapada. Una sonrisa ladeada que promulgaba una risa apareció en su rostro.- ¿Qué te ha pasado en la ceja? Tienes una rapada.

-¡¿Qué?! -El rubio se levantó con los ojos abiertos y comenzó a palparse su cara y es que, en efecto, los pelos albinos que tenía no estaban. Comenzó a respirar con dificultad y a gritar. Su imagen lo era todo para él, un Malfoy no podía caminar por ahí sin una ceja.

-Draco, tío, tranquilo. Ya veremos que podemos hacer con... eso. Harry, llama a Theo, nos tomamos un café e intentamos marcharnos de Veswick antes que el servicio de habitaciones se de cuenta de la bomba que ha caído aquí.

Tras unos minutos de alteración por parte de Draco, el de gafas se reunió con ellos un tanto preocupado. Con los ojos bien abiertos dijo:

-Theo no está, ni su colchón.

-No te preocupes, seguramente haya bajado a desayunar y nos haya dejado aquí tirados como imbéciles, no es la primera vez que lo hace. Le voy a llamar.- El moreno sacó su teléfono móvil y buscó entre sus contactos el nombre de su amigo. Cuando lo llamó sonó justo al lado de Draco.

-Perfecto, el imbécil ha desaparecido.- Draco miró con rabia de nuevo su imagen en un pequeño espejo que había tirado en el suelo.

-¿Malfoy? ¿Qué te ha pasado en la ceja? -Harry estaba a punto de partirse de risa al ver el estado del rubio.

-Por Morgana, cierra la puta boca ahora si no quieres que te mate lentamente.-Respondió con tono de advertencia mientras posaba sus grises ojos en Harry como si fueran cuchillas.

De repente el llanto de un bebé sonó en la estancia dejando a todos paralizados y con sudores fríos. No querían reconocer la gravedad de lo que había pasado hasta que escucharon eso. Se levantaron veloces de sus asientos tras unos segundos y fueron rápidos a donde creían que el llanto provenía el cual era de una alacena.

Antes de abrir la puerta se quedaron mirándose los unos a los otros. Iban de pupilas en pupilas fijándose en la expresión preocupada de cada uno. Sobrando las palabras, notaron que llegaron a un mismo acuerdo: Recoger al bebé, dejarlo en recepción con la excusa de que alguna bruja se lo había olvidado en la piscina del hotel, buscar a su amigo y salir cagando leches del lugar.

Finalmente, Blaise dio un paso y destapó lo que venía ser siendo un niño de su misma piel cuyos ojos eran azules cristalinos. Abrió la boca con incredulidad y sus ojos se posaron en sus amigos, sobre todo en Harry el cual estaba con una mano en la boca.

–Es como si Ginny y tú hubierais tenido un hijo.

–Cierra la puta boca, Potter. –Respondió el moreno.

Se pasó las manos por su pelo azabache y volvió a mirar al bebé que le miraba con tremendo interés. Desde siempre, Blaise tuvo pavor al compromiso y a una vida que involucrara hijos y mascotas de por medio. Su madre, denominada la "dama negra" por la sociedad mágica británica fue de marido en marido después del fallecimiento en extrañas circunstancias de su padre. Como siempre, declaraban en su testamento que todos los bienes serían pertenecientes a su madre después del fallecimiento de éstos por lo tanto, si la fortuna Zabini era millonaria, con esto se duplicaba o, arriesgándose, diría que se triplicaba. Desde pequeño, creció pensando que el matrimonio era una simple unión que apagaba el fuego de interés mutuo que ardía en una pareja. Ese pensamiento fue disminuyendo gracias a su pareja desde hace años, Ginny Weasley. Pese a que logró consolidar un matrimonio con la pelirroja, ante la noticia de formar una familia siempre salía despavorido, por eso, al ver como sería la unión de ambos, entró en pánico, era como si el destino le diera una patada en los huevos.

–Después del día de hoy, lanzadme un obliviate sin pudor. –Fueron sus últimas palabras antes de salir por la puerta de la habitación dejando a Draco y a Harry desorientados sin saber el comportamiento de su amigo.