Capítulo 15: Vida.
—Sakura-san, ¿está bien? —le preguntó por segunda o tercera vez la enfermera. Nuevamente, Sakura volteo a mirarla con una cálida sonrisa.
—Estoy muy bien, ¿por qué tanta preocupación?
La joven frunció el ceño. El resto de asistentes miraron con curiosidad mientras Sakura continuaba operando a la joven. Ya llevaban 5 horas allí adentro.
—Es que se ve... diferente —le contestó la joven, seria.
—Pues... —susurró Sakura en medio de una sonrisa que se escondía bajo el barbijo—Diferente no necesariamente es sinónimo de malo, ¿no crees?
La joven se sintió avergonzada por importunar a Sakura y no volvió a abrir la boca. Sin embargo, Sakura no lo había tomado así. Para ella era normal que se lo preguntaran, porque en verdad se sentía diferente. Definitivamente algo en su esencia había cambiado; había algo más liviano en su mirada. Algunas de sus enfermeras se habían acostumbrado tanto a pesadez y pequeña oscuridad diaria en la energía de Sakura, que se asustaban al encontrarla de esa manera. Tan libre, tan liviana.
Pero la liviandad y repentina soltura de Sakura no iban a durar tanto como ella creía. De hecho, quizás no durarían nada en absoluto.
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La cirugía fue de un relativo éxito. Por supuesto, habían salvado la vida de la joven, pero nunca volvería a ser como antes. No podría volver a caminar, pero estaba viva, y mientras hubiera vida, habría esperanzas.
Sakura salió de la sala de operaciones exhausta. Había estado despierta, luchando y gastando chakra por más de 24 horas. Había amanecido. Quería ir a casa a dormir, pero el estómago se le revoloteaba pensando en Kakashi. También tenía ganas de verlo, pero se daba cuenta que seguramente estaba durmiendo y recuperando el chakra. Él la había pasado peor que ella. Además, también estaba aquel desgaste "extra" de energía que habían tenido... Sakura se ruborizó sola al recordarlo.
Se cambió en el vestidor y se lavó el rostro. También necesitaba un baño con urgencia. Decidió ir a la cafetería antes de ir a casa, para llevar un té en el camino. La noche anterior ni siquiera había cenado.
El hospital se estaba llenando de a poco de los doctores y el personal de salud que iba a ocupar el siguiente turno, pero continuaba relativamente vacío. Cuando ingreso a la cafetería saludó a la joven que atendía como cada día y le pidió un té para llevar. Mientras esperaba se dió vuelta a mirar a su alrededor, y se extrañó cuando vio un sujeto recostado con los brazos en la cara sobre una de las mesas. Reconoció el color de su cabello a todos esos metros de distancia, así que se acercó para cerciorarse.
Cuándo llegó a su lado no tuvo más dudas. El mismo pelo, la misma ropa que la noche anterior. Kakashi tampoco había regresado a su casa como ella lo había pensado, se había quedado esperándola toda la noche en la cafetería. El corazón se le encogió de la ternura mientras se sentaba a su lado y le acariciaba los desordenados mechones que le caían a los lados. Solamente veía la cicatriz de su ojo cerrado, que poco a poco se abría ante el tacto.
—Despertaste —confirmó ella, sonriéndole—. Me esperaste aquí toda la noche.
Él acaricio su mano y entrelazó sus dedos con los de ella.
—Siempre —le contesto él, sonriéndole de una forma tan dulce que Sakura sentía que el corazón se le derretía.
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Ya habían pasado tres meses desde esa mañana en la cafetería. La gente comenzaba a acostumbrarse a verlos juntos, aunque más de un aldeano —especialmente los de avanzada edad— se había escandalizado al verlos juntos por primera vez, como ya había ocurrido aquella vez en el almacén.
Muchas mujeres que habían perseguido infructuosamente a Kakashi por años y envidiaban a Sakura, pero también admiraban la forma en que había podido salir adelante después de lo que había pasado con el gran Uchiha. Admiraban, también, la forma tan dulce en que Kakashi caminaba con ella de la mano y cómo la miraba cuando creía que nadie más estaba observándolo.
Sakura se sentía libre de muchas cargas del pasado que la habían atormentado durante demasiado tiempo. Iba seguido al cementerio, pero ya no lo hacía con la pesadez que una vez la había acompañado.
Naruto estaba feliz por sus dos amigos. Una peculiar mañana miraba el cuadro de Sasuke mientras firmaba unos documentos y sonreía con melancolía.
—Seguramente estarías feliz por ellos —susurró, con el anhelo de que pudiera escucharlo en algún lugar.
—¿Feliz por quiénes? —preguntó una reconocible y femenina voz.
La reacción de Naruto fue inmediata: Se levantó de la silla de golpe y salió corriendo en su encuentro lo más rápido que pudo. Ella devolvió el abrazo con la misma alegría.
—¡Estás aquí, Sarada! —exclamó luego de mirarla a los ojos con una sonrisa enorme. Cada vez que la miraba lo veía a él, a su mejor amigo, y más aún cuando la joven crecía y su mirada se parecía más a la de su padre. Sarada era para Naruto más que la hija de su mejor amigo; la quería y atesoraba como una hija propia.
—También me alegro de verlo, Hokage —contestó ella.
Sarada había estado varios años viajando y las únicas noticias que recibían de ella eran las que llegaban por medio del halcón que había heredado de su padre.
Naruto la observó bien, sin dudas había cambiado, pero sus ojos amables y su sonrisa gentil seguía siendo la misma. El cabello le había crecido de forma considerable, ya lo tenía llegando a la cintura. Su cuerpo sin dudas había cambiado también: más altura; piernas más firmes; abdomen más marcado y unos brazos más musculosos. No habían sido años en vano, había entrenado duro y seguramente su desempeño en combate también era mucho mejor.
—¿Cuándo regresaste? —le preguntó, abrumado.
—Justo ahora. Quería pasar a saludarte antes de ver a mamá.
—¿Todavía no la viste? —le cuestionó, sorprendido.
—Quería sorprenderla. No sabe que regresé.
—¿En serio? —Naruto estaba visiblemente confundido.
—Sí. Debo irme ahora. Tengo algo importante que decirle —sentenció, cambiando su semblante notoriamente. Naruto se dio cuenta de este cambio en ella.
—Por cierto, ¿dónde está Boruto? —le preguntó, antes de salir—. Luego de mamá quisiera hablar con él.
—Oh... Él se fue hace algunos días a una misión bastante importante —le contestó, todavía extrañado con el actuar de la chica. No parecía ella misma.
Sarada no espero más y salió volando de la oficina.
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La joven procuró llegar lo antes posible a su casa. Atravesó los techos de Konoha con tanto sigilo que nadie llegó a verla ni se percató de su presencia. Hacía tanto tiempo que no regresaba que sabía que si sus amigos la veían, iban a demorarla. Quería verlos porque los extrañaba, pero para ella ver a su madre ahora que había decidido contarle lo que sabía y lo que ya llevaba demasiado tiempo ocultando, era imperioso.
Cuando llegó a su casa el corazón le palpitaba tan fuerte que pensaba que se le iba a escapar corriendo. En parte por lo que tenía que decirle a su madre, y en parte porque la había extrañado demasiado. Había anhelado un abrazo suyo por años. Sin embargo, los ojos se le abrieron de par en par cuando se encontraba al otro lado de la puerta, a punto de tocar, y escuchó otra voz desde adentro.
—Entonces, ¿luego del hospital te busco para ir a cenar? —le preguntaba entre risitas demasiado amigables la reconocible voz del ex-hokage... Kakashi.
—Claro —contestó su madre, pero luego empezó a reír de forma extraña—. Basta, tengo que ir a la trabajar, tengo una cirugía.
Sarada se apartó del umbral de la puerta y se escondió debajo del marco de una ventana para observar qué estaba pasando.
—¿Mamá... Kakashi...? —susurró la joven, impactada, viendo a su madre y al ex-hokage darse un tierno beso en la cocina de la casa que habían compartido tantos años con su padre.
Sarada vio a su madre sonreír de una forma tan tierna que se le apretujo el corazón. ¿Cómo podría ser capaz de interrumpir esa felicidad de esa manera? Después de haber tenido la desdicha de ser testigo directo del genuino e interminable sufrimiento de su madre, ella no merecía eso. Aunque le doliera, el corazón de Sarada era tan grande y generoso que quería dejarla en paz, disfrutando de su nueva vida. No le importaban los detalles. Le había bastado con verle la sonrisa.
Así, decidió irse lo antes posible de allí.
Al otro lado de la pared Kakashi se percató de algo extraño y se separó de Sakura para correr la cortina de la ventana, dejándola confundida.
—¿Qué pasó? —le cuestionó, frunciendo el ceño.
Kakashi sacudió la cabeza.
—No es nada. Me pareció ver algo, pero creo que lo imaginé —le sonrió. Sakura le devolvió la sonrisa y luego se fue de la casa.
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Sakura se encontraba haciendo papeleo de oficina previo a la cirugía programada cuando Naruto llegó intempestivamente, sin tocar, por la puerta.
—¡Buen día! —exclamo él.
—Deberías dejar de pasar sobre la secretaria, le pago para algo, ¿sabes? —se quejó Sakura, a la vez que saludaba a su mejor amigo.
—Lo siento, lo siento —se disculpó con torpeza. La realidad es que la secretaria ni siquiera lo veía pasar a veces, de lo rápido que aparecía.
—Qué raro que tú vengas a mi oficina a esta hora —observó Sakura, sorprendida.
—Quería preguntarte qué tal estuvo la charla con Sarada. De hecho pensé que podría estar contigo aquí —sonrió él, con la inocencia de un niño.
Los ojos de Sakura se paralizaron. La expresión se le desfiguró.
—¿...Sarada? —preguntó, atónita—. ¿De qué hablas?
—¿A caso no acaba de ir a verte? Ella me dijo que tenía algo importante para decirte... —Naruto se quedó con las palabras en la boca. Sakura salió corriendo a toda velocidad d la oficina.
Sabía dónde ella iba a estar.
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Sarada estaba contemplando la tumba de su padre cuando Sakura la sorprendió desde atrás con el fuerte y cálido abrazo de una madre que la había extrañado muchísimo.
Sarada devolvió el abrazo inmediatamente y se le inundaron los ojos de lágrimas tan tiernas y honestas que a Sakura se le apretujo el corazón.
—Nos viste, ¿verdad? —le preguntó su madre, sonriendo con culpa entremezclada. Sarada sabía bien a qué se refería.
—No quise molestar —sollozó Sarada.
Sakura entonces la miró fijamente, apretujándole los hombros con firmeza.
—Tú nunca vas a molestar —sentenció Sakura.
—¿Por qué no me lo dijiste? —cuestionó la joven, algo enfadada.
—Prefería hacerlo personalmente —en parte era verdad, pero dentro del corazón de Sakura se escondía una culpa tenue por Sarada. No por Sasuke. Por su hija, que amaba tanto a su padre. Además, lo que menos hubiera deseado es que se enterara de esa manera.
Cuando Sarada se serenó y secó sus lágrimas Sakura decidió decirle que iba a tomarse el día para pasarlo con ella, que finalmente había regresado a casa. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando la joven sacudió su cabeza.
—No puedo, debo irme a una misión —le indicó.
Sakura frunció el ceño confundida.
—Pero si recién llegas. ¿Naruto ya te dio una misión para alejarte nuevamente? ¿Eso es lo que me tenías que decir? Ese imbécil... —masculló la madre, a punto de colapsar de la rabia. Ya había imaginado varias formas de asesinarlo cuando su hija la interrumpió.
—No, no —se apresuró Sarada—. Solo tenía que decirte que estaré cerca un tiempo, para visitarte más seguido —sonrió la chica, dejando más confundida a su madre.
—¿Entonces a qué misión te refieres?
La Uchiha se mostró nerviosa, pero intentó calmarse para no alterar más a Sakura.
—Te lo contaré la próxima vez, te lo prometo —sentenció sencillamente, intentando sonreír lo más genuinamente posible.
Sakura se sorprendió por la respuesta, pero devolvió la sonrisa. Sin embargo, algo dentro de su pecho le decía que algo inquietaba el corazón de su hija. No quería presionarla, pues Sarada siempre hacia las cosas a su propio ritmo y confiaba tanto en ella que sabía que, eventualmente, si era necesario, ella misma se lo contaría. Se preguntaba si realmente no tenía problemas con lo que acababa de vivenciar. La culpa la carcomía y Sarada se dio cuenta enseguida de la expresión de su madre.
—Estoy feliz por ti, mamá. De verdad —le sonrió con honestidad y la abrazó. Su madre devolvió el abrazo con ternura y sintió la sinceridad en las palabras de Sarada, lo cual la tranquilizó bastante... por ahora.
De cualquier forma, no podía engañarla. Sabía que algo le ocurría y que no quería decirlo.
"Todo a su tiempo", pensó Sakura, confiando en el buen juicio de su hija. No tenía otra opción.
—Bien, será mejor que me vaya. Me alegro mucho de que estés bien. Volveré pronto —le dijo, sonriendo lo más optimista posible.
—Espero que regreses pronto. Apenas te pude abrazar y ya te escapas de nuevo —la regañó. Sarada soltó una risa burlona y le dio otro abrazo.
Sarada se fue antes de seguir forzando su mejor expresión. No quería perturbar la paz de su madre. La amaba demasiado para hacerle eso. En realidad, Sarada estaba genuinamente feliz de verla bien, luego de la última vez que la vio y lo triste que la leía en cada intercambio epistolar. Sabía que su madre necesitaba un respiro de todo lo que había vivido y finalmente podía encontrar un brillo lleno de esperanzas y vida en sus ojos. Pero realmente no podía lidiar con todo aquello en ese momento.
Sakura le dio una última sonrisa mientras la veía alejarse entre los árboles, tranquila porque sabía que iba a estar más cerca en el futuro pero un poco inquieta por los secretos que aparentaba guardarle y que le había prometido contarle más adelante.
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Sarada no habló con nadie más luego de su madre. Salió de Konoha y llegó a la zona donde habían quedado en encontrarse a esa hora. Era en medio del bosque, un kilómetro afuera de la aldea. Allí, de espaldas ante un árbol se encontraba un peculiar joven de cabello oscuro y ojos celestes. De mirada fuerte, pero corazón noble.
Se dio vuelta antes de que bajara de las copas de los árboles, pues la había sentido varios metros antes de que llegara.
—Kawaki —lo llamó Sarada.
El joven la miró con una expresión distendida y las manos en los bolsillos. Era varios centímetros más alto que ella.
—¿Se lo dijiste? —le preguntó, aunque podía adivinar la respuesta con observar su rostro.
Sarada simplemente sacudió la cabeza.
—¿Qué ocurrió? —le preguntó con la misma expresión de antes Kawaki, aunque quien realmente lo conociera sabía que le preocupaba el semblante de su amiga.
—Simplemente no pude hacerlo —se lamentó Sarada, sin desear entrar en más detalles. Luego miró fijamente a Kawaki—. ¿Cuál era nuestra última pista?
Kawaki cerró los ojos por un momento, entendiendo el silencio de Sarada respecto al por qué no quiso decirle nada a su madre. Decidió no continuar haciendo preguntas. La conocía demasiado bien para saber entender hasta dónde presionarla. Luego sacó un mapa de su bolsillo y lo desplegó sobre una roca grande y limpia.
—Según lo que pudimos averiguar en la última aldea y las deducciones que estuvimos haciendo la última vez, marqué este punto en el mapa mientras estabas en Konoha.
La Uchiha cerró sus ojos unos momentos, procesando la información. Cada vez lo sentía más cerca, cada vez era una sensación más palpitante.
—Como lo supuse y le dije a mamá, no voy a estar muy lejos próximamente. Eso está sólo a 75 kilómetros de aquí.
—Bien —dijo Kawaki mientras volvía a guardar el mapa con cuidado—. Andando, no queremos que se haga de noche.
Sarada se acomodó las gafas, estiró los brazos y pareció recuperar toda la energía emocional que sentía haber perdido instantes antes con su madre. Simplemente dibujó una sonrisa desafiante mientras pronunciaba las siguientes palabras:
—Voy a encontrarte, papá.
Bueno chicas y chicos (si es que hay alguno por ahí), llegamos al final de nuestro camino con este fic. ¿Pero es realmente el final? Claramente no, pero para la segunda parte van a tener que esperar bastante porque tendría que ponerme al día con Boruto para no meter la pata con ningún detalle. No pensaba terminarlo así, pero bueno. Simplemente pasó, qué se yo. Se me ocurrió que pueden pasar muchas cosas. Igual no quiero dar muchos detalles porque no quiero matar el suspenso, pero creo que quedó bastante claro que Sarada tiene prácticamente la seguridad de que su padre no está en ningún cementerio sepultado.
De cualquier manera, les quería agradecer por el acompañamiento todos estos capítulos (a las que decidieron quedarse, porque varias me abandonaron hace rato... a esas, chúpenla. Ah re. Jajaja joda). Espero haber estado a la altura.
Por cierto, me cree una cuenta en AO3. Estoy pensando en arrancar a subir los fics ahí también. Y por supuesto, tengo muchas ganas de (AL FIN) empezar a publicar algo propio. Ojalá me sigan leyendo cuando lo haga; y también ojalá me acompañen con todos los fics que siga subiendo.
Cualquier cosa me envían un mensaje y les contesto. Gracias.
