Sin duda alguna había subestimado su mala suerte.
Una cosa era ser omega, otra era descubrirlo después de pensar toda tu vida que eras beta y otra muy diferente que tu primer celo ocurriera cuando tu interés amoroso te cuida de una supuesta fiebre.
Quizá se le estaba contagiando la mala suerte de Shirabu.
A la mañana siguiente, cuando despertó y fue totalmente consciente de lo que había ocurrido, Akaashi Keiji solo quería quedarse en cama intentando fingir que no existía y que todo lo que había pasado hace solo unas horas era parte de una pesadilla.
Evidentemente las cosas no eran tan sencillas.
Mucho menos cuando la otra persona que presenció tu vergonzoso comportamiento aún dormía en la misma cama.
Y te apretaba fuertemente entre sus brazos.
Dios, en serio quería desaparecer.
El problema realmente no era haber dormido en la misma cama que su mejor amigo o despertar contra su pecho.
Obviando el hecho de que no era un amante del contacto físico.
—Bokuto-san.
—Mnh. —El muchacho lo acercó más a su pecho.
Hace un día le habría parecido imposible despertar de aquella forma.
Bueno, si le hubieran dicho hace unas horas que era omega también habría pensado que era una locura.
—Es hora de despertar. —Bokuto ni se inmutó.
Incapaz de escapar del abrazo, Akaashi pellizcó con fuerza las mejillas del mayor para despertarlo.
De inmediato Kotaro empezó a removerse mientras fruncía el ceño, dejando libre al contrario.
Fue una verdadera lástima no poder contemplar por más tiempo aquella expresión tan pacífica, pero en esos momentos su prioridad era ir al baño.
—¿Qué ocurre? —preguntó el de cabello bicolor mientras lo miraba con los ojos entrecerrados debido al esfuerzo que hacía para no caer rendido de nuevo.
—Tengo que ir al baño —contestó intentando ignorar la cercanía de sus cuerpos.
—¿Te volviste a mojar? —indagó Bokuto, medio dormido.
Incluso si el chico no dijo aquello con malas intenciones, de igual manera Akaashi le arrojó la almohada en la cara.
—No lo digas así —dijo en voz baja el pelinegro.
El muchacho se levantó y salió de la habitación antes de que el otro pudiera siquiera apartar la almohada de su rostro.
Vaya manera de empezar el día.
—¿Amaneció sensible o algo así? —murmuró Bokuto para sí.
Mientras Keiji se daba una ducha Kotaro se encargó del desayuno.
O al menos lo intentó.
Su habilidad culinaria no iba más allá de los alimentos preparados o precocidos, así que se tendrían que conformar con un tazón de cereal y leche.
Todo un banquete.
Como no le tomó mucho tiempo "preparar" la comida, tuvo que esperar unos cuantos minutos a que Akaashi saliera de la ducha.
—Perdón por la demora —se excusó el chico cuando ingresó a la estancia—. Gracias por la comida.
Un pesado silencio se sumió entre ellos mientras desayunaban, normalmente Bokuto ya habría contado unas seis anécdotas en el entretiempo, sin embargo, la extraña expresión con la que regresó Akaashi lo hizo desistir.
Por un tiempo, claro.
—Agashe. —Bokuto rompió el silencio cuando se le hizo insoportable el ambiente— ¿Estás molesto por lo que pasó esta mañana?
El de ojos azules detuvo la cucharada de cereal que dirigía a su boca.
—No… —el chico se negaba a hacer contacto visual con el otro—. Solo fue vergonzoso. Todo esto es muy vergonzoso para mí —añadió de manera casi inaudible.
Dicho eso, un agrio aroma a frutos rojos empezó a extenderse por todo el comedor.
No era exactamente igual al dulce olor de hace unas horas.
No porque el día anterior no haya habido pensamientos negativos en la mente de Akaashi, sino porque esta vez sus pensamientos no eran superados por sus sentimientos y el dolor físico.
Si bien el olor no era tan fuerte como el día de ayer, era mucho más potente que cualquiera de las otras veces en las que Kotaro lo percibió.
Probablemente aquello era debido a que había pasado por su primer celo. Ahora todo el mundo sería capaz de oler al omega.
Bokuto estuvo a punto de mencionar aquello, no obstante, algo en su interior lo hizo dudar —¿Instinto de supervivencia, tal vez?— y decidió no comentar nada al respecto.
De cualquier modo, no era necesario mencionarlo porque Keiji también podía oler la ola de feromonas que estaba expulsando.
—Lo entiendo —dijo en cambio, la repentina declaración fue suficiente para que Akaashi lo mirara—. Uh, es decir, a mi igual me daría mucha vergüenza que me vieras cuando estoy en rut, sobre todo si me hubieras visto en el primero. Me pongo nervioso de solo pensarlo —finalizó con una pequeña sonrisa.
Ahora ambos se miraban con intensidad.
A pesar de que hace unas horas yacían sobre la misma cama sin que siquiera un centímetro los separara, la sensación que les generaba los ojos del otro era más agobiante.
Más embriagadora.
Azul, como el oscuro cielo nocturno; amarillo, como el sol brillante.
Tan distintos al contrastarlos; tan familiares cuando los juntas.
Akaashi sintió como su corazón se aceleraba.
Cohibido por los enormes iris dorados que lo observaban, desvió la mirada.
Casi como acto reflejo empezó a jugar con sus manos, los nervios eran tales que empezó a morder su mejilla desde el interior.
Si ejercía un poco más de fuerza seguramente se iba a terminar lastimando.
Si seguía mirándolo así, como si fuera el ser más brillante en la faz de la tierra, indudablemente iba a terminar doliendo.
—Últimamente dependo mucho de ti, Bokuto-san.
—Me gusta que dependas de mí. —El mayor seguía sin quitarle los ojos de encima—. Eso demuestra que confías en mí, ¿no?
—Lo sé, pero eso… me atemoriza —parecía que quería decir más, sin embargo, no hubo mayor explicación al respecto.
—Akaashee-
El estentóreo tono de llamada del ojiazul interrumpió la conversación. El dueño del aparato echó un vistazo al remitente antes de disculparse y levantarse de su asiento para atender la llamada.
—Era mi padre, me está esperando abajo —aclaró cuando colgó— ¿Qué iba a decir, Bokuto-san?
—Ah ¡Nada importante, 'Kaashi! Será mejor que no lo hagas esperar.
Akaashi lo miró con sospecha, pero tampoco podía darse el lujo de dejar esperando a su padre así que dejó pasar el cambio de ánimo del contrario, que tampoco era extraño en Bokuto.
—Está bien.
Ambos agarraron sus teléfonos y rápidamente abandonaron el departamento.
El más bajo tenía la esperanza de poder regresar al lugar en unas horas para poder lavar los trastes y limpiar su habitación, aunque lo dudaba mucho.
—Perdón por haberlo retenido todo el fin de semana, Bokuto-san. —Akaashi hizo una pequeña reverencia, tanto a modo de disculpa como de despedida, una vez llegaron a la recepción.
—¡No te disculpes, 'Kaashi! —le restó importancia.
—Bien… Entonces nos vemos.
—Sí, adiós. —Inesperadamente Bokuto se acercó al pelinegro y depositó un tierno beso sobre su frente.
Sin nada más que decir, el de apariencia de búho se encaminó al ascensor.
Dejando al menor en trance por la sorpresa, al mismo tiempo que el mismo Bokuto se sonrojaba hasta las orejas.
Le gustaría decir que aquello fue resultado de su valentía y no que lo hizo de manera automática, sin percatarse.
Afortunadamente se dio cuenta de lo que había hecho cuando ya le daba la espalda al contrario, por lo que ninguno notó la vergüenza en el rostro del otro.
—¡Keiji! —Apenas que el joven se acercó al auto su padre lo envolvió entre sus brazos—. Lamento no haber podido estar aquí antes.
—No te preocupes, lamento haber interrumpido su viaje.
—No pienses en eso, no es ninguna molestia ¿Estás bien, bebé? —le preguntó, todavía abrazándolo.
Keiji se limitó a asentir.
—Solo quiero ir a casa —agregó un momento después.
—Lo siento Kei, eso tendrá que esperar. Primero tenemos que ir al hospital.
Repentinamente el mayor se apartó y lo observó con una expresión severa.
—¿Por qué tienes feromonas de alfa encima? —inquirió— ¿Son de la persona que llamó ayer?
—Sí, son de Bokuto-san.
—No hizo nada inadecuado ayer, ¿verdad? —El hombre tronó sus dedos—. Si lo hizo le voy a partir la cara.
—Papá, es mi mejor amigo —dijo mientras abría la puerta del automóvil—. Además, él no es esa clase de persona —murmuró para sí.
Sin embargo, su padre pudo oírlo.
...
Nunca se había sentido particularmente nervioso por tener que ir al hospital, no hasta ese día.
Ciertamente no sabía qué esperar de aquella consulta médica, pues evidentemente no iban para que les dijeran que era un omega —eso estaba más que claro—, sino para conocer qué venía con eso.
Pensándolo mejor, jamás se había puesto a pensar mucho en los géneros secundarios.
Si ignoraba que el pretexto que siempre daba para no ir más allá de su relación de amigos con Bokuto era que era un beta y el mayor era un alfa.
Apostaba que cuando hablara con Shirabu eso sería lo primero que le echaría en cara.
Aunque en realidad esa no era la razón por la que huía de sus sentimientos por Kotaro, le servía como excusa.
Tampoco ayudó mucho que tuvieran que esperar alrededor de una hora para que los atendieran ni que la sala de espera oliera tanto a hospital.
Fue una completa tortura.
—Los diagnósticos errados sobre el segundo género son muy extraños, sobre todo es raro que sean tan tardíos. Sin embargo, con base a los casos de los que se tiene registro les puedo advertir de algunas cosas que es probable que le pasen a Keiji.
Fue difícil mantener el hilo de todo lo que les decía Takeda, era demasiada información.
Keiji se sintió como si estuviera en medio de una clase y no en una consulta médica. Con la diferencia de que no estaba entendiendo muy bien. Por una razón había escogido estudiar literatura y no medicina o algo relacionado con las ciencias naturales.
Lo único que captó entre todos los desvaríos del profesional al frente suyo fue que controlar sus feromonas se le iba a dificultar más de lo que le costaría a alguien que se ha expresado como omega o alfa a la edad estándar.
También que no se sabía con certeza cuándo llegaría su primer celo sexual. Así como podría ser dentro de un mes, podría ser dentro de un año, más allá de eso tendrían que inducirlo; lo que no era recomendable porque sería mucho más intenso y doloroso que uno natural.
Adicionalmente, podría presentar otros celos no sexuales antes de eso, dependiendo del grado de desarrollo de sus órganos sexuales secundarios.
Y, como si no fuera suficiente, no podían recetarle supresores antes de aquel celo, pues eran necesarios exámenes de sangre que solo se podían hacer dentro de las 24 horas posteriores a él.
Los bloqueadores de olor eran una opción cuando el desarrollo se daba en el tiempo estándar, no obstante, en casos como este podía traer muchas más complicaciones que beneficios.
En pocas palabras, tenía que estar siempre en guardia y a la espera del primer celo sexual. Si bien después de eso solo tendría celos de ese tipo, con los supresores no significarían un impedimento para su día.
—En caso de que no puedas controlar tus feromonas puedes pedirle a algún alfa de confianza que te cubra con sus feromonas —finalizó Takeda.
Mientras abandonaban el consultorio y se dirigían a realizar todo el papeleo, la mente de Keiji se esforzaba por entender toda la información que acababa de escuchar.
¿El celo le podría llegar en cualquier momento y lugar? Qué clase de broma de mal gusto era esa.
—Kei, estás soltando muchas feromonas. —Su padre le zarandeó un poco el hombro para traerlo de vuelta a la realidad.
Las personas cerca de ellos empezaron a dirigirles miradas curiosas por el fuerte aroma que se empezaba a extender por la sala.
El muchacho detestaba ser el centro de atención.
—Lo siento…
Intentó tranquilizarse un poco, pero tantos ojos sobre él empezaban a ponerlo ansioso.
—Está bien, está bien. —Su padre colocó uno de sus brazos sobre su hombro y liberó un poco de sus feromonas.
Keiji se dio cuenta que no era la primera vez que olía las feromonas del mayor, simplemente que antes eran demasiado sutiles para su nariz.
Pese a que las feromonas de Bokuto también eran de alfa, las de su padre eran tranquilizadoras de una manera totalmente distinta.
No tenía una explicación lógica para eso, solo lo sentía.
En el viaje de regreso a casa de los Akaashi, el menor puso toda su atención puesta en el paisaje citadino que iba a desapareciendo ante sus ojos.
El señor Akaashi por otro lado iba al teléfono poniendo al tanto de la situación a su esposa.
—Deberías dejar la academia policial por un tiempo —señaló su padre cuando terminaron de cenar.
—No. No la va a dejar si no quiere —se interpuso la señora Akaashi.
—¡No digo que para siempre! Al menos hasta que puedan recetarle supresores.
—No es tú decisión, amor —insistió la mujer.
—Voy a seguir yendo a la academia —los interrumpió el involucrado.
El hombre de cabello castaño, ya opacado por las canas, intercaló su mirada entre ambos. Terminó por soltar un enorme suspiro.
—De acuerdo, no puedo con ustedes —se dio por vencido—. Pero al menos quiero que seas extremadamente precavido con este asunto y que nos avises si llega a ser demasiada presión para ti. —El chico asintió.
—Cambiando de tema, deberías traer a ese chico que llamó ayer para agradecerle por cuidar de ti —comentó la mujer.
—Sí, estoy emocionado por conocerlo. —Su padre mostró una sonrisa forzada tras decir aquello.
Keiji consideró que quizá lo mejor sería mantener a Kotaro alejado de las garras de su padre por un tiempo.
