No estaba nervioso en lo absoluto.

Bien, quizá un poco.

Todo debido a un mensaje que recibió de Ushijima donde lo invitaba a una reunión por motivo de su cumpleaños. Por supuesto, Shirabu aceptó la invitación.

Aunque se sintió como un completo idiota al darse cuenta de que ni siquiera había notado que el cumpleaños de Ushijima estaba a la vuelta de la esquina.

Eso lo dejó con tres días para prepararse mentalmente, además de encontrar un regalo.

El problema era que no tenía ni la menor idea de que podía darle ¿Wakatoshi tenía un pasatiempo fuera del estudio? No tenía idea. En estos momentos no le servía mucho conocer qué tipo de pan sería Ushijima.

Desesperado y sin saber qué más hacer luego de romperse la cabeza pensando en el regalo perfecto, acudió a la última persona con la que quería mantener contacto en las vacaciones.

Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.

Me: Hola. Necesito ayuda.

Tendo-san 😑: Los milagros existen.

Antes de que Shirabu pudiera enviar alguna réplica, recibió una llamada de Satori.

«¿En serio, una llamada?» pensó.

¿Cuál era la necesidad? Podían hablar todo perfectamente por mensaje de texto.

Si bien no le encantaba la idea de la llamada, terminó contestando porque no estaba en posición de ponerse exigente, él era quien estaba pidiendo ayuda después de todo.

—¿Sí? —contestó luego de soltar un sonoro suspiro.

[—¡Ah, Shira-Shira! Que dicha escuchar de ti. Pensé que debía fingir que no nos conocíamos hasta terminadas las vacaciones.]

—Sí, sí. Vayamos al punto.

[—Asumo que tu inesperado interés en mi persona tiene que ver con Wakatoshi-kun y su cumpleaños —rio.]

—Uh, sí —respondió sin el tono de exasperación del inicio—. Pasa que no sé qué puedo regalarle.

[—No pensé que fueras de las personas que se preocupan por eso. Oh, ¿puede ser que todo se deba a que se trata de Wakatoshi-kun en específico?]

—¿Me vas a ayudar sí o no? —Shirabu ignoró la pregunta del pelirrojo.

[—Waka es una persona sencilla, va a apreciar cualquier cosa que reciba, sobre todo si es de tu parte.]

Gracias a Dios no lo podía ver, sino no dejaría pasar la oportunidad de burlarse del menor por el rubor que se había apoderado de sus mejillas.

—Esa no es una respuesta. —Sospechaba que la demora en su respuesta ya había hecho que Satori se imaginara su cara de vergüenza.

[—¡Qué exigente! Bien, bien. Personalmente creo que Waka estaría más que complacido si le dieras un beso-]

—Voy a colgar —le notificó.

[—¡Espera!]

Por alguna razón —su nivel de desesperación, ¿tal vez?— no oprimió el botón de colgar. Quizá ahora sí iba a recibir alguna información de utilidad.

[—Digo, mi idea no es muy descabellada considerando que ya se tomaron de las manos…]

Esta vez colgó sin avisar.

Al parecer tendría que resolver el asunto por su propia cuenta.

No obstante, si Satori sabía sobre aquello solo podía significar que Ushijima le había contado, seguro ya tenía su propio método para sonsacar información al castaño sin que se le escapara nada.

Tampoco le sorprendería que el pelirrojo hubiera sido el que le hubiera metido en la cabeza la idea de tomarse de las manos a Ushijima —no es que Shirabu se quejara en realidad.

Pero volviendo al tema principal, ¿qué podía darle?

¿Ropa? No conocía su gusto en ropa o su talla.

¿Un reloj? Muy exagerado teniendo en cuenta que solo eran amigos, muy recientes, además.

¿Un libro? Mucha presión, qué tal si le daba uno que no fuera de su agrado.

¿Comida? No, él no era Akaashi.

Hablando de Akaashi, todavía le asombraba la noticia de que era omega, aunque no del todo si consideraba su delicada apariencia y que más que alguien atractivo diría que era bonito.

Cuando se puso al tanto de todo, se sintió culpable por dejarlo solo, mas concluyó que lo mejor es que Bokuto se hubiera hecho cargo con sus feromonas, ya que las de un omega no hubieran tenido mucho efecto.

Aún tenía una charla pendiente con el azabache, lástima que no pudiera venir al cumpleaños de Ushijima.

Según entendió su padre había estado realmente sobreprotector luego de la noticia.

En un abrir y cerrar de ojos la fecha en cuestión había llegado y Shirabu se encontraba frente al espejo de su habitación mientras terminaba de estilizar su cabello.

Sin embargo, la insistente mirada de dos pares de ojos —unos idénticos a los suyos y otros de un hermoso color verde oscuro— desde su cama le hizo detener su importante misión de peinarse el flequillo.

Giró la cabeza para mirar a sus hermanos menores directamente y no por el reflejo del espejo.

—¿Qué? —inquirió.

—¿Vas a una cita con tu novio? —preguntó el de ojos verdes, cuyo rostro era realmente parecido al de Kenjiro, con la excepción de que sus facciones no eran tan finas.

—¿Ken-niichan por fin abandonó la vida de soltería?

—¿Mamá y papá saben?

—No apruebo esta relación.

—No tengo novio. Solo voy al cumpleaños de… un amigo y si lo tuviera no necesitaría tu "aprobación", Hiroshi —le lanzó al de ojos miel una mirada ácida antes de girarse otra vez hacia el espejo.

—¿Es el que te trajo a casa el otro día? Hideki los vio tomarse de las manos. —El mellizo menor ignoró lo dicho por Kenjiro.

Hiroshi no era tan parecido a Kenjiro como Hideki, pero guardaban una similaridad tal que era evidente que estaban relacionados, además de que su cabello era exactamente igual al de Kenjiro; contrario al mellizo mayor quien tenía un ondulado cabello caoba.

—Cuando le pregunté si eran novios no lo negó —comentó el hermano del medio.

Aquellas palabras tomaron desprevenido al más bajo —sí, era un tanto deprimente ser el mayor de los tres y al mismo tiempo el de menor estatura, de hecho, estaba seguro de que Hiroshi ya medía lo mismo que Ushijima, y eso que apenas tenía 17 años— y sintió como su rostro aumentaba de temperatura.

—¿Nada que decir en tu defensa? —cuestionó Hideki con una sonrisa burlona.

Por su parte, Hiroshi estaba cruzado de brazos y con una expresión similar en el rostro.

—¡Cállense! —Kenjiro empezó a tirarles uno a uno los objetos que estaban sobre el tocador, desde un envase de crema hasta una lámpara.

Cuando consiguió echar a los mellizos del cuarto se aseguró de cerrar la puerta con llave para que no regresaran.

—¡Mamá, Ken-niichan tiene novio! —acusó Hideki desde el otro lado de la puerta.

—¡Ya era hora! —celebró la mujer, seguramente ya había perdido la esperanza de que su primogénito aceptara a alguien como pareja.

—¡No voy a permitir que estén a menos de un metro de distancia! —Escuchó decir a Hiroshi.

—Vas tarde, ya se tomaron de las manos y me atrevo a decir que mucho más que eso… —dijo el pelinegro.

—¡Se lo diré a papá! —chilló el otro alfa.

—¡Maldita sea, que no es mi novio! —repitió el mayor desde su habitación.

—¡Kenjiro, lenguaje! —le reprochó su madre.

Sí, solo otro día normal en la casa de los Shirabu.

...

—No te preocupes, Wakatoshi-kun, no debe tardar en llegar —animó Satori al castaño.

Ushijima simplemente asintió.

Con su usual rostro estoico cualquiera diría que su comportamiento era el mismo de siempre, sin embargo, Satori siempre podía ver a través de Ushijima.

A decir verdad, al pelirrojo sí le asombró un poco que su mejor amigo estuviera inquieto porque Shirabu todavía no llegaba a la residencia Tendo.

Sobre todo, porque en realidad sólo transcurrieron cinco minutos desde la hora prevista.

Claro que en el lugar ya estaban todos los invitados: Kuroo, Daichi, Oikawa, Iwaizumi, Bokuto, Semi, Tendo —quien ofreció su casa como lugar de encuentro—; y por supuesto el cumpleañero.

El patio de la casa de Satori era especialmente elegante y al mismo tiempo refrescante —no se podía esperar menos de una familia adinerada como los Tendo.

Si bien la casa Ushijima era mucho más amplia y espaciosa, decidieron llevar a cabo la celebración donde el pelirrojo debido a que la madre y la abuela de Wakatoshi eran unas mujeres tan estrictas que era posible que dieran por terminada la reunión a las 9 p.m. o se quejaran del volumen de la música.

Adicionalmente, esa semana los padres de Satori estaban de viaje, así que no tendrían que preocuparse por ellos.

En esos momentos Satori se encargaba de asar la carne en la parrilla con ayuda de Wakatoshi, mientras que los demás estaban desperdigados por el resto del patio —por no mencionar que Kuroo tenía que vigilar que Bokuto no robara ninguna porción de carne a medio cocinar.

Tendo desvió su atención un momento de la parrilla para cerciorarse de si Semi ya había regresado del baño, no obstante, en vez de encontrar a Eita, se topó con el pulcro peinado color miel de Kenjiro.

El menor era guiado por uno de los empleados hacia el patio.

—Wakatoshi —llamó Satori al muchacho y posteriormente señaló con la cabeza hacia donde acababa de llegar Kenjiro—. Ve por él, tigre —lo alentó.

Tras un breve asentimiento Ushijima se dirigió al lugar en cuestión.

Satori, por su lado, contempló como ambos chicos realizaban unas pequeñas reverencias para saludarse.

«¿No pueden abrazarse?» pensó.

También captó el momento donde Shirabu le entregó nerviosamente un paquete envuelto en papel regalo a Ushijima. Así que había logrado decidir qué regalarle, ¿eh?

—Cómo demonios es que esos dos no están saliendo —preguntó Semi a su lado.

—¿Cuánto tiempo llevas viendo?

—El suficiente para preguntarme cuándo se van a dignar a entrar en una relación.

—Apuesto que no pasan de estas vacaciones.

—Sabes que solo queda una semana, ¿no? —exclamó Eita con una ceja enarcada.

—Por supuesto.

—¿Entonces por qué tan seguro? —indagó.

—Confío en Wakatoshi-kun~.

—Yo creo que les tomará más que eso —río el cenizo.

—¿Quieres apostar? —incitó el más alto.

—¿Qué gano si acierto? —Semi se encogió de hombros.

—¿Lo que sea que le pidamos al otro?

—De acuerdo —aceptó Eita luego de considerarlo por algunos segundos—. Prepárate para perder.

—Lo mismo digo —comentó con sorna el mayor.

Las horas pasaron entre risas, conversaciones ridículas, carne asada de toda clase con algunos acompañamientos y desde luego mucho alcohol, aunque al final Eita obligó a Satori a no beber nada porque él mismo no podía hacerlo y si iba a sufrir tenían que sufrir juntos.

Y Wakatoshi como todo buen amigo solo bebió lo que le ofrecían para darle apoyo moral al pelirrojo; también tenía algo que ver con que no quería terminar con una jaqueca al día siguiente por excederse.

Ya entrada la noche, el primero en retirarse fue Daichi debido a que al día siguiente tenía que llevar a uno de sus hermanos a algún lugar, o algo por el estilo.

Lejos de la estricta vigilancia de Sawamura, Bokuto y Kuroo empezaron a dejarse llevar un poco por el ambiente y por las bebidas, así que cuando Oikawa se apoderó del reproductor de música y empezó a sonar una rítmica música caribeña —o a eso le sonaba a Tendo—; el de cabello grisáceo y el azabache no perdieron la oportunidad de demostrar sus habilidades en danza.

Según ellos, claro. Los demás solo veían a dos jóvenes borrachos hacer extraños movimientos que no iban para nada sincronizados con la música.

Harto de la situación, Toru los detuvo y les enseñó cómo tenían que hacerlo.

—El secreto está en las caderas —exclamó con seriedad mientras ponía el ejemplo.

—¿Así? —preguntó Kotaro.

—¡No! Mal, todo mal —lo regañó el castaño— ¡Tienes que relajar la pelvis!

Luego de un rato Oikawa se dio por vencido, pues sus alumnos parecían tener dos pies izquierdos.

El que pagó las consecuencias de eso al final fue Iwaizumi, a quien Oikawa obligó a levantarse de su asiento para bailar.

Hajime tampoco era el mejor bailarín del mundo, pero el menor disfrutaba verlo esforzarse para que no hubiera lugar a burlas de su parte.

—¿Me concedes esta pieza? —Tendo estiró su mano hacia Semi, interrumpiendo su conversación con Shirabu.

—¿Sabes bailar eso? —Eita le regaló una sonrisa burlona.

—Estoy seguro de que mucho mejor que tú —respondió.

Sin lugar a duda, Satori sabía que palabras decirle a Eita para provocarlo e incitarlo a hacer lo que quería.

Aprovechando que los únicos dos amargados que todavía no se unían al desastre eran Ushijima y Shirabu, el pelirrojo le hizo una seña "disimulada" a su mejor amigo para que también sacara a bailar al menor.

Si bien la poca destreza en el baile de Wakatoshi —y con eso Satori se refería a los movimientos mecánicos que hacía— y la diferencia de altura dificultaron las cosas al principio, luego de un tiempo lograron manejar la situación.

Aquello hizo sentir extrañamente orgulloso al pelirrojo.

Pasadas las 11:40 p.m. Semi le avisó a Satori que tenía que regresar a casa antes de que sus padres terminaran dándole una reprimenda por llegar después de las 12.

Satori no podía creer que fueran tan sobreprotectores con un muchacho de casi 21 años, pero decidió no opinar.

Ya podía imaginar cómo lo iban a desheredar cuando se enteraran del embarazo de Eita.

—¿Sus padres no se molestarán si llega así? —cuestionó el rubio cenizo cuando al despedirse de Kenjiro notó que estaba bastante ebrio.

—¿Qué tanto tomó Shira-Shira? —susurró como respuesta Tendo al ver el estado del más bajo.

—No mucho, solo no maneja bien el alcohol —replicó Semi.

—Puedo oírlos –se quejó el castaño.

Shirabu estaba sentado en el piso aun cuando tenía una silla justo al lado, corroborando que no estaba del todo cuerdo; lo que no le impedía fulminar con la mirada a los dos chicos.

—Es hora de ir a casa —cambió el tema Eita.

—¿Por qué debería escucharte? —protestó Kenjiro.

—Wakatoshi, dile a tu terroncito que es hora de irse —pidió Satori.

—Shirabu —Ushijima le extendió su mano para que pudiera ponerse en pie.

Kenjiro obedientemente la tomó y se levantó.

Con el pequeño detalle que no se soltaron de las manos mientras salían del patio con dirección a donde estaba el auto de Satori.

Los ojos de Eita se querían salir de sus cuencas por el estupor que le generó la escena en cuestión.

—¿Por qué siento que voy a perder la apuesta? —exclamó mientras ellos también abandonaban el lugar, Satori rogando porque los restantes no destruyera el lugar en su ausencia.

Tenía la esperanza de que Iwaizumi fuera suficiente para detener cualquier desastre.

—Si me das un adelanto ahora tal vez considere no pedirte algo tan complicado —declaró con coquetería el pelirrojo.

Cuando ya bajaban por los escalones que conducían al auto, Eita —un escalón más arriba que el otro— sopló a propósito en el cuello de Satori para llamar su atención.

Tendo giró la cabeza de inmediato para confrontarlo y Semi simplemente depositó un pequeño y dulce beso sobre sus labios.

El contacto le dejó un gusto a salsa BBQ.

—¿Eso es suficiente para ti? —inquirió el más bajo.

—Sabes que no —el muchacho pasó su dedo pulgar por la comisura de la boca de Eita para retirarle los restos de salsa que tenía—. Pero por ahora me conformaré.

Ya que la residencia Semi estaba más cerca que la Shirabu, aquel fue su primer destino.

En los pocos minutos que tardaron en llegar Kenjiro logró quedarse dormido con la cabeza apoyada en el hombro de Wakatoshi —quien también iba en el asiento de atrás. Manos todavía unidas.

Tendo insistió en acompañar a Semi hasta la entrada, sin embargo, el más bajo no se lo permitió. Prefería evitar cualquier contacto entre su familia y Satori por lo pronto.

Transcurridos unos minutos de viaje luego de haber dejado a Eita en su casa, Shirabu de repente abrió los ojos

—Voy a vomitar —exclamó el menor mientras se cubría la boca.

Satori detuvo de inmediato el auto y Ushijima ayudó a Kenjiro a salir.