Por un segundo de verdad creyó que iba a vomitar.

No obstante, luego de unos minutos de pie en la mitad de la acera las náuseas cesaron.

Ahora lo único que le revolvía el estómago eran los suaves toques de Ushijima sobre su espalda y su atenta mirada sobre él.

—Ya estoy mejor —consiguió decir el menor.

Tras un leve asentimiento Wakatoshi se acercó al auto, intercambió unas cuantas palabras con el pelirrojo y regresó a donde estaba Shirabu.

Sin previo aviso lo tomó de la mano y empezaron a recorrer el mismo camino de unos días atrás.

Para bien o para mal, después de unas cuantas calles ya estaba lo suficientemente sobrio como para que el nerviosismo se apoderara de su mente y para que sus acciones infantiles de hace unos minutos lo hicieran avergonzarse de haber sido traído a este mundo.

Últimamente lo único que hacía era comportarse de manera penosa delante del mayor y ciertamente le era imposible tomar a la ligera que Wakatoshi lo tomara de la mano como si fuera algo natural.

"¿Qué somos?".

Esa era la pregunta que rondaba por su mente desde hace varias semanas, sin embargo, luego de que Ushijima y el regresaran juntos a Sendai no conseguía apartarla de su cabeza por mucho tiempo.

—¿Amigos? —respondió Wakatoshi luego de un rato.

Shirabu lo miró, intentando descifrar el significado detrás de sus palabras.

Hasta que comprendió que estaba respondiendo a su pregunta anterior.

Perfecto, por lo visto en vez de pensarlo lo había dicho en voz alta ¿Qué clase de pregunta era esa, así tan de repente?

Sin embargo, ya que él mismo había traído a colación el tema lo mejor sería abarcarlo de una vez por todas, ¿no? Después de todo la única forma de terminar con la duda era hablarlo directamente.

Se mordió el labio inferior y miró hacia el frente mientras intentaba tomar valor. Pasadas un par de calles notó que ya estaban en la acera de su casa. Era ahora o nunca.

—Quiero decir, ¿qué tipo de relación tenemos? —preguntó cuando se detuvieron.

Wakatoshi parpadeó y lo observó detenidamente. En momentos como este la nula comprensión de Ushijima en ese tipo de temas no era de ayuda.

Soltó un largo suspiro. Tenía que ser más directo que eso.

—No trato a ningún amigo como te trato a ti y mucho menos camino de la mano con ellos. Contigo es diferente porque… ¡Porque me gustas!

Sentía su rostro caliente y su corazón en la garganta, sin embargo, no apartó su mirada de aquellos iris oliva.

Por mucho que quisiera huir no era momento de acobardarse.

Claro que la cara de póker de Wakatoshi no ayudaba a aligerar su inquietud. Era impresionante como el único cambio en su expresión había sido un parpadeó.

—Tú también me gustas —confesó Ushijima—. Eres un buen amigo.

La esperanza que vino con la primera frase se desvaneció al escuchar la segunda.

¿Sería el karma por todas las personas que había mandado a la friendzone a lo largo de su vida? Que mal chiste.

Se sintió como un estúpido por estar tan confiado en que sus sentimientos serían correspondidos. Sabía que existía la posibilidad de que Ushijima no lo viera de la misma manera, pero después de darle vueltas a la forma en que lo trataba estaba casi seguro de que no era el caso.

Esta vez no pudo soportar la intensa mirada de Ushijima, así que evitó el contacto visual.

—Me gustas —repitió Shirabu—. Más que como un amigo, me refiero a una manera romántica.

Quería irse de ahí. Quería entrar a su casa y comerse el pote de helado del refrigerador —si es que ya sus hermanos no arrasaron con él.

Pero no iba a llorar, por supuesto que no iba a derramar una sola lágrima por una estupidez como esa.

En cambio, iba a practicar el hermoso arte del autodesprecio rememorando una y otra vez los momentos en los que las acciones de Ushijima hicieron que su corazón diera un brinco para sentirse peor de lo que ya se sentía.

El suave tacto de la palma de Ushijima contra su mejilla provocó escalofríos en todo el cuerpo, sacándolo de su ensoñación.

—Shirabu, mírame —pidió el más alto.

Sin embargo, Kenjiro hizo caso omiso. Tomó por la muñeca la mano de Ushijima y la apartó de su rostro.

Si seguía tratándolo así solo lo haría sentir peor.

—De manera romántica, de esa forma me gustas —añadió Wakatoshi.

Esas palabras fueron lo único que se necesitó para que Shirabu le volviera a dirigir la mirada.

—¿De verdad? —indagó Kenjiro.

Quería asegurarse de que no había escuchado mal y confirmó que no era el caso cuando Ushijima asintió.

—¿Ahora estamos saliendo? —Quiso saber el alfa.

La pregunta tomó fuera de guardia a Shirabu, no obstante, ya no le sorprendía —tanto— la forma extremadamente directa de decir las cosas del contrario.

—¿Eso creo…? —Kenjiro tampoco era el más experto en relaciones, pero así funcionaban las cosas, ¿verdad?

—De acuerdo.

De alguna forma Wakatoshi consiguió deslizar su mano —misma que Kenjiro todavía agarraba por la muñeca— para que pudieran entrelazar los dedos.

Empezaba a sospechar que al mayor le gustaba mucho tomarse de las manos. «Ya tendré tiempo para descubrirlo» pensó.

Si bien un profundo silencio le siguió a la conversación, no era incómodo. Por un lado, era el ambiente natural de Ushijima y, por el otro, Shirabu aprovechó el tiempo para asimilar todo lo que acababa de pasar.

Hace unos segundos se había embarcado por primera vez en la montaña rusa de las relaciones amorosas y no se arrepentía en lo más mínimo.

Sintió el extraño impulso de sonreír e intentó suprimirlo, pero parecía que sus labios se negaban a obedecer.

Tuvo que cubrir su boca con la mano libre para mostrar la tonta sonrisa de enamorado que se dibujaba en su rostro.

—¿Ocurre algo?

—No, solo… estoy muy feliz —contestó Shirabu sin dejar de cubrirse la boca con la mano.

—Hm.

De la nada, Ushijima le agarró la muñeca y le apartó la mano del rostro —movimiento exactamente igual al realizado por Shirabu minutos atrás.

—Kenjiro —¿Lo llamó por su nombre? Su cerebro por poco no hizo corto circuito.

—¿E-eh, sí?

—¿Puedo besarte?

Dejó de respirar, así de enorme fue el estupor.

Bajo la seria expresión de su novio lo único que atinó a hacer fue asentir. Aparentemente, el precio de recordar cómo se respiraba era olvidar como se hablaba, era incapaz de hacer ambas a la vez por la conmoción.

Supuso que por la personalidad poco expresiva de Wakatoshi tendrían que ir a pasos de tortuga, y que él sería el que debía dar el primer paso en cada cosa si quería que pasaran.

Por lo visto no era el caso.

No supo en qué momento Ushijima envolvió también la mano que había utilizado para cubrir su boca, pero tampoco le interesaba saberlo.

Wakatoshi dio un paso hacia delante y miró hacia abajo, al mismo tiempo que Shirabu inclinó su cabeza hacia arriba.

Debido a la diferencia de altura el más alto tuvo que bajar su cabeza todavía más, lo hizo hasta que sus narices se rozaron y las respiraciones del otro hacía cosquillas sobre el rostro propio.

Nunca había tenido la oportunidad de tener aquellos iris verdosos a tan poca distancia como ahora. Sin duda entre más cerca los veía más cautivado se sentía.

—Cierra los ojos —le ordenó en un susurro el de ojos oliva.

No tuvo que repetirlo dos veces, pues el chico obedeció enseguida.

Por el cambio del tacto en su nariz supo que Ushijima había inclinado la cabeza, seguidamente sintió una leve presión contra sus labios.

El contacto se prolongó solo por unos algunos segundos, únicamente para repetir la acción una vez más luego de haberse separado.

No iba a limitar a eso el beso, ¿verdad?

Desconocía si su senpai tenía experiencia o no en el campo, pero después de llegar hasta aquí él no se iba a conformar con simplemente un roce.

Luego de que una traviesa sonrisa atravesara su rostro, Kenjiro comenzó a mover los labios.

Notó el pequeño sobresalto de Wakatoshi por la acción, sin embargo, rápidamente el muchacho lo imitó.

Los labios de Ushijima eran tan suaves como aparentaban y tenían un lejano gusto a alcohol que también podía oler, aunque ahora también empezaba a combinarse con el aroma a cacao de las feromonas que el alfa había comenzado a liberar.

De manera inconsciente —supuso— él también emitió un dulce olor a miel y canela.

Pasado un rato Wakatoshi rompió el contacto —el contrario dedujo que debido a que se había quedado sin aire.

Cuando abrió los ojos contempló una expresión que jamás había visto en el rostro del mayor: respiración entrecortada, labios muy rojos y un casi imperceptible rubor en sus mejillas —por no mencionar la mirada llena de determinación con la que lo veía.

Justo cuando pensó en retomar el contacto, escuchó un silbido proveniente de su casa.

La pareja se separó un poco y trasladaron su atención hacia el lugar de donde provino el sonido.

Un extraño deseo de matar le recorrió el cuerpo cuando vio a los mellizos observándolos desde la ventana.

Hideki apoyaba su barbilla sobre su mano izquierda mientras mostraba una sonrisa burlona.

Por otro lado, el mentón de Hiroshi reposaba sobre su mano derecha y en su cara había una expresión de desagrado.

—¿No eran novios? —exclamó Hideki con desdén.

Mientras Kenjiro cavilaba sobre si valía la pena perder la buena imagen que Wakatoshi tenía de él lanzándoles uno de sus zapatos desde ahí, el hermano menor habló.

—Será mejor que cuides tu espalda, novio-san —amenazó Hiroshi.

Kenjiro apoyó su frente contra el pecho de Ushijima —cualquiera pensaría que estaba muerto de la vergüenza cuando de hecho intentaba contener su ira.

Hecho eso, se separó definitivamente del más alto y dio un paso hacia la casa.

—Los reto a decir una palabra si es que tienen tantas ganas de morir —dijo con una voz frívola.

Los mellizos se miraron de reojo y luego volvieron a mirar la frente.

—¡Papá Ken-niichan tiene novio!

—¡Y están haciendo cosas no aptas para todo público enfrente de la casa! —agregó Hiroshi.

—¡Será mejor que corran! —gritó Kenjiro.

Antes de correr hacia la entrada recordó que Ushijima había presenciado toda la escena, así que dio media vuelta.

—Perdón por eso, mis hermanos… aman hacerme la vida imposible. —Suspiró pesadamente mientras hacía una reverencia—. Adiós.

Antes de que se girara otra vez Wakatoshi lo tomó de la mano.

—¿Sí? —preguntó Shirabu.

—Descansa. —Fue lo que dijo luego de una pausa.

La expresión de confusión de Kenjiro rápidamente fue remplazada por una sonrisa.

—Usted también, Ushijima-san. Espero que haya sido un buen cumpleaños —exclamó Kenjiro.

—¡Ya bésense! —gritó Hideki ahora desde el segundo piso, a salvo de las garras de Kenjiro.

—Ahora sí los voy a matar —murmuró en voz baja el castaño.

Tras una última reverencia hacia Ushijima caminó rápidamente hacia la casa.

Por suerte para los mellizos el buen ánimo de Kenjiro aplacó hasta cierto punto su rabia, por lo que solo tendrían que lidiar con traseros adoloridos debido a las patadas que tuvieron el honor de recibir.

Luego de saciar su sed de sangre, Kenjiro volvió a ver el mundo de color rosa.

Entre todas las posibles formas en las que se imaginó que podía terminar el cumpleaños de Ushijima jamás se le cruzó por la mente una donde ellos terminaran siendo novios.

Novios. Ushijima Wakatoshi era su novio.

Sí, definitivamente le gustaba como sonaba eso.

En estos momentos lo único que deseaba es que tuvieran una relación pacífica y agradable.

Sabía que en toda relación habrá siempre discusiones, pero guardaba la esperanza de que las que cosas no fueran al extremo de los dramas de telenovela, en los que los protagonistas se enfrentan a un enorme conflicto para hacer más satisfactorio el final feliz.

De lo que estaba seguro era que el problema no serían sus padres, es más, Kenjiro estaba convencido de que si se descuidaba hasta era posible que planearan una fiesta para celebrar el final de sus días de soltería y aversión a las relaciones.

Había pasado aproximadamente una semana desde el cumpleaños de Wakatoshi, sin embargo, Ushijima y Shirabu no se volvieron a ver cara a cara debido a que las "emocionantes" vacaciones de la familia de Kenjiro lo obligaron a permanecer en una prefectura distinta.

En realidad, Shirabu no sintió una gran diferencia en su relación con Ushijima teniendo en cuenta que solo se comunicaban por mensajes —eso sin considerar que se ponía mucho más nervioso que de costumbre a la hora de responder.

Incluso consideró cambiar el nombre de contacto de su novio por algo más "romántico", no obstante, al final desistió por dos razones.

La primera tenía que ver con que ninguna idea se le veía a la mente y agregar un emoji de corazón le daba vergüenza.

En segundo lugar, estaban sus hermanos, pues sería un verdadero tormento que los mellizos descubrieran un nombre contacto de pareja en su teléfono.

No es que sus hermanos tuvieran acceso libre a su celular, más bien era por las miradas curiosas que le lanzaban al aparato cada vez que Kenjiro recibía una notificación.

De verdad Shirabu ansiaba ver a Ushijima con toda su alma, pero primero tenía que hacerse cargo de otros asuntos.

Lo que en pocas palabras era la reunión que había planeado con Goshiki hace aproximadamente un mes.

De hecho, ahora mismo se encontraba esperando al joven dentro de una cafetería.

Se sentía extrañamente nervioso. No tanto por el hecho de que lo hubiera rechazado en el pasado, ni siquiera por todo lo dicho por Goshiki en el mensaje de voz de hace un tiempo, sino por haberlo estado evitando desde que se graduó de preparatoria.

En su momento pensó que lo mejor sería tomar un poco de distancia para que las cosas entre ellos se calmaran un poco, pero teniendo presente que Tsutomu todavía sentía algo por él al parecer no había sido una estrategia muy útil.

Aunque ciertamente el tema del matrimonio arreglado lo había dejado sorprendido.

Se imaginaba que solo era Goshiki intentando complacer a sus padres como siempre, y sus padres queriendo seguir estúpidas costumbres para mantener el estatus de su apellido.

—¿Shirabu-san? —lo llamó una voz familiar.

Al mirar hacia arriba se encontró con brillantes ojos café de Goshiki.

El menor se veía exactamente igual a como lo recordaba —quizá un par de centímetros más alto.

—Hola, ha pasado un tiempo —saludó el castaño.

Goshiki le regaló una brillante sonrisa y le devolvió el saludo para posteriormente tomar asiento frente a él.

Shirabu solo guardaba la esperanza de que todo saliera bien, pero nunca podía confiar en su pésima suerte.

Al menos se conformaba con que no hubiera lágrimas derramadas como resultado.