Se estaba empezando a desesperar.

¿Por qué demonios si Goshiki nunca paraba de hablar justo ahora no emitía ni el más mínimo sonido?

Tampoco podía decir que le sorprendía del todo ese tipo de comportamiento tímido luego de los últimos sucesos, pero si había insistido tanto en verlo, ¿no debería al menos tener algo que decir?

Cuando el ambiente ya se empezaba a tornar un tanto incómodo la mesera llegó a preguntarles qué iban a ordenar.

—Yo quiero un frappuccino y rollos de canela con miel —pidió el menor.

Cuando Shirabu estaba por pedir su propio café el azabache lo interrumpió.

—Y un café americano helado con pastel de limón, ¿verdad?

—Ah… Sí —confirmó.

A Kenjiro en realidad no le gustaban mucho los dulces. Sus hermanos siempre decían que por eso nunca quitaba esa cara de amargado.

De cualquier forma, le impresionó que Tsutomu pudiera adivinar lo que iba a ordenar entre todas las cosas que había en el menú.

No hizo ningún comentario al respecto. Sin embargo, mientras esperaban que alguien les trajera el pedido, no pudo ignorar más la intensa mirada del azabache.

Goshiki ni siquiera parecía remotamente interesado por disimular que lo estaba observando.

—¿Tengo algo en la cara? —inquirió Shirabu devolviéndole la mirada.

—No, lo siento… Es que ha pasado un tiempo desde que nos vimos —contestó el aludido claramente avergonzado por ser descubierto.

—Supongo que sí —repuso el de cabello miel.

Luego de este breve intercambio de palabras volvieron a permanecer en silencio. Aunque por lo menos ahora Kenjiro no tenía un par de ojos de águila analizándolo.

El silencio se extendió tanto que le dieron el tiempo suficiente a la mesera para regresar con sus órdenes.

—¿Eso es todo? ¿No piensas decir nada más? —exclamó algo fastidiado el castaño—. Si ese es el caso me iré apenas termine de comer.

No es que Shirabu se sintiera obligado a reunirse con su kouhai, pero si iba a permanecer callado todo el rato hubiera preferido hacer planes diferentes.

Con Ushijima, por ejemplo.

—Así que de verdad lo olvidaste —murmuró Goshiki sin apartar sus ojos del fondo del batido mientras mostraba una sonrisa triste.

—¿A qué te refieres? —preguntó Kenjiro.

Tenía un mal presentimiento, pero aun así decidió preguntar directamente.

—Hoy es mi cumpleaños —explicó.

Bien, ahora acababa de comportarse como un completo patán.

Revisó la fecha en su teléfono: 22 de agosto.

Tenía que ser una estúpida broma.

Lo más agravante en todo esto es que Shirabu había sido quien había propuesto que se reunieran ese día, totalmente ajeno al cumpleaños del chico.

Se sintió fatal.

Con eso confirmaba que era un desastre a la hora de recordar fechas importantes.

De hecho, si no hubiera sido por el mismo Ushijima, tampoco habría recordado el cumpleaños del mayor, y ahora esto.

Evidentemente no podía dejar a Goshiki así de la nada el día de su cumpleaños.

Quién sabe qué otros planes había postergado para encontrarse con él ese día.

—Yo-

—Está bien —Goshiki lo volvió a cortar a mitad de frase.

¿Acaso había tomado como costumbre interrumpir a todo el mundo en el tiempo que no se vieron?

Si no estuvieran en la posición que estaban, Shirabu habría hecho algún comentario sobre su falta de educación.

—Yo fui el que se ilusionó solo. Otra vez —agregó, como si no hubiera atormentado lo suficiente a Kenjiro con la primera oración.

Como si Kenjiro no hubiera entendido el significado debajo de todo.

—Lo siento. Lo siento, Shirabu-san —se apresuró a decir Tsutomu—. Eso se oyó mal.

El pelinegro se metió un rollo de canela entero en la boca para evitar empeorar la situación.

—Puedes culparme por… todo lo que ha pasado, si eso te hace sentir mejor. —Shirabu encogió los hombros.

—¡Mn! —Goshiki quería decir algo más, pero la comida en su boca se lo impidió.

—Termina de masticar —lo regañó Kenjiro, no perdió la oportunidad de darle una mirada de reproche.

Con la boca llena hasta el punto de que sus cachetes se inflaban, a Shirabu le vino a la mente el Tsutomu de primer año que siempre se apresuraba en terminar de merendar para pedirle ayuda en alguna materia.

En realidad, el recuerdo no fue tan reconfortante considerando que siempre terminaba exasperando a Kenjiro, pues tras haberle explicado más de tres veces el chico todavía no entendía.

Aun así, recordar aquella época lo hizo sentir nostálgico.

—¡Nunca te culpé por nada! En todo caso yo fui el que me equivoqué —justificó Goshiki una vez terminó de masticar.

—Sé que no me culpas, pero al final tampoco actúe de la mejor forma al ignorarte —Shirabu bebió del americano.

Nada como un café frío y amargo para endulzar su día.

—Solo intentabas dejar de lastimarme —insistió el contrario.

—¿Y cómo salió eso? Al final me mandaste un mensaje de voz repitiendo lo mucho que te había roto el corazón y cómo todavía no podías olvidarme. —Kenjiro lo miró con una ceja enarcada, como exigiendo una explicación.

Probablemente no estaba siendo la persona más sensible al decir aquello, sin embargo, no iba a cambiar su manera brutalmente honesta de decir las cosas solo porque se trataba de su kouhai.

—Eso… —titubeó Goshiki, un fuerte sonrojo se extendía por sus mejillas—. No es tan fácil.

—No pasaron ni dos años y lo siguiente que supe es que te comprometiste.

—Eso tampoco es sencillo.

—¿Ni siquiera te vas a molestar en ponerme al tanto? Ya que tanto insististe en que te ayudara.

Al final la mirada inquisitiva de Shirabu logró derrumbar el secretismo del otro.

De esta manera Kenjiro se enteró que el prometido del menor era un omega bastante amable, de carácter fuerte y personalidad un tanto impredecible.

Y tal como le había comunicado en el dichoso mensaje de voz, le dijo que aquel chico tenía a alguien en su corazón —aunque desconocía cómo el azabache estaba al tanto de esa información— y Shirabu ya tenía bastante claro los sentimientos de Goshiki por su persona.

Más allá de eso, parecía que ambas partes estaban dispuestas a intentar que funcionara.

Claro que lo único que Kenjiro pudo concluir es que Goshiki no estaba preparado para dar ese paso, por mucho que quisiera dar lo mejor de sí.

Era absurdo creer que sería suficiente con que le agradara su prometido o que iba a hacer "feliz" a sus padres.

—¿Y si quieren que tengamos hijos de inmediato? —exclamó, un rastro de desesperación en su voz—. No estoy listo para algo como eso, además, ambos somos estudiantes.

En ese momento se dirigían a la casa Goshiki —que estaba de camino a la casa de Shirabu.

—Entonces no te cases.

—Pero y si-

—Entonces cásate —replicó Kenjiro, después de todo Tsutomu ya había dicho alrededor de veinte objeciones similares.

—¿Y si después de todo no funcionan las cosas?

—De verdad no estás preparado —Goshiki lo miró sin entender—. Es tu vida, no puedes dejar que otros decidan sobre ella ¿Eres tonto? Nadie más que tú se va a hacer responsable de tus decisiones. Si todavía no entiendes eso honestamente no podrás lidiar con un matrimonio o una familia.

A juzgar por los ojos llorosos del más alto, su reflexión filosófica había sido un tanto… ¿fuerte?

En todo caso, el muchacho a su lado se mostró cabizbajo y notablemente decaído.

Si esa mañana no se hubiera levantado con la meta de ser un buen senpai ese día, lo habría dejado llorar.

«A ver si con las lágrimas recapacita sobre el rumbo de su vida» pensó Kenjiro.

Pero no, el deber lo llamaba.

Luego de un prolongado resoplido le dio un par de palmaditas en la espalda a Goshiki.

—Está bien, quita esa cara —lo instó—. Si te pones a llorar en medio de la calle van a pensar que es por mi culpa.

—Pero sí es por tu culpa —exclamó el otro.

Aquellas palabras le costaron una mirada llena de odio por parte de Shirabu.

Sus ojos fueron tan penetrantes que le ocasionaron escalofríos a Tsutomu.

—Como sea, ya llegamos —habló el castaño cuando estuvieron en frente la casa de los Goshiki— Nos vemos.

—¿Eso significa que podemos seguir en contacto? —preguntó Goshiki sin ocultar su emoción.

El más bajo lo pensó por un momento.

Es decir, sí, estaba saliendo con Ushijima y en el pasado mantuvo cierta "relación" con Goshiki, pero no planeaba volver a tener algo con el azabache así que no había nada de malo con seguir en contacto, ¿verdad?

—Supongo que puedo aceptar eso —dijo después de analizar el asunto.

Goshiki lo miró con ojos brillantes de inmediato.

—Espero que no tengas otro tipo de intenciones conmigo, Tsutomu —advirtió.

—¡P-por supuesto que no! Jamás podría hacerle algo como eso a Suga-san —se defendió el chico.

Shirabu simplemente asintió y se dio la vuelta para marcharse, no obstante, antes de irse volvió a girarse.

—Feliz cumpleaños, perdón por haberlo olvidado.

—Está bien, yo tampoco te he deseado feliz cumpleaños desde que te graduaste —le restó importancia el pelinegro.

Como si pudiera hacer borrón y cuenta nueva cada vez que sonreía.

Definitivamente Goshiki Tsutomu era un ser demasiado inocente y frágil para este mundo, por eso merecía a alguien que pudiera darle todo su corazón en vez de lastimarlo más.

Si al final decidía casarse esperaba que su prometido pudiera ser esa persona.

...

Realmente estaba exhausto, después de todo su familia y él tomaron un tren de casi cinco horas bastante temprano.

Apenas llegó a su casa lo obligaron a desempacar así que por pura suerte estuvo a tiempo para su reunión con Goshiki.

Lo único que quería hacer ahora era relajarse en la comodidad de su cuarto.

Antes de ponerse una mascarilla de arcilla revisó su teléfono, todavía no obtenía señales de vida de Ushijima.

Al parecer se mantenía bastante ocupado cuando volvía a Sendai, pues cuando estaban en Tokio por la universidad solía responder más rápido.

En cambio, encontró unos cinco mensajes de Kawanishi.

Obviamente los leyó y como no era nada relevante lo dejó en visto, ya le contestaría más tarde.

Esperaba que su mejor amigo no fuera a comportarse como una princesita irritable solo porque lo volvió a ignorar por unas horas… En su defensa estaba convencido de que solo quería verlo para chismear acerca de su recién iniciada relación con Ushijima.

Ya se lo imaginaba pidiéndole desde fotografías, descripción detallada de lo ocurrido y el expediente académico, sólo porque sí.

Ya tendría tiempo para hablar con Taichi, hoy lo único que quería hacer era relajarse.

Pero, como nada podía ser perfecto, escuchó que intentaban abrir su puerta y luego unos golpes.

—¡Onii-chan! —llamó Hideki.

Gracias al cielo no olvidó cerrar la puerta con seguro.

—¿Qué?

—Ya está la cena —contestó Hiroshi.

—No tengo hambre.

—Así lo tiene el amor —comentó el azabache.

—Onii-san estaba mejor soltero —dijo el otro mellizo.

—Váyanse antes de que les vuelva a patear el trasero —advirtió el mayor—. Además, ¿qué podrían saber ustedes? Apuesto que ni siquiera han dado su primer beso —se burló.

—¡Eso…! Tú tienes veinte y apenas lo diste —contratacaron ambos.

Kenjiro por poco dejó salir una carcajada, si supieran que a su edad él ya había hecho mucho más que eso.

—Si quieren creer que fue así pueden hacerlo —rio.

—¿Qué significa eso? —inquirió Hiroshi.

En vez de una respuesta oyeron música a todo volumen salir del cuarto del castaño, lo que en otras palabras quería decir que los estaba ignorando.

Un par de minutos después Kenjiro ya comenzaba a sentir el rostro tenso, era hora de retirar la mascarilla.

Con eso en mente se dirigió al baño de su habitación, o así habría sido de no ser porque a mitad de camino escuchó que le había llegado un mensaje.

Corrió hacia la cama y se abalanzó sobre el celular, por suerte esta vez sí se trataba de Ushijima.

Claro que como respuesta a su mensaje de "Ya estoy en casa" esperaba cualquier cosa menos "¿Podemos hacer una videollamada?".

Luego de que su cerebro lo abandonara por unos instantes, aceptó la petición de Ushijima —con la condición de que le diera unos minutos para buscar sus audífonos.

Evidentemente no era porque no sabía dónde estaban sus audífonos.

Aparte de que era una forma de calmar los nervios por lo que sería su primera videollamada, también tenía que retirarse la mascarilla para por lo menos lucir presentable.

Mientras se lavaba el rostro no pudo evitar pensar que Wakatoshi no parecía el tipo de persona que proponía ese tipo de cosas, aunque al final eso hacía que la acción resultara más significativa.

Desbordante de emoción se apresuró a llamar él mismo a su novio nada más terminar de arreglarse.

—Hola —saludó el menor.

—Hola.

Ushijima, al igual que Shirabu, estaba recostado en su cama, con la diferencia que el primero parecía haber salido de la ducha minutos antes, pues con una pequeña toalla se estaba secando el cabello.

A Kenjiro no le molestaba para nada la vista que tenía.

—¿Estabas ocupado? —preguntó Wakatoshi.

—¿Uh? No —contestó extrañado— ¿Por qué la pregunta?

—Tienes algo en tu cabeza.

Por fuera Kenjiro se veía bastante tranquilo, sin embargo, por dentro era todo lo contrario ya que tenía una idea de qué se trataba.

Lentamente acercó una de sus manos hacia su cabeza y, en efecto, se trataba del cintillo con pequeñas orejas de conejo que se había puesto para evitar que su flequillo se ensuciara con la mascarilla.

Con un movimiento ágil se deshizo del cintillo y lo lanzó lo más lejos posible —por supuesto la persona al otro lado del celular no pudo ver lo último.

—No era nada. Sí, nada en absoluto —exclamó con una pequeña sonrisa para contener sus gritos internos.

Rezó para que la videollamada no tuviera la calidad suficiente como para capturar el rubor de su rostro.

Cuando terminara de hablar con Ushijima iba a quemar de inmediato aquel cintillo.

Si bien antes pensaba que tenía un poco de mala suerte, hoy lo había confirmado.

A simple vista no parecía nada del otro mundo, el problema estaba en que todas las otras vinchas que tenía eran "normales", es decir, colores sólidos y definitivamente sin orejas de animales.

Pero claro, justamente tenía que ponerse esa.

—¿Por qué te lo quitaste? —dijo el de ojos oliva inclinando levemente la cabeza—. Te veías lindo.

Kenjiro se quedó petrificado en frente de la pantalla.

Muchas veces lo han llamado lindo, apuesto y hasta hermoso, no obstante, las escasas ocasiones en las que tenía el honor de escuchar aquellas palabras salir de la boca de Ushijima su cerebro hacía corto circuito.

No era porque estuviera enamorado del mayor —bueno, tal vez si influía un poco—, tenía que ver más con la personalidad del chico.

Lo que en pocas palabras significaba que Wakatoshi siempre decía lo que se le cruzaba por la mente, nunca buscaba adular o darles un trasfondo distinto a sus palabras.

Si Ushijima decía algo era porque de verdad lo pensaba.

—Un, es que está haciendo un poco de calor —justificó Kenjiro con lo primero que se le pasó por la mente.

Como Wakatoshi era Wakatoshi, aceptó sin dudar la explicación del muchacho.

Afortunadamente para el corazón del omega en el resto de la videollamada no se presentaron más situaciones que le hicieran querer arrojarse por la ventana por la vergüenza.

La conversación que mantuvieron fue relativamente tranquila.

Shirabu habló sobre sus vacaciones en Kyoto y de que en realidad no las consideraba "vacaciones" como tal, pues solo iban a visitar a sus abuelos maternos —cosa que hacían una o dos veces al año.

Ya no había alguna atracción turística o lugar de la ciudad que no hubiera visitado junto a su familia así que era relativamente aburrido, o más bien como si estuviera recorriendo Sendai.

Si hubiera tenido un poco más de valor le habría propuesto al alfa visitar Kyoto juntos en el futuro. De todas formas, no le mortificaba mucho no haberlo hecho, ya tendría la oportunidad de proponérselo.

Por otro lado, las pocas palabras que Shirabu le pudo sacar a Ushijima fueron sobre su rutina ayudando en los terrenos de su abuela y las visitas ocasionales a Tendo.

También discutieron sobre la posibilidad de encontrarse en algún sitio antes de que culminaran las vacaciones —lo que implícitamente sería su primera cita.

Asimismo, acordaron la fecha y el lugar de encuentro para regresar a Tokio juntos para reanudar sus compromisos académicos.

Transcurridas un par de horas hablando, Shirabu ya se empezaba a sentir el cansancio acumulado en los últimos días hasta el punto en que le era difícil mantener los ojos abiertos.

—Ojalá hubiéramos hecho videollamadas la semana pasada, en serio… extrañé escucharte —confesó Kenjiro justo antes de caer dormido.

Para bien o para mal, a través de la pantalla Wakatoshi pudo ver a la perfección como su novio se dormía profundamente de un momento a otro.

Le pareció un tanto impresionante que Shirabu fuera capaz de dormir en aquella posición: boca abajo y con la cabeza apoyada sobre una de sus manos.

Se debatió algunos minutos entre si levantar al chico o no; pero al final decidió colgar y enviarle un mensaje de buenas noches, con la esperanza de que este fuera capaz de despertarlo para que el castaño se acomodara y descansara con mayor comodidad.