Si bien no se comparaba a la casa de los Tendou en Sendai, tenía que admitir que el departamento era realmente lujoso.

Y eso era mucho decir viniendo de Shirabu, cuya familiar también era adinerada.

Lo que no entendía era por qué les pidieron ayuda a Ushijima y a él para organizar las cosas en vez de pagarle a alguna compañía para que lo hiciera, ya que tanto dinero tenían.

Aunque, según entendía, todo se debía a que tuvieron problemas un mes atrás cuando se mudaron al departamento anterior.

Claro que cuando los padres de Satori se enteraron de que se mudaron juntos porque estaban esperando un hijo les consiguieron el mejor departamento de la zona, lo que significaba volver a mudarse.

Por supuesto, no todos estaban sufriendo con la mudanza.

Mientras Wakatoshi y Satori subían al segundo piso las cajas que les faltaron del día anterior, Shirabu ayudaba a desempacar algunas cosas de la cocina.

—Eso va en el cajón de arriba —comentó Semi antes acabar de un bocado la pieza de sushi.

El embarazado solo supervisaba el trabajo de los demás mientras comía por milésima vez en el día, sentado sobre el mesón de la cocina.

—Hubiera sido increíble que lo mencionaras cinco minutos antes —se quejó el castaño.

Ahora tenía que volver a organizar lo que acababa de terminar.

Estaba seguro de que, si no hubiera crecido con un par de mellizos a lo largo de su vida, hace mucho se habría abalanzado sobre Eita para ver si eso le resultaba gracioso.

Tampoco era muy racional por parte de las personas en la casa dejarlo a cargo de guardar los cuchillos y los tenedores.

Paciencia, solo necesitaba un poco de paciencia y podría terminar el día sin ir a la cárcel.

Sin embargo, no podía negar que el hecho de que Semi tuviera que ir muchas veces al baño para orinar se sentía como un pequeño triunfo.

—¿Cómo van las cosas entre tú y Ushijima? —preguntó de repente Semi.

—No veo cómo eso es de su incumbencia —comentó sin la menor pizca de interés Kenjiro.

En realidad, su relación con Wakatoshi iba bien.

Salieron un par de veces en los últimos dos meses, no obstante, ambos estaban cómodos pasando el tiempo como hacían antes: estudiando en la biblioteca o pasando sus horas libres juntos.

Además, cuando podían también almorzaban con el otro.

Cualquiera podría decir que las cosas eran igual que antes —teniendo en cuenta que nunca se comportaban como una pareja melosa al frente de los demás.

No parecían dos locos de amor cuando estaban solos, con la excepción de que se besaban bastante seguido y se tomaban de la mano cada vez que era posible.

Más allá de eso, ninguno era especialmente expresivo o cariñoso así que era de esperarse de que aún mantuvieran una relación un tanto cordial.

—Da igual, de todas formas, Satori me va a contar todo lo que le diga Ushijima —se burló el rubio cenizo.

Como resultado Shirabu lo miró de una manera no precisamente amistosa. Antes de que el menor pudiera hacer algo más, el sonido del timbre interrumpió la conversación.

Cualquier persona con un poquito de amor por su vida habría aprovechado la oportunidad para huir de la persona que había hecho enojar, sobre todo porque en ese momento organizaba los cuchillos.

Sin embargo, Semi simplemente permaneció sentado y le dirigió una mirada que podía traducirse como "ve tú".

—¿Quiere que abra yo? —inquirió Kenjiro, con un cuchillo en la mano, luego de que el timbre volviera a sonar.

—Olvídalo, iré yo.

No era muy buena idea dejar a alguien con un cuchillo en la mano, y posibles problemas de ira, abrir la puerta —aun si eso significaba que en unos minutos tuviera que volver a ir al baño.

Por suerte, cuando el mayor estaba por levantarse para abrir la puerta, una persona asomó su cabeza en la habitación.

—No deberías dejar la puerta abierta, Eita —exclamó un platinado con una sonrisa ladina.

—Así que de verdad viniste —dijo tras un suspiro el aludido.

A medida que el chico plateado se acercaba a Semi su expresión divertida pasó a ser una de asombro.

—De verdad estás embarazado —comentó una vez estuvo al lado del otro platinado.

—Pues sí, ¿qué esperabas?

—¿Seguro que no son gemelos? Parece que vas a reventar. —Kenjiro no estaba seguro de si el chico lo hacía para molestar a Semi o solo pensaba en voz alta, sin embargo, eso no hizo que la expresión agria del embarazado fuera menos satisfactoria—. Felicidades, a ver si así por fin dejas de fumar —rio.

—Como sea, ¿por qué insististe tanto en ayudar? —indagó Eita.

—Me prometiste que me ayudarías a planear la boda.

—¿Cuándo dije eso? —Semi frunció el ceño.

—Cuando teníamos ocho o nueve años —respondió el chico después de pensarlo por un momento.

—¿En serio recuerdas algo como eso? —replicó Semi, dicho esto empezó a masticar otra pieza de sushi.

—¿Entonces no me ayudarás? —se quejó mientras hacía una mirada amenazante y le robaba una pieza de sushi a Eita.

Al ver la insistencia del recién llegado Semi no tuvo más opción que resignarse, por lo que terminó accediendo con un breve asentimiento al tiempo que ponía los ojos en blanco.
—¡Ah! Tú eres… Lo siento, no recuerdo tu nombre —exclamó el chico del lunar apenas notando la presencia de Shirabu.

—Él es Shirabu Kenjiro —intervino Semi—. Shirabu, este mi insoportable primo Sugawara Koshi, por si no lo recuerdas de la fiesta de Bokuto.

—¡Ey! No soy insoportable, solo que tú eres un amargado, Eita —se quejó Koshi—. En fin, mucho gusto. Puedes decirme solo Suga —agregó con una sonrisa.

—Un gusto, Suga-san. —El castaño estrechó la mano que el contrario le extendía.

Tenía que admitir que el platinado emitía un poco de energía caótica, pero cualquiera que sacara de quicio a Semi tenía sus respetos.

—Ya que estás aquí será mejor que tú te encargues de las cosas filosas, Shirabu ya me empezaba a poner nervioso —dijo Eita.

Después de terminar de organizar unas cuantas cosas más en la cocina —el único lugar de la primera planta que faltaba por ordenar— pudieron tomarse un descanso.

—¡Oh! Casi olvido que traje un par de cervezas como regalo de bienvenida —exclamó Sugawara.

—Yo no puedo beber. —Semi enarcó una ceja.

—Quién dijo que eran para ti —se burló el del lunar antes de ir y volver con las bebidas.

—Tal vez no sea una buena idea que beba —comentó Kenjiro cuando Koshi le pasó una cerveza.

—Shirabu no es muy bueno manejando el alcohol —añadió Eita.

—No importa, no importa —le restó importancia Sugawara—. Yo soy igual de malo —rio.

Semi sencillamente soltó un largo suspiro, posiblemente recordando alguna experiencia pasada que incluía a su primo en estado de ebriedad.

—Hagan lo que quieran, de cualquier forma, nunca me escuchan. Voy a decirle a los chicos que bajen. —Semi se retiró del sitio, dándole la espalda a los otros dos mientras ondeaba su mano a manera de despedida.

Ni Koshi ni Kenjiro comentaron algo al respecto —el primero incluso soltó una carcajada por el dramatismo innecesario de su primo.

Ya un poco más calmado, el mayor se giró hacia Kenjiro y, colocando su mentón sobre una de sus manos —a la vez que se apoyaba en el mesón de la cocina—, le dirigió una sonrisa inquietante.

Kenjiro se limitó a enarcar una ceja y tomar un trago de la lata de cerveza.

—Así que tú eres el novio de Ushijima —exclamó por fin el de cabello grisáceo—. Ah, Eita me dijo que ustedes los iban a ayudar con la mudanza así que no era necesario que viniera —explicó al ver el desconcierto del castaño.

—Ah, ya veo.

—Pude haberme evitado tener que ayudarlo con la mudanza, ¿pero después quién iba a ayudarme a terminar con la lista de invitados?

—Felicidades por su compromiso —exclamó Shirabu sin mucho interés en realidad.

Sin embargo, no se esperaba que el chico de risa deslumbrante mostrara una mueca que apenas y podía considerarse sonrisa.

A Kenjiro se le ocurrió que tal vez estaba en una situación similar a la de Goshiki, sino definitivamente se vería un poco más feliz al tocar el tema.

Si era primo de Semi probablemente era de una familia adinerada, por lo que no sería sorprendente que se tratara de un matrimonio arreglado.

Quizá hizo una expresión extraña, pues Suga dejó escapar una suave risa.

—No me están obligando a casarme. —Shirabu le dirigió una mirada inquisitiva—. Es decir, puedo negarme si quiero —se encogió de hombros.

Ninguno prolongó más el tema.

—¿Los padres de Semi-san también querían que se casara con alguien antes de que pasara pues… esto? —preguntó con curiosidad Shirabu.

No sabía nada más allá de que los padres de Satori estaban felices con la noticia.

Adicionalmente, sí Semi tenía acceso a todos los detalles de su relación con Ushijima, ¿no era justo que él también estuviera al tanto de la situación de la otra pareja?

—Uh, creo que no le tenían un prometido o algo así, pero probablemente querían que buscara a alguien para casarse. —Por suerte Sugawara no parecía reacio a contestar un tema personal como aquel.

—Entonces deben estar satisfechos con la situación actual —concluyó Shirabu.

—Eso no lo sé, escuché de la hermana de Eita que tuvo una discusión con sus padres luego de la noticia.

—Será mejor que Semi no te escuche hablar sobre eso —declaró Satori al entrar al sitio—. Hola, Suga.

—Hola, Tendo —saludó de vuelta el chico— ¿Cómo ha tomado lo de mis tíos?

—Bueno, no fue una discusión seria, pero Semi-semi está muy molesto —respondió el pelirrojo.

Kenjiro no entendía qué sentido tenía haberle dicho a Sugawara que dejara el tema cuando ahora él mismo estaba hablando sobre aquello.

—Dijo que no le importaba mucho, pero esa semana sintió la urgencia de hacer un nido —añadió pensativo.

—Satori deja de hablar de esas personas —exclamó Semi, detrás de él venía Wakatoshi—. Además, ¿cómo no me voy a molestar después de ver cómo te trataron?

—No es que como si se opusieran a lo nuestro —replicó Satori sonriendo al tiempo que desviaba la mirada de Eita, consciente de que sólo estaba empeorando las cosas al seguir con el tema.

—¡No quiero que solo te acepten a medias porque tu familia también tiene dinero! —se quejó Semi—. Fin de la discusión.

Aparentemente todo lo que se necesitaba para tener un Satori obediente era a un Eita molesto.

Por otro lado, Suga se hizo el desentendido. Tomaba de su cerveza mientras miraba a otro lado, como si no hubiera participado en el tema.

De la misma manera, Kenjiro ignoró a la pareja y se concentró en Ushijima, quien ya había llegado a su lado.

—¿Eso es alcohol? —preguntó el mayor, atención puesta totalmente en Shirabu y en la lata que tenía en su mano.

—No voy a tomar demasiado —lo tranquilizó Shirabu con una pequeña sonrisa.

Ushijima asintió como respuesta.

No estaba seguro qué consideraba Kenjiro como "demasiado", pero, según la opinión de Wakatoshi, sí había sido demasiado.

De regreso a la residencia universitaria, Shirabu se tambaleaba cada tantos pasos, así que Ushijima debía estar al pendiente.

—Ushijima-san —lo llamó Kenjiro la tercera vez que lo ayudó a mantenerse en pie.

—¿Sí?

—Me gustas. —Ushijima abrió un poco los ojos por el inesperado comentario de Shirabu—. Eres muy apuesto y amable, también es interesante intentar adivinar qué pasa por tu cabeza. —Finalizó con una enorme sonrisa y los ojos cerrados.

Como ya se había vuelto costumbre en Kenjiro y sus arrebatos de valentía —aunque esta vez era gracias al alcohol y no a fuerza de voluntad—, huyó del agarre del de ojos aceituna.

Cuando estuvo a punto de caer otra vez, Ushijima logró sostenerlo envolviéndolo con un brazo por el abdomen.

Pasados unos segundos, Shirabu se irguió y elevó la cabeza hacia atrás, de modo que ahora Wakatoshi podía ver su rostro desde arriba.

Shirabu volvió a dirigirle una sonrisa en la que dejaba a descubierto los dientes.

—Puedo sostenerme. —Kenjiro alzó los brazos como si eso probara su punto.

Ushijima accedió a soltarlo.

Pero ahí no terminó el asunto, el menor se puso a caminar de forma extraña: exagerando cada paso que daba como si llevara pesas en sus talones.

De repente se volteó hacia atrás y luego de corroborar la presencia de Ushijima, corrió hacia una pared cercana y recostó su espalda sobre ella.

—Ushijima-san, Ushijima-san, Ushijima-san —lo llamó de manera infantil mientras hacía un extraño movimiento con sus brazos para indicarle que se acercara.

Su novio se apresuró a llegar hasta él.

—Acérquese, le voy a decir un secreto —susurró. Ushijima obedeció—. Más cerca —hizo una seña esta vez con su mano.

Wakatoshi continuó aproximándose a medida que Kenjiro siguió haciendo la seña. Llegado un punto Ushijima tuvo que agacharse un poco y girar el rostro de manera que ahora podía escuchar con claridad la respiración de Shirabu y sentir su húmedo aliento contra su oreja.

Captó el momento donde Shirabu inspiró con fuerza por la nariz y lo siguiente que supo fue que lo había tomado del mentón con sus delicados dedos, logrando que sus narices chocaran y sus labios se juntaran.

El contacto no se prolongó más allá de cinco segundos, pero Wakatoshi al ser tomado por sorpresa no alcanzó a cerrar los ojos, lo que a final de cuenta agradeció porque le permitió observar el bonito rostro sonrojado de Shirabu —tenía que admitir que su ceño levemente fruncido lo hacía ver aún más adorable.

Unos brillantes iris miel lo observaban con nerviosismo a menos de cinco centímetros de distancia, sin embargo, Ushijima no le sostuvo la mirada por mucho tiempo, pues su atención se desvió hacia los delgados labios que acababa de probar.

El contacto se sintió cálido y agradable, y no solo se refería al tacto, sino también al electrificante sentimiento que se extendió por su pecho.

Ahora sus labios cosquilleaban, el hecho de que ya se hayan besado en muchas ocasiones no evitaba que Wakatoshi quisiera experimentar cada vez con más frecuencia aquella sensación.

En un movimiento igual o más audaz que el realizado por Shirabu, Ushijima encerró la muñeca de la mano con la que Kenjiro aún sostenía su mentón y la aprisionó contra la pared.

Luego soltó el agarre sobre la muñeca del chico para que pudieran entrelazar las manos —como se había vuelto costumbre desde que empezaron a salir.

La pequeña palma de Shirabu estaba tan suave como siempre.

También le pareció buena idea colocar su mano libre contra la mejilla de Kenjiro —quien por cierto ya había cerrado sus ojos, a la espera de lo que daba por sentado que iba a hacer Ushijima. El mayor lo imitó— y, hecho eso, inclinó levemente la cabeza hacia la derecha para por fin eliminar la tortuosa distancia que había entre sus labios.

Al principio la caricia fue exactamente igual a la iniciada por Shirabu, pero después ambos empezaron a mover lentamente sus labios.

Los belfos del menor eran insoportablemente suaves y desprendían un casi imperceptible sabor a canela que se perdía en el fuerte gusto a alcohol que dominaba toda su boca.

Mientras Wakatoshi acariciaba cada tanto la mejilla del chico con el pulgar, Shirabu había conseguido posicionar su mano derecha en el cuello del primero e imitaba el gesto.

De imprevisto, Shirabu inclinó más la cabeza hacia la dirección opuesta en la que la tenía Ushijima y lamió brevemente el labio inferior del mayor, dando a entender que quería intensificar el contacto.

Así, Wakatoshi ingresó con parsimonia su lengua en la boca de Shirabu, aunque en realidad el más bajo fue quien —prácticamente— se encargó de todo lo demás.

El omega deslizaba su lengua con determinación, jugando con la velocidad y desafiando en ocasiones al contrario.

Aquel beso delicado y cálido con el que inició todo, se transformó de alguna forma en uno juguetón y mil veces más abrasador.

Con sus mentes vacías y toda la concentración puesta en el beso, los dos comenzaron a liberar feromonas.

Finalmente, la mezcla de canela, miel y cacao, adicional a la falta de aire en sus pulmones, les hizo romper el contacto.

Ushijima pegó su frente contra la de Shirabu, las puntas de sus narices se rozaban y los tibios alientos que escapaban de sus bocas se encontraban a mitad del trayecto entre sus labios.

—Tenemos que irnos —murmuró Kenjiro increíblemente sonrojado mientras también recuperaba el aliento.

—Sí. —Contrario a sus palabras, Wakatoshi volvió a juntar sus labios.

Esta vez se limitaron a acariciar con dulzura los labios contrarios con los propios por un periodo de tiempo mucho más corto.

Dando por terminado el contacto, Ushijima despegó sus manos entrelazadas de la pared y tiró con delicadeza de la mano de Shirabu para retomar el camino original como si nada hubiera pasado.

En el corto trayecto que tuvieron que recorrer, Kenjiro alternaba su atención entre las manos entrelazadas y el rostro de Ushijima.

Desde luego, Wakatoshi podía sentir su mirada sobre él.

—Nos vemos —se despidió el menor una vez estuvieron delante de la puerta de su departamento.

Ushijima simplemente asintió.

No obstante, Kenjiro no movió ni un dedo, solo permaneció con los ojos fijos en los de Wakatoshi.

Cuando el de ojos oliva frunció el ceño dando a entender que no entendía qué estaba sucediendo, Shirabu hizo un puchero.

—Quiero un beso —exigió de manera infantil.

Si aquella declaración sorprendió a Ushijima, no lo reflejó en su rostro; en cambio, se acercó y le plantó un beso en la mejilla, rozando la comisura de los labios contrarios.

Si bien él mismo lo había pedido, Shirabu portaba de nuevo una expresión cargada de vergüenza que contrastaba a la perfección con la cara de póker de Ushijima.