Pudo haber sido peor, ¿cierto?

Es decir, la cena junto a su familia había estado igual de genial que siempre.

No todos los días era posible reunir a todos los Bokuto en una mesa, sobre todo a sus hermanas, pero hacían lo posible para respetar fechas como esa.

Su familia siempre aprovechaba cualquier festividad para tener una cena familiar, así había sido desde que Kotaro tenía uso razón.

Sin embargo, algo lo estaba molestando.

—¿Por qué tienes esa cara? —le preguntó su madre—. Sé que el mochi de tu padre no es el mejor manjar del mundo, pero tampoco es para que frunzas el ceño —continuó diciendo a pesar de las quejas de su esposo por el comentario sobre su mochi.

—No es eso, no he sabido nada de Akaashi en todo el día —dijo un tanto decaído.

—Akaashi esto, Akaashi lo otro, ¿cuándo nos piensas presentar a tu preciado novio? —intervino la hija mayor del matrimonio Bokuto.

—Todavía no somos pareja, así que tendrán que esperar —respondió Kotaro sin desviar su atención del mochi.

—Cuánta confianza —comentó su otra hermana.

Bokuto tuvo que esperar hasta la mañana siguiente para saber algo del pelinegro, cuando la madre del chico respondió la llamada que marcó al celular de Keiji.

No hubo mucho tiempo para desearse feliz año nuevo, pues el espíritu festivo se vino abajo cuando Umeko lo puso al tanto de la situación.

En resumen, el día anterior Keiji había tenido su primer celo sexual.

Pero eso, y que ahora estuvieran en el hospital haciéndole pruebas para poder recetarle supresores, no era lo preocupante.

Lo verdaderamente alarmante fue saber que el celo de Akaashi había empezado cuando estaba de regreso a casa. En mitad de la calle. Solo a su suerte.

No quería imaginar la angustia por la que debió pasar Akaashi en ese momento, ni tampoco quería pensar en todo lo que pudo salir mal.

Por suerte, las cosas no pasaron a mayores gracias a que estaba a unas pocas calles de su casa y como era nochevieja las zonas residenciales estaban vacías.

Luego de la breve explicación, Umeko sencillamente le dijo que esperara a que Keiji se comunicara con él —lo que sería entre ese día y el siguiente.

Obviamente le tranquilizaba un poco saber del paradero de Akaashi, sin embargo, estaría más calmado si hubiera podido escuchar su voz.

De todas maneras, era un alivio saber que ya no debían preocuparse de que algo malo pasara si Keiji entraba en celo.

«Bendecido sea el creador de los supresores» pensó Bokuto.

Aunque la llegada del celo del chico también significaba que ya no iba a necesitar más del nido que había hecho con la ropa de Kotaro, lo que era una verdadera lastima.

Es decir, en términos prácticos significaba que Akaashi ya se sentía seguro, pero al mismo tiempo a Bokuto le gustaba la idea de que el omega se sintiera protegido con su feromonas.

—¿Has sabido algo más de Akaashi? —inquirió Tetsuro al ver a su amigo más distraído de lo normal.

Kotaro solo negó con la cabeza.

Sabía que estaba siendo muy impaciente, pues la llamada con la madre de Keiji había ocurrido hace menos de dos horas.

Sería mejor centrar su atención en la visita al templo que estaba teniendo junto a Kuroo y Daichi.

Después de todo era la primera de todo el año, también podía conseguir un amuleto para Akaashi.

Quería llevarle un amuleto a Akaashi.

—De acuerdo, ¿entonces cuándo demonios piensas pedirle salir? —Intentó cambiar el tema Kuroo.

—Es cierto, incluso dejaste que Ushijima se te adelantara —concordó Sawamura.

—Es que…

—Y no me vengas con la bendita excusa de que todavía no has reunido el dinero para comprar un ramo de flores —advirtió el más alto—. Es un plan ridículo y sin sentido que solo se le ocurriría a un tonto.

—¡No es mi culpa que no me quieran contratar en ningún sitio! El único lugar en el que me aceptaron fue en un restaurante italiano

—¿El mismo al que fuimos por tu cumpleaños? —preguntó Daichi

—Sí, y me pagaron para que me fuera antes de tiempo, aunque no tengo permitido trabajar nunca más ahí —se quejó Kotaro.

—¿Y aun así quisiste ir ahí por tu cumpleaños?

—¡Es que su comida es muy buena! ¿No lo creen? —Los otros dos asintieron.

De verdad servían platillos muy deliciosos.

—De todas formas no deja de ser una tonta excusa para evitar decirle lo que sientes a Akaashi —insistió Kuroo

—¡No estoy huyendo!

—Bueno, eso es lo que parece ¿No es así, Sawamura?

—Kuroo tiene algo de razón, si de verdad estuvieras decidido en decirle a Akaashi sobre tus sentimientos un ramo de rosas no sería impedimento. Claro que nadie tiene el derecho de obligarte a hacerlo si no te sientes preparado para cualquier resultado —comentó mirando al horizonte.

Se veía tan sabio cuando ponía esa expresión de seriedad absoluta.

—Como se esperaba de Daichi —exclamó Bokuto, Kuroo asintió.

—Pero qué hombre —agregó el más alto.

—Si ustedes lo dicen no hay forma de que lo tome como un cumplido —rio Sawamura.

Llegó su turno de hacer las oraciones frente al templo, así que la conversación murió ahí.

Luego de que cada uno dibujara un omikuji para saber su fortuna, Bokuto los arrastró hasta el lugar donde estaban los amuletos.

—¿Cómo van las cosas con Sugawara? —preguntó repentinamente Kuroo después de que Kotaro se decidiera por fin por un amuleto.

Tetsuro notó cómo el aludido se tensó un poco. Sabía que no era el tema más alegre para Daichi, pero a veces lo mejor era hablarlo para sacarlo de tu sistema.

—Seguimos en contacto e intentamos que todo siga lo más normal posible entre nosotros. Cuando regrese a Miyagi nos reuniremos por el cumpleaños de Azumane y el mio. —Se encogió de hombros.

Un frío silencio se extendió entre los tres.

—¿Ya hay una fecha para la boda? —preguntó esta vez Bokuto.

—No estoy muy enterado del asunto, pero creo que será antes del cumpleaños de Suga —respondió el pelinegro.

—Vaya. —Bokuto dejó escapar un sonoro silbido—. Eso está a la vuelta de la esquina —comentó.

—¿Estás preparado para dejarlo ir?

—No es como si tuviera opción, además, es lo que Suga quiere —le restó importancia Sawamura.

Otra vez solo hubo silencio.

¿Qué se podía decir luego de ese comentario?

—Estoy seguro de que Suga-chan está enamorado de ti —soltó de repente Kuroo.

—Fui rechazado, ¿sabes?

—Eso no significa que no esté enamorado de ti —reiteró Tetsuro.

—¿Por qué Suga mentiría? Sé que solo quieres hacerme sentir mejor, pero ya es hora de que lo empiece a superar y eso no ayuda mucho —exclamó Daichi.

Bokuto solo guardaba silencio mientras su atención iba de Kuroo a Sawamura y viceversa.

—¿Acaso importa? —los interrumpió, los otros dos lo miraron sin entender—. Quiero decir… Aun si Suga-chan ama a Daichi decidió comprometerse con alguien más —aclaró Kotaro.

—Eso… es cierto, pero si lo dices así se escucha muy deprimente. —Kuroo hizo una pequeña mueca— ¿Deberíamos beber algo después de esto?

—Eso estaría bien —concedió Sawamura, Bokuto asintió.

Caminaron un par de minutos hasta un local de comida en el que terminaron pidiendo un tazón de soba para cada uno antes de pedir una botella de sake, no era buena idea empezar el año bebiendo con el estómago vacío.

Fue un verdadero alivio refugiarse del clima invernal de enero en el acogedor local y tener una sopa caliente lista para degustar.

Daichi no iba a admitir que también era un poco reconfortante el sabor dulzón del sake y la sensación de calor que sentía en su garganta luego de un trago.

—No estoy huyendo —declaró Bokuto.

Abandonaron hace mucho esa conversión, pero parecía que aquella frase seguía rondando en la cabeza del de ojos ambarinos.

—Bueno tal vez al principio sí —admitió Kotaro por las miradas de desconfianza de sus amigos—. Pero después de que Akaashi se enterara de que es omega no quise abrumarlo, ya tenía muchas cosas en la cabeza como para arrastrarlo a una relación

—¿Arrastrarlo a una relación? Lo dices como si fuera algo malo estar en una —exclamó Kuroo.

—No es que las relaciones sean un motivo para estresarse —explicó—, solo creo que Akaashi la hubiera sentido así en ese momento.

Y así pensaba realmente Bokuto, porque sí, a veces podía pensar en cosas no triviales, mucho más si el sujeto en cuestión era Akaashi.

—¿Entonces qué vas a hacer? —decidió preguntar Daichi.

—Voy a esperar un poco más hasta que sienta que es el momento adecuado —dijo lleno de determinación.

—Este año nuevo te trajo mucha sabiduría, bro —lo alagó Tetsuro.

—¿Cierto? —se regodeó Bokuto nuevamente animado.

Sawamura no sabía si en verdad el nuevo año había traído sabiduría y madurez para su amigo de ojos dorados, o si lo sentía así por el efecto del sake en su sangre.

Tal vez podía ser ambas cosas.

•••

Finales de febrero

No era la primera vez que Ushijima iba a su casa, lo que era un poco irónico si se tenía en cuenta que todavía no se lo había presentado a sus padres.

Shirabu se aseguraba de invitar a Ushijima solo cuando sus hermanos estuvieran en clases y sus padres trabajando, así se ahorraba la vergüenza de tenerlos como familia.

Por supuesto que los amaba, pero en ocasiones eran sencillamente… demasiado.

Eventualmente les presentaría a su novio, sin embargo, no quería que espantaran a Wakatoshi tan pronto.

Adicionalmente, él tampoco había conocido a nadie de la familia de Wakatoshi todavía, así que no había por qué apresurarse.

Aunque… ya llevaban seis meses ¿Cuándo suelen las personas presentarle su pareja a sus familias?

Pero no era momento para preocuparse por ese tipo de cosas, no cuando estaba acurrucado en el sofá con Wakatoshi mientras veían una película.

No podía concentrarse completamente en el televisor al frente suyo teniendo al mayor a su lado, sin embargo, no se quejaba.

Tampoco se quejaba de que Ushijima permaneciera mucho más callado de lo habitual mientras veían alguna cosa juntos, más bien siempre había detestado que las personas hablaran de cosas no relacionadas a lo que veían, aunque no le molestaría que hiciera uno o dos comentarios sobre la película sólo para charlar un rato.

Debido a la personalidad de Wakatoshi, a Kenjiro todavía se le dificultaba un poco encontrar temas de conversación que no terminaran en menos de un minuto, aunque tal vez también tenía que ver que Shirabu tampoco era una persona especialmente conversadora.

Tenía que admitir que usualmente los silencios que se ceñían entre ellos le generaban un reconfortante sensación de comodidad, pues aunque no se comunicaran con palabras su sola presencia lo hacía sentir feliz.

Quizá todo se debía a que estaban apenas iniciando la relación, conociéndose mejor y… Bien, ya no podía ignorar la incesante vibración de su celular.

Tomó el aparato con el afán de saber quién interrumpía su preciado tiempo con Ushijima.

Por supuesto no podía ser nadie más sino Goshiki mandándole unos veinte mensajes sobre quién sabe qué.

Probablemente sólo para preguntarle una vez más si estaba haciendo lo correcto al casarse.

De acuerdo, no es como si siempre fuera ese el tema de conversación entre ellos, pero, promediando el comportamiento de los últimos meses, el chico solía mencionar el asunto al menos una vez a la semana.

Un día de estos Shirabu definitivamente se iba a cansar y le iba a terminar diciendo que se casara de una vez por todas… O eso era lo que se decía todas las veces que Tsutomu le pedía consejo.

Al final siempre terminaba repitiendo su discurso sobre empezar a tomar sus propias decisiones que el azabache solo parecía ignorar teniendo en cuenta que seguía con planes de casarse.

Abrió el chat del chico solo para descubrir que, en efecto, se trataba sobre su compromiso.

Para ser más específicos, el contrario parecía estar un poco ansioso porque ya la boda tenía mes, día y hora. De alguna manera todo se sentía cada vez más real y cercano, aunque todavía faltaban un par de meses.

Una persona que quiere casarse seguramente no reaccionaría así, pero sospechaba que si le decía algo como eso a Goshiki probablemente le causaría una crisis existencial que el mismo Shirabu tendría que apaciguar.

«Ser un buen senpai es muy complicado» pensó el de ojos miel.

En cambio, le dijo que se calmara o de lo contrario lo bloquearía.

Y, como por obra de magia, el chico dejó de enviarle treinta mensajes por minuto.

Me: ¿Puedes sobrevivir a tu crisis unas horas?

Goshiki: Lo sientooo (=ω=;)

Goshiki: ¿Estás ocupado ahora?

Me: Estoy viendo una película con mi novio.

Goshiki: Oh, ya veo. Perdón por molestarlos.

Aparecía que Goshiki estaba escribiendo, así que esperó, pero después de unos minutos el letrero desapareció y no había señal de ningún mensaje

Ahora que lo pensaba, ¿le había dicho a Tsutomu sobre su relación con Ushijima? No lo recordaba y, en todo caso, ¿siquiera era algo que debía contarle a Tsutomu?

Era su problema a quién le hablaba sobre su vida privada y ya había dejado las cosas claras con Goshiki como para que se sintiera mal al enterarse de su vida amorosa ¡Y el azabache incluso estaba comprometido!

—Shirabu, ¿está todo en orden? —la profunda voz de Ushijima lo hizo sobresaltarse.

Solo entonces se dio cuenta de que tenía el ceño fruncido y que había dejado de prestarle atención a la película hace mucho por estar contemplando la pantalla de su teléfono.

Había perdido tanto el hilo de la película que ya no estaba muy seguro de cómo llegaron a la parte en la que estaban.

—Ah, sí, todo en orden. Solo hablaba con un familiar —mintió.

Shirabu se maldijo mentalmente por dar una pobre excusa cuando sabía que no era necesario ocultarle algo tan insignificante como eso.

Sabía que no tenía por qué mentir, después de todo Ushijima ni siquiera le había preguntado por qué —o por quién— había dejado de ver la película.

Sencillamente no pudo evitar estar a la defensiva y es que no quería mencionar su pasado con Tsutomu.

Normalmente no le importaba lo que piensan las personas de él, pero definitivamente no quiere tocar el tema con Ushijima Wakatoshi, su novio.

Sabía que su pareja no era del tipo celoso o del que haría un escándalo al enterarse de que mantenía el contacto con su antiguo amigo con derechos, no obstante, tampoco se sentía cómodo sacando a colación aquello.

Desde luego todo estaba en el pasado, no valía la pena mencionarlo y dañar el ambiente en ese momento.

—Bien —asintió Ushijima sin indagar más sobre el asunto.

Si haberse perdido una parte de la película no era suficiente, ahora el sentimiento de culpabilidad lo estaba persiguiendo.

En retrospectiva era algo relativamente insignificante —una mentira blanca, se podría decir—, no obstante, el hecho de que él y Ushijima siempre fueran honestos el uno con el otro le pesaba en la conciencia.

Dando por hecho que ya no podría disfrutar más la película que veía, decidió arrastrar a Wakatoshi consigo.

Miró con intensidad a la persona a su lado para llamar su atención, por supuesto, no funcionó.

Tuvo que recurrir al plan b: ponerle pausa a la película para que su pareja volviera a prestarle atención a él.

¿Estaba siendo infantil? Tal vez, pero no le importó porque al final su estrategia fue todo un éxito.

—¿Podemos besarnos? —exclamó antes de que Ushijima pudiera preguntar por qué había pausado la película.

En lugar de recibir una respuesta verbal de parte del mayor, Shirabu obtuvo breve "Hm", después fue cuestión de segundos para que Wakatoshi y él unieran sus labios.

Ya era casi rutinario que se besaran, pero eso no significaba que el corazón de ambos no latiera a mil por hora cada vez que lo hacían —y el sobrio aroma de la colonia que Shirabu le había regalado a Ushijima por su cumpleaños hizo que su cercanía fuera incluso más placentera para el primero.

«Podría seguir haciendo esto por el resto de la vida» pensó para sí el de ojos miel mientras profundizaban el beso.

Probablemente no debió pensar eso, ya que el mundo siempre conspiraba en su contra.

Y, en efecto, segundos después de que aquel pensamiento pasara por su mente, el celular de Ushijima empezó a sonar.

El de ojos aceituna hizo el amague de ir a contestar, sin embargo, Kenjiro lo sostuvo del hombro para impedir que se separara.

—Tengo que contestar —repuso Wakatoshi a milímetros de su boca.

Kenjiro decidió ignorarlo y siguió besándolo hasta que el teléfono dejó de sonar, con lo que no contaba es que volvieran a llamar.

—Podría ser importante… —insistió Ushijima mirándolo con esos intensos ojos verdosos que nunca dejaban de fascinarlo.

Teniendo en cuenta que el muchacho era mucho más fuerte que Shirabu, perfectamente podía apartarlo para contestar y aun así no lo hacía.

Tras soltar un suspiro exagerado, Kenjiro se dio por vencido —lo que al final no le impidió poner una expresión de descontento, no importaba si Wakatoshi no lo podía ver porque se había puesto de pie y estaba dándole la espalda.

Luego de un minuto que le pareció eterno, el contrario por fin colgó.

—Bebé —dijo el más alto con el ceño fruncido.

Aún seguían llamándose por sus apellidos así que el más bajo se debatía entre la sorpresa y la vergüenza por lo que acababa de escuchar, porque no había escuchado mal, ¿cierto?

—El bebé ya viene —exclamó Ushijima.

Eso tenía más sentido.

La explicación logró tranquilizarlo al menos hasta que fue consciente del verdadero significado detrás de esas palabras.

—¡¿Qué?!