Los personajes de Ranma 1/2 no me pertenecen sino a la mangaka japonesa Rumiko Takahashi.

Esta historia no tiene fines de lucro, sólo de entretenimiento de una fan para los fans.

PARTE 1


Las caras que estaban a la lejanía de Akane, que se hallaba hundida en ese centro hemisférico de intoxicación.

Le era complicado divisar algo en concreto, pues todo era una combinación de visajes envueltos en remolinos y sombras grotescas que intentaban devorarle, y lo más lamentable es que le recordaban donde estaba.

—Al mejor postor, ¿Quién da más por esta belleza de sangre extranjera y virginal?—. Hablo Nabiki Tomoe con un escalofriante entusiasmo.

La mujer de ojos astutos y sonrisa ambiciosa al ver las paletas de los apostadores alzarse al igual que la suma monetaria se incrementaba al punto de que ninguna otra chica mercancía había logrado hacer en una noche.

La mejor inversión. Pensaba Nabiki al ver como la suma monetaria crecía y crecía. Las sonrisas se extendían en los rostros ambiciosos a cada nueva oferta que mayormente superaba a las demás.

—Cien millones—. Exclamó una mujer.

—Trescientos ochenta y nueve millones de yenes—. Alzó la voz la persona con el número cuarenta.

—Novecientos millones de yenes.

La mujer sonrió y muchos ahogaron una exclamación.

—A la una—. Anunció segura al ver que uno de los compradores más fuertes, pero también abusadores con las chicas que compraba, pues las terminaba matando; disfrutaba del poco tiempo que tenía para cerrar el trato notándose el gesto triunfal del hombre, al ver que su compra se cerraría después de tanto tiempo de ansiada espera.

—¡A las dos!

La mirada tan perdida de ella, que no podía huir, ni replicar al estar bajo los efectos de las drogas de la obediencia, sentía como la vista se le apañaba al punto de querer tocarse el rostro y volver a verse fuerte, más no podía, sólo podía sentirse perdida y en cierto punto miserable por no luchar más.

El color negro no hacia gran trabajo dejándola incapaz de usar su vista, ya que esa venda sólo formaba parte de la imagen que otorgaba a todos esos millonarios de su país o a algún otro extranjero, creando aquel infernal espectáculo que se estaba armando por ella.

No por las demás que conoció a lo largo de su encierro e intoxicación, sino por ella.

Akane tembló ante un posible ataque de pánico y sin poder evitarlo una de sus lágrimas se traspasó por debajo del antifaz decorativo de encaje.

No se podía mover, no podía gritar y menos huir.

Estaba perdida.

Eso era un terrible error, pues no debía estar ahí, pero también estaba el hecho de que nadie la salvaría de esa sonrisa del sujeto que estaba a punto de comprarla y solo le causaron más escalofríos que la de todos los presentes en ese lugar y cuya mirada era de suma depravación.

No era bueno, la dañarían sin llegar a corromperla y eso lo podía ver de la peor forma posible.

Su lengua dentro de su boca aún identificaba el sabor de la droga que le dieron para la obediencia y para que su espíritu indomable se mermara.

Aquellos efectos químicos le dieron ganas de vomitar.

No podía defenderse.

Todo estaba perdido. Se repitió.

Su mirada ilusa y perdida trató de ver que alguien la salvara de ese malnacido de sonrisa cruel, pero al parecer nadie le importaba, porque muchos ya se habían rendido a la compra de ella y la fuerte suma que había declarado ese hombre.

Al parecer, ya no era algo competitivo en ese momento.

El pequeño martillo iba a golpear es estrado de fino roble, fabricado para darle presencia a Tomoe en ese circo y el cual daría fin a ese teatro de corrupción hasta que...

-Un billón de yenes-. Sonó una voz masculina haciendo que todos miraran en dirección viendo una figura en el fondo.

La sonrisa de Tomoe se ensancho ante la declaración y sin esperar una contra oferta grito efusiva.

—¡Vendida!

...

Los ojos color en un tono a casi canela, miraban el reloj cada que podía mientras ofrecía la charola con unos bocadillos en aquella fiesta de gente rica.

Akane Tendo no dejaba de mostrar una dulce sonrisa a pesar de sentir un sueño terrible, junto a un severo dolor en los pies y el hecho de que no podía evitar sentirse mucho más incómoda que de costumbre, se sumaba a esa situación en su trabajo que en si era causada por varios hombres que la miraban con mayor indecoro del acostumbrado en el restaurante y eso en cierto punto la asustaba.

Sonrió a un hombre que la miró de forma extraña de pies a cabeza al verla vestida con aquel vestido negro pomposo, el cual formaba parte de su ropa de sirvienta del restaurante francés-nipón donde trabajaba. Ya que el hombre que las había contratado les comentó a las pocas que estaban ese día ahí, que quería todo realizado como si fuera un día normal de trabajo, salvo por el hecho de que su jornada acabaría más tarde de lo normal.

Akane, sintió que se le torcía la boca en un aparente gesto de fastidio y repudio, pero no podía hacer eso, se alentó a seguir haciendo ese gesto amable a personas que claramente ella no apreciaba, sino que detestaba a morir debido a una serie de conflictos personales que no podía superar. Más debía recordarse que todavía debía esperar otras dos horas y ese dinero que lo tenía bien ganado por hacer ese trabajo se iría directamente al hospital para que se compren las medicinas a su hermana Kasumi, la cual se hallaba muy enferma.

Debía seguir adelante y en cierta manera demostrar que no le importaba estar ahí dando esa imagen amable e infantil que ella emanaba por ser una de las pocas personas consideradas traga años junto a esos aires casi coquetos que muchos le apuntaban y ella no sabía que tenía, pero también le era de gran ayuda cuando quería tener buenas propinas, más era una lástima que en sus capacidades y esfuerzos para poder trabajar en la empresa Chinese Week, ya que sólo le trajo más problemas.

Movió ligeramente su cabeza como si tratará de acomodar su fleco, pero en realidad quería alejar ese horrible capítulo de su vida, que en diversas ocasiones le causaban malos sueños.

Se acercó al matrimonio Tomoe que hablaba con una pareja donde la esposa tenía a su hija en brazos generándole cierto sentimiento de envidia que no podía evitar, el cual supo ocultar de inmediato con esa sonrisa tierna que siempre portaba y ocultaba todo su dolor o cualquier otra emoción negativa.

—¿Gustan algún aperitivo?—. Habló viendo como las manos tomaban los bocadillos occidentales sin hacerle tanto caso a su presencia sino a la charola y a su propia conversación, pero la realidad era que Akane no dio reparo alguno en la mirada intensa de la esposa del matrimonio Tomoe cuando ella continuaba su andar.

Se la paso de un lado a otro repartiendo aperitivo o copas de champagne dependiendo la necesidad de los presentes que le tocaba atender junto a otras chicas que por momento las veía quejarse del cansancio ocasionado por los tacones cuando volvía entrar a la cocina y al cabo de las dos horas cuando el último invitado se fue junto al señor Tomoe que por un extraño motivo se hallaba sin su mujer a su lado les agradeció y otorgó dinero de más por su ayuda generando más gratitud en las cansadas empleadas del restaurante que todavía teniendo que limpiar.

—No volveré a hacer esto en mi vida—. Comentó una de las jóvenes pasando la escoba con desgane sobre el suelo.

—Ni que lo digas Ami. Si la señora o el señor Dupont vuelven a pedir trabajar en algo así yo me negare.

Las demás jóvenes asintieron mientras Akane las observaba silenciosa acomodando las copas limpias dejando que se le escapara una que otra sonrisa o uno que otro comentario sarcástico al salir a sus compañeras que se negarían a un trabajo similar en el futuro.

—¿Tu qué piensas Akane?—. Se dirigió la joven llamada Ami a la castaña que iba a ver a la señora Collet para decirle que había terminado su parte y ya se retiraba.

—Si me vuelven a pagar así de bien, creo que lo volveré a hacer, pero no con esa gente.

Torció la boca al final generando una risa en sus compañeras que seguían cotilleando al momento de irse a la cocina donde la mayor se encontraba haciendo cuentas.

La de mayor edad le volvió a agradecer por su ayuda al trabajar hasta más tarde y Akane por su parte no dejaba de repetirle lo agradecida que se sentía al haberle dado la posibilidad de aumentar su sueldo, al verse implicado como recompensa para trabajar ese día.

Bajo las escaleras de servicio de la parte trasera para salir por el callejón donde todos los empleados salían, cerrando la puerta trasera del restaurante.

Akane suspiró dejando que el aire helado golpeara su rostro y desacomodara los pequeños mechones que se salían de su peinado que antes había parecido perfecto, notando que ya casi eran las dos de la mañana y aunque no lo quisiera, se quedaría a dormir de nuevo en el incómodo sofá de la habitación de hospital de su hermana y al día siguiente madrugaría para llegar a tiempo al trabajo.

Empezó a andar de forma tranquila pues ese día no usaría el metro y el hospital se hallaba cerca del restaurante, se afianzó su abrigo donde sin proponérselo sintió cierta nostalgia ahora que el frío de la madrugada le enfriaba el rostro, pues por un extraño motivo recordaba de manera vaga el andar de ella en la calle junto a Kasumi y otra persona a la que no podía describir, pero si aseguraba que las había llevado al orfanato número uno de Tokio donde días después a Kasumi y a ella les dijeron que se quedarían hasta que alguien se las quisiera llevar como sus hijas, pues sus padres habían muerto.

Akane en aquel entonces no entendía la fragilidad de las cosas, ni lo que les depararía el futuro. Ya que solo recordaba muy pocas cosas de su niñez junto a su hermana Kasumi, la cual nunca había permitido que las separaran cuando intentaban adoptarla solamente a ella, ya que Kasumi era cinco años mayor que ella y siendo sinceros ninguna familia buscaba a hijos mayores a menos que fueran varones para heredar propiedades de las hijas legítimas.

Estuvieron y estaban solas en ese cruel mundo que se las apañaba por alejarlas la una de la otra.

Akane nunca culpó a nadie por aquel accidente que nadie se tomó el tiempo de investigar, pero si sabía una cosa y era que, en todos esos años, en los que estuvieron juntas, hubo momentos que pudieron pender de un hilo de un instante a otro hasta que Kasumi se independizó al tener la mayoría de edad y se volvió su tutora legal sacándola de aquel triste orfanato donde paso buena parte de su vida.

Ella era como su madre y literalmente su familia completa.

Siempre la protegió y trato de darle lo mejor, por ello se sentía en deuda con ella, además es la única persona a la que siempre estuvo unida.

Por lo tanto, Kasumi se había vuelto su vida y cuando ella se ponía a reflexionar de su actual estilo de vida cabía decir que en un principio y algunos años consecutivos habían sido maravillosos, ambas eran felices en su diminuto apartamento que rentaban hasta que surgió la enfermedad que envío a la Tendo mayor al hospital y la dejó a ella sola tratando de solucionar su situación económica del hospital, del departamento y de las medicinas junto a sus estudios que prontamente había abandonado por falta de disposición de tiempo, además de resultar caro y su sueldo, lamentablemente era mediocre obligándole a buscar empleos mejor pagados que en esa cafetería donde Kasumi había empleado en el pasado y había conocido a Taro.

Chinese Week fue su opción cuando Kasumi todavía no caía en cama con un aparato constantemente midiendo su pulso y haciendo que tomará medicamentos.

No entendía cómo fue que llegó a una situación tan mala y terminó siendo ayudada para entrar a trabajar al restaurante Mon Chiere en el que le pagaban lo suficiente, pero con ese trabajo en la fiesta que estuvo a petición del señor Tomoe, el cual reconocía como un hombre bastante soberbio y uno de los clientes más frecuentes del restaurante, ya que hacía la mayoría de sus tratos comerciales en aquel espacio que era su trabajo; le ayudo a pagar por adelantado la operación que necesitaba Kasumi para que al fin se curara.

Sintió de nuevo como la brisa le golpeaba el rostro al mismo tiempo que entraba al hospital que se hallaba demasiado tranquilo mientras el guardia intentaba no dormirse, la televisión hacía ruido que las personas que esperaban trataban de prestarle atención para deshacerse de la ansiedad de posibles malas noticias, al mismo tiempo que la recepcionista se preparaba un café para soportar la larga jornada nocturna que le esperaba.

—Buenas noches Romi.

—Hola Akane—. Devolvió el saludo la mujer bebiendo un sorbo a su café.

La Tendo apretó el botón del elevador para el tercer piso viendo la inquietante silueta de una mujer adulta que la observaba hasta que se cerraron las puertas del elevador.

La respiración se le detuvo y se llevó la mano al collar que portaba tratando de tranquilizarse al apretarlo, quería decir que el cansancio le hizo una mala pasada, pero siendo sincera en sus últimos pasos antes de llegar al hospital los sonidos de tacones le habían alertado creando más inquietud.

—No pasa nada, sólo fue una coincidencia—. Se dijo pasando su mano por el rostro algo afligida hasta salir del elevador donde abrió la puerta con el número 57.

La habitación al igual que el resto del hospital se hallaba en silencio, excepto por el constante ruido del electrocardiograma que se mantenía al pendiente de su hermana que dormía tranquilamente.

—Viniste—. Mencionó sorpresivamente Kasumi con voz cansada abriendo ligeramente sus ojos mirando a Akane en el filo de la puerta como si todo el tiempo la hubiera esperado.

—Iba a llegar más temprano, pero había más trabajo ¿Cómo te encuentras?

—Bien.

Mintió.

Estaba débil y muy preocupada por lo que el doctor le había dicho en la tarde sobre sus preocupaciones ante el posible resultado final de la operación del día siguiente.

—Me alegro Kasumi, ¿Lista para tu operación?

—Sí, pero te notó preocupada, ¿Ha pasado algo malo en un trabajo?

—¿Qué?, no, todo está bien sólo estoy cansada y quiero dormir.

Akane también mintió para no preocuparla sobre la persona que vio parada observándola desde la puerta del hospital y a lo mejor quería suponer que se trataba de la misma persona que la perseguía en la calle.

—Entonces ven—. Indicó la mayor palmeando un lugar a lado de ella para que su hermana se recostase. —Se ve incómodo para dormir.

Akane dudo, más la mirada de su hermana no la hizo rechistar ante lo que haría. Se recostó en el duro colchón y apoyó su cabeza en el hombro de su hermana que le acaricio los largos cabellos en movimientos suaves y tranquilizantes.

La menor de ambas recordó por breves momentos que su madre solía hacer aquello mientras le tarareaba una canción. Sabía que su hermana le mentía y ella también lo hacía, pero a decir verdad era mejor mentir para no crear más preocupaciones en los que amas.

Deseo que las cosas empezarán a cambiar para bien para ambas y que el día de mañana al igual que los siguientes resultaran mejor de el que hoy dejaría atrás o eso es lo que quería, cuando por fin cerró los ojos con la mano de su hermana con la suya.

...

Ranma Saotome, hijo de los magnates más poderosos de Nerima, Japón y gran parte de China, heredero de la empresa Chinese Week.

Empresa la cual es importadora número uno en tecnología y socio principal de la familia Dupont, los cuales eran los dueños de varias empresas, propiedades y de un nuevo restaurante de la temática de su país de origen mezclado con el asiático.

Además, como un extra a la reputación del hijo del empresario más fuerte de China y parte de Japón, este mantenía una relación comercial fuerte al estar en el círculo íntimo de los Tomoe, los cuales tenían un negocio más aparte de su rica exportación metalúrgica en China llamada Corpus, quien era supervisada por Kirin Tomoe y manejada en acuerdos, tratos y cambios interinos por la dueña, Nabiki Tomoe.

Con eso en detalle, él se hallaba de nuevo en Tokio para firmar uno de los mayores tratos para su empresa, donde después de hacer aquel acuerdo con los Tomoe en la matriz de la empresa de su familia con los dos inversionistas japoneses, llegó a ser invitado de forma cordial a un lugar, exactamente al club que les había pertenecido a los Tomoe desde el término de la Segunda Guerra Mundial.

No sabía dónde se ubicaba con exactitud y en cierta manera no le interesaba con tal de llegar y hacer acto de presencia como Kirin Tomoe le había pedido.

A Ranma se le hacía absurdo, al igual que fastidioso esperar tanto tiempo para llegar a un lugar que muchos hombres y mujeres de su posición económica anhelaban en llegar.

De vez en cuando los ojos azules del heredero de Chinese Week, miraban por el polarizado de los cristales que no le permitían ver muy concretamente por donde iba o solamente se limitaba a observar por segundos el tapizado del vehículo, inclusive, también se limitaba a ver la ventanilla que separaba su contacto con el conductor al que no quería molestar como si fuera un infante al cuestionarle cuanto tiempo tardaría en llegar al lugar.

Poison.

Así se llamaba el dichoso club, que abarcaba una alta fama privada que según palabras del mismo Kirin Tomoe. Ya que muchos de los miembros obtenían nuevos aliados o socios para comercializar e inclusive más al estar dentro.

Por ello, a pesar de que él no quisiera, estaba en camino a ese lugar, pues Genma se lo ordenó y como éste aún es su superior no se podía negar a que se presentará para encontrar nuevos socios para comercializar y saciar la incontrolable codicia de su padre que a pesar de seguir siendo la cabeza de la empresa prefería dejarle todo encima a su hijo, bajo la excusa barata de que en cualquier momento lo haría. Sin embargo, tanto Ranma como Nodoka Saotome sabían que el hombre aseguraba su estatus y posición a costa de su hijo y esposa, pues prontamente el retiro se acercaba para Genma y eso sería un finito para el manejo descontrolado de inversiones o turbios negocios a diestra y siniestra para generar más dinero a pesar de que no lo necesitaban y mucho menos se veía reflejado en propiedades o bienes materiales.

—Hemos llegado joven Saotome—. Aviso el conductor.

Ranma Saotome asintió y dejó un último mensaje a su secretaria, pues el lugar no permitía el uso de algún aparato móvil que puedes grabar o capturar imágenes de ningún tipo, por ello lo dejo dentro del vehículo del que bajo notando que el sitio estaba demasiado apartado de la civilización, pues había una gran extensión de bosque a su alrededor y en medio de esa espesura había una edificación que hacía un aporte a la arquitectura moderna como si este se tratara de un hotel en medio de la nada, sólo que una vez dentro, el interior tenía cierta decoración de un estilo antiguo japonés de la era feudal.

Las puertas corredizas se las abrían de acuerdo a su andar como un recibimiento y con ellas podía ver a un nuevo grupo de millonarios que charlaban entre ellos; a algunos los conocía, de otros ni siquiera sabía de quienes se trataban o tal vez los conocía por el nombre o apellido, pero no por el rostro, ya que muchos empresarios no dejaban ver más que su nombre.

No hay nada sorprendente en este lugar. Se dijo a si mismo pasando por la última puerta que se abrió y con ella una joven que portaba un kimono tradicional junto a una máscara ko-omote de un rostro femenino hermoso y sonriente, le extendió una paleta la cual contenía marcado un número 13 en rojo y que, por supuesto era para una subasta, más no pudo evitar pensar que se le hacía bastante ambigua la técnica, ya que normalmente se hacían las pujas vía electrónica. Quería decirle algo al respecto, sólo que la muchacha en kimono lo interrumpió.

—Hoy hay una subasta. Tal vez usted pueda ser el afortunado propietario de tan preciosa joya que está siendo el objeto más codiciado de esta noche—. Dijo la joven de forma monótona antes de reverenciarlo y dirigirse a otro hombre que venía acompañado con una chica bastante joven.

Estaba confundido y bastante intrigado en lo que respecta a Poison, pues era un lugar bastante extraño donde se hallaban un gran número de hombres y mujeres con un gran poder económico.

Si los periodistas los vieran dirían que era como mirar los ojos de un cuervo, algo espeluznante y riesgoso, con una gran posibilidad de ser picoteado, y ese picotazo sería un consecuente de sacarle los ojos a cualquiera, metafóricamente hablando, porque en sí, afectaría en toda su existencia al individuo que tuviera el suficiente coraje para entrar y describir todo lo que sucedía, pero las repercusiones de hablar sobre el lugar no eran solo para gente exterior sino también era la misma advertencia para los miembros.

Estaba prohibido hablar de Poison fuera de este, junto a otras reglas que realmente le hacían pensar que el club ocultaba algo realmente malo, y que saber el que era una de las cosas que le impulsarán a seguir rondando el frívolo lugar.

Siguió su andar notando el detalle la mezcla entre el Oriente y poco Occidente de los millonarios presentes, lo que también era una gran mezcla de gente impertinente haciéndose la importante al igual que le provocaba bastante disgusto, porque sabía que muchos de ellos tenían la idea de hallarse por encima de los demás, por el simple hecho de tener dinero como lo hacía su padre.

Él no era igual a su padre, porque por fortuna su madre era o había sido una mujer humilde la cual le inculcó que no por el hecho de tener poderío económico significaba creerse por encima de los demás o superior.

—Todos somos simples humanos, sólo que unos somos peores que otros—. Le había dicho Nodoka, que era una mujer hermosa y de sentimiento empático al igual que altruista, y por alguna extraña razón estaba con su padre que la misma aborrecía con todo su ser o al menos unos años antes no era así.

Para muchos podría ser bastante simple aquella situación porque ambos adultos habían formado una apariencia de familia perfecta en la sociedad, con ella siendo la fiel y solemne esposa japonesa, pero en privado era una mujer cargada de odio con la mirada helada comparable a un témpano o a un iceberg dirigida solamente al hombre con el que estaba casada y sólo estaba ahí para velar por él y su hermana cuando aún era pequeños, y actualmente no sabía más.

Su madre, era uno de los misterios que muy pocos conocían porque ésta siempre se veía muy a la defensiva de su pasado.

Se apoyó en una de las columnas de la sala principal donde se haría la subasta, agobiado por el mundo que lo rodeaba hasta que sin proponérselo se encontró con el número uno de los publicistas de Tokio Ryoga Hibiki, al que había conocido cuando apenas había llegado a Japón y necesitaba reforzar una imagen para que se dieran más a conocer.

Sin embargo, el hecho de verlo ahí fue una sorpresa, al igual que el momento en que se generaba una curiosa charla sobre algunos asuntos que realmente nadie más que ellos dos conocían, y eran por el desconcertante problema de Hibiki con Ranko Saotome, provocándole nervios al publicista que no dejaba de beber de su copa de champagne por tener el desagradable encuentro con la hermana de Ranma que se caracterizaba por ser una mujer un tanto, si no es que bastante agresiva.

Ranma notaba la intranquilidad que generaba Ranko en conocidos por ello decidió dejar de atormentar al pobre hombre que le aclarará sus dudas sobre Poison. Pues era un miembro más antiguo, por lo tanto, entendía más a lo que respecta a aquel extraño lugar.

—La subasta, ¿De qué tratan Ryoga?—. Hablo mirando la espuma del champagne generando una parte de su reflejo cuando la joven que lo había recibido indicó que se acercarán a la sala principal de aquella habitación.

—Las subastas...—. Notó como su acompañante bebía de golpe el champagne, era como si se le hiciera difícil hablar de ese tema con alguien nuevo en el club, y no era del todo equivocada su idea, pues Ryoga Hibiki recordó que se sintió enfermo cuando llegó a ver esas subastas y a veces se sentía culpable cuando estaba solo.

—No siempre son de cosas también...

—Ryoga Hibiki, esta vez te gustará la nueva mercancía que llegó—. Mencionó la voz femenina, aunque suave tenía en su tono cierta dureza rencorosa al pronunciar el nombre del publicista.

Era una mezcla entre viejo interés y reproche.

—Tomoe—. Devolvió el ilícito saludo a la mujer la cual sonrió de forma burlona que era característica para todos los varones.

Nabiki Tomoe era mujer poderosa con belleza casi inalcanzable, pues su marido tenía ciertas limitaciones para estar a su lado.

Ésta era la verdadera cabeza de la empresa Corpus que, para muchos menores en posición económica, era un total misterio; inclusive para los medios ya que no sabían nada de ella sólo que perdió a sus dos padres poco después de casarse con su esposo.

Para muchos empresarios jóvenes la mujer era alguien de admirar, sobretodo en el sexo femenino, ya que rompió el esquema estereotipado del hombre ejecutivo, donde ella no era más que un monstruo corporativo, era una de las pocas mujeres rodeadas en un mundo de hombres.

Muchos suponían que al estar por tan encima de muchos empresarios, era la razón por la que siempre mantenía la cabeza en alto y para así no dejarse pisotear por nadie, cabiendo decir que también generaba la duda de que costo tendría para llegar a eso y más.

Ser un empresario poderoso en Tokio era demasiado opresivo en cuanto a tiempo, reuniones, atención a socios, etcétera; eso lo sabía Ranma porque trataba las inversiones de China y Japón o una que otra extranjera al mismo tiempo. Y manejar más que eso sin duda la hacía sumamente poderosa e inclusive para los demás que la veían como una pieza intocable por cualquiera hasta por la ley.

—Hablas como si fuera la mejor cosa del mundo—. Le dijo Ranma como nuevo miembro de Poison, aún ignorante de lo que estuvieran hablando, ya que la preciada mercancía de la que hablaban no se trataba de una cosa como lo suponía él, sino una persona.

La sonrisa ladina en la castaña apareció, al mismo tiempo que dio reparo en la paleta del joven frente a ella.

Sin dudas, se llevaría una gran sorpresa cuando viera la linda mercancía que tenía.

—Fue difícil de conseguir, pero las ganancias valdrán la pena—. Pronunció de forma misteriosa.

—¿Difícil de conseguir?—. Dudo el joven. —Una mujer tan poderosa como tú, diciendo que algo es difícil de conseguir.

—Claro que es difícil—. Sonó fingiendo el tono la voz preocupado de Tomoe. —Cuando la mercancía son seres vivos.

—¿A qué te refieres con vivos?

Tomoe quería soltar una carcajada seca ante la ignorancia o estupidez del Saotome, más solo mantenía ese gesto de superioridad en sus facciones.

—Oh cariño, somos gente poderosa. Nunca te has preguntado porque tu madre está con tu padre si no es por interés o porque tu hermanita y tu están ahí—. Mencionó la castaña observándolo con esos escrutadores ojos cafés.

—¿Qué? ¿A caso tú lo sabes?—. Se burló levemente ante las palabras de aquella mujer que le sonrió de una forma que no le agradó haciendo que torciera su gesto a uno disconforme.

Ella, sí lo sabía y actuaba de nueva cuenta de forma viperina cuando sabía que estaba logrando lo que quería cuando hablaba con el padre de él.

—Tener el dinero para conseguir lo que queremos es una de las cosas que yo hago posibles y como muchos de los que estamos aquí también tengo esas adquisiciones. Por ejemplo, como matar a alguien; un don nadie cualquiera o inclusive ser dueño de una persona—. Mencionó sonriendo al joven donde Ryoga miraba el rumbo de la conversación con sumo interés y como un simple espectador, pues no entendía a donde quería ir a parar aquella conversación porque el tema de por sí debía ser algo fuerte para el nuevo miembro a la vez de al parecer tornarse personal. —Tú madre llegó a la vida de tú padre como lo han hecho varias de las jóvenes que están aquí. Subastada.

—Eso te hace el peor ser humano, ¿No lo crees?—. Mencionó frío fijando su mirada en los orbes cafés casi negros que no se intimidaron ante la mirada molesta del varón, sino sonrió con suficiencia.

—Claro que no, nadie puede juzgarme. No lo puede hacer Ryoga, porque él compro a alguien y lo mató, porque crees que un emergente de la publicidad desapareció de la nada. Todos los que están aquí, han hecho algo que puede ser considerado ilegal para los demás. No importa si lo hicieron con buenas intenciones o no.

—Somos gente rica, la crema de la crema y tú no puedes hacerla de santo y decir que está mal porque en el momento que pasaste las puertas de este lugar estas involucrado. Además, tarde o temprano tú también caerás en las redes de veneno como lo hizo tú padre con Hate, sólo que fue muy blando y terminó hundido con una mercancía a la que le tomo demasiado cariño y ésta lo odiara por ser tan imbécil.

—Son humanos como nosotros—. Reclamó el joven adulto divirtiendo a Tomoe por el ceño fruncido en él.

Una leve carcajada salió de la elegante mujer mientras agarraba una de las copas que una de las meseras ofrecía, bebiéndola con una elegancia sumamente perfeccionista.

—Te equivocas. Por supuesto son humanos, pero te repito son simples don nadie los cuales no serán extrañados en su país o el lugar que los recabados.

—Nosotros mejoramos sus vidas al comprarlos o les ayudamos en sus metas de muerte. No es como Hate que tomaba a todos parejo, hasta los mismos miembros otorgaban a la gente. Aquí yo soy como Dios, decido a quien vender y a quien no—. Pausó su diálogo volviendo a beber de su copa.

—¿Ellos siguen con sus vidas? te preguntarás. Sí, pero teniendo un dueño del que no se pueden liberar o mueren—. La mujer volvió a detener su discurso que parecía más bien ensayado para los miembros que la encaraban al momento que dejó la copa vacía en otra charola.

—Es como un síndrome de dependencia porque los comprados no pueden alejarse de sus dueños, aunque lo deseen con todas sus fuerzas y a mí, nunca dejaran de temerme.

—Mi señora la subasta está por empezar—. Interrumpió una de las enmascaradas haciéndola sonreír con suficiencia.

—Espero y te agrade el club junto a la mercancía que vendemos—. Se alejó con superioridad a su paso dejando a los dos y a Ranma bastante molesto por lo que hacía.

—Ella tiene razón, nadie puede juzgarnos—. Añadió Ryoga cuando la subasta inicio, dando con la imagen de una joven mujer de cabellos largos cabellos la cual estaba en un estado adormecido que parecía ser el de una estatua y vestida con conjuntos ser ropa interior para generar morbo en los compradores que ignoraban el estado en que la joven estaba.

La puja empezó con una suma ridícula debido al origen de la chica hasta que la suma se fue duplicando y fue adquirida por Ryoga.

El joven empresario al ver su sonrisa triunfante de su socio le género un escozor en la boca y más desprecio por los de su clase social.

Era claro que no podía salir de ese club, sólo podía dejar de venir a menos que comprará a alguien, aunque no sabría cómo hacerlo sin sentirse como el resto de esos despreciables seres humanos que estaba ahí.

Lo había decidido, una noche, no importaba cual o a quien comprara, pero debía salir de ese lugar con alguien para ya no volver a esa cueva de lobos.

...

La imagen que se veía a través de la cámara era ajustada de la lente generando uno que otro un acercamiento perfecto sin que se viera borrosa la persona que era capturada en foto, exactamente era la chica cuya sonrisa amable se dirigía a una clienta; no había de forma directa un flash o algún reflector con luces, porque aquella joven no sabía que era fotografiada, a pesar de verse involucrado una serie de equipos a su alrededor, el cual estaba concentrado en otra chica que posaba con el mismo uniforme de sirvienta con índole francés y ajustado de forma coqueta para atraer a las personas que eran servidas.

Esa chica no necesita eso. Se dijo la fotógrafa al momento de capturar la belleza femenina que la muchacha tenía, ésta era una mina de oro en bruto lo que tenía en manos, porque no necesitaba ropa ostentosa o algo para provocar, así era perfecta.

La cámara hizo clic y capturó su imagen. Era bonita, delicada y lo más importante para ella, virginal.

Pagarían muy bien por ella, casi nunca hallaban chicas tan solitarias y con esas características, por lo que hacerse de ella era una oportunidad única que no podía dejar que se le escapara de las manos.

Tomoe siempre ha sido una mujer de negocios desde que heredo el imperio de su padre el cual murió poco antes de cambiar de opinión por su idea conservadora de que la mujer no se encargaría bien de un imperio tan grande. Sin embargo, las cosas mejoraban más de lo que lo había dejado el anterior dueño empresarial y ese otro negocio para gente rica era el más próspero.

La posibilidad de subir de golpe estaba capturada en el rollo de la cámara, sin duda ella era uno de los mejores productos de subasta que ha hallado hasta el momento.

La cámara volvió a capturar la imagen de esa joven una sexta o tal vez una séptima fotografía delineando la silueta sinuosa y por momentos centrándose en el amable gesto de su rostro que ella identificaba como forzado desde que la vio por primera vez.

Alzo su mano como una señal de dar por terminada la sesión al igual que la modelo que sólo era un señuelo para que ella tuviera esas fotografías.

Aquella hermosa joven se apartó y los otros jóvenes que la acompañaban aparentaron haber hecho un excelente trabajo para la campaña publicitaria al restaurante temático francés Mon Chiere donde la chica que era el blanco trabajaba. La castaña que tenía una sonrisa astuta, reviso la cámara notando lo fotogénica que era esa chica, bien podría ser modelo, pero ella ya tenía planeado lo que haría con ésta.

—Vámonos, tenemos otra sesión al otro lado de Tokio—. Ordenó a la joven que asentía sumisa a pesar de verse todo lo contrario a una persona obediente.

Se acercaron a la encargada agradeciendo por darles un espacio para hacer la sesión y hacer más famoso ese restaurante de sus socios.

Dirigiéndose al fin a pisos inferiores para retirarse.

—Señora puedo preguntar ¿Quién es su blanco?—. Hablo la chica con una voz dulce y bastante aguda sin decidir el apellido de Tomoe por miedo a esta que estaba ocultando su verdadera identidad para cumplir sus fines, pues ella era empresaria, no una fotógrafa.

—Eso no importa, sólo el estado en el que está.

No le dijo la verdad porque había una mínima posibilidad de saber quién era esa chica, pues le había dicho que sería imposible olvidarse de esta.

Tomoe dirigió su mirada a la joven de cabellos oscuros que tenía pinta de modelo sólo que era mercancía de Poison y servía para el propósito que ahora tenía, recabar información y fotos para promocionar a la próxima presa que no se escapara de sus garras; y aunque no lo supiera esa chica ese destino ya estaba marcado desde hace varios años atrás.

—Después de que la recojan, no será más que una chica con un código tatuado y tendrá un precio para los compradores.

La joven peli negra miró a la mujer que se había disfrazado para que no la reconocieran e hiciera de fotógrafa; sintió miedo por la pobre chica a la que le sacaron varias fotografías sin que esta se diera cuenta.

En su mente la modelo empezó a hacer un reconteo de todas las meseras del restaurante temático francés en el que el señor Tomoe realizaba varios contratos, negocios y hasta había servido como sede de una reunión con los últimos inversionistas, otorgándole la oportunidad a la mujer Tomoe de conocer a la chica que sería la siguiente mercancía en adquisición para Poison.

Se puso tensa por un momento, cada una de las meseras de ese restaurante de tres pisos daban un total de veinticuatro y se reducían por la repartición de piso para cubrir terreno y clientes, por algo era tan famoso además de exitoso en el público masculino, pero eso no importaba, porque el número se reducía a ocho.

Pensó en la primera chica que tenía el cabello negro como en ese momento ella lo tenía, pero inmediatamente negó pues era demasiado joven y que lo más seguro era hija de la encargada la cual estaría ayudando en ese momento.

Por lo tanto, sería un foco rojo al ser buscada con devoción.

Demasiado falsa y muy materialistas se repitió al ver a tres jóvenes una de cabello teñido de un rosado brillante, otra castaña y una rubia.

Poison no capturaba a nadie que fuera ambicioso como los dueños, pues eran un problema y eran difíciles de controlar al igual que las mentirosas, las cuales generaban problemas financieros con los dueños cuando eran compradas y muchas veces devueltas con repudio.

Demasiado...era ella.

La peli negra vio con detalle la dulzura que esa chica desprendía con cada gesto que hacía, su sonrisa e inclusive su ingenuidad que podría ser bastante atrayente para cualquier hombre y una que otra mujer que la miraban de forma interesada mientras andaba. No podía definir con certeza si la muchacha era demasiado comprometida con su trabajo o tenía problemas financieros pues casi nadie aceptaba trabajar tan tarde en reuniones, y si hablaba de las cenas ejecutadas por los señores Tomoe, cualquiera se la pensaría antes de trabajar de más o también existía la gran posibilidad de que no pudiera decir no y por eso se vio ahí.

La peli negra suspiró ante cada idea nueva que se le atravesaba por la cabeza acerca de la de cabello de castaño enfundada en ese vestido de blanco y negro a la vez que algo pomposo que le daba un aire coqueto, quería controlar el impulso de ir corriendo a la joven para advertirle que tuviera cuidado, porque el haber sido seleccionada a causa de servir en esa maldita reunión no era algo bueno.

Pero lamentablemente no podía hacer eso o también ella se metería en problemas, aunque...podía asustarla y brindarle algo de pánico, pues ya no quería estar involucrada en destruir la vida de otra chica y estaba cansada de no saber definir si una chica era muy desesperada o comprometida con su empleo donde la primera opción era el principal motivo se hallarse en lugares donde identificaban a todas las chicas mercancía de Poison.

Quería asegurar a viva voz que no se haría ese levantón junto a todo ese proceso de etiquetado de esa prisión humana porque debía de haber gente desesperada para encontrarla una vez que desapareciera, aunque si la señora Tomoe ya le estaba sacando fotos para llamar la atención de los compradores más fuertes, era porque seguramente no muchos o nadie la buscaría, de lo contrario hubiera sido descartada a regañadientes por la señora Tomoe, pero si se hablaba de aquella maldita mujer, podía jurar que se encargaría de hacer algo para obtener lo que quisiera.

—¿Qué estas esperando?, vámonos—. Chasqueo los dedos la castaña a la joven que seguía fingiendo ser parte de ese sueño por el que había llegado a Japón.

La de ojos cafés a un tono casi negro asintió y miró por última vez hacía atrás, tratando de ver a lo lejos, específicamente, a la joven que había estado sonriendo de forma encantadora a todos sus clientes.

La puerta de la limusina se abriría para que ella entrará, sólo que se detuvo provocado que Tomoe le mirara en vez de a la cámara.

—Necesito ir al baño.

La mujer ante la declaración alzó una ceja.

—¿Hablas en serio?—. Le dijo con un gesto serio recibiendo un asentimiento, no se negó y le hizo una seña con la mano de que se fuera y no tardará.

—Tienes dos minutos-. Declaró firmemente.

La supuesta modelo asintió y volvió al restaurante pidiendo indicaciones de donde estaba el baño, intentó buscar con la mirada a la muchacha que no veía por ningún lado atendiendo, suponiendo que estaría en un descanso.

Se sintió mal por saber que no podría advertirle del horrible futuro que le depararía y sería permanente por el resto de su vida; camino lo más rápido que podía al tercer piso buscando con la mirada y cada que podía voltear a alguna de las muchachas que trabajaban ahí sin hallarla.

Miro su reloj y el tiempo se le acababa, dándose por vencida se dirigió al baño donde se hecho un poco de agua al rostro que por fortuna no tenía más maquillaje que el polvo para quitar brillo a su piel. Se llevó las manos al rostro afligida queriendo soltar un sollozo por no haber podido hacer algo.

Lloraría por no ser capaz de ayudar a alguien y por el contrario ayudaría a arruinar otra vida, seguía sintiéndose lamentable hasta que el tacto en su hombro la hizo quitar sus manos de su rostro.

—¿Te encuentras bien?

La joven no creía en el destino, pero si en la suerte y en ese momento se sintió bastante afortunada; sin pensarlo un momento tomó los hombros de la siguiente chica blanco esperando no verse tan desesperada y la tomará como una loca.

—Por favor, por favor cuídate.

Se le notaba incómoda a la joven que intentaba soltar el agarre de la otra.

—Está bien, tranquila, ¿Necesitas ayuda?

—No, quiero que tengas cuidado, ella te vigila y si no lo haces—. Tragó saliva ante el horrible mundo en que vivía. —Terminarás como yo—. Le dijo a la confundida joven.

—Promételo, ¡Promételo!

La joven sólo se limitó a asentir sin entender nada y tratando de no perder la calma y golpear a la modelo para la nueva publicidad del restaurante, la cual se notaba bastante alterada.

—Lo haré. No te preocupes—. Dijo la joven esperando que esa respuesta dejará satisfecha a la que le enterraba los dedos en sus hombros.

La modelo la seguía observando con inquietud hasta por fin soltarla y mirar de nuevo su reloj yéndose rápidamente para evitar problemas con Tomoe, la cual al verla llegar no evitó soltar un comentario sobre que ya estaba a punto de buscarla por su cuenta.

—Te tardaste Xiam Pu.

—Fui al tercer piso.

La mujer la miró escrutadora dejando de lado la cámara, Xiam Pu tuvo la sensación de que sabía lo que hizo, más sólo la observó por otro rato hasta seguir mirando el aparato.

—No hagas cosas estúpidas o te mueres—. Declaró finalmente la mayor. —Vámonos de aquí—. Indicó al chofer haciendo para que el vehículo se moviera y le diera a Xiam Pu por última la imagen del restaurante Mon Chiere, pensando en esa joven y que su advertencia la hubiera asustado y se fuera de la ciudad o del país si era posible porque una vez capturada no podría huir de su dueño, el cual era seguro que existiría una vez presentada debido a su atractivo de la joven y su valor corporal.

Huir de Poison era imposible. Se dijo a sí misma, pues el tatuaje era una marca segura de donde provenían, además del sin fin de captores o alianzas con los yakuza que tenía Tomoe de su lado, también a una gran mayoría de las autoridades que sabían qué hacer con ellas que conocían como un producto recompensable pues si las hallaban con esa particular característica, no importaba quien las ayudara o si llegaban con su familia, de una forma u otra terminarían muertas, pero eso también dependía el valor que tuvieron.

Por algo, ella nunca volvió a intentar huir una segunda vez.

Ya que, si lo intentaba, no volvería a ver otro día por su imprudencia como le hacía llamar la señora Tomoe.

El auto freno ante una gran casona tradicional japonesa en una zona exclusiva de Tokio.

Xiam Pu odiaba ese lugar a pesar de que tenía contacto con el exterior como si fuera una persona normal, a pesar de ser una prisionera, un objeto y una herramienta para fines perversos.

—Vas a venir a la cena de esta noche junto a Ukyo debe ser presentada con los clientes—. Menciono la mujer que tecleaba su teléfono en unos constantes tap tap sin siquiera dirigirle una mirada a la chica que salía de la limusina.

—Ya puedes quitarte la peluca estas en casa, además eso es lo único que te sirve para este tipo de trabajos.

La joven asintió afligida quitando las horquillas que sujetaban el cabello falso.

Aquella larga cortina negra le recordaba tanto al tiempo en que estuvo en su pueblo natal en China, para luego venir a Japón y cumplir su sueño de ser modelo, en el que terminó siendo raptada y comprada por una persona desagradable que la regalo como si fuera un objeto de bisutería cualquiera, pero a este segundo sujeto en cuestión la llegó a amar y la trataba dulcemente, pero eso se terminó cuando acabó muerto por defenderla, por ello estaba en manos de su captora y sin dejar de ser un objeto rentable de Poison.

Una acompañante, una imagen y un señuelo, eso es lo que era, se repetía hasta el cansancio, hasta el punto de ya no sentirse un ser humano pensante y racional.

La peluca de cabellos negros fue tomada por la castaña dejando libre su cabello en tono turquesa debido a los métodos de tintura usados en varias de las mercancías de Poison para hacerlas ver más extravagantes a los ojos de cualquiera además de ser más perdurable que el común hecho en estéticas; Xiam Pu caminaba por los pasillos de madera pulida recordando con dolor todo lo que le hicieron al venderla. La tortura física al negarse al cambio, le dolía al igual que era inundada por la tristeza e indiferencia de las japonesas que la miraban con odio, se acordó de todo ese tiempo para recuperar su nombre puesto que siempre había sido lanzada por su cifrado como mercancía, el cual era 075490, porque las cosas eran difíciles en Poison y cada una de las chicas que estaba dentro, a pesar de que ya no las maltrataban y vivían en condiciones óptimas se las ganaban, pero también estaba el miedo y depresión de no poder volver a ver a su familia o dejar viejos asuntos que nunca se resolverán seguía presente, pues una vez que las fotografías como producto se mostraban a algún imbécil pervertido que para Tomoe era un potencial comprador, no había una posibilidad de salvarse de aquel horrible destino.

Esperaba que la suerte que ella tuvo con el chico que la amo, también la tuviera esa chica, porque una vez entre las garras de Tomoe, ya no había escape y sobretodo una sanación completa.


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Fin de la parte 1.

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Voy a iniciar de nueva cuenta con la publicación. Se preguntaran porqué, y la respuesta es sencilla la edición de este documento se vio para una publicación física que ya no se realizará por la tardía ejecución de un contrato que se veía aplazada por mis clases universitarias, trabajo, problemas en casa y luego la pandemia que lo volvió un imposible porque la editorial quedó más quebrada que la bolsa de valores de Wall Street en la crisis de 1929.

Entonces después de lagrimear internamente me decidí en publicarla como quedo en Word y con los personajes de nuevo a los de Ranma. Aunque en un principio pensaba eliminar la historia y eliminar el archivo, pero luego dije no, no quiero ser tan diablo (y eso que una amiga me llama judas por maldita). Por eso haré esto. En pocas palabras aquí está el resultado del libro físico el cual no termine de dar los vistazos finales, pero espero y guste a los que ya seguían la historia.

Una disculpa por mi larga ausencia escribiendo aquí porque me la pase escribiendo para otros fandoms en donde tengo un nuevo one-shot inspirado en la controversial novela de Vladimir Nabokov Lolita en una historia TodoDeku, why yes; la cual espero puedan leer y dar su amor, claro si gustan.

Por favor tenganme paciencia con la publicación de caps pues soy escritora pobre sin laptop. Y bueno de mi parte es todo, espero y les guste las adiciones y ligeros cambios de la original.

Atte. La escritora de medianoche.