Capitulo 1: Un poco de pasado. Un nuevo futuro.

Es curioso como cambia la vida. Desde que descubrimos que el vejestorio de Gold Roger había llamado One Piece a un tesoro mucho más valioso que cualquier tesoro de oro o joyas del mundo todos hemos cambiado un poco.

Os preguntareis que por qué yo, el más callado y racional de todos los tripulantes del Alma de Ferry está enrollándose tanto y soltando estas paridas sobre la amistad, los tesoros y demás. Ni idea, ni yo mismo lo sé. Además, lo que podáis pensar vosotros me importa una m, o sea, que no me importa nada.

El caso es que en el viaje a buscar el One Piece conseguimos alguna que otra ganancia material, sí… yo en concreto he conseguido dos nuevas espadas y un buen capital en monedas y joyas. He ganado mucha experiencia como espadachín y, aunque aún no he conseguido llegar a ser el mejor espadachín en los siete mares sí que he conseguido mejorar mucho. Algún día ganaré al Cetrero Fantasmal, algún día…

Por ahora, Nami y Sanji salen juntos. Creo que les va bastante bien. Usuff y Luffy siguen en las mismas. Más solos que la una pero buscando… al menos Usuff.

Yo sigo igual, sin novia y tampoco ando loco buscando una. No, las mujeres solo sirven para complicarte la vida. No necesito una para que me la complique más, para eso ya tengo lo de hacerle de canguro al tonto de Luffy.

Aún así, hemos conseguido el tesoro del One Piece, somos el grupo más unido que pueda encontrarse en los siete mares.

Ahora mismo estamos navegando de nuevo, explorando nuevas rutas y yendo de un lado a otro, visitando nuevos lugares… Lo de siempre.

Ahora mismo somos cinco en la tripulación: Usuff, Luffy, Nami, Sanji y yo.

El resto se fue tras lo de Grand Line. Cada uno ha decidido rehacer su vida a su manera y nosotros cinco juntos.

Yo estaba echando una cabezadita en cubierta cuando avisaron de la cercanía a la costa. Nami estaba tostándose un poco al sol, pero yo dormitaba un poco sin camisa. Me dijeron que el solo es bueno para las cicatrices y yo aún tengo las del Cetrero Fantasmal, así que un poco de sol no viene nada mal.

"Nami, ¿dónde estamos ahora?" le pregunté abriendo un ojo para ver un pueblo en el horizonte.

"Narima, es un pueblo suficientemente pequeño para no necesitar una base de la marina pero suficientemente grande para tener uno de los mejores mercados de este lado del mar." Me explicó sonriendo. "Sanji dijo que necesita comprar más víveres, y a mí no me vendría mal un bañador nuevo. La última batalla me dejó este un poco mal."

Era cierto, la última vez que habíamos peleado había conseguido que le hiciesen un corte en el tirante del bañador que había solucionado atando por la parte frontal el tirante roto al que estaba bien.

"Chicas..." Usuff dijo.

"Vamos, vamos." Dijo Luffy sonriendo. "No está nada mal lo de hacer una paradita. Así podremos comprar también un regalito de cumpleaños al capitán, ¿no?"

"Eso deberíamos decirlo nosotros." Le reñí yo.

Cierto, al día siguiente era su cumpleaños, por fin cumplía los veintiuno, Sanji y yo tenemos ya veintitrés y Nami veinte hasta finales del próximo mes mientras que Usuff tiene ya los veintiuno.

"¿Narima dices?" pregunté a Nami. "He oído rumores de otros cazadores de piratas… Aquí los piratas no son bien recibidos desde hace años. Creo que algo relacionado con el Capitán LaBelle. Un tipo amigo de Gold Roger, creo que en un tiempo fueron compañeros."

"Yo lo que quiero es comprarme un bañador." Dijo Nami contenta. "Y talvez pueda conseguirlo gratis, je je je."

"Ya que estamos igual cojo unas nuevas gafas de armero." Dijo Usuff mirando cómo el pueblo comenzaba a agrandar según nos acercábamos.

"¡Pues yo pienso buscar algún lugar donde ponerme las botas!" dijo Luffy riéndose.

"¿Aún no hemos llegado y ya piensas en comer?" le riño Sanji viniendo y abrazando a Nami por la espalda. "Creo que habría que tener cuidado. Los piratas no somos bienvenidos por aquí."

"¡Pienso ponerme las botas!" repitió Luffi tras pensarlo un poco.

"¡¿Es qué no me has oído pedazo de alcornoque?!" le gritó Sanji entonces mientras Nami se reía.

Yo simplemente sacudí la cabeza. Después de tantos años juntos eso no había cambiado nada. Luffi seguía siendo el mismo idiota de siempre, y un gran capitán.

Al final llegamos a puerto y amarramos el barco.

"Buenos días señores." Un hombre en el puerto nos dijo. "¿Nombre del capitán y razón por la que desembarcan aquí?"

"Soy Luffi D. Monkey y venimos a hacer unas compras y descansar un poco." Dijo Luffi.

Hay que ver, era tonto hasta para eso. Al menos podía haber dado un nombre falso, pero no… el muy tonto tenía que dar su auténtico nombre siendo el pirata más buscado de los siete mares.

Por eso no fue de extrañar que en un segundo una multitud de hombres armados con arpones, cuchillos jamoneros y otros utensilios de uso cotidiano pero útiles para pelea nos rodease.

"¡¡Piratas!!" gritó el hombre mientras nos rodeaban entre todos.

"Los piratas no sois bien recibidos aquí." Dijo otro. "¡Marcharos!"

"Esto se pone feo." Dijo Usuff.

"Tranquilos, solo hemos venido a reponer víveres y otras cosas." Añadió Nami intentando suavizar las cosas. "Además, necesito ver a un medico." Dijo actuando como si estuviese mareada y/o enferma.

"Eh." Dijo un hombre negro que llevaba solo unos pantalones color crema y un fajín y cargaba con un enorme barril al hombro. "¿Qué pasa aquí?"

"Kai, son piratas." Dijo uno de los hombres.

"Dicen que vienen a comprar y en busca de un médico los muy mentirosos." Dijo otro.

"Desde luego la tía parece un poco… mareada, sí." Dijo otro hombre con barba y un pañuelo en la cabeza sentado en un muro y echado hacia delante. "¿Quiénes decíais que eran?"

"La banda del sombrero de paja." Dijo uno de los hombres.

"Jason, llévate a la chica a ver a LaBelle. Y nada de trucos de los tuyos, por favor." Dijo el gigante. "El resto de vosotros, venir conmigo. Ah, muchachito, guarda eso." Me dijo mirándome. "Si las sacas, aunque sea una seréis llevados de inmediato a la horca."

A regañadientes solté la empuñadura de mis espadas, no me gustaba esa situación, no me gustaba nada.

"¿A dónde nos llevas?" preguntó Sanji.

"Al mercado, compráis lo que tengáis que comprar y os llevo a ver a un amigo." Dijo el gigante. "¿Está claro?"

"Nami, ¿crees que podrás arreglártelas bien sola?" le preguntó Luffi.

"Claro, capitán." Contestó guiñándole un ojo. "Recuerda que soy una pícara."

"Ya de paso dile al médico que le eche un ojo a…" dijo señalando a su pecho donde había sido herida hacía unos días.

"Seguro." Dijo Nami. "Ya que estamos…"

"Vamos bomboncito." Le dijo el del pañuelo. "Te guío a que veas al mejor médico de la isla y al único que atendería a alguien como tú."

"¿Solo tenéis un médico?" preguntó Nami.

"Dos, pero uno nunca jamás, en la vida atendería a un pirata." Me dijo. "O al menos lo son cuando es necesario."

Así pues Nami y el chico se fueron por una calle mientras nosotros seguíamos al gigante.

Nos llevó a un par de tiendas donde compró alguna cosa y luego nos preguntó qué queríamos comprar.

"Necesitamos reponer víveres y algunas cosas más para el barco." Dijo Sanji. "¿Dónde podemos encontrar buenos productos para la cocina?"

"En el mercado." Dijo. "Habéis tenido suerte, hoy es el día de mercado por excelencia. Por eso hay tantos barcos."

"Y si no te importa, necesitaría una armería." Dije yo.

"Comida y la armería." Repitió el gigante sonriendo. "No hay problema. Creo que LaBelle compraba sus cosas… ah, sí. Al viejo de la calle del ciego."

"¡Kaile!" dijo el del pañuelo apareciendo de nuevo. "Dice que son bienvenidos siempre y cuando se atengan a las normas de aquí."

"Ah, veo que no ha perdido su toque." Dijo el gigante sonriendo.

"¿Qué tal está nuestra compañera?" le pregunté.

"Creo que bien." Dijo el del pañuelo. "La verdad es que me echaron antes de que pudiese ver si aparte del mareo fingido tenía algo más. Pero deberíais cuidarla, según el médico estaba herida."

"¿En serio podéis consideraros caballeros si no protegéis a vuestra compañera?" dijo el gigante.

"¡Ya esta…!" dije echando mano a la empuñadura de mi espada pero siendo puesto un cuchillo contra el cuello.

"Cuidado cazador de recompensas…" dijo el del pañuelo. "No te interesa una pelea ahora. Estas en nuestro territorio." Añadió bajando el arma.

"Zorro Rolonoa, el caza piratas más temido de los siete mares." Dijo el negro. "¿Creías que no te reconoceríamos?"

"Veo que vosotros sabéis mucho de nosotros pero nosotros nada de vosotros." Dije yo.

"Yo soy Kaile, pero podéis llamarme Kai." Dijo el gigante. "Y él es Jason."

"Enchanté." Dijo el del pañuelo haciendo una reverencia de cabeza. "Tenéis suerte de que os hayamos visto nosotros primero y no el viejo."

"Bueno, y ahora… vamos al mercado ¿o no?" dijo Kaile.

Todos nos pusimos en marcha para ir a lo que parecía una enorme calle llena de tiendas.

"Si no os importa preferiríamos ir cada uno por un lado." Dije yo. "Luego podemos juntarnos en algún sitio."

"Hay una plaza grande en el centro del pueblo." Dijo Jason. "No tenéis pérdida, todos los caminos lleva allí."

"Vale." Dijimos todos.

"Eh, Jason." Kai le dijo. "Aquí el amigo cazador de piratas quería comprar algo para sus armas."

"Bueno, aquí no hay gran cosa." Dijo el gracioso. "Pero según lo que quieras podría aconsejarte una de las dos tiendas."

"Afiladores." Contesté. "Necesito que me afilen mis armas."

"Prueba a ver en Don Fuji." Dijo mirando a un lado. "¡Lulú! ¿Ibas a algún lado?"

Increíble, ese tío no parecía muy normal, persiguiendo a chicas así… penoso. Daba hasta vergüenza ajena.

"Oye, Zorro." Me dijo el negro. "La tienda esa está siguiendo recto por allí y torciendo luego a la derecha. Una tienda con el marco de la puerta descolorido y macetas en las ventanas."

"Supongo que la armería está bien." Dije encogiéndome de hombros.

"Aquí no hay armería propiamente dicha, pero Don Fuji aún conserva excedentes de armas."

Entonces sí que me derrumbé, ¿qué clase de pueblo no tenía armas? Ese pueblo sin duda sería un blanco fácil para piratas. A no ser que algo en el pueblo impidiese la llegada de piratas, porque un grupo de aldeanos enfurecidos no serían suficientes para piratas como Buggy o alguno que hubiese comido una fruta prohibida.